Wakiya y Daina disputaban una batalla reunidos en casa de Clio, a quien le tocaba en aquella ocasión. Aunque este último no estaba a la vista en esos momentos.
—¿Todavía crees que puedes hacerle frente a mi Jet Shield con fuerza bruta? —cuestionó Wakiya con una sonrisa de confianza.
—Mira de nuevo —Daina centró sus ojos en la batalla.
Hollow Deathscyther chocó con más fuerza contra Jet Wyvern y, en el retroceso, se estrelló contra el estadio y al volar cayó en diagonal hacia su oponente a quien golpeó con su guadaña de metal.
—¡Flying Hollow Strike!
El bey golpeó con todo su peso e inclinó a Jet Wyvern tanto que su driver y las esferas del disco no fueron capaces de aguantarlo y se volteó hasta caer boca abajo mientras Hollow Deathscyther daba unos últimos giros mientras rebotaba con la punta de su driver.
Wakiya miró boquiabierto y con los ojos bien abiertos el resultado de la batalla.
—Wyvern es muy bueno para frenar ataques, pero si logras inclinarlo lo suficiente ni siquiera todo ese giro libre lo salvará.
—Sí, bueno —Wakiya buscó alguna excusa entre su orgullo—, cualquiera puede ganar si su habilidad es caerle encima a otros beys.
Daina rió mientras recogía a su bey.
—O si tienes giro libre en todas partes —regresó.
—¡Oh, vamos! —Tomó a Wyvern— No se trata sólo de las piezas… —En ese instante, Wakiya entendió a dónde quería llegar Daina quien sonrió con una mueca— Ah… Mejor olvídalo…
—¿Quieres la revancha? —Daina enseñó su bey.
—Será un placer —Wakiya imitó el gesto de Daina.
—¿No quieren darse un descanso primero?
Clio interrumpió con una bandeja con tres vasos de licuado de fresa y una jarra hasta algo menos de la mitad. La dejó en la mesa que empujaron a un lado de la sala para poder jugar.
—Si quieren una batalla intensa, sus energías deben restaurar —añadió al tomar uno de los vasos.
—Me vendrá bien antes de ganarle a Daina —Wakiya agarró un vaso y enseguida empezó a tomar.
—Vas perdiendo tres de cinco dos veces y aún crees que puedes —bromeó Daina antes de tomar.
—¡Deja que me tenga fe! —protestó y presionó su vaso.
Clio rió un poco ante la escena.
—Cuéntenme la batalla —pidió—, me perdí del clímax.
—Bueno —empezó Daina—, durante el primer round no duré mucho frente al Jet Shield de Wakiya.
—Creyó que podía derribarme a base de todo el peso de sus golpes —añadió Wakiya—. Perdió por resistencia enseguida.
—Fue entonces cuando decidí cambiar a un modo súper desbalanceado —continuó Daina—. Acomodé el chasis para que el lado de la guadaña tuviera todavía más peso.
···
—¿Te gusta perder por resistencia? —provocó Wakiya— Eso sólo te dará menos tiempo para pelear.
—Ríete de la guadaña de la parca y tu muerte será dolorosa —contestó Daina con una sonrisa retorcida.
—Y tú no provoques la furia del guiverno o saldrás volando para caer en sus garras.
Ambos bladers entraron en posición y lanzaron sus beys al estadio de Clio, pintado de negro con dorado y unas piedras rojas en la parte externa.
···
—Y sí que salí volando, pero no del modo que esperabas —recalcó Daina.
—No… para nada… —reconoció Wakiya quien se encogió de hombros.
—Fui con todas mis fuerzas contra Jet Wyvern sólo para ganar el impulso extra que necesitaba para salir volando y atacar desde arriba con un Flying Hollow Strike —Bebió lo que le quedaba del licuado—. Y Jet Wyvern cayó en seco en el estadio.
—Me hubiera encantado ver eso —comentó Clio.
Estaba a punto de servirse más licuado cuando encontró la jarra vacía.
—Deja que yo me ocupe —se ofreció Wakiya.
—Bueno —Regresó su vaso a la mesa—, hay más en la licuadora.
Wakiya llevó todo en la bandeja hasta la cocina que, contrario a lo esperado, era bastante común: de madera con mosaicos. Ahí encontró la licuadora de la cual optó por servir de inmediato lo que restaba del jugo, hasta que vio que el vaso de Daina no estaba tan lleno como el de los demás.
Miró la jarra de la licuadora, ya no quedaba nada salvo por restos de espuma producto de la bebida, así que buscó alrededor algo con qué poder preparar un poco más. Hasta que dio con una botella que en rumano decía "Poțiune de dragoste".
Wakiya arqueó una ceja en un intento por descifrar la etiqueta.
—¿Dragoste? Debe ser alguna marca de licor con temática de dragones francesa… o rumana —razonó y la abrió para olfatearla, era un aroma que recordaba al chocolate—. Pero es dulce —Miró el color del líquido, rojo—. Tal vez esto sirva para llenar el vaso de Daina.
La botella era pequeña y no estaba del todo llena, pero para su suerte fue lo justo para llenar esos escasos centímetros para emparejar el vaso de Daina con el de los demás, incluso el rojo se perdió en el rosa del licuado.
Wakiya hizo a un lado la botella de jugo y regresó con la bandeja para todos.
—El de mi derecha es el de Clio, el del centro es mío y el último es de Daina —Señaló con los ojos.
—Nada como unos licuados antes y después de una batalla ¿eh? —comentó Clio antes de tomar su segunda ronda de licuado.
—Vaya que sí —concordó Daina después de tomar del suyo—. Y sabe muy dulce.
—Todo está en usar fresas naturales y dejarlas reposar en azúcar para que liberen sus jugos —Clio sonrió.
—Debería probar eso —pensó.
—Con ese pequeño truco tendrás dulces más sabrosos.
—Entonces lo usaré para un pastel de fresas.
—Yo pongo las fresas —se sumó Wakiya.
—Creo que puedo costear unas fresas —respondió Daina.
—Como quieras —Tomó más de su jugo— ¿Batallamos apenas acabemos de tomar?
—Cuando quieras —Daina tragó de un sorbo lo que le quedaba de jugo— ¿Nos haces de réferi? —Miró a Clio.
—Con mucho gusto —Clio guiñó un ojo.
Clio llevó los trastes a la cocina para luego limpiarlos rápido y regresó a donde el estadio a posicionarse.
Regresó a su trayecto a donde Daina y Wakiya quienes estaban en espera de su señal.
—Listos y… ¡Duelo! —Alzó el brazo.
—¡Tres… dos… uno…! ¡Let it… rip!
Wakiya lanzó sin problemas pero Daina lucía algo torpe al hacer su lanzamiento, pues inclinó de costado el lanzador por un momento.
Esto causó que Deathscyhter rebotara sin parar alrededor del estadio, lo que sería una ventaja de no ser porque chocó contra Wyvern y empezó a perder resistencia conforme arremetía contra el rubber de Wyvern.
—¿Estás bien, Daina? —Clio miró hacia él, igual que Wakiya.
Este tenía una mano en la cabeza y miraba hacia el piso, además de que respiraba entre jadeos.
—Sí, sólo estoy un poco mareado —respondió sin levantar la cabeza.
—Mejor dejemos la pelea para después —Wakiya sacó del estadio su bey.
Deathscyther no tardó mucho más en dejar de girar entre pequeños brincos.
—¿Sientes algo más? —Clio lo guió hasta una de las sillas.
Justo entonces, Daina entrecerró los ojos y soltó un quejido bajo.
—Me duele un poco el cuerpo —se llevó la mano a un brazo antes de dejarse caer en la silla.
Esto encendió la alarma en Clio y Wakiya, o al menos los puso en alerta.
—Wakiya, tráeme el termómetro y el tensiómetro. Están en mi botiquín en el baño.
Él asintió y fue en busca de lo pedido, mientras tanto, Clio se acercó a Daina en busca de señales de fiebre y le retiró la bandana.
—No estás tan caliente —Apoyó su mano en la frente de Daina—, y tampoco hueles a metal.
—¿Oler a metal? —Daina arqueó una ceja y miró hacia Clio.
