5. 10 años.

- Siéntate, Harry, querido.

Harry se dejó caer sobre una de las maltratadas sillas de la cocina de La Madriguera, soltando un suspiro sonoro de puro cansancio. Podía oír todavía las risas de sus hijos, así que echó un vistazo por la ventana de la cocina, viéndolos en el patio de la casa corriendo de un lado a otro, probablemente buscando gnomos de jardín o alguna otra cosa a la que martirizar. No pudo evitar soltar una risa por ese pensamiento, devolviendo la mirada a Molly, toda agitada, moviendo la varita de un lado a otro. A Albus y a Lily les encantaba ir a casa de los abuelos.

Y a quién no.

- ¿Tomas un té?

Harry asintió, aunque no hubiese hecho falta, dado que Molly ya le estaba colocando una taza. Con un movimiento más de varita, hizo aterrizar un plato lleno de pastas en equilibrio precario sobre la mesa, justo delante de Harry. Y por si no fuese suficiente indirecta, se lo señaló con la varita, amenazantemente, de modo que sólo le quedó la opción de coger una de esas pastas.

Mientras Harry masticaba, Molly cogió la tetera con el agua ya hirviendo, llenó las tazas de los dos, y por fin se sentó frente a Harry.

Harry hizo todo lo posible para evitar mirar a Molly a los ojos. Se entretuvo echándole un par de cucharillas de azúcar al café, le dio vueltas, le echó una gota de leche, removió de nuevo. Pero al final, tuvo que levantar la mirada para encontrarse con la de Molly, mirándolo directamente al alma, pasando por el corazón, ya de paso.

- ¿Cómo te encuentras?

Harry abrió la boca para responder, y la volvió a cerrar. Llevaba meses consiguiendo evitar estas conversaciones, apenas pasando por La Madriguera, pero los niños echaban de menos a la familia. Y tampoco podía hacerle eso a los Weasley.

- Bien.

- ¿Bien? No pareces bien, perdona que te lo diga.

Lo sabía, Harry lo sabía. Últimamente apenas pegaba ojo. Entre el trabajo y los niños, los niños y el trabajo, no tenía tiempo para nada. Y gracias que James estaba en Hogwarts, uno menos al que cuidar. Pero aun así, no estaba siendo ningún plato de gusto. Se metió el trozo de pasta que le quedaba en la boca, masticando despacio, dándose tiempo para contestar.

Tendría que haber sabido que Molly no iba a ser tan paciente.

- Harry, cariño...

Harry suspiró. No le resultaba nada fácil la conversación, pero eso no era culpa de Molly. De hecho, ella sólo estaba intentando ayudar.

- No lo sé. No tengo ni idea. Debería estar destrozado, pero... Lo único en lo que puedo pensar es que al menos ahora las cosas están claras. Ella ya no venía por casa, ahora ya sé que no va a hacerlo. – Levantó la mirada de su té, encogiéndose de hombros, comenzando a darle vueltas de nuevo al líquido con la cucharilla, distraídamente. – Pero ellos no se lo merecen.

Molly desvió la mirada hacia la ventana, a través de la que se podía ver todavía a Albus y a Lily, jugando. Cuando Harry volvió a mirarla, podría haber asegurado que Molly estaba a punto de llorar. El ruido que hizo al sorberse los mocos no ayudó demasiado a desmentirlo.

- Ginny es mi hija, y la quiero mucho. Pero a ti también te quiero, y a mis nietos. Y no puedo aprobar lo que está haciendo.

Vio a Molly sacarse un pañuelo del bolsillo y limpiarse con él las lágrimas que tenía a punto de caer. Se llevó la taza de té a los labios, y dio un par de sorbos. Tampoco tenía mucho más que añadir.

- ¿Cuánto ha sido ya, cielo? Un año desde que decidisteis separaros, pero, ¿y antes? Igual... Igual te vendría bien olvidarte un poco de ella.

Harry casi se atraganta con el té que estaba tomando en ese momento. Porque... No era posible que su ex suegra le dijese que se olvidase de su propia hija.

- Pero Molly... ¿Y los niños?

- Estoy segura de que ellos prefieren a un padre feliz. – Y ahí no había más que discutir, el tono de voz de la señora Weasley ya lo decía todo. Y punto.

Harry tomó un nuevo sorbo del té, tratando de tragar ya de paso la bomba que le acababa de soltar Molly. Aunque igual le tenía que dar la razón. Llevaba un año sin prácticamente hacer nada más aparte del trabajo y de sus hijos. Abandonando la familia, los amigos. ¿No iba siendo hora ya de dejar el luto?

Si ni siquiera había ningún muerto.

Esbozó una pequeña sonrisa, asintiendo más para sí mismo que para nadie. Sí. Quizás ya era momento de hacerlo.

En ese instante, Molly se levantó de la silla y caminó directamente hacia él, aprovechando que estaba sentado para pasarle los brazos por encima de los hombros, y atraerlo hacia sí misma en un abrazo de madre oso, con todo el amor y toda la maternidad posibles.

- Me da igual quién me diga que no, Harry. Mi Ginny, tú o el mismísimo ministro de magia en persona. Tú siempre serás como un hijo para mí.

Y Harry sonrió. Sonrió y se levantó de la silla como pudo sin romper el abrazo para poder devolvérselo en condiciones. Era grandioso tener una madre que te quisiera.

- Gracias, Molly. De verdad, gracias por todo.


N/A: Yehei, hola. Subo esto rápido, que no tengo casi tiempo, uf. Como avance especial del próximo capítulo... diré que es bastante (mucho) más largo, yyyy... ¡chananán! ¡Sale Draco! Traeré el confeti para celebrarlo, porque ya iba siendo hora, lo sé.

Yyyy eso es todo. Muchas gracias a los que me leéis, me comentáis, me seguís o dais a favorito, os quiero a todos. Gracias a mi beta y todo eso.

Acariciad peluches cuando los veáis, que también necesitan cariño.

MayaT