—¿Mi hijo estuvo apunto de ahogarse?— Preguntó Sora sorprendida.

—Tristemente si.— Respondió Hikari— Fue una tragedia.

—¡Oh no!— La pelirroja exclamó preocupada— P-pero ¿se salvó? ¿cómo está?

—Él en estos minutos se encuentra bien y fuera de peligro.— Habló la Yagami— Gracias a la señorita Mimi.

La madre de Kiriha alzó una ceja sorprendida— ¿Gracias a Mimi?— Preguntó sorprendida— ¿La chica de bucles?

—Si.— Respondió Hikari— Ella se lanzó al agua a salvar al príncipe y lo logró.

¡Vaya! No se esperaba esa declaración, se suponía que ella era una de las otras cuantas mujeres que querían quitarle a su esposo y lugar como mujer principal. No esperaba que salvara a su hijo. Bueno de alguna forma debía ganarse a Yamato ¿no? De seguro le darían recompensa.

—¿Dónde está mi hijo?— Preguntó Sora— Quiero verlo.

—Él está en los apocentos centrales del sultán.— Contestó la Yagami.

—Quiero verlo.

—Lo siento, sultana Sora, pero eso no será posible.

—¿Por qué no?— Preguntó la pelirroja.

—Porque el sultán ordenó que por favor nadie los interrumpiese.

—Yo soy su madre, tengo el derecho de ver como está.

—Sultana Sora, no creo que sea buena idea que vaya en contra una orden del sultán.— Habló Hikari.

—Lo lamento, pero nadie me dirá que hacer o no cuando trata de mi hijo.— Respondió la pelirroja antes de alejarse.


Yamato observó a Mimi y a su hijo, quienes estaban siendo revisados por la médica.

—Al parecer todo está bien mi sultán.—Declaró Yoshie Kalfa.

—¿Está segura?

La mujer asintió— Su hijo tragó agua, no obstante, ahora puede respirar con facilidad.—Contestó— Lo mismo ocurre con la joven. sin duda alguna fue un suceso lamentable, pero no se preocupe, ellos están bien.

¡Que bien!

De verdad estaba preocupado por su pequeño hijo, su ¡único hijo! Kiriha, no lucho tanto como para perderlo ahora por un descuido.

Mimi simplemente bajó la mirada y se aferró a la manta que le dieron, moría de frío, su cabello estaba húmedo, sino se secaba pronto probablemente se resfriaría.

Dirigió su mirada hacia el pequeño, temía porque se resfriase.

Él también continuaba mojado, lo mejor sería que pronto se cambiará de ropa.

—Para evitar resfriados es necesario que se cambien de ropa y tomen algo que lo haga entrar en calor.—Finalizó la médica.

—Comprendo.— Respondió Yamato— Me encargaré que eso haga.

—Muy bien mi sultán.— Declaró la mujer antes de guardar sus cosas y hacer una reverencia—Permiso, me retiraré.

El rubio asintió, así fue como la médica se retiro del lugar dejando a Yamato junto a Kiriha, Taichi y Mimi.

El sultán se acercó a su hijo y posó su mano en su cabeza— ¿Te sientes mejor, pequeño?

—Sí padre.— Contesto el príncipe— Ahora estoy mucho mejor.

Escuchar eso era bueno. De verdad se preocupó al verlo todo mojado y llorando.

—¿Cómo es posible que estuviera el jardín estuviera desolado?— Preguntó Yamato— Se supone que el jardín del harem debe estar custodiado por agas o kalfas.

—No lo sé mi sultán.— Contestó Taichi—Pero hablaré con los agas para que nunca más ocurra.

—¡Claro que no debe volver a ocurrir!— Exclamó el oji-azul— Si esto vuelve a suceder, no tendré compasión y todos mis servidores sufrirán las consecuencias.

No gastaba tanto oro en ellos como para que no cumplieran con sus labores.

Justo en ese minuto la puerta sonó y en el lugar ingresó un aga, quién hizo una reverencia.

—Permiso mi sultán.— Habló el hombre.

—¿Qué ocurre?

—La sultana Sora se encuentra afuera.— Respondió el aga— Quiere ver a su hijo.

—Dile que entre.—Contestó el sultán.

El aga asintió y salió del lugar, así fue como a los pocos segundos apareció en el lugar la mujer pelirroja.

—Buenas tardes mi sultán.—Sora hizo una reverencia y luego dirigió su mirada a Kiriha— ¡Hijo!

—Madre.

La sultana se acercó al pequeño y lo abrazó— ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? Me enteré que casi te ahogaste.

—Sí madre, casi me ahogo.— Respondió el rubio.

—¿Cómo?

—Estaba corriendo en el jardín, sin querer tropecé y caí al lago por el barranco.—Contestó el oji-azul.

—¿Corriendo?—Preguntó la pelirroja— Debiste tener más cuidado hijo.— Lo abrazó.

—Una tragedia fue lo que ocurrió Sora.— Musitó Yamato— Una que pudimos lamentar debido a tu irresponsabilidad.

¿Qué?

La sultana dirigió su mirada hacia el sultán sorprendida.

—Como su madre es tu obligación estar al pendiente de tu hijo.— Habló el rubio con firmeza— Y si tú no puedes, tienes el deber de verificar que Kiriha esté acompañado de una kalfa, aga o persona de confianza que cuide de él ¡No dejarlo a deriva!

—M-mi sultán, yo me preocupo por nuestro hijo.

—No se nota, hoy estaba solo cuando estuvo apunto de ahogarse.

La pelirroja hizo una mueca— Se supone que él estaría en clases con su instructor de lectura y estaba acompañado por mi kalfa, no sé qué pasó, pero yo me encargué de qu estuviese protegido.

—¡Evidentemente no hiciste bien tu trabajo!— El hijo de Natsuko alzó la voz furioso—Si no fuera por Mimi, ahora lo estaríamos lamentando.— Declaró Yamato— Y sería en gran parte tu culpa.—Sentenció—¡Como madre, tú única labor es estar al pendiente de nuestro hijo!

La pelirroja bajó la mirada totalmente apenada y arrepentida.

