CLXI
Ascensión, Parte 3
Estación Warbringer, 30 segundos para la destrucción del planeta
Sailor Pallas acababa de desactivar el cuarto reactor, pero estaba teniendo ciertos problemas con el quinto y último. Aparentemente, cada vez que un reactor era desactivado, se habilitaban protecciones adicionales para hacer más difícil la labor de pirateo. Con los nuevos cortafuegos en su lugar, a Sailor Pallas le iba a tomar más de treinta segundos hacer su trabajo. No obstante, no podía rendirse así de fácil. Tragando saliva y limpiándose el sudor de su frente, siguió tratando de burlar o romper los cortafuegos adicionales alrededor del último reactor. Mientras tanto, sus compañeras estaban plantadas delante de ella, preparadas para defender a Sailor Pallas, pero, por extraño que pudiera parecer, no parecía haber alguien que tratara de detenerlas de desactivar los reactores. Era como si Sailor Omega tuviera la clara y absoluta certeza de que su plan iba a tener éxito.
—Nadie ha venido a atacarnos aún —comentó Sailor Vesta, mirando hacia el espacio, y viendo varias luces de colores a la distancia—. Esto me da mala espina. Es como si a Sailor Omega no le importara que desactivemos los reactores.
—Tal vez cree que ya ganó —acotó Sailor Juno, imitando a Sailor Vesta—. Tal vez sabe que Sailor Pallas no podrá apagar todos los reactores dentro del tiempo límite.
—¡Váyanse de aquí! —exclamó de repente Sailor Pallas, aunque no desvió la vista de la consola principal—. ¡Solamente faltan diez segundos para que esta cosa funcione! ¡El meteorito ya viene en camino!
—¿Y en cuánto tiempo llegará al cañón? —preguntó Sailor Ceres, pero Sailor Pallas no estaba para bromas.
—¡No hay tiempo para preguntas estúpidas! ¡Váyanse ya!
El resto del Sailor Quartetto tragó saliva al percatarse de la urgencia con la que se expresaba Sailor Pallas, y asintieron con la cabeza.
—¡Ayuden a Sailor Chibi Moon y a Sailor Jade a parar ese meteorito! —volvió a gritar Sailor Pallas, justo en el momento que el reactor cobró vida y el anillo inferior se activó—. ¡Diablos! ¡Vamos todas entonces!
Ahora que conocían el lugar al que debían llegar, el Sailor Quartetto se tomó de las manos, formando un círculo, y cinco segundos después, las cuatro desaparecieron para aparecer en las ruinas del palacio, para sorpresa de Sailor Chibi Moon y Sailor Jade.
—¿Qué hacen aquí? —preguntó Sailor Jade, mirando hacia arriba, y viendo un pequeño brillo en las alturas. El meteorito acababa de ser acelerado hacia la superficie de la Tierra.
—¡Deja las preguntas para después! —gritó Sailor Chibi Moon, y las demás volvieron a tragar saliva, sabiendo a lo que se enfrentaban—. ¡Debemos unir nuestras fuerzas si queremos acabar con ese meteorito! ¡No hay tiempo que perder! ¡Cuando yo lo diga, usaremos todo nuestro poder en contra de esa bola de roca!
Sudando profusamente, el Sailor Quartetto se agrupó alrededor de Sailor Chibi Moon y Sailor Jade, quien sacó el Diamante de Hielo desde su interior, y lo alzó por encima de su cabeza.
—¡Ahora! —exclamó Sailor Chibi Moon, y todas las Sailor Senshi presentes usaron sus máximos poderes en contra del meteorito, el que ya había entrado en la atmósfera exterior, y se aproximaba muy rápidamente.
Variados rayos de múltiples colores dieron de lleno en el meteorito, pero éste siguió cayendo como si no tuviera ningún impedimento. Sailor Chibi Moon no claudicó, sin embargo, y ninguna de sus compañeras haría lo mismo.
