Disclaimer: Nada me pertenece, todo es de la Jotaká, bla, bla, bla.

Nota de autora: ¿Actualizando una historia Sevmione no sé cuántos años después? Sí soy, pero pido perdón de antemano por la ausencia. No sé, no es que me haya alejado de los fanfics, pero la vida adulta se impuso. Y ahora leyendo mis propias historias me dieron ganas de saber cómo seguían... y sí, si no escribo nunca voy a saberlo. Espero poder actualizarlas todas, de a poco, pero paciencia (más, jaja).

Por cierto, si hay alguien todavía leyéndome por favor déjenme un comentario, para saber que no estoy sola en esta locura.

Capítulo 5 - El botón de autodestrucción

Draco Malfoy caminaba furioso por los pasillos de Hogwarts. Parecía que iba sin rumbo por su ceño fruncido y su andar ligero, pero sabía muy bien a dónde se dirigía. A visitar al ilustre Director del colegio, el héroe de guerra para muchos, el murciélago de pelo grasiento para otros… su padrino para él. Y además de ser su padrino, la razón por la que se encontraba tan enojado.

2 años atrás, después de todo lo vivido en la guerra, había decidido dejar de preocuparse por el qué dirán y estudiar para convertirse en Profesor de Defensa contra las artes oscuras. Muchos lo habían considerado una ironía, sus antiguos amigos en especial, a quienes Draco había mandado a la mierda con una sonrisa. Su padre todavía no le dirigía la palabra, pero su madre estaba haciendo todo lo posible para reparar el vínculo entre los dos hombres. Que la anterior Directora lo hubiera contratado ni bien terminar sus estudios para impartir clases lo sorprendió, pero vio la oportunidad como lo que era: una forma de probarse a sí mismo que podía lograr sus ambiciones, de dejar el pasado atrás y de tener un nuevo lugar para vivir.

Encontrarse con Hermione Granger como compañera también lo había sorprendido, pero no tanto como el saber que podía mantener una relación cordial con ella. Distante sí, pero también cordial. Severus le había dicho que Granger había madurado después de los horrores vividos en la guerra, pero Draco estaba seguro que Granger había nacido madura. Su relación con ella todo el año anterior le había demostrado eso. Y le había hecho notar que él también podía actuar con madurez y tratarla con la cortesía que se merecía una compañera de trabajo.

Pero lo que había hecho Snape ahora no tenía razón de ser. No había nada que pudiera justificar la elección que había hecho y estaba seguro que Granger había influido en él para ello.

Perdido en sus pensamientos y en su enojo llegó al despacho del Director, luego que la estatua le diera permiso de subir y se encontró con un Snape mirando a la nada. Carraspeó para que notara su presencia y el hombre lo miró fijamente.

-No es necesario hacer ese sonido, hasta un troll de la montaña podría notar tu entrada. ¿Puedo sugerirte que te sientes, tranquilices tu respiración y me digas qué quieres? -

El rubio le devolvió la mirada, fija, enojada, y con todo el autocontrol que sacó de adentro le espetó - ¿CÓMO PUEDES HABER CONTRATADO A POTTER? –

-No sabía que tenía que dar cuenta de mis elecciones del profesorado contigo, Malfoy- dijo Snape, levantando las cejas. - ¿No te parece que va siendo hora que dejes esa rivalidad atrás? –

- Rivalidad? ¿RIVALIDAD? –

- La guerra terminó y tengo entendido que con Granger pudiste limar asperezas, ¿por qué no podrías hacer lo mismo con Potter? –

Draco lo miraba sin dar crédito a lo que Snape decía. - ¿Tal vez porque es Potter? ¿El maldito Harry Potter? –

-Como si fuera Merlín, Potter va a suplirme en las clases de Pociones y no hay más que hablar. Va a compartir dependencias con Granger, así que salvo en las comidas y en las reuniones de profesores no creo que tengas que verlo. –

Dándose cuenta que discutir con Snape era un caso perdido, Draco se dejó caer con elegancia en la silla. - ¿Compartir habitaciones con Granger? ¿Y la chica Weasley y el hijo de ambos están de acuerdo? ¿O es que también va a venir a vivir al castillo todo el maldito clan pelirrojo? –

Antes de hablar Severus lo miró tratando de descifrar qué era lo que en verdad le molestaba a su ahijado. Por supuesto entendía la animadversión que tenían Potter y Draco, pero su instinto le decía que había algo más. Por supuesto su instinto podía estar fallando, sobre todo después de haber compartido ese jodido beso con Granger que lo había dejado con una maldita ducha de agua fría para bajar la excitación que la castaña le había provocado.

-Potter se separó de su novia y vio la oferta de trabajo como una oportunidad, creo recordar que alguien más pasó por lo mismo alguna vez. Y sí, va a compartir con Granger sala común y baño, pero no habitación. No creo que el señor Potter sea de los que pasan de la cama de una mujer a la otra.

Draco hizo un sonido que era mitad risa, mitad resoplido. – Todos pensábamos que Granger y Potter tenían algo cuando éramos estudiantes, de hecho en nuestra casa corría el rumor de que la chica tenía fiestas de 3 con los otros dos integrantes del "trío dorado"… -

- La señorita Granger no haría tal cosa-

- ¿Desde cuándo sales en defensa de Granger?

- ¿Y tú desde cuándo eres tan mocoso? Pensé que habías crecido-.

Draco abrió la boca para contestarle, pero alguien golpeó la puerta, cortando el insulto que tenía el rubio en la punta de la lengua.

-Adelante- respondió Snape con fastidio. Segundo día como Director y ya estaba harto de que todo el mundo quisiera hablar con él. ¿Es que nadie podía resolver las cosas por sí mismo?

La puerta se abrió y Harry Potter en toda su gloria entró por ella. Saludó a Snape con un movimiento de cabeza y empezó a caminar hasta el escritorio del hombre cuando se dio cuenta que no estaba solo.

- ¿Malfoy? ¿Qué estás haciendo aquí? Pensé que ya estarías casado con alguna heredera sangre pura y estarían teniendo bebés rubios – le dijo de forma mordaz el Niño-que-vivió mientras lo fulminaba con los ojos.

Draco se paró y con el movimiento tan rápido la silla se cayó. Lo miró con tanto odio que Snape, sentado detrás del escritorio y con los ojos entre ambos chicos, deseó no ser nunca el receptor de esa mirada. –El que no esperó y se apresuró a ir teniendo bebés con otra no fui yo-. Y dicho esto pasó por delante del chico de ojos verdes, mientras lo golpeaba en el hombro, y salió del despacho.

El ceño siempre fruncido de Snape se perdió y no podía creer lo que había escuchado. ¿Qué carajos?