Y partes dos inmediata porque gracias al cielo ya estaba completa. espero que la disfruten.

Después de haber recorrido parte de la ciudad y haber establecido una leve conversación con Kurumadani con respecto a los últimos cambios de la ciudad, decidió pasar a la residencia Kurosaki.

Fue Isshin, su anterior Capitán quien le abrió la puerta.

Logro esquivar el abrazo incómodamente expresivo e ignoro las quejas altas de su excapitán. Cuando por fin se le paso la fase de cariño exageradamente corrosivo, Isshin solo se quedó con una expresión depresiva y lo dejo pasar. Pregunto sobre Matsumoto y el escuadrón. También sobre Kyoraku y Ukitake.

Le pregunto sobre cómo habían estado las cosas desde la última Guerra. No había tenido oportunidad de hablar con Urahara en mucho tiempo. Al parecer, las cosas en el mundo humano también habían sido complicadas. Su trabajo se había vuelto más exigente debido a los avances tecnológicos y ahora se veía obligado a asistir a cursos así como seminarios constantemente para que su pequeño hospital estuviera al día con las nuevas exigencias.

Por otro lado, también conversaron sobre cualquier duda que Toshiro pudiera tener con respecto a su trabajo. Sabía que Isshin no lo estaba cuestionando, ni tampoco lo consideraba incompetente. Estaba seguro que de alguna manera extrañaba su trabajo y cargaba con un poco de culpa por partir de manera tan abrupta, dejando sus obligaciones en las manos de su pobre tercer asiento, condenado al estrés gracias a su carácter y la falta de voluntad de su teniente.

Tuvieron una conversación amena por lo que pareció una hora.

Cuando le pregunto el motivo de su visita, se excusó con parte de la verdad. Estaban realizando un censo con respecto al estado de la ciudad y las apariciones de huecos. La sociedad de alamas tenía una necesidad apremiante de mejorar sus parámetros de emergencia. No quieren volverse vulnerables por sobrevalorarse. Los tiempos de paz los volvieron débiles y bajar la guardia por pura comodidad no podría ser más inoportuno.

Admitió que tenía pensado pasar a saludarlo como un acto de cortesía, pero mintió con respecto al balón. Su historia difirió en el hecho de que simplemente se encontró con el pobre balón durante su excursión sin rastros de su dueña pero albergando la marca de su energía espiritual y con su nombre escrito en marcador indeleble para rematar.

Por supuesto, estaba consciente de que eso llevaría a un regaño y castigo por el descuido de Karin. Aunque no estaba muy alejado de la realidad.

No pensaba en darle a Isshin acusaciones con respecto a su hija. Para empezar, lo sentía demasiado infantil y sinceramente se ridiculizaría a si mismo si admitía que una pequeña niña había evadido todas sus alarmas y lo había tomado con la guardia baja con tanta facilidad. Aun peor, no sabía cómo reaccionaría Isshin con respecto al beso. Reprendería Karin seguro, pero se podía malinterpretar. Al fin y al cabo, era su hija.

En su tiempo a solas, pensó seriamente en que haría con la pelinegra en cuanto la viera. Tuvo que soportar las insinuaciones de Hyōrinmaru por un largo rato hasta que se exasperó y la rabia acumulada termino explotando. Concluyo que enfrentar a Karin con un discurso no sería suficiente. No para él.

Se sintió frustrado, confundido y extrañamente anonadado de pues de semejante acción. Si Karin debía pagar por eso, tendría que ser de la misma manera.

Rechazo parte de su lógica a propósito, sin querer avergonzarse más a sí mismo.

Mas tarde, Isshin finalmente se excusó con que debía asistir a una reunión obligatoria del congreso de medicina de la región. Le ofreció a quedarse un poco más si asi lo deseaba, Ichigo llegaría más tarde en la noche…

Toshiro se reservó cualquier expresión mientras asentía. Solo necesitaba un momento, Karin no tenía permitido llegar más tarde de las seis de la tarde y faltaba poco para las siete.

Se metió a la boca otro par de caramelos que Isshin le había ofrecido (y el acepto con fingida indignación), cuando sintió la leve elevación de energía espiritual acercándose.

Evito sonreír con malicia cuando escucho la llave girar en la cerradura de la puerta. Manteniendo su presencia oculta.

Isshin termino de acomodarse el bolso con sus cosas y se acercó a la puerta dando quejas sobre como a su hija le gustaba preocuparlo.

—Estaba a punto de salir a buscarte, señorita— Regañó Isshin, aun en frente de la puerta.

—No tarde tanto, solo llegue un par de minutos tarde— Escuchó a Karin quejarse.

—Hablaremos de esto luego, tengo que irme o también llegare tarde por tu culpa— Isshin se apartó finalmente de la puerta, dando espacio para que Karin entrara, siguiendo con su perorata. — Regresare en un par de horas. Hay comida en la nevera, Yuzu está en casa de Kuyo y tu hermano debería regresar en media hora.