—Cuando alguien tiene fiebre, huele parecido al metal —Bajó la mano de la frente.
—Qué loco —comentó con una sonrisa.
—Cosas extrañas del cuerpo humano —Clio movió en el aire su mano— ¿No quieres un poco de agua?
Daina asintió.
Clio fue por un vaso extra y regresó con el agua fría, a la vez que Wakiya traía el termómetro y el tensiómetro.
—¿Llamamos al doctor? —Preguntó apenas dejó las cosas en la mesa.
—Primero déjame verlo —Clio le puso el termómetro bajo el brazo a Daina y luego se puso el estetoscopio—. Ahora necesito que guarden silencio.
Daina retiró su brazo libre del a chaqueta y dejó que Clio lo cubriera con una manga que, conforme bombeaba una pieza de goma junto a un medidor, esta empezaba a inflarle, lo que le permitió a Clio calcular la presión de Daina entre el máximo y el mínimo a medida que se inflaba y luego se desinflaba.
—Nueve y cinco… —Clio escuchó los latidos de Daina— Sí tienes la presión baja, y estás muy pálido —Se quitó el estetoscopio y pasó a retirar la manga del brazo de Daina— ¿Todavía te duele el cuerpo?
—No —Daina lo miró directamente—, fue como un calambre.
Tras unos minutos, Clio sacó el termómetro y comprobó que la temperatura era normal.
—Tal vez estás cansado de tantas batallas —llevó su mano al mentón—. Mejor quédate un rato y si todavía te sientes mal —se le acercó un poco—, llamaré al doctor.
—No tengo prisa así que… no creo que sea problema —Sonrió un poco.
Wakiya arqueó una ceja al verlos a los dos tan cerca, otro poco y podrían estar compartiendo la silla.
—Supongo que yo ya me voy, si no les importa.
—¡Ah! —Clio reaccionó— Claro, sólo dame un momento.
Clio regresó las cosas al botiquín mientras Daina conversaba un poco con Wakiya.
—Lamento que tengamos que cancelar las batallas —dijo él.
—No, es por tu salud —contestó Wakiya—, eso no siempre se puede evitar.
—Bueno, no… —reconoció.
—Estará bien —Clio volvió con ellos—, tengo varios remedios caseros.
—Mientras no lo dejes hecho un zombi —bromeó Wakiya.
—Para nada —lo guió hasta la puerta del departamento—, a lo mucho tendrá sueño… o sabrán amargos. Depende de lo que tenga —Agitó su mano.
Wakiya se imaginó a Clio en una especie de laboratorio lleno de plantas molidas y jugos de colores extraños. En realidad, más que laboratorio parecía la mesa de trabajo de un herborista, o de un brujo si tomaba en cuenta la peculiar apariencia de vampiro mago de Clio.
—Si tú lo dices…
—Vamos —Clio rió en voz baja—, seré muchas cosas pero no un científico loco —Le abrió la puerta.
«Bueno, sí estás loco —pensó Wakiya— pero no tanto.»
—De acuerdo —Sonrió un poco—, nos vemos luego.
—Hasta luego, Clio, Daina —Saludó con la mano en el aire y fue rumbo al ascensor.
En cuanto Wakiya se fue, Clio volvió a atender a Daina quien aguardaba en la silla sin dejar de verlo.
—Te prepararé el sofá para que descanses ahí —indicó—, ¿todavía te sientes mareado o algo?
—No —Meneó la cabeza a los lados—, sólo un poco decaído.
—Entonces con descansar será suficiente.
Clio acomodó las almohadas de su sofá, una para la cabeza de Daina y otra para tener sus piernas un poco más arriba.
Daina fue a donde Clio y se acomodó despacio.
—Te traeré algo salado para la presión, ¿un poco de queso crema?
—Sí —Inclinó la cabeza a donde Clio.
Fue hasta la cocina al otro lado y regresó con una cucharada de dicha crema.
Daina se incorporó un momento y tomó la cuchara para comer.
—Con eso te pondrás mejor enseguida.
—Sí… Gracias, Clio —Le regresó la cuchara.
—Daina…
—¿Sí?
«Vamos… no puede ser tan malo.» pensó Clio mientras recogía la cuchara.
—Sé que esto sonará a síndrome de florence nightingale, pero…
—¿Síndrome de qué? —Daina arqueó una ceja.
Clio parpadeó con los ojos muy abiertos.
—No importa, lo que quiero decir es que…
«Si te dice que no, al menos puedes fingir que es teatro.» Tomó la mano de Daina entre las suyas y, por un momento, le pareció que sentía el pulso de ambos. Tomó mucho aire por la nariz en busca de valor y alejar la escena de un posible rechazo.
—Tú me gustas —sentenció—. ¿Me… concederías el honor de salir contigo?
Daina pareció recuperar el color a causa del rubor, y tal vez hasta eso le estabilizó la presión de golpe ante la anticlimática declaración de su amigo.
—Clio… yo… —Miró las manos de Clio y las cubrió con la otra— Sí, sí quiero —Levantó la vista hacia él sonriente.
Él sonrió y sus ojos echaron chispas por un momento.
…
Entre tanto, Wakiya esperaba por el uber mientras, en la curiosidad, buscaba sobre el licor que le había dado a Daina. «Ahora va a resultar que lo emborraché.» bromeó para sí.
—¿Cómo era…? —Llevó sus dedos al entrecejo— Dragoste con algo…
Tecleó la palabra junto a "bebida", cosa que lo llevó al traductor donde decía: "Rumano (idioma detectado): Bebida de amor"
Wakiya arqueó una ceja al ver el resultado, y probó buscar eso mismo sólo para obtener resultados extraños acerca de pociones y amarres de amor donde prometían lograr unirte a la persona que quisieras.
—Debe ser una marca que no existe en Japón… —concluyó escéptico ante los resultados— Aunque… Clio practica el ocultismo —pensó— Nah —Negó con la cabeza—, está loco pero no es para tanto —Cerró la pestaña de su búsqueda.
En ese momento recordó que la botella no estaba del todo llena.
—No sería capaz de una cosa así, no es su estilo —reflexionó—. Está loco pero no tanto —repitió.
…
—¿Y si dormimos juntos? —propuso Daina de golpe.
—Despacio, tigre —contestó—. Por hoy sólo dormirás en el sofá.
—Bueno… —Daina se encogió de hombros sin dejar de sonreír— Buenas noches, vampirito.
—Descansa, parquita.
Clio le dio un beso en la frente y fue directo a su cuarto, con una sonrisa de satisfacción y euforia contenida por la presencia de Daina. Incluso se llevó las manos a la boca mientras sacudía un poco las piernas.
«¡No puedo creer que dijera que sí!»
"¿Cómo está Daina?" Tecleó Wakiya apenas se despertó y estuvo desayunando al día siguiente.
Dejó su teléfono a un lado y regresó a su comida, un okonomiyaki que consistía en una especie de tortilla con harina, huevo, vegetales, calamar y algo de queso. Todo esto mientras lo cocía en una plancha metálica.
Algunos minutos más tarde, Clio contestó y siguieron la conversación.
[Wakiya: ¿Cómo está Daina?]
[Clio: Está muy bien, fue un susto
Sigue dormido]
[Wakiya: ¡Qué alivio!
¿Pero qué habrá pasado?]
[Clio: Tal vez no entrenó bien o se cansó demasiado.]
[Por cierto]
[Te tenemos una noticia~]
Wakiya abrió más los ojos de la intriga.
[Wakiya: ¿Qué cosa?]
[Clio: ¡Estamos saliendo ahora!]
En ese mismo instante, Wakiya empezó a sospechar un poco de su episodio con el supuesto licor del amor.
[Wakiya: Me alegro por ustedes :D]
Wakiya apartó el chat y empezó a buscar síntomas de pociones de amor… o amarres.
—Palidez al punto de parecer anemia —Leyó y recordó lo pálido que estaba Daina—, dolores en el cuerpo, cansancio —pausó.
No recordaba a Daina cansado pero si aún dormía no era descabellado pensar en ese tercer síntoma.
—Mareos e… —Siguió leyendo— interés repentino en la persona elegida. En caso de estar enamorado de alguien más, perderá todo el interés de un momento a otro.
