7. 10 años y medio. Domingo.
Hasta que Harry escuchó el timbre ese domingo por la tarde, todo había estado en silencio en su casa de Godric's Hollow. James, en Hogwarts. Albus, con los Malfoy. Y Lily... Cuando Molly se había enterado, porque Albus no paraba de repetírselo a quien quisiese escucharlo – y a quien no, también –, de que Albus iba a pasar el fin de semana con Scorpius, había decidido, ni corta ni perezosa, que ese fin de semana iba a ser "el fin de semana de abuela y nieta", como lo había llamado ella. Pero por la mirada que le había dirigido a Harry cuando había ido a buscar a Lily a casa, Harry más bien lo llamaría "el fin de semana de Harry-Potter-mueve-el-culo-y-aprovecha-la-casa-vacía". Harry no necesitaba Legeremancia para saber que eso era precisamente lo que estaba pensando Molly. Así que Molly se había llevado a Lily.
Por eso, cuando sonó el timbre a eso de las cinco de la tarde del domingo del famoso fin de semana de Harry-Potter-mueve-el-culo-y-aprovecha-la-casa-vacía, cosa que no había hecho – al menos no en el sentido que Molly quería –, Harry no pudo evitar sobresaltarse. Y menos cuando oyó claramente cómo la puerta se abría, y chocaba contra la pared con un fuerte golpe, y entraba en la casa algo que sonaba como una banshee en pleno ataque de reuma. Eso, o su hijo Albus olvidando que su padre no era lo suficientemente mayor como para haberse quedado sordo todavía.
- ¡Albus, qué te he dicho sobre gritar! – Pero Harry sabía que no lo había oído. El griterío había subido por las escaleras, de eso estaba seguro, y tras otro portazo, se había amortiguado, así que era fácil suponer que Albus se había encerrado en su habitación.
Con un suspiro, apagó la tele que ya no estaba viendo y se levantó del sofá. Al menos tendría que cerrar la puerta que Albus debía de haber incrustado en la pared con la fuerza del portazo. Pero cuando llegó al vestíbulo, se quedó parado de golpe. Porque ahí, en el porche sin atreverse a entrar, todo buena educación y elegancia, estaba Draco Malfoy. Draco Malfoy y una maleta. Draco Malfoy, una maleta y una sonrisa.
- Buenas tardes, Potter. ¿Puedo...?
- Claro, claro, adelante. – Cuando Malfoy entró, echándole un vistazo al interior de la casa, a Harry de alguna manera le entró vergüenza. Él era más bien del tipo de hombre simple. Y a la hora de decorar, lo que era, era funcional. Así que el vestíbulo tenía una mesita contra una pared, y un perchero. Nada que comparar con Malfoy Manor y sus cientos de muebles del año en el que nació Merlín, en perfecto estado de conservación. Ni de lejos. Así que, para evitar ver la expresión en la cara de Malfoy, salió al porche a recoger la maleta de su hijo y la metió dentro de la casa, cerrando la puerta tras ellos.
Pero claro, meter una maleta en una casa no requiere demasiado tiempo, así que al final, Harry tuvo que mirar a Malfoy. Y esbozar una sonrisa sorprendida, porque si no se equivocaba, eso que le estaba tendiendo, era un termo. Un maldito y muggle termo, desde la tapa hasta la base.
- ¿Qué se supone que es esto?
Malfoy lo miró alzando una ceja, miró el termo, y volvió a mirarlo a él.
- Bueno, Potter, no creía que tendría que explicártelo a ti, dado que te criaste entre muggles, pero un termo es un aparato que...
- Sé lo que es un termo, Malfoy. Pero lo que no sé es a qué viene. – Y Harry se ahorró la parte de "y por qué, entre todas las personas del maldito mundo, eres tú quien está sujetando uno". De momento. Malfoy lo miró y sonrió de medio lado, agitando el termo de las narices, llamándole la atención sobre él para que Harry lo cogiera, y volvió a hablar con esa misma voz repelente de hacía unos instantes. Pero Harry estaba seguro de que estaba aguantando una risa.
