¿Qué demonios me está pasando? Jamás tuve estas emociones
Pensaba mientras se encontraba sentado sobre la rama del árbol sagrado, recordando una y otra vez la charla con Kagome
- ¿Por qué me siento atraído por esa niña? Después de todo sólo es una mujer ordinaria
No, no lo es
- Es verdad - suspiró, dándole la razón a su mente - Esa chica... tiene algo especial
El rostro de la estudiante tomó el plano principal entre sus pensamientos
Su mirada... transmite alegría y su sonrisa... de alguna manera es como si me calmara verla sonreír
- ¡Bah! - meneo su cabeza - Tontearías... esa niña debe ser sólo un deseo...
Se quedó en silencio, tratando de convencerse así mismo de que lo que estaba diciendo no era una mentira, sin embargo se conocía lo suficiente como para darse cuenta de que lo que le ocurría con esa chica no era un simple deseo carnal... había algo más... algo que ella despertaba en su interior y que nadie había logrado jamás, ni siquiera la misma Kikyou
- Kikyou - murmuró - No debo olvidar lo que sentí cuando hablamos por primera vez...
Había pasado una semana desde su primer encuentro. El hanyo había estado observando a la sacerdotisa desde entonces, manteniendo una distancia prudente, tratando de convencerse de que ella ignoraba su presencia
El sol del mediodía de verano estaba azotando la aldea y la mujer se encontraba camino a la cascada, con su bata colocada y su ropa limpia en su mano. Inuyasha la seguía, observando cada movimiento que realizaba en su caminar. La joven llegó a su destino, dejó su vestimenta a un costado y, sin quitar su bata, se lanzó al agua, nadando hacia la zona en la que el agua caía bruscamente sobre las grandes piedras. El híbrido la observaba desde la cima de la colina
- Se está dando un baño - murmuró, viendo a la miko sentada de espaldas
De repente, ella se bajo suavemente la bata, dejando al descubierto sus hombros y mirando por sobre ellos, en la dirección en la que él se encontraba
- ¡Hugh! - dio un salto, cayendo de espaldas
E...esa mirada... ¿fue para mi?
Pensó, con sus orbes dorados posados sobre el cielo. Permaneció así durante unos momentos, hasta que, luego de un suspiro profundo, volvió a asomar su mirada. Se sorprendió al ver que su bata se encontraba en el lugar en dónde había colocado su ropa, junto con su arco y sus flechas
- ¿Siempre espías a las mujeres?
- ¡¿HUGH?!- trastabillo, al punto en que casi cae a la cascada. Cuando logró estabilizarse, le dedicó una mirada fatal - No te estaba espiando
- ¿Ah no? - él negó con su cabeza - De acuerdo - sonrió cálidamente, mientras giraba para descender la colina - Puedes venir si quieres
- ¿He? ¿Para que quieres que vaya?
- Sé que me has estado siguiendo... lo normal es que tengamos una conversación
- Bu... bueno, yo... - desvió la mirada, sonrojado
- No importa si no quieres... estaré abajo, por si cambias de opinión - le dedicó una dulce mirada, reanudando su caminar
Yo... si quiero... quiero hablar contigo, Kikyou
Pensó, mientras comenzaba a caminar tras ella
Ambos descendieron la colina. Ella se sentó al frente de la cascada y lo miró, invitando a que él hiciera lo mismo. Inuyasha se sentó a unos metros, observándola con desconfianza
- Te has acostumbrado a estar por aquí, ¿no es así? - pronunció, mirando al frente - Desde nuestro primer encuentro has merodeado el lugar
- Feh ¿y que te hace pensar que es por ti?
- Sé... que es por la perla - tomó su collar, observándola
- Si sabes que podría quitártela en este momento ¿verdad?
- Sé que no lo harás - sonrió levemente
- ¿Cómo es que estás tan segura?
- Porque pudiste haberla tomado mientras estaba distraída... en la cascada
Él no respondió, sólo desvió la mirada, con su ceño fruncido
- ¿Cuál es tu nombre?