Negó con la cabeza. «Clio no haría algo así… pero entonces… —Miró hacia arriba, al vacío— ¿para qué tendría esa poción?»
—Debe ser una clase de encargo —trató de convencerse—, eso tiene que ser —Con base a eso, conectó algunos puntos—. Pero entonces —Miró hacia su okonomiyaki—, significa que acabo de… —Cayó en cuenta de lo que provocó— ¡Mierda! —Golpeó la mesa con su puño— Tengo que decirle a Clio…
Vaciló ante esa última frase y analizó con cuidado, a partir de los mensajes de hace un momento.
—Clio lo ama… esto le va a partir el corazón, pero Daina está sintiendo algo que no es de verdad —Se cruzó de brazos—. ¿Tal vez si le pregunto de casualidad si hace encargos?
Sin pensarlo mucho, apenas acabó de desayunar tomó el teléfono de nuevo y le marcó a Clio.
—Clio, no pude evitar ver tu botella —ensayó—, me preguntaba si haces encargos. Clio, ¿de casualidad haces pociones?
Luego procesó la respuesta que podría recibir.
—¿Hola, Wakiya?
«¡Carajo! ¡Olvidé colgar!»
—Ah… hola, Clio.
—¿Ya te sientes mejor? —saludó Clio apenas vio a Daina levantarse, horas antes de la llamada.
—Como nuevo —Estiró los brazos.
—Qué alivio.
—Pero sigo sin entender qué fue lo que pasó —Acabó de sentarse en el sofá-cama.
—Quizá te exigiste demasiado.
—O hacía mucho calor —Se colocó los zapatos.
—¿Qué quieres desayunar, corazón? —Sonrió y se sentó junto a Daina.
—Unos panqueques, algo de café y… tus besos para endulzar.
—Los que quieras —Se agachó frente a él e intercambiaron algunos besos— ¿Los panqueques con o sin fresas?
—Con fresas, que sean tan dulces como tú —suspiró.
—¿Los preparamos juntos?
—No tienes que decírmelo dos veces.
Ambos fueron hasta la cocina al otro lado de la casa donde Clio limpió mientras Daina descansaba.
—Yo ya comí así que no te preocupes —Recogió la sartén recién lavada y la empezó a secar—. Las fresas están en un frasco en la nevera. De paso, ¿puedes alcanzarme los ingredientes? —Una vez seca la sartén, procedió a dejarla sobre la hornalla en espera de tener la masa lista.
—Seguro.
Daina fue camino a buscar lo necesario, trajo los ingredientes poco a poco. Mientras tanto Clio preparaba el bol, un vaso y una espátula de silicona. De paso optó por poner una canción para acompañarlos.
—Rompe los huevos con el vaso y agrégalos uno a uno —indicó mientras echaba la harina y la leche.
Daina rompió el primer huevo y, tras asegurarse de que estaba en buen estado, lo echó a la mezcla mientras Clio empezaba a batir poco a poco. Y repitió el proceso.
—Ponle algo de aceite a la sartén y enciende el fuego —indicó Clio mientras batía.
—¿Sueles desayunar esto a diario? —Daina buscó conversación.
—Sí —Respondió sin dejar de batir—, o unas tostadas con crema, si no tengo ganas de cocinar.
—Pues podrías llamarme y yo mismo los prepararé —Volteó hacia él.
—¿Seguro? —Dejó de batir y miró hacia Daina— No quiero que duermas menos por eso.
—Puedo dormirme más temprano —Se llevó las manos a los bolsillos y alzó los hombros.
—Entonces nos turnaremos para desayunar juntos —propuso Clio—, ¿una a la semana te parece?
—Que sean dos.
«¿Soy yo o Daina está más atrevido?» se preguntó Clio. «Tal vez siga emocionado.»
—Trato hecho —Sonrió—. Dale un minuto más a la sartén para que se caliente bien.
—Como quieras.
—Y… ¿tú qué sueles desayunar?
—No es gran cosa, un café y unas tostadas, o waffles.
—Entonces estás de suerte porque los waffles son mi especialidad —Clio se señaló a sí mismo con la mano e hizo una reverencia.
—Debí preguntarte antes —bromeó Daina.
—Para la próxima será —Regresó la vista a la sartén—. Creo que ya está listo.
Fue por su bol y empezó a verter la mezcla despacio.
—¿Dos panqueques te parecen bien? —preguntó.
—Seguro —Daina miró atento la mezcla caer en la sartén— ¿Dónde guardas los platos?
—En el cajón justo al lado de la cocina —Señaló a un lado de donde Daina estaba parado.
Él por su parte sacó el primer plato que encontró, uno de color blanco.
—Déjalo por ahí —Señaló con la cabeza mientras preparaba la sartén para cuando fuera el momento de voltear el panqueque—. Yo me ocupo del resto.
—Gracias por dejarme quedar, por cierto —Daina caminó hasta donde Clio.
—Ni lo menciones —Desplazó un poco la sartén e hizo girar el panqueque en el aire para luego atraparlo—, ni yo ni Wakiya te íbamos a dejar en ese estado.
En cuanto el otro lado de la masa estuvo listo, Clio dejó caer el panqueque con cuidado sobre el plato y enseguida vertió el resto de la mezcla en la sartén para repetir el proceso.
—Si quieres prepara las fresas —Mantuvo la vista en el panqueque—, sólo quítales las hojas.
Daina tomó un cuchillo del escurridor, ya seco, y empezó a cortar las fresas en el aire y botar los restos en la basura que abría y cerraba cada vez.
En pocos minutos los panqueques estuvieron listos.
—¿Quieres echarles algo más?
—Un poco de crema estará bien —Asintió Daina.
Clio partió a la nevera y enseguida le sirvió una cucharada que esparció con el mismo utensilio, acto seguido repartió las fresas a lo largo del centro, como una especie de flor.
—Bon appetit —Le cedió el espacio a Daina para que tomara su plato junto a unos cubiertos.
Tomó el plato y fue a donde la mesa detrás de ellos.
—Todavía queda algo de café, si quieres —Clio señaló con un pulgar la cafetera con suficiente para una taza más.
—Sería perfecto —respondió Daina con un bocado de panqueques en la boca.
—¿Con o sin azúcar? —Caminó por una taza y empezó a echarle el café.
—Dos cucharadas —pidió mientras comía una fresa.
Clio echó el azúcar y le dejó la taza servida con la elegancia de un camarero.
—No hacen falta tantas formalidades —Daina sonrió apenado.
—Supongo que todavía estoy emocionado —se llevó una mano a la cabeza sonriente.
Tomó asiento frente a Daina.
—Hoy tenemos el día libre así que… ¿qué quieres hacer luego?
—No tengo planes —Bebió un poco de café—, ¿qué hay de ti?
—Mmm… —Clio se llevó una mano al mentón— Podríamos ver una película o serie juntos. ¿Te gustan los donghua?
—¿Don qué? —Arqueó una ceja, aunque con su bandana no se notaba.
—Donghua —repitió—. Son series animadas de China.
—No conozco ninguna —Daina bebió café y regresó la taza—, así que no lo sé.
—Ni yo —admitió Clio—, pero hay una que me tiene enganchado: Link Click.
—¿De qué se trata?
—Es una serie sobre dos chicos que pueden ver y viajar al pasado a través de las fotografías y resuelven problemas —resumió tratando de no revelar nada fuerte.
—Entonces apenas acabe vamos a verla.
Tan pronto Daina terminó de desayunar y limpiaron todo, fueron a la sala donde Clio acomodó el sofá con algo de ayuda de Daina y después preparó la tele para ver Link Click.
En cuanto llegaron a las partes más emotivas —hicieron un maratón—, no tardaron en emparejar de broma a los protagonistas.
—Si no fuera porque China es como es, apuesto a que esos dos podrían estar juntos —empezó Daina.
—¿Verdad que sí? Japón no está mucho mejor, pero sí tenemos algunas libertades más —Clio abrazó a Daina de los hombros.
En respuesta, Daina apoyó la cabeza sobre los hombros de Clio.
—Entonces ¿por qué no la aprovechamos ahora?
Daina no tardó mucho en perderse en los ojos de Clio que resplandecían en un color que variaba entre el magenta y el violeta.
