Dieciocho.

Desesperanza.

La sangre salpicó sobre la atmósfera cuando el filo de la daga de Jack impactó, aquello hubiese significado la victoria si sus previos planes hubiesen sido logrados. El labrador vociferó molesto pero también sorprendido al darse cuenta que el lobo había realizado una maniobra suicida, capturando en su hocico la hoja punzocortante para evitar que esta misma penetrara su cráneo. Aprovechando su breve congelamiento, las manos de Legosi habían capturado las muñecas de Jack con intenciones de empujarlo pero el can más pequeño se mostró terco en mantenerse sobre él, simplemente porque le parecía un desperdicio que su limpia técnica fuera destruida sin más. Ambos carnívoros compartieron gruñidos amenazantes a pesar de que el sonido gutural de Legosi era mucho más imponente, capaz de cubrir la voz de Jack si quisiera, este hecho golpeó el orgullo del can más pequeño a pesar de todo. ¿Cómo acostumbrarse a la sensación de inferioridad en cuanto a jerarquía canina? Si tantas veces con ayuda de su astucia Jack había logrado hacerles frente a otros lobos de mayor masa muscular. Debía influir el hecho de que este lobo había nacido artificialmente, quién sabe cuántos genes debieron utilizar para darle ese poder destructivo.

—Maldito fenómeno —espetó, colmillos apretados y extremidades temblorosas.

De un momento a otro Legosi pudo levantarse con su agresor a cuestas, lanzándolo lejos para descansar pero el pequeño labrador se recuperó rápido, por lo que apenas logró equilibrar su centro de gravedad echó a correr contra el lobo otra vez. Legosi escupió la sangre que escurría de sus encías dañadas y se preparó para esquivar sus ataques uno tras otro. No había tiempo para pensar en argumentos, así que hizo todo lo que tenía a su alcance para contrarrestar golpes y corresponder a ellos de la mejor manera. Aunque sus pulmones dolieran por el inagotable ejercicio, ambos conocían sus límites y sabían bien que podrían durar el tiempo suficiente para que el combate terminara con un muerto.

— ¿De verdad crees que puedes adueñarte del disfraz con el que fuiste creado? ¡Si has aceptado tu destino, acepta tu muerte también! —exigió Jack supurando veneno con cada frase. Por su parte Legosi se reconocía aturdido por el nivel de odio que le era dedicado sin importar lo mucho que intentase sentirse empático por aquel perro doméstico.

—Si hubieras llegado a mi vida antes, te aseguro dejaría que me asesinaras pero no ahora, no puedo. Sólo morir le rompería el corazón a quienes me han aceptado como soy, he decidido servirles hasta donde este cuerpo aguante.

—Servir… ¿a quienes? ¿A los herbívoros? ¡El verdadero Legosi sabía que eso era una tontería!

—Tal vez no sea el Legosi a quien tú amabas pero… con las memorias absorbidas por este cerebro artificial puedo asegurarte, que a pesar de muchas de sus acciones, no aborrecía a los herbívoros. Existió una que le dio una segunda perspectiva, esa que me impulsó salvar a su Original.

— ¡Mientes!

—Jack, mientras peleamos puedo ver memorias de lo que queda de tu mejor amigo sobre ti. Son cálidas, preciadas… el anterior Legosi quisiera ser capaz de consolarte y también devolverte el brillo que siempre lo cegó cuando estaba a tu lado. A pesar de no ser parte del mismo mundo, él estaba agradecido de que lo acompañaras siempre.

—¡Cállate! —ladró encolerizado pero también herido, comenzando a sentir el picor de las lágrimas invadiendo su visión, para Jack estaba siendo complicado luchar contra la imagen de su mejor amigo y que ese farsante recitara sentimientos que pertenecieron alguna vez a Legosi lo enfermaba—. ¡No quiero oírlo de ti! ¡Sólo muérete ya!

Jack volvió a tomar impulso para abalanzarse contra el otro carnívoro, consiguiendo atravesar la palma que Legosi interpuso entre ellos instintivamente para escudarse. Esto pudo haber desequilibrado la batalla pero el lobo lo aprovechó para cerrar los dedos entorno a la mano que lo empuñaba, tirando de su brazo hacia sí para entonces estamparle un rodillazo en el estómago y de esa manera inmovilizarlo en el suelo mientras yacía aturdido, forzando su mano sana en su tráquea con intenciones de obtener su rendición.

