- Anda hijo, por favor. Te lo estoy pidiendo, hazlo por mi – Mikoto lloraba en el regazo de su hijo

- ¡Estoy diciendo que no! Ya déjame en paz, déjame en mi sufrimiento – Sasuke arañaba con rabia la posa brazos del mueble.

- Hijo, por favor, no te hagas esto. – tomo su mano – vamos a salir de esto, es difícil ahora, pero eres muy joven, tienes todo por delante

- ¿Vamos? – con su mano libre apretó la mano de su madre que se posaba sobre en el – No tengo nada por delante ¡ESTOY CIEGO! Soy un invalido, tu no. Soy un inútil, quien mierda va a aceptarme, soy basura para la sociedad – se levantó con fuerza del mueble y tiro a su mamá al piso.

Mikoto se quedó llorando amargamente en el piso, el dolor de su hijo era 10 veces más pesado para ella, prefería sacarse los ojos para dárselos al ser que más amaba.

Y no es que no se lo haya propuesto a los doctores, pero estos le dijeron un rotundo no.

Prefería morir antes de ver a su hijo vivir así y estaba loca por encontrar una forma de ayudar a su nene.

Estaba dispuesta incluso a quedarse en la miseria. Todos los doctores le dijeron que no había forma de ayudar a su hijo, el daño que tenía era permanente, irreversible, y los tratamientos experimentales por muy experimentales había que costearse muchas cosas.

Mikoto también sentía que su mundo se derrumbaba, estaba sola, había quedado viuda, los hermanos de su marido pelearon la herencia y el hijo escondido le peleo a Sasuke lo que le correspondía, y aunque quedaron con la mayoría ella era una amada de casa que no sabía administrar y no tenía gran idea de todos los gastos que su esposo hacía por mantener la casa, y la lujosa vida que les daba.

Tuvo que vender la casa grande porque era demasiado dinero el que requería, hizo recorte de personal y en su ignorancia no contaba con que los empleados la demandarían por la antigüedad y eso significo seguir gastando la herencia en otros.

Con muchos revolcones de la vida Mikoto se llenó de inseguridades y a las malas fue aprendiendo a como era en mundo de la gente sola. No tenía absolutamente nadie en quien apoyarse ni siquiera para un consejo. Todas las noches lloraba en su cuarto porque no podía con la soledad, la tristeza de verse sola con su hijo, el cual pintaba para tener una vida igual que de sola y triste.

El dinero poco a poco se iba, no sabía como desenvolverse en la vida y a veces sentía la necesidad de sentirse querida, apreciada o recibir alguna palabra de aliento. La soledad era muy dura, quien decía que disfrutaba de esta no había experimentado lo que realmente es estar solo en el mundo sin amigos, familia, sin cariño y con lo duro que es el mundo.

Así que todas emociones fueron una carga mucho más pesada cuando su hijo se quedó ciego, ella a veces deseaba morir, y si aún vivía es por el gran amor que le tenía a hijo, ella a veces no le encontraba sentido a su vida, ya siempre había estado rodeado se tristezas y soledad a pesar de que en su juventud tenía a su familia.

Había crecido sola después de los 12, ya que sus padres la mandaron a la ciudad a estudiar la secundaria, su única hermana la trataba muy mal, la insultaba, no la dejaba salir, tener amistades y tenía unos cambios constantes de humor que por lo más mínimo se molestaba. Recordó la vez que le amenazo con un cuchillo solo porque accidentalmente tiro algo.

Posterior a eso, ella se hizo responsable de sus padres en la vejez y eso también incluía los gastos médicos, las desveladas, las preguntas de sus padres por la ausencia de su hermana, etc.

Su vida solo tuvo mejoría cuando conoció a Fugaku, ella supo lo que es el cariño, comprensión, entendimiento y tranquilidad.

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Sasuke a tientas había llegado a su nueva habitación y cerró la puerta con un fuerte portazo. En su condición ya no podía subir las escaleras a su gran habitación. Ahora dormía en el cuarto de visitas, el cual había sido remodelado para su comodidad y condición.

Había llegado a su cama y se tiro en ella, no puedo evitar al sentir la soledad y escuchar el llanto de su madre lloro amargamente, fuerte, sonoro y lastimero. Jamás pensó que experimentaría algo tan horroroso como ver el mundo y en un momento ver solo oscuridad. Él quería recuperar su vida, pero sabía que estaba condenado a jamás volver a mirar los colores, las formas y los rostros.

- ¿Por qué no morí? – dijo entre un doloroso llanto rasposo. – Quiero morir, quiero morir, quiero morir

Era su mantra, Sasuke no sabía pensar en otra cosa que no fuera la muerte. Todos los días en su mente revivía su vida, sus amigos, su universidad, ver sus manos en el volante de su auto, ver su hermoso y atractivo físico, sus citas y aventuras con las chicas… ver el mundo como la gente normal.

Solo en su mente podía ver todo lo que jamás podría volver a vivir y pensar eso cada día de su nueva vida estaba acabando física y mentalmente con él.

Muchas veces pensó matarse. Una noche se levantó de su cama y fue al baño, levanto el brazo para sentir si en la regadera estaba el bastón en el que cuelgan la cortina del baño. Al sentirlo se imaginó que podía ir a sacar alguna sabana o cinturón, amarrárselo al cuello y colgarse. Lo podía ver tan real que hasta sentía algo liberado dentro de él. Pero al poco tiempo imagino el horror y dolor que sentiría su madre al verlo colgado en el baño, imaginaba la cara que pondría y sabía que ella no podría reponerse a algo tan doloroso e impactante como ver como un hijo se suicidó.