6. 10 años y medio. Viernes.
- ¡Vamos, papá!
La voz de Albus se podía escuchar por toda la casa, y Harry estaba seguro de que si no aparecía en el vestíbulo donde lo esperaba su hijo en los próximos segundos, éste iba a ir a buscarlo para llevárselo directamente. O se pondría a berrear incluso con más fuerza.
Tratando de calmarlo, Harry le respondió un "ya voy, ya" a voces. Todo fuera por unos instantes más de tiempo para tranquilizarse.
No se había percatado de que estaba tan nervioso hasta hacía apenas unas horas, cuando se había dado cuenta de que era inevitable. El mismo momento en el que Albus había empezado a correr de un lado a otro de la casa, desordenando cosas, desorganizando armarios y supuestamente llenando una maleta.
Todo era culpa de Malfoy. Por supuesto. Si Malfoy no hubiese tenido un hijo, en primer lugar, y ese hijo no se hubiese hecho amigo del suyo, nada estaría pasando. Si ese hijo del demonio no hubiese invitado al suyo a su casa, Harry no tendría motivo de preocupación. Si Malfoy padre no hubiese dejado que eso pasase, Harry estaría tan a gusto, sentado en el sofá, haciendo punto, sin nada más en lo que pensar. Probablemente no haría punto, más que nada porque no sabía, pero cualquier cosa mejor que esta situación.
Harry suspiró. No. Nada era culpa de Malfoy, y lo peor es que lo sabía. Ni siquiera echársela iba a hacerle sentir mejor. Malfoy no tenía la culpa de que Harry estuviese nervioso por volver a verlo después de varios años sin volver a cruzarse con él.
Harry no sabía qué tenía la culpa, ni qué era lo que le estaba haciendo sentirse así. No había ningún motivo para ponerse nervioso, y aun así no podía evitarlo. Y eso sí era lo preocupante.
Tanto tiempo sin socializar con nadie debía de estar empezando a afectarlo.
- ¡Papá!
Bien. Fin de los minutos de descanso, y vuelta al partido.
Harry bajó las escaleras lo más calmadamente que pudo, tanto que al final, Albus subió los escalones que le quedaban por bajar y tiró de él hasta dejarlo en el vestíbulo, parado al lado de una maleta más grande que el propio niño, y, muy probablemente, llena hasta arriba.
Pero Albus, ¿necesitas todo esto? Si vas a estar sólo un par de días allí.
- ¡Claro que sí! Tengo que enseñarle a Scorpius unas piedras que he encontrado, que tenían formas de animales, y unos...
Harry dejó de escuchar, porque era mejor no saber de qué iba llena la maleta, y decidió que la próxima vez, le echaría un ojo a Albus mientras la llenaba.
- De acuerdo, de acuerdo. Entonces, ¿todo listo? – Cuando Albus asintió con una gran sonrisa, Harry no pudo evitar sonreír de la misma manera. Tragó saliva, y con ella el nudo que tenía en la garganta, y agarró con una mano la maleta y con la otra la mano de Albus. Sin soltarlos, salió de la casa y, cuando las protecciones se lo permitieron, cerró los ojos y se concentró para Aparecerse en su destino.
Cuando Harry abrió los ojos de nuevo, casi dio gracias al ver que habían llegado a las puertas de la Mansión Malfoy sanos y salvos. No tenía intención de Despartirse con su hijo por culpa de las tonterías que tenía en la cabeza, y menos con lo emocionado que estaba éste por "poder ver la casa tan grande de la que presume Scorp. ¡Y tiene pavos reales, papá!", tal como, literalmente, Albus había estado repitiendo durante toda la semana, desde el bendito momento en el que Scorpius lo había invitado.
Caminó con Albus de la mano, por temor a que echase a correr y acabase en quién sabe dónde, hasta la verja de hierro que era la entrada a la propiedad. Si no lo recordaba mal, tenía que hablar con ella. O algo así. Hacía años que no pisaba esa mansión, y los pocos recuerdos que guardaba de ella no eran nada agradables. Lo asombraba que Malfoy pudiese seguir viviendo ahí.
Para su sorpresa, la verja no se transformó en ninguna cara horrible, ni le preguntó nada. Simplemente se abrió sin emitir ningún ruido y los permitió pasar, cerrándose de nuevo en el momento en el que la atravesaron. Bueno, parecía que a Malfoy tampoco le gustaba demasiado la antigua decoración y la había cambiado. Era algo de agradecer.
