A Thing Call "Love"

PAREJA: Harry Alfa x Draco Omega

DISCLAIMER: El mundo de Harry Potter le pertenece a J.K. Rowling! Yo solo estoy utilizando los personajes por mero entretenimiento sin fines de lucro :3

ADVERTENCIAS: Es un What if…? (qué tal si…?) dentro de un OMEGAVERSE

Hay relación chico-chico, sexo explícito (Si no te gusta el delicioso, ¿qué haces aquí? x9), personajes algo OoC y probablemente palabras altisonantes. ¡Están advertidos!

Si me equivoco en continuidad, horrores de ortografía o las cosas canónicas, ¡me disculpo de antemano! (porque no podré hacer nada xD)

Resumen: Atrapado en un matrimonio sin amor, Draco pensó que estaba entumecido al amor y que podría vivir su vida de esa manera; esto cambia cuando conoce a Harry, su alfa destinado.

Notas de la Autora: nuevamente me encuentro por aquí en esta historia corta. Mil gracias por leer y comentar las burradas que escribo jeje *W* me hacen muy feliz!

un agradecimiento especial a quienes me dejaron review! gracias de todo corazón!

Espero que disfruten! A leer se ha dicho!


Capitulo 4

Arrellanado por séptima hora consecutiva en su puff rojo de la sala, Harry tecleaba y garabateaba notas sin sentido. Iba de un lado a otro sin llegar a ninguna parte, borraba partituras de su libreta y su teclado volvía a producir su hermosa música.

Llegó la tarde con su velo anaranjado y la boba sonrisa en su rostro no se iba. Al diablo con el disimulo, no ocultaría su felicidad.

Un par de ojos de mercurio, cabello rubio platinado como la cara de la luna, unas manos suaves de alabastro que creaba una letra pulcra y cursiva, una estrecha cintura que podía abrazar… por si solo eran solo eso, pero al verlo en su totalidad, era lo más magnifico que había visto en su vida.

Draco.

Draco en el cielo con diamantes… rio divertido comenzando a comprender la letra de los Beattles. Draco era tanto que no podía con la inspiración que transpiraba su piel.

-Te ves feliz cachorro- su burbuja se rompió y se quitó los audífonos que desde hacía horas dejaron de emitir música y Remus le señaló que se sentara a la mesa con un gesto autoritario; su temor de que muriese por inanición persistía –pensé que te tomarías un descanso. Tu material no tiene ni 2 semanas a la venta-

-Esa era la idea, pero… estaba inspirado. Y aun lo estoy- su sonrisa se amplió y jugueteó con los guisantes de su plato. Si movía un poco la pasta, estaba seguro que podía ver a Draco entre los surcos de salsa Alfredo.

-Aww nunca había visto a mi Harry así. ¿Ya mojaste la brocha? - su padrino hizo un sonido obsceno que escandalizó al castaño.

-¡Sirius!- reprendió avergonzado -¿Cuántas veces he dicho que las conversaciones sexuales están prohibidas durante la comida?-

-Un par…- se alzó de hombros, desvergonzado.

-Fue algo más que eso Sirius…- no estaba lejos de la realidad. De hecho, fue la primera vez que hacia el amor con alguien y no le avergonzaba admitir, pero lo que lo tenía en la novena nube era el hecho de haberlo encontrado al día siguiente y que aquel sentimiento que llenó su cuerpo, no fue producto de su más loca fantasía –encontré a mi pareja destinada… mi omega- decir esa última palabra le produjo un estremecimiento que llegó hasta la punta de sus dedos.

-Harry… es lo más dulce que…- Remus se llevó las manos al pecho, pero su padrino comenzó con una rabieta exagerada.

-¡Nooo! ¡Mi cachorro no te puedes casar aun! ¡Aún tenemos mucho que hacer y aventuras que vivir! !un abanico de lindas pollitas escasamente vestidas... betas, omegas, incluso alfas! ¡Podrías divertirte con quien tu quisieras en mi honor!- chilló como niño pequeño ganándose un golpe en la cabeza.

