Las mitades de un corazón
De todas las experiencias en su vida, Hikari jamás había estado preparada para semejante situación. Claro, en esos años había conocido realidades ajenas a los humanos, contemplando cosas que jamás había vivido en su antigua normalidad. Mas aquello era algo mucho, mucho más complicado.
—¿No te resulta... incómodo?
—Es Lilia — le aseguró, sosteniendo la mano entre las suyas — . No te pido que lo aceptes, sólo dale el espacio de confesarse. Se pondrá feliz de que le dediques atención de ese modo.
—No deseo herirlo.
—Eso no depende de mí, ni de él. Es tu decisión — sonrió con ternura — . Sé honesta; las hadas podemos ver a través del corazón y lo sabes.
—Sí...
Hikari quedó callada un largo momento.
—¿Qué ocurre?
—¿Cómo pudo pasar semejante cosa? — lo miró, preocupada — ¿Hice algo indebido, he roto alguna regla de cortesía... ?
—Cariño, no has hecho nada malo — le corrigió, acariciándole la mejilla con cuidado — . Deja que te de sus motivos. Lo que sea que sientas, respetará tu posición. Si no hacemos esto, el tiempo hundirá su corazón y se llenará de resentimiento. Esa desolación para nosotros puede ser peligrosa.
—De acuerdo.
La mortal estaba pensando en tantas cosas al mismo tiempo, que todo le parecía un ruido insoportable. Malleus lo sabía. Por eso respetó ese silencio y le puso las manos en los hombros, besándole los labios, cuidando que sus cuernos no chocaran con la frente.
Para el hada tampoco fue fácil; tuvo que decirse a sí mismo todas las mañanas hasta aquella, casi un mes después de la confesión de Vanrouge, que podría hablarlo con su novia. Había pasado por los más diversos sentimientos, inseguridades y tribulaciones; pero, al final, siempre llegaba a la misma conclusión:
—Todo estará bien.
Viejas costumbres
Aquel ser tan longevo supo que esa noche sería un punto importante en su existencia. Si bien sabía que escuchar a Malleus hubiera sido la mejor opción, decidió seguir sus instintos y orquestar aquella velada en una zona neutral de la escuela, donde se había asegurado que nada los perturbaría.
—Buenas noches.
—Buenas noches.
—Pasa.
—Gracias.
La elegante cena no tenía sirvientes; siquiera alguna compañía espectral o mágica. Lilia hizo la cena y se encargó de cada detalle; desde saludarla hasta recibirla en la mesa, dándole el asiento y eligiendo los cubiertos.
—¿Está todo en orden?
—No debiste molestarte con tanto arreglo.
A la humana le parecía ridículo, pues le había pedido que llevara la mejor etiqueta en su haber: el vestido del baile, lo único elegante que tenía en su armario. El hada, por su lado, portaba un atuendo bastante más formal del que se le solía conocer. Una camisa y un pantalón de vestir cambiaban por completo su semblante, muchas veces andrógino.
—Creo que la situación lo amerita — respondió, sentándose frente a la muchacha — ¿Bebes alcohol?
—Aún no.
—Bien, descartamos el vino. — dijo con simpleza, apartando la botella y sirviendo una de jugos.
—Señor Lilia... creo que todo esto es demasiado.
—No para mí — le sonrió levemente — . Recuerda la edad que tengo, es mi manera de poder establecer un espacio para una charla honesta.
Hikari recordó entonces las palabras de Malleus, la advertencia de las formas y todo lo que estaba pasando en ese preciso instante. Por eso, sonrío.
—De acuerdo.
No había probado una cocina que no fuera la que le sirvieran en el comedor. Había sido advertida muchas veces sobre los menúes de los seres mágicos, ya que sus resistencias físicas y su capacidad de deglución eran absolutamente diferentes. Además, había aprendido en las clases, las sangres mágicas protegían de ciertas sustancias, venenos de frutas y carnes sobrenaturales.
—Hice una cena que puedes comer, no te preocupes — sonrió con picardía, abriendo la tapa de plata entre ellos. Era un simple pollo asado con papas y cebollas, hermosamente decorado — . No creas que olvidé ese detalle.
—¡Huele delicioso! — celebró la muchacha — Lo siento, pensé que debería arriesgarme a algún platillo más... autóctono.
