Preludio: El sueño
"Lo siento... lo siento tanto..."
Los enormes ojos claros, casi cristalinos, se opacaban entre un segundo y el siguiente, mientras la vida se iba de ellos.
"Yo..."
Una explosión cercana hizo que cubriera el cuerpo en el suelo, aunque ya fuera inútil protegerlo. Las piernas habían sido cercenadas, flotando sobre una pequeña laguna de sangre fluorescente.
Tomó la mano ensangrentada entre sus guantes; él aún entero, gracias a esa hada.
"No digas nada... está bien. Sólo... no me sueltes."
"No lo haré."
Cuando los ruidos se alejaron un poco, se sentó y la acomodó mejor en su falda, mientras aquella tosía sangre.
"Debe haber algo que pueda hacer, Landra; sólo dímelo."
La mujer lo miró largamente, y negó despacio.
"Lilia, no agotes tu magia en cosas inútiles" sonrió como pudo, y el otro le despejó el cabello negro pegado al rostro ". Aún necesitas... salir de aquí con vida."
"¡Estás loca! ¡No voy a dejarte!"
"Ah, sí lo harás..."
La joven elevó su mano hasta el rostro de aquel, y enseguida tomó los dedos para apoyar la palma sucia en su mejilla. Cuando sintió las yemas de los dedos presionar, supo que no se había acercado para una caricia, pero fue demasiado tarde.
"¡Landra!"
Un halo lo envolvió y lo separó del suelo, haciéndolo flotar unos metros en el aire. Un hechizo de teletransportación.
"Te amo, Lilia... no dejaré que mueras hoy" sonrió con tristeza, elevó más su mano, ayudada con la otra ". Ojalá que en la próxima vida puedas decirme que me amas..."
"¡LANDRA!"
...
—... ¡LANDRA!
Se levantó estrepitosamente de la cama, arrancando el cobertor sobre sus piernas. Tenía el cabello empapado en sudor, y toda su ropa estaba pegada a su pecho.
Cuando supo donde estaba cerró los ojos y frunció el ceño, chasqueando la boca.
—... otra vez.
Se puso de pie con un gesto cansado y caminó hacia su baño en suite, arrastrando los pies. El reloj fantasmagórico de la habitación le marcaba las tres de la madrugada; la misma exacta hora que se había levantado desde hacía un mes.
"Landra... ¿Quieres decirme algo?"
Se lavó la cara y miró su extenuado rostro en el espejo. Fingir que estaba todo bien estaba convirtiéndose en una tarea muy difícil, y pronto sus protegidos se darían cuenta.
"¿O es acaso mi propia vergüenza, después de estos siglos?" torció la boca "Pero... ¿por qué ahora?"
Bajo la mirada y observó sus dedos, apretados en el lavamanos. Estaba tenso, ya que una parte de él sabía muy bien por qué veía aquella vieja amiga una y otra vez. Y no era porque no hubiera podido evitar que se sacrificara por él, sino por sus últimas palabras.
"Me estás mostrando la ironía, ¿cierto?" sonrió con tristeza "Un amor no correspondido"
Se miró de nuevo, más serio.
"Ella es igual a tí."
I — La culpa
—¡Superior Vanrouge!
Los ojos rojizos del hada volvieron a la realidad, perdidos en recuerdos; además de un cansancio atroz.
—... buenos días, señorita Hikari — sonrió, volteando a ver — . Sabes que puedes llamarme Lilia.
—Ah ¡Lo siento! — la muchacha se retorció el cabello entre los dedos, nerviosa — Es que no sé muy bien como tratarlos. Mally me enseñó q—
—¿Mally? — la cortó extrañado.
—¡Quise decir, Malleus! — se sonrojó, riéndose brevemente — Bueno, me pasa eso; desconozco la etiqueta y...
Lilia ya no la estaba escuchando, a pesar de que sabía que hablaba y emitía sonidos, huecos como en una lata. Un fuego se le formó en el estómago y empezó a subir lentamente, como una melaza, hasta su pecho y su garganta. Tuvo el impulso de gritar, pero se mordió la lengua con la boca cerrada, sonriendo con mucho esfuerzo.
