Buenas tardes (Antes quisiera decir que el calor que se mate, hace mucho calor!) Lectoras y lectores, si, me desaparecí por todo el mes de marzo, tuve un pequeño síndrome de desidia y el calor no me ayudaba, me mantenía super agotado pero ahora he vuelto listo para continuar con el capitulo 69. Ya se está cerca del capitulo 70 y eso hace que las cosas empiecen a agarrar un rimo más intenso, espero que estén listos o listas para lo que viene. Nuevamente muchas gracias por todo su apoyo en este fanfic, de todo corazón:)
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Y ahora sí, vamos al capitulo de esta noche que esta siendo publicado.
Sailor Moon le pertenece a Naoko Takeuchi y no lo hago para ganar dinero y esas cosas, solo para fines no lucrativos valga la redundancia.
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Relámpago Oscuro
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Capítulo 69: Los muros del castillo hablan - III
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-Afuera-
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En la parte trasera del castillo se podía ver un jardín muy hermoso, lleno de flores tanto de la tierra como de otros planetas de la galaxia Kino, una fuente de agua muy pura y árboles frutales. También tenía acceso para ver con lujo de detalles parte de Tokio reconstruida con la estatua de la emperatriz emanando una esencia de rayo oscuro.
Europa estaba sentada en una de las bancas tomando un té que Ganimedes le había preparado mientras el general del rayo dorado miraba la estatua de su emperatriz. Él fue quien coordinó la construcción usando a prisioneros de guerra.
-Entonces es un guerrero muy extraordinario, su mente es demasiado poderosa que incluso pudo desviarte a otra memoria, con tal de proteger a su princesa caída. El Milenio de Plata tiene personas muy interesantes- Decía el general volteando a ver a Europa que aún estaba tensa por el recuerdo de su hermana, sujetando la taza de té con fuerzas.
-Jamás vi a alguien quien pudiera hacer eso, creí tener el control y luego me hizo ver cosas que no pensé que fueran posibles. Pero lo que no fue a una princesa sino a una chica común, con una vida normal y un sentimiento de culpa- Europa se tocó el pecho al sentir una punzada emocional. -¿Alguna vez ha sentido eso Lord Ganimedes? ¿Ha sentido culpa por algo?
La pregunta tomó por sorpresa del gran general y esté simplemente se sentó a lado de la joven general mirando al cielo en silencio.
-La culpa es natural Europa, es algo que nosotros no podemos controlar y siempre pensaremos en lo que pudo haber pasado de haber actuado a tiempo. Tú no tuviste la culpa pequeña, tu hermana tomó la decisión y traicionó tu confianza.- Ganimedes buscaba reconfortar a su compañera mientras Europa terminaba su té sintiéndose más segura a lado del gran general.
Europa recargó su cabeza en el hombro del general soltando un suspiro y tomando la mano a Ganimedes con suavidad
-Gracias Sir Ganimedes, usted me hace sentir más tranquila. Me preguntó que sigue ahora tras la conquista de la tierra, la emperatriz no nos ha dicho nada al respecto- Decía la general mirando los árboles frutales del jardín.
-Aún quedan personas que intentan levantarse contra ella, Ío ha hecho lo necesario para que no existe oposición alguna, tu misma lo has visto Europa pero van a caer, el imperio aplastará cualquier tipo de enemigo que no acaté las palabras de la emperatriz y si es necesario yo voy a encargarme de esto- La voz del general mostraba odio a cualquier intento de rebelión y su mirada ya no mostraba paz sino furia, Europa lo sintió y tomó con su otra mano la palma de Ganimedes.
-Lord Ganimedes tranquilo, yo lo conozco y sé que todo estará bien…-
Las dulces palabras de Europa calmaban al general más alto de los cuatro pero había algo que no lo dejaba pensar, le preocupaba que la rebelión cada vez fuera más insistente, moviéndose sin ser detectados por el gran poder del imperio. En eso se escuchó una explosión, uno de los edificios de vigilancia del Rayo negro fue destruido por explosivos, no había duda de ello y el general se levantó mirando la columna de humo.