—No te pediré que abandones tu odio hacia mí —declaró Legosi cuando consideró que Jack no podía luchar más por liberarse—. Pero, ¿realmente es lo único que puedes hacer por su memoria? Dudo que los haya protegido a ti y a Juno el día de su muerte porque quisiera que vivieran lamentando su pérdida. Ustedes debieron ser su tesoro más importante, él no querría que fueran consumidos por el odio o la tristeza. Estoy seguro que si pudiera de alguna forma comunicarse con ustedes, les habría pedido vivir en paz en esta segunda oportunidad.

— ¡No hay forma de que yo pueda aceptar eso! —exclamó Jack inerme contra el suelo—. A este paso se cumplirán las ambiciones de ese hijo de puta, estúpidamente estás buscando la manera de caer en su trampa. ¡Es mejor que mueras antes de que él obtenga lo que busca!

—Jack…

—Juno quizás ya se haya resignado pero yo no. Voy a pelear con todo lo que posea en mi poder para evitar que Melon te use. No dejaré…

Las palabras del labrador fueron interrumpidas por su propio llanto, el cual ya no fue capaz de ahogar debido a la intensidad con la que comenzaron a quemarse cada uno de sus sentimientos acumulados; frustración por ser superado, dolor por el rudo trato que había mantenido su cuerpo en este encuentro y tristeza por lo que representaba mirar dentro de los ojos de aquel espectro de su mejor amigo. Se había preparado mentalmente para esto y aun así el resultado era difícil de asimilar, especialmente recibiendo en su rostro salpicaduras de sangre fresca justo como había sucedido aquella vez. Si tan sólo no perteneciera a una especie tan sentimental habría podido matar su corazón mientras mostraba los colmillos a su oponente; como odiaba esta debilidad.

—Lo siento, Jack. Lo siento por todo. Si hubiera una forma de compensarte…

—Simplemente no me escucharás —dijo Jack irritable, su voz temblorosa por culpa de los sollozos que todavía lo invadían—. Te has convencido de merecer esta vida.

— ¿No será más bien al revés, Jack? ¿Por qué debería ser tu obligación hacer esto solo?

—Basta, no trates de confundirme. —Los ojos de Jack se abrieron horrorizados, pues por un momento había conseguido sentir a su mejor amigo a través de ese experimento con su apariencia; no le gustaba que hubiese imitado este aspecto suyo a la perfección también.

—Tengo una misión que cumplir, una que no he estructurado yo solo. Haru cuenta conmigo para rescatarla a ella y su amiga por el bien de nuestra alianza, también Louis y mi ama Azuki, no puedo permitirme morir aquí, mucho menos en manos de mi creador.

— ¿A dónde quieres llegar, Experimento? —inquirió el labrador con suspicacia.

—Ayúdame a cumplir esta única tarea y te prometo que dejaré que detengas al latir de mi corazón artificial con tu arma —decía mientras guiaba la punta ya rota del objeto blanco a la altura de su pecho bajo la mirada conmocionada del labrador—. Permitiré que cumplas tu cometido en nombre de tu mejor amigo siempre que salgamos victoriosos de esta encomienda.

— ¿Cómo sabré que no te arrepentirás cuando llegue el momento? Es obvio que todos querrán evitarme apuñalarte.

—Les diré que yo mismo te lo propuse.

—Mentiroso —gruñó Jack para nada convencido.

—Lo juro.

— ¡No te creo! —espetó encolerizado, pero toda replica que hubiese planeado agregar quedó en el olvido en cuánto vio al lobo cortar su propia oreja con ayuda de aquello que Jack todavía empuñaba mientras la sangre de tal herida salpicaba en el rostro de ambos. Los ojos de Legosi reflejaban determinación y absoluto compromiso.

—Créeme, por favor. Ahora que he asimilado lo que soy, no tendré nada que perder una vez termine mi cometido, sólo hasta que cumpla con todas mis promesas, sólo hasta entonces.

— ¿…Estás seguro?

—Completamente.

—…Está bien. —Jack soltó la daga y se recostó con tranquilidad en el suelo. Cuando Legosi le dio espacio fue que se puso de pie pero rápidamente se apartó, consciente de los apresurados pasos que resonaron por el pasillo instantes siguientes, trayendo el aroma de su mutua amiga—. Juno sabía mis intenciones, así que debo separarme pero observaré desde la distancia tu misión. Me aseguraré de que cumplas tus ambiciones sin fallar, y cuando termines ahí estaré. Más vale que cumplas tu juramento, Experimento. Porque aunque lo rompas iré por tu vida.

