N/A: Como os dije, he tardado mucho. Menos de lo que esperaba, pero mucho. Este año estoy amargada con la universidad, no descanso prácticamente nunca. Los fines de semana no son fines de semana, son los días en los que tengo más tiempo para trabajar.
Espero que os guste este capítulo.
Gracias a Katherine.
– Tengo que daros una terrible noticia. – dice Bustier.
Vamos a tener que hacer otra película para el fin de curso. Está bien que nos avisen tan pronto, así nos ahorramos la humillación de proyectar algo hecho en una semana.
– El señor Martin ha fallecido.
Ah, sí, es verdad. Ese cadáver decapitado en un charco de sangre que me encontré y que había matado mi mejor amiga. Casi se me olvida.
La reacción de la gente no se hace esperar y hablan todos a la vez.
– En unos días haremos un acto en su honor. Sé que algunos de vosotros fuisteis alumnos suyos. Está permitido que algunos alumnos hablen en su memoria.
Bustier nos mira. Sólo nos dio clase un mes, es difícil que alguien se encariñase con él. Eso sin tener en cuenta la peor parte de él, puede haber alumnos a los que les dé igual.
– Lo entiendo, llevaba muy poco tiempo aquí. Hasta que no encuentren un sustituto, no tendréis clase de educación física.
Hay un momento de incomodo silencio hasta que empieza a dar clase.
Han pasado unos días desde que vinieron los policías, unos días desde que decidimos encontrar al guardián. Más de una semana desde la muerte del profesor.
Y yo todavía no le he dado su regalo a Nathanael. De hoy no pasa. Está en mi taquilla, arrugándose un poco.
Sé que no darle un regalo a Nathanael no es lo más importante en mi vida ahora mismo, pero sí es lo más fácil de solucionar.
En la hora del almuerzo, Adrien viene con nosotras y tiene una aburrida conversación con Kagami sobre esgrima. La conversación es un poco incómoda, parece que eviten hablar de algo, incluso no dicen nada del bombazo que ha soltado Bustier esta mañana. Bombazo para Adrien, claro.
Alix está pensativa y decaída. Por una vez no está mirando como Kim le mete la lengua hasta la garganta a su novia y, en su lugar, mira a su regazo.
Ha estado disimulando bien estos días, pero parece que lo de hoy le ha afectado. No sé cómo, ella ya sabía que estaba muerto.
Normalmente pasaría de ella, pero unos cómplices unidos mantienen mejor la mentira del crimen.
No es que yo haya cometido alguno nunca, pero sí he sido interrogada sobre casos de corrupción política.
Decido dejar al dúo incómodo y le hago una seña a Alix para que me siga a un lugar más silencioso. No, no el baño.
Creo que deberíamos ir a una clase vacía.
Una vez encontramos una y nos metemos, hablamos.
– ¿Qué te pasa?
Ella me mira fijamente.
– Nada.
Está claramente mintiendo, otra vez. Siempre le gusta guardarse la cosas para sí misma. Pero, para su desgracia, yo estoy metida en esto y no pienso dejar que se lo calle.
Ella ha sido una pesada conmigo durante bastante tiempo y ahora lo voy a ser yo.
– No soy estúpida. Has estado intentado ocultarlo pero no puedes, Nathanael se ha dado cuenta. Y ahora no siquiera lo intentas.
Frunce el ceño.
– ¿Qué quieres que te diga? ¿Que estoy enfadada porque le vayan a hacer un maldito homenaje? Claro que lo estoy.
– Le diré a mi padre que lo cancele, que fui yo quien encontró el cadáver y estoy traumatizada.
Ella niega con la cabeza.
– Se supone que tú no sabes quién era. No. Yo quiero sabotearlo, que nadie sea capaz de llorar por el "pobre profesor Martin". – dice que un tono agresivo.