—Tus ojos parecen dos amatistas más de cerca —Daina tomó el rostro de Clio en una de sus manos, mientras se subía a las piernas de Clio—. O tal vez cuarzo —Acercó su rostro.
—Y la sombra de tu bandana combina muy bien con tus ojos índigos —Sonrió mientras jugaba con las cuentas de Daina como si fueran un mechón de pelo.
Ante la tentación se dieron un abrazo y empezaron a besarse una y otra vez, hasta en cierto punto, Clio se quitó la capa y Daina dejó caer su chaqueta.
—Muérdeme con esos colmillos —suspiró.
—Lo que mi invitado ordene —respondió igual.
Clio empezó a dar besos con suaves mordidas en los labios de Daina, mismo que poco a poco pasó a su cuello como si fuera un vampiro de verdad, o una escena cachonda de Drácula. A un ritmo rápido causado por la emoción y la búsqueda del placer.
Daina por su parte abrazaba a Clio mientras gozaba del tacto entre jadeos y su pulso acelerado.
En algún punto, Clio acabó recostado en el sofá sobre Daina mientras continuaban con su juego, y estuvieron a nada de quitarse el resto de la ropa cuando el teléfono de Clio empezó a sonar.
—No le atiendas… —pidió Daina un poco frustrado de que los interrumpiera.
—Es Wakiya… —Alcanzó a leer su teléfono en la mesa delante de ellos—. Debe querer saber cómo sigues.
—Bueno… si hablarte lo deja tranquilo… —Desvió la mirada.
Clio se levantó y estiró el brazo en busca de su celular y atendió.
—¿Hola, Wakiya?
—Ah… Hola, Clio.
—¿Todo bien?
De regreso con Wakiya, este maldecía en silencio por no haber pensado un poco más antes de llamar.
—Sí, todo bien. Sólo… —se mordió la lengua— me preguntaba si…
—¿Sí?
—Qué tanto hacías con el ocultismo —aventuró—, una simple curiosidad.
—Oh, eso —respondió—. Hago cosas simples: leo las cartas, hago hechizos y pociones medicinales y a veces uno que otro encargo.
Wakiya guardó silencio un momento.
—Ya veo.
—¿Estás buscando algo en especial? —Sonrió con cierta picardía.
—No, sólo preguntaba. ¿Daina amaneció bien?
—Daina está perfecto —Clio miró hacia él—. Como si nada hubiera pasado.
Daina por su parte se incorporó en el sofá y recogió su chaqueta del piso.
—Qué bueno —respondió Wakiya—. Yo, eh… voy a atender unas cosas.
—Es domingo —señaló Clio.
—Sí pero a veces me gusta adelantar cosas, te hablo luego.
Wakiya colgó enseguida y sus preocupaciones aumentaron, pues esto significaba que aparte de dejar enredados a esos dos, había tocado un trabajo de Clio. Tragó saliva al pensar en como quiera que fuese a responderle cuando se lo confesara, desde unos cuantos gritos hasta una maldición con alas y cuernos de guiverno en venganza.
—No tengo más opciones, necesita saberlo —finiquitó nada seguro de lo que haría.
Esta vez se dedicó a tomar valor en serio y meditar sus palabras antes de enfrentarse a las consecuencias de sus actos.
—Es por el bien de todos —se repitió a sí mismo una y otra vez—. Sé hombre y asume las consecuencias —añadió al final.
—Bien que querías ir despacio pero ayer casi nos bajamos los pantalones —bromeó Daina mientras iban de camino al trabajo en el tren.
—Ah… la calentura, supongo —Clio desvió la mirada con una suave risa.
—Sí… dejarse llevar es demasiado fácil —analizó mientras veía por la ventana.
—Cosas del amor —finiquitó Clio con un giro de su mano en el aire.
—¿Te parece bien si nos vemos el sábado que viene, después del trabajo?
—¿Qué tienes en mente?
—Nada extravagante, tal vez ir a comer a Kentucky —pensó y miró hacia Clio—. Ayer me invitaste el desayuno así que me toca invitarte.
—Me parece perfecto.
Un rato después, llegaron a la parada de Daina y les tocó separarse.
—Nos vemos luego —Saludó Clio con la mano.
—Hasta luego —Daina le regresó el gesto.
Unos cuantos minutos más tarde, Clio seguía feliz de su suerte pero ya no tan eufórico como antes. Hasta que recibió un mensaje de Wakiya.
[Wakiya: Clio, tengo que hablar contigo. ¿Cuándo puedes? Lo antes posible.]
Arqueó una ceja. «¿Qué es tan urgente?»
[Clio: Seguro, pero, ¿qué pasa?]
[Wakiya: Prefiero decirte en persona]
Clio sintió un nudo en el estómago, ese tipo de palabras suelen ser una pésima señal, mas no conseguía imaginarse qué podría ser tan alarmante.
[Clio: ¿Te parece a las ocho después del trabajo?]
[Wakiya: Claro, ahí estaré]
Sus instintos le decían que era algo muy serio pero su sentido común le decía que se trataba de Wakiya después de todo, él podía hacer dramas por lo que fuera. «Debe ser que quiere algo para la suerte en su trabajo, o tal vez se puso celoso y quiere ayuda para encontrar a alguien.» pensó con un toque de humor para calmar sus nervios.
Llegó a su parada y allí se encontró frente al estudio de doblaje, bastante idóneo para alguien que gustaba tanto de la actuación.
—Buenos días, Cristina —saludó rápido en la recepción.
—¡Buenos días! —le regresó el saludo.
Siguió su camino sonriente hasta la sala donde le tocaba trabajar a esas horas. Como debía tener su voz en condiciones, tenía el hábito de madrugar y tomarse varias horas de la mañana antes de su primer llamado del día.
Allí lo esperaba Kensuke, quien iba a dirigirlo ese día, Orochi quien sería el ingeniero en audio, y a su lado, un joven niño que no conocía.
—Buenos días, Clio —le saludó Orochi.
—¿Qué tal, Ken? —al haber confianza entre ellos, se daban el lujo de ser más casuales— ¿Y quién es el muchacho?
—Muy bien, Clio —Sonrió Ken—. Hoy tenemos a un nuevo que vino a hacer sala, Sota Kurogami.
—Mucho gusto, señor Clio —saludó con respeto y aparente serenidad, cuya emoción era delatada por sus ojos.
«¡¿Es hermano de Daina?!» pensó asombrado.
—Un gusto, Sota —saludó antes de ingresar a la cabina.
—Muy bien, Sota —Ken se dirigió a él—. Es importante que estés callado y atento todo el tiempo, ¿está bien?
—Sí, señor —Asintió.
—Muy bien, Ken —Clio revisó con cuidado el libreto en el atril—, ¿por dónde empiezo?
—En donde nos quedamos la vez pasada, la página diez —Indicó.
El libreto contaba con varios números, marcadores de tiempo y diálogos con sus personajes divididos en loops. Asimismo, contaba con el título del proyecto y quién hizo la traducción: Truco Desastroso, por una mujer llamada Lina.
—Ya puedes empezar —señaló Ken.
—Marie, ¿podría ir a ver a Daigo al hospital? —Clio moduló su voz a una más clara y ligeramente más grave— Quiero acompañarlo.
Orochi, quien editaba y acomodaba los audios a una velocidad que daba miedo, negó con la cabeza tras la frase final.
—Prueba cambiarlo por un "quisiera verlo" —sugirió Ken—, el tiempo no alcanza.
—Sí, señor —contestó más formal ante la presencia de Sota—. Quisiera verlo —corrigió la frase y de paso le dio más tristeza a su tono, como si su personaje se quebrara por cada palabra que pronunciaba.
Pasó unos cuantos segundos en silencio.
—Por favor —suplicó con voz temblorosa—, que no sea un mal augurio.
—Ya despiértalo con un beso, ¿no? —bromeó Ken.
—Oye —Rió Clio—, no frente a nuestro compañero haciendo sala.
—De acuerdo —Siguió sonriendo—. Continúa.
—Eso sólo se hace con gente que ya tienes confianza, ten cuidado con eso —le indicó Orochi a Sota mientras tanto.
—Por supuesto —Asintió.