—Me parece bien. —Legosi le dedicó una sonrisa de irónica diversión, más Jack la eludió con facilidad dándole la espalda.

—Esto también lo hago por la memoria de mi mejor amigo, no creas que siento la más mínima compasión por ti o tu realidad.

Jack echó a correr hacia la salida opuesta al sonido de los pasos de la hembra, al mismo tiempo que Juno llegaba a la zona con la respiración agitada, encontrando a su compañero mascota malherido, así que ignoró a Jack por un momento mientras corría para revisar a Legosi, quien no tardó en asegurarle que estaba bien, que todo se había solucionado entre ellos, un argumento barato que no la convenció en lo absoluto.

—Jack no se iría sin más, Legosi —declaró con gesto severo, el lobo gris bufó aburrido con su patéticos intentos de encubrimiento; pensó que era de esperarse ya que ella y el labrador se conocían desde un largo tiempo atrás—. ¿Cuál fue el acuerdo al que llegaron?

—…Debes prometer que no se lo dirás a nuestros amos.

—Legosi.

—Esto es importante para el mejor amigo del antiguo Legosi, Juno. Si fueran conscientes de lo que sucedió entre nosotros, se interpondrán y no puedo permitir que ocurra eso.

Con sus palabras Juno se dio cuenta de lo que Legosi había pactado con Jack, y aun cuando no quería pensar en la posibilidad de que estuviera en lo cierto, necesitaba una confirmación a la vez que el hecho le aterraba. Agitó la cabeza frenéticamente de forma negativa mientras se frotaba un brazo de forma ansiosa.

—Oh, no. Legosi, tú no aceptaste darle tu vida.

—Está desesperado, cualquiera puede darse cuenta al verlo directamente a los ojos.

— ¡No puedes hacerme esto, Legosi! —Aquello sorprendió al macho—. ¿¡Cómo puedes valorar tu vida tan poco!? ¿¡No aprendiste nada!? ¡Esa noche tú…! —Juno se detuvo, dándose cuenta de lo que estaba diciendo, aturdida se llevó una mano a la frente, comenzando a frotarla en un intento por conservar su sanidad, la cual ya sentía lejana en este punto—. No… tú no eres… lo siento…

—Sin duda mi existencia les hace mucho daño, puedo comprender por qué Jack desea borrarme.

—No, no es tu culpa. —La loba se secó con fuerza las lágrimas que buscaron formarse bajo sus párpados—. Nuestro pasado no tiene nada que ver contigo, sólo te pareces a él, no eres él. La vida que posees, aunque sea artificial, te pertenece, no deberías sentirte obligado a devolvernos nada. Deberías elegir por ti mismo lo que quieres hacer y de qué manera, Jack y yo nos ocuparemos de nuestros propios problemas, así que no entregues tu vida sin luchar. Hablaré con él, haré todo lo que esté a mi alcance para detenerlo, no dejaré que te lastime.

—Gracias, Juno. —Legosi acarició con cariño la cabeza de la loba ante su comprensión, un gesto que hizo a la hembra sentirse abrumada por miles de sentimientos—. Como dices, soy dueño de mi destino, no importa que mi nacimiento haya sido fuera de lo convencional pero… por eso mismo he elegido ayudar en lo más que pueda a aquellos que mi existencia hirió, y si mi muerte logra sanar un poco del daño que Jack posee, estaré feliz de otorgársela.

— ¡Pero…!

—Está bien, Juno. —La sonrisa que Legosi le dedicó fue alegre esta vez, logrando que la tensión en el cuerpo de la loba se esfumara al fin—. Soy un arrogante, no puedo evitar que mi ego se desborde por sentirme el centro de tantas vidas, supongo que algo podré purgar en mi pésima forma de vida en cuanto vea a mi creador de frente.

—Eso dices pero, ¿cómo piensas explicarle a nuestros amos tu aspecto?

—Ah. Bueno… supongo que podré brindarles una verdad a medias, siempre que pueda contar con tu apoyo para esa tarea… ¿Me ayudarías?

—Eres un desastre —se rió Juno volviendo a negar con la cabeza.

— ¿Por favor?

—…De acuerdo —dijo después de pensarlo un momento—, sólo porque eres tú quien me lo pide.