No fue hasta que el meteorito entró a la tropósfera cuando éste comenzó a perder velocidad de manera significativa. Sin embargo, aún era una amenaza, y las Sailor Senshi siguieron usando sus poderes, esperando frenar el meteorito cuando estuviera a cientos de metros sobre la superficie de la Tierra. Pero, aún estando a cientos de metros de la superficie, el meteorito siguió avanzando, hasta que impactó las ruinas del palacio.
Todo tembló en un radio de dos kilómetros, y eso que el meteorito cayó a una velocidad de menos de cinco kilómetros por hora. Los edificios que habían sobrevivido al impacto del proyectil anterior fueron reducidos a polvo, y los que quedaban fuera del diámetro del meteorito se sacudieron violentamente, pero no se derrumbaron. Una nube de polvo cubrió toda la ciudad, haciendo que los ciudadanos que estaban afuera buscaran refugio en el interior de algún edificio, casa o subterráneo. El temblor duró unos quince segundos, al cabo de los cuales, el meteorito finalmente quedó inerte sobre lo que alguna vez fue el palacio de Tokio de Cristal, y sobre los cuerpos de las seis Sailor Senshi que habían hecho el sacrificio definitivo para salvar al mundo de su total erradicación.
Órbita cercana a la Tierra, en ese mismo momento
Sailor Omega vio, con una expresión de frustración visible a años luz de distancia, cómo el meteorito no había causado ningún daño apreciable, y supo que el otro grupo de Sailor Senshi había tenido que ver con aquello. Furiosa, se desquitó con las Inner Senshi, empleando poder tras poder con el fin de matarlas de una vez, pero le era difícil atinar a sus oponentes, porque ellas volaban en direcciones aleatorias, a veces muy lejos de Sailor Omega, otras muy cerca, y ella no podía predecir sus movimientos. Tampoco quería recurrir a la suerte para ganar esa batalla. Respiró hondo, y se retiró a la estación Warbringer, donde había gravedad artificial. La idea era forzar a que las Inner Senshi pelearan con ambos pies sobre una superficie firme.
Sailor Omega aterrizó sobre el anillo superior de la estación Warbringer, seguida por las Inner Senshi, pero ellas siguieron volando, conscientes de que pelear en los términos de Sailor Omega no era la mejor forma de ganar aquella contienda, como bien lo había puesto Sailor Mercury. No obstante, Sailor Omega no esperaba que sus contrincantes aterrizaran de buenas a primeras. Aquello equivaldría a renunciar a una ventaja estratégica, y, si conocía bien a Sailor Mercury, ella valoraba el pragmatismo por encima del heroísmo ciego, y estaba segura que se lo había hecho saber a sus amigas.
Sin embargo, eso no significa que dos no podamos jugar ese mismo juego. Ya verán que yo seré la vencedora en esta batalla.
Sailor Omega, firme en su posición, arrojaba esferas negras, rayos negros, y otros tipos de poderes, pero no lo hacía al azar. La idea era tratar de atinarle a alguna de sus oponentes, y, al mismo tiempo, hacer que se desgastaran tratando de esquivar sus ataques. Tampoco era ideal que ella misma se desgastara usando más poder del que era prudente. Sus ataques serían breves, pero intencionados, que en cada uno de ellos se pudiera advertir que si ellas no los esquivaban, iban a morir. De todas maneras, ellas ya tenían heridas, y solamente era cuestión de tiempo para que no pudieran seguir volando de aquí allá, pero también entendía que aquello podría tomar varios minutos, e incluso horas, pero Sailor Omega ya se había comprometido con su estrategia. Era eso o perder la batalla.
Sailor Omega no hacía mucho esfuerzo para esquivar los ataques de las Inner Senshi, aunque una que otra técnica daba de lleno en su pecho, haciéndola retroceder, pero ella siguió resistiendo, atacando y esquivando por media hora, hasta que vio lo que tanto ansiaba ver: una de las Sailor Senshi tuvo que aterrizar frente a ella, y cuando lo hizo, se arrodilló de inmediato, pues tenía herida una pierna. Se trataba de Sailor Mercury.
