¡Hola! Lo prometido es deuda. Ya llegó, ya está aquí mi fic navideño que participa en la #Dinámica Navideña #12_eventos_decembrinos de las páginas Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma e Inuyasha Fanfics.
Será un fic de varios capitulos cortitos pero que cuenta con la premisa del número 12. Espero lo disfruten y ¡Felices Fiestas!
I
Cuenta la leyenda que, si te encuentras debajo del enorme reloj del centro de la ciudad y escuchas las doce campanadas que marcan el inicio de la navidad acompañado de tu ser amado, su amor recibe la bendición de Dios y perdurará más allá del tiempo.
La madre de Kagome solía contarle esa historia todas las navidades al arroparla en su cama, cuando su madre cerraba la puerta de su habitación, se levantaba y contemplaba la enorme estructura a través de su ventana, escuchaba las campanadas mientras soñaba con el día en que encontraría al hombre con quien compartiría tal especial momento.
Tenía trece años cuando sintió el flechazo del primer amor, pero fue tan efímero que la relación no llegó al mes de diciembre, así que no hubo oportunidad de pasar la noche fuera de casa para recibir la navidad bajo el reloj. El segundo amor le llegó a los dieciséis, este sí que llegó a diciembre. Lamentablemente su "amado" recibía las campanadas con otra chica de su clase ante sus ojos llorosos y su corazón destrozado.
Tuvo un último intento a los veinte años, ella estaba segura que era el indicado. Después de todo, ¿No dicen que la tercera es la vencida? Hoyo la idolatraba, besaba el piso por dónde ella caminaba, hubiera echo cualquier cosa por ella; entonces… ¿Qué salió mal? Bueno, que nuestra querida amiga no sentía lo mismo. Así que esta vez fue ella la que ni se atrevió a poner un pie en la plaza los últimos instantes del veinticuatro de diciembre.
Ahora a sus casi treinta, aquella historia le parecía muy bonita pero bastante alejada de la realidad. Eso del amor verdadero no eran más que puras patrañas, ella lo había comprobado. Así que dejo de soñar con romances de película y se concentró en ser la mejor diseñadora gráfica que Japón hubiera tenido jamás. Al terminar la universidad se mudó a Tokio donde trabajaba para una importante empresa de publicidad y era justo en esa ciudad donde había pasado todas las navidades siguientes después de dejar plantado al pobre de su ex novio; bien alejada de relojes con campanadas mágicas.
Y así habría continuado, a no ser por aquella llamada que recibió por parte de su madre a doce días de navidad, donde le contaba entre lágrimas que el abuelo Higurashi cayó enfermo y uno de sus deseos era ver a su nieta, quizás por última vez. Por este motivo es que nuestra hermosa protagonista se encontraba maleta en mano en la estación esperando la salida del tren que la llevaría a su pueblo natal.
- Sango, escúchame- decía con teléfono en mano mientras que con la otra pagaba la cocoa caliente que había pedido en una de las cafeterías de la estación- Sí, yo sé que estas emocionada, pero recuerda que las citas a ciegas luego no resultan como… permíteme. Gracias señorita.
Tomó la bebida mientras que con la mirada buscó algún asiento disponible para reanudar la conversación con su mejor amiga.
- Por una vez puedes dejar de estar de pesimista y alegrarte por mí- le reprochó la voz del otro lado del móvil.
- Me alegra Sango, sólo que… eres como mi hermana, no quiero que te lastimen.
- Tranquila Gome, recuerda que soy una chica fuerte- su voz se tornó arrogante- cinta negra en Karate Do, por si el tipo quiere pasarse de listo.
Ambas se soltaron a reír. Su amiga tenía razón, no porque a ella le hubiese ido mal en cuestión de amores, quería decir que a todos les sucedería lo mismo. Después de algunas recomendaciones de parte de Kagome a Sango y viceversa, finalizó la llamada y sus ojos castaños se dirigieron al enorme reloj digital, faltaban doce minutos para que saliera su tren; tiempo suficiente para degustar en total calma y tranquilidad su delicioso chocolate caliente.
O al menos eso es lo que esperaba hacer hasta que…
- ¿Higurashi? Sí, ¡Eres Kagome Higurashi!
La chica entornó sus ojos molesta, ¿ahora quién diablos?... ¡Wow! Sus ojos se abrieron por la sorpresa, ante ella un chico alto, de cuerpo atlético, cabello plateado y ojos dorados la miraba con total atención.
¿Ella lo conocía? Su mente repaso situaciones y personas a una velocidad impresionante, nadie era tan torpe como para olvidar a un hombre así, debía de verse realmente confundida porque el chico arrugó el ceño molesto y lanzó un bufido.
- Soy Taisho, InuYasha Taisho- dijo en un intento por hacerle recordar.
¿Taisho? Rascó levemente su cabeza, definitivamente ni el nombre ni el chico frente a ella se le hacían conocidos.
El hombre volvió a gruñir molesto.
-Si serás torpe. Soy el hijo de Izayoi, la amiga de tu madre.
De nueva cuenta su cerebro rebusco entre sus recuerdos y ¡bam! Vino la revelación. InuYasha Taisho el hijo menor de Toga e Izayoi, vecino suyo, le jalaba las coletas cuando niña, buscapleitos, lo expulsaron de la escuela preparatoria en el primer año por moler a golpes a Kouga Matsuda, su padre lo envió a la escuela militar, desapareció por mucho, mucho tiempo y ahora… ¡Por Dios!
- Que… ¿sorpresa? - atinó a decir no muy convencida.
En su defensa podemos decir que nunca fueron los grandes amigos, InuYasha solía molestarla y decirle cosas hirientes. Si, ahora lucía atractivo, pero eso no borraba los recuerdos de Kagome, en los que él se comportaba como un sinvergüenza y un patán.
"Pasajeros con rumbo a Izumo favor de dirigirse a la zona de abordar"
Salvada por la voz institucional. Kagome se incorporó del asiento y le dio una sonrisa de compromiso a InuYasha. Bendito tren que acababa de llegar, gracias por librarla de una conversación incomoda.
Estaba por respirar tranquila cuando lo sintió caminar a lado suyo. Era enserio ¡¿él también iba para el pueblo?! Se detuvo en su puerta de abordaje y él hizo lo mismo, subieron al tren y ¡Oh sorpresa! Tenían asientos… juntos.
- Si no te molesta me gustaría sentarme de lado de la ventana- le dijo mientras subía su maleta al porta equipaje.
- ¿Eh? No, está bien – respondió intentando sonar desinteresada.
Pero ¡Claro que le importaba! El asiento de la ventana era su lugar favorito del mundo mundial. ¡Ese idiota! ¡Maldita suerte!
- ¿Quieres que te ayude? – preguntó, al notar como la joven luchaba con su propia valija.
- No, estoy… - ni tiempo le dio para negarse, en un abrir y cerrar de ojos, InuYasha le había quitado su maleta y la había colocado justo al lado de la suya- Gracias.
El chico se encogió de hombros y tomó su asiento al lado de la ventana