- El viernes me dio la impresión de que acabaste cogiéndole el gusto a mi té. Y me preguntaba si querrías saber qué es lo que le ha echado hoy Dotsy.
Harry no pudo evitar la carcajada que le salió, y cogió el termo, sólo para que Malfoy dejase de movérselo delante de la cara.
- No sé por qué me da que tú también quieres saberlo, ¿no? Ve al salón, llevaré unas tazas en seguida. – Agitó una mano en dirección a la puerta que daba al salón, y se giró hacia la puerta del otro lado de la casa, la cocina, sin mirar atrás. Porque si hubiese mirado, se habría dado cuenta de que Malfoy lo seguía.
Fue cuando escuchó el ruido de una silla arrastrarse por el suelo, el de su cocina para ser exactos, que Harry sacó la cabeza de la alacena en la que la tenía metida y se giró para encontrarse a Malfoy más despatarrado que sentado en una de las sillas. Y tuvo que sonreír, porque claro, cómo iba a hacerle caso Malfoy e ir a sentarse en un sofá. Todavía con la sonrisa en la cara, Harry sacó un par de tazas y de platos del armarito, y cerró la puerta, colocándolas en la mesa, una justo delante de Malfoy, y otra enfrente.
- Quizás no te has dado cuenta, pero esto no es el salón.
- Oh, Potter, ¿no puedes apiadarte de un pobre hombre cansado?
Bueno, ahí le tenía que dar la razón. Si había tenido que aparecerse con Albus, con Scorpius, – presumiblemente, porque dudaba que Albus estuviese solo en ese cuarto de locos que era ahora su habitación –, y con la maleta llena de piedras de su hijo, no le extrañaba que estuviese cansado. No era que hubiese corrido una maratón con ellos a cuestas, pero había tenido que controlar a dos niños de diez años, y además a diez kilos extra de cantos rodados.
Sin más, Harry cogió el azucarero y lo dejó en la mitad de la mesa, hizo salir dos cucharas volando del cajón de los cubiertos en un despliegue de magia sin varita y dejó caer cada una al lado de una taza, todo eso mientras se sentaba y miraba fijamente a Malfoy. Malfoy, quien seguía los movimientos de las cucharas de manera disimulada, alzó finalmente una ceja al devolverle la mirada a Harry, burlón, como si le preguntase si tenía que sentirse impresionado. Con un encogimiento de hombros, Harry finalizó la conversación sin palabras y cogió el termo, llenándose la taza del famoso té sorpresa de Malfoy Manor.
Mientras estaba echándose la segunda cucharada de azúcar, se quedó observando al hombre frente a él. Malfoy cogió el termo de donde Harry lo había dejado, y se llenó la taza con una destreza como si todos los días utilizase termos para llevarse el té a la oficina. Termos muggles, tenía que recordar Harry. Objetos que nunca pensó que vería a nadie de la familia Malfoy usar.
Apretó los labios entre sí, evitando hacer ningún comentario. Pero total, ¿qué podía perder? ¿Un amigo? No había tenido muchos de ésos últimamente. Ron todavía estaba molesto con él por cómo había acabado con su hermana pequeña, y cada vez que hablaba con Hermione, ésta no paraba de dirigirle miradas de lástima. Si había sobrevivido solo hasta entonces, no iba a matarlo volver a la misma situación.
Harry vio cómo Malfoy se llevaba la taza a los labios y la olisqueaba antes de probarla, tratando de adivinar por el olor qué tendría el té esa vez. En ese momento, pareció percatarse de la mirada de Harry, y frunció ligeramente el ceño, devolviéndosela interrogante.
Ésa fue toda la señal que Harry necesitó para soltar lo que tenía en la cabeza.
- Has cambiado, Malfoy.
Malfoy alzó ambas cejas, única señal de que le había sorprendido lo dicho por Harry, y bajó lentamente la taza hasta apoyarla sobre el platillo, sin hacer ningún ruido.