—... por eso es que me regañan con frecuencia, usted es... ¿Está bien?
—Sí, sí... un poco cansado nada más.
—Mnh, Malleus me dice que a veces los rangos superiores tienen que hacer guardias mágicas que son a vela. ¿Ya es la época? No se esfuerce demasiado.
—Me temo — mintió, bostezando auténticamente — . Ya llegará el tiempo en el que pueda dormir mejor. No te preocupes. Vamos, se hará tarde.
La joven sonrió y se dispuso a seguirlo. Y ese era el meollo del asunto.
Esa maldita sonrisa.
Al principio, pensó que sería una buena idea. Su pupilo estaba perdidamente enamorado de la humana, pero en la institución había muchos lugares donde los no-mágicos no podían acceder; vivían en lugares separados, y sus actividades eran diferentes. Había, sin embargo, clases mixtas para los grados superiores. Y si se consideraba apropiado, los mayores podían tomar alumnos más jóvenes, aunque estuvieran en el otro establecimiento. Esa ventana le permitió una chance a Lilia para solicitar la tutoría de dos materias generales con Hikari, en pos de acercarla más a la casa familiar y, por lo tanto, darle más espacio a la pareja sin esconderse, como hacía un año atrás. Escuchar el agradecimiento de su pequeño señor fue una enorme satisfacción, porque sabía que había obrado por el bien de ese corazón.
El problema fue que, en el camino, descuido el propio.
—¿Trajiste los apuntes?
—Sí, sí, no soy tan tonta.
Y luego de tantos meses estando con ella, aquellas memorias inconexas empezaron a aparecer; esos recuerdos de las Guerras Mágicas sirviendo al Señor del Valle de las Espinas. Pesadillas de humo, hollín y sangre, pero que al final habían llegado hasta una figura: su subordinada.
Hikari era igual a Landra, y Landra a Hikari. Como si fuera una puta encarnación.
—Muy bien, la lección de hoy será sobre el Páramo — la voz de la profesora rebotaba en el salón, lejana. Lilia estaba sentado junto a Hikari, quien comenzaba a tomar notas. En tanto, los ojos rojos estaban desviados a la mano inmóvil sobre la mesa a su lado.
Quería tomarla, acariciarla, besarla.
Apretó los dientes con discreción y miró hacia adelante, buscando distracción inútilmente. El sueño de la madrugada había sido vívido, y Landra parecía traslucirse como un fantasma coordinando con el cuerpo vivo, como un rompecabezas.
Las dos horas de clase fueron una tortura, y la tensión del cuerpo del hada era cada vez más patente. Quería salir corriendo de allí, en vez de seguir aguantando sus impulsos. Pero no quería asustarla, porque eso iba a significar alejarse. No iba a quedarse sin su presencia, sin sus ojos.
No iba a perderla de nuevo.
El timbre lo volvió a la realidad para ponerse de pie y comportarse como siempre, con una sonrisa. Hikari terminó de guardar sus cosas y se cargó la mochila al hombro.
—Estás muy cansado, superior, sueles acotar cosas para ayudarme a tomar notas.
—No creí necesario interrumpir tu concentración; hoy era una lección fácil.
—¿Lo cree?— la joven se rascó la mejilla, avergonzada— Yo entendí la mitad.
—Oh — se sonrojó apenas — ¿Por qué no me avisaste?
—Parecías pensar en otra cosa, y no me pareció correcto interrumpirte — le devolvió la frase — . Realmente me preocupa tu bienestar.
"¡Cállate, mortal! ¿Por qué lo haces difícil?"
—Estaré bien cuando pueda dormir, las hadas tenemos nuestros métodos para recuperarnos mentalmente — se excusó— . Si has apuntado todo, luego podemos quedarnos al anochecer en la sala de la Casa para explicarte para que sea m-
—¡Hika!