Kiriha hizo una mueca— Padre la verdad es que...—Suspiró— Yo luego de terminar mi clase no quise esperar a mi kalfa, quería ir a ver a Mimi y me escapé.

¿Qué? ¿Se escapó?

—Mi kalfa nunca supo donde estaba porque corrí antes que me viera.— Contestó el pequeño.

—Pero, Kiriha, eso no está bien.—Habló Yamato.

—Lo sé padre.— Respondió el príncipe.

—¡Nunca más lo vuelvas a hacer!— Exigió el sultán enfadado—Casi ocurrió una tragedia por tu irresponsabilidad.

Kiriha bajo la mirada—Lo siento.

Sora abrazó a su hijo—Por favor, mi sultán, no se enoje con él.—Rogó—Es un niño y no sabe lo que hace.

Sí, tenía razón. No obstante, eso no justificaba que igual tuviese culpa él, su madre o las personas que debían cuidarlo.

Yamato se mordió el labio inferior y observó enfadado a la sultana, luego a su hijo.

—Como sea, Kiriha debe aprender a actuar con sabiduría.—Declaró el sultán —Así como tú, Sora debes estar más pendiente de él y debes asegurarte que todos nuestros empleados cumplan sus labores protegiendo a nuestro hijo.

—Lo sé, mi sultán, y lo haré.—Contestó la sultana—Estaré más pendiente de Kiriha y de mis criadas. Le aseguro que esto no volverá a pasar.

—Eso espero.—Musitó Yamato.

Porque si esto volvía a ocurrir, ella también sufriría consecuencias.

—Por favor, Sora, llévate a Kiriha a su habitación, has que duerma temprano y por favor, nunca más lo vuelvas a descuidar.— Yamato le ordenó a la sultana.

La pelirroja hizo una reverencia— Sí su majestad.

Fue así como volteo hacia el pequeño y estiró su mano— Vamos hijo.

Kiriha asintió, se levantó de su sitio, tomó la mano de su madre e hizo una reverencia frente al sultán— Adiós padre.—Luego volteo hacia la criada— Adiós Mimi.

—Adiós.— Respondió la castaña.

Fue así como Yamato quedó en la habitación con Taichi y Mimi.

El rubio dirigió su mirada hacia la joven, quien ante esto se levantó de su lugar e hizo una reverencia.

—Sultán, creo que será mejor que me retire.—Musitó la oji-miel.

—No, Mimi, no te vayas.—Contestó el rubio.

La castaña alzó la mirada sorprendida—Pe-Pero, me quiero cambiar de ropa...

—Tranquila, podrás ir a cambiarte.—Respondió el oji-azul—Sin embargo, antes quiero agradecerte por haber salvado a mi hijo.

—¿E? N-no es necesario que me agradezcas.—Contestó la joven.

—Claro que sí.—Exclamó Yamato—Salvaste la vida de un príncipe de la dinastía otomana, eso significa mucho.

—No lo salve porque fuera un príncipe.—Musitó Mimi— Lo salve porque es un niño al cual le tomé cariño durante este tiempo que he estado aquí.

Sí, se notaba que ambos estaban encantados con el otro.

—Aún así, ese detalle no le cambia el valor. Salvaste a mi hijo, Kiriha y por eso estaré siempre en deuda contigo.—Contestó Yamato—Dime ¿qué quieres a cambio?

—¿A cambio?— Preguntó Mimi.

—Por haber salvado a mi hijo.

—No es necesario, no lo hice porque quisiera algo a cambio.—Respondió la chica.

—Claro que sí. dime ¿qué quieres?

—Quiero mi libertad.—Respondió la castaña.

Yamato hizo una mueca— Lo siento, eso no será posible.

—¿Por qué no?

—Ya sabes la razón.—Contestó.

Miles de veces le dijo la principal causa de su venida hasta aquí y porque no podía irse de ese lugar.

—Pero, usted es el sultán, puedes hacer lo que quiera.

—Sí, pero mi hijo te quiere y dudo que esté muy alegre al ver que te dejé ir.— Habló el rubio.

Mimi hizo una mueca ante esto, lamentablemente Yamato tenía razón. Su peor pesadilla era pensar en romper el corazón de ese pequeño que se preocupó por ella desde el día en que se desmayó.

No obstante, no tenía otra petición que le pudiese hacer al sultán.

Yamato observo a la chica mientras pensaba en su respuesta, evidentemente estaba confundida, miraba a todos lados sin saber exactamente que hacer o decir.

Por alguna razón las expresiones de la joven le causo cierta ternura.

¿Cómo era posible esto?

—¡Ya sé que te daré!— Declaró Yamato.

Esto sorprendió a la castaña.

—¿A sí?— Preguntó Mimi.

El rubio asintió— ¡Taichi!— Llamó a su guarda espalda..

—¿Si? Su majestad.

—Dile a Gennai Aga que acomode a esta joven en los aposentos que pertenecían a la sultana Izumi.— Respondió Yamato.

¿Qué?

Esto sorprendió a Taichi.

Aquel departamento del harem era muy codiciado y permanecía vacío desde que murió la sultana Izumi, hermana de Hiroaki e hija favorita del Sultán Rupert, abuelo de Yamato. Darle esa habitación a Mimi antes que a la madre de Kiriha era extraño, sería más lógico darle una habitación de "favorita" como era común.

—Luego de los aposentos de la sultana madre son los mejores aposentos.— Contestó el oji-azul— Verifica que se los den a ella.

Mimi alzó las cejas sorprendida por esto.

—Y consigue damas a su servicio.—Finalizó Yamato.

—Sí mi sultán.— Contestó el hermano de Taichi.


—Estoy muy interesada en que Takeru aumente su poder político para que los miembros del consejo lo respeten.— Relató Natsuko.

Hikari asintió— El mismo interés tengo yo, mi sultana. Verá, Takeru y mi hermano me han relatado de lo ha ocurrido en las reuniones y por eso se me ocurrió esta idea.

—Excelente idea querida.— Exclamó la oji-azul— Creo que es bastante estratégica y muy interesante. Hace mucho tiempo venía pensando en hacer algo así.— Declaró— Sin embargo, con nuestra mudanza al palacio no tuve tiempo de comenzar a ejecutar lo que tenía planificado. Me alegra que lo hayas hecho.