Con Albus todavía en la mano, recorrió el camino que los separaba de la entrada principal, echando un vistazo de reojo a los jardines. Eso sí que era algo digno de admiración. Sólo faltaba que alguno de los susodichos pavos reales se asomase a saludar. Él le daría las buenas tardes, le dejaría a Albus y se iría por donde había venido.
No caería esa breva.
Cuando Albus empezó a removerse inquieto y a tirar de su mano, Harry tuvo que mirar hacia delante por fin. Y ahí estaba Malfoy. De la misma manera que él, sujetando de la mano a un niño, que aunque algo más compuesto que Albus, seguía teniendo pinta de querer lanzarse hacia delante, con o sin la mano de su padre. Cualquiera diría que se habían visto esa misma mañana, en el colegio.
- Malfoy. – Ése fue el saludo. Ni una sonrisa ni nada.
Pero, a diferencia de Harry, Draco parecía estar de muy buen humor.
- ¡Potter! Cuánto tiempo.
Harry tuvo que recordarse a sí mismo por enésima vez que Malfoy no tenía la culpa de que tuviese una sensación rara entre nervios y preocupación, justo en la boca del estómago. Ni la sonrisa que le estaba dedicando tampoco. Ni nada.
Así que sonrió. Poco, y probablemente mal, pero una sonrisa al fin y al cabo.
- Desde que no tenemos que ir a buscarlos, ya no nos encontramos nunca. – Cuando Lily hizo siete años, Harry decidió que tanto ella como Albus eran lo suficientemente mayores ya como para volver a través de la Red Flu de la escuela, así que no volvió a buscarlos. Que ese momento coincidiese con la época en la que Ginny y él habían empezado a separarse, era sólo eso. Una casualidad. Igual que el hecho de que coincidiese con la temporada en la que él había empezado a encerrarse en casa salvo para lo imprescindible, hasta casi convertirse en un ermitaño. Pura asociación, sin causalidad ninguna.
Ya. Claro.
En ese momento, Harry no supo muy bien cómo, uno de los niños se soltó de la mano de su respectivo padre y se lanzó hacia el otro, como llevaban intentando hacer desde que se habían visto a lo lejos. Tampoco podía asegurar cuál de los dos fue, ya que ambos acabaron hechos un revoltijo de brazos y piernas unidas en un abrazo, y huyeron antes de que ninguno de los padres pudiese decir nada. Harry todavía estaba asombrado por lo que acababa de pasar, preguntándose cómo había ocurrido, cuando escuchó la risa profunda de Malfoy, obligándolo a dirigir la mirada hacia él. No lo había escuchado reír en años. Décadas. Nunca. No por algo así. No con una risa que no fuera cínica o malintencionada. Y Harry se relajó. Ése era el mismo Malfoy de unos años atrás. Era Draco Malfoy, el padre del mejor amigo de su hijo. No un archienemigo ni un villano de sus años de Hogwarts.
- ¿Estamos criando niños o animales, Potter? Porque a veces Scorpius hace que me lo pregunte.
- Yo ya no sé si tengo una casa o una cuadra, y eso que James ya está en Hogwarts, sólo diré eso.
Malfoy volvió a reír, y Harry sonrió. Eso seguía siendo raro. Pero no del tipo raro de nervios y preocupación. Era raro de "mierda, echaba esto de menos". La conversación. Hablar con alguien sin necesidad de recibir miradas de lástima. Bromear con tonterías. ¿Quién iba a decir que iba a ser Malfoy quien iba a dárselo?
- Pasa, Potter. Le diré a un elfo que recoja las cosas de tu hijo y las suba a la habitación de Scorpius. ¿Te apetece un té?
Antes de que Harry se diese cuenta, estaba entrando en la Mansión Malfoy tras el mismísimo Draco Malfoy, a tomar un té. Al fin y al cabo, rechazar invitaciones no era de buena educación, ¿no es así?
Harry tuvo que realizar un esfuerzo enorme para no escupir el té que acababa de meterse en la boca. Aguantó la respiración y tragó, tratando de no dejar traslucir nada con su expresión, y acabó por toser con suavidad un par de veces, como aclarándose la garganta. Nada que ver con lo que realmente le había apetecido, que era soltarlo todo por la boca, tal cual había entrado. Para que luego no reconociesen su buena educación.
Como si nada, se acercó la taza de nuevo a los labios, pero esta vez para tenerla lo suficientemente cerca de la nariz y poder olisquearla. Bueno, ¿con qué hacían el té los ricos?
Intentó no sonar alarmado, de verdad que sí. Pero habiendo estado tan cerca de la intoxicación, no pudo lograrlo.
