GRANDES EVENTOS DE REVUE STARLIGHT
Capítulo 3: El cautiverio (episodio final)
Hikari Kagura es una fanática religiosa que tortura y mantiene encerrados a su pareja y amigas, sin permitirles ir a salir a la calle o recibir atención médica oportuna. Comete abusos deshonestos en contra de sus ex compañeras, e incluso llega a asesinar a una hija menor. ¿Hasta dónde llega la sumisión de Karen que no es capaz de velar ni salir en defensa de sus aliadas?
Mahiru: Hola Hikari, ¿por qué llegó tan temprano?
Hikari: Vendí toda la mercadería.
Mahiru: ¿Quiere que le sirva algo?
Hikari: Karen, ¿dónde está?
Mahiru: Fue a control médico, me dijo que volvía luego.
Hikari: Control médico, esa pasa yendo control médico.
Mahiru: Mire, ahí viene.
Hikari: Ándate adonde a tus amigas, ¡ándate te digo!
Karen: Hola, ¿llegaste temprano?
Hikari: ¿Y vos a dónde andabas?
Karen: Del médico, ¿por qué?
Hikari: Cuántas veces te dicho que tenías que estar acá a la hora que llegues.
Karen: Pues anoche te dije que tenía control.
Hikari: Cállate.
Karen: ¿Qué estás pensando?
Hikari: *Le levanta la mano* ¡Cállate que te digo!
Karen: ¡Hikari-chan, ya te dije que tenía que ir al médico!
La egresada de la Academia Seisho, Hikari Kagura y su amiga Karen Aijo tienen hacinadas siete compañeras más y están esperando un hijo -de estas-, pero en este hogar el embarazo no es razón para impedir el maltrato que se ha transformado en una situación cotidiana.
Karen: ¡Ya están viniendo los dolores ya!
Futaba: Tranquila, tranquila mujer. Ya todo va a salir ya.
Kaoruko: Aquí está el agua.
Futaba: Déjala ahí. Páseme la toalla remojada.
Hikari: ¿Necesita algo más?
Futaba: Sécale la frente a Karen, usted también dale las manos.
Hikari: ¿Falta mucho?
Futaba: No, ya viene. ¿Cómo te siente?
Karen: Más o menos, tengo sed.
Futaba: Mójale los labios a Karen.
Karen: ¡Ay, ay! ¡Ya se están alcanzando los dolores!
Futaba: Ya tranquila, tranquila. Ya viene y ahora empuja. ¡Tú puedes, empuja! ¡Siga empujando!
El nacimiento de aquella menor no causó exactamente una alegría para Hikari, las carencias eran evidentes y ahora habría otra boca más que alimentar.
Hikari: Suerte que llegaste.
Karen: Es que me vine a pie y se puso a llover. ¿Cómo te fue?
Hikari: Más o menos.
Karen: ¿Nos vamos ahora o espero si vendes más?
Hikari: No, me voy ahora para la casa, con este clima no haya nadie por la calle. Oye, ¿trajiste la comida?
Karen: No, es que con la niña no podía traer, pero en la casa está todo listo.
Hikari: Vamos para la casa entonces.
El carácter de Hikari es caprichosa y la mayoría de las veces su conducta autoritaria y feminista se impone drásticamente con las suyas, sin ningún atisbo de comprensión.
Hikari no sólo castiga a Karen, sino también a sus compañeras. Toda esta violencia se torna contradictoria ya que frecuenta a menudo una organización religiosa de tendencia pentecostal, donde si bien se sumerge con todas sus fuerzas en la búsqueda de Dios no logra erradicar su agresiva forma de entender la vida. Esta mujer asume los conceptos de sanación y purificación espiritual equivocadamente; en forma muy subrepticia comienza a sentirse dueña de la verdad y en cierto modo una enviada de Dios. Nadie puede contradecirle sus oposiciones en relación al bien y al mal, nadie puede cuestionar sus dichos ya que según ella es entrar en el camino del pecado. Desde luego quienes en mayor medida sienten el rigor de su fanatismo religioso son sus propias amigas.
Hikari: ¿Y tú?, ¿qué estabas haciendo en la calle?
Kaoruko: Fue a comprar un cuaderno.
Hikari: ¿Quién te dio permiso?
Kaoruko: Le dije a Karen.
Hikari: ¡Ándate adentro!