—Para nada, conozco todas las comidas del mundo. La de los mortales es mi favorita; variada, siempre sorprendente — cortó la carne — . Uno es lo que come, dicen.
—No te mentiré, huele realmente bien — enfatizó — . Gracias.
—Agradéceme cuando terminemos esta jornada — le cortó serio, sirviendo su porción — . Quizás no te vayas feliz de mi compañía cuando llegue el postre.
—No lo sé ... ¿postre?
Lilia sonrió, porque supo que aquella pregunta venía de un buen lugar; uno que rompió con el ambiente tenso y comenzó a facilitar las cosas.
—Las hadas sólo comemos postres, ¿recuerdas? — alzó las cejas, divertido.
La cena fue, a grandes rasgos, tranquila. No hubo ningún efecto colateral adverso; sólo más apetito que dejó el lugar para un buen tazón de helado casero.
Mas la noche no quedó en trivialidades. De lo más simple a lo más complejo, Vanrouge se concentró en contar toda la historia que lo había llevado hasta ese momento; los sueños, los recuerdos, el dolor antiguo, las similitudes con Landra y finalmente la confusión en el presente. La joven lo escuchaba con suma atención, sin hacerle una sola pregunta hasta el final.
—Gracias por preparar todo esto para explicármelo — finalmente dijo la muchacha, tras algunos minutos de pensar qué decir — . Hubiera preferido que me lo dijeras en cuanto comenzó a suceder; quizás te hubiera ayudado.
—¿Ayudado? Nada puedes hacer con un corazón ajeno — dijo con amargura — . Justamente no quise decir nada, porque supe que eras el alma indicada para Malleus. Hemos pasado, él ha pasado por tanta miseria toda su vida, que una vez que logra conocer y construir la felicidad, no iba a quitárselo.
—No me hubiera alejado de él.
—No me refiero a tí. Sino a mí — se tocó el pecho; sus ojos rojos fueron más profundos en sus tonos — . Hubiera abierto un abismo irrecuperable, pues Malleus apenas estaba comenzando descubrir que ese vínculo entre ustedes podía ser real, perdurable. Cualquier paso en falso hubiera destruido no solamente tu oportunidad, sino que me hubiera separado de él irremediablemente. Pero como soy más viejo y mañoso simplemente opté por callar, y ver como él afianzaba su amor por tí con los meses. Créeme — le tomó la mano — . Lo que has hecho jamás podrá ser lo suficientemente recompensado por toda mi especie.
—Callaste, pero sientes lo mismo — respondió ella, quitándole la mano de la mesa — . Eso no cambia las cosas.
—Lo cambia todo, querida, ahora que sabe — alzó las cejas — . Seguramente te pregunte cómo fue, así que deberás ser honesta no sólo con lo que estás pensando ahora, sino con lo que pensarás luego.
—¿Luego de qué?
—De que sepas esto.
Se puso de pie y caminó hacia ella, mirándola fijamente. Por un momento, Hikari temió algo peligroso, pero el hada se hincó ante ella.
—Estoy enamorado de tí, sea por mis sueños o porque la mezcla de tu parecido con la bondad de tu corazón me ha cautivado— la miró fijamente, besándole los nudillos — . Te deseo. De haber sido otro el tiempo, te haría mi reina sin dudarlo un sólo segundo.
—L-ilia...
—Esa es mi verdad, pequeña Hikari, y el peso de mi corazón se está alivianando a cada instante con esto. No importa si tu respuesta es negativa, siempre estaré agradecido por haberme dado esta oportunidad de decírtelo.
—Pero, Mally...
—Por supuesto, querida. Crié a Malleus, pero es mi superior por sangre real; si él te quiere para sí, haré todo lo que esté en mi haber para enterrar este sentimiento y los defenderé con mi vida, pues cuido del corazón de mi pequeño, y tú eres ese corazón — sonrió con ternura — ¡En la dicha de que lo seas! Tan generosa que eres capaz de estar aquí escuchando mis tonterías y, aun así, sé que mañana seguirás amándolo.
—Espera — lo detuvo — . ¿Cómo si sólo me quiere para sí?
—Oh, bueno. Tradicionalmente las hembras eran las matriarcas de las familias — le explicó brevemente — . Eso implicaba poder social. En definitiva, cada una podía tener varios esposos, si deseaban una abundante descendencia.