—¡Hola Malleus!
Cuando Draconia apareció, la joven fue hacia él y ambos se tomaron de las manos, hasta que ella le dio un beso casto en la mejilla. Lilia quedó inmóvil, sin poder dejar de verlos. El fuego en el estómago fue tan fuerte que se lo tuvo que tomar.
¿Qué mierda le estaba pasando?
—¿Cómo están? ¿Cómo estuvo la tutoría?
—¡Genial! Aunque hoy fue callada — Hikari volteó a ver al hada mayor — . Me ha dicho que está durmiendo mal.
—Nada de lo cual deba preocuparse — interrumpió con una sonrisa armada y perfecta, mirándolos a ambos — . Tengo muchos pendientes y estuve un poco distraído, pero ya me repondré — miro a la muchacha — Entonces ¿vienes a la casa?
—Er... — la chica se acomodó el cabello, nerviosa — Lo siento, es que ya había acordado con Malleus salir a caminar después de clases.
—Oh, ya veo.
—¡Prometo estudiar los apuntes! — respondió deprisa, ante la sonrisa divertida de su pareja — Habíamos planificado esto hace una semana, y ya sabes cómo son de estrictos con los horarios y los cruces de salones fuera de clases.
—Volveremos antes de que termine el día — aclaró el joven, mirando a su tutor. Aún no había soltado las manos de ella, por alguna razón que fastidiaba enormemente a Lilia — . No notarán que nos fuimos.
—Eso espero... — susurró bajo el suspiro, y sonrió — Entonces, me marcho, los dejo solos. Te espero en la casa, Malleus.
—Sí, claro. Gracias por estar con ella — le dijo apenas sonriéndole, que para esa criatura significaba mucho. Lilia se sonrojó y miró hacia un lado, asintiendo y retirándose.
—El superior se está portando muy extraño, Mally — Hikari lo miró de repente — ¿Está pasando algo? ¿Es alguna fecha rara para que las hadas se sientan mal?
—Nada de eso, amor mío — contestó, encogiéndose de hombros — Lilia es grande, quizás le dio un acceso de melancolía.
—Estuvo distraído y perdido todo el día. Me insistió en varias oportunidades que tenía sueño.
—Ya se repondrá— la despreocupó, dejándose acomodar el cabello tras sus cuernos, sonriendo con ternura — . No tenemos mucho tiempo, así que será mejor que nos demos prisa.
—De acuerdo.
Cuando estuvieron solos, ella se colgó de sus hombros y él se permitió besarla largamente, mostrándole lo mucho que la había extrañado. Cuando Hikari se abrazó al pecho, no pudo ver la mirada de él, perdido en sus propias preocupaciones.
Lilia había mentido: las hadas no necesitaban dormir, lo hacían de puro hábito social. Había algo raro.
Y no era el único que cargaba con culpa por ella.
II — El despecho
—¿Qué es lo que pasa contigo?
Cuando la luna se puso firme en el firmamento Malleus encontró a su tutor, escondido en lo profundo del Bosque de los Espinos, un pequeño invernadero a cielo abierto detrás de la Casa a la que pertenecían. Se había transformado en tal cosa por las prácticas constantes de Draconia con su magia; un refugio cuando las cosas se ponían difíciles. Como en ese momento.
—Nada, querido. Necesitaba soledad. — respondió Vanrouge sin mirarlo, sentado en una rama gruesa en lo alto de un añejo árbol, apoyada la espalda en el tronco principal. Las espinas alrededor no le dañaban, aunque le apretaran la blanca piel.
—¿Me estás tomando de idiota?— el joven frunció el ceño, buscando la mirada que le era esquiva desde abajo — Sé que sólo vienes aquí cuando estás triste.
—Estoy cansado. — le corrigió a secas, mirando hacia arriba. El otro bufó, y humo salió de su nariz.
—No me digas lo mismo que le dijiste a ella. Nosotros no dormimos.
Ella.