—Sí, sí, como digas viejo—mencionó ella con fastidio.

—Bien me retiro. Ah, y por favor se amable con la visita—Isshin le advirtió mientras tomaba el pomo de la puerta y salía de la casa— ¡Fue un gusto verte de nuevo, Shiro-Chan! ¡Siéntete libre de visitarnos otro día!

Quiso golpear a su excapitán en ese momento. Fue satisfactorio ver como Karin se congelo en su lugar, mirando nerviosamente a su alrededor en cuanto supo que él estaba allí, pero definitivamente hubiera disfrutado más de todo esto si no lo hubiera llamado por ese estúpido apodo. Consiguió seguir con su farsa y despedirse: — Igualmente, Kurosaki-san.

No sabía si Karin sabía con respecto al estatus de Isshin dentro de la Sociedad de almas y le dejaría ese problema al viejo.

El golpe de la puerta al cerrarse dio inicio al segundo acto de su pequeña venganza.

Cuando ella finalmente lo vio, se quedó quieta, observándolo como si fuera su peor pesadilla mientras él se contenía de empezar a recriminarla y simplemente le devolvía la mirada imperturbable masticando con tranquilidad otro dulce. El sabor en su boca hacia más gratificante todo.

Con total naturalidad, como si no hubiera estado planificando a detalle lo que ocurriría comenzó con su actuación. Levanto el balón en sus manos por encima de su cabeza para que ella pudiera verlo sin que el espaldar del sofá se lo impidiera.

Se levantó, jugando con el balón en su mano y escondiendo la otra en el bolsillo de su chaqueta como un método de control. Cualquier actitud que quisiera reflejarse en su rostro seria expresada por su puño sin que ella pudiera percatarse de sus cambios de humor.

—To-To-To…. Toshiro, ¡¿qué haces aquí?!— La voz de Karin salió rígida y rasposa, mientras daba pasos temerosos hacia atrás, tratando de acercarse a las escaleras buscando escapar.

—Olvidaste tu balón de futbol—, Toshiro respondió, girando el balón sobre uno de sus dedos, caminando hacia ella con total seguridad.

No sonrió, pero tampoco quería lucir amenazante. Solo quería que ella bajara un poco la guardia… Igual que ella hizo con él.

Karin detallo el balón, frunciendo los labios por un segundo en una mueca, como si quisiera maldecir al pobre juguete y a su estupidez.

—Va-Vaya, es muy amable de tu parte— Respondió ella, claramente incomoda y le arrebato el balón con rapidez mientras sonreía con esfuerzo. ¿Asi que ella también fingiría que no pasaba nada?

Pues, bien. El también jugaría un poco.

La dejo subir corriendo con el balón hacia lo que supuso era su habitación. La escucho gritar maldiciones y golpear algunas cosas.

Era divertido tener ese tipo de reacciones en una persona y por alguna razón, disfrutaba mucho que fuera ella. Tal vez su resentimiento era mayor al que supuso en un principio.

Espero un momento. Si ella realmente lo quería lejos bajaría para despedirlo debidamente y probablemente terminar con el problema para después no volver verlo y evitarlo como si se tratara del diablo. Era consciente de eso. Una pequeña parte de él espera que eso no sucediera por mucho tiempo. De verdad que no quería que pasara algo asi. La apreciaba bastante.

Claro está, su orgullo había sido herido considerablemente. Asi que sí. Si las cosas terminaban mal –por favor que no fuera asi- entonces él habría ganado.

Esto no es una competencia, tonto Hyōrinmaru aulló en el fondo.

Si en verdad esta sería la última vez en la que la vería a ella, seria ella quien llevaría la carga.

—Actúas como un niño.

Toshiro frunció el ceño. ¡¿No fue Hyōrinmaru el que más insistió en que debía devolverle el beso a ella para hacerla pagar por robárselo en un principio?!

Karin suspiro con frustración desde el segundo piso, con un rugido de furia cerró la puerta y comenzó a bajar las escaleras. Llegado al último escalón, miraba al suelo como si fuera la cosa más importante del momento.

—Deberías ser más responsable, Kurosaki. No simplemente abandonar tus cosas en cualquier parte.

—S-sí, lo lamento. Gracias por devolverlo—. Ella se paró frente a la puerta y aun sin querer encáralo, la abrió y extendió su brazo.

—Linda forma de echarme, Kurosaki—, dejo escapar la frustración en sus palabras antes de moverse con Shumpo y aparecer detrás de ella, cerrando la puerta y asustándola.

—¡¿Cómo fue que-?!

— ¿No tienes nada más que decirme, Karin?— La interrumpió abruptamente, aprovechando su altura –muy orgullosamente- para intimidarla.