La castaña sonrió ante esto, ser felicitada por la Reina Madre era un honor.

—Incluso, me gustaría ahora pedirte que continues ayudando a mi hijo.— Contestó la mujer adulta— Por mi lado, hablaré con Henry Bey como se lo dije a Takeru, sin embargo, me gustaría que tú también sigas gestionando toda esta situación, como hija del antiguo gran visir sabes muchas cosas que podrían ayudar a Tk. Además, sé que todavía mantienes contacto con tus primos de Crimea ¿no?

Kari asintió— Sí, aún continúo intercambiando cartas con ellos.— Respondió— Además, he realizado viajes hasta allá.

—Es por eso que quiero que continues ayudando a mi hijo.—Habló Natsuko— ¿Puedo encomendarte esta misión a ti?

La castaña asintió— Pues claro mi sultana, puede confiar en mí.

Era muy importante hacer que Takeru adquiriera experiencia y fuera respetado, sobre todo ahora que no sería un príncipe "normal" ya que no podría gobernar provincia. Quizás, ganando poder político lograría convencer al consejo y a Yamato de ser heredero de ese derecho.

Además, unir a Hikari con él significaba beneficios, no solo se refería a un tema político, también en ámbito familiar. Necesitaba darle una familia a Takeru.

—Me alegra escuchar eso, querida.

Justo en ese momento la puerta principal seabrió y en el lugar apareció Juri Kalfa, quien hizo una reverencia.

—Mi sultana, que bueno que la encuentro.

—Hola Juri.—Contestó la mujer—¿Me buscabas?

La joven asintió—Necesito hablar con usted.

Hikari hizo reverencia— Me retiraré para darles privacidad.

Natsuko asintió—Muchas gracias, querida, por tu apoyo.

—Gracias a usted por su confianza.—Musitó la castaña antes de alzar la mirada y voltear hacia la salida—Permiso.

Fue así como la hermana de Hikari caminó hacia la puerta y salió por ella dejando a solas a la madre sultana con Juri.

—Bien.—Habló la oji-azul— ¿De qué querías hablar conmigo?

—Sobre una situación que ocurrió en el harem.— Respondió la kalfa—Ocurrió que Taichi Pashá vino a hablar con Gennai Aga...—Relató— Quién le dije que preparará los aposentos que pertenecieron a la hija del sultán Rupert y a su consorte Lariet.

Esto sorprendió a Natsuko.

—¿Qué?— Preguntó la mujer— ¿Mi hijo te ordenó preparar los aposentos del departamento de la sultana Izumi?

Juri asintió.

—¿Para quién?— Cuestionó Natsuko— ¿Para Sora?

La Kalfa negó— No.

—¿No?— Esto impresionó más a la sultana— Entonces ¿para quién es?

—Por lo que sé, Taichi le informó a Gennai, quién me informó a mí que es para aquella joven que se desmayó el otro día.— Contestó la sirvienta principal de Natsuko.

¿Qué? ¿A esa chica castaña?

—Debe ser un error, eso no puede posible.— Exclamó la madre sultana.

—No es un error, madre sultana, Gennai está preparando esos aposentos para esa joven.— Contestó la castaña.

—¿Por qué?—Preguntó Natsuko— ¿Qué tiene mi hijo en la cabeza? ¿Qué ocurrió para que tomara esta decisión?

—Por lo que escuché el príncipe Kiriha tuvo un pequeño accidente.— Contestó Juri.

—¿Qué? ¿Mi nieto?— Cuestionó la mayor preocupada— ¿Qué le ocurrió?

—Al parecer casi se ahoga en el lago del jardín principal.—Respondió la kalfa.

Esto preocupó más a Natsuko.

—¿Y-y cómo está?

—Él está bien.— Contestó la castaña— No se preocupe. Al parecer esa joven, Mimi, cuando vio esto saltó a salvarlo.

—¿Qué?— Preguntó la sultana sorprendida— ¿Esa joven salvó a mi nieto?

Juri Kalfa asintió— Sí, ella lo salvo. Y es por eso que el sultán le dio los aposentos en señal de agradecimiento.

Natsuko alzó las cejas sorprendida— Va-vaya, no me lo hubiese esperado.— Esa chica merecía que se los agradeciera, no obstante, ese obsequio era...

Demasiado.

—Y no solo eso, el sultán le ordenó a Gennai que le diera esos aposentos a esa chica.—Contestó Juri— Y para ordenó que pusiéramos siervas a su servicio.

Eso era entendible, no obstante, pero ¿los aposentos?

—Eso lo entiendo, tiene sentido, luego de ayudar a Kiriha, merece ser servida. No obstante, no estoy de acuerdo en que posea ese departamento.—Admitió—Ya que no corresponde, esos aposentos son los más codiciados luego del departamento de la sultana madre.— Habló—Si alguien debe ocuparlos esa es Sora, su consorte principal y madre de su hijo mayor.

—Al parecer el sultán no piensa eso.— Musitó Juri.

¡Mal ahí!

Tendría que hablar con su hijo.


Mimi observó sorprendida...No, sorprendida era decir poco...Observó ilusionada, extasiada y con completa admiración los aposentos donde Gennai la trajo.

¡Era inmenso!

Estaba conformado por tres habitaciones, la primera tenía un sofá gigante, una mesa de centro, una chimenea, además estaba decorado con jarrones de plata, además tenía una ventana gigante y un balcón. La segunda habitación tenía una cama gigante y un sofá pequeño a un costado, un closet grande que estaba vacío. Y por último la tercera habitación tenía dos camas más pequeñas, unos muebles y demás.

—Muy bien, señorita, estos serán tus aposentos.

Esto sorprendió a la joven.

—¿Qué?— Preguntó Mimi— ¿Mis aposentos?

Gennai asintió— El sultán ordenó que fuesen preparados para usted.

¿Qué? ¿Estos eran los aposentos que el sultán le dio en señal de agradecimiento?

—No puede ser.—Murmuró para sí misma.

—Además, el sultán ordenó que te diera esto.— Gennai le hizo una seña a una kalfa de cabello gris y ojos azules que se acercó a Mimi para entregarle un cofre.