Lilia entonces lo miró, con una seriedad que hacía mucho el más joven no veía. La majestad que ejercía por su edad era impactante. Intimidante.
El silencio los inundó hasta que el viento helado ululó entre los espinos retorcidos que los rodeaban.
—Por favor, Lilia, dime que sucede — Malleus intentó un tono mas amable, sus ojos iridiscentes en la oscuridad — . Pensé que estabas con tus asuntos, pero esto no tiene nada que ver con Night Raven — dio un paso más — . Dime, soy tu familia.
La congoja en el corazón del hada mayor fue demasiada para ocultarla. Agachó la mirada y se cubrió el rostro con una mano; su pelo desparejo desde la infancia de aquel, por aquel, le hizo sentir más fuerte la culpa y el despecho en simultáneo.
—Maldita sea, Mally. No me obligues a llegar a esto.
Vanrouge dio un salto grácil hacia el suelo, a pesar de la decena de metros. El otro quedó de pie con el ceño fruncido, intrigado por todo aquello. El aire comenzó a ponerse espeso, como una niebla en los pies; costaba respirar, y el vapor fue más visible.
—... ¿Qué estás haciendo?
Las espinas alrededor de ellos y sobre ellos comenzaron a llenarse de escarcha a rápida velocidad. El frío parecía estar sólo en ese claro, pero era patente.
—Estoy siendo honesto, cariño.
Lilia abrió las manos, y un viento helado cortó la una mejilla de Malleus, que lo miró con sorpresa, sin poder creerlo.
—¡¿Qué demonios haces?!
—Es lo que llevo dentro — bajo las manos con calma — . No me volví loco, ni deseo enfrentarte. Simplemente estoy frustrado. Hiciste una pregunta, te la respondo.
—¿Frustrado por qué? ¿Conmigo?
—Y conmigo — agregó — . Por culpa de esa humana.
—... ¿Hikari? — Malleus intentó adivinar — ¿Aún estás en desacuerdo con mi relación?
—No. Comprendí que era el destino, y lo mejor para ambos. Para tu camino — suspiró — . Pero eso no quita que esté celoso.
—¿De Hika? — lo miró desconcertado — Hablamos de esto antes, Lil. Sabes que no descuidaría nunca mis deberes con los nuestros, aunque an—
—De tí.
Se armó un gran espacio de nuevo, con el canto del viento.
—... ¿De mí?
—Estoy enamorado de ella.
Los ojos del hada más joven se abrieron como platos, así como su boca unos breves segundos. Enseguida, frunció el ceño con enojo y apretó los puños. Contrario a todo pronóstico, Lilia sonrió con sarcasmo, y se puso las manos en los bolsillos.
—La bella Malenoa siempre tuvo razón; el amor es la fuerza más grande del universo, eterna y fatal; construye o destruye civilizaciones enteras, incluyendo los lazos — lo señaló — . Y ahora jamás podrás volver a confiar en mí. La armonía de la casa lentamente se caerá a pedazos. Pero juré a tu madre que jamás te mentiría.
Draconia permaneció callado unos minutos más.
—¿Cómo? ¿Por qué?
—El pasado me hostiga, Mally — le dijo con resignación y ternura, rogando en silencio que no lo abandonara luego de todo aquello — . En el último tiempo he estado teniendo imágenes sobre mi pasado; los combates interminables, cada pelea y cada pérdida — suspiró — . Deseo cerrar los ojos pero, cada vez que lo hago, aparece Landra. Una gran amiga, compañera de armas, que murió delante de mí. Salvó mi existencia con su arrojo; pero antes de hacerlo, supe que ella me había amado por un siglo y sufría en silencio, porque sabía que yo... amaba a otra persona — se corrigió a tiempo — . Y me pidió que le mintiera antes de que ella muriese.
Se tomó el pelo con congoja.
—Hikari es igual a Landra. Me revuelve el dolor y la tristeza, pero también una profunda necesidad de protegerla, de enmendar mi error. Y esos sentimientos comenzaron a profundizarse hasta que... bueno, llegué a esto.