Hikari se puso roja como un tomate.
—Me estás diciendo que... ¿no creen en la monogamia?
—Sólo por costumbre de observarlos a ustedes. En realidad, somos naturalmente polígamos. Mally está haciendo un enorme esfuerzo contigo en ese sentido. Lo que esperaría cualquier draconiano es...
—Que tengan una misma mujer. — le completó algo asombrada, y el otro asintió.
—En tanto es el heredero al trono, tiene la excepcionalidad de pedir que no haya otros en el lecho de su esposa. Mas para los demás, lo natural era ser elegidos por alguna señora para engendrar crías.
—Entonces...
—Si fueras un hada, le pediría permiso a Malleus para cortejarte y que me elijas también. Pero no eres como nosotros, y ya que él puede quedarse sólo contigo por derecho, estarían protegidos por nuestras leyes.
—No soy un objeto de intercambio para que hables de ese modo. — dijo algo molesta, pero Lilia se rió despacio.
—Por el contrario, los objetivables somos nosotros.
Hikari carraspeó, acomodándose en la silla.
—Y Malleus... ¿querría esto?
—Me confió la discreción de esta noche, así que me dio su permiso — le dijo, con simpleza, poniéndose de pie — . Depende de ti, querida.
La humana no pudo decir más nada en aquella noche; y tampoco pudo dormir en las siguientes, con la cabeza hirviendo de preguntas y dudas. Pues no era lo único que estaba comenzando a fantasear. Quizás no amaba a Lilia como a Malleus, pero le parecía sumamente atractivo y seductor. Y no fue mucho después que, por la simple idea de imaginarlos a ambos con ella, comenzó a darle un fuego en las entrañas que jamás había sentido en su vida.
Deseos (in)confesables
En el aprendizaje sobre aquellas viejas costumbres de la raza de Malleus, Hikari aprendió mucho más que en sus clases de Historia Clásica Supranatural. Específicamente de la Casa Diasomnia, y en relación a los ritos sociales y las reglas del cortejo.
Cuando la muchacha averiguó en las bibliotecas, Lilia no mentía. Las sociedades matriarcales que los configuraban habían sido de modo exacto como le había explicado aquel: era la fémina la que debía seleccionar y, de algún modo, coleccionar, a los progenitores de su descendencia. Inclusive, había plazos marcados por un ciclo lunar extraño: tres meses para elegir a sus parejas, desde la presentación del cortejo.
La humana decidió, entonces, continuar la tradición, pues sabía que era el modo de generar menos daño colateral emocional. La noche de la cena con Lilia había marcado el comienzo de ese conteo, y sería un parámetro para tomar una decisión. Cuando le dijo a Malleus este aceptó la propuesta, por el simple hecho de que era la única cosa que garantizaba la no-ruptura de ningún vínculo.
Fueron los noventa días más largos de su vida.
Las cosas continuaron de modo ordinario: mismo ritmo de clases, prácticas, tutorías y visitas nocturnas de su novio bajo el Espino. Nada había cambiado. Nada, incluyendo el infinito amor que le tenía a su príncipe dragón; nada, incluyendo la esperanza de Lilia, que se esforzó minuto a minuto para mostrarse digno de ser elegido. Con la distancia prudente pero la abierta demostración de atención, ocurrió el efecto quizás más inesperado.
—Creo que me estoy enamorando.
El heredero enarcó una ceja, entre la sorpresa y la diversión.
—¿Ah, sí?
—¡No te burles! — frunció el ceño cuando el otro sonrió con travesura — No es como lo que siento por tí. Sin embargo, es muy intenso... ¿no te molesta?
—Para nada — le besó las manos, sin dejar de mirarla — ¿Y qué vas a hacer?
—Aún no decidí.
—Pues apúrate, amor mío. Si quieres hacerlo bien, este es tu momento.
Y lo hizo bien; o al menos, correctamente: pues al cumplirse los tres meses, devolvió la cortesía e invitó a Lilia a cenar. Esta vez en un fuero más íntimo, la habitación del hada mayor en la Casa Diasomnia. Se permitieron una cena amena hasta que la bebida se agotó.