-Luego regreso Europa- Dijo el general albino dejando los jardines para ir personalmente a lidiar con la situación de las pocas personas de la tierra que desafían al reinado de Imperia Júpiter, la general miró los dientes de león y tomó uno con delicadeza para soplarlo al aire.
-Lo lamento Sir Ganimedes, me disculpo por haber visto sus recuerdos sin permiso. Sólo quería confirmar si aún sentía culpa por lo que paso, usted siempre me dice que todo estará bien y que siempre va a escuchar mis problemas. Como me gustaría ser el apoyo que usted merece…no fue su culpa lo de su esposa- Europa en silencio haría una oración para aliviar el alma del creador del rayo dorado.
En tanto Ganimedes llegó a la torre destruida, con un paso solemne miró a su alrededor los escombros del lugar, partes que aún estaban cubiertas por el fuego y soldados muertos. El albino comenzó a caminar, su pisada dejaba huella en el suelo mientras el aire tenía ese aroma de muerte. Encontró en el suelo algunos paquetes explosivos causantes de la catástrofe y la bandera del imperio en llamas. Los responsables no estarían tan lejos pero Ganimedes pudo ver algo que se movía en el piso, arrastrándose a una sola mano, al acercarse se encontró con un joven soldado con su brazo derecho cercenados, su pie izquierdo destruido por una roca y sangrando del rostro pidiendo ayuda. Ganimedes le extendió su mano y lo sujeto con cuidado.
-G-General…lo lamento…no los vimos venir- El soldado que también tenía parte del rostro quemado trato de disculparse con su superior, aguantando el llanto pero Ganimedes le ponía un dedo en los labios para que no gastará saliva.
-Calma chico, tranquilo y quédate conmigo ¿Cómo te llamas?-
-Eliar…hijo de Alar mi señor- Decía el soldado tratando de formar una sonrisa pero aun con la acción más sencilla le provocaba dolor. –Debemos ir por ellos general…debemos honrar a la emperatriz- El muchacho dejó salir una lagrima de su ojo. Ganimedes le sostuvo con fuerza para que resistiera, incluso usando la fuerza de su rayo dorado.
-Resiste chico, te llevaré a la enfermería…quédate conmigo Eliar-
El general ya no recibió respuesta del muchacho y lo único que pudo hacer es dejarlo en el suelo para cerrar sus ojos. Ganimedes se quedó de rodillas en silencio y mirando el ambiente desolado, la mente del albino le hizo ver en todo el entorno una memoria de su pasado, donde él era un soldado de un reino que luchaba contra los rebeldes. Podía escuchar los ataques que impactaban a sus compañeros, algunos de ellos nunca volvieron a casa a ver a sus familias, el olor a muerte y cadáveres putrefactos lastimaba la nariz del general y aquel muchacho que murió tenía otro aspecto. Ya no tenía la armadura del imperio y en su lugar se veía a un joven de cabellera albina sangrando y con los ojos blancos. Las manos del guerrero temblaron tocando el pecho del muerto.
-Perdóname Gilmet…perdóname hijo- Ganimedes se sacudió la cabeza borrando el recuerdo que venía a causarle problema y continuo su avance pero en eso sintió la mano el muchacho muerto con la imagen de su hijo Gilmet, en estado putrefacto y dando gritos de horror.
-¡Tú me dejaste morir papá!-
Una bala de francotirador pasó por la mejilla de Ganimedes, curiosamente liberándolo de recuerdo de guerra. El albino miró de donde vino la bala mientras el cielo se oscurecía y un rayo dorado golpeaba la tierra con todas sus fuerzas, Europa podía verlo desde los jardines reales con preocupación mientras Imperia Júpiter sentía el gran poder de su general más calmado.