Es completamente lógico que esté enfadada. Yo también lo estoy currando alguien habla de quien me ha hecho daño como si fuera una gran persona. Sé muy bien la rabia que se siente. No he encontrado manera de hacer justicia, pero si ella puede hacer algo...
– Si necesitas ayuda, dímelo.
Asiente.
– ¿Podemos dejar ya la conversación profunda? En realidad no quiero hablar de esto contigo, igual que tú no quieres hablar de tu bulimia conmigo.
– Lo entiendo, pero esto es algo en lo que todas estamos metidas. Ahora volvamos, que tengo que darle su regalo a Nathanael.
– ¿Qué? ¿Me vas a dejar sola con esos dos? ¡Qué mala!
Por su tono sé que es una broma. Está bromeando conmigo. Estamos bastante bien.
– ¡Oh, no! ¡Soy una horrible persona!
La dejo con ellos y me voy a mi taquilla por el regalo.
¿Le gustará verdad? Es material de arte.
Lo encuentro donde ya sé que pasa los recreos, en el aula de arte.
Desgraciadamente, no está solo. Está con ese niñato. Hablan alegremente sobre algo. Cuando entro se callan.
– Hola.
Parecen incómodos.
– Hola.
No importa. Me acerco y dejo la bolsa con mi regalo en el espacio entre ellos. Así, cubro la cara del niñato con algo mío.
Nathanael me mira, con una pregunta en sus ojos.
– Es un regalo.
Pero la confusión no se va.
– Por tu cumpleaños. Sé que lo arruiné y que no es suficiente para compensarlo, pero al menos quería hacer algo.
Él niega con la cabeza.
– No es necesario.
– Quiero hacerlo. Y no pienso quedarme con eso otra vez. Es tuyo.
Se resigna y mira en la bolsa. Empieza a sacar la gran variedad de cajas de tizas, la pizarra enorme, y ese gigantesco rollo de papel grueso y oscuro que viene bien para dibujar con tizas.
Vuelve a estar confundido.
– ¿Por qué lo akumatizaste? – pregunta el niñato. ¿No se suponía que era un chico tímido?
Eso hace que Nathanael mire de uno a otro.
– No es de tu incumbencia. No tiene nada que ver contigo.
Nathanael va a hablar sobre su regalo cuando el niñato vuelve a hablar.
– Yo también fui akumatizado por tu culpa. Nathanael creyó que me estaba burlando de él, como hiciste tú.
¿Eso fue lo que pasó?
Entonces es culpa mía, completamente. Odio que el niñato tenga razón.
Soy mala.
– A mí también me gustaría saberlo. – dice Nathanael. No es tan agresivo como el niñato.
– Si te lo digo, no será delante suya. Bueno, ¿te gusta el regalo?
– Sí. Está muy bien.
No parece que sea así.
– Si quieres otra cosa, dímelo. Vi que tus dibujos estaban sólo a lápiz y pensé que querrías más material.
Sé que sus dibujos están en su mayoría a lápiz y que necesita más material.
– Te compraré todo lo que quieras, incluso la tienda entera. Tengo dinero de sobra.
Nathanael frunce el ceño.
– Vale. Gracias.
Su tono es de fin de conversación. Quita la bolsa de encima de la mesa.
¿Qué he hecho mal?
No entiendo qué pasa, pero ya no tengo nada más que hacer aquí. Le doy una mirada de advertencia al niñato para que le quede claro que no voy a rendirme y me voy.
Aún no ha terminado el recreo, por lo que vuelvo con el grupo. Estoy segura de que la situación para Alix será incómoda, por más de un motivo. Voy a ser buena y librarla de eso.
Cuando llego al banco donde estábamos encuentro que no están los tres solos. El retrasado de Kim y la salida de su novia están ahí. En serio, son tan desagradables de ver. No sé cómo la enana puede mirarlos tanto.
No sé por qué están aquí, pero por la cara de la novia, han debido de venir a visitar a Alix.