Karin retrocedió rápidamente y lo miro sorprendida. Las escaleras también estaban detrás de él, asi que esta vez, no tendrá escapatoria.

Se sonrojo estrepitosamente, esta vez sin dejar de mirarlo. Se aseguró de que no apartara la mirada de él, siguiendo cada mínimo cambio obligándola a quedarse quieta. Dio un paso lento hacia ella y se cruzó de brazos. Primero la dejaría hablar.

—Yo… Yo…— Se dio por vencida en búsqueda de excusas, y con su carácter no fue inesperado el momento en que termino enojándose. Claramente consigo misma. Tembló de furia mientras apretaba sus pequeños puños y cerraba los ojos— ¡Lo siento! ¡De verdad lo siento! ¡Me deje llevar por ideas estúpidas de unas niñas inmaduras y yo también fui demasiado inmadura! ¡No debiste ser tú!

— ¿Qué quieres decir con eso? ¡Tú fuiste la que me beso!—, Toshiro hizo lo posible para que el golpe de decepción no se filtrara en su voz. Sonó más enojado de lo que pretendía e incluso levanto la voz. Apretó el puño con demasiada fuerza.

¿No debió ser él? No solo se atrevió a besarlo en contra de su voluntad sino que se arrepentía que fuera él.

Finalmente lo miro, los ojos un poco húmedos con una mezcla de cosas que no sabía definir en ese momento.

— ¡No deberías ser tú!— Le explico, señalándose a sí misma con lo que definitivamente era culpa— Yo no quería dañar nuestra amistad. De verdad no lo pensé en este momento y sé que debes odiarme ahora mismo ¡porque yo lo hago!

Se acercó a él, y su mirada no temblaba esta vez.

—De verdad lo siento, Toshiro. Lo que menos quería era hacerte daño. Mi estúpido cerebro me hizo sentirme miserable por cosas tan vanas como el hecho de no haber besado un chico en toda mi vida y deje que esas estúpidas niñitas me lastimaran con sus comentarios. Y tu estabas en el lugar allí y yo no tenía idea de lo que estaba haciendo. Para cuando me percate de eso ya te había besado y… ¡De verdad, lo lamento!— Su voz se cortó al final de la oración.

Ella bajo la cabeza… esperando a que él hablara. Pero Toshiro apenas y registraba sus palabras… Se sentía agradecido de que ella en verdad lo considerara un amigo y sin embargo, por alguna razón que no quería admitir, muy en el fondo le dolía que ella no lo quería besarlo a él.

—Un juego… ¡me besaste por un juego!

—Y de verdad lo lamento. Pero tampoco pediré tu perdón, porque no me lo merezco. Asi que si quieres no volver a hablarme, porque sé que yo arruine nuestra amistad, esta bien. Lo entiendo.

—Entonces, ¿te arrepientes?— Toshiro termino por susurrar la pregunta.

Ella ya le dijo que lo amentaba. Pero quería escucharla.

Para su sorpresa, Karin se quedó callada. Dudando de cómo responderle. Pareció pensarlo varias veces hasta que sus ojos se llenaron de valor.

—No.

Toshiro se movió confundido, mirándola sin saber cómo recriminárselo o cualquier cosa que podría pasarse por su cabeza. Tan solo, se quedó allí, con el nudo en la garganta impidiéndole respirar. Karin pareció considerar su actitud como una forma de pedirle que se explicara. Definitivamente necesitaba que lo hiciera.

—Me arrepiento de lo que está pasando ahora. Me arrepiento por dejarme llevar por las ideas infantiles de gente que no me importa y me arrepiento de cómo te pude haber hecho sentir… Pero, sinceramente, no me arrepiento que seas tú. —Suspiro apenado— no tengo derecho a decirlo y me contradigo. El besarte arruinara nuestra amistad, pero ya está hecho y la verdad no me arrepiento de que sea contigo… Seria mentirte y si me estoy disculpando contigo, no puedo hacerlo… Aunque, no niego que es bochornoso admitir algo como eso.

Había pasado por tantas emociones a lo largo del día. Esta clase de cambios no eran algo a lo que estuviera expuesto en su trabajo. No sabía cómo manejarlos y tampoco entendía muy bien como todo esto repercutía en sus sentimientos. No sus propias emociones.

Últimamente, su cuerpo en sí mismo era un reto, con tantos cambios que lo abrumaban. Parecía que no tenía control de sí mismo. Matsumoto había dicho varias veces que estaba entrando en una especie de edad adolecente y realmente no encontraba forma ni tampoco tenía las ganas de abordar esa clase de temas con sus mayores, a pesar de que muchos se habían ofrecido para ayudarlo en cualquier momento sin que él hubiera dicho nada. Incluso el Capitán general había hecho un comentario al respecto: en privado, por supuesto.