- ¿Qué diablos lleva este té? – Oh, bueno, olvida eso de la educación.
Malfoy sólo se rio. Dio un sorbo a su té, y soltó un suspiro. Un suspiro de satisfacción. Como si estuviese rico, y todo. Ugh.
- Es el té especial de la casa. El ingrediente secreto depende del día. Puede ser ron, vodka, o incluso whisky. El día más afortunado son unas gotas de zumo de limón. Todo varía del humor de Dotsy, cada vez es una sorpresa.
Harry no acababa de encontrarle la gracia al té sorpresa. Y desde luego, tampoco le encontraba lógica a que Malfoy, Draco Malfoy de entre toda la gente, por favor, se la encontrase. Pero el hombre parecía divertido. Y por su expresión, Harry podía deducir que le gustaba la mezcla que la tal Dotsy había hecho. Bueno, ¿quién era él para cuestionar los gustos de nadie?
Tomó un nuevo sorbo, esta vez prevenido, y lo saboreó durante unos instantes, dándole el beneficio de la duda. Quizás, y sólo quizás, no estaba tan malo.
- Bueno, Potter. ¿Cómo te va la vida?
Harry alzó la mirada hasta la de Malfoy, manteniéndola fija durante unos instantes. En los últimos años, había desarrollado una gran habilidad evitando ciertos temas tabú en las conversaciones. Hecho necesario, por otra parte, ya que, para su disgusto, había adquirido una cantidad enorme de temas tabú. Pero esa pregunta no parecía del tipo de "busca el punto débil y destripa a tu víctima". Simplemente parecía una excusa sencilla para iniciar una conversación.
Y mierda, vaya si Harry no necesitaba una maldita conversación sencilla.
- Bien. Raro. No lo sé. – Dejó escapar una risa, alentado por el hecho de que Malfoy parecía cómodo con la charla, a pesar de lo incómodo que se sentía él. – Es extraño tras tantos años, pero parece que con sólo dos hijos en casa, me queda incluso tiempo libre para mí. No sé en qué voy a gastarlo todo.
- Hobbies, Potter. La gente normal busca hobbies. – Malfoy lo estaba señalando con su cucharilla del té y Harry tuvo que sonreír. Alzando una ceja, hizo un gesto con la mano, abarcando los jardines que se veían a través de las ventanas de la salita en la que se encontraban en ese momento.
- ¿También los ricos? No me digas. Los pavos reales.
- Los pavos reales son casi una tradición familiar, Potter. No puedo creer que te atrevas a meterte con ellos. – La voz de Draco trataba de sonar indignada, pero estaba sonriendo, siguiéndole la corriente a Harry.
- No, si yo estoy a favor. Y diría que Albus también. No sé si ha venido más por tu hijo o por los pavos. Tengo la sospecha de que quiere subirse en uno y echar una carrera con Scorpius.
- De verdad que tienes que comprarle una escoba a tu hijo, Potter. Aunque si consigue montar a uno, tendrá mi admiración. Tanta, que le regalaré el pavo directamente.
- Pero, ¿se puede saber dónde voy a meter al pavo real, Malfoy?
- ¿Qué tal en la cama de tu hijo mayor? Hace un rato te oí quejarte de demasiado tiempo libre, ¿no es así?
En ese momento, Harry se echó a reír. Fuerte. Con ganas. Era la conversación más absurda que había tenido en meses. Probablemente en años. Y, de alguna manera, le hizo quitarse un peso de encima. Tomó el último trago que le quedaba de té, y ya ni siquiera le supo mal.
Harry estaba asombrado de lo fácil que resultaba hablar con Malfoy, bromear con él. Había pensado que el único punto que los uniría sería la amistad de sus hijos, y la charla giraría en torno a temas intrascendentes de padres, hasta que los agotasen y acabasen sumidos en un silencio incómodo. Pero no. La conversación había saltado de tema en tema hasta llegar al trabajo. Harry sabía que Malfoy trabajaba en el Ministerio. No sabía dónde, de qué ni haciendo qué. Sabía que trabajaba ahí porque se lo había cruzado un par de veces por algún pasillo. Pero lo que no sabía era que tuviese tantas historias que contar acerca de los distintos departamentos del Ministerio, incluyendo el de aurores, donde estaba él. Y tampoco sabía que tuviesen tantos conocidos en común. Y mucho menos, que Malfoy supiese tanto de la vida privada de todos y cada uno de ellos.