Legosi suspiró aliviado como si tal suceso pudiese marcar un cambio importante en su vida, por su parte la carnívora se reconocía aliviada de poder ser amiga de alguien así. En realidad continuaba doliéndole el parecido que este lobo tenía a su pareja de vida, dudaba que recuperarse de este hecho fuese un trabajo fácil tanto mental como emocionalmente, pero podía aceptar la amistad de su espectro; era lo más sano para ella por el momento.

.

Volvieron junto a los ciervos después de decidir sus siguientes movimientos y les contaron lo sucedido, omitiendo el tema del acuerdo al que habían llegado ambos adversarios, tergiversando un poco el motivo por el que Jack había atacado a Legosi para que sus amos (en especial Azuki) no pudiesen sospechar. Entonces luego de darle un poco de atención a las heridas de Legosi, se pusieron en marcha, persiguiendo el rastro que Haru había dejado, mismo que parecía disiparse más cada minuto que pasaba, por ello mismo tuvieron que acelerar el proceso, cargando a los herbívoros por todo el camino; fue un poco vergonzoso para Louis ya que no estaba acostumbrado al trato ni siquiera por parte de sus leones, pero tuvo que resignarse a ser transportado por Legosi hasta finalizar el recorrido.

Todos estaban sorprendidos de que el aroma cruzara veredas en demasía solitarias, casi como si fueran secretas, alejándose cada vez más del centro de la ciudad rumbo a las orillas. Siendo tan alarmante como lo era el sendero, fue mucho más impactante enterarse de la zona pública a la cual llegaron, pues la gran cantidad de locales adornando la calle ofrecía una imagen de lo que debía ser durante el día; el barrio estaba limpio, por tal no se encontraban en los suburbios, sin mencionar que el enorme edificio que cerraba el camino se trataba de uno de los más nuevos.

—Corporación Colmillos —reconoció Louis en voz alta, Azuki se limitó a contemplar la lejana puerta sin advertir la manera en que sus dedos se arrastraron por la manga de su suéter de felpa.

— ¿Conocen al dueño? —quiso saber Legosi.

—Un poco —respondió Louis, removiéndose en la espalda del carnívoro para que este lo bajara, algo a lo que el lobo accedió sin perderlo de vista—. Tengo entendido que quien lo administra es el hijo, ya que su padre murió repentinamente y nunca se supo quién era la madre. Es la mayor empresa de farmacéuticas, aunque a veces invierten en la fabricación de distintos productos de limpieza y cosméticos, supongo que todo lo que tenga que ver con manejo de químicos. Puede sonar irresponsable pero nunca me había percatado de lo poco que él suele participar en las peleas durante el toque de queda... hasta ahora que lo pienso.

— ¿Qué tipo de mascotas suele adquirir?

—Eso es lo más extraño —puntualizó Louis—. Sé que no es amante de los carnívoros, aun así posee una gran cantidad de dragones de komodo, sin mencionar que suele utilizar carnívoros pequeños como roedores y sus semejantes para sus pruebas de medicamento.

— ¡Eso! —exclamó Azuki repentinamente, sobresaltando a su esposo y mascotas—. ¡Estaba especificado en uno de los papeles que me hicieron firmar cuando adopté a Legosi! ¡Los dragones!

— ¿Qué hay con eso?

—Los científicos de Carnivorous' Corporatiosn encontraron ADN de dragón de komodo en mi genética —explicó Legosi tras recordar la conversación que tales herbívoros habían compartido mientras él se encontraba en una jaula del laboratorio, en espera de los siguientes estudios que le harían—. Ellos estipularon que mi antiguo amo debió alterar mi sistema con el fin de que fuera inmune a su potente veneno, por lo que si el hijo del dueño de esta Corporación lo usó para crearme, tendría sentido que quisiera evitarse que muriera envenenado por causa de ellos durante mi estancia, eso explicaría también mi estatura. Como sabrá, no hay muchos lobos con mi tamaño, es descomunal. Al principio me tomaban por hibrido.

— ¿Quieres decir que todo este tiempo ha sido Melon tu creador?

—Jack mencionó ese nombre —rememoró Juno consternada.

—Es lo que parece —asintió Legosi mirando a su alrededor, sólo para ser golpeado por fantasmas de esas calles el día de su escape. Se vio a sí mismo empujando una enorme y pesada puerta, cruzando un patio rumbo a ese barrio nocturno, tambaleándose por el aturdimiento pero obligándose a seguir por el salvajismo alterándolo como adrenalina a causa de un enfrentamiento reciente, saltando alarmado por la menor sombra que cruzaba su campo de visión. Caminó, adentrándose inconscientemente a uno de los tantos callejones alrededor, recordando otros detalles a cada segundo—. Hay una puerta… —dijo—. Pero no se encuentra a la vista.

