Red Velvet

Capítulo 123: Equilibrio

Soltó un jadeo, tenso, tembloroso.

Estaba cómoda ahí, acomodada en la cama, relajada, pero el cuerpo sobre ella, acechándola, la hacía poner nerviosa.

Sintió las manos pasar por su cuello, bajando, rozando su piel, causándole escalofríos por todo el cuerpo. Intentó controlar su respiración, calmarse, pero era inevitable. Los dedos hábiles comenzaron a desabotonar la camisa ajena que estaba usando, dejando poco a poco su torso descubierto. Las manos se detuvieron, acomodándose a los lados de su cuerpo, mientras el rostro de Ruby se acercaba a su piel, besando su cuello, la lengua bajando, humedeciendo la zona, haciendo que los escalofríos aumentasen.

Ruby bajó, besando sus pechos, pasando la lengua, rozando con sus dientes, y no quería mirarla, porque esos ojos la miraban de vuelta, fijándose en cada una de sus reacciones, y a pesar del tiempo que llevaban juntas, seguía avergonzándola.

Se había puesto ropa interior cuando decidió ir así a la sala de estar, pero ahora estaba segura de que la humedad la había manchado, y lo pudo corroborar cuando las manos se movieron para quitar la prenda de en medio, la lubricación notoria en la tela. Ruby la dejó de lado antes de seguir besándola, de seguir lamiendo su torso, sus costillas, su ombligo, su abdomen, bajando hacia su pelvis.

Hasta que finalmente Ruby se levantó erguida, observándola, esa expresión aún en su rostro, sonriéndole, sus ojos tentadores, y vaya que era una tentación.

En esos momentos recordaba que Ruby era una prostituta, no solo una agradable acompañante con la que podía hablar. Tenía ese rostro que tentaba, que te hacía caer en el abismo, y sabía que, si desde el primer momento le hubiese dicho que quería follar, hubiese visto esa mirada de inmediato, embriagándose aún más en esa mujer, cayendo rendida a sus pies.

Y cayó, finalmente.

Tal y como esa estúpida revista decía.

Ruby era su luz, su faro de esperanza, era todo lo bueno, un ángel caído del mismo cielo, visitándola para darle salvación, pero al mismo tiempo era un demonio salido del mismo infierno, tentándola, haciéndola perder su pureza, en más de una forma, haciéndola pecar, y como pecaba.

Ruby era el perfecto equilibrio entre el bien y el mal, donde todo, absolutamente todo, la hacía sentir bien.

Y la idea siempre le sorprendía.

"¿Estás lista para follarme, Weiss?"

La voz de Ruby sonó divertida, casi como una burla, y empezó a sentirse molesta de cierta forma, porque a pesar de que si, de que quería hacer eso, era Ruby la que estaba manteniendo el control de la situación, y ella, no estaba haciendo nada más que quedarse ahí, inerte.

Y creía que Ruby estaba restregándoselo en la cara de adrede.

Su ego ciertamente dolía.

Asintió, a pesar de no decir nada, y como quería hacer que Ruby se tragase sus palabras, su risa, pero, por otra parte, ese sentir, el sentirse así, el que Ruby la tratase así, la hacía sentir excitada de cierta forma.

No se entendía ni un poco.

Ruby realmente la había vuelto loca.

El dildo doble estaba en la cama, ya lavado y limpio, y Ruby lo levantó, mientras al mismo tiempo movía una de sus piernas, acomodando la prenda en su lugar, luego hizo lo mismo con su otra pierna, y no dijo nada, no hizo nada, simplemente dejó que Ruby la moviese a su antojo, y por supuesto que esos ojos seguían viéndola así.

Que impotente se sentía.

A pesar de todos esos sentimientos que no entendía comenzaban a abrumarla, su cuerpo se puso tenso, mientras Ruby subía el accesorio, acercándose más a su pelvis.

Quería follar a Ruby, por supuesto, pero olvidó por un momento que una parte del juguete iría en ella también, y eso la dejaba dividida, porque quería venirse así, pero al mismo tiempo sabía que eso no le permitiría moverse como quisiera, una distracción.