—¿Qué es esto?

—Ábrelo.

La castaña lo abrió y quedó más impresionada aún, estaba lleno de ropas y joyas.

Mimi observó el cofre— ¿Qué?— Preguntó— Pe-pero, ya me habían dado más ropa ¿no?

—Sí, pero el sultán insistió en darte más.— Contestó Gennai— Está agradecido por lo que hiciste por el príncipe.

¡Wow! Nunca se hubiera esperado esto.

—Además, el sultán quiere que tengas una criada a tus servicio.—Declaró el hombre.

—¿Criada?

Gennai asintió y volteo hacia la puerta— Ya puedes entrar.

Fue así como a los pocos segundos en la habitación apareció su amiga y compañera, rubia de ojos rosa.

—¿Airu?— Musitó Mimi.

—Ella estará a tus servicios desde ahora en adelante.— Musitó Gennai.

¿Qué? ¿Ella?

—Para servirte, amiga.— Airu hizo una reverencia— Ahora seré tu dama.

—Cumplirá con la orden del sultán y te servirá.— Declaró Gennai— Y escogí a esta señorita para que esté a tu servicio, espero que no te moleste.

—¿E? No, claro que no.— Contestó la oji-miel. Aunque, no creía que fuera necesario. No porque no quisiera ser servida, debía admitir que era un honor tener personas a su servicio, pero Airú era su amiga ¿no?

—Sí, pero ella decidió estar a tus servicios.— Musitó el aga— Y así será, ya que debo cumplir con las órdenes que me dio el sultán de preparar todo esto para ti.

Era mucho.

—Sin embargo, esto no quita que continues cumpliendo tus obligaciones, aún debes ir a clases de escritura, lectura, baile y demás.— Declaró Gennai— No obstante, todas tus comidas ya no serán con las demás, sino aquí en tus aposentos.

¡Rayos! No quería ir a esas clases.

Pero, tendría hacerlo. No quería tener más problemas, mucho menos ahora que Yamato le dio este presente.

Estos aposentos eran...¡De lujo!

—Está bien Gennai aga, cumpliré con todas mis obligaciones.— Respondió Mimi.

—Eso espero.— Musitó el aga— Ahora, arréglate y toma algo caliente, mandaré a un aga para que prenda tu chimenea.

La joven asintió y bajó su mirada hacia el cofre, al parecer ahora tendría que vestir esas prendas que eran mucho mejor que las anteriores, al igual que las joyas. Debía admitir que todo era hermoso. Sobre todo, las joyas, luego de estar varios días ahí se acostumbró a ver esos adornos tan bonitos y sí, quería tener los suyos.

—¡Vaya! Mimi ¡Que suertuda eres!— Exclamó la rubia— Fuiste privilegiada por su majestad.

—Así parece.

—¿Quién lo hubiese pensado?— Musitó Airu— Estás a un paso de convertirte en su sultana.

—¿Qué?— Preguntó la castaña.

¿Su sultana?

—Sí.— Contestó la rubia—Ahora eres una privilegiada. Incluso, yo diría que eres más que eso. Ni siquiera a sus concubinas favoritas les dio un departamento tan grande como este.

Mimi se mordió el labio inferior— Airu, creo que te equivocas. Yo no busco ser sultana ¡Ya lo he dicho!

—Eso dices tú, pero al parecer el sultán piensa otra cosa. Después de todo, te dio estos aposentos.

—Él simplemente me dio esto en señal de agradecimiento por haber salvado a su hijo de ahogarse.— Respondió la castaña.

—Puede ser eso, no obstante, nada quita que esto sea un paso que lo hagas caer en tus encantos.— Musitó la rubia.

—¡Deja de hablar estupideces!—Exclamó la castaña— Y ayúdame a cambiarme ropa.


—Escuché que le quieres dar los aposentos de la sultana Izumi a esa jovencita que se desmayó el otro día frente a tus ojos.— Declaró Natsuko— ¿Es verdad?

Yamato no desvió su mirada de sus documentos— Sí, es verdad.

—N-no, no puede ser.— Respondió la mujer.

El rubio alzó una ceja— ¿Por qué? ¿Hay algún problema?

—Pues sí.—Contestó la sultana madre— Verás, esos aposentos son importantes, tú bien sabes eso, ya que pertenecieron a la hija de Rupert el sultán, la única hermana completa de tu padre.

—Sí, lo sé.— Respondió el oji-azul.

—Y anteriormente, esos aposentos pertenecieron a tu abuela Lariet, cuando era consorte imperial.—Recordó Natsuko—En ese lugar ella dio a luz a su hija Izumi y a tu padre, el sultán Hiroaki.

Si, lo sabía.

—Debido a eso, sus aposentos desde la muerte de la sultana esos aposentos han permanecido vacíos, debido a que significan mucho.

El sultán asintió.

—Básicamente ese departamento significa mucho en el harem luego del mío, debe ser ocupado por alguien que lo merezca y que sea importante.— Habló Natsuko— Sabiendo todo eso ¿cómo decidiste dárselos a esa niña que está recién llegada a este palacio y que solo ha dado problemas?

Yamato se cruzó brazos—¿Acaso no los merece? ayudó a Kiriha cuando más lo necesitaba.

—Sí, lo sé, Juri Kalfa me dijo.—Contestó Natsuko—Sin embargo, creo que existen otras formas de expresar tu agradecimiento. Considero que darle esos aposentos a una persona como ella no es algo responsable considerando lo importante que es aquel lugar.

Contenía muchos lujos aquel departamento, la sultana Lariet, abuela de Yamato y luego se los heredó a su hija Izumi, invirtió mucho dinero en él.

Ese lugar merecía ser ocupado por una persona importante y que continuara con el patrimonio de consorte imperial.

—Al menos deberías dárselos a Sora, ella es la madre de tu hijo...—Declaró su madre— ¡Tú único hijo! Tu heredero. Considero que ellos deberían ocupar esos aposentos.

El rubio hizo una mueca— Madre, Sora y Kiriha tienen buen departamento, y lo sabes, invertí mucho dinero para que quedara en las mejores condiciones.