Karen: ¿Qué le pasó a la niña que entró llorando?
Hikari: Cuántas veces te he dicho que no me gusta que esté en la calle.
Karen: ¿Y qué quería que hiciera?, si tiene tareas.
Hikari: No va más a clases.
Karen: Pero Hikari-chan, si tienen que aprender.
Hikari: Ya te dije ya, ni ellas no van más a estudiar. De ahora en adelante les enseño yo.
Karen: ¿Pero por qué haces esas cosas, Hikari-chan?
Hikari: Porque quiero sacarlas del pecado, porque aquí en esta casa es el único lugar donde van a estar pulcras. ¿Qué miráis así?, trae pan.
La decisión que tanto como las chicas no asistieran más a clases superiores fue un gesto que marcó profundamente a sus amistades y puso una señal de total hermetismo a todo lo que acontecía al interior de su hogar.
Hikari: ...Ellos dijeron: vamos a tramar un plan contra Jeremías porque no nos faltará el consejo de sabio, la palabra del Profeta (...) Amén.
De este modo, las prédicas callejeras de Hikari se transformaron sólo en la punta del iceberg. Sus alocuciones profundas que dejaban emanar la palabra de Dios estaba lejos de mostrar el cautiverio en que tenían sus amistades. Por cierto, no se relacionaba con sus vecinos, todas sus amigas de hecho que las mujeres no fueran a la universidad y ni mucho menos a trabajar.
Hikari: ¿Quién estaba afuera? ¡Si no me dicen quién está afuera, los castigo a todas!
Mahiru: Yo estaba en la puerta, Hikari.
Nana: Yo también.
Maya: Yo también.
Hikari: ¿Cuándo mierda me va a entender que no pueden estar en la calle?
Mahiru: Nunca más lo vamos a hacer, Hikari.
Nana: La primera vez que salgo.
Hikari: *Jadeo* Mahiru, ven.
Mahiru: ¿Qué va a hacer, Hikari?
Hikari: Sube la camiseta. Como ejemplo y según lo que dice Jeremías en la Biblia: no permitas la maldad, no apartes tus ojos del pecado, y ella va a pagar por todas ustedes. *Le azota a Mahiru en la espalda cuatro veces*
La denuncia velada de Mahiru fue sin duda un duro golpe para Karen, no sólo porque Hikari podría estar abusando sexualmente de su propia ex compañera, sino porque no tendría palabra ni coraje para enfrentarse a ella.
Hikari: ¿Y vos?, ¿qué estás haciendo por aquí?
Karen: La niña está enferma.
Hikari: ¿Para qué sacáis con este frío?
Karen: Es que te vine a pedir dinero para llevar a médico.
Hikari: ¿Estás loca? ¿De a dónde que te saque dinero?
Karen: Pero si no creo que sea mucho, no viste que el hospital atiende gratis y hasta los remedios.
Hikari: ¿No te das cuenta que la niña no está inscrita?, nadie te va a atender así.
Karen: Pero si le digo cualquier cosa, que se me olvidó llevarlo, no sé. ¿Cómo no me van a atender, Hikari-chan?
Hikari: Sabes qué más, haz lo que quieras, pero yo dinero no te puedo dar.
Karen: ¿Te vas a ir luego para la casa?, no ves que las chicas quedaron solas.
Hikari: Depende de cómo me vaya aquí. Ándate, apúrate.
Cada vez que Karen estaba afuera de casa, Hikari aprovechaba su ausencia para estar cerca de su compañera Mahiru, esta relación extraña tenía para ella una suerte de designio.
Mahiru: Le traje un vaso con agua, Hikari.
Hikari: Gracias, mi amor. Oiga, ¿almuerzo?
Mahiru: Sí, Hikari. ¿Quiere que le sirva algo?, Karen dejó arroz para usted.
Hikari: No, ¿por qué no me acompaña? Junna.
Junna: ¿Me llamaba?
Hikari: ¿Dónde están las demás?
Junna: En el patio.
Hikari: Voy a estar con Mahiru en el dormitorio, no quiero que molesten.
La orden para todas las chicas era no salir de la casa por ningún motivo, de acuerdo a sus conceptos religiosos no debían contaminarse con el mundo exterior. Esta conducta creaba curiosidad de los vecinos que no dejaban de extrañarse por lo que podría estar sucediendo al interior de ese misterioso hogar.