Como sea, sintió la punta en su entrada, los ojos ahora grises observándola.

La habitación estaba oscura, solo la luz de afuera, de los edificios, de los carteles, de los postes de luz, iluminando ahí dentro, las cortinas abiertas permitiendo que toda la luz de afuera pudiese entrar, y eso era suficiente para notar con definición el rostro frente a ella, la sonrisa frente a ella, los ojos que la miraban sin siquiera pestañear.

Apretó los dientes, sintiendo el dildo entrar, abriéndose paso, y por suerte su humedad hacía que no le doliese, que no tuviese problema, aunque sabía ya que Ruby tenía lubricante en el cajón de su velador, a su alcance, si es que lo necesitaban.

Pero usualmente su cuerpo no lo necesitaba.

No con Ruby.

Siempre húmeda para su mujer.

Ruby terminó de acomodar el dildo, el cual sentía más pequeño que usualmente, pero apretaba una parte de su interior que le causaba nervios incluso cuando estaba así, quieta. Realmente eso iba a ser peligroso. Su cuerpo era muy sensible, su interior también, y Ruby lo sabía.

Pudo ver su torso descubierto por la camisa abierta, así como el juguete levantándose erguido, y era una imagen que le causaba extrañeza, era sin duda algo ajeno, pero no le desagradaba, por el contrario, sentía que podría acostumbrarse a estar así más seguido.

Lo siguiente que vio, fue el cuerpo de Ruby acercándose a ella, su rostro sonriente, tentador, burlesco incluso, así como vio la mano ajena posándose sobre el juguete, no parecía estar ejerciendo demasiada presión, pero ante su sensibilidad, el mero gesto fue suficiente para sentirlo, haciéndola soltar un gemido.

Y su sonido solo hizo que la mueca de Ruby creciera.

"¿Crees que vas a poder conmigo? Luces como si ya te fueses a venir."

De nuevo la burla.

Y maldición, no podía decir nada, porque así se sentía, como que solo faltaban unos movimientos para venirse. Realmente quería hacerlo, pero no tenía la resistencia para hacerlo, la energía, y su cuerpo era muy sensible para aguantar.

Muchas veces denigró a sujetos con los que se acostó, aunque su intención nunca fuese su propio placer, a veces le causaba gracia como duraban tan poco.

Y ahora se sentía así, igual que esos de los que se burló.

No era mejor que ellos.

Ruby siguió sonriéndole, mientras volvió a bajar, lo suficiente para posar su boca en el miembro erecto. A pesar de su enojo, de su impotencia, apretó los dientes, porque esa imagen era sin duda erótica. Ruby abrió la boca, metió parte del miembro dentro, y luego salió, pasando la lengua por el largo. Sabía que los grises no dejaron de mirarla, pero se vio completamente atrapada en la imagen, notando los movimientos que Ruby hacía con su boca, con su lengua, los más delicados apenas los sentía, pero cuando entraba, lo sentía más intenso.

Apretó los dientes para aguantarse, porque Ruby tenía razón, estaba cerca de venirse. Eso era suficiente para provocarla, para calentarla, y no necesitaba fuertes roces para venirse, lo suave era suficiente. Sujetó las sabanas con sus manos, intentando calmarse, intentando resistir la tentación, porque no iba a venirse, no tan pronto, debía ser fuerte.

Ruby se detuvo luego de unos momentos, el juguete brillando con la saliva de Ruby, y sabía cómo eso se veía, y eso sin duda la hacía sentir excitada, y tal vez, cuando Ruby lo usase con ella, debía hacer lo mismo, solamente para que Ruby la viese.

La sonrisa se mantuvo en Ruby, mientras esta soltó una risa, su rostro a solo unos centímetros del miembro que no era propio, pero cada roce se sentía como si así lo fuese.

"¿Aún no te vienes? Creí que esto sería suficiente."

Rayos.

Soltó un quejido, y le molestaba, por supuesto, que Ruby la tratase así, pero se sentía humedecerse. Ruby sabía cómo presionar sus botones, y lo hacía de maravilla.