Y entonces el sorprendido fue Harry, porque en contra de lo que esperaba, Draco Malfoy no se enfadó, no se fue, ni siquiera se tomó mal lo dicho. Draco Malfoy sonrió, una de esas sonrisas que Harry catalogaría en la zona de "sonrisas nostálgicas", y respondió, rompiendo su propia regla de no hablar de sí mismo.
- Bueno, Potter. Tú también has cambiado, todos lo hemos hecho. Hemos crecido.
En ese momento, Harry pudo ver con claridad que Malfoy también había pasado por una guerra. Daba igual en qué bando. Una guerra destroza todo lo que pilla, y no hay buenos ni malos, sólo compañeros de colegio tratando de matarse unos a otros.
- Pero... No lo sé. Nunca habría imaginado verte así, Malfoy. Sólo mírate. – Harry soltó una risa, tratando de aligerar el ambiente con una broma, y lo señaló de arriba abajo, desde la punta de sus zapatos, pasando por sus vaqueros y su jersey hasta su pelo-para-nada-engominado. – Vistes ropa muggle. Usas objetos muggles. Es algo tan... Poco Malfoy.
Se arrepintió al instante de lo que había dicho, porque acababa de asumir que Malfoy seguía siendo un elitista retrógrado sin ninguna prueba.
Pero, oh si ese domingo del famoso fin de semana de Harry-Potter-mueve-el-culo-y-aprovecha-la-casa-vacía no era el día de las sorpresas. Porque Draco sólo soltó el aire – elegantemente – por la nariz en una especie de risa, le agregó una cucharadita de azúcar al té, y comenzó a removerlo, todo sin dejar de mirar a Harry fijamente, como pensando. Hasta que rompió el voto de silencio autoimpuesto.
- Es algo tan poco Lucius, Potter. Puedo parecerme a mi padre en ciertos aspectos, pero no estoy dispuesto a condenar a mi familia por creencias de superioridad sin ninguna base. – Se interrumpió para tomar un sorbo del té y continuó, bajando el tono de voz hasta que apenas fue un susurro. – No soy estúpido, Potter, y trato de aprender de los errores del pasado.
- Pero... – Harry cerró la boca nada más abrirla, pero algo en la mirada que le estaba dirigiendo Draco en ese momento le hizo soltar el nudo de la lengua y continuar con lo que estaba diciendo. – Piénsalo, Malfoy. Tienes una mujer preciosa que te adora, tienes un perfecto hijo Malfoy que heredará todo. Eres asquerosamente rico, seguro que más que antes. Estoy seguro de que eso es lo que tu padre había decidido para ti. Y de repente, resulta que piensas de forma totalmente opuesta a como él lo hacía. Digo, es normal que me extrañe.
Bueno, si Malfoy no se iba en ese preciso momento de su casa, entonces no conseguiría echarlo ni a escobazos, eso Harry lo tenía claro. Sólo esperaba que no le partiese la nariz de un puñetazo antes de irse.
Pero ese domingo del recién rebautizado fin de semana de Harry-Potter-alucina-con-Draco-Malfoy, Malfoy no le partió la nariz a nadie. Ni tampoco se fue indignado. Sólo se rio en la cara de Harry, tantas carcajadas y durante tanto tiempo que Harry comenzó a temer por su vida, porque no podía estar respirando cuando no dejaba de reír. Cuando por fin pudo parar, varios minutos después, tuvo que respirar varias veces antes de poder hablar.
- Oh, Potter, no tienes ni idea... Decidir eso para mí... – todavía soltó un par de risitas más antes de finalmente tranquilizarse, mirando a Harry con una amplia sonrisa, como si hablase de cualquier tema menos del que estaban hablando. – Si Lucius no estuviese muerto, se moriría al ver cómo es mi vida y el poco parecido que tiene con la que él me planeó. De un infarto, Potter, al primer paso de entrar en la Mansión Malfoy, te lo aseguro.