Ya no caben dudas, el fantasma de una relación lésbica se deja ver con más claridad que antes, es la palabra de Mahiru y Kaoruko contra la de una mujer ya adulta que no logra tomar conciencia de su afán pecaminoso, pero Hikari, en un acto de transformación de su personalidad no abandona su intento religioso. Aquí no deja espacio para otro comportamiento que no sea el místico, sólo que a diferencia de quienes se entregan con fe, paz y consecuencia en la búsqueda de Dios, Hikari lo hace con un enfermizo fanatismo que la lleva a recorrer los caminos más oscuros de la vida como si fuera un mandato divino. Desde luego es su comprensión particular y egoísta la que trastoca los más puros conceptos de la Biblia para convertirlos en acciones teñidas de pensamientos malsanos.
Hikari: ¿Y usted?, todavía estás en pie.
Karen: Te estaba esperando.
Hikari: Te dije que no iba a comer.
Karen: Quiero conversar contigo y esperé que se durmieran las chicas.
Hikari: Dime, de qué se trata.
Karen: Es que no me gusta que tenga tanta preferencia por Mahiru-chan.
Hikari: ¿Y eso qué tiene de malo? Ella es la más obediente junto con Claudine.
Karen: ¿Y tú te olvidas que ellas ya están grandes, o no?
Hikari: ¿Qué me quiere decir?
Karen: Que no me parece bien que te acuestes con Mahiru-chan.
Hikari: ¿Y qué quiere? ¿Qué será de esas putas que andan en la calle?
Karen: Pero es que Mahiru-chan recién es una mujer, Hikari-chan.
Hikari: Lo que yo hago con ella es un mandato divino, ella es privilegiada, cuando estoy con ella, ése es un acto de purificación, de grandeza.
Karen: ¿Y a ti no te importa lo que piensan las chicas?
Hikari: Lo que piensa mal de mí, ése sí que está con Satanás. Palabra de Dios.
Luego de la conversación, Hikari no soportó el reproche y golpeó a Karen. En definitiva, esta denuncia solo empeoró las cosas; las chicas continuaron sin ir a la universidad y lo que es más, viviendo una hambruna colectiva que tiene a ocho personas al borde de la inadmisión.
Muchos en el barrio conocieron a las ex compañeras de Hikari y Karen o por lo menos lo vieron alguna vez en la calle, de ahí la curiosidad que tenían por saber qué pasaba con ellas.
Vecino: ¿Escuchaste los gritos anoche?
Vecina: En el almacén me encontré con la vecina Karen, andaba con un ojo morado.
Vecino: Yo no veo nunca las jovencitas, parece que ya no van a estudiar.
Vecina: Dijo que la había sacado. Oye, ¿sabe cuántas personas tienen?
Vecino: No sé, yo siempre veo tres o cuatro.
Vecina: Tienen ocho, por eso es que se escucha tanta bulla.
Vecino: ¿Y quién las atenderá?, si estaban siempre solas.
Vecina: Para mí que andan muertas de hambre, esa pelinegra es media rara.
Vecino: Podría echar un vistazo, a lo mejor necesitan algo.
Esa vecina fue a visitar a la casa a otearlos.
Vecina: Hola, ¿está Karen?
Nana: No, estamos solos.
Vecina: ¿Puedo entrar?
Nana: No, no nos dejan.
Vecina: Es un ratito, quiero saber si necesitan algo.
Nana: Pues si entran después nos pegan.
Vecina: ¿Tienen hambre?
Nana: Tengo que cerrar, puede llegar Hikari.
El otro día, preocupada de esta situación la vecina trae una olla llena de alimento dejando a la entrada y sale del sitio esperando a que alguna de ellas recibiera este presente.
Nana: Chicas, nos trajeron comida.
Esta humilde comida llegó como caída del cielo para estas mujeres, se acostumbraron al frío y a la soledad, pero no podían resistirse al ofrecimiento. Así, como verdaderos animalitos sin preguntarse nada comenzaron a devorar esta olla con comida. En el umbral de la desnutrición a ninguna de estas chicas le importó la prohibición de abrir la puerta a un extraño, aprovechando que Karen llevó a la niña al consultorio se dejaron llevar por la fuerza de su natural instinto de conservación.
EN UN HOSPITAL
Doctor: Ya puede vestirla.