-¡Sirius es lo más egoísta que he escuchado!-

-¡Pero Moony, nuestro bebe! Aun esta muy joven-

-Tranquilos los dos, no me voy a casar. No podría, aunque quisiera…- bajó la voz ante el trago amargo de realidad -él ya está casado- ambos adultos se quedaron con la boca abierta y el silencio se tornó pesado.

-Creo que no escuché bien, ¿podrías repetirlo?-

-¿Te metiste con alguien casado? Creo que tenemos que tener la charla, cachorro- Sirius se cruzó de brazos ofendido y Remus no se quedaba atrás.

-Sí, sí, cometí una tontería por el celo, pero me disculpé y estamos bien… seremos amigos-

-Harry, no creo que sea lo más prudente que puedas hacer. El instinto demanda, se apodera de ti y si no puedes tenerlo, será una tortura para ti tan solo verlo. No quiero que sufras- el castaño apretó su mano en solidaridad, comprendiéndolo más de lo que alcanzaba a decir con palabras -Además para un omega tampoco es fácil tener a su alfa tan cerca sin ser marcado por él…- regresó a ver a Sirius mordiendo su labio, pero continuó -¿estás seguro que ya lo pensaste bien? -

-Quiero estar cerca de él… es mi otra mitad. Mi cuerpo siente que lo necesita como si fuera oxígeno, tanto que no me importa que no pueda ser mío… me siento feliz de haberlo conocido… es un sentimiento extraño- los adultos se regresaron a ver preocupados, pero su propia mirada determinada los dejó mudos.

No aceptaría censura alguna y con ello daba por zanjado el asunto.

*.*.*

La cena con su suegra fue un calvario más grande que el anterior.

La gran Arabella Zabinni con su porte de buitre con su estola emplumada revoloteaba en círculos, poniéndolo a prueba, testeando sus respuestas como su más dura crítica.

Sabía de memoria las preguntas de rutina, pero eso no quería decir que estuviese ya curtido para que no le afectara su forma despectiva de hablarle, como si un omega fuera un ser inferior carente de entendimiento.

"Eres una vergüenza. Has estado casado por estos años y aún no sabes una pizca del lugar que te corresponde. Tienes suerte que alguien como mi hijo se hubiera casado contigo..."

Esa despedida fue un golpe a su estómago y su orgullo. Ansiaba sentirse aliviado con su partida, pero era imposible; un deseo tan lejos de su próxima realidad.

Llegada la noche Blaise solo tuvo que decirle "desvístete" para saber lo que seguiría a continuación. Dejó caer su corbata de un movimiento de dedos y se dio la media vuelta haciendo de tripas corazón para cumplir con su deber conyugal.

Era un omega. Un esposo. Su obligación a cambio de la protección que le brindaba Blaise. Sus manos estaban atadas.

¿Pasó 1 hora? ¿tal vez 2? No estaba seguro del paso del tiempo mientras miraba a la pared, su único punto focal mientras sus entrañas se abrían con violencia. La pared se había convertido en el único cuerpo rígido que conocía de cabo a rabo, su color, textura y cada una de sus imperfecciones. No estaba en celo, pero el calendario lo marcaba, así que estaba seguro que necesitaría algo para el escozor una vez que su marido terminara con él.

Una transacción que tantas otras noches le dio igual, salvo esa.

Sentía tanto asco de sí mismo y pensaba solo con tristeza un nombre: "Harry". ¿Qué pensaría Harry de él si lo viera? ¿lo odiaría?

No quería pensar en eso.

-¿A dónde vas?- el moreno le miró escéptico, anudando su bata de baño, tan radiante y complacido consigo mismo como un modelo de alguna revista para adultos.

-Creo que voy a ir a la farmacia por un antiácido… creo que comí más de la cuenta…- bajó su mirada con sumisión y jugueteó con su argolla -¿quieres que te traiga algo?-

-Tráeme unos cigarrillos – dijo sujetándolo con fuerza del brazo –si me entero que mi madre tenía razón y estas tomando anticonceptivos, no tienes idea de lo que te haré…-

"Como si me gustara que me cojas como un perro solo viendo a la pared sin sentir algo más que incomodidad…" se mordió la lengua tragando esas y más palabras que no debía pronunciar.

