PASIÓN E INTRIGA: APASIONADOS
PARTE 4
La comandante escuchó el alboroto en la oficina, avanzó rápidamente y abrió la puerta..
¿qué pasa aquí? –
¡André se ha jalado la trompa en su oficina, capitán! - - ¿capitán? – Armand la miró desconcertado.
¿Usted estuvo en su oficina, todo el tiempo? – preguntó abriendo sus ojazos, un sorprendido Jean
¡Ya lárguense, mierdas! – André avanzó amenazante
¡no te limpies en mi ropa! – se asqueó Armand
¡No me toques con esa mano! – Jean se escondió detrás de Armand
Es suficiente, ¡a sus puestos! – Óscar se había sonrojado hasta la coronilla, no se podía tapar el sol con un dedo…
¡Si capitán! – dijieron al unísono, y se alejaron empujándose el uno y el otro..
Mientras se aseguraban que se hubiesen marchado, Óscar y André se dieron un tierno beso, para luego separarse. André tenía que arreglar el mueble y de pasada, lavarse.
Ninguno de los dos había reparado en un testigo silencioso, que no sólo había visto el beso, sino que pudo escuchar toda la faena amatoria, Jules Latrell, casi le da un infarto, juraría haber escuchado a la comandante decir - métela mi amor – pero su disciplina militar, le impedía contar ese secreto erótico. – Puedo hacer un libro, con todo lo que escucho acá, vamos a ver que sucede… - Sin más, Latrell se colocó al lado de la puerta de la oficina listo para recibir órdenes y de paso chismosear.
André no tardó en llegar y reparar el mueble…
¿Lo rompemos otra vez Grandier? -
Todos los días si quieres, amor – Un sonrisa irresistible se dibujó en su rostro..
Óscar sonrió ante esa respuesta, estaba totalmente satisfecha había saboreado el máximo placer. Miró a André a los ojos, y se vio reflejada en ese verde intenso, lleno de amor para ella.
Él se acercó y la abrazó, besó su frente, acarició sus cabellos.
Me gusta cómo me amas, como me buscas, como me tomas, te amo y siempre te deseo-.
La rubia escuchaba embelesada cada palabra, suspiró con cada gesto de él.
También te amo, mi amor, mi André, te necesito y te deseo terriblemente… casi me muero en tus brazos, otra vez… Así te quiero, entre mis piernas. - Una mirada pícara se asomó en sus ojos. Ya no se contuvo, se empinó y rodeó el cuello masculino con sus brazos juntando sus labios a los de él. André rodeó su cintura para atraerla hacia su cuerpo. Aún sentía la necesidad de decirle más, rompió el beso y exclamó..
Me encanta como me haces sentir, me encanta como hacemos el amor, como me haces el amor, te amo. -
Al escucharla André se sintió feliz, acercó su rostro al de ella, y suavemente dijo..
Óscar…-
Se besaron otra vez, con pasión, y muy probable que hubiese sucedido todo lo demás, de no ser que la puerta de la oficina, se habría despacio.
EJEM!..
Los amantes se separaron de inmediato
¿Porque no toca soldado? ¿Qué pasó con sus modales?
¡Disculpe comandante! El general Bouillé se aproxima, el jefe Soisson está al tanto, me mandó a avisarle.
Gracias, puede retirarse.
Con su permiso. –
Jean, lanzó a André una sonrisa cómplice. El ojiverde le devolvió una mirada seria.
Con premura, la rubia acomodó los últimos informes, sobre la mesa; André recogía los últimos papeles del piso; sin querer ojeó uno que le había llamado la atención, era el inventario de aquellas "obras". Revisó rápidamente, estaba dudando en preguntar, pero los últimos acontecimientos, lo hicieron decidirse.
–Óscar, aún no has traído el libro ¿verdad? – La miró directamente, no quería dejar pasar ningún detalle.
–Aún no mi amor, pero lo haré, mañana, tengo una ligera sospecha, encontré el rastro de un sello, estaba borroso, pero creo que con un poco más de tiempo lo podré aclarar. - Habló seria, quería mostrarle a él, que el libro importaba como objeto de investigación marcial, nada más.
André, suspiró casi resignado, colocó las hojas sobre la mesa, se acercó a ella y la acarició.
– No dudes de mi apoyo, Óscar. Sabes que siempre estaré a tu lado…. Te ayudaré con ese sello-
Gracias, André. Bouillé llegará pronto y se instalará en esta oficina, debemos dejarla impecable.
Como usted ordene, mi comandante- Con el respectivo saludo, sonriendo continuó.