- ¿Qué? - la miró
- Sabes como me llamo... yo quisiera, saber tu nombre
- Hm - miró al frente - Inuyasha
- Inuyasha - murmuró - No lo olvidaré - ambos permanecieron en silencio un momento - Dime Inuyasha... ¿Por qué quieres convertirte en un demonio?
- Pues ¿tú que crees?
- Te molesta tu naturaleza de hanyo ¿no es así?
- Eso... eso no es asunto tuyo
- Sabes... tú y yo nos parecemos mucho - él la miró - Ambos sentimos una gran soledad en nuestro interior, sin embargo, seguimos viviendo... luchando contra ella
- Oye no sé que estás pensando - se puso de pie, desviando su mirada - Pero te aseguro... que tú y yo no tenemos nada en común, tú sólo eres una humana ordinaria
Redirigió sus ojos a ella, abriéndolos levemente en señal de sorpresa
- En ese momento... al observar la mirada de tristeza de Kikyou... sentí, por primera vez, que había dicho algo malo - murmuró - Y... desde ese día, no podía dejar de pensar en ella, hasta que... Kagome llegó
Impresionante
- Esa fue la primera palabra que ella pronunció al enterarse de mi condición, ni siquiera intentó juzgarme o sentir compasión por mi - meneo la cabeza nuevamente - Bah... Kikyou tampoco se quejó de mi condición
Aunque... tampoco mencionó que querría estar conmigo aún si no decido usar la perla
Casi sin darse cuenta, una duda había despertado en su interior, un pensamiento que traería consigo más dolores de cabeza de los que se imaginaba
En el interior de la cueva, el ladrón esperaba pacientemente la visita de su mujer amada
- Kikyou - pronunció con su voz espeluznante - Mi hermosa Kikyou
Escuchó pasos que se acercaban, por lo que, su corazón comenzó a acelerarse
- Señorita Kikyou
Elevó su vista, encontrándose con el rostro de la morena, quién lo observaba con una mezcla de compasión y sorpresa
- ¿Quién eres tú?
- Es la señorita Kagome - respondió la niña, arrodillándose al lado del ladrón, colocando los cestos con comida y medicinas a un lado
- Eres muy parecida a Kikyou - no apartaba la mirada de ella, provocando su inmediato malestar
- Bueno... yo... supongo que si - le dedicó una sonrisa fingida - Algunos aldeanos dicen lo mismo
Este hombre... me da escalofríos
Pensó, arrodillándose al lado de la pequeña
- ¿Dónde está la señorita Kikyou? - miró a la niña
- Hoy tenía que recolectar algunas hierbas - respondió con seriedad - Kagome, ¿podrías darle de comer mientras preparo su medicina?
- ¿He? - la tomó por sorpresa - ¿Yo? - pasó la mirada por la cesta y el hombre - De... de acuerdo
- Kagome - su nombre en sus labios le provocaba rechazo - Es un nombre muy lindo
- Gracias... supongo - murmuró, intercambiando el lugar con Kaede. Tomó el tazón con la sopa y comenzó a darle pequeños sorbos
- Mi nombre es Onigumo - recorrió el cuerpo de la joven de arriba a abajo - Tienes una vestimenta extraña... ¿eres de aquí?
- No - respondió con seriedad, tratando de concentrarse sólo en la comida - Vengo... de muy lejos en realidad
- No es necesario que responda señorita Kagome - le susurró
- No te preocupes - dijo en el mismo tono
- ¿Qué ocurre Kaede? - intervino el bandido - ¿Temes por algo?