—Hika no es el chivo expiatorio para subsanar la culpa, Lilia — dijo, enfadado de nuevo.
—¡Lo sé, lo sé! Pero es más complejo que eso. No quiero quedarme libre del sentimiento. Por el contrario, la ternura de la mortal y su compañía me han hecho tan bien que, por un momento, mi cabeza confundió las cosas. Simplemente es que... si la hubieras visto. Lan podría haber sido la madre de Hikari, era exactamente igual a ella — trató de explicarse con una mano en el pecho — . Te amo, Mally, eres como mi hijo. No quiero que esto nos separe. Sabes que quiero lo mejor para ti, pero ya no puedo soportarlo mas.
Malleus quedó pensativo, molesto aun.
—¿Ella sabe?
—¡Por los dragones que no! ¿Cómo se te ocurre? Me tiene el cariño que puede llegar a tenerme siendo tu tutor.
—... ¿la deseas?
Lilia se sonrojó con violencia.
—Por supuesto que sí.
Fue entonces cuando el otro hada se acercó a él a zancadas. Aunque estaba tenso por el inevitable enfrentamiento, no se apartó ni cerró los ojos, esperando recibir su castigo. Malleus lo tomó de la solapa de su saco y lo apretó contra el tronco mas cercano.
—¡Pudiste habérmelo dicho!— protestó, mostrando los colmillos salientes. Vangrouve sonrió con burla.
—¿Qué querías que hiciera? ¿Arruinar tu vida sin más?
—¡Claro que no! — lo soltó, pero se quedó cerca de él— ¿Crees que no recuerdo todas las historias que nos has contado de la guerra, todo ese dolor que guardaste mientras me criaste? Estoy enfadado porque no confiaste en mí como para decírmelo antes de llegar a este punto.
—¡No sabía qué hacer! ¿De acuerdo? — le puso la mano en el pecho y lo alejó despacio. Malleus, en cambio, la tomó entre las suyas.
—Amo a Hikari con todo mi corazón. Y a ti también — le dijo, sonrojándose apenas — . Tu buscas mi felicidad, pero yo busco la tuya también. Si a alguien le confiaría el amor de mi vida, sería sólo a tí. Aunque por todos los trastornos que le generé a Hika en su normalidad, realmente pienso que debería estar con alguien como Silver, sin tanta magia en la sangre — sonrió a medias — . Pero no, sólo estaría segura contigo en esta tierra de locos.
Se calló un momento.
—Si ella aceptase, no me opondría a que la ames, ni ella a ti.
Lilia quedó paralizado y rojo, con sus ojos abiertos de par en par.
—... ¿estoy sordo, o me quede estupido?
—No, no lo estás — se alejó un poco más, hablándole con profunda serenidad — . Podemos hablar con ella, y puedes tener un espacio para explicarle tus sentimientos. Si acepta, me quedaré tranquilo de que está contigo. Es como si extendieras tu manto sobre ella también; y me da paz, de algún modo.
—Yo... no sé qué decir, Mally — dio un paso prudente, buscando la mirada — . ¿Estás absolutamente seguro que esto es lo que quieres, verdad?
—Me enseñaste a no mentirnos entre nosotros— lo miró de vuelta, sonriendo despacio — . Sí, estoy hablando en serio.
Draconia no pudo detener el impulso del abrazo ajeno. Como Lilia era mas pequeño, apoyó la cabeza en el pecho de Draconia y este sonrió, acariciando la cabeza.
—Por los dragones... estaba tan asustado de que me odiaras — sus ojos se llenaron de lágrimas — . Yo...
—Está bien — le contestó — . Si Hikari no está de acuerdo, al menos habrás podido decírselo, y ambos decidirán cómo llevar la relación a partir de ese momento.
—Pero... ¿si acepta? — levantó el rostro hacia el otro, mirándolo con atención — ¿Qué vamos a hacer?
Draconia sonrió con enigma, pero no respondió.
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