-Para nada. Tenemos un acuerdo ¿recuerdas? también trabajo duro para tener a tu primogénito- su sonrisa de catalogo apareció como un reflejo. Era bueno mintiendo que esperaba que con esas palabras vacías fuera suficiente. Blaise lo miró de arriba abajo y lo soltó.

-Estaré en mi estudio, no me molestes cuando regreses. Deja los cigarrillos en la cómoda- torció el ceño cuando se dio la vuelta y se dispuso a salir.

El aire frio de la noche le sentaba tan bien en su piel. Una caricia nocturna de céfiro era suficiente para relajarlo.

Su recorrido no era largo, pero fue lo suficiente para que las nauseas desaparecieran.

-¿Granger? Preguntó divertido al ver a la chica de esponjoso cabello castaño tras el mostrador –creí que estabas estudiando leyes. Parece que me equivoqué ¿aprendiendo el noble arte de cajera? te sienta bien- se rio de buena gana por su violento sonrojo.

-Eres un idiota-

-¿Ofendiendo a un cliente frecuente, señorita? Debería hablar con su superior…-

-Vete al demonio, Draco. Trabajo y estudio al mismo tiempo. Hoy me tocó rolar turno. Muchos a diferencia de ti no tenemos los recursos para vivir relajados- la chica respondió con mordacidad.

-Al menos no eres una incubadora con patas…- musitó entre dientes.

-¿Qué dijiste?- preguntó intrigada como si hubiera alcanzado a escuchar, pero quería estar segura.

-No, nada. Pásame unos Pall Mall para mi maridito y un antiácido que creo que voy a vomitar en tu pasillo limpio. ¿Este bálsamo es para uso intimo? -

-Una mala combinación... ¿pasas mala noche? – su rostro se tornó en uno de verdadera preocupación. "Perfecto, ahora me tiene lastima... esta noche no puede ser peor"

-No tienes ni idea… es la última vez que ceno buey a la borgoñona mientras hago corajes por mi suegra…- la chica asintió y colocó el bálsamo en su bolsa de papel sin siquiera preguntar.

-No deberías cenar pesado, yo nunca lo hago porque no es saludable. ¿Quieres una goma de mascar? A mí me funciona siempre que voy a casa de mi suegra, Los banquetes que prepara son para un regimiento y siempre insiste en servirme doble porción alegando lo flaca que estoy. ¿O prefieres un jugo de aloe? -

Draco se hizo hacia atrás para explorar con mayor detenimiento los dulces del mostrador cuando chocó con alguien detrás.

-Lo siento- -Perdóname- hablaron al mismo tiempo cuando sus ojos se encontraron.

-¿Harry?- parpadeó incrédulo y regresó a ver lo informal que se veía su propia ropa mientras Harry se veía tan juvenil con su ropa deportiva. Su cabello salvaje en el viento nocturno, se le hizo agua la boca. ¿Cuáles eran las posibilidades de encontrarse?

"Mierda" se dijo avergonzado como nunca. Siempre pensó que su pijama de fina seda traída de china era elegante, sin embargo, en ese momento se sentía ridículo y su cabello no ayudaba a la causa. "Debo verme horrible…"

-Draco… me alegra verte- su sonrisa radiante fue casi enceguecedora –no creí verte pronto, bueno, solo imaginé que me habría gustado que nos viéramos nuevamente en el parque, tal vez invitarte un helado, pero no pensé que pasaría realmente- rio nervioso.

-Sí, bueno, vivo a una cuadra de aquí ¿y tú? - disimuladamente aplacó su cabello. Ahora que su cabello estaba más corto, era indomable sin gomina. Lo odiaba.

-No, la verdad mi casa está bastante lejos, pero vine a ver a… ehh… ¡Herms!- la castaña carraspeó con una expresión de hastío.