—Sí, pero tú bien sabes que mejor hubiese sido para tu consorte principal estar en los aposentos de la sultana Izumi.— Contestó Natsuko— Tú bien sabes que hubiese elevado su estatus en el harem.

—Madre, Sora tiene el estatus más alto en el harem luego de ti.— Respondió Yamato— No tienes que empezar a armar escándalos por unos aposentos.

—No es escándalo.—Musitó la sultana— Es simplemente colocar orden en tu harem. Al menos si querías premiar a esa chica por su actitud heroica debiste ascenderla a rango de favorita y darle una habitación compartida como se hace comúnmente.

—No puedo hacer algo común con alguien que ayudó a mi hijo.— Contestó el oji-azul— Además, Mimi no es mi concubina, no creo que sea adecuado mezclarla con las demás.

Natsuko hizo una mueca— ¡Como sea! Hijo, no estoy de acuerdo.

—Tienes tu derecho a no estarlo y creo que esta será nuestra primera discrepancia en años, madre.— Declaró Yamato— Ya tomé una decisión y no la cambiaré.

¡Genial! Por primera vez en mucho tiempo Yamato desafiaba sus órdenes, eso no debía ser, ante todo debía respetarla y obedecerla.

—Has lo que quieras, no obstante, te advierto que esto traerá problemas.— Sentenció Natsuko— Porque tú conoces como son las mujeres en el harem y la presión por subir rango.

Cuando una lograba algo al instante era criticada por las demás.

—Bueno, para evitar esos problemas está usted madre sultana.—Contestó Yamato—¿No?

La mujer se cruzó de brazos molesta, debía admitir que era difícil estar en esa posición, antes solo discutía, ahora debía colocar orden en el harem, esto sería difícil.


Mientras tanto en el harem de desenvolvía un gran revuelo entre las jóvenes concubinas y kalfas que no paraban de comentar la noticia más reciente de los aposentos que se le otorgaron a la niña problema.

—No puede ser verdad.— Habló Mizuki, la concubina pelirroja de Yamato.

—Esto debe ser una broma.—Musitó otra chica de ojos verdes.

—El sultán debe estar loco.— Exclamó una jovencita de cabello negro.

Miyako Kalfa, quién iba pasando se detuvo al escuchar esto y volteo hacia las señoritas.

—Disculpa.— Alzó la voz—¿Por qué te refieres a nuestro sultán de esa forma?

Las tres chicas voltearon hacia la kalfa y rápidamente bajaron la cabeza.

—Dis-disculpe señorita Miyako.— Se disculpó la pelinegra.

—Es simplemente que estamos impresionadas.— Respondió la pelirroja.

—¿Impresionada?—Cuestionó la pelilila—¿De qué?

—De la decisión que tomó.

Esto sorprendió a Miyako Kalfa—¿Decisión?— Cuestionó— ¿Qué decisión?

—Con respecto a su nueva mujer del sultán.— Contestó la chica de ojos verdes.

¿Nueva mujer? ¿Qué nueva mujer?

Esto sorprendió a la sirvienta de Sora.

—¿De qué mujer están hablando?— Cuestionó la peli-lila.

—¿Cómo?— Preguntó Mizuki.

—¿No sabe?— Cuestionó la oji-verde.

—¿Saber qué?

Las mujeres intercambiaron miradas.

—¡Hablen!—Exigió la Kalfa.

Mizuki rodó los ojos— Hablamos de esa chica que se desmayó el otro día.— Contestó— Y que le otorgaron los aposentos que fueron de la hermana del sultán Hiroaki.

—Aquellos aposentos que están cerrados desde su muerte.—Completó la chica de ojos verdes.

—¿Qué?— Preguntó Miyako— ¿Mimi estará en los aposentos de la sultana Izumi?

Las concubinas asintieron a la vez.

—Eso no puede ser.— Contestó la peli-lila— Están mintiendo.

—¿Por qué mentiríamos con algo así?— Cuestionó la oji-verde.

—Lo escuchamos de la boca del mismo Gennai Aga.— Respondió Mizuki— Ya que, le buscó unas damas para estén al servicio de esa chica.

No, eso no era posible ¡Claro que no!

—Si no nos crees puedes preguntarle a Juri Kalfa.— Comentó la oji-verde.

Sí, eso haría, sin duda.

Fue así como Miyako volteo en dirección a la escalera donde posiblemente encontraría a Juri en los aposentos de la madre sultana.


Mientras tanto en la sala del trono.

—Ryo, disculpa por hacerte esperar.— Yamato le habló al hombre de cabello castaño, piel bronceada y ojos azules, quién llegó a hablar con él justo en el momento que ocurrió la tragedia.

—No se preocupe mi sultán.— El hombre hizo una reverencia—Entiendo que la situación ameritaba su atención antes que mí.

Taichi se encontraba a un costado, como siempre, escoltando a su majestad.

El rubio se tomó asiento en su trono— Bien, dime ¿por qué venías a hablar conmigo?

—Venía a hablar sobre la carta que enviaron nuestros hombres desde Egipto.— Respondió el joven Bey alzando en sus manos un pergamino.

Yamato estiró su mano y tomó el pergamino.

—Al parecer la incursión salió mejor de lo esperado.— Comentó el chico moreno.

—¿A sí?

—Por lo que pude leer algunos de nuestros hombres se infiltraron en la base de Jou Kido y lograron extraer información.

El sultán observó atentamente el pergamino.

Efectivamente, eso decía, algunos de sus hombres se infiltraron y a través de la carta le relataban como salió eso, lograron descubrir muchas cosas. Literalmente, demoró bastante en leer el LAARGO pergamino. No obstante, llegó al final y cuando esto pasó algo llamó su atención.

—Un minuto, esta carta está firmada por Hirokazu Shiota Bey.— Musitó el rubio al reconocer el sello azulado.

El Akiyama asintió.

—Eso significa que en esta expedición participó él.—Habló Taichi— Y si él participo, significa que fue enviado por el gobernador de Hungría.— En otras palabras, cuñado de Yamato, esposo de Rika.

—Así parece.

El oji-azul llevó una mano a su mentón— Entonces, es posible que Rika este involucrada en esto entonces.