– ¿Y qué gano yo? – está preguntando ella.
– ¿Chicle gratis? – Kim no parece muy convencido.
Me siento en el banco junto a Adrien. No me prestan mucha atención.
– Eso es muy flojo, Hércules. Tienes que hacer una oferta mejor.
¿Están haciendo algún tipo de intercambio?
– ¿Qué pasa aquí? – digo en voz un poco baja.
– Kim ha retado a Alix a ver quién de los dos puede hacer una burbuja de chicle más grande.
– ¿No se suponía que los retos se habían acabado?
– Se ve que para ellos dos no.
Desde luego, Alix está más animada que hace un momento.
– ¡Ya sé! Si yo gano, me das tu sudadera. Tengo frío. – propone ella.
Kim frunce el ceño. Después pone esa sonrisita.
– No importa. Yo voy a ganar. Y tú tendrás que comerte mi chicle.
¿Pero qué clase de premio es ese? Ninguno, claro. Es sólo una castigo. Como la vez lamió un helado antes de dárselo. Ella se lo comió con toda la normalidad del mundo. En serio, darle ese castigo es de estúpido, pero lo ha pensado Kim, así que no es una sorpresa.
Me fijo en la novia. ¡Vaya cara tiene! Si la akumatizasen ahora no me sorprendería. No creo que ninguno de los dos se haya dado cuenta de su expresión, con la forma tan intensa que tienen de mirarse. Si las miradas matasen...
Entiendo completamente que la odie.
Los dos sonríen mucho y hacen el trato.
– Alguien tiene que ser el juez imparcial. – dice Kim. – Adrien. Ondine no puede ser porque es mi novia y Kagami es la amiga de Alix.
Y yo no existo, por lo que se ve.
Adrien se levanta y hace su papel de juez cuando los dos comienzan con burbujas de chicle. Esto es tan infantil.
– ¿Dónde has ido?
¿Eh?
Claro, por supuesto que se iba a dar cuenta de que me he ido sin decirle nada.
– A darle un regalo a Nathanael. – susurro. No ha ido tan bien como me gustaría.
Ella asiente.
El chicle de Alix explota. Ha perdido.
Kim le da el chicle a Alix, bueno, más bien se lo mete en la boca como si nada. Esto es bastante incómodo, como Kagami y Adrien solo que mucho peor.
Kim parece muy triunfal.
– Sabes que me da igual, ¿verdad? He tenido tus babas en mi boca antes.
A esto, la novia se va. El estúpido mira de una a otra y la sigue.
Se acabó el espectáculo.
En serio, si Nathanael me hiciera algo así, ni siquiera intentaría llevarme bien con él. Lo mandaría a la mierda. Por suerte, Nathanael es perfecto. Pero el retrasado de Kim se va a quedar sin novia.
Y Alix, que se supone que es tan lista, ¿de verdad no se da cuenta?
Adrien la mira muy sorprendido. Sí, lo rechazó por ese. Está loca.
Kagami se asoma por la enorme cristalera.
Yo estoy escribiendo en un trozo de cartón duro.
"Impedimento para Audrey Bourgeois"
Ha sido idea de Kagami. He intentado decirle que no, pero no ha funcionado.
– No pongas esa cara. Vamos a hacerlo, quieras o no. – dice Alix. Se supone que yo no le importo. – En realidad, me parece una idea fantástica. Por una vez, alguien que no soy yo ha tenido una buena idea.
– Deja de echarte flores, ¿quieres?
Kagami se acerca a nosotras.
– ¿Lo has hecho ya?
Le muestro el cartel.
– Bien. Antes de nada, quiero que sepas que si alguna vez tu madre vuelve a hacerte algo... mi casa está abierta para ti.
No sé qué decir. Quería quitarle importancia a esto, al menos frente a las demás. No quiero que me vean como una persona patética. Quiero poder hacer las cosas por mí misma.