Oh no, eso no va a funcionar. Aunque estés herida, aún puedes atacarme, y vas a aprovechar que las demás siguen volando para que yo reciba ataques desde arriba y adelante. No voy a pelear en serio hasta que todas pongan los pies en la estación.
No obstante, era más difícil esquivar los ataques de una Sailor Senshi con ambos pies sobre una superficie inmóvil, y Sailor Omega tenía que hacer movimientos más elaborados para no recibir más daño. A veces usaba su cetro para bloquear ataques desde todas las direcciones, en otras atacaba con el mismo cetro para defenderse de las técnicas de las Inner Senshi que seguían volando.
Pasaron otros cinco minutos, y la próxima en aterrizar fue Sailor Venus. Sailor Omega debía enfrentar a dos oponentes con técnicas distintas, lo que se le hizo más complicado, porque tenía a Sailor Jupiter y a Sailor Mars atacándola desde las alturas. Además, Sailor Venus tenía su cadena, la que empleaba cada vez que tenía la oportunidad, y Sailor Omega tenía muy poco tiempo para poner atención a los ataques aéreos, a la falta de visibilidad gracias a Sailor Mercury, y a la cadena de Sailor Venus. Hubo un momento en que ésta halló su blanco, y Sailor Venus tiró de ella con todas sus fuerzas, y Sailor Omega tiró en dirección opuesta, percatándose dos segundos después de que era un blanco fácil para Sailor Mars y Sailor Jupiter. No le gustaba la alternativa, pero se trataba del mal menor.
Preparándose para el dolor, Sailor Omega dejó de tirar de la cadena de Sailor Venus, y sintió que sus pies dejaban el suelo, arrastrada por una fuerza que no era propia de una chica con la contextura de Sailor Venus, pero claro, los Galthazar parecían habitar dentro de ellas, por lo que no le pareció demasiado descabellada la idea. Aun así, Sailor Omega dio de lleno en el piso, quedando ligeramente aturdida. Fue alzada de nuevo, y aplastada contra la superficie de la estación no menos de cinco veces, al cabo de las cuales, Sailor Omega quedó en el suelo, sintiéndose como si le hubieran aplastado con el meteorito que ella había querido estrellar contra la Tierra.
Aprovechando la niebla de Sailor Mercury, ella se puso de pie lentamente, comprobando que todo se encontrara en su lugar, y siguió peleando. Usó su cetro para dispersar la niebla, haciéndolo girar como las aspas de un helicóptero, y vio que Sailor Mars y Sailor Jupiter se le venían encima. Sailor Omega se arrojó a un lado, rodando brevemente por la superficie de la estación, y atacando en cuando ambas hubieran pasado, pero ninguna de las dos la atacó. Había sido solamente un engaño, porque el verdadero ataque había provenido de Sailor Mercury, y Sailor Omega apenas pudo reaccionar a tiempo para bloquear el tremendo chorro de agua frígida. Por el rabillo del ojo, vio que Sailor Venus planeaba usar su cadena una vez más, pero en esa ocasión, Sailor Omega se encontraba preparada. Dio unos cuantos pasos hacia la izquierda, lo que hizo que Sailor Mercury volviera a atacarla, y Sailor Omega se hizo a un lado justo a tiempo, en el mismo momento en que Sailor Venus lanzó su rayo fulminante. El chorro pasó por encima del hombro de Sailor Omega, quien sintió un frío incómodo, y dio de lleno en Sailor Venus, congelándola al instante. Sonriendo, Sailor Omega aprovechó la confusión de Sailor Mercury y sus compañeras para dar un gigantesco salto, y, usando su cetro y la inercia, rompió en mil pedazos el cuerpo de Sailor Venus.
Una menos. Quedan tres.
Estación Warbringer, segundos antes
Sailor Mercury tenía a Sailor Omega directamente enfrente de ella, y con el cetro abajo, lo que era mejor. Tenía una oportunidad de oro para inmovilizar a su oponente, y no la iba a desaprovechar, confiando en que Sailor Venus la iba a atacar con su técnica más potente. Sailor Mars y Sailor Jupiter daban media vuelta no muy lejos del campo de batalla. La idea era usar todos sus poderes de forma consecutiva en contra de Sailor Omega, de forma de debilitarla lo más posible, para después dar el golpe final y acabar con el combate.