— ¿Qué quieres decir?

—El edificio que tenemos enfrente se conecta a uno de estos locales… pasé por un túnel… luego subí unas escaleras que me resultaron interminables… él, lo escuché decir que no le gustaban los intrusos, prefería mantener todo lo más discreto posible.

— ¿Sugieres que debemos ir a ese pasaje secreto para encontrar a Haru?

—No hay manera de que el captor de Haru quisiera llevársela por la puerta principal, debe haber muchos secretarios ahí —estuvo de acuerdo Azuki, pidiéndole con un gesto a Juno para que la bajara por fin—. Creo que mencionaste en una ocasión que Melon jamás cambió su personal, ¿cierto, querido? Ha mantenido a los mismos trabajadores desde que vivía su padre, lo cual sin duda es sospechoso ahora que sabemos trabajó en darle vida a mi Legosi.

—Sí, su comportamiento siempre ha sido excéntrico, aunque eso aplica en muchos de nosotros y es por eso que nunca llamó la atención. Tenemos derecho de mantener algunas actividades ocultas, por ello inició el juego entre magnates después de todo. Si existe algo que debamos solucionar a la fuerza, podemos hacerlo en privado.

— ¿Es posible hacerlo de un momento a otro? —inquirió Legosi interesado.

— ¿De la manera legal o ilegal?

—Cualquiera.

—Podría enviarle un mensaje exponiendo mi interés en recuperar a Haru y a su amiga, citarlo para un combate si la negociación no es posible y fijar una fecha próxima —comentó Louis cruzándose de brazos, conservando un semblante pensativo antes de sonreír maliciosamente en dirección al lobo—. O podemos únicamente esperar que se llegué el toque de queda para invadir sus instalaciones sin previo aviso, de la manera menos respetuosa posible.

—Si en verdad es su creador, lo que más debe importarle es recuperar a Legosi, no por nada Jack estaba tan preocupado en deshacerse de él en un principio —mencionó Juno, logrando que la ciervo saltara en defensa de su mascota con obstinación.

—No entregaré a mi Legosi.

—Ama Azuki —se quejó avergonzado el carnívoro macho, herido pero también conmovido por la convicción con la que la herbívora pronunciaba esas palabras.

—Ninguno de nosotros querría aceptar un intercambio de esa clase —admitió Louis, para diversión de Juno, que ya se esperaba una respuesta similar por su parte—. No nos queda de otra que ir por el rumbo ilegal, él no se merece ni siquiera un aviso, podemos culparlo por hacernos pasar por estas estupideces. ¿No estás de acuerdo, Legosi? —El lobo no pudo evitar sonreírle al ciervo, también divertido por el grado de complicidad que le estaba mostrando, distaba mucho de aquel que había conocido, ahora en verdad se reconocía aceptado; su cola se agitó a sus espaldas en consecuencia—. Queda un poco para que sea hora, necesitaremos refuerzos ya que no sabemos a cuantos carnívoros podríamos enfrentarnos considerando que ese oso llamado Riz parecía involucrado también. Azuki, ¿te importaría traer a mis leones?

— ¿Me prometes que se mantendrán a salvo mientras estoy de vuelta?

—Ya me conoces. Estaremos buscando alrededor por si encontramos el pasaje secreto que menciona Legosi —sonrió Louis, Azuki fingió ofensa.

—No puedo creer que vaya ayudarte a salvar la vida de tu amante.

—No estés celosa, después de esto estaré cortando lazos con ella, te lo aseguro.

— ¿Cuándo me ha importado? —bromeó dándose la vuelta para comenzar a caminar. En un principio Legosi se habría alarmado por la naturaleza del intercambio pero por algún extraño motivo esta ocasión no pudo sentirse incomodo, tal vez porque ya se estaba acostumbrando o porque en verdad parecía que la relación de ambos ciervos había mejorado a pasos agigantados, lo cual lo percibió extraño.

—Juno, acompáñala. Contigo irá más rápido.

