Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Fyrebyrd, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Fyrebyrd. I'm only translating with her permission. Thank you so much again, April! :3
Capítulo 8
Vamos por el tercer día de desaparición del Chico Maravilla. No ha ido a Cullen Corp, y se ha perdido de la reunión de emergencia anoche, donde el mayor tema de discusión fue el testamento del abuelo Cullen.
Tengo las antenas encendidas.
¡Cuando lo sepa, lo sabrán!
Alice Lo Sabe Todo
Rose aparece en ese momento y deja el pastel de Edward, así que me da un segundo para ordenar mis pensamientos. Él mete un bocado entre sus labios perfectamente rellenos.
—Mmm.
Eso dispersa mis pensamientos aún más.
—Eh… —No soy capaz de formar palabras por diez segundos completos—. ¿Quién dice siquiera que quiero hijos?
Su sonrisa no se cae como pensé que lo haría.
—¿No quieres?
¿Quiero?
¿Después de la vida que he tenido?
—Creo que sí —digo, prácticamente dando voz a mis pensamientos mientras se consolidan—. Por supuesto, eso solo sería después de haber arreglado mis mierdas. Jamás permitiría que mis hijos pasaran por las cosas que yo pasé.
—Nuestro hijo tendría lo mejor de los dos mundos —masculla suavemente, tomándome por sorpresa—. La fortuna de su padre y la belleza y la humildad de su madre.
Las lágrimas se forman tan rápido que no tengo tiempo de contenerlas.
—¿Y si no funciona? —susurro, permitiendo que toda la vulnerabilidad que siento se filtre en mi tono. Mi voz se quiebra—. Si intentamos esto y fracasa, quedaría como si aquí no hubiera pasado nada. No sería así para mí. ¿Perderé a mi hijo porque no tengo los recursos para hacerle frente a tu familia?
—Jamás alejaría a nuestros hijos de ti —dice contundentemente—. Lo pondré por escrito.
—Ah, el contrato prenupcial. —Resoplo con una risita.
—No. —Se inclina hacia adelante, sus ojos verdes tan firmes como su tono—. El único tipo de prenupcial que firmaremos es donde se mencionan las cosas que tú necesitas.
—Así que, soy la cazafortunas.
—No seas tan cínica. —Pone los ojos en blanco—. ¿Qué tal esto? ¿Y si funciona?
Abro la boca y entonces la vuelvo a cerrar. Visiones de mí con este hombre hermoso, riendo, besándonos y amándonos se filtran en mi mente, y se siente más como una fantasía que cualquier cosa que podría ser real.
—¿Puedo ser honesta?
Él bufa con una carcajada.
—¿No lo has sido?
—Muy bien. —Una sonrisa se asoma por las esquinas de mis labios—. No sé mucho sobre las personas ricas y las dinámicas familiares, pero parece que estás rebelándote. La rebelión usualmente trae efectos colaterales, y no quiero convertirme en solo otra pérdida en esa guerra.
—Menciona tus condiciones —dice firmemente, sacando el teléfono de su bolsillo y desbloquéandolo, sus dedos listos.
Pongo los ojos en blanco.
—Eres ridículo.
—Te escucho.
—De acuerdo —digo lentamente, ordenando mis prioridades como si realmente fuera a hacer esto—. Un acuerdo de custodia blindado para nuestros posibles hijos, un apartamento a mi nombre, completamente pagado, si lo peor llega a suceder. Y cincuenta mil dólares, no, sesenta, así Rose puede pagar los impuestos, en un fideicomiso que ella controla así no me lo pueden quitar bajo ninguna circunstancia.
Frunce el ceño, pero escribe en su teléfono. Después de un segundo, levanta la mirada.
—¿Y?
—Eso es todo. —Me encojo de hombros.
—¿Pensión conyugal? —pregunta—. ¿Pensión alimentaria? ¿Un coche?
Niego con la cabeza.
—No quiero tu dinero, Edward, y estoy segura que te asegurarás de que tus hijos tengan todo lo que deseen.
—Entonces —dice, escribiendo de nuevo mientras habla—. Un acuerdo de custodia prenupcial, un apartamento en el mejor barrio oeste, cerca de la academia Twilight, donde nuestros hijos asistirán, y un fideicomiso de un millón de dólares a nombre de mi esposa para que controle Rose. Además, cincuenta mil dólares al año en compensación por el trabajo diligente de Rose.
—No dije eso. —A pesar de estar avergonzada por la cantidad que él añadió a los términos, mi corazón late contra mi pecho. Que me hagan sentir que importo es emocionante, y el calor me invade.
—Vales mucho más —dice, guardando su teléfono.
—No estoy segura de eso —mascullo, preguntándome por primera vez si podría poner un número a mi valor—. Pero como alguien que no está interesado en casarse con alguien que conoce, ¿cómo puedes estar haciendo una oferta como esta a alguien con quien solo has hablado… —Me detengo, mirando al reloj en la pared detrás del mostrador—... por una hora?
—Honestamente, Bella —dice, sonriendo de una manera que mi estómago da un vuelco—. Esta conversación me ha demostrado que eres incluso mejor de lo que sospechaba al principio. No eres insulsa, grosera o insensible por la vida que has vivido. Eres una flor joven y hermosa que se va a abrir y asombrar a todos.
Respiro profundamente y exhalo.
—Está bien.
—Está bien… —Su expresión se transforma, y la emoción que se asoma en sus ojos solo solidifica mi decisión aún más.
—Lo haré.
Se para, sacándome de mi asiento y llevándome a sus brazos. Estoy sorprendida al principio, pero él es tan cálido y huele tan bien que me derrito contra él, rodeando sus amplios hombros con mis brazos, devolviéndole el abrazo. La euforia se despierta en mi interior, y no puedo recordar la última vez que me sentí así de feliz.
Él se aparta, nuestros rostros están tan cerca que puedo ver las pequeñas manchas color oro en su iris.
—Bella —susurra, sus ojos observando todo mi rostro con una pregunta.
Estoy aterrada, pero doy un pequeño asentimiento.
Él se acerca.
Justo cuando estoy por probar la manzana en su aliento, una conmoción detrás nuestro roba su atención.
—¡Puedes comer mierda y morir, maldito imbécil! —Rose se encuentra en la puerta, gritándole a un tipo corpulento vestido con un traje negro que está cubierto en pastel de manzana.
—Oh, no —mascullo, atando los cabos.
—Oh, adelante, Rubia —dice el tipo, levantando un dedo y deslizándolo por el desastre antes de llevarlo a su boca—. Delicioso.
Mi amiga se cabrea justo en el medio de la cafetería. Marcha hacia él, con los puños preparados, pero Charlie rodea su cintura con un brazo justo a tiempo.
—Supongo que no necesitarán una introducción. —Los labios de Edward se crispan.
Estallo en carcajadas.
Sumamente consciente de todas las partes donde nos tocamos.
