Soledad:

Desde que Yoh había emprendido su viaje a Estados Unidos junto con los demás, los días en la vida de Manta se habían vuelto sumamente monótonos y aburridos, más o menos como antes de conocer al castaño y a los demás, solamente que ahora la tristeza y la sensación de soledad que sentía volvía mucho peor sus días.

Era tarde y salía de sus clases extras, la luna era preciosa y la brisa era refrescante, de hecho no estaba haciendo tanto frío para hacer mitad de diciembre entonces se tomó el lujo de caminar bastante más que de costumbre.

Sus piernas se movían por inercia y sus pensamientos volaban recordando todos esos felices momentos con sus nuevos amigos, incluso la aterradora rubia le traía recuerdos felices.

Se paró para suspirar un momento y se dio cuenta que sus piernas lo habían llevado a la pensión Asakura. La vio un instante y una inesperada preocupación le surgió, entonces sin darse cuenta la puerta ya estaba siendo abierta por la itako con su usual expresión.

- "Hola Anna, estaba volviendo a casa y llegué aquí y me puse a pensar si tenías alguna información acerca de Yoh y los demás" –estaba nervioso, hacía varias semanas que no veía a la rubia, ni iba a esa casa, no sabía cómo actuar-

- "No Manta, no hemos sabido nada aun" –contestó sin más la rubia-

- "Entiendo…" –dijo con desánimo- "entonces, me marcho, bien tengas alguna novedad avi…"

- "Manta, puedes venir a esta casa las veces que quieras" –lo interrumpió mientras entraba nuevamente. Y se paró un instante para verlo- "Entra, Tamao está haciendo té y le salen deliciosos" –perdiéndose nuevamente por los pasillos-

Ninguno de los dos vio como el otro sonrió de forma espontánea. Manta porque podría volver al lugar donde era feliz y Anna porque al estar ese enano no sentiría esa soledad que la estuvo invadiendo desde que Yoh se fue.