Sailor Mercury lanzó su chorro helado de agua, al mismo tiempo en que Sailor Venus lanzó su rayo fulminante. Sailor Mars y Sailor Jupiter ya venían en camino. Nada podía salir mal.
El chorro de agua había encontrado un blanco, pero aquel no fue Sailor Omega. Sailor Mercury no pudo ver mucho porque el rayo fulminante de Sailor Venus le había cegado la vista, y pasó a centímetros de su oreja derecha, haciendo que se estremeciera. Para cuando el brillo del rayo hubo pasado, vio algo que le paralizó el corazón, y también hizo que Sailor Mars y Sailor Jupiter se detuvieran en medio del aire, conmocionadas y asustadas.
Sailor Omega se hallaba en el aire, en medio de un enorme salto, y, justo debajo de ella, Sailor Mercury vio a Sailor Venus, completamente congelada. Las tres Sailor Senshi quedaron de piedra al ver cómo Sailor Omega hacía pedazos el cuerpo de Sailor Venus con su cetro, doblando sus piernas para amortiguar el impacto de la caída. Ninguna de ellas reaccionó, mirando donde alguna vez estuvo Sailor Venus, tratando de no sucumbir al llanto en un momento tan crucial para el destino de todo el universo. Mientras tanto, Sailor Omega se puso de pie, tomando su cetro y mirando al resto de las Inner Senshi de manera desafiante. Aquello hizo que una llama de rabia brotara rápido en Sailor Mercury y sus amigas. De ese modo, sin un plan, sin pensar, cegadas por el destino de Sailor Venus, se lanzaron al ataque, usando sus técnicas más poderosas. Sailor Omega supo que había conseguido una victoria importante al hacer que sus oponentes atacaran usando sus emociones en lugar de la lógica. Eso hizo que le fuese fácil esquivar los ataques de las tres Inner Senshi restantes. Sin embargo, no atacó. Su objetivo era otro.
Diez minutos más tarde, ni Sailor Mars ni Sailor Jupiter pudieron seguir volando, porque sus energías se estaban agotando rápidamente, y ambas aterrizaron sobre la estación, pero no detuvieron su ataque en contra de Sailor Omega. La muerte de Sailor Venus estaba fresca en sus mentes, y no iban a detenerse hasta que el enemigo mordiera el polvo. No necesitaban un plan para matar a Sailor Omega. Lo único que necesitaban era hacerle daño, mucho daño, de forma que sufriera lo mismo que su compañera caída.
Pero ninguno de sus ataques podía alcanzar a Sailor Omega. Ella tampoco respondía con alguna técnica. Simplemente evitaba ser alcanzada por el hielo de Sailor Mercury, el fuego de Sailor Mars o el rayo de Sailor Jupiter, y eso las enervaba, incrementando el odio que sentían hacia Sailor Omega, sin saber que eso solamente beneficiaba al enemigo.
Sailor Mercury era quien atacaba con más brío, pues se sentía responsable por la muerte de Sailor Venus, y, cuando ella no peleaba con la cabeza, no era tan útil para el equipo. De hecho, en un esfuerzo de congelar por completo a Sailor Omega, usó más fuerza de lo que era necesario, y quedó en una posición vulnerable. Y, lo que era peor, Sailor Omega esquivó su ataque, y, viendo la oportunidad, usó su cetro para atravesar el pecho de Sailor Mercury, destruyendo su corazón. Un chorro de sangre brotó del cuerpo de Sailor Mercury, mientras sus dos compañeras vieron con una mezcla de conmoción e impotencia cómo Sailor Omega alzaba su cetro en señal de triunfo.
—Ustedes son la siguientes —dijo, moviendo su cetro de forma que el cuerpo de Sailor Mercury siguiera cayendo, haciendo más daño, y la sangre siguió fluyendo, —así que prepárense, porque esto no será más agradable para ustedes de lo que fue para su compañerita.