Las miradas de ambas lucharon por unos momentos, hasta que fue Ruby quien negó, acabando con esa pelea que claramente estaba perdiendo, y Ruby solo se detenía para seguir burlándose, y con la risa que soltó, su intención era evidente.

"Veamos cuanto tiempo puedes resistir, Weiss."

Oh.

Ruby se volvió a poner de rodillas, erguida en su posición, mientras se sacó la camiseta que tenía encima, que se puso para cocinar, dejando su torso expuesto, la tinta manchando su piel, sus pechos visibles, sus pezones erectos, y luego se movió para sacarse el bóxer que tenía abajo, quedando de nuevo desnuda.

Y sabía que la Ruby con la que se había acostado en la mañana, y la que veía frente a ella, no era la misma.

Si, lo era, pero eran dos caras diferentes, y deseaba ambas caras.

Deseaba todas las caras de Ruby.

Todas sus facetas estaban en equilibrio, y ella misma se sentía así, en equilibrio, porque cada parte de Ruby desencadenaba una parte de ella misma, y así se descubría un poco más cada día.

Y la sensación siempre le causaba regocijo.

Se quedó callada, aguantando la respiración, aun aguantando las ganas que tenía dentro, las ganas insoportables de venirse, y sabía que quizás, si cerraba los ojos, aguantaría un poco más, pero no podía dejar de mirar como Ruby se movía, se acomodaba sobre su pelvis, una mano sujetando de su miembro falso, que el mero tacto lo sentía dentro. Ruby no dejó de mirarla, de tentarla, de burlarse de ella, pero no podía mirarla a los ojos, de nuevo hipnotizada, sin poder perderse ese momento.

Ruby comenzó a bajar sus caderas, la cabeza del juguete posándose en su entrada, poco a poco adentrándose, y sentía cada uno de esos movimientos, sentía como el dildo ejercía resistencia, si, lo sentía. Tal vez era demasiado sensible, por eso podía sentirlo, pero agradecía el haberse dejado expuesta, o no habría podido experimentar algo así.

El dildo entró del todo, Ruby bajando, terminando el trabajo, soltando un jadeo en el proceso, acomodándose en su pelvis, las manos ajenas firmes en su abdomen, y ahí pudo sentir toda la presión del interior de Ruby en el juguete.

No sabía si era el calor de su orgasmo acercándose, o el del cuerpo ajeno, pero su pelvis ardía.

Ardía mucho.

Otra sensación adictiva a la lista.

Finalmente pudo ser capaz de mirar a Ruby, y no quería saber cuál era la expresión propia en su rostro, porque apenas la miró, Ruby sonrió, manteniendo la mueca que al parecer iba a ser su perdición. Una de las manos ajenas llegó a su rostro, sin apenas darse cuenta del movimiento, sus sentidos tan sobre estimulados, así como su placer, que la mente se le estaba nublando.

Ruby la sujetó de la mandíbula, mientras acercaba su rostro al suyo, y ahora podía ver esa mueca desde más cerca. Jadeó con fuerza, sin poder aguantar la respiración, sin poder mantenerse firme, porque Ruby movió su torso, movió sus caderas, y lo sintió duro, fuerte, la punta del juguete apretando donde más lo necesitaba.

Como ardía.

A pesar de que quería cerrar los ojos, de intentar calmarse, de intentar recuperar el control, no podía, el rostro de Ruby, su expresión, lo cálido de su aliento, y esos labios que le sonreían, abriéndose levemente para hablar, la tenían hipnotizada.

"Te estás aguantando solamente para satisfacerme, buena chica."

Obviamente había burla escondida en la frase.

Pero no podía resistirlo.

Era demasiado.

Y cuando Ruby movió su cadera, una vez más, tentándola, se vio soltando un gemido grueso, su orgasmo llegando rápidamente, y no pudo hacer nada para evitarlo.

Ruby se quedó inerte, notando como se había venido, y para su absoluta vergüenza, su orgasmo duró varios segundos, dejándola aún más expuesta, los temblores en su cuerpo siendo lo suficientemente intensos para alargar su placer.