Si alguien le hubiese dicho que iba a estar algún día tomando el té en Malfoy Manor mientras cotilleaba cual maruja sobre la mitad de la población mágica inglesa, lo hubiese tomado por loco.
- Y... ¿Nicholson? ¿El del departamento de transportes mágicos? Está liado con la secretaria de su jefe. Cuando todo el mundo sabe que si tiene ese puesto, es gracias a que su mujer es quien es.
Harry iba a replicar con algún comentario, poco agradable para Nicholson, posiblemente, cuando escuchó un par de golpecitos en la puerta de la salita y ésta se abrió, dejando paso a una preciosa mujer castaña.
- Draco, Dotsy me ha dicho que tenías visita y... – La mujer se interrumpió e incluso se quedó parada en el sitio, mirando fijamente a Harry, de la misma manera que Harry la miraba a ella – Harry Potter. Parece mentira que después de tanto tiempo, por fin nos veamos.
Antes de que se hubiese dado cuenta, la mujer estaba junto al sillón en el que se encontraba sentado, y Harry, torpemente, se levantó de él para tomar la mano que ella le tendía, estrechándosela de la manera más formal que supo. Ella, en respuesta, le devolvió el apretón con una sonrisa, y se acercó al sillón de Draco, sentándose en uno de sus brazos e inclinándose hacia él, dejando un beso en la mejilla que éste le ofrecía, como saludo.
- Potter, ésta es Astoria. La madre de Scorpius,
Uups.
Bueno, todo hijo tiene que tener un padre y una madre, ¿no? Sólo que esta madre no había salido en ninguna conversación hasta el momento. Eso sí, a Harry no se le pasó por alto el detalle de "madre de Scorpius". No "mi mujer". ¿Podría ser...?
- Es un verdadero placer, Harry. ¿Puedo llamarte Harry? Con lo que Scorp habla de tu hijo y de ti, casi es como si te conociese desde hace años.
Harry sonrió sinceramente, y asintió. Conocía esa sensación.
- Lo mismo digo, señora Malfoy. Y lo entiendo, a veces creo que vivo rodeado de Malfoys de lo mucho que Albus...
No pudo continuar la oración. La mencionada señora Malfoy dejó escapar un bufido, mitad diversión, mitad indignación, y Harry se interrumpió a mitad de la frase, temiendo haber metido la pata hasta el fondo en la primera vez que se dirigía a Astoria Malfoy.
- Harry, la señora Malfoy es mi suegra, y que lo sea por muchos años. Llámame Astoria.
Harry soltó el aire que había estado reteniendo en los pulmones, y sonrió de nuevo. Bueno, al menos no había dicho nada indebido.
- Astoria, entonces.
De reojo, miró a Malfoy, quien lo observaba con una sonrisa disimulada en los labios. Estaba seguro de que se estaba divirtiendo a su costa, y, a pesar de ser motivo de burla, no pudo evitar responderla.
Eran esas pequeñas cosas las que más falta le hacían.
Cuando, un par de horas y una larga conversación después, Harry regresó a casa, había llegado a dos conclusiones.
La primera era que, a pesar de no haber sabido de su existencia hasta ese mismo día, y de no querer creerlo al principio, tenía que admitir que Astoria Malfoy era una persona encantadora.
Y la segunda era que, definitivamente y ya sin ningún tipo de duda, monolateral o no, Draco Malfoy era un amigo. Opinase él lo que opinase al respecto.
N/A: Uf, lo siento por tardar tanto en actualizar. Apenas he tenido tiempo esta última semana y mi beta también ha estado ocupada y al final a la pobre la hice trabajar ayer deprisa y corriendo. Lo siento, beta ):, yo te quiero.
Probablemente, a partir de ahora no vaya a poder actualizar tanto como antes, pero intentaré hacerlo mínimo una vez a la semana.
En compensación por la espera, el capítulo es más largo (mentira, el capítulo iba a ser igual de largo con espera o sin ella, pero shhhh). ¡Y sale Draco! Cachis, me he olvidado del confeti.
El próximo capítulo... es parecido de largo, yyyy... sip, también sale Draco. Tengo que admitir que éste y el siguiente son dos de mis caps favoritos de lo que llevo escrito. ¿Será porque sale Draco? Quién sabe.
Bueno, me callo ya. Muchas gracias por leer y comentar, que sepáis que me encantan los reviews. Y también gracias a mi beta, y a mi beta 2.
Y ahora voy a recuperar el sueño que tengo atrasado.
¡No comáis mucho, que los atracones sientan mal!
MayaT