Sailor Mercury sentía un dolor del infierno mientras el cetro seguía horadando su pecho, y fue consciente de cómo su visión se iba nublando. Era consciente de la sangre que estaba perdiendo, de cómo su cuerpo se iba rindiendo, de cómo el dolor desaparecía gradualmente. Ya no podía mover ningún brazo o pierna, y, en medio de la impotencia y la desesperación, la consciencia de Sailor Mercury se fue apagando, y su último pensamiento fue en todo lo que había hecho mal desde la muerte de Sailor Venus, de cómo había permitido que las emociones le ganaran la batalla interna y le hubieran hecho perder el combate.
—A-ami-gas… —fue la última palabra que dijo antes que sus ojos dejaran de ver, y la vida escapara de su cuerpo.
Sailor Mars y Sailor Jupiter no hallaban palabras para describir lo que les estaba ocurriendo. Primero Sailor Venus, y después, Sailor Mercury. Ni siquiera podían darse el lujo de calmarse, porque el que dos amigas hubiera muerto en menos de media hora no era una asunto que pudiera superarse de la noche a la mañana. No obstante, debían seguir peleando, pese a todo. No podían seguir atacando a tontas y a locas, porque de otro modo, seguirían cayendo como moscas. Ambas respiraron hondo, aunque no pudieron suprimir las lágrimas, al menos por el tiempo que Sailor Omega se los permitió, porque en ese momento eran dos contra una. Las probabilidades se habían revertido, y ambas predijeron que, en esa ocasión, sería Sailor Omega la que se lanzaría al ataque. Y no se equivocaron.
Tanto Sailor Mars como Sailor Jupiter decidieron esquivar los ataques de Sailor Omega, los cuales no eran para nada aleatorios, pues no estaba cegada por ninguna emoción. La idea era ganar tiempo para urdir un plan con el que darle la vuelta a la tortilla a la batalla. Ninguna de las dos esperaba que su destino fuese distinto al de sus dos amigas caídas, pero bien podrían llevarse a Sailor Omega con ellas.
Tokio de Cristal, quince minutos atrás.
—¿Y por qué tendría que dejar que hables, después de lo que hiciste hace mil años atrás? —increpó Jeremy, y Nicole supo que él también estaba hablando por ellas, a juzgar por la fuerza de sus palabras.
—Lo que hice fue necesario —dijo Herbert Dixon, sin intención de entrar a la fuerza a la casa de Jeremy, lo que hizo que el dueño de casa quedara brevemente desconcertado—. Fue terrible, pero necesario. Tengo cuatro mil millones de personas sobre mis hombros, y, mientras viva, siempre los tendré. Lo único que me impide lamentarme por ello es lo que la humanidad pudo lograr después. Tokio de Cristal no habría sido posible si yo no hubiera intervenido.
—Eso no quita que hayas matado gente para que tuviéramos este futuro —replicó Jeremy, bloqueando completamente la puerta, dando a entender que Herbert no era bienvenido—. Además, no tienes la cara de sufrir demasiado por esas miles de millones de personas que mataste. No lamentas en absoluto lo que hiciste. Eres sencillamente despreciable.
—Sí, lo soy. —Aquella respuesta de Herbert dejó a Jeremy estupefacto. No esperaba que el hombre frente a él admitiera haber actuado como una mala persona—. Para mí, el fin siempre justificará los medios. Si haber sacrificado a todas esas personas garantiza un mejor futuro para los supervivientes, entonces aquel sacrificio vale la pena. Considera por un momento la alternativa. De no ser por mi plan, no estarías viviendo en esa espléndida casa que tienes. Estarías muerto por las guerras que se habrían desatado por los recursos del planeta.
—Sí claro, como si tú no les hubieras dado una mano a los gobiernos para que se pelearan entre ellos —repuso Jeremy sarcásticamente.