Ya al terminar, el soldado se dirigió al interior de las barracas a seguir catalogando el resto, faltaba poco para terminar, Alain y los demás llegaron pronto al mismo lugar para acelerar lo mandado.
Comandante Jarjayes ¿se terminó el inventario?
Estará listo esta noche. General.
Bien, Óscar. Este asunto se está complicando. Hay información confidencial de fuentes confiables de que se trata de un contrabando que implicaría inclusive cortes extranjeras. No sabemos quién es el contacto que lleva los ejemplares y los ofrece, además del financiamiento. Me informará inmediatamente, para tomar las medidas respectivas.
General, es posible que estén involucradas personas de la nobleza.
No hay pruebas de ello, por eso es imperativo que me informe apenas tenga noticias y testigos. Debemos actuar con mucha cautela. Óscar, la nobleza no debe verse involucrada, sería un escándalo. ¿Me entendió?
Si, General.
A pesar que lo sabía, a Óscar le incomodaba la posibilidad de formar parte de un encubrimiento, sin embargo, cumpliría con su deber. Para nada era justo que la nobleza sea intocable, aun mas cuando los delitos sean comprobados.
Mañana a primera hora, mandaré por ese reporte. Ahora debemos enfocarnos en la llegada de la condesa de Fourtabant, es muy importante. Visitará la corte, y necesitará que guardias permanentes estén al tanto de su seguridad. Quiero que tenga a disposición a sus mejores soldados. No sólo tienen que ser diestros en las armas, sino también deben de tener un buen manejo de la lectura y escritura y sobre todo tener modales muy bien cultivados. Confío en su criterio.
Si general.
Ahora, comandante. Tendremos que analizar cómo va la situación en las calles de París. Necesito los reportes de los patrullajes nocturnos. Debemos identificar y sofocar esas reuniones, destinadas a perjudicar a la corona.
¡El pueblo francés tiene derecho a tener su propia opinión acerca de las medidas que determinan su pobreza señor!
¡Son reuniones subversivas Óscar! No quiero volver a repetirlo. Su padre es un antiguo amigo mío, por eso sólo una vez se lo diré, ¡tenga cuidado con quien simpatiza!, si pasa esa línea será un traidor! Está advertido comandante.
¡Mi obligación es para con el pueblo de Francia!
¡Se debe a la corona! ¡olvidarlo es traición a sus majestades, y eso se paga con la muerte! traiga los informes, ¡es suficiente de este tema sin sentido!
Si, general.
-o-
Ya en la mansión, Óscar recibió a André en su despacho, se sentía nerviosa porque, iban a ver el libro juntos, por primera vez.
Cierra bien la puerta André, aquí está el libro. ¿Sabes si mi padre está aquí?
Mi abuela, me dijo que llegará dentro de dos semanas.
Bien.- Se acercó y le dio un beso corto en los labios. -Tenemos que analizar este sello, mira.
¿Sólo el sello? - André la miró divertido. – Después podemos ver las imágenes, antes que lo devuelvas.
Si tú quieres, vemos lo demás.- Otro beso corto.. –Pero antes concentrémonos en aclarar el sello, mira…
André observó atentamente, cogió el libro de las manos de Óscar y lo acercó a las velas… parece que sobresale del papel ¿tienes un papel blanco bien delgado y un carbón?
Si espera, aquí tienes.
El ojiverde colocó el papel sobre el sello y por encima pintó la hoja con el carbón. Poco a poco las formas de su interior aparecieron ante sus ojos.
- Ya está, acerca las velas. Parece una flor. Óscar es una flor de Liz, es el sello de una familia noble.
¿Qué? Déjame ver…. Si es cierto. Pero está incompleto, aunque estoy casi segura que lo he visto antes.
Si una familia de la nobleza financia el tráfico de estos libros, no podremos hacer nada.
Pues aun así debemos de llegar al fondo de esto, y así sean nobles, están infringiendo la ley, la justicia es para todos. –
André sonrió, esa era su Óscar.
¿Ahora, vemos lo demás?
Óscar estaba a punto de contestar, cuando la puerta se abrió derrepente.
– ¡Son ustedes, me dieron un susto!- La Nany apareció en la puerta con un candelabro.
Es tarde, escuché ruidos..-
No te preocupes Nany, estábamos analizando unos documentos.
Pues es tarde para eso, descansa, te he visto muy atareada últimamente.
Abuela, así es el trabajo de Óscar, no te entrometas.
¡Lady Óscar! es ¡Lady Óscar!, muchacho igualado – levantó una escoba
Nany, no te preocupes, ya íbamos a descansar.
