Padre:
La noticia era simplemente nueva para él, bueno…. La verdad que hacían seis meses que Anna le había dicho que iban a ser padres a pesar de su corta edad, pero es que no podían culparlos el Torneo podría haberlos separado para siempre y no se hubiera perdonado nunca no demostrarle a esa rubia malhumorada lo mucho que la amaba, y bueno el embarazo era una opción muy válida.
Lo que ahora reflexionaba el shaman con sus auriculares naranjas era lo mucho que quería que el o la bebé estuviera en sus brazos en ese momento. A pesar de que Anna dice que será un varón digno del linaje Asakura, él está seguro que va a ser una preciosa niña como ella, solamente que él se la imagina con su color de pelo y los ojos miel de su chica. De hecho tal fue su competitividad con la chica que apostaron nuevos looks de pelo al perdedor, así que por eso, tampoco podía esperar.
¿Tendría el carácter de ella o de él? Muy en el fondo sabía que tendría el carácter de ella, aunque a él le duela en el alma, lidiar con dos personas con el carácter de Anna sería una peligrosa experiencia, pero estaría dispuesto a aceptar el reto. No obstante a pesar del carácter fuerte que tendría, según él, se la imaginaba con una sonrisa digna de envidia, tal vez con su misma risita insoportable, como pensaban todos sus amigos.
Si fue varón, aunque era imposible por sería niña ese bebé, posiblemente se amolde también a sus características aunque más parecido saldría a Anna, eso sin duda, e incluso posiblemente lo odie por ser tan pacífico, pero eso no importaba porque él lo amaría igual.
"Lo primero que le daré bien nazca, serán estos auriculares que tanto aprecio" –dijo al viento, que todo se lo lleva-
Claramente esa pequeña confesión no se la diría a Anna, posiblemente no le guste la idea que su hijo le guste esas "cosas que no son japonesas".
Rió al pensar aquello…
"Lo único que quiero es que saque los ojos de Annita, aunque su mirada sea intimidante" –y volvió a reír por lo dicho-
Escuchó la puerta abrirse de la casa y un tranquilo "estamos en casa", dicho por la mujer de sus sueños seguida por la dulce voz de Tamao que había acompañado a la rubia. Yoh sonrió y se levantó para salir de la habitación donde estaba.
No sabía cómo iba a ser su hijo, pero habían dos cosas que sí sabía: una que a Anna esa adorable pancita que ya mostraba le quedaba hermosa y dos que quería ser un buen padre para ese o esa bebé que veía en camino…. Aunque muy en el fondo sabía que esto último no iba a suceder, y no le pregunten porqué, porque él tampoco lo sabe.