Karen: ¿Y cómo está, doctor?
Doctor: No entiendo cómo pudo haber llegado ese estado.
Karen: ¿Y por qué lo dice?
Doctor: ¿Y usted me lo pregunta? ¿Acaso no sabe el estado de nutrición que se encuentra su hija?
Karen: Es que yo trato de atenderla, doctor.
Doctor: Bueno, ¿y qué se lo olvide pues?
Karen: Bueno, es que a veces la situación no es tan buena.
Doctor: Se hubiese demorado un par de días más a la niña la dejo hospitalizada, y usted detenida.
Karen: ¿Detenida?, ¿y a mí por qué?
Doctor: La situación en que se encuentra su hija es pura y exclusivamente responsabilidad suya.
Esta mujer recién comprendió aquí la difícil situación en que se encontraba la pequeña, ella igual que todas sus compañeras no ha sido inscrita en el registro civil, pero al ingresarla aquí quedó constancia de su existencia; Karen ignora que este detalle, este simple detalle se puede convertir en la pista que dilucide un horrible crimen.
Doctor: Tome, dele estos remedios y me la trae en una semana.
Karen: Bueno, doctor.
Ciertamente lo que acontecía al interior de este hogar y particularmente con la conducta de Hikari Kagura la situación podría haber tenido alguna salida, de no ser por la complicidad que le otorgaba el silencio de Karen Aijo.
Karen: Hola, ¿y las demás?
Hikari: Las tengo en el patio.
Karen: Pero se está poniendo a llover.
Hikari: Cuando termine los voy a dejar entrar. Haz callar esa cría.
Karen: Lo encontraron bajo peso, debe tener hambre.
Hikari: Hazla callar, ¿quieres? No ves que estoy leyendo la novela.
Karen: ¿Pero qué quiere que haga, Hikari-chan?, no viste que la niña está enferma.
Hikari: *Cierra el libro* Pásala. Yo sé calmar, esta cuestión está pura mal. Shhh, Cállate, cállate, *le zamarrea al bebé hasta botarla violentamente* ¡cállate mierda!
Karen: La niña no está respirando, Hikari-chan. La voy a llevar al hospital.
Hikari: No, esta casa no sale.
Karen: Pero es que necesita atención, ¿no viste que se puede morir?
Hikari: Ya murió.
Karen: ¿Y qué vamos a hacer ahora, Hikari-chan?
Hikari: Hay que dejarla en caliente un patio, mañana yo voy a ver qué hago.
Efectivamente, el golpe le quitó la vida a la pequeña de tan solo seis meses de edad, avisar el pseudo accidente a cualquier entidad pública sería para esta mujer la condena; así también lo entendió su amiga quien prefirió derramar algunas lágrimas en vez de avisar para que socorrieran a su hija, planes que comenzó a fraguar en su mente Hikari se amparaban en que si no estaba inscrita nadie la echaría de menos.
A LA MAÑANA SIGUIENTE...
Hikari: ¿Y Karen?, ¿dónde está?
Nana: Fue a comprar el pan.
Hikari: Ándate para adentro, que nadie salga al patio, ¿me oíste?
Nana: Están todos durmiendo.
Hikari: Igual ándate adentro. Quédate allá, te digo.
Esa mañana, Hikari se levantó con un claro propósito: borrar toda huella de aquel incidente que le costó la vida a su hija menor. Luego que le dio la muerte, durante la noche la dejó en un canasto en el patio interior; como tenía certeza de que ninguna de sus otras colegas estaba en pie se dirigió a un cuarto en el fondo de la casa para fabricar un ataúd casero.
Según cuentan algunos vecinos, siempre escuchan gritos y alaridos desde el interior, lo cierto es que Hikari aplica la violencia los castigos hacia los suyos donde muchas veces, la víctima es su propia amiga Karen a quien acostumbra azotar a menudo luego de colgarla a una de las vigas de la casa. Ahora mientras construye este hechizo ataúd tiene la calma y la conciencia que se está convirtiendo en una criminal.
Sin ningún rasgo de bondad, ni menos de cariño, Hikari tomó el cuerpo inerte de su cría de seis meses y le introdujo hasta este ataúd, cerrando quizás y para siempre cualquier intento de duda que alguien tenga sobre el paradero final de la niña.