- No - desvió su mirada, mezclando aquel polvo, que había pulverizado, con agua
- No hay nada que temer Kagome - sus ojos emanaban una energía negativa significante - Cómo verás... no puedo moverme - la mirada castaña de la joven se encontró con la de él - De lo contrario, estaría acariciando su mano... en señal de agradecimiento
- No... no es necesario - volvió a emitir una sonrisa fingida
Siguió dándole de comer, esquivando las preguntas que la incomodaban y tratando de posar sus ojos, el mayor tiempo posible, en el tazón, el cual estaba casi vacío
- Creo... que es todo
- De acuerdo - la niña se puso de pie, tomando el lugar de la joven - Su medicina - con ayuda de un papel, logró que el bandido tomara el remedio - Sólo debo cambiarle algunos vendajes
La morena notó que las manos de la niña temblaban mientras desenrollaba las vendas
- ¿Es la primera vez que lo haces? - preguntó
- S... si, por lo general, mi hermana es quién se encarga de los cuidados del joven Onigumo
- ¿Quieres... que yo lo haga?
La niña la miró, sorprendida y aliviada, sin embargo, rechazó su ofrecimiento
- Es mi deber - redirigió su mirada a las vendas - Cuando mi hermana muera, yo seré la sacerdotisa de la aldea y debo prepararme el mayor tiempo posible
- Oye... creo que te estás precipitando mucho - sonrió, tomando las vendas - Estoy segura de que, hasta la sacerdotisa más poderosa necesita ayuda de vez en cuando
- Gracias, señorita Kagome - sonrió
- ¿Podrías ir por más agua? - señaló la cubeta - Mientras tanto, yo curaré sus heridas
Onigumo escuchaba y observaba la escena con especial atención
- Está bien - tomó la cubeta y se acercó al oído de la joven - No le haga caso a nada de lo que le diga
¿He?
La miró sorprendida, mientras se alejaba en dirección a la salida
- Kagome - murmuró el ladrón, llamando su atención - No tiene que hacerlo, si no lo desea
- N... no... está bien - comenzó a quitar las vendas de la cabeza del individuo, quien seguía sus movimientos con el único ojo con el que veía con claridad
Sintió un gran placer al ver como la cara de la joven se transformaba a medida que su piel quemada, herida y, casi putrefacta, iba apareciendo
- Estoy seguro de que sus manos... deben tener la misma calidez que las de la señorita Kikyou
Ella no respondió, sólo le dedicó una tercera sonrisa fingida, mientras terminaba de quitar el vendaje viejo
Por dios... este hombre... debería sentir un gran dolor a causa de estas heridas, sin embargo, su energía... es siniestra... su mirada, me causa... mucho miedo
- Es usted, una jovencita muy hermosa
Aquella frase provocó un escalofrío, que recorrió su espalda y se instaló en su mirada
- Gra... gracias - intentaba parecer segura, sin embargo, le costaba demasiado ocultar su incomodidad
Le llamaba la atención el hecho de que el sujeto no hiciera ningún gesto de dolor ante el contacto de sus manos y, como si estuviese leyendo su mente, le otorgó la respuesta
- Mi cuerpo casi no posee sensibilidad... es por eso que no siento casi nada
- Eso es terrible - trataba con todas sus fuerzas de sentir mayor compasión, pero simplemente era como si algo la bloqueara
Comenzó a cambiar el sucio y manchado vendaje, inmersa en sus pensamientos, ni siquiera reparó en la presencia de la niña, la cual había regresado con la cubeta llena
- ¿Se encuentra bien, señorita Kagome? - preguntó, observándola detenidamente
- ¿He? - dio un leve salto - Kaede... me asustaste... si, estoy bien, ¿por qué preguntas?
La niña dirigió sus ojos marrones a las manos de la joven, quién hizo lo mismo y pudo notar que las tenía apretadas sobre sus rodillas. Disimuladamente, comenzó a distenderlas. Kaede tomó el lugar de Kagome, dándole pequeños sorbos de agua al bandido y luego aplicando un poco de agua sobre su vendaje, para mantenerlo fresco. Finalmente, lo roció con una especie de infusión, la cual había sido preparada por su hermana y servía de repelente para aquellos insectos que quisieran acercarse a devorar su putrefacta carne
- Terminé - pronunció, provocando que el pecho de la morena de desinflara - Le diré a mi hermana que mañana ella se encargue - miró al joven
- Por favor niña - respondió con aquella perturbable voz y dirigió su mirada a la estudiante - Muchas gracias por los cuidados... señorita Kagome
- No... no tiene que agradecer
Sin esperar respuesta, giró sobre sus talones y comenzó a subir por el camino de la cueva, dejando atrás a la pequeña, la cual se encontraba juntando los elementos utilizados. Sólo al salir notó que había estado conteniendo el aire, dejándolo salir en un sonoro suspiro
- ¿Kaede? - miró a ambos lados y se percató de que no la había esperado
Volteó y se encontró con la pequeña caminando con dificultad, cargando demasiadas cosas
- Oh... lo lamento - dijo, avergonzada, mientras tomaba la cubeta y una de las cestas - Pero...