-Finalmente notan mi presencia. Si no los conociera, diría que estaban en su propio mundo comiéndose con la mirada. ¿Desde cuándo se conocen? -

-No hace mucho…- ambos se sonrojaron -ehh ¿eres amigo de Hermi?-

-Si bueno- Draco rio ante el siseo que le lanzó la castaña -somos conocidos/enemigos que criticamos abiertamente las decisiones del otro con buenos argumentos mientras tomamos un café o nos vemos en el spa-

-Lo que Draco quiere decir es que fuimos juntos en la preparatoria y somos amigos- Draco sintió un ratro de enternecimiento por lo que escuchó. No pensó que la chica lo considerara su amigo.

-¡Eso es genial!- agregó Harry -En cuanto Herms salga de su turno, iremos con Ron a recorrer Soho. Hay un par de bares geniales con buena bebida y música. ¿Quieres venir? Es espectacular en las noches-

-No, no lo creo. Si me ven así creerán que me alquilo en la zona roja- dijo ocultando su clara vergüenza.

-Me gusta cómo te ves…- algo en su voz entre dulce y embelesada estremeció su piel. Era claro su deseo y como lo miraba de arriba a abajo –err… bueno siempre te ves bien, ya sabes…- La chica lo miro a uno y luego al otro leyendo entre líneas cosas que no quería saber.

-Será en otra ocasión- Draco se alzó de hombros sin dejar ver cuánto se moría por ir con ellos. Nunca había ido a un bar a divertirse entre amigos como… un chico normal.

-Como sea, aquí está tu paquete Harry. Las gomitas de chocolate de Remus, tus bebidas energéticas, vitamina C, los preservativos de piña colada de tu alegre padrino y tu otro encargo- le guiñó el ojo.

-Gracias- exclamó aliviado tomando un tubo de tinte entre sus dedos. Le intrigaba, pero no logró alcanzar a ver en su totalidad de qué color era o porque era su encargo.

-Sera mejor que me vaya. Trabaja duro Granger… nos vemos luego Harry- le sonrió dándole un golpecito al arco de sus lentes, disfrutando de la sonrisa más radiante del planeta.

-¿Puedo acompañarte?-

-¿No tenías planes?-arqueó una ceja –Granger y el orangután tangerina que tiene por marido se podrían molestar… ¿o estas siendo un caballero en brillante armadura protegiendo al omega desvalido?-

-No. Mione sale en media hora y quiero una excusa para acompañarte- Draco apretó sus labios para que esa boba sonrisa de colegial enamorado que pinta corazones en las íes no desapareciera.

-Me parece bien-

*.*.*

La temperatura a fuera del local había descendido abismalmente desde que salió de casa, que comenzó a tiritar. La luna llena estaba preciosa en el cielo nocturno, que de poder concentrarse en su belleza y lo idílica que se veía en compañía de su alfa destinado, le habría hecho escribir poesía.

-¿Odias a los pelirrojos?- preguntó Harry poniéndole su chaqueta sobre los hombros protegiéndolo del frio. Olía a delicioso té verde, como un abrazo cálido. Su timbre no sonó a reproche, sino algo que le pareció tristeza -pregunto por lo que dijiste de Ron...-

-Claro, ser pelirrojo debe ser una maldición. Infames, Pobretones, tienen más hijos de los que pueden mantener, falta de clase y pelean como salvajes. Básicamente sinónimo de Weasley en el diccionario-

-El diccionario mas raro del mundo si me lo preguntas. Es una lástima que pienses así. Yo soy pelirrojo- Draco soltó una carcajada sin poder creerlo.

No podía concebir la idea de que ese chico desgarbado, pero irresistiblemente atractivo fuera pelirrojo, estaba seguro que era sacrilegio imaginarlo. El cabello oscuro le daba una naturalidad y aire salvaje que le erizaba los vellos de su nuca.

Se limpió las lágrimas de la risa.

-Aunque te rías, es cierto. Solo que lo oculto por…- hizo una pausa –olvídalo. Es una tontería-

-Así que el tinte es negro y es tuyo- dijo con lentitud. Si no lo veía, podía fingir que no había escuchado nada -Ya decía yo que eras demasiado perfecto. Joven, tierno, un huracán en la cama y con mucha consideración... Algún defecto tenías que tener- Draco se recargó en él y sintió como su cuerpo fibroso se estremecía bajo su contacto.

