Niño:
Sus padres iban y venían como desesperados de la habitación de ellos a la cocina, solamente para parar el aturdidor sonido que, desde hacía una semana había aparecido en la pensión, más específicamente desde el día que el pequeño Asakura había pisado la tierra por primera vez, y no, no hablo del rubio malhumorado, Hana Asakura, sino que hablo del castaño niño llamado Yohnira Asakura.
Ante tal aparición la cual sus padres se habían dignado en contarle al rubio cuando la panza de su madre Anna ya era muy avanzada no lo reconfortaba en nada, o mejor dicho no lo alegraba en nada. ¿A quién vamos a engañar? Odiaba a ese malcriado niño, y a sus padres por haberse "divertido" en un momento tan delicado como ese, es decir las luchas más importante de su vida estaba muy cerca, sin hablar de su egreso en el colegio, el cual ellos tanto jodieron para que termine, ¿para qué? Para que termine cambiándole los pañales a un "hermano" que él ni siquiera había pedido. Si, él no quería un hermano y ellos van y tienen otro dijo. Los odiaba tanto.
No es justo….
Siempre decidían por él, desde la "plan" prometida que le impusieron hasta un crío que ni lo quería, ¿Qué cómo sabe que no lo quería? Pues simple, siempre que quería darle de comer lloraba sin parar hasta el punto de hartarlo y llamar a alguno de sus inútiles padres y que se encarguen de su hijo.
- "¿Por qué solo no intentas ser amable con él? Él siente tu rechazo, que sea un bebé no quiere decir que no tenga sentimientos"
Esas palabras dichas por la estúpida prometida que tenía no eran algo erróneo, pero es que simplemente nunca quiso un hermano, es más ver que recibe el amor que él nunca recibió lo enojaba enormemente.
- "Hanna vamos con tu padre a comprar otra leche, toma a tu hermano y trata de darle de comer con la poca leche que hay en esta mamadera" –y le entregó a Hanna el bebé salió imposibilitando que el rubio reclame o algo-
¿Qué haría ahora? No terminó de agarrar al bebé que ya estaba llorando y cuando quiso meterle a la boca la mamadera se la sacaba aumentando esos llantos.
En un intento por volver a darle la mamadera el niño en un rápido movimiento lo esquivó e inconscientemente agarró de sus pelos rubios.
- "¿qué haces idiota suel…"
Pero al ver cómo el llanto había cesado a tal punto de desaparecer y escuchar la risa del infante, su frío corazón palpitó rápidamente y sonrió como nunca lo había hecho antes. Le dio la mamadera la cual tomó hasta dormirse aun con el mechó de pelo rubio en sus manos.
La mejor visión que el heredero Asakura había visto nunca, fue en ese pequeño momento de hermandad que el rubio había olvidado que no quería un hermano.