Terminó soltando un jadeo agotado, mientras apoyaba la nuca en las almohadas, la tensión en su cuerpo finalmente disipándose.

No había durado nada.

Se sentía hervir, jamás se había dejado en vergüenza de esa forma.

Y eso iba a hacer que Ruby se burlase aún más.

Su ego dolía.

No miró a Ruby, y se obligó a llevar una mano al rostro, la tela de la camisa tapándole los ojos y parte de la cara, y con eso no vería la mueca que Ruby debía de estar haciendo, ni dejaría que esta viese la vergüenza que sentía, esta plasmada en su expresión.

"¿No querías follarme, Weiss? Mirate ahora, no lograste aguantar lo suficiente."

Decepción, burla, eso era lo que podía escuchar en Ruby, y sabía que su rostro podía evidenciar aún más el sentir en sus palabras.

Ruby sabía cómo dejarla en el suelo.

Pero también sabía cómo acorralarla para dejarla en lo más alto.

Soltó un gruñido, dejando de ocultarse, enojada, más consigo misma que con Ruby, porque se sentía avergonzada de haber querido hacer esto, y verse tan disminuida en el proceso, pero daba igual, si, se había venido, si, tenía el cuerpo muy sensible, si, tenía muy poca resistencia, sí, pero eso no iba a evitar que pudiese conseguir lo que quería.

No se iba a ir a dormir hasta que se sintiese satisfecha con su trabajo.

No iba a irse a dormir hasta dejar a Ruby completamente destruida.

Enterró los dedos en los muslos de Ruby, esta bien acomodada sobre su pelvis, aun teniendo todo su largo dentro. La sujetó con firmeza, y enfrentó el rostro ajeno, el cual estaba inmutable, sonriente, divertido, estaba jugando con ella, con sus emociones, y la notó aún más emocionada al verla así, enfurecida.

Ruby había conseguido lo que quería, lo tenía claro.

"Callate y sigue moviéndote."

Su voz salió ronca, como un gruñido, y la mujer la miró de vuelta, incrédula, pero mantuvo su sonrisa, su acto.

"¿Vas a poder hacerme venir acaso?"

Ruby habló, desafiante, burlesca, acercándose, moviendo su cadera, creando fricción entre ambos cuerpos, y se sentía bien, muy bien, y sabía que no iba a pasar mucho para que un nuevo orgasmo se hiciese presente, pero ya no le importaba.

Podía ver el rostro ajeno frente al suyo, y sonrió, desafiando la sonrisa ajena con la propia.

Había perdido, pero también iba a ganar.

Todo debía de estar en un perfecto equilibrio.

Acomodó sus piernas, abriéndolas, acomodándose, y movió su propia pelvis, y le daba igual que Ruby pesara más que ella, o que no tuviese la fuerza para mantenerse haciendo ese movimiento, lo iba a hacer igual, y a pesar de que Ruby intentó mantenerse en calma, en control, pudo notar como el movimiento la tomó por sorpresa, así como su sonrisa.

Eso era lo que Ruby buscó, era sacar ese lado de ella, y lo había conseguido.

No entendía porque se sorprendía.

"Sabes qué, no me importa, me voy a venir las veces que quiera usándote, y no te daré nada."

Su contrataque tomó por sorpresa a Ruby, quien perdió el papel por un momento, incredulidad en su expresión, y remató su frase el moverse de nuevo.

Un ataque, y luego una venganza, así era la relación que tenía con Ruby en la cama.

Y le gustaba que así fuera.

Se sentía pequeña, diminuta, débil, indefensa.

Y luego se sentía grande, capaz, fuerte, indestructible.

Y eso era lo mejor.

A pesar de que estaba disfrutando de sentir sus uñas enterrándose en los muslos ajenos, se vio moviendo una de esas manos, guiándola hacia el cabello rojizo, sus dedos aferrándose a cada uno de los mechones, sujetando a Ruby con fuerza, esta soltando un jadeo en el proceso.

Su mujer no estaba tan confiada como hace unos momentos.