Ella

Inevitable fue para Ryo colocarse nervioso al escuchar el nombre de la sultana, sobre todo luego de todo lo que ocurrió entre ellos antes que Hiroaki, su padre, el sultán la comprometió con el gobernador de Hungría.

—Esto nos puede traer ventajas.— Declaró Yamato— Ya que el gobernador de Hungría tiene lazos con Jou y podría ayudarnos en su caída.

—Eso mismo pensé.— Habló Ryo.

¡Vaya! Al parecer su hermana sabía mover muy bien sus cartas.

Sabio fue su padre al casarla con el gobernante de Hungría. Que él fuese yerno de la dinastía significaba puntos a favor, porque tenía relaciones con Egipto y con el imperio otomano, si Rika movía bien sus fichas podría sacar provecho de esto. No obstante, tenía que saber más sobre esto, necesitaba tener a su hermana junto a su esposo presentes en esta ciudad para estar informado de todo.

—Taichi, envía a buscar a mis mensajeros reales, necesito mandar una carta a Hungría.— Ordenó Yamato.

El castaño asintió—Sí mi sultán.

El consejo de guerra era una forma de armar estrategias frente a una guerra o batalla, ya sea en ámbito de pelea cuerpo a cuerpo, en ámbito diplomático, social y también económico, ya que una guerra no se financiaba sola.

Hablando de eso.

Dirigió su mirada al Bey.

—Ryo, necesito encomendarte una misión.

El joven bajó la mirada en señal de reverencia—Dígame sultán.

—Verás, mi hermana me dio apoyo económico y como tú has ayudado al tesorero imperial, quiero que administres todo el presupuesto para la campaña de guerra. Como sabes, luego del consejo donde daré los cargos correspondientes, habrá guerra, porque Jou quiere los territorios de Egipto de vuelta.

—Algo así había escuchado.— Comentó Ryo— ¿Quiere que hablé con los pashás que invertirán en ella?

—Exacto.— Contestó Yamato—¿Puedo contar contigo?

El Bey asintió e hizo una reverencia— Sí mi sultán.


—Mi sultana.— Miyako hizo una reverencia e intentó recuperar el aliento con su mirada baja.

Sora se sorprendió— Querida ¿qué te sucedió?— Preguntó— ¿Por qué estás tan agitada?

—Por-por...—La pelilila intentó respirar— Porque, yo...—Comenzó a mover su mano intentando echarse aire en el rostro.

—Hey, tranquila.—La sultana se levantó de su lugar y se acercó a la joven— Ven, toma asiento.

Fue así como la kalfa tomó asiento en el sofá de la habitación, la pelirroja sacó tomó una jarra y vertió agua en un vaso que se lo extendió a la pelilila. Miyako lo recibió y rápidamente la chica tomó todo el líquido del vaso.

—Toma con cuidado.— Musitó Sora— Tranquila, respira.

Miyako bajó el vaso, cerró los ojos y respiró profundo.

—Muy bien.— Murmuró la pelirroja— ¿Te calmaste?

La kalfa asintió.

—Bien, ahora dime ¿por qué estás así?

La joven respiró profundo y llevó una mano a su pecho intentando calmar su corazón. Cuando se aseguró que estaba bien se decidió a hablar—Disculpe mi sultana, sé que ya es tarde y usted está al pendiente de su hijo, pero esto no puede esperar

—¿Qué cosa?— Preguntó Sora— ¿Qué es tan importante que te hizo correr?

Miyako juntó su manos y comenzó a jugar con sus dedos un tanto nerviosa, sabía que esto que diría a continuación no le gustaría a la sultana, pero debía saberlo. Era su deber como kalfa principal mantenerla informada de todo.

—Su majestad, el sultán.

La pelirroja alzó una ceja— ¿Qué ocurrió con él? ¿Está bien?

—Con él nada.— Contestó la pelilila— Él está bien.— Musitó— Es solo que...—Hizo una mueca— Hizo algo.

—¿Qué hizo?

—Algo que...—Miyako jugó los dedos pulgares de sus dedos— Algo que a usted no le va a gustar.

Sora alzó una ceja sorprendida ante esto.

Literalmente, miles de cosas pasaron por su mente.

—Oh no.— Exclamó la pelirroja— No me digas que dejó embarazada a una de esas concubinas que han ido a sus aposentos el último tiempo.

Miyako negó.

—¿Ordenó un castigo hacia mí por lo que ocurrió con Kiriha?

La kalfa negó.

—Entonces ¿qué hizo?— Preguntó Sora.

—Pues...—Miyako musitó nerviosa y guardó silencio por unos segundos, no sabía exactamente como decir esto de manera más "suave"

—Dime, Yolei...—Animó la sultana— ¿Qué hizo?

La chica posó su mano en el hombro derecho de la pelirroja— Por favor, mi sultana, no se enoje por esto...

—¡Miyako!— Exclamó Sora— ¡Dime!— Exigió— ¿Qué hizo?

¡Vaya! Al parecer el suspenso hacia enojar a la pelirroja.

—Ordeno que le dieran los aposentos de la sultana Izumi, la hermana del sultán Hiroaki a una criada.

—¿Qué?— Preguntó la sultana— ¿Le dio los aposentos a una esclava?

La kalfa asintió.

—¿A quién?

—A esa chica que salvó a Kiriha de ahogarse.— Contestó Miyako— A Mimi.

¿Qué? ¡No! Esto no era posible ¡Yamato no pudo darle esos aposentos a esa sirvienta! ¡Esos debían ser sus aposentos!


Mientras tanto en los aposentos de la Valide Sultan.

Natsuko acomodó suavemente su delicado camisón de dormir, era blanco con mangas 3/4, algunos toques de encaje y largo, bastante cómodo.

Era hora de dormir, así que, se estaba preparando.

Este día fue bastante largo con todo lo que hablo con Takeru e Hikari acerca de Henry Bey, luego tuvo que coordinación de algunos eventos que se realizarían en el harem, entre otras cosas. Y, por último, este tema de los aposentos verdaderamente la dejó agotada. Sí, estaba enojada, pero Yamato insistía en su idea.