De acuerdo a ciertos registros provenientes de varios entrevistados, Hikari habría cavado un hoyo en el fondo de su casa para enterrar los restos de la pequeña. El hecho de no haberla inscrito en los archivos del registro de identificación, por cierto, permite con acto de esta naturaleza y tan deleznable pueda quedar oculto en la más absoluta impunidad. Si esta criatura no existe legalmente es difícil por lo mismo consignar su muerte, solo los cándidos rostros de sus compañeras pueden avalar su existencia, pero el miedo a su "líder" los obliga a callar eternamente.
Karen: Hikari-chan, ¿qué pasó con la bebé que no está en el canasto?
Hikari: ¿Y qué quería?, ¿que la dejara para que diera a las demás?
Karen: ¿Y dónde la dejaste?
Hikari: Nunca vaya a saber lo que pasó con ella. Supongo que no llamaste a las autoridades.
Karen: ¿Y qué se acaba?, si la niña nunca la inscribimos. Ella nunca existió legalmente, Hikari-chan.
Hikari: Tienes que estar tranquila, la niña está en la mano de Dios.
Karen: ¿Tú de verdad crees que hicimos lo correcto, Hikari-chan?
Hikari: ¿Estás cuestionando el mandato divino?
Karen: Suéltame, no ves que pueden venir las chicas.
Hikari: ¡Esta es mi casa, ¿entiendes?! ¡ESTA ES MI CASA Y YO HAGO LO QUE QUIERO! *Le agrede a Karen* ¡QUÉDATE!, ¡QUÉDATE AQUÍ, MIERDA! ¡¿AH?! ¡TE VOLVISTE LOCA!
Sin embargo, la vecindad sabía de la agravante situación cotidiana que...
Vecino: ¿Qué te pasó?
Vecina: Me cansé de tocar y no abrió nadie.
Vecino: A lo mejor están durmiendo.
Vecina: Sé por qué se me ocurre que a Karen le volvieron a pegar anoche, la sentí llorar.
Vecino: ¿Esa chica no es religiosa? ¿Cómo puede ser tan violenta?
Vecina: Hay personas que esconden todas sus trancas en la religión, pero no creo que dure mucho en la iglesia.
Vecino: Qué extraño que las jóvenes no te hayan abierto la puerta.
Vecina: Se me ocurre que esa rara esconde algo, ¿ah?
Vecino: Sabes qué, voy a pasarme por atrás. Tengo curiosidad por ver qué pasa ahí adentro.
Vecina: Oye, pero ten cuidado porque a veces llegan temprano.
Vecino: Tú me gritas si lo ves venir.
La preocupación de estos vecinos llega a su máxima expresión, el plan de descubrir qué se oculta al interior de la casa de Hikari podría dejar en evidencia el nivel de vida infrahumano que tienen todas sus amigas. Desde luego, esta operación tiene riesgos y lo que es más, conociendo el perfil de sus inquilinos podría comprometerse el futuro de las jóvenes si ellas llegaran a saber.
La imagen que estas chicas reflejaron a los ojos de los vecinos fue impactante; desnudas, sucias, hambrientas y casi inconscientes por el estado avanzado de desnutrición. La fuerza de aquella experiencia los hizo acudir a la policía para establecer una denuncia que pudiera socorrer cuanto antes a aquellas jovencitas. Como no existe autorización inmediata de allanar sin una orden del juez fue necesario enviar a una asistente social para comprobar si el testimonio de los vecinos era fidedigno.
Hikari: ¿A quién busca?
Asistente social: ¿La señorita Kagura?
Hikari: ¿Para qué sería?
Asistente social: Soy la asistente social del sector y vengo a visitar a su casa.
Hikari: No queremos a nadie.
Asistente social: Tengo una orden para visitar su casa.
Hikari: ¿Se puede saber para qué?
Asistente social: Tengo que hacer un informe.
Hikari: No lo voy a dejar entrar.
Asistente social: Señorita Kagura, si usted no me deja entrar me voy a ver la obligación de traer a la policía.
Hikari: Pase, un rato.
Asistente social: Me vio en la obligación de decirle que ustedes no están aptas para criar a las damas.
Hikari: ¿Qué quiere decir? Oiga, yo cuido a mis súbditas como quiero.
Asistente social: ¿Y usted llama a eso criar?
Hikari: Aquí está fuera de la corrupción y del pecado, señorita.