—Ya he decidido — dijo la joven. Malleus la miró con atención y Vanrouge se sentó derecho en su sillón, con la manos apoyadas en la mesa.
—Te escucho.
—Leí, investigué y lo pensé mucho. Con todas las atenciones que has tomado conmigo, empecé a sentir cosas. Me gustas muchísimo, Lilia, pero no sé si es amor — se sonrojó — . Y... siento un gran deseo por tí.
—No es necesario que sea amor; con decirlo delante de Mally estoy más que feliz y orgulloso. — este sonrió y los miró a ambos, curioso.
—Entonces...
—Dinos lo que deseas, Hika, y lo cumpliremos — Lilia alzó las cejas — . Somos hadas, en algún momento fue nuestro único trabajo en el universo.
La joven los miró alternadamente, en un mutis que casi llegó a preocupar. Llevó las manos a su cabello y lo soltó, con la mirada diferente y las mejillas como dos manzanas, revolviéndose inquieta.
—Quiero hacer el amor con ambos.
Los Diasomnia se miraron mutuamente, en un idioma que la mortal no llegó a comprender. Finalmente, la miraron a ella con otro tono también diferente.
—Sellemos el pacto, querida.
Lilia se acercó, tomándola de la nuca con delicadeza para besarla con hambre, cuidando que los colmillos no la lastimaran. Al mismo tiempo, Hikari sintió la caricia de Malleus en el muslo, discreto como una serpiente, yendo hacia arriba. Los ojos verdes de su novio fueron iridiscentes, y sonrió en cuanto giró la barbilla de la joven para turnarse a besarla.
De repente, las manos sobre su cuerpo se multiplicaron, tanto en las piernas como en los pechos que Lilia dejó al descubierto muy rápidamente, masajeandolos y succionando los pezones con gula. Quizás no llegarían a la cama, pero la alfombra del suelo parecía una excelente zona para tomarla.
La sola idea humedeció la entrepierna de Hikari, y emanó un aroma que excitó a ambas criaturas sobre ella, al grado de quedar duros bajo las telas.
—Lo tenías muy pensado... — se burló Malleus entre los besos del cuello, bajando a los pechos para compartirlos con Lilia, hasta que este se separó y los miró un momento. Con un movimiento se abrió los pantalones, dispuesto a masturbarse y verlos un poco. Entonces Hikari estiró la mano, evitando que se tocara.
—¿Qué ocurre?— preguntó curioso, hasta que también detuvo los manoseos de la otra hada.
—De pie.
Lo siguiente fue un espectáculo que nunca olvidarían. Con el vestido solamente cubriendo la cintura, los senos duros y los muslos temblorosos, Hikari sostenía un miembro con cada mano, masturbandolos con más o menos intensidad, dependiendo a donde iba la boca en cuanto comenzó a chupar sin distinción, como dos dulces que succionaba y lamía.
Los gemidos de Malleus y Lilia los sorprendían ellos mismos, ruborizados no sólo por el placer que iba en aumento, sino porque jamás habían estado ambos en una situación sexual juntos. Se miraban de a ratos, pensando en si aquello sería desafiar demasiado los límites. Por ahora, sólo se concentran en la joven.
—Oh, Hika- estoy muy cerca — susurró Malleus, con un hilo de voz. Al escucharlo lo soltó, y los ojos claros enfocaron a Lilia, quien le acarició la barbilla para que volviera a succionar. Verla tan desatada era igual de excitante para el hada más joven, así que se mordía el labio contemplando la escena— No sabía que me gustaría tanto...
—Son las... ¡Mnh! Cos-tumbres... — respondió el otro, concentrándose para no acabar — Pero... chupa muy bien.
—No sé por qué no lo hicimos antes.
—Lo estamos haciendo aho-rah...
La separó con cuidado para no llegar al orgasmo y la contemplaron, con los ojos brillantes y la boca salivando.
—¿Estás bien?
—Muy bien, Mally — sonrió apenas — . Creo que ya encontré que hacer las tardes libres de los domingos — bromeó, poniéndose de pie para terminar de desnudarse.
Ambos volvieron a besarla y tocarla con dedicación, ya que toda la piel estaba expuesta. Pronto la inclinaron sobre la alfombra, y Lilia se adelantó para abrir sus piernas, mientras Malleus comenzaba a desnudarse.