Observó la ventana.

Estaba oscuro. Hizo una mueca. Quería ir a ver a su nieto, no obstante, era tarde y de seguro estaba durmiendo.

El sonido de su puerta llamó su atención, a los pocos segundos en su habitación apareció su kalfa principal.

—Mi sultana.—Juri le habló—Disculpe que la moleste justo ahora que irá a dormir, pero tiene una visita.

—¿Visita? ¿A estas horas de la noche?

La castaña asintió—La sultana Sora necesita hablar con usted y al parecer es importante.

Natsuko alzó una sorprendida.

¿De que querría hablar su nuera a estas horas? Se supone que debería estar cuidando a su hijo.

—Deja que entre.

La kalfa asintió y salió del lugar.

Natsuko se levantó de su cama, acomodó su bata y caminó en dirección a la habitación principal de su departamento.

A los pocos segundos en el lugar apareció su nuera, la madre de su nieto, Sora, quien al verla hizo una reverencia.

—Buenas noches madre sultana.

—Buenas noches.—Respondió la oji-azul—¿Qué haces aqui a esta altura de la noche? ¿Ocurrió algo? ¿Kiriha está bien? Escuche que tuvo un incidente.

—Lamentablemente si, mi hijo por un descuido casi se ahogó en el lago del jardín principal.—Contestó Sora—Pero él ahora se encuentra bien, se cambio de ropa, tomó una sopa y ahora está durmiendo en su cama.

—Que bien.—Musitó la Valide—Cuando me dijeron lo que pasó me preocupé bastante por él.

—Tranquila, él ahora está bien.—Respondió la pelirroja.

—Entonces ¿cuál es la razón de tu visita?–Preguntó la mayor intrigada.

—Vine porque me enteré que Yamato le dio los aposentos de la sultana Izumi a esa esclava.— Declaró Sora—Y necesito hablar de eso sobre usted.

Natsuko hizo una mueca— ¡Vaya! Ya lo sabes.

Las noticias en ese lugar corrían rápido.

—Me enteré porque unas esclavas del harem le dijeron a mi kalfa.—Respondió la pelirroja.

Ya lo suponía

—Al principio no lo quise creer, pero resultó ser real.— Declaró Sora y se cruzó de brazos—¿Cuándo planeaba decírmelo madre sultana?

—Disculpa, querida, ni yo sabía de esto.— Admitió la mayor— También me tomó desprevenida cuando Juri me lo dijo, ya que no lo esperaba, en lo absoluto.

—¿Será posible que él quiera algo más con esa mujer?—Preguntó Sora— ¿Y por eso le dio esos aposentos?

—¿E?— Balbuceo Natsuko— No lo sé, lo dudo.— Musitó— Él me comentó que le dio esos aposentos en señal de agradecimiento, nada más.

—¿Segura?— Cuestionó la pelirroja preocupada—¿No hay doble intención?

Bueno, eso de las dobles intenciones era algo difícil de mencionar, ya que Yamato ligeramente tuvo acercamientos con esa chica y aunque, intentara disimularlo ella si lo notó interesado, o, mejor dicho, ella quiso que él se interesara, pero no sabía si en realidad ocurría algo. Por esto ella pensaría que sí, no obstante, Yamato le dijo que fue netamente por agradecimiento y como sultana madre su deber era trasmitir la información de su hijo, sin necesidad de agregar más.

Además, si analizaba la situación y el evidente enojo de Sora, tal vez, era mejor mencionar que solo fue en señal de agradecimiento. Después de todo, como dijo Yamato, su deber era cuidar el orden en el harem.

—Sí, Sora, solo fue agradecimiento y nada más.— Respondió la oji-azul.

La pelirroja se mordió el labio inferior bastante desconfiada de esa situación, después de todo, no era primera vez que Yamato tenía un trato especial por esa joven.

—No debes estar inquieta.

—Lo siento, madre sultana, pero me es difícil no estarlo.— Contestó Sora— Después de todo, Yamato hace mucho tiempo no tenía tanto acercamiento a una concubina que no fuese yo.

Sí, eso lo sabía.

—Mimi no es su concubina.—Todavía— Simplemente es una criada, la cual salvó a Kiriha de ahogarse y ha tenido lindos gestos con él, quiso devolverle esto y por eso le dio aquel apartamento.

—Fue demasiado grande ese gesto.—Declaró Sora.

—Querida, tranquila, solo son unos aposentos.

—Sí, pero usted sabe que ese departamento es importante.— Recordó Sora— Es de Élite, porque fue ocupado por personas importantes, luego de los aposentos de la madre sultana es el más importante.

—Lo es, pero eso no significa que sean los mejores, Yamato invirtió mucho en el apartamento donde viven Kiriha y tú.

—Sí, lo sé, pero es diferente hablar de unos aposentos arreglados a un departamento con comodidad y lujos de ese tipo.— Declaró la pelirroja.

Sí, lamentablemente era verdad.

—Como sea, Sora, debes estar tranquila.— Habló Natsuko— Eres una sultana, no puedes dejar que esta situación te saque de tus casillas o te haga actuar de manera imprudente. Recuerda que Yamato ahora es sultán y dudo que le agrade verte actuar así.

Sí, lo sabía.

—Ahora más que nunca debes centrarte en criar a tu hijo y preocuparte por ayudarme a tener todo en orden en el harem, recuerda que eres la segunda al mando.— Recordó la madre sultana.

—Lo sé.


~Al día siguiente~


Mimi se observó en el reflejo del espejo, literalmente estaba impresionada con los nuevos adornos. Llevaba una diadema plateada con rosas plateadas con algunos adornos rojizos y unas perlas, además llevaba un collar dorado bastante bonito y un vestido anaranjado.

Se veía elegante, incluso mejor que antes, el color combinado con el color de sus ojos.

—¡Vaya!— Exclamó Airu al ver a su amiga— Verdaderamente se pasó el sultán con estos presentes.

Mimi asintió.

—La ropa está bonita y muy fina, además, esas joyas no son de una concubina cualquiera.— Musitó la rubia.

"Concubina"

—Yo no soy su concubina.—Habló la castaña— Y no quiero serlo ¿cuántas veces tendré que repetirlo?