Pero cuando dice eso, me siento bien, mucho mejor. Me siento aliviada. Me siento querida. No por ser Queen Bee, la heroína y salvadora de París; sino por ser Chloe, la odiada hija del alcalde.
– Sé que tienes orgullo, pero yo me trago mi orgullo por las personas que me importan. – dice Kagami.
Alix asiente.
– Sí, estoy de acuerdo. Puedes venir a la casa de cualquiera de las dos. Puede que tú y yo hayamos tenido problemas en el pasado, pero eso está en el pasado.
Quiero sonreír. Tengo las amigas que quería. Tengo a Polen, a ellas dos y he recuperado a Adrien. Me estoy acercando a Nathanael.
Parece que se ha terminado la etapa oscura por la que Marioneta y mi madre me han hecho pasar.
Ahora soy fuerte y no estoy sola.
Sonrío, Alix también y Kagami nos mira sin expresión a las dos.
Vamos a comenzar a usar magia humana cuando se oye a gente gritando por la calle.
Kagami frunce el ceño. Hace un momento estaba mirando al exterior.
– Tiene pinta de que es un akuma. – dice Alix.
Los kwamis, que como ya es habitual, están apartados hablando en una esquina, ese acercan a nosotras.
– Ya te ayudaré yo después a terminar ese hechizo. – declara Polen.
Las tres nos transformamos y nos vamos por un portal de Alix.
Ella hace lo de siempre. Aunque no dice nada.
Aparecemos en un tejado de una zona cercana a casa. Como hemos oído antes, la gente grita y corre. Puedo ver claramente a uno de esos frikis con ropa ridícula y una gama de colores antinatural. Está alzando a la gente por el aire, rebusca en su ropa y después la tira como si fuera un muñeco.
La gente cae de cualquier manera al suelo, en posturas extrañas que me dicen que se han roto huesos.
¿Qué está haciendo? Hay objetos que flotan a su alrededor. ¿Son joyas y dinero?
Hay algunos policías, pero los hace volar como si nada.
Alix no se mueve. Kagami va a saltar, pero ella se lo impide.
– ¿Qué pasa?
– Alguien más va a venir. Tenemos que hablar con él.
¿Qué? ¿Cómo que alguien más va a venir? ¿Lepidóptero?
No tengo que esperar mucho tiempo cuando un chico que parece de nuestra edad. ¿Cómo sé que es él? Porque es azul.
Lleva un abrigo largo y elegante, el pelo largo recogido en una cola baja. Su piel es azul y sus ojos morados. Una máscara le cubre prácticamente toda la cara. En la mano lleva un abanico, igual que el broche en su pecho.
Se parece a nosotras. Volpina también lo hacía.
– ¿Qué hacéis ahí quietas? – pregunta el chico. Su voz es un poco aguda.
– Esperarte. – responde Alix.
Si está sorprendido, no lo muestra.
– No podía esperar menos de ti.
– ¿Quién eres? – pregunta Kagami.
– Un akuma, como Volpina. – respondo.
Cuando hablo, me mira. No lo ha hecho hasta ahora. Hay algo, algo en sus ojos que es raro.
– El akuma está allí. – señala al ladrón. – Yo soy un portador, como vosotras.
¿Un portador?
Miro a Kagami. Creo que piensa lo mismo que yo. ¿Es posible que el guardián nos haya buscado ayuda extra? Con la que se avecina.
– ¿Has venido a ayudarnos?
Su expresión cambia. Arruga la nariz.
– No.
¿Qué?
Antes de que podamos reaccionar, vemos un enorme pájaro que se acerca a nosotros.
Kagami saca su espada y el pájaro la agarra y se la lleva.
– Lo siento, le gustan las cosas brillantes.
Alix y yo nos miramos y después en dirección al pájaro. Vuela con dificultad, como si el viento lo empujara. Kagami está bien.
Alix comienza a correr en dirección al akuma.
– Encárgate de él.