—Te devolveré el favor.
Y la lengua bailó sobre el monte de Venus hasta los labios y el clítoris, haciéndola pegar saltitos y gemir con una fuerza que hubiera despertado a medio colegio. Ambas manos fueron a la cabeza del peculiar cabello y se apretaron, hundiéndose más abajo. Se metió en la vagina y la succión impactó de lleno a la joven, que giró los ojos para arriba y se cubrió la cara.
—Mally... ¡Mally! — desde el suelo lo miraba, roja y extasiada — Yo... ufh... detenlo porque... ¡No no! Voy a-
No terminó la frase, ya que su novio la jaló del cabello, haciéndola tragar el miembro. El grito del orgasmo reverberó por toda la carne tiesa. Cuando disminuyó, Malleus comenzó a llevarla contra él con rapidez, aplicando un poco de brusquedad que, lejos de asustarla, la mojó más; flujo abundante que Lilia recibió con gusto y bebió por completo, separándose y limpiándose la boca.
—Mally, cojámosla de una vez. Está absolutamente receptiva.
—Lo... sé... ¡Ahh! ¡Mnh!
—Deja eso para después. — se quejó el otro, incorporándose para desvestirse.
Cuando terminó de sacarse la ropa, Malleus la soltó y la volvió a besar, retrasando su orgasmo de nuevo. Ahora los tres desnudos en la penumbra, excitados y con la adrenalina a flor de piel, supieron que ya no había vuelta atrás para absolutamente nada.
—¿Quieres seguir? — preguntó Lilia a Hikari con seriedad, y esta asintió — Bien. — fue tras ella y la tomó de la cintura, sentándola en los muslos. En tanto, Malleus se masturbaba con descaro, relamiendose y mirándolos a ambos desde adelante.
—¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Vas a chupársela también?— preguntó la joven, y el hada sonrió con enigma.
—No hoy, pero lo haré en tu nombre cuando tengas exámenes — las manos fueron a los pechos y los masajearon de nuevo, le encantaban — ¿Te gustaría eso? — le susurró al oído, haciéndola reír — Eres perversa... pero haremos otra cosa más divertida.
La tomó de los muslos y llevó las caderas hacia adelante, con una fuerza que no parecía real en ese cuerpo menudo. Cuando Hikari sintió lo que estaba pasando, se tensó un poco.
—N-nunca lo hice por ahí...
—Tranquila, va a encantarte. Créeme.
Y le abrió más los muslos cuando ambos vieron el miembro rojizo de Malleus buscando posición. Una vez acomodados, se pegaron a ella y hundieron las caderas a la par haciéndola gritar, mientras la llenaban por delante y detrás.
—¡NGH! ¡Ah—ah! — resopló la joven, sosteniéndose como podía de ambos — Dios... Dios...
—Iremos a ritmos diferentes para que sea todo mucho mejor — dijo Malleus, acomodándose — . Relájate...
—¡E-eso intent-oh!
El cuerpo estaba demasiado estimulado como para que la dificultad durará demasiado. Hikari elevó la cabeza para tomar aire, y cerró los ojos mientras ambos miembros la empalaban por turnos sincronizados. Las manos apretaban sus pechos y acariciaban los muslos; buscaban besos inconexos, uno y otro, mas los gemidos pronto coparon toda la escena y la atención. Lilia terminó por acostarse de lleno en la alfombra, sosteniéndola para ver cómo su carne se perdía entre las nalgas redondas y blancas de la muchacha; en tanto, Malleus bombeaba con precisión y se abría paso en toda la vagina con facilidad.
La resistencia humana no pudo con ambas criaturas por mucho más. Tras un grito y un espasmo, Hikari tuvo otro orgasmo que apretó en una contracción las carnes horadadas; lo que provocó que ambos hombres estallaran dentro de ella llenándola hasta rebalsar, manchándose los muslos de todos en el proceso.
Cuando la cabeza se enfrió, se separaron con cuidado y quedaron los tres denudos sobre la alfombra, mirando el techo de piedra, recuperando la conciencia y respiración.
—Te agradezco por conservar la... tradición... — comentó Lilia, tras un largo silencio de la trieja. Se miraron entre sí y empezaron a reírse.
Aquel había sido, sin duda, un nuevo nivel de esa aventura.
