Frío:
El reloj marcaba lo tarde que era y el cielo mostraba lo frío que estaba en ese momento.
Horo-Horo seguí sentado en ese banco de plaza, esperando a la persona con la que se iba a encontrar ese día. Un mensaje que le llegó decía que la susodicha se atrasaría un poco puesto que la pensión estaba colapsada por las fechas navideñas, pero que la espere que si iría a pasarla con él.
De esto hacía aproximadamente dos horas.
Y él seguía ahí, aguardando pacientemente… ella no era una mujer que falte a su palabra y él confiaba en la chica.
Al principio el frío no era un problema, el aniun estaba acostumbrado a los climas así, ya que vivió desde su niñez acostumbrado a esos extremos climas fríos.
Pero la ansiedad lo estaba consumiendo, provocando que el frío ya se esté haciendo sentir, encima su refriado, el cual apenas pudo apaciguar con una insignificante pastilla casera que le había hecho su hermana, no lo estaba ayudando tampoco.
Se estaba sintiendo sinceramente mal incluso podía jurar que tenía algo de fiebre, pero él se reusaba a irse de ese lugar, ella le había prometido ir y él esperaría.
Vio el regalo que tenía en sus congeladas manos, era un anillo de compromiso, luego vio sus manos las cuales estaban todas roja y entumecidas.
Luego vio al frente y en su borrosa visión la vio…. Estaba corriendo para encontrarse con él.
Lo sabía…. Se veía hermosa, no… no era esa… sabría que vendría, puesto que hermosa ya era, solo lo estaba aún más.
Se paró frente de él, y sus labios empezaron a moverse, incluso se inclinó un poco. No podía escuchar nada de lo que decía, pero no importaba porque su felicidad era tal que solamente se inclinó y la besó, no sin antes preguntarle si se quería casar con él.
O es lo que él pensó, puesto que la confesión nunca salió de sus labios, pero el beso si fue real. Al instante de separarse de ella, se desmayó por la fiebre. La rosada no lo sostuvo para que no se caiga, aun sorprendida por el beso.