Asistente social: Lo lamento, pero mi informe voy a recomendar que las chicas se vayan a un centro de rehabilitación.
Hikari: Usted hace eso y lo mando yo.
El informe de la asistente social fue entregado a las autoridades pertinentes; mientras tanto Hikari Kagura, ignorante de la realidad continuó en la suya. Desde que se egresó de su academia, ella y sus amigas lograron tener, finalmente todas exceptuando éstas aprendieron a madurar; las otras jamás conocieron la universidad ya que por exigencia de Hikari deben permanecer en cautiverio, lejos del mundo anal ruido, lejos del pecado según ella.
Es difícil a veces comprender dónde está el límite de las cosas, es difícil aceptar una realidad como esta que remueve tan cruelmente los cimientos de la "familia", es difícil entender a una mujer que camuflado en un sentimiento religioso malentendido eleve sus ojos al cielo y golpee su pecho con una mano para redimir sus pecados, mientras con la otra ataca la dignidad física de sus propias compañeras; es difícil por cierto querer acercarse a Dios o la "Jirafa" con los ojos cerrados, ya que habitualmente lo único que se logra es distanciarse de él para siempre.
Hikari: ¡Estaba contigo, Señor! ¡¿Por qué me abandonaste?!
En un día de junio y siendo una sorpresa para todos, la policía llegó hasta a su hogar para detener a las culpables de este vejamen humano. En medio de la curiosidad de los vecinos del sector, parte del misterio que siempre rodeó a esta casa se fue desentrañando; por cierto, la más confundida con este operativo fue la propia Hikari quien no podía dar crédito a tamaña acusación en su contra, aun así, se enfrentó a la policía subrayando a cada instante que estaba preparada para soportar las acusaciones que según ella le hacía Satanás.
Estas chicas prácticamente se desarrollaron en la sombría humedad de su largo encierro, ignoran qué está sucediendo, pero en sus rostros se advierten que ya han pasado lo peor.
Karen Aijo también fue consignada como responsable de este cuadro de maltrato humano donde se advierten además una serie de abusos deshonestos, violaciones y por supuesto, la muerte de una pequeña. De este modo comienza a cerrarse, o mejor dicho abrirse un caso que ha mantenido alerta a la ciudad de Tokio; y que ha dejado profundamente herido a quiénes creen en la vida y el respeto por la condición humana.
Las declaraciones posteriores no han permitido formular cargos concretos sobre la hija desaparecida ya que sus restos aún no han sido hallados, en cuanto a las lesiones y actos vejatorios hubo claridad absoluta ya que además de maltrato todas se encontraban en total desnutrición. También los especialistas señalaron que Mahiru, efectivamente presenta rasgos de habituales relaciones sexuales.
En la actualidad, Hikari Kagura está en la cárcel de Tokio y tendrá 23 años, lleva casi tres -años- detenida y si bien aceptó conversar con nosotros, rehusó ser entrevistada. Argumenta que todavía no ha llegado el momento de hablar; durante este encuentro reconoció que maltrataba a sus amigas y a Karen, pero que lo hacía para que fueran verdaderas hijas de Dios. Bajo su fanatismo "religioso" aún intacto asegura que es inocente del cargo de violación a Mahiru Tsuyuzaki, Hikari Kagura fue enfática en señalar que tiene visiones y una permanente comunicación con el todopoderoso; sobre su única hija no quiso hablar, subrayando que está en un lugar donde nadie podrá encontrarla. Esta mujer afirma que ama a sus compañeras, sin embargo, hasta ahora nunca ha recibido su visita; nuestra responsabilidad periodística y de libre creación artística nos obliga éticamente a respetar su silencio, pero realizamos este esfuerzo para que su imagen por primera vez sea de dominio público.
El paradero de la hija menor aún es un misterio, su cuerpo no ha sido encontrado. De resto de sus amigas; 3 fueron exiliadas al extranjero, 2 se encuentran en centros de rehabilitación y 3 viven con familiares.
En la actualidad, Hikari Kagura fue condenada a 12 años de prisión. Su compañera (Karen) sólo cumplió una sentencia de 541 días de pena remitida.
Con este capítulo he finalizado indefinidamente la saga SKRS, ya que no quedó otra que cancelar esta mini obra por razones lógicas.
Muchas gracias por todo los que leyeron y hasta la vista.