—Siempre pudieron haberse negado a cooperar conmigo —dijo Herbert, encogiéndose de hombros—, pero no lo hicieron. A la menor tentación por conseguir más poder, los gobiernos se vuelven locos. Con eso solamente me demostré a mí mismo que las cosas debían cambiar, desde los cimientos, porque éstos eran el problema. Y no puedes cambiar los cimientos sin demoler el edificio entero. Es cuestión de lógica. Pude haberles mostrado un mejor camino, pero Sailor Silver Moon ya lo había hecho, y nada cambió.
—¿Y por qué no te deshiciste de aquellos que sí eran un problema?
—Porque por cada uno de esos corruptos que sacas del juego, tres más aparecen —dijo Herbert, un poco más calmado al ver que Jeremy ya no lucía tan a la defensiva—. Y eso pasaba porque el sistema favorecía la aparición de sujetos sedientos de poder, y ese sistema estaba en la base de la sociedad, por lo que era imposible deshacerse de él sin derrumbar el edificio completo. Como dije, no puedes reconstruir los cimientos de un edificio sin echarlo abajo primero.
Jeremy se quedó en silencio, pues Herbert había empleado un razonamiento lógico para justificar lo que había hecho. Seguía molestándole que no mostrara ninguna clase de remordimiento por esas cuatro mil millones de personas muertas, como si Herbert perteneciera a una especie completamente separada de la raza humana, pero al menos tenía el suficiente pensamiento lógico para decir que Herbert no actuaría de ese modo si todo lo que hizo hubiera sido en vano. El punto era que no lo fue, en absoluto. Con aquellas cosas claras, Jeremy pudo responder empleando la razón en lugar de la emoción.
—Aún no puedo perdonar la monstruosidad que hiciste, pero sí me hiciste entender por qué lo hiciste. Hacer lo que es necesario no siempre es lo mismo que hacer lo correcto, y al menos te doy crédito por ser capaz de notar la diferencia. Solamente por eso, te daré una oportunidad para que hables con todos nosotros. Di lo que tengas que decir, y nosotros decidiremos si aceptar lo que nos quieres decir o no.
Herbert compuso una breve sonrisa, aunque ésta se antojó cansada, como si hubiera salido recién de una larga jornada de trabajo.
—Es más de lo que esperaba —dijo Herbert, y Jeremy le dio la pasada—. En honor a tu entendimiento, seré breve con ustedes. De todos modos, son ustedes quienes van a decidir mi destino. Como dije en otra ocasión, yo era una criatura del mundo anterior a éste. Yo ayudé a crear este mundo, pero, por lo mismo, no puedo decidir si pertenezco a este mundo o no. Por eso juzgué prudente que sean personas de este tiempo las que tomen esa decisión. —Herbert tomó asiento en un sillón desocupado, mientras Jeremy cerraba la puerta de la casa y acudió a la cocina a preparar más té—. Solamente por eso estoy aquí. Pude haber tomado el consejo de Sailor Omega e irme a otro planeta a vivir lo que quedaba de mi vida, pero eso significaba evadir mi responsabilidad en las cosas que hice. Yo, mejor que nadie, sé que soy responsable de todas mis acciones.
Las chicas se miraron entre ellas, confundidas. Aquel movimiento de parte de Herbert Dixon no se lo esperaba nadie. Pero, al ver que Jeremy le había dado una oportunidad de explicarse, las chicas no podían ser menos que él, así que decidieron escuchar lo que Herbert quería decirles.
Estación de Tokio de Cristal, cinco minutos después
Darien iba llegando a la estación de Tokio de Cristal cuando contempló con horror cómo un meteorito gigantesco colisionaba con lo que quedaba del palacio de Tokio de Cristal. Sin embargo, no cayó como el resto de los meteoritos, sino que se vio más como un aterrizaje que como un impacto. Igualmente hizo temblar el suelo, aunque a la distancia que se encontraba la estación del palacio, el temblor fue casi imperceptible.
Cuando el tren internacional se detuvo (y había solamente unos pocos pasajeros), Darien salió rápidamente. Tenía una misión muy específica que cumplir, y esperaba que la caída de ese meteorito no hubiese afectado a Serena.
Porque esa era su misión. Encontrar a Serena lo más pronto posible.