"Te dije que te muevas, te voy a usar para venirme."

Ruby, a pesar de la imagen que tenía hace unos momentos, terminó jadeando de nuevo, aferrándose a la cama con ambas manos, y comenzó a moverse, a seguir un ritmo, adaptándose fácilmente a la nueva situación, cediéndole el lugar que tomó, tomando el trono.

Por su parte dejó de moverse, solamente aprovechándose de Ruby, conservando energías, dejando que esta hiciese todo el trabajo, y sonrió al pensarlo, además, ya no intentó contenerse, porque dijo que se vendría, y ya no sentiría culpa por eso, por el contrario, cada vez que se viniese usando a Ruby, iba a sentirse una ganadora.

Sostuvo firme a Ruby, sin dejar que esta se acomodase, de hecho, incluso la acercó más, haciéndola que ladease su rostro, que le diese espacio en su cuello, y disfrutó de ese poder, sobre todo cuando el cuerpo desnudo de Ruby se apegaba al suyo, los pezones duros pasando por su torso. Apoyó los labios sobre la oreja de Ruby, lista para dar su siguiente orden.

El calor era impresionante.

Creciendo más y más, y se sentía impaciente.

"Más rápido."

Habló, gruñendo, y sabía que todo lo que dijese durante ese rato iba a sonar así, salvaje. Porque había ganado el control, pero lo había perdido al mismo tiempo, enloqueciendo ahí.

Ruby le hizo caso, su cuerpo moviéndose más deprisa, y podía sentir como ambas comenzaban a sudar ante el movimiento, ante la fricción, ante el calor.

Estaba tan caliente.

Tuvo el cuello ajeno a su alcance, pero no era suficiente con eso, así que se movió, abrió la boca y le dio una mordida, fuerte, y escuchó a Ruby soltar un grito grueso ante el ataque.

Ruby tembló ante la acción, pero fue ella quien tembló más.

Corriéndose de nuevo.

Soltó un gruñido, aun teniendo la piel de Ruby atrapada entre sus dientes, mientras su pelvis ardía, mientras los escalofríos recorrían todo su cuerpo, los movimientos ajenos alargando aún más su placer.

Dejó de morder, solamente porque creía que iba a romper la piel, y no tenía planeado hacer un caos tan pronto.

Aún tenía toda la noche.

"Detente."

Ordenó, aun sintiéndose afectada por su segundo orgasmo, apenas sin aliento, pero necesitaba un segundo para reponerse, y sabía que, si Ruby seguía, lo haría más por si misma que por ella, y no se lo iba a permitir.

Ruby la miró con cierta sorpresa, pero a regañadientes se detuvo.

Soltó los mechones rojizos y movió ambas manos a la cadera ajena, y ahí, empujó, haciendo que Ruby saliese de encima, y esta lo entendió de inmediato, haciéndole caso.

De nuevo, a regañadientes.

Se quedó un momento ahí, recuperando el aliento, mientras miraba su propio cuerpo, mientras miraba el miembro erguido, completamente mojado, pero era solo lubricación, Ruby no se había venido, lo notaba en el líquido, lo notaba en su rostro, lo notaba en su cuerpo, podía reconocerlo fácilmente.

Por lo mismo, cuando la miró, notó aun sed en su expresión.

Sabía que Ruby era una mujer que era resistente, tal y como se lo dijo, y ella misma sabía que requería mucha fuerza y resistencia para dejarla satisfecha, y muchas veces fallaba en eso.

Pero solo tenía que agotar a Ruby primero, ¿No?

Y esta le dio permiso para romperla, y eso haría.

Se vio sonriendo, sin poder contener las ganas.

Si, la noche recién empezaba.


Capitulo siguiente: Marca.


N/A: Creo que no diré nada respecto a esto, que me está dando deseos poco cristianos, bueno, los tuve cuando escribí, y ahora vuelven al editarlo, pero bueno, eso es lo que pasa cuando tienes estas cosas en la cabeza tan seguido.

Mis chiquibabies, las envidio en este momento.

Nos leemos pronto.