La loba asintió y trotó para reducir la distancia que Azuki ya había abarcado en ese rato. Legosi las observó marchar mientras tanto, al menos hasta que sus heridas le hicieron quejarse. Lo sensato sería esperase que estas al menos cicatrizaran, pero tal se trataba de un lujo que no podía tomarse cuando su aliada se encontraba en un profundo riesgo; aquello era una emergencia que no se podía postergar. Además, poco menos podría importarle encontrarse sano si una vez cumplido su objetivo Jack tomaba su vida; Louis y Azuki desconocían el acuerdo, por ello le daba un poco de miedo que se llegara ese momento. Se preguntó entonces si soportaría ver las lágrimas empapar la fina cara de su ama, pues todo indicaba que lo quería mucho. Legosi se llevó una mano al corazón, recordando su rostro mientras compartían lecho. Sacándolo de sus cavilaciones, el ciervo le propuso empezar la mencionada búsqueda, el lobo no se negó.

— ¿Sabes, Legosi? Te estoy agradecido —dijo herbívoro de pronto.

— ¿Sobre qué, amo Louis?

—Nunca fuiste sumiso pero cuidaste muy bien de Azuki esa noche. —El carnívoro no pudo evitar tensarse por semejante comentario pero prefirió mantenerse en silencio para evitarse aumentar la incomodidad en su cuerpo—. Gracias a eso pude saltar un obstáculo en nuestro matrimonio.

—Hice lo que creí mi deber. Lo siento, no era mi intención…

—Está bien, todo mundo sabe que para eso son usados los carnívoros sumisos, nunca pudiste haber imaginado lo que en verdad te sucedía, así que te perdono si eso te hace sentir mejor pero, ya sabes, no tengo el derecho de quejarme.

— ¿Podría prometer…?

— ¿Hum?

—Lo siento, no se supone que yo posea la autoridad para ello pero, ¿podría por favor considerar cuidar mejor de ella si algo ocurriera esta noche conmigo? A pesar de lo que realmente soy, originalmente fui comprado por ella para actuar como su protector, su perro fiel, por eso… me preocupa que si algo llegue a pasarme podría sentirse sola. ¿Me promete honrarla en mi nombre?

—…Que insolente —bufó Louis con una sonrisa, pero deteniéndose a considerar las crueles posibilidades para hablar con la mayor sinceridad posible—. Lo haré. Escuchaste lo que dije antes, Legosi, no estaba mintiendo. Cuando todo esto termine cortaré mi relación sexual con Haru y me dedicaré totalmente a mi matrimonio porque… es posible que obtengamos un heredero.

— ¿Señor? —Los ojos usualmente tristes del carnívoro se iluminaron con sorpresa.

—No quiero adelantar juicios. Sin embargo, es posible que ella y yo engendremos un hijo, nosotros… no hemos podido conseguir uno desde que nos casamos. Espero este intento sea el bueno. Si llegara a suceder puede empeorar nuestra situación o mejorarla… y quiero ser positivo.

Legosi asintió sin saber de qué manera brindar sus ánimos sin sonar demasiado alegre o preocupado. Sabía que Azuki había usado protección con él y deseaba que se le cumplieran todos los sueños a su ama, así que el que Louis le estuviera hablando sobre una intimidad tan delicada le incitaba rezarle a cualquier divinidad en el cielo para que le cumpliese el milagro a sus amos, así aunque él se marchara para siempre, al menos se iría con la certeza de que su presencia en el mundo de estos herbívoros sirvió de algo.

.

Dolor era una sensación que le nublaba los sentidos, el dolor se convirtió en su escape, en un vicio supremo, mayor a la satisfacción que le generaba escuchar a otros gritar de terror, llorar de impotencia frente a sus crueles comandos en los laboratorios de su edificio. Para Melon aquella percepción era la única que realmente le hacía sentir que vivía, que merecía la pena, pues le era otorgada con la certeza de que continuaría andando al día siguiente con el ardor punzando en su carne, misma que se quedaría grabada en forma de una nueva flor de melón matizando su imperfecto ser. Como cada vez el perezoso hizo un excelente trabajo llevándolo al éxtasis más sublime, ayudándolo olvidarse de todo, de todos, lo que más quería hacer mientras yacía encadenado a ese mundo. Y habría permanecido naufragando en la droga del dolor más tiempo si su sección no hubiera sido interrumpida. El perezoso –lento como era– frenó su actividad con tan poca agilidad que el hibrido gruñó por lo que tardaría en devolver la cuchilla a su piel una vez se apartara y volteara hacia su interruptor. Melon estuvo listo para echar a su mascota reptiliana si ésta no hubiera formulado la única oración que podría obligar al jefe de la corporación Colmillos alejarse –o al menos postergar– su deseo masoquista.

—La coneja que deseaba capturar ha sido traída hasta aquí por Kyuu, ella se encuentra en el recibidor y quiere verle, amo.

—Esa maldita coneja —dijo con gesto aburrido—. Debería dársela de comer a los fenómenos que ocupan la misma habitación que nuestra carnada. Es una lástima que al final ni siquiera hubiésemos tenido que usarla.

—Sobre eso, ¿gusta que vaya a revisar si continua convida?

—Sí, haz eso, Savon. —Melon se levantó de la camilla, dejando en desconcierto al perezoso que todavía lucía suspendido en el tiempo—. Pero primero haz que lleven a mi amigo a su casa, continuará su trabajo otro día. ¿Escuchaste? —inquirió esta vez dirigiéndose al susodicho—. Mi siguiente tatuaje se quedara pendiente, esto es más urgente.

Melon emergió de la habitación junto al dragón que rápidamente envió a otro de su especie para que se hiciera cargo del tatuador, enviando a otro para que fuera en busca de Mizuchi si es que el conejo arlequín había conseguido salvarse de ser devorada por los carnívoros mutados. Sin muchos preámbulos bajaron hasta el recibidor de las oficinas, encontrándose a Kyuu fumando mientras se descansaba de la caminata sentada encima de su aun inconsciente presa.

—Esta es zona de no fumadores —le reprendió Melon con una sonrisa malvada.

—Finjamos que no estabas viendo —tajó ella apagando el cigarrillo en la pared antes de levantarse—, me lo debes. He trabajado horas extra esta vez e hice lo que tú no te habrías atrevido hacer de un momento a otro. Quiero mi dinero, Melon.

— ¿Cómo sé que no la mataste? —Kyuu se colocó detrás del cuerpo de Haru y la pateó para hacer quedar su rostro en dirección a sus anfitriones para evidenciar su respiración. Savon se apresuró en comprobar el estado de su fisionomía sin necesidad de que su amo lo señalara, y cuando comprobó que no habían huesos rotos ni otros daños salvo pequeños moretones, le dedicó una mirada al hibrido antes de asentir—. ¿Te vieron? —quiso saber el hibrido devolviendo su atención a su invitada que rápidamente arrugó la nariz.

—Las calles estaban solas y nuestros aromas fueron eliminados por los trajes que portamos. Todo en orden, así que dame mi maldito dinero.

—Debería despedirte por tu imprudente temperamento.

—Despídeme pero antes págame.

Riendo de forma acida, Melon chasqueó los dedos y al siguiente instante uno de sus trabajadores carnívoros ilegales se apareció en la zona portando un pesado maletín que entregó a su jefe para enseguida retirarse. El hibrido caminó hasta Kyuu entonces, mirándola a los ojos lo que pareció una eternidad para la coneja antes de que extendiera el brazo hacia ella. Kyuu tomó la agarradera del maletín pero al mismo tiempo el otro brazo de Melon la sujetó de la muñeca, logrando sobresaltarla y hacer que algo frío descendiera por su espalda, temerosa por el agresivo gesto.

—Después de esto no quiero volverte a ver —dijo dedicándole una sonrisa sombría—, así que más vale que en el momento que te suelte corras, porque si alguno de mis socios te atrapa terminarás igual o peor que tu querido amigo San. —Por primera vez desde que Kyuu había formado parte de aquel mundo y después de mucho tiempo surcando senderos peligrosos, sintió un honesto terror invadirla, rompiendo su actitud desafiante ante el presente conocimiento de lo que ese lunático con cornamenta era capaz—. Voy a contar hasta cien… muylentamente, el tiempo suficiente para que hayas salido de este lugar. Si para entonces no lo has hecho, espera un severo castigo por cada una de las faltas que cometiste durante tu estadía en mi equipo. ¿Quedó claro?

—…Vete a la mierda —susurró encolerizada pero manteniéndose prudente.