—¡Hey! Tranquila, solo era un comentario para mencionar que aquellas joyas no son algunas que usara una persona cualquiera.— Comentó la nueva servidora de Mimi.

Al parecer el sultán verdaderamente estaba agradecido con ella.

—¿Y bien? ¿Vamos a la clase danza?— Preguntó Airu.

La oji-miel asintió, no quería ir, pero no quería tener más problemas. Además, luego tendría clase de escritura y lectura, eso le emocionaba, ya que debía admitir que le causaba cierta curiosidad entender los escritos que había en algunas paredes y libros del lugar.

Fue así como las dos señoritas salieron del departamento.

Mimi observó al rededor, su habitación estaba bastante alejada de la sala principal del harem, debía subir unas escaleras y la entrada era un tanto similar a la habitación de la sultana madre (No igual, pero parecida)

Ambas chicas caminaron en dirección al lugar donde tendrían la clase.

Debía admitirlo, el lugar era inmenso, Mimi podría jurar que caminó bastante hasta llegar a la principal donde todas las esclavas estaban desayunando, como ella antes lo hacía en ese lugar. No obstante, cuando ella ingresó en el lugar todas voltearon hacia ella y su atención ya no se centró en sus respectivas comidas.

La castaña sintió al instante todas las miradas sobre sí, algunas eran buenas, pero la mayoría eran malas. Por alguna razón las esclavas, algunas kalfas e incluso las concubinas "favoritas" del sultán hablaban entre ellas.

—¿Por qué todos me miran?

Airu hizo una mueca—No las tomes en cuenta.

Mimi se mordió el labio inferior, no podía hacer como si nada, era demasiado evidente que estaban hablando de ella.

Ambas caminaron por el pasillo largo siendo observadas por todas. Intentando no observar a las jovenes, pero era inevitable estar preocupada por sus comentarios.

—¡Vaya, vaya!— Una de las mujeres alzó la voz. Mimi reconoció al instante a Mizuki, la concubina pelirroja de ojos azules— ¡Hasta que finalmente la mosquita muerta cedió a vivir esta vida!

—¿Quién lo diría? ¿e?— Exclamó otra chica castaña de ojos verdes de nombre Azumi—Tanto quería escapar y ahora es la concubina favorita de nuestro sultán.

¿Qué? ¿Su concubina favorita?

—¿De qué están hablando?— Preguntó Mimi.

—¿Qué no es obvio?— Cuestionó esta vez una joven de cabello rubio y ojos lila de nombre Chihiro— De tu ¡gran logro!

¿Gran logro?

—Sedujiste a nuestro sultán y te dio unos aposentos ¡De lujo!—Exclamó una chica de cabello negro intenso y ojos grises llamada Nara.

—¿Perdón?— Cuestionó la castaña— Creo que se están equivocando. Yo no soy concubina del sultán.

Las jóvenes rieron.

—No es necesario que mientas, al final todas sabemos que tienes esos aposentos de lujo.— Habló Azumi— Y sabemos que la razón es haber conquistado a nuestro sultán.

—Creo que les falta información, chicas, yo no tengo una relación con Yamato, al contrario, él me dio los aposentos porque salvé a su hijo Kiriha de ahogarse.— Habló Mimi.

—¡Vaya! Que buena estrategia.— Comentó la oji-lila.

—Lograr lo que quieres utilizando a su hijo.—Musitó la oji-verde.

¿Estrategia?

—¡Claro que no hice eso!

—¿A no?— Preguntó la pelirroja— ¿Y no es verdad que su hijo te iba a ver todos los días desde que te desmayaste?

—Pues no, no es mentira.—Contestó Mimi— Pero no fue con esa intención.

—¡No es necesario que mientas! Prostituta barata, al final terminaste haciendo lo mismo que todas nosotras.— Musitó Nara.

¿Qué? ¿Prostituta?

—¡Perdón!— Exclamó la oji-miel— No me confundan con ustedes, yo no me tuve que acostar con Yamato para conseguir algo.

—Eso es lo que dices tú.— Musitó Chibiro—Pero nadie nos asegura que no fue así.

—De seguro en una esas visitas que el sultán le hizo ella se dejó tocar demás.— Habló la pelinegra.

—¡Ya dije que no!— Gritó Mimi—¡Yo no soy como ustedes!

—¡Por favor! No hables de nosotras, al menos nosotras admitimos lo que hacemos, a diferencia de ti.— Declaró Azumi.

La castaña apretó su puño.

¡Que rabia! Esas chicas no querían entender.

—Hay que admitir que hiciste muy bien tu jugada, ahora tienes mejores aposentos que la propia madre de Kiriha.—Musitó Nara.

—Pero, no te ilusiones porque el sultán te dio un departamento lujoso, simplemente lo hizo por pena, ya que vives llorando por regresar a casa.— Habló Mizuki— Pero tranquila, serás una concubina al igual de todas...

—Y serás pasajera.— Declaró la chica de ojos verdes.

¿Pasajera? ¿Cómo iba a ser pasajera si ¡nada! ocurría entre ellos?

—La única que el sultán quiere es la sultana Sora.— Musitó Nara.

¿Desde cuándo les bajó ese respeto por la madre de Kiriha? ¡Ellas hablaban de ella a sus espaldas y se revolcaban todas las noches con el padre de su hijo!

—Lamentablemente.—Comentó Mizuki— Pero es verdad. Tú no serás más que ella o que nosotras.

Mimi apretó los dientes verdaderamente enojada y alzó su puño, quería darles un buen golpe. No obstante, Airu depositó su mano en su antebrazo— No te enojes amiga, simplemente quieren hacerte enojar, pero no vale la pena.— Intentó calmarla— Vamos a nuestra clase.


+Disculpen si soy muy cortante con algunas escenas, o si no le doy mucho protagonismo a Takeru e Hikari, pero necesito avanzar con Yamato y Mimi, ya que esta historia se centra en los líos Sorato vs Mimato y el romance entre Tk y Kari quiero que sea paulatino, no apresurado.

Continuo con la dinámica de los nombres:

Hikari Mara Hatun (Inspirada en la gran Mara Hatun)