—Unas hamburguesas y estarás como nuevo —pausó Clio luego de bromear—. ¿Ahora te das cuenta?
Wakiya dedicó el resto del día a ensayar sus palabras al momento de enfrentarse a Clio, sin dejar de estar al pendiente de lo que le pedían en la WBBA.
Ya entrada la noche, Clio acudió a su casa.
—Hola —Wakiya alargó sin querer la O.
—Hola —Clio intentó sonreír mientras pasaba— ¿Qué sucede?
—Es… sobre Daina —Wakiya se rascó la cabeza.
—¿Qué pasa con él?
—Verás, yo… —Tomó aire y, presionando los puños, decidió soltarlo todo de una vez— ¡accidentalmente le di tu poción de amor creyendo que era jugo o algún licor!
La expresión relajada de Clio pasó a ser una boca abierta con los ojos tan abiertos que parecía que saltarían de sus cuencas.
—¡¿QUÉ?!
—No te hagas el sorprendido. De todos modos sé que ibas a dársela —una teoría descabellada apareció en la mente de Wakiya al recordar que la poción estaba hasta la mitad, como si alguien ya la hubiera usado—, sea como sea, es mejor arreglar esto por las buenas.
—¿En verdad crees que yo…? —Clio reaccionó irritado y le dio una bofetada a Wakiya.
Él gritó y se frotó en el área que le dolía.
—Wakiya… esa cosa no era para Daina, era para darme ánimos para declararme.
—¿E-en serio? —parpadeó y se llevó la mano a donde la bofetada, apenado al escuchar eso—. Lo siento… Dejé que las emociones me ganaran por un segundo…
—No —respondió triste—, tenía que saberlo antes de que se le pasara el efecto...
—¿No es permanente?
—No, le durará a lo mucho dos días más… o hasta que la poción salga de su cuerpo.
—¿Qué harás mientras tanto?
—Yo… no lo sé… —Agarró su capa— No quiero rechazarlo, pero tampoco quiero seguir aprovechándome de él…
—En serio lo lamento, Clio...
—Eso da igual. Ahora… —Miró hacia Wakiya.
—¿Sí?
—¿Qué maldición quieres de castigo? —hizo una sonrisa siniestra— Tengo mala suerte, pesadillas… o puedo ponerme creativo y diseñarla a tu gusto.
—Eh… —a Wakiya le recorrió un escalofrío— Bueno… yo…
—Es broma, sólo ten cuidado con lo que tocas.
—Sí, pero no es gracioso —Sonrió nervioso.
—Ahora… —Tomó aire y llevó sus manos a la cadera— ¿Qué hacemos con Daina?
—¿No puedes sólo evitarlo? —Wakiya hizo una mueca— Los dos están ocupados en el trabajo.
—Sí, pero puede llamarme en mis descansos o vernos en la noche…
Como si el destino lo quisiera así para su pura diversión, el celular de Clio empezó a sonar con el tono de Daina.
—La naiba… —maldijo en rumano.
—¿Le vas a contestar? —preguntó Wakiya con la tensión en el cuerpo y los ojos bien abiertos.
Clio suspiró y cerró los ojos mientras se encorvaba un poco.
—Si no contesto, seguirá llamando o escribiendo —Atendió sin más remedio.
—Hola, cariño —saludó Daina en un tono casi melodioso mientras de fondo sonaba que abría la puerta de su departamento.
«Ay, mierda… la poción debe estar en su punto máximo…» Se mordió los labios y contuvo el aliento.
—Hola, Daina… ¿Se te ofrece algo… querido? —se mordió la lengua.
Daina parpadeó y trató de ver por el rabillo del ojo su teléfono.
—¿Estás bien? —Sonó la puerta cerrarse y las llaves de fondo— Suenas raro.
—Sí, sólo fue un día pesado —mintió—. Estoy agotado.
—Oh… perdón —pasó a un tono más relajado—. Hablamos en otro momento.
—Hasta luego.
—Descansa, cielo.
Tras colgar, Clio soltó todo el aire y se encogió de hombros.
—Esto va a ser horrible —sentenció.
Wakiya bajó la cabeza e imitó el gesto de Clio, producto de la culpa.
—¿Te…? —vaciló— ¿Te puedo ayudar en algo?
—Si puedes distraer a Daina te lo agradeceré —Guardó su celular.
—Haré lo que pueda —Asintió aún con la cara larga.
—Y una cosa.
En ese preciso instante, Clio dejó salir el dolor que pretendía reprimir. Si sus palabras eran reales o sólo las dijo sin pensar, Wakiya no quería descubrirlo.
—Puedo tolerar que me rompieras el corazón —Apretó el puño—. Pero escúchame bien —Señaló con el dedo de su otra mano—, si dejas que Daina salga lastimado, voy a echarte una maldición que durará hasta que te salgan canas y arrugas.
Si bien no podía verlo, Wakiya podía sentir un aura amenazadora en torno a Clio que además se extendía sobre él, tan fría y peligrosa que palideció y empezó a temblar.
—¡L-lo prometo! —Alzó las manos— ¡Haré todo lo que pueda!
—Más te vale —enfatizó.
—No pu-puedo vigilar todo lo que haga si-si no estoy presente —siguió todavía tembloroso—, pero puedo distraerlo con algo de charla.
—Supongo que funcionará —respondió más tranquilo—. Sólo ayúdame con esto.
«Esos cambios de humor tan rápidos no son normales…» pensó Wakiya.
—Ha-haré lo mejor que pueda —Asintió.
A esta calma le siguió una expresión triste en Clio.
—Wakiya… —se encogió de hombros y desvió la mirada.
—¿Sí?
—¿Crees que Daina… pueda quererme de nuevo después de esto?
La culpa cayó en los hombros de Wakiya como dos bolsas de arena mojada.
—Yo creo que sí —Le dio una palmada en el hombro—, y si no, puedes maldecirme todo lo que quieras.
—Creo que exageré con eso —Rió un poco.
—¿Crees? —repitió Wakiya algo nervioso todavía.
—Con que me ayudes será suficiente.
—Conociéndolo —Se llevó unos dedos al mentón—, no será tan difícil.
—Espero que no. La poción parece estar en su clímax.
—¿Eso qué significa? —tartamudeó Wakiya.
—Que sus emociones son más intensas que nunca y querrá estar conmigo como sea.
—Lo que nos faltaba… —suspiró y se encogió de hombros.
—Bastante —reconoció Clio con una mueca—, pero significa que no le queda mucho.
Tras la llamada, Daina parecía haberse tragado el cuento de Clio, pues no intentó llamarlo otra vez ni nada en toda la noche. Así que entre tanto, siguió scrolleando a lo largo de su laptop en busca de recetas de pasteles sin horno.
—Cuando vea esto seguro le volverán las fuerzas —Sonrió—. ¿Cuál sabrá mejor?
Deslizó en busca de varias opciones: chocolate, fresas, vainilla, crema con o sin colorantes, algunos más decorados con chispas, frutas, galletas o un poco de cada cosa.
—Tal vez diseñe un pastel de chocolate amargo, con cerezas y… dibujos de fantasmitas o una telaraña con crema para recrear ese estilo oscuro que tanto le gusta —empezó a fantasear—. O murciélagos… —recordó el estilo de vampiro que llevaba siempre.
Suspiró y la escena de él con la sorpresa empezó a dibujarse en su cabeza.
—Eres un encanto, Daina —el Clio de su imaginación veía el pastel con ternura.
—El encanto eres tú, cariño —En su mente, Daina estaba algo rojo.
—¿Estará el pastel a la altura de tu dulzura? —bromeó.
—Sólo hay un modo de saberlo —Sonrió Daina apenado.
Se perdió tanto en sus pensamientos que olvidó lo que buscaba. En lugar de eso, siguió con sus fantasías y hasta olvidó la excusa de Clio para no hablar con él para enviarle un audio.
—Clio, ojalá descanses bien, antes de que te des cuenta, te traeré un regalo que seguro te dará las fuerzas que necesitas, amor —entonó—. Cuídate mucho y no te sobre-exijas…
Ya a solas, Clio no demoró en recibir el audio y escucharlo. Al hacerlo, sintió un apretón en el corazón, tanto así que buscó el desahogo en su preciado estilo teatral.