Bien mi niña. Apagaré todo acá, usted suba. Y Tu bueno para nada, ve a dormir también para que estés atento con lo que tengas que hacer. -
Ya abuela. -
Dicho esto, ambos se dirigieron hacia sus habitaciones. Sin embargo, minutos después, André se escabullía hacia la habitación de Óscar, lleno de amor y deseo.
Amor, no vimos las imágenes, ¿cuándo vamos a hacerlo?. - Susurró André, acostándose al lado de su amada.
Lo siento, pero tengo que devolverlo mañana. Además, debemos de llegar a primera hora. - acarició el hermoso rostro masculino.
Quiero confesarte algo – Dijo ruborizada. – He memorizado, algunas de ellas, las que eran más interesantes…. Por favor no pienses mal, yo quiero
Adivinando su pensamiento, André sonrió ante su duda y con una mirada dulce, se acercó más a ella.
¿Quieres intentarlo? ¿Quieres que las hagamos? A mí, me gustaría…
Apenada, Óscar no dijo nada. Como decirle, que soñaba, con que ella y él disfrutaran del placer practicando cada pose. Esos pensamientos la ponían nerviosa, pero sabía que podía confiar en André plenamente. Lo abrazó y entrelazó sus piernas con las de él, movió sus caderas frotándose con el miembro de su asistente. André gimió ante esta caricia, y la besó. La rubia disfrutó ese beso, aproximó su rostro al oído de él, para pedirle que la amara.
Necesito sentirte dentro, mi amor… desnúdame…
Esta solicitud hizo su efecto, la respuesta fue inmediata, el ojiverde desabrochó con algo de rapidez los botones del camisón femenino, y suavemente la despojó de él, dejándola completamente desnuda. Lleno de deseo, volvió a besarla apasionadamente, acariciándola toda. ….
Muchos minutos después, la esencia masculina se derrama, dentro de la rubia en medio de espasmos y sobresaltos de orgasmos femeninos.
Oh… Óscar…. Soy tuyo…-
-o-
A la mañana siguiente, cada uno en sus habitaciones se aseaban para empezar el día. Siempre cuidado, André había regresado temprano a su habitación para cambiarse. Luego de desayunar se dirigieron a las barracas de la milicia francesa.
Buenos días comandante- - André.
Alain.
Buenos días Alain. Debemos empezar los preparativos para la llegada de la condesa Fourtabant. Dentro de 10 minutos, deben de venir ambos a mi oficina.
¡Si comandante! - respondieron ambos al unísono
Minutos después, Óscar ordenaba unos papeles, que entregaría a Bouillé. Algo inquieta, se sentó para seguir leyendo, cuando sintió un pequeño dolor en la entrepierna. Sonrió por ese punzón, recordó a André desnudo sobre ella, moviéndose frenéticamente, sudoroso y angustiado, pronunciando su nombre en medio de delirantes gemidos. Cuando él tiró su cabeza hacia atrás, aprovechó para frotar sus labios en ese cuello musculoso. Esas caricias combinadas hicieron tocar la cima a él.
Esos pensamientos la desconectaron de la realidad, no se había dado pero había separado las rodillas y su labios se entreabrieron…
Unos golpes en la puerta, la sacaron de su abstracción.
– Adelante-
André y Alain ingresaron a la oficina.
Cierra la puerta por favor-
Si, comandante. -
Bien, tomen asiento, debo de explicarles algo muy importante. Como saben dentro de 15 días estará llegando la Condesa Arllette de Fourtabant, y para que su estancia sea lo más segura y agradable posible, se ha emitido la orden de escoger 9 soldados de la compañía B para que sean su escolta personal durante su visita a París. Estos soldados, deben de ser buenos con las armas y tener buenos modales. Alain, tú te encargarás junto con André de escoger a los soldados adecuados que puedan aprender rápido los modales más finos. André tú te encargarás de enseñarles todos los modales necesarios para atender a la Condesa. Alain, tu estarás supervisando cada 3 días, la actividad de esta escolta. ¿Quedó claro?
Óscar, tengo entendido que la Condensa tiene gustos excéntricos y que cuando se trata de una escolta ella los escoge. Aunque son sólo rumores.
No lo sabía, es una orden superior. Imagino que los rumores son falsos.
¿Cuánto tiempo se quedará la condesa Óscar?
Alrededor de un mes. André- - Tú tienes que integrar esa escolta, ya que manejas muy bien los modales y las armas, estarás al pendiente que ninguno cometa una falta.
Vamos a requerir más tiempo para tener a los soldados que nos solicitas, ¿puedes darnos 2 días? Para asegurarnos que son los ideales, e inmediatamente empezaremos con la preparación.
Está bien, empiecