Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Aclaraciones: Mundo Alternativo. Fantasía. Cazadores de Demonios y Espectros.
Advertencias: Este trabajo tendrá contenido maduro, dominación, actos explícitos, distintas parafilias y muchos más. Y MadaHina así como IndraHina. Sobre aviso no hay engaño. Ustedes dieron clic, no me culpen.
No Mercy
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Segunda Noche de Caza
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Estar ante la merced de un mortal no formó parte de los planes de Hinata para esa noche. Solo buscó algo qué comer y recuperar un poco de energía. Ahora mismo se arrepentía de haber salido del refugio; de no haberlo hecho, probablemente se encontraría a salvo, sin sentir el ardor de las cadenas quemándole hasta el hueso.
Él continuaba inspeccionándola, colocando a Hinata cada vez más nerviosa por los planes no dichos del cazador. Aunque no tenía que pensar demasiado: iba a matarla. No habría piedad para un ser como ella. Los humanos sentían un natural desprecio hacia cualquier creatura que pudiera poner en peligro su bienestar y tranquilidad.
No hablaba por todos pero en ningún momento quiso hacerle daño a nadie; no formaba parte de su naturalidad a pesar de ser una más del abundante linaje demoníaco que existía en el Inframundo. Nunca sintió apego por disfrutar del sufrimiento aunque dicha filosofía era una de las tantas enseñanzas que se les impartían cuando los cuernos apenas les brotaban de la cabeza.
Sin embargo suplicar por su vida no le serviría de nada; jamás sería escuchada. En el Mundo de los Vivos ella no tenía voz, especialmente cuando estaba débil. El único consuelo para Hinata en esos momentos era que el cazador terminara rápido con la ejecución.
―¿No vas a dar a pelea? ―Madara se cuestionaba el por qué la demonio estaba tan quieta, como si no quisiera recobrar su libertad; entendía que las esposas sumergidas en agua bendita podían resultar una incomodidad para cualquier otro espectro, pero teniendo la cantidad de poder que esos seres de la oscuridad eran dotados mediante la voluntad de su Señor Oscuro, se le hacía raro no verla hacer el mínimo intento.
Sabía que era la misma muchacha con la que se topó en el callejón la noche anterior; esos ojos perla eran inconfundibles. Al principio no tuvo sospechas de que ella pudiera tratarse de un monstruo de los que cazaba porque no desprendía energía demoníaca, más Madara no pudo dejar de pensar en qué hacía una simple chica sola, durante la noche y fuera de casa en la hora de queda en toda la Capital. No solo estaba arriesgando el pellejo de convertirse en el bocadillo nocturno de un espectro, sino también de que la Iglesia le aplicara una elevada multa por desobedecer las leyes.
Dejó pasar el encuentro. Madara pensó que no volvería a encontrarse con la mujer de nuevo; no creía que ésta fuera tan estúpida para volver a salir otra vez en la noche.
Pero se equivocó porque ahora la tenía arrinconada, con la piel ardiéndole por las esposas, la mirada perlada de ella fija en su cara y un halo sobrenatural nada propio de un simple mortal.
No era humana, eso podía sentirlo en los huesos. Y a pesar de que ella no tuviera el mismo aroma nauseabundo que cualquier otro monstruo que había degollado, eso no evitaba que Madara la considerara una belleza inhumana.
―Yo… ―Hinata decidió hablar después de tragarse el miedo, aunque volvió a desviar rápidamente los ojos. La mirada oscura del hombre era tan pesada y abrumadora―. U-Usted tiene una gran ventaja sobre mí en estos momentos… E-Es obvio que de nada servirá si intento dar pelea… ―musitó, sintiéndose tan patética por confesar abiertamente su debilidad.
Madara expresó escepticismo de escuchar eso de parte de la demonio. Ningún espectro diría tales cosas, ni aun estando a punto de ser rebanados por una espada. Eran tan orgullosos, probablemente el único parecido que tenían con los humanos. Preferían perecer que admitir la derrota contra un mortal.
―¿De qué raza eres? ―se puso a detallar sus rasgos, notando que su piel era clara como la leche, ojos llamativos, demasiado singulares y extraños para que un enviado del Mal los poseyera.
Durante sus legendarias batallas Madara se enfrentó contra un par de fuertes contrincantes femeninos de distintas razas de monstruos y demonios. No solo debió esquivar los golpes violentos hacia su dirección, sino también lidiar con los hechizos que le lanzaban para debilitarlo o jugar haciendo uso de su manipulación sobre la lujuria y dominarlo. Era bastante común que las Ejecutoras Oficiales de las Tropas Infernales de los Señores Oscuros se alimentasen de la fuerza vital de los humanos, especialmente jóvenes; el género no importaba siempre y cuando el prospecto estuviese en buena salud.
Madara había observado el cómo los demonios le robaban a los humanos no solo sus almas por medio de un contrato, sino por la extracción de toda su esencia. El método podía lucir placentero pero el final no era agradable.
Las salas principales de los castillos de esos seres se llenaban de cuerpos marchitos. Quienes sobrevivían de convertirse en la cena diaria de la diablesa a cargo eran aquellos que éstas consideraban buenos amantes, capaces entretenerlas; si no se rompían primero.
El demonio que tenía frente suyo tenía facciones femeninas y no era ningún embrujo o ilusión. Lo pudo comprobar al dar un fuerte apretón a uno de sus pechos, logrando sacar una exclamación sorprendida de la morena quien abrió desmesuradamente los ojos.
―¡¿Q-Qué hace?! ―solo hasta ese momento Hinata se removió, nerviosa de tener el contacto de esa persona encima. Él descaradamente le tenía la mano colocada en uno de los pechos, que seguía apretando, como si quisiera comprobar algo que ella no entendía―. ¡D-Déjeme!
No era solo la vergüenza lo que hacía temer a Hinata, era también el cómo su cuerpo estaba reaccionando ante la cercanía del hombre.
Había pasado tanto tiempo sin tener compañía, y la lujuria de un demonio dedicado al puro placer sexual no era algo con lo cual jugar a la ligera; todos sus poros estaban increíblemente sensibles así como sus sentidos. Los dedos masculinos apretarse contra la suave textura de su piel atrapada bajo su atuendo la hacían estremecer.
Al querer retroceder Hinata se percató que no tenía escapatoria, la pared le mantenía atrapada entre el cuerpo del cazador y su nula capacidad de escapar.
―No has adoptado otra forma ―dedujo al quitar la mano después de sentir la suavidad y firmeza de esos senos―, eso deja en claro que eres un demonio femenino ―Madara llevó una mano a su barbilla, recapitulando en su mente el manual completo de demonios que recordaba, buscando el término correcto―. Por cómo tus pezones se pusieron erectos y la reacción que tuviste cuando puse mi mano sobre una de tus senos… Eso me dice que eres un espectro demasiado sensible al contacto físico ―chasqueó los dedos, mostrando una sonrisa ladina―. Sí, definitivamente una súcubo.
Hinata tragó duro por no hallar manera de contradecirle. Aparentar ser humana cuando las esposas la estaban lastimando no le serviría.
―L-Lamento haberlo molestado… ―Hinata suplicó―. N-No era mi intención caer en su habitación ni causarle tantos problemas… Yo solo…
―No he terminado, ¿quién te dijo que podías hablar? ―demandó él saber, exigiendo con solo una frase guardar silencio, provocando en Hinata un temblor sacudirle completamente.
Por el tono de voz del cazador acató rápidamente; apreciaba su vida, incluso como súcubo.
Le gustaba el Mundo de los Vivos por lo colorido que era a comparación del sombrío lugar del cual provenía, donde los cielos no adoptaban tonos celestes ni pasteles o claros dependiendo de las diferentes etapas del día, sino que siempre se mantenían del mismo color rojizo. La vegetación era hermosa a pesar de no poder apreciarla durante el día y la fauna le hacía sentir tanta paz. De no ser por su propósito, jamás habría conocido tan bello lugar ni dejado atrás su hogar de toda la vida.
Pero era seguro que esa noche Hinata moriría. Por mano de ese hombre o por la Guardia Nocturna si él decidía, al final, entregarla.
―Eres obediente ―remarcó Madara con interés. Los demonios y monstruos solían contestarle, incluso insultarle. Ella lucía… dócil―. De haber sido otro espectro, ya estarías atacándome en estos momentos.
―No puedo usar mis poderes… ―se excusó, viendo que no tenía caso mentir ni ocultar su debilidad―. No me encuentro en el mejor estado para liberarme de usted.
―Eso explica porque no puedo percibir de ti nada de energía ―teorizó Madara al escuchar a la súcubo―. La primera vez casi logras engañarme, pero tuviste la mala fortuna de volver a reencontrarte conmigo. Bien. Hora de hacer mi trabajo…
Él puso el crucifijo de plata cerca del cuello de Hinata, con el sonido seseante rozarle la yugular.
―¿Estás sola o trabajas en grupo?
―Sola ―jamás delataría la ubicación de sus hermanos ni de sus mejores amigos.
Hinata podía ser muchas cosas pero jamás una traidora.
―Sé que mientes ―señaló él―. Sin ayuda no hubieras logrado sobrevivir. Los súcubos se alimentan de los deseos sexuales de los hombres a través de los sueños e ilusiones en los que tu especie los atrapa. Y en vista de que tú no tienes nada de energía delata que no has conseguido alimentarte bien. Las treguas entre demonios son raras pero no imposibles. Seguramente un par de espectros tuvieron compasión de ti o lograste convencerlos de cuidarte a cambio de una buena sesión de sexo…
Decirle aquello directamente, tan brusco y vulgar coloreó las mejillas de Hinata de puro coraje. No podía luchar contra el estigma que los humanos tenían sobre su especie cuando su Señor Oscuro pertenecía al Círculo de la Lujuria, pero jamás usaría esos trucos para ganarse el favor de Shino y Kiba a quienes no solo les debía la ayuda, sino también eran sus primeros amigos.
Ellos la habían tratado tan gentilmente que no fue complicado pagarles de la misma manera a pesar de no poder ayudarles completamente debido a su actual estado.
El cambio de colores en el rostro de ella hizo a Madara comenzar a sentirse interesado. ¿Una súcubo sonrojada? Eso era un suceso raro. Y llamativo. Jamás pensó que podría ver a una diablesa de la lujuria colorearse por sus palabras. Generalmente éstas se regocijaban con orgullo de sus habilidades e influencias sobre sus víctimas. Pero ella lucía totalmente avergonzada y ofendida.
―Oh, ¿acabo de faltarte al respeto?
―Si va a terminar con mi vida, hágalo. No valdrá la pena sacarme información que no conozco. Vine sola y he estado sobreviviendo a costa mía. Sola.
―Matarte fue la primera opción que pasó por mi mente, lo admito, pero ahora ―Madara sonrió, entretenido. Era la primera vez que mantenía una conversación interesante con un espectro que no se lanzaba directamente a él buscando acabarlo con sus poderes sobrenaturales o usar su magia como un as bajo la manga para tenerlo de rodillas. Era genuino interés lo que esa pequeña diablesa le hacía sentir―, viéndote tan débil ―retiró el arma bendita― me hace darme cuenta que no sería divertido terminar con tu vida. Demasiado fácil.
Hinata no estaba entiendo a ese cazador. ¿Ahora no quería matarla? ¡Entonces por qué la necesidad de asustarla y ofenderla!
―No, no ―negaba, no queriendo imaginar qué macabros planes tenía en mente ese hombre―. Máteme ―pidió, queriendo volver a poner el arma sobre su cuello. Si éste la mantenía con vida, no quería adivinar a qué tipo de torturas querría someterla para confesar dónde se hallaba el sendero que conducía al Inframundo o el refugio donde Shino se protegía del Sol y Kiba dormía cómodamente para recuperar energías―. H-Hágalo…
―Matar demonios débiles no es mi estilo ―Madara recogió unos cuantos destrozos que esa demonio ocasionó con su singular entrada; el pago por rentar la habitación en esa posada iba a elevarse, sin duda―. No tiene caso degollarte si no das pelea. Sería… ―hizo una mueca― injusto.
―No… ―Hinata fruncía sus delicadas cejas, buscando comprender al hombre―. No le estoy entendiendo, señor…
―Madara, puedes llamarme Madara ―se presentó sin mucha formalidad, dejando a Hinata aún más confundida.
Ella carraspeó, intentaba lidiar con la situación. ¿Eso ocurría con todos los demonios que estaban a punto de ser asesinados? Siempre imaginó que sería algo más terrorífico y sangriento.
―P-Prefiero no faltarle el respeto al llamarle por su primer nombre, no sería apropiado…
Madara soltó una risa por lo dicho por la mujer. ¿Un demonio hablando sobre qué era o no apropiado?
―Hay muchas cosas que no son apropiadas en este mundo, pero no creo que decirme por mi nombre sea una de ellas ―pateó un pedazo de ladrillo, cerrando la ventana con lo que quedaba de cortina, protegiéndolos del frescor nocturno―. ¿Y tú, tienes nombre?
―C-Creo que dar a conocer nuestros nombres en mitad de una ejecución no sería…
―Te dije que no voy a matarte ―afirmó él.
Hinata quedó sorprendida por la confesión, pero rápidamente se recuperó al intuir que ese cazador tenía otra intención. Nadie en su sano juicio le perdonaría la vida a un espectro.
―¿E-En serio?
―No así, al menos ―dijo al girarse. Frente a frente, viéndola arropada por esa gabardina, Madara recorrió lo que esa ropa ocultaba. Apostaba a que ella estaba dotada con perfectas curvas, y por la manera en la que sus dedos se hundieron en su cremosa piel, no dudaba que toda la silueta femenina fuera una perdición total―. Necesitas recuperar energía, solo así podrás dar pelea y de ese modo te daré una muerte más justa.
―¿E-Está tratando de decir que me dejará marchar para que pueda recuperar mi energía y después vendrá a matarme…? ―si los Cazadores se comportaban como el dueño de cabello índigo, no le extrañaría el por qué las personas decidieron poner toda su fe en la Guardia Nocturna.
Madara rio por segunda vez. Ah, esa demonio era divertida.
―¿Dejarte ir? ―otra risa más ronca―. ¿Quién habló sobre dejarte ir?
―P-Pero usted… ―tartamudeó por el cómo él cambiaba de opinión―, usted dijo que…
―Dije que necesitas recuperar energía, sí, pero nada de dejarte marchar.
―E-Entonces, ¿cómo pretende que…?
―¿No eres una súcubo muy inteligente, verdad? ―preguntó Madara con una ceja en lo alto, caminando hacia la fémina, quitándose en cinturón en el camino y logrando que las pupilas de Hinata se dilataran por los movimientos del hombre―. Voy a dejar que te alimentes de mí.
―¡E-E-Espere! ―aun aprisionada Hinata se puso a la defensiva para detener los pasos de ese hombre, mirando a otro lado que no fueran esas masculinas manos con las venas remarcadas y lo atractivo que lucía al deshacerse de su cinturón…
«¡¿En qué estás pensando, Hinata?! ―se gritó internamente por el camino que sus pensamientos tomaban. Debía mantener el control sobre sí misma, no dejar que su lado necesitado tomara las riendas de su cuerpo. Estaba en un momento crucial, de vida o muerte, ¡no era el momento de destacar los puntos atractivos de ese cazador!».
―¡¿P-Por qué me ayudaría?! ―quería correr pero la pared seguía igual de firme que al principio, y no tenía las habilidades de los fantasmas de traspasar cosas sólidas―. ¡E-Eso no es algo que los cazadores hagan! ¡A-Además, liarse conmigo le haría ganarse m-muchos problemas…!
―La ley de esta ciudad no me afecta ―se excusó con facilidad―. Trabajo en solitario. Mis decisiones solo me afectan a mí, a nadie más.
Madara colocó las manos en los costados del súcubo, impidiéndole la huida. El cuerpecillo de ella respingó a modo de respuesta, con las mejillas más rojas y los ojos titiritar.
―Usted… ¿Usted quiere que me alimente de su energía…? ―tal propuesta era bizarra, hasta Hinata quería reír por lo ridículo que eso sonaba.
¡Un hombre dejando que una súcubo le succione toda la energía!
―¡¿E-Está loco?!
―La locura ha convivido conmigo en casi todos mis viajes, podrías considerarnos fieles compañeros.
―¡N-No bromee con esto! ―Hinata elevó la voz, sintiendo que el cazador ignoraba deliberadamente sus reacciones, como si no fuera importante ser consciente de las consecuencias―. ¡¿Sabe lo que le pasa a los humanos cuando una súcubo o íncubo se alimenta de ellos…?
―¿Además de tener los mejores orgasmos…?
―¡E-Eso no importa! ―negó con fuerza, avergonzada de que él no tuviera pelos en la lengua para decir lo que pensaba, ¿desde cuándo los humanos eran tan descarados? Su Señor Oscuro jamás le advirtió sobre la indecencia de los mortales―. P-Puedo terminar con su vida… N-No, no voy a correr el riesgo de ponerlo en peligro.
―¿Acaso me estás subestimando? ―cuestionó Madara con seriedad. Tomo el mentón de ella y lo elevó.
―¡N-No lo hago! S-Solo le estoy dando a conocer las consecuencias de su… De su bizarra propuesta. Y-Ya le dije, si quiere matarme, hágalo. No pondré resistencia.
―Y eso precisamente es por lo cual no lo haré. ¿Aprovecharme de un demonio débil? Eso hará manchar mi historial de victorias. Así que deja de ser tan terca. Necesitas comer, ¿no? Así que tómame.
Hinata abrió la boca para decirle nuevamente que estaba chiflado. ¡Bien, bien chiflado!
La locura y él eran uno mismo.
―¡M-Me niego!
―Tus pezones dicen otra cosa…
―¡D-Deje de meter mis pezones en esta conversación! ―involuntariamente se tapó esa parte que la delataba, tratando de imponer una barrera que pudiera protegerla de la mirada ónix de su actual atormentador―. ¡N-No voy a alimentarme de usted!
―¿Acaso tienes otras opciones? ―el rostro de Madara se acercaba más al de Hinata, respirándole prácticamente encima.
Sentía cómo ella se hacía cada vez más pequeña y las palabras que la pelinegra en un principio soltó llena de seguridad, más ahora ahora quedaban atoradas en su garganta
―¿Seguirás buscando por estos lares a alguien que pueda darte lo que necesitas? Mira cómo aterrizaste en mi alcoba. ¿Cuánto llevas sin comer, uhm? ¿Días? ¿Semanas…? ―Madara delineó con las yemas la fina mandíbula, sintiendo tan tersa la piel como seda de la más alta calidad; si eso era solo su rostro, la perspectiva de pasearse por toda esa piel le hizo sentir ansioso―. ¿Meses…?
―E-Eso no le incumbe…
―Qué adorable contrariedad eres ―Madara se permitió burlarse de la poca firmeza de la súcubo quien aparentaba no estar cayendo con sus caricias.
Podía reconocer que tenía una voluntad fiera, pero el temblor en sus curveadas pestañas indicaban que no le era indiferente.
O quizá estaba tan hambrienta, solo que le costaba admitirlo. Solo era cuestión de presionar un poco más.
―Primero te ocultas tras la imagen inocente de una damisela en peligro, después apareces como una indeseada invitada que perturba mi tranquilidad, me pides dejarte tranquila, imploras que acabe con tu vida en cuanto amenazo con dar con quienes te dieron la mano para sobrevivir y ahora niegas tus verdaderos deseos. Pensé que los súcubos eran los más honestos con respecto a sus emociones ―quitó la capucha que le impedía apreciarla con totalidad.
Y mierda, era preciosa.
La noche anterior no pudo apreciarla como debía, pero ahora, teniéndola tan cerca, al alcance de su roce, su cabello nocturno era como una cortina que hacía destellar su belleza. Había tenido encuentros con hermosas mujeres pero la hermosura de esta creatura era irreal, incluso para su propia especie.
Madara rio.
―No te preocupes tanto por mí, Señorita Súcubo, estoy seguro que podremos beneficiarnos mutuamente por esta noche. O al menos hasta que logres recuperar toda tu energía y así darte una caza digna.
Hinata pegó más la cabeza contra la pared, deseando que el contacto cálido de él se desviara, no obstante al sentir cómo éste le pegaba su sensible piel todo el cuerpo padeció una poderosa reacción.
El tatuaje en su vientre bajo se activó y cada trazo ardió más que las esposas.
Se alarmó porque eso solo podía significar que el rito de alimentación comenzó.
¡Su propio cuerpo reaccionaba voluntariamente a la propuesta de muerte de ese hombre!
Si tan solo tuviera la justa experiencia estaba segura de colocar las cosas a su favor y huir. Incluso asesinar al cazador en medio del acto.
Pero la diferencia que marcaba una división entre las habilidades de sus hermanos y ella era que seguía siendo virgen.
¡No sabía nada de cómo brindarle placer a un hombre!
De todas las posibles víctimas que pudo tener, ¿por qué tuvo que ser ese hombre?