—Ay, Afrodita, qué cruel amor con miel me has dado —recitó—. Flechado por alguien cuyos tontos sentimientos no son más que una vana ilusión ¡Ten compasión de este pobre enamorado!
Decidió no contestarle y nada más irse a dormir, pretender que jamás hubiera pasado. No obstante, su mente y corazón no estaban en sintonía, todavía podía sentir su corazón gritar por su "amado", en una pelea entre las emociones y la razón. Dejó caer una lágrima.
—Que las nornas que tejen nuestro destino se apiaden de nosotros.
Al día siguiente, Daina se preparó como de costumbre para su trabajo como secretario en un hospital. Su labor no iba más allá de hacer anotaciones y dar indicaciones a los pacientes que iban llegando, por lo que era por mucho monótono en comparación al trabajo de Clio, mismo que pese a las cosas malas que ocurrieran en la industria del entretenimiento, en ocasiones lo envidiaba: misma labor pero hecha de incalculables maneras diferentes.
Tras eternas horas tecleando y contestando a los pacientes, al fin tuvo una hora libre para almorzar, y claro, intentar contactarse con Clio.
[Daina: Hola Clio ❤, ¿cómo va tu día?]
[Clio: Hola, Daina, sigo cargado de trabajo como siempre ¿Qué hay de ti?]
[Daina: Explotado con apenas tiempo para respirar, ya quiero que sea domingo!]
Daina empezó a sentir que algo iba mal, pues notaba algo distante a Clio. «¿Lo pillé en un mal momento?» Empezó a teclear su respuesta.
[Daina: ¿Es un mal momento para hablar?]
Clio por su lado, buscaba un modo de mantener a Daina en sus cabales lo más que podía.
[Clio: Sí, estoy ajetreado]
[Daina: Bueno… si tú lo dices]
[Daina: No te sobre-esfuerces, te quiero]
Ya podía intuir lo que Daina intentaría, así que no demoró en darle el aviso a Wakiya quien estaba más libre que él para atenderlo.
[Clio: ¿Wakiya? Necesito que distraigas a Daina
[Clio: Yo ya no puedo, debo trabajar]
Wakiya leyó el mensaje y todo lo ocurrido la noche anterior pasó por su cabeza. Acto seguido recibió una captura de pantalla para más contexto.
Enseguida fue al chat con él pero, cuando sus dedos pararon al encontrar su mente en blanco, entendió que sería más difícil de lo que imaginaba.
—Daina… ¿qué puedo decirle?, ¿qué le digo? —repitió en busca de concentración.
Se llevó los dedos al entrecejo y cerró los ojos en busca de alguna idea. Miró hacia la foto que tenía de su escritorio del equipo beigoma.
—Eso puede servir —concluyó.
[Wakiya: Hey, Daina, ¿qué tal?]
[Daina: ¡Waikya, hola! Aburrido, ¿y tú?]
[Wakiya: ¿Puedo llamarte?]
[Daina: Claro, tengo veinte minutos más]
Wakiya no tardó en marcar con tal de tener a Daina un poco mejor vigilado.
—Hola —saludó.
—¿Qué tal, Wakiya?
—Muy bien de hecho. No pude evitar recordar nuestros días con el equipo beigoma —Miró la fotografía de nuevo.
Daina suspiró nostálgico.
—Qué tiempos aquellos… ¿Cuánto tiempo pasó?
—¿Trece años? —calculó Wakiya mentalmente— Hay que reunirnos un día.
—Ya lo creo, y podrías tener tu revancha con Shu —bromeó.
—O contigo —le siguió el juego.
—¿Podría llevar a Clio?
—Eh… —desvió la mirada— no sé, su trabajo lo tiene más atareado que a nadie.
—De aquí a unos meses seguro tiene un momento.
—Bueno, sí, pero…
—Si nos reunimos le llamaré enseguida.
—Daina —alzó la voz—, hablamos de nosotros, no de Clio.
Este guardó silencio unos segundos.
—Lo siento… es que tenemos tan poco tiempo que quiero que esté como sea. Creo que está raro.
«Clio me va a matar si se entera de que no lo estoy distrayendo.»
—No lo creo, tal vez sólo quiere espacio —pensó Wakiya—. Si estuvieran pegados y melosos todo el tiempo, se cansarían.
—Buen punto —reconoció Daina—. ¿Puedes guardar un secreto?
—¿Sobre qué? —Arqueó una ceja.
—Le estoy preparando un pastel sorpresa a Clio —por su tono alegre, estaba sonriendo—, si todo va bien se lo daré el jueves.
—Oh… me alegro por ti —Sonrió, aunque en el fondo sentía cómo todo se iba al demonio.
—Sí, quedará encantado con esto.
—Seguro que sí.
Daina hizo silencio un momento.
—¿Wakiya?
—¿Qué?
—¿Estás bien? Suenas… —pausó— como si algo te incomodara.
—¡Ah! ¡No, no! —reaccionó— Sólo… estoy un poco presionado por el trabajo —Miró su laptop—, ya sabes.
—Ah, bueno —respondió Daina nada convencido—. Entonces mejor cuelgo, ya casi debo volver al trabajo.
—Mucha suerte, Daina.
Ambos colgaron y Daina quedó pensativo.
—Primero Clio y ahora Wakiya… los dos están raros por trabajo —analizó—. Quizá sea mejor compartir el pastel con ambos.
—¿En serio es lo mejor que tenía? —se reprochó Wakiya a sí mismo— ¿Cuánto duró, cinco minutos?
Saliendo del trabajo, Daina no tardó en conseguir los ingredientes y, mientras mezclaba, contactó a Clio y Wakiya para citarlos el jueves después del trabajo.
—¿Crees poder ese día, Wakiya? —le preguntó.
—Cuenta con ello —respondió.
No tuvo sospechas sino hasta que Clio lo llamó para ponerse al día con la situación.
—¿Qué le dijiste a Daina?
—Intenté distraerlo con el equipo beigoma, pero… sólo empezó a hablar de ti y una sorpresa para este jueves.
—Me citó este jueves…
—A mí igual. ¿Qué tanto te dijo?
—Hola, vampirito —le había saludado Daina—. ¿Qué tal tu día?
—Hola, cariño… —sonó un poco apagado.
—¿Muy atareado otra vez?
—Sí, bastante.
—Entonces ven a verme este jueves con Wakiya, te aseguro que te sentirás mucho mejor —estiró la última U.
—¿Qué tienes en mente?
—Es una sorpresa. Tendrás que esperar.
—Creo saber de qué habla —suspiró Wakiya—. Quiere hacer un pastel especial. Pero antes me dijo que era sólo para ti.
—¿Le dijiste algo raro? —Clio arqueó una ceja.
—Sólo que estaba cansado del trabajo —explicó—, creyó que estaba incómodo… —Jugó con unos mechones de su coleta— y la verdad, no se equivocaba.
—Muy bien, tenemos que disimular mejor —sentenció Clio—. No tardará en atar los cabos sueltos.
—No quiero sonar mal, ¿pero cómo vas a guardar distancia sin que se dé cuenta?
—No tengo la menor idea… y puedes apostar lo que quieras a que serás el mal tercio este jueves.
—Pero se va a contener frente a mí, ¿no?
—Si el clímax de la poción ya bajó para entonces, sí.
—¿Cuál es el plan?
—Si no vamos, sabrá que algo pasa y se pondrá triste —analizó—. Iremos y trataremos de actuar con normalidad, mantendré algo de distancia. Con suerte entenderá que es por ti.
—Si tú lo dices… —Wakiya se encogió de hombros.
—No va a ser fácil, pero es todo lo que podemos hacer.
Al día siguiente, Daina incluso pidió permiso para salir temprano con la excusa de que tenía un compromiso familiar que no podía postergar, ya que lo conocían bien, no fue difícil hacerles creer que de verdad tenía asuntos que atender.
—Voy a arrepentirme de mentir luego, pero ahora me toca disfrutar —Daina aplaudió al ver la mesa servida.
Era un pastel de chocolate con tres fresas cortadas por la mitad en el centro y murciélagos de crema que servían de división para cortarlo en seis pedazos iguales, o casi iguales entre sí. Además preparó algo de té rojo y todos los cubiertos listos para usarse junto a unos paños para limpiarse.
