Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Fyrebyrd, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Fyrebyrd. I'm only translating with her permission. Thank you so much again, April! :3
Capítulo 7
EXCLUSIVO:
ALST se ha enterado exclusivamente que el abuelo Cullen, qué descanse en paz, dejó una cláusula en su testamento cuando le cedió su posición de director ejecutivo a su nieto.
Edward Cullen debe casarse antes de poder obtener el puesto.
¡Lo escucharon aquí primero!
Alice Lo Sabe Todo
Sonrío, levantando la mano y llamando a Rose. Ella se señala a sí misma, como si lo estuviera haciendo por mi bienestar o algo.
Asintiendo, agito la mano con más insistencia.
Ella vacila al acercarse, y Edward lleva su mirada hacia ella cuando se detiene. Antes que él pueda decir algo grosero por interrumpir, digo «Creo que a Edward le gustaría una porción de pastel de manzana».
Él lleva su mirada hacia mí, la sorpresa bailando en las profundidades de pino.
—¿Quieres comer una porción conmigo?
—No tengo mucha hambre —digo, echando un vistazo al mismo coche negro de anoche en el estacionamiento—. Pero ¿quizás a tu chófer le gustaría una porción? Está siendo increíblemente indulgente con tus caprichos.
La lengua de Bella se asoma y se desliza a lo largo de su labio inferior mientras considera su respuesta.
—¿Y si es una mujer?
No puedo contener mi sonrisa.
—Entonces, ella probablemente está hambrienta.
Él suelta una carcajada hermosa y melódica.
—A Emmett probablemente le encante una porción y te ame por pensar en él.
—Eso lo resuelve, entonces. —Regreso mi mirada a Rosalie, que luce entretenida al ver nuestra charla—. Una porción para Edward y otra para el caballero mal pagado en el coche.
Ella mira a Edward, arqueando una ceja.
—No suelo entregar en el coche, pero una propina grande sería un buen incentivo.
—Grande es la única manera en que doy propinas. —Su sonrisa satisfecha es deliciosa, y quiero quitársela de su rostro ridículamente hermoso a besos.
Suspiro, regañándome internamente.
Cuando Rose se retira, Edward voltea a mí tan precioso y feliz que nunca.
—Gracias. Con todas las distracciones, había olvidado que todo lo que quería cuando entré a este lugar era ahogar mi ira en pastel.
—De nada. —Me encojo de hombros como si no fuera gran cosa, pero él me mira como si lo fuera. Mi rostro enrojece—. ¿Qué? Deja de mirarme.
—Eres deslumbrante, Bella —masculla, y mi corazón retumba contra mi pecho—. No solo eres físicamente hermosa, sino que tu alma es amable, y tu corazón es gentil. ¿Puedes imaginar la vida que podríamos tener?
—¿Tú puedes? —pregunto, tratando de no dejarme llevar—. ¿Qué pasará cuando no encaje en el molde que el mundo tiene para la Sra. Cullen? ¿Me haces a un lado, o discutimos y peleamos, pero lo resistimos porque queremos probarle que están equivocados?
—Me importa una mierda lo que piense el mundo.
Jadeo, en parte sorprendida y en parte excitada.
Él se ríe de mi expresión.
—Disculpa. Fue grosero decirlo así, pero en serio, Bella. Jamás he sido alguien que cede ante las expectativas que tienen de mí.
—¿Acaso encontrar una esposa no es ceder ante las expectativas de alguien? —No tengo todas las circunstancias de su búsqueda, pero ha dejado en claro que es una necesidad con la cual no está feliz.
Se pellizca el puente de la nariz, la primera señal de frustración que ha mostrado hacia mí.
—Sé que suena como un cliché, pero eso es diferente.
—¿Cómo? —Lo desafío, lista para dejar atrás esta ridiculez.
En vez de mostrar más frustración, él suspira, y es un movimiento pesado, dejando caer sus hombros.
—Mi abuelo es quien convirtió a Cullen Corp en la exitosa compañía multibillonaria que es hoy. —Puede que no se dé cuenta, pero me he mareado. ¿Billones?—. Él no tuvo otra opción, cuando supo que estaba enfermo, que dejar a Carlisle como director ejecutivo provisorio. Yo creía que la única contingencia era conseguir mi maestría en Administración de Empresas, la cual obtuve el año pasado, pero resulta que el Abuelo tenía otra sorpresa bajo su manga. Insistió que debía estar casado antes de asumir mi merecida posición a la cabeza.
—¿Qué hay de malo en permitir que tu padre mantenga su lugar mientras te enamoras y encuentras una esposa a la antigua? —pregunto, confundida por la falta de tiempo—. Él ha sido director ejecutivo por años ya, ¿o no?
Él resopla con una risita, sus ojos brillando con una emoción sin nombre, pero lo que sea que es, es buena.
—Realmente no prestas atención a las noticias, ¿no?
—Disculpa si el chisme me evade —digo, poniéndome más a la defensiva de lo que debería—. Tengo otras cosas de qué preocuparme.
Su expresión se cae, y con ella se van los ojos brillantes.
—Me disculpo. Parece que siempre encuentro maneras de mostrarte lo insensible que puedo ser.
—¿Estás seguro que esa es la única condición? —pregunto, ignorando cualquier charla de su inhabilidad para caminar en mis zapatos. Llegados a este punto, él no tiene la capacidad para hacer eso—. ¿Y si nos casamos y descubrimos que tienes que producir un heredero primero?
Solo estoy medio bromeando.
Su cejas estúpidamente perfectas se alzan en una increíble simetría en su frente antes que una sonrisa lenta se estire en la esquina de su besable boca. Cada otra parte de su hermoso rostro se acomoda para realzar esa sonrisa.
—Entonces, producimos un heredero.
