Fiebre:

Se le había confesado, no había vuelta atrás. Su rubia ojos azules estaba ahí enfrente de él y el rubio no pudo hacer otra cosa que confesarse.

¿La situación lo ameritaba? La situación lo ameritaba.

¿Cómo no hacerlo? Sí se había presentado a su casa, con ese atuendo tan encantador, y su rubio cabello sin esa tela roja que siempre se ponía. Se veía adorable.

Su semblante era de preocupación cuando entró a la habitación de su prometido, y Hana al verla entrar solamente pudo sonrojarse más de lo que ya estaba y decir esas palabras que tanto se había guardado.

Pero algo andaba mal, el gesto de preocupación de Alumi no cambiaba, ¿esa idiota no lo había escuchado? ¿O no era correspondido su amor?

Alumi le tocó la frente del rubio y notó que su fiebre había empeorado, entonces comenzó con sus cuidados.

El rubio desconcertado pero sumamente adolorido por la fiebre sólo se dejó hacer. Estaba tan enfermo que ni se daba cuenta lo mal que se sentía, entonces entre los delirios que producía su cabeza se formó una falsa confesión hacia la rubia, algo que él creía que había sido real. Y que seguía creyendo claro.

Tan obstinado como siempre, aun con fiebre, y antes las ordenes de Alumi que no se levante. Él desobedeció y se acercó a los labios de su sorprendida prometida, robándole el primer beso de ambos.

Cayó por último derrotado por la fiebre.

Y Alumi siguió cuidándolo con un sonrojo imposible de ocultar. La sonrisa se le borró al instante al saber que su prometido no se acordaría de nada una vez que despierte y la fiebre se vaya.

Fin