—Y ya que tengo tiempo de sobra antes de que lleguen… —Sonrió mientras acomodaba las sillas— ¿por qué no me entretengo con algo?
Corrió a su cuarto en busca de su estadio y su Hollow Deathscyther guardado en su vitrina, llevó todo enseguida a la sala y, junto a su música, empezó a lanzar una y otra vez, como en los viejos tiempos… o como hace algo menos de una semana.
—¡Vamos, Deathscyther! —animó como si estuviera en un combate— ¡Hollow Strike!
Deathscyther hizo un patrón de flor casi perfecto y tomó velocidad con los ánimos de Daina, aunque por su combo, esto no duró demasiado tiempo.
Volvió a lanzarlo, esta vez echándose para atrás como en el lanzamiento de Clio, aunque con ello se golpeó la espalda.
—Ya veo por qué dejó de hacerlo… —dijo después de un quejido al frotar su espalda— ¿Usaba almohadillas debajo o cómo lo soportaba?
Recogió a Deathscyther y permaneció viéndolo.
—Tal vez deba reconsiderar volver a ser entrenador en AS Gallus, el hospital es aburrido —empezó a hablar con su bey—. Pero… volver significa ya no ver a Clio —Se encogió de hombros—, no en mucho tiempo.
—¿Y si entrenas al equipo beigoma actual de la escuela? —sugirió Deathscyther— El director te aceptará encantado.
—No es mala idea —reconoció.
El timbre sonó y de inmediato recogió sus cosas.
—¡Un momento! —gritó antes de ir a guardar todo.
Mientras tanto, Clio y Wakiya repasaban el plan en la entrada.
—Tú actúa con normalidad —indicó Clio—, yo trataré de mantenerlo a raya.
—Como digas —asintió Wakiya—, pero si se pasa intentaré interrumpir.
Daina les abrió apenas acabaron esas palabras.
—¡Hola! —los recibió sonriente— Amor, Wakiya…
—Hola, Daina —saludó este último.
—Buenas noches —contestó Clio.
—¡Pasen! —Abrió más la puerta y les dejó el paso.
Nada más ingresar y ser guiados al comedor en el centro de la casa, vieron todo elegantemente servido.
Clio sintió como si le apretaran el corazón. «Tal vez debí decir que no de entrada… Pero la habría traído de otras formas.»
«Viejo, esto va a ser peor de lo que creí…» pensó Wakiya.
—¿No les gusta? —la sonrisa de Daina desapareció al verlos tan callados.
—¡Oh! Es que estoy impresionado —mintió Clio.
—Sí —Wakiya le siguió el juego—, te luciste.
—Y esperen a probarla —Daina volvió a sonreír un poco.
Empezó a cortar las rebanadas mientras sus invitados tomaban asiento. Debido a la base de galleta que preparó, tuvo que usar mucha más fuerza para terminar de cortar, lo que resultó en un ruidoso golpe al plato, así hasta que tuvo los seis pedazos cortados.
—Esto les devolverá las energías —le guiñó un ojo a Clio.
Wakiya se había sentado al lado de Clio, pero Daina fue más listo y tomó lugar en una silla que acomodó en el otro extremo para estar más cerca.
Clio comió un pedazo del pastel junto con la fresa. La textura era como la de un helado pero sin estar tan frío al deshacerse en su boca, junto al sabor del chocolate amargo que le indicaba que ese postre tenía poco o nada de azúcar. A ello se sumaba el dulce de la fresa.
—Está delicioso —Sonrió un poco.
—¿Verdad que sí? —Daina miró hacia él— La hice lo más casera posible.
—¿Eso qué significa? —preguntó Wakiya.
—Que traté que tuviera la menor cantidad de artificiales o azúcar posible —aclaró antes de comer un poco del pastel.
En ese mismo momento, le ofreció su mitad de una fresa a Clio, pero para dársela de comer en la boca con su tenedor. Él parpadeó ante la situación.
—Vamos, sé que te gustan —Acercó un poco la fruta.
—No, así estoy bien —Alzó la mano.
—Eh… —Wakiya buscó un modo de salvar la situación— ¿Cómo vas con tus series?
—Bastante bien —Daina desvió su atención a él—, hace poco Clio y yo maratoneamos Link Click.
«Bingo.» pensó Wakiya.
—¿Cómo es?
—Oh, si quieres puedo contarte con lujo de detalles…
Daina empezó a hablar de la historia, no se preocupó por los spoilers porque Wakiya seguramente no la vería, y Clio desde luego ya la conocía.
—¿Me estás diciendo que ese personaje…? —Wakiya quedó con los ojos bien abiertos.
—Oh sí, el fandom está como loco —Daina tomó algo de té—. Ya quiero ver la tercera temporada.
—Y el especial en el extranjero —añadió Clio—, hay de todo para ver.
—¿Podríamos ver el musical juntos, amor? —propuso enseguida.
—Pero va a ser en China…
—¿Y alguna plataforma?
—Si llega a salir —Clio miró su taza de té—, supongo que podríamos, cari… Daina.
—Es una cita —Sonrió Daina y apoyó su cabeza en el hombro de Clio.
—¿Y tú, Wakiya, algo interesante? —intentó cortar con el tema.
Daina se encogió de hombros y su sonrisa desapareció.
—No tanto, estoy pensando en renovar el logo de Komurasaki, y tal vez diseñe otro sistema beyblade.
—¿Qué te imaginas? —quiso saber Clio.
Daina desvió la mirada y se enderezó al ver la falta de respuestas de Clio, pero al final optó por no decir nada, de momento.
—Quizás unas alas de guiverno enmarcadas en oro con la K en el centro —Comió del pastel—, o un dragón de perfil.
—Típico de ti —bromeó—, a todo le quieres poner dragones.
—¿Acaso tienes otra idea? —preguntó fingiendo que ese detalle no lo molestaba.
—¿Y qué tal tu apellido de un modo más estilizado? —sugirió Daina.
—Es un poco aburrido.
—Pero un dragón no dice mucho sobre lo que haces.
—¿Y mi apellido sí? —Arqueó una ceja.
—Bueno, es común usar el apellido del dueño —Daina desvió la mirada.
Continuaron con las pláticas hasta que se acabaron el té y el pastel, probablemente ninguno cenaría después de eso.
Wakiya se despidió y se fue enseguida, con la idea de que todo salió bien, pero, Daina detuvo a Clio agarrándolo de su capa.
—Clio… —llamó apenas estuvieron solos.
—¿Sí? —Volteó antes de irse.
—¿Está todo bien, contigo y Wakiya? —Levantó las cejas triste.
—¿Por qué preguntas?
—Sé que no puedes ser meloso todo el tiempo —reconoció—, pero te noto distante. Y Wakiya… es como si le incomodara cada vez que te menciono.
—Bueno, a veces es incómodo para los demás, y ponerse cariñoso frente a otro… ni hablar.
—¿Y por qué no me lo dijo?
—Tal vez no quiere herirte —Miró a Daina a los ojos.
—¿Y qué hay de ti? Primero me nombras o das apodos como si te costara —Abrió más la puerta—, y hoy estuviste inexpresivo, y no me dijiste casi nada.
—Es que yo… —Clio trató de pensar una excusa.
—Puedo entender lo de Wakiya, pero ¿estás tan cansado que no puedes mostrarme afecto?
—Sí.
—... —Daina cerró los ojos y tomó aire— No lo creo. Hoy no parecías cansado para hablar y bromear con Wakiya.
Clio se sobresaltó.
—¿Hay algún problema, soy yo, eres tú, qué pasa? —insistió entre triste y enfadado, un enojo que amenazaba con explotar— ¡Dime algo!
—Sólo… a veces me siento agobiado, son cosas mías.
—¿Sientes que me la paso pegado a ti? —El enojo abandonó lentamente a Daina para darle paso a la tristeza y algo de culpa.
—Sí —Se rascó la cabeza—, me gusta pasar el tiempo contigo, pero a veces eres tan meloso que no puedo seguirte el ritmo.
—Entiendo —suspiró—. Lamento haberte molestado, pero —siguió— no vuelvas a aplicarme algo como la ley del hielo, o lo que sea esto.