-Pobres estúpidos…no hay nadie quien pueda parar su fuerza- Musitó la castaña mirando por la ventana escuchando los truenos ensordecedores. En tanto los soldados que lograron formar parte de la resistencia disparaban con mucha desesperación y miedo ante Ganimedes que se acercaba lentamente usando el poder del rayo dorado, a cada paso que él daba los recuerdos de la guerra volvían a él. El enemigo que enfrentaron antes, los proyectiles cayendo en el campo de batalla, los gritos de horror de sus compañeros y el olor de la sangre, tierra, lodo y los cuerpos de ambos lados muertos.
El rayo dorado golpeaba a los soldados y matarlos por la alta carga eléctrica, cada trueno era el grito de ayuda de su hijo asesinado, a quien había jurado proteger y el poder del rayo era la representación de la culpa combinada con el odio, el más calmado de los cuatro generales era un león desatado, el pavimento se quebraba por el poder de Ganimedes y los pocos que se pudieron salvar escapaban hacía el cuartel de la resistencia en un edificio de contabilidad.
El general empezó a levitar y con una mano levantaba al cielo, se transformó en un pararrayos y absorber su poder en su puño, mirando el edificio y en un movimiento rápido logró destruir gran parte de la base de la resistencia, creando un pequeño sismo que activó las pocas sirenas en el área.
Tras el gran ataque del general, caminó entre los escombros y ver a muchas personas muertas de la resistencia y algunos pocos con vida pero asustados del gran poder del general, rindiéndose al instante, sería un suicidio hacerle frente a alguien así. Ganimedes miró a uno de ellos, un hombre de mediana edad junto con su esposa abrazándose, el albino tuvo un último recuerdo sobre su pasado como combatiente de guerra, uno que sería el último clavo al ataúd de su destino.
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-Flashback-
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Ganimedes, uno de los pocos sobrevivientes de la guerra veía a los líderes de la rebelión a punto de ser ejecutados en la horca para deleite del gobierno en turno, su rey había dictado la sentencia sobre los traidores. El albino no dejó de ver a uno de ellos, una mujer de cabello morado forcejeando con fuerzas. Los dos cruzaron miradas y la mujer le gritó su nombre e implorando perdón por todo pero Ganimedes desvió la mirada mientras el rey daba la indicación. Los rebeldes habían sido ejecutados, uno de los soldados y amigos de Ganimedes se acercó a él tocando su hombro en señal de apoyo.
-Lo lamento amigo…debe ser difícil saber que tu esposa era una de ellos y la muerte de tu hijo a manos de ellos- Ganimedes endureció su corazón mientras veía el cuerpo de su ahora exesposa aun en la horca.
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-Fin del Flashback-
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Mientras todo eso pasaba, Darién aún estaba en el castillo investigando la forma de cambiar esto a su favor. Disfrazado de soldado entró a la biblioteca real donde buscó información sobre el rayo negro, estando al pendiente de que nadie sospechara.
-Veamos, debe haber algo aquí. Todo lo que Makoto sabe tiene que estar aquí escrito- Darién se limitaba a leer rápido y pasar de librero a librero hasta que encontró uno, uno que tenía el símbolo del Milenio de Plata.
-Debió robarlo de la biblioteca real pero si lo tiene es por algo, veamos- El clon del azabache se sentó y abrió el libro, notando que Makoto había marcado algunas páginas y al revisar su contenido notó que todo estaba relacionado con el cristal de plata, en especial una página doble que mostraba los emblemas de los planetas guardianes rodeando el poder del cristal, abajo del dibujo había un texto en una lengua muy extraña.
-El cristal es la clave…-
-¿Disfrutaste tu recorrido en el castillo?- El clon de Darién se dio la vuelta y vio a Calisto detrás de él, cerrando la puerta de la biblioteca emanando un aura de rayo color índigo.- Admito que has llegado bastante lejos querido príncipe pero aquí se termina.
