Madre:

- "No me digas madre" –dijo la niñita en la parte trasera del auto, mientras sus padres manejaba a algún extraño lugar que, como siempre, no le habían informado-

Esa frase era la más escuchada en toda la casa de una pequeña rubia de unos cinco años de edad. Anna había creado un monstruo a través de todo el odio y el resentimiento que tenía por su vida actual. La lógica del mundo diría que una niña de tal edad no podía tener sentimientos tan malos por la vida, ya que ni siquiera sabía lo que era la vida en realidad, pero si sos una niña sin amigos a esa edad y con unos padres que te tratan de mentirosa, rara y por ello te castigan, creo que uno puede generar odio sin importar la edad que tengas.

Volviendo un poco a la horrible criatura, era pequeño y con una voz aturdidora la cual Anna ya no soportaba y lo peor de todo es que era realmente una máquina para fastidiarla y hacerla enojar. Pero lo peor de todo no era eso es que la hablaba todo el tiempo en contra de lo que la rodeaba, generando que odie cada vez más a todo y a todos, y con eso él aumentaba su tamaño de manera irritable.

A pesar que su presencia repugnaba a la pequeña era con el único ser con que hablaba, aunque trataba de no hacerlo a diario ya que la llamaba "madre", lo peor que podía hacer. Primero porque, como ya he repetido mucho le daba asco ese ser y segundo porque su concepto de "madre" era horroroso. Odiaba a su madre y sus espantosos castigos y humillaciones. Por eso no quería que le dijera así, ella no era una madre, nunca le haría daño a nadie y menos si tuviera una pequeña con sus condiciones.

- - "Que no me digas madre" –dijo por enésima vez a la criatura, y siente que el auto se detiene-

- - "Bájate" –ordenó una gruesa voz-

Ella obedeció y la criatura la imitó. Cuando quedó frente al auto lo único que vio es como la puerta se cerraba y el auto ando de nuevo, acompañado con una burlona voz femenina: - "No vuelvas nunca fenómeno horroroso".

La última escena de este relato parte el alma a cualquiera, una niña de cinco años en el medio de la nada con lágrimas en los ojos y con una roja criatura al lado que no paraba de reírse mientras la torturaba con esa endemoniada, para ella, palabra "madre".