- La entiendo... sólo quería salir de ahí - sonrió - Siempre me sucede lo mismo cada vez que vengo en lugar de mi hermana
- Ese hombre... te da miedo ¿no es así?
- ¿A usted no? - miró el interior de la cueva - Para ser sincera... no sé porque mi hermana no siente temor de él
- Quizás... sea porque ella está acostumbrada a ayudar a la gente
- No lo sé - murmuró - Pero... - la miró - Ese sujeto no es una buena persona señorita Kagome... y creo que usted también piensa como yo
Sin decir más, la niña comenzó a caminar nuevamente a la aldea mientras que, la estudiante se quedó contemplando un poco más el interior de la cueva, tratando de entender el porque estaba segura de que la chica tenía razón
Onigumo
- ¡Señorita Kagome! - volteó ante su llamado - ¡De prisa! Tenemos que hacer el almuerzo
- De acuerdo - le sonrió y dio un paso, mirando una ultima vez hacia la cueva, comenzó a seguir a la niña
Se encontraba de rodillas, recolectando algunas verduras mientras la brisa mecía su cabello. Mantenía sus ojos cerrados, a pesar de haberse percatado de lo que se avecinaba
- Esa electricidad - murmuró, frunciendo el entrecejo y elevando su mirada al cielo
El viento comenzó a soplar con mayor intensidad, mientras ella se ponía de pie, observando la pesada nube que se acercaba a gran velocidad
- Mira Manten - pronunció sonriendo, el ser con una larga trenza - Ella es la sacerdotisa
- ¿Estas seguro Hiten? - se asomo - ¿Puedo quedármela? - dijo con entusiasmo - Dicen que las mujeres bonitas son un buen ingrediente para mi bálsamo de crecimiento de cabello - acaricio su cabeza
- ¿Quienes son ustedes? - preguntó, manteniendo su firmeza
- Oh claro, disculpa mis modales... Yo soy Hiten y él es mi hermano menor, Manten - sonrió - Somos los hermanos relámpagos
La miko entrecerró sus ojos
- No es necesario que te presentes - continuó - Ya sabemos quien eres... Kikyou - hizo una pausa - Realmente eres una mujer muy hermosa asique si nos entregas la perla, tal vez considere dejarte con vida
- Comprendo - sonrió, cerrando sus ojos - Lamento decepcionarlos, pero no puedo entregarles la perla - volvió a mirarlos - Si consideran retirarse, les perdonaré la vida
- Pero que... mujer insolente - se puso de pie sobre la nube - Hermano, déjamela a mi, la acabaré de un solo golpe
- Tranquilo Manten - puso su mano sobre su hombro - Esta mujer no es una sacerdotisa corriente
Se lanzó de la nube, quedando a unos pocos metros de la mujer, quién seguía observándolos sin articular un movimiento
- Hermosa mujer - sonrió desafiante - Te doy una nueva oportunidad - tomó su Raigekijin - Entréganos la perla o muere
- Pues... - descolgó su arco, apuntándolo con una flecha - No pienso rendirme
Kagome conociendo a Onigumo y los hermanos relámpago a punto de atacar a Kikyou
¿Inuyasha? Bien, gracias, pensando cosas jajaja
Creo que es obvio por dónde viene la mano en el siguiente capítulo... tenemos batalla en puerta