Detestaba a los pelirrojos por dogma familiar, pero ¿Por qué no podía odiarlo?

-¿Aun quieres seguir viéndome? ¿Ser mi amigo? Soy un infame pelirrojo que se oculta por su propia inseguridad-

Miró sus increíbles ojos esmeralda, como lo veían con la más profunda ternura, cariño, pero con tintes de miedo al rechazo. Un niño rezando bajo el vendaval.

-Detesto el cabello rojo. Enseñanzas desde la cuna se podría decir- se alzó de hombros tomando sus dos manos. Esas manos más grandes y rugosas que las suyas, curtidas por trabajos manuales y cuerdas de guitarra que deseaba poder sostener por la eternidad. Entrelazó sus dedos con los suyos -Pero tal vez si haces méritos, podría hacer una excepción por ti-

Una sonrisa tímida apareció como señal de alivio.

-Buenas noches Draco…-

-Diviértete en el Soho, petirrojo- rio divertido ingresando en su morada.

*.*.*

Pasaban mucho tiempo juntos, más de lo que era prudente dada su condición.

Un mes con facilidad, se volvió dos y así continuaron viéndose en esporádicos encuentros por todo el otoño. Nunca podía tener suficiente de él.

Era increíble cuanto podían conversar. Historia, cultura, música e incluso deportes. Draco era tanto inteligente como culto, podía escucharle hablar sin cansarse de temas de química inorgánica, obras de Tennessee Williams o de arte impresionista; con un humor ácido qué adoraba observar como su nariz respingada se arrugaba cuando se divertía, incluso a costa suya.

Draco no volvió a mencionar nada sobre su cabello rojo y esperaba que la cosa siguiera así. No tenía idea de donde nacía su repudio a los pelirrojos, pero salvo el pequeño mote de "petirrojo" que de vez en cuando le lanzaba, era como si lo hubiese olvidado.

"Incluso suena lindo, como un mote cariñoso… claro, si olvidamos su origen" se dijo meditabundo tomándose su dosis de supresores de celo.

Una pastilla le siguió a otra. Una nueva pastilla continuaba la senda de sus hermanas con más frecuencia con forme pasaban las semanas.

Las ansias por Draco aumentaban. Ese rubio platinado era como el más bello espejismo. Su ropa elegante de gamuza, la informal que se movía holgada sobre su delgado cuerpo, incluso ese pijama azul de seda que estaba seguro amaría deslizarse por debajo de ella… Soñaba despierto con besarlo y volver a probar su piel.

Aquel omega le pertenecía, pero al mismo tiempo no podía ser suyo…

No se tomaría la molestia de preguntarse cuantas pastillas tomaba al día mientras Draco estuviera bien y a salvo de sus propios instintos.

-Vamos a tener un partido de baloncesto. ¿Te gustaría venir? – preguntó recargándose en la mesa, ese día le tocaba a él pagar el almuerzo. Draco robaba las aceitunas de su ensalada y le pasaba los trozos de pimientos coloridos que rechazaba de su sándwich.

-Sabes que no puedo en las noches… no puedo ir tan seguido a la farmacia. No quiero que Blaise siga pensando que tomo anticonceptivos- dijo desviando la mirada y Harry frunció el ceño al recordar el motivo por el que no podía marcar ese hermoso cuello pálido.

Su esposo.

Aquel individuo cínico con un fuerte aroma a café tostado qué le puso un anillo a su omega destinado. Le hervía su sangre al pensar las cosas que hacían detrás de aquella residencia donde vivían, cuantas noches debía abrazarlo y como besaba sus dulces labios.

Decidió pretender que no le daba importancia. Era pésimo jugando ese juego, pero siempre podía volver a intentar.

-Es el jueves en la mañana. Exactamente a las 11. Pero si no puedes ir será una pena que nadie me apoye…- fingió que se le rompió el corazón y el rubio soltó una risilla.

-Siendo así, por nada me lo pierdo- parpadeó coqueto dándole un apretón de manos.


Notas Finales: es todo por el momento. Me disculpo por lo cutre que quedó el capi xD