Entonces, quizás…Tenia algún sentido que su única respuesta a todo este desastre fuera el haberla besado nuevamente. ¿No?

Se suponía que iba a hacerlo, claro, para eso vino aquí. Pero en ese momento lo vio como una forma de venganza… Ahora mismo lo estaba haciendo por mero gusto. Por un impulso extraño que se acumuló en su pecho mientas la veía a ella siendo tan…adorable.

Sus labios fuero mucho más agradables de lo que pensó en un principio. Sinceramente la idea de "beso" que había tenido para su venganza era algo fugaz, sencillo y sin mucho detalle. Sin embargo, esto no era asi en absoluto. Movió la cabeza por puro instinto sintiéndose eufórico de que ella tratara de llevar el ritmo de lo que supuestamente era un beso. Su inexperiencia era palpable.

Profundizo un poco más, apoyando su mano en su nuca y acercándola hacia él. La sintió temblar fantásticamente mientras se separaban. Disfruto de sus mejillas escarlata, del brillo en sus ojos y de la forma en la que se aferraba a su camisa con fuerza.

Poco a poco se volvió lucido, escuchando el sonido de su respiración acelerada y el palpitar de su propio corazón saltando en su cabeza. Ahora, más consciente de su entorno, noto el abrupto cambio en el aire mientras a lo lejos percibía la llegada de Ichigo Kurosaki. Andando por la vida con su Reiatsu en lo alto de forma totalmente inconsciente.

Y si él lo había sentido, Ichigo obviamente era consciente de su presencia. Tenía que irse ahora si no quería estar en más problemas.

Karin pareció salir de una hipnosis mientras se separa de él, como si estuviera recién despertando de un sueño profundo.

Estaba a punto de hablar cuando él la interrumpió y junto todos sus deseos de volver a besarla en una caja "para después" mientras el poco resentimiento que aún guardaba dentro salía por su boca en un tono burlón y altanero:

—Deberías aprender a hacerte responsable de tus actos, Kurosaki.

Su rostro paso de la ensoñación a la rabia en segundos y, para cuando él ya estaba fuera del hogar la escucho gritar bastante enojada.

—¡No puedes dejarme asi, Hitsugaya!— ella abrió la puerta hecha una furia, elevando su energía espiritual. Encontrándose cara a cara con su hermano, que miraba con recelo y muy descontento al capitán que acababa de salir de su casa. Luego miro a su hermana exigiéndole una explicación.

A sabiendas de que no podía decir lo que realmente había sucedido y aun queriendo desahogarse, ignoro a su hermano y continuo gritándole, sin importar lo tarde que era y que muy probablemente molestaría a los vecinos.

— ¡A la próxima, no te dejare ganar! ¡No volverás a irte como si nada, idiota!

—Aprende a perder, Kurosaki— Respondió él, fingiendo desinterés. Dejaría que ella interpretara sus palabras como quisiera. — por cierto, habrá una reunión en una semanas, Kurosaki, trata de comportarte.

No quería que Ichigo le recriminara cosas innecesarias la próxima vez que se vieran y con el informe que estaba a punto de redactar, definitivamente tendrían que hacer una.

Ingreso al Senkaimon con una sonrisa en el rostro sintiéndose realizado. Esperaba que Matsumoto no lo hiciera perder su extraña racha de buen humor… Esperaba tener otro día como estos…

Tan frustrada estaba con todos los pensamientos en su mente, que su pequeño cuerpo término temblando como si no supiera manejar todo eso. La pobre manija de la puerta soltaba pequeños chirridos bajo la fuerza de su mano que se apretaba de forma catártica. No era como si eso bastara claro.

De repente se hizo consiente de la mirada acusadora de su hermano. Una expresión que claramente exigía explicaciones coherentes con respecto a él porque Toshiro estaba saliendo de su casa a esas horas de la noche e intercambiado esas palabras. No sonaba como una conversación normal.

Ichigo era perspicaz y sagaz de vez en cuando. En esas extrañas epifanías era difícil hacerlo cambiar de parecer sin argumentos válidos para él.

Asi que aquí estaba ella, con la mirada de su hermano a la espera una explicación que ella no sabría que dar.

Se giró con una naturalidad más fingida que otra cosa haciendo lo posible por intentar que su hermano dejara el tema a un lado. Era prácticamente imposible que ella pudiera exponer algo de lo sucedido con mentiras si al momento de maquinarlo solo podía pensar en lo que Sí paso.

Maldijo a Toshiro y su estúpida carita de niño bueno. Su estúpido trabajo su estúpidos labios y a las estúpidas amigas de su hermana.

A los estúpidos celos de su hermano.

¡Pero más que nada, maldijo los estúpidos labios de Toshiro y sus estúpidas ganas de volver a besarlo!