El hibrido formó una mueca cercana a una sonrisa burlona en sus labios pero demasiado tensa para ser sincera, lo que la hacía asemejarse más a una expresión feroz. Los dedos de Melon empezaron a abrirse, relajar el agarre. Kyuu tomó esa oportunidad para soltarse de golpe, entonces echar a correr a toda prisa hacia la puerta, ignorando los ascensores y saltando una gran cantidad de escalones para conservar el ritmo establecido en su marcha a la salida. Las sofisticadas cámaras funcionando captaron su imagen descendiendo de piso en piso, a la vez que las mascotas ilegales la vigilaban desde sus lugares, algunos entretenidos, otros simplemente feroces. Estresada con el pensamiento de que el recorrido era demasiado largo, se lanzó con todo y maletín a través de una ventana abierta llegada al tercer piso, ayudándose de sus herramientas como ejecutora para volver menos accidentada su caída; que bien que había decidido traer consigo la pistola con cuerda que usaba para escalar construcciones semejantes a ese, detestaría morir de una caída habiendo arriesgado su vida de la peor manera posible días previos.

Apenas tocó con los pies el suelo, Kyuu guardó como pudo el gancho mientras se apresuraba seguir corriendo lejos del edificio desde la parte trasera del jardín. Y Melon, que la estuvo observando a través de la pantalla de su celular, dejó que sus esperanzas de divertirse con ella se drenaran en cuanto emergió fuera de su territorio, así que suspiró devolviendo la vista al dragón quien parecía estar recibiendo alguna noticia importante de parte de uno de sus compañeros. Savon asintió al otro reptil para enseguida dirigirse al hibrido.

—La coneja que teníamos junto a los carnívoros mutados sigue en pie.

—Perfecto. Que la trasladen a las jaulas de los laboratorios superiores, nosotros nos haremos cargo de entrevistar a nuestra ansiada visita.

Sus subordinados no tardaron poner marcha a sus mandatos para que Melon finalmente enfocase toda su atención en la dulce coneja albina de enana estatura que fruncía el ceño entre sueños, no pudo frenar el impulso de acariciar su frente, dibujando un trazo entre su pelaje del rostro para terminarlo en su barbilla como si la estudiara, tratando de determinar el motivo por el que su creación la protegió aquella noche. ¿Qué tenía de especial? Sólo era una herbívora, frágil en aspecto, débil físicamente. La primera opción en la alimentación de mascotas criadas en cautiverio. ¿Cómo una criatura así terminó convirtiéndose en ejecutora? La cultura de los conejos sin duda poseía demasiados códigos contradictorios.

— ¿Dónde desea interrogarla, amo?

—En mi oficina personal.

— ¿Está seguro?

—Se lo debo por este abrupto encuentro que tendrá conmigo —dijo Melon mientras le sonreía con sus colmillos descubiertos—. Necesito que esté lo más cómoda posible si quiero que coopere.

— ¿Y si no lo hace?

—No preguntes algo que ya sabes, Savon —se mofó incorporándose sólo para alejarse del cuerpo inconsciente de Haru—. Haremos lo que esté a nuestro alcance, si eso no basta… —Melon se giró para mirar a su mascota por encima del hombro—, podríamos usar a su amiga después de todo.

— ¿Qué deberé hacer sobre la señora Akiko?

Melon dejó de caminar por un momento ante la mención de su progenitora. Unos momentos guardó absoluto silencio, sin estar del todo seguro lo que debía decirle a su mascota más fiel respecto a ella, ciertamente ni siquiera la había considerado. No era que su madre leopardo fuese ignorante de su deseo sobre convertirse en alguna de las dos especies que lo mezclaban, pero tras su última discusión ya no sabía de qué manera la iba encarar.

—Sólo ponla al tanto de nuestra situación y lejos de los laboratorios, si es posible me gustaría que la encerraran en su jaula… al menos hasta que todo se decida.

— ¿Señor?

—No la quiero cerca, Savon. Confórmate con eso.

El dragón asintió con cierta incomodidad en su semblante pero no hizo ningún comentario que afectase el control del hibrido, todo lo que a él y sus compañeros les correspondía hacer era bajar la cabeza cuando él dictaba orden. Ajustándose los guantes, el reptil se preparó para cargar a la herbívora enana rumbo a la oficina de Melon donde seguramente la pobre lo pasaría mal. Para su bien fornido cuerpo realmente no pesaba nada, así que pensó que quizás era el motivo por el que eran los conejos los únicos herbívoros exclusivos en el negocio de ejecutores. Siguió a Melon de cera y no se dijo nada en el resto del recorrido.


Notas Finales: Se acerca el final y el último enfrentamiento, juju. ¿Pueden adivinar lo que pasará? ¡Gracias por leer!