—Lo siento —Clio le hizo una reverencia—, mi cielo.
—¿Al menos… te gustó el pastel? —Daina trató de irse por algo más alegre— ¿Lo pasaste bien?
—Claro que sí —Sonrió y dejó a la vista sus colmillos.
—Al menos no todo salió mal —intentó reírse de la situación.
Clio lo acompañó con una falsa risa mientras en su interior su corazón se sentía cada vez más presionado y peleado con su razón.
—No todo —concordó—. ¿Nos vemos el domingo?
—Nos vemos el domingo —Asintió Daina antes de cerrar—. Buenas noches.
Apenas estuvo a solas, dejó caer unas lágrimas que limpió con su capa. Y en compañía del viento emprendió rumbo a casa.
A lo largo del viernes, Daina meditaba acerca de su charla con Clio en busca de un balance entre sus emociones y la comodidad de su pareja, y la de quien los acompañara.
—¿Qué me sucede? —Agarró las cuentas que colgaban de su bandana— Lo quiero mucho pero no soy tan… ¿extrovertido?
Tomó su café con crema junto a unas galletas saladas.
—Tal vez me entusiasmé los primeros días —razonó—. Eso debió ser.
—Es normal emocionarte cuando te acabas de declarar —concordó Deathscyther.
—¿Debería disculparme? —Miró su bey en la mesa.
—Ya lo hiciste ayer, pero si te sientes mejor así, hazlo.
—Lo haré, este mismo domingo —Asomó una sonrisa entre las dudas de Daina—. Ahora vamos a… centrarnos en el trabajo dentro de un rato —dijo sin muchas ganas—, y a ver si el director de la escuela me acepta como entrenador.
Recogió su teléfono y empezó a teclear el mensaje al correo de la escuela, si es que alguna vez le prestaban atención a los mensajes:
"Buenos días, director, soy Daina Kurogami. Estudié en su escuela hace tiempo, igual que mi hermano menor, Sota Kurogami, me gustaría trabajar como entrenador del club bey, y tal vez de educación física. Creo que mi experiencia podría ayudarlos mucho. ¿Hay alguna posibilidad?"
Clio entre tanto despejaba su mente con sus inacabables trabajos de actuación y doblajes. En este caso le tocó cantar una canción para una producción japonesa desde cero, así que tenía algunas libertades extras en relación a un doblaje.
En compañía de los instrumentos a ritmo lento comenzó a interpretar Believe, que luego sería complementada con los coros de Shikuramen. A su vez modificó unos detalles para proporcionar sus propias ideas a fin de enriquecer la canción. Algunos cambios quedaron y otros no, por decisión del director.
En uno de sus descansos, revisó su celular sólo para encontrarse con que no tenía ni la menor señal de Daina. Por un lado, le aliviaba que le diera espacio, pero por el otro, ahora temía haberlo herido de alguna manera.
—Ya no lo soporto y ayer Daina sí que se dio cuenta de que algo pasa —le mandó un mensaje de voz a Wakiya—, este domingo voy a confesarle todo.
Este al oírlo no supo cómo reaccionar, tardó al menos diez minutos en pensar su respuesta.
—Deja que lo haga yo —respondió—, es mi culpa.
Por una vez, Clio hizo un esfuerzo extra por razonar y poner sus sentimientos en orden, por mucho que esas emociones le dijeran que no, presionó su teléfono en busca de ignorarlas por completo y hacerle caso a su cabeza de una buena vez.
—Lo haremos juntos. Ambos estamos metidos en esto después de todo. Yo debí poner esa poción en su lugar y tú no debiste tocarla.
—Y quieres a alguien que te apoye, ¿no? —dedujo Wakiya, lo que rompió con el ambiente.
—Sí… —Clio se encogió de hombros— también eso.
—Nos vemos el domingo.
Ambos siguieron sus días mientras sus cabezas estaban en busca de las palabras más adecuadas para confrontar la situación, si bien pudieron hacerlo después, las ansias y la culpa no hacían más que catalizar todo y despertar el deseo por resolver su dilema lo más rápido posible.
El domingo llegó y con ello la "cita" de Daina y Clio quien fue recibido junto con Wakiya en la puerta de la casa de Daina.
—¡Hola, a…! —Él al verlos abrió los ojos confundido— ¿Amor? Eh… —buscó un modo de no sonar grosero— ¿Por qué estás aquí, Wakiya?
—Tenemos que hablar —respondió—, los tres.
Esas palabras despertaron las alarmas en Daina, en su experiencia —y en las historias románticas— a menudo un "tenemos que hablar" es augurio de pésimas noticias.
—¿Es por lo del jueves? —preguntó rápido, sin darles tiempo a contestar— Ya dije que lo siento, de verdad me contuve todo este tiempo, no era mi intención incomodar a Wakiya aquella vez, lo juro, yo sólo quería…
—¡Daina! —Wakiya y Clio llamaron su atención.
—Perdón… —Este se sobresaltó y se retrajo.
—¿Podemos hablar adentro? —pidió Clio con más calma.
—Sí —Daina tardó un poco en asentir y ceder el paso.
—Mira, Daina —empezó Clio—, sé que desde el domingo pasado estuviste muy emocionado desde que empezamos a salir pero…
—¿Es eso? —interrumpió Daina— Ya te dije que lo sentía…
—Déjalo acabar —contestó Wakiya.
—Ya ves que yo practico el ocultismo y algo de magia, ¿no?
—Sí.
—Lo que pasa es que… —Wakiya se llevó las manos al rostro de la vergüenza— sin querer te di una poción de amor y por eso estás tan loco por Clio.
Daina quedó boquiabierto y mudo ante la respuesta de Wakiya.
—¿Cuándo dicen que pasó eso? —tartamudeó.
—Este domingo… —siguió Clio cabizbajo— Por eso te estuve evitando, desde que me enteré de todo… No quiero que creas que me aproveché de ti o algo así, todo fue un acciden…
—Clio —interrumpió Daina.
—¿Eh? —Alzó la cabeza.
—Pero si tú me gustabas desde mucho antes del domingo pasado, tal vez desde hace dos años.
—¡¿QUÉ?! —Saltaron Wakiya y Clio.
—¿E-entonces cuando tomaste la poción de amor…? —Wakiya lo señaló con los ojos tan abiertos que parecía que saltarían de sus cuencas.
—Sólo le dio las fu-fuerzas para declararse —finiquitó Clio y se llevó una mano al pecho donde sentía su ajetreado corazón—. Gracias a Afrodita… —murmuró.
—¿Era eso, cariño? —Sonrió con picardía.
—Sí, sólo un susto —Clio empezó a reírse de lo ridículo de la situación.
—Por un momento pensé que me ibas a terminar para irte con Wakiya o algo así.
—¡Nah! —Agitó su mano— No es mi tipo.
—¡Oye, soy un gran partido! —protestó Wakiya con un puño en el pecho.
La pareja empezó a reírse a carcajadas de su reacción.
—¡¿De qué se ríen?! ¡Puedo tener a quien yo quiera!
—Ya, sólo era una broma —contestó Clio todavía sonriente.
—Entonces… ¿tenemos nuestra cita o la convertimos en una noche de chicos? —Daina buscó cambiar el ambiente.
—Una noche de chicos suena bien, para compensar a Wakiya —Clio miró hacia él.
—No sé —se llevó la mano a la cabeza—, no quiero ser un mal tercio, de nuevo.
—Con todo claro ahora, y la poción prácticamente fuera de juego —siguió Clio—, creo que podemos contenernos frente a ti y tener nuestra noche luego —le guiñó un ojo a Daina.
Este se sonrojó y Wakiya igual, pero por diferentes razones.
—¡No frente a Wakiya! —exclamó Daina.
—¡No frente a mí! —se quejó él al unísono.
—De acuerdo —Rió Clio—, no más momentos incómodos frente a Wakiya desde ahora.
—Y… ¿Qué quieren hacer? —preguntó Daina.
—¿Unas pizzas, películas y unas partidas en Cookie Run? —Sugirió Wakiya.
—En ese juego le di voz a una galleta —comentó Clio—. A ver si la encuentran.
—A correr entonces —bromeó Daina.
