Vino:

Meditar durante la noche mientras contemplaba la luna y acompañado con su copa rellena de vino, le encantaba.

A su corta edad todo en su vida ya estaba arreglado, y eso lo odiaba, puesto a que no entendía que se creían sus padres, sus conocidos y todos al manejarle y arreglarle la vida a su antojo y sin ninguna opinión de él. Su vida era SUYA y lo que menos iba a ser era obedecer órdenes, ¿Quiénes se creían que eran? Si lo abandonaron a su suerte y lo primero que hicieron al reencontrarse fue imponerle y manipular su destino.

Hay que admitir que hay cosas que pueden llegar a tener razón y debía resignarse a ello: como su linaje shamanico, pero nadie le venga con la boludeces de casamientos arreglados, es decir, forzar a dos personas que se amen y que vivan toda su vida juntos, era repugnante.

A Hana no le importaba lo que sus padres le digan total, ellos no son nada para él… pero no hay manera que se case con la imbécil de pecho plano, sobre su cadáver

- "Mamá Anna siempre dijo que iba a terminar amando a pecho plano" –se dijo y luego de soltar una sutil y algo maléfica sonrisa se contestó- "¡Al Diablo con eso!"- para luego tomar de su vino.