Mierda. Esto va a ser mucho más difícil.
Giro mi peonza. Si consigo atarle por completo, podré quitarle su prodigio.
Supongo que es a esto a lo que se refería la "Hermandad Akuma". ¿Cuántos prodigios hay?
Él pone su abanico en medio, de manera que el cable se envuelve alrededor del objeto y no de él. Ahora mi peonza está enredada y es inservible. La suelto a un lado. Tendrá que ser sin armas y sin poderes.
Seguro que piensa que tengo desventaja. De media, los chicos tienen más fuerza que nosotras, las chicas. Lo que no sabe es que hago gimnasia.
Me acerco e intento dar una patada lateral. Le golpeo, y aunque pone cara de dolor, atrapa mi pierna.
Tira de ella y me deja caer al suelo. Se acerca a mí sin soltarme la pierna y yo le doy patadas en el torso con la otra pierna. La segunda no la consigue agarrar bien y cae al suelo.
Me levanto y me aproximo a él, pero rueda a un lado y se levanta.
Me hace creer que vamos a seguir peleando, pero en lugar de eso salta del tejado a la calle.
La calle está desierta, excepto por los heridos que no se pueden levantar. Es lo que suele pasar cuando un akuma ataca a la gente, sobre todo después de que tanta gente se haya mudado de París a otras ciudades.
Antes de ir detrás suya, recojo mi arma. Puedo intentar quitar el nudo mientras lo alcanzo.
Salto del tejado y lo sigo. Sólo por haberme parado a coger la peonza está bastante lejos.
Corro detrás suya, desenredando el cable. ¿Para qué sirve este abanico? Desde luego, no parece un arma con la que pelear.
Él pasa cerca del akuma y Alix, que lo ataca a distancia a través de un portal. Por experiencia, sé que esa clase de portales no le deja ver nada, sólo blanco.
El akuma no lo ataca, son aliados. Yo no tengo la misma suerte. En el momento en que entro el su campo de visión, salgo volando por el aire hasta estrellarme con un edificio y cayendo al suelo. Por culpa de la magia en el ataque, me pica la espalda.
Levanto la cabeza. Ahora no veo al portador. No creo que haya huido de mí, ¿verdad? Sería muy mal ayudante de Lepidóptero si huye de la chica a la que tiene que quitarle el prodigio.
Me empiezo a levantar, pero algo más cae sobre mí y me aplasta contra el suelo.
Lo que sea va a mi cabeza. Rápidamente, cubro mi prodigio con ambas manos.
– Has perdido.
Es el portador.
– Pensé que habías huido como un cobarde.
Deja de hacer fuerza un momento.
– Yo no soy un cobarde.
Es justo lo que necesitaba para hacer fuerza y quitármelo de encima. Tarde o temprano yo gano.
Había perdido la confianza por culpa de Marioneta, pero mi confianza ha vuelto y pienso tomar revancha. Voy a ganar a Marioneta, voy a ganar a Lepidóptero, voy hacer que mi madre vea que no soy una inútil y no aceptarla cuando se disculpe. Voy conseguirlo todo.
– No voy a perder ante ti, escoria terrorista.
Parece que eso le afecta. Ha intentado dar la imagen de ser fuerte, pero no lo es.
De repente, hay un montón de plumas, del pájaro gigante, y Kagami recobra su forma junto nosotros. Apuñala al monstruo con su espada en un milisegundo.
El pájaro se va tan rápido como ha venido, sólo que el chico ya no está. Su vuelo es irregular, pero lo suficientemente seguro para que huyan.
Kagami los mira. Aún le quedan el dragón de rayo y el de agua.
No usa el del rayo, creo que porque eso podría matar al chico.
Ambas buscamos a Alix con la mirada. Ella ha terminado. Está hablando con un adolescente confundido.
Kagami señala a la gente herida en la calle.
– Llevémoslos a un hospital. – dice.
Es de noche y no me puedo creer la cantidad de cosas que han pasado hoy.
Me detransformo en mi suite. La chicas se han ido a sus casas. Tengo que terminar mi hechizo yo sola. Bueno, Polen me dijo que me ayudaría, pero no creo que la magia kwami se pueda usar de esa manera.
Busco el cartel donde creía que lo había dejado, sobre la mesa del salón. No está.
Miro a Polen y ella se enconje de no-hombros.
Puede que Jean o alguna limpiadora haya entrado y lo haya tirado sin saber qué es.
No lo pienso más y voy a la habitación, a dormir, estoy agotada.
Abro la puerta. Hay alguien en la habitación. Mi madre. Está de espaldas a la puerta, sentada en un sillón.
Ahora entiendo qué ha pasado. Me recorre un escalofrío.
Veo a Polen esconderse. A ella me tengo que enfrentar yo sola.
– ¿Dónde estabas? – dice con una voz fría. No fría sin sentimientos como Kagami, sino fría de enfado, de cabreo.
En cualquier otra madre sería una pregunta amorosa de preocupación. En ella no.
No respondo a la pregunta. No se me ocurre nada que decir. En cambio, hago otra.
– ¿Qué haces aquí?
Se levanta y me encara.
– Puedo entrar aquí cuando me dé la gana. Soy tu madre. Y no lo haría si supieras comportarte. Constantemente das mala imagen a nuestra familia. A mí.
Saca el cartel, que está en el sillón.
– ¿Qué mierda es esto?
Se puede leer claramente "Impedimento para Audrey Bourgeois". Es imposible intentar engañarla para que piense que es algo distinto.
Decido ser sincera. A estas alturas da igual.
– Un hechizo para que no entres. ¿Pensaste que podías hacer magia en mí sin que yo sumase dos y dos y me diera cuenta de que también puedo hacer magia?
Niega con la cabeza.
– Tú no puedes hacer magia. Eres una inútil.
No me conoce. En lo absoluto. No sólo tengo magia, sino que soy una portadora.
– Eso lo sabes por todo el tiempo que has pasado conmigo, supongo.
Hace una mueca. Cabrearla más no es una gran idea, pero no he podido cerrar la boca.
Entonces hace algo extraño. Se ríe.
– No tienes magia, por mucho que creas que sí. Yo soy demasiado poderosa. Al combinar mi energía con la de tu padre, dio tanta energía que tu cuerpo no lo soportó y naciste sin magia alguna.
Realmente está convencida de que no puedo hacer magia. Algún día se llevará una sorpresa.
– Y esta cartulina no sirve para nada. – La rompe por la mitad al decirlo. – No intentarás impedirme entrar de nuevo si no quieres volver a tocar el techo. ¿Te ha quedado claro?
Una amenaza. Eso es mucho mejor que lo que pensaba que iba a pasar.
Asiento, sólo para que se vaya. Pues claro que volveré a intentarlo.
– Más vale que lo cumplas. Puedo poner cámaras de seguridad aquí dentro. Estoy segura de que no quieres que lo haga.
Tira el cartel al suelo y se va con la cabeza alta.
Antes admiraba tanto esa confianza. Ahora veo que es arrogancia mezclada con ignorancia.
Oigo cerrarse la puerta de la suite y Polen sale de su escondite.
– ¿Estás bien?
– No podremos impedirle entrar o pondrá cámaras. Verá a Queen Bee.
Polen se acerca a mi cara y me da un beso en la frente.
– Lo siento.
Niego con la cabeza.
– No. Por lo que ha dicho, yo soy más poderosa que ella. Y la próxima vez, conseguiré defenderme.
Debo tener fe en mí misma.
N/A: No sé si os esperabais esto. Si no, ¡sorpresa! Si os lo esperabais, sabréis quien es. Si no, se averiguará en algún momento en el futuro. Aún no tengo claro si pronto o dentro de mucho.