Ese domingo del fin de semana bautizado por tercera vez con el nombre de "el fin de semana en el que a Harry Potter se le cayó la venda de los ojos con respecto a Draco Malfoy", o algo así, Harry aprendió muchas cosas. No todas útiles para su vida cotidiana, pero el saber es saber y no ocupa lugar, y Harry Potter tenía muchos conocimientos sobre cosas que nunca había usado, así que por qué no aprender sobre Draco Malfoy.
Aprendió que Draco no se parecía a su padre más que en el aspecto físico. Y tampoco demasiado, porque Draco sonreía, y todo. Y se reía en tu cara con todo el descaro, y... Suficiente. Sólo en la cara.
Descubrió que Narcissa vivía en una de las propiedades de la familia Malfoy en Francia, que estaba muy a gusto y que Draco adoraba visitarla. Y la comida francesa. A partes iguales.
Se enteró de que a Draco le gustaba el chocolate amargo, el té casi sin azúcar y el café sin ninguna.
Que Scorpius era un niño mimado, pero no tanto como Draco lo había sido – de eso se encargaba él –, y que a Draco le encantaba ver la cara que ponía cuando había hecho alguna trastada y, como castigo, le cambiaba su chocolate con leche por el chocolate amargo que le gustaba a él.
Aprendió que Malfoy no se parecía en nada, pero nada nada, al Malfoy que había sido Hogwarts.
Pero también, que tampoco se parecía demasiado a la impresión que Harry había tenido de él hacía apenas un par de días.
Porque lo que más lo sorprendió de todas las cosas nuevas que aprendió esa tarde, fue que Draco Malfoy y Astoria Malfoy, anteriormente Greengrass, no estaban enamorados.
No es que eso fuese raro entre familias como las suyas. Pero sí lo era la situación.
Astoria adoraba a Draco. Draco pensaba que Astoria era una mujer maravillosa. Draco quería un heredero, y a Astoria le gustaba la vida que Draco le ofrecía.
Y ambos querían a Scorpius por encima de todas las cosas.
Harry tuvo que tragar dos veces para poder asimilar el hecho de que el matrimonio Malfoy, que él, por lo que había visto, habría dicho que era por amor, había sido por interés y cariño, que había acabado en amor, sí. Pero de otro tipo.
Y casi se atragantó con el té, ya frío, cuando Malfoy se rio ante una de sus preguntas, y respondió con toda la tranquilidad del mundo, como si hablasen del tiempo.
- Claro que quiero a Astoria, Potter, no seas ridículo. Es una mujer increíble, y la madre de mi hijo. Pero compréndeme. No sabría muy bien qué hacer con ella. Le falta... Digamos que cierta parte en su anatomía que aprecio bastante en ese tipo de compañías.
Merlín bendito. ¿Qué llevaba ese té, veritaserum? Porque si no se equivocaba, Draco Malfoy acababa de confesarle que era gay. Así, como si nada.
De un trago, se bebió todo el té que le quedaba en la taza, porque si Malfoy estaba tan tranquilo después de soltar esa bomba, entonces él también quería, y seguro que el té tenía algo que ver.
Porque otra cosa que también descubrió con esa conversación, aunque no lo admitiría ni después de beberse todo el té del termo, fue que se le había quitado un peso de encima.
Y que Astoria le caía bastante mejor que antes. Así, como de repente.
N/A: Hehehe. Otro capítulo más o menos larguito, para que aprovechéis el fin de semana y os entretengáis hasta que vuelva con más la semana que viene (o eso espero...). Eso sí, no os acostumbréis demasiado a los caps largos, lo siento ):.
Yyyyy... no recuerdo qué era lo que tenía que deciros. Estoy en deprivación de sueño y me afecta ya a la memoria, uf. Mh... pues nada, que no me viene.
¡Muchas gracias por leer y por dejar reviews! Soy una autora feliz cuando veo reviews nuevos, y los autores felices escriben más y más bonito, yo sólo digo...
¡Aprovechad y descansad el fin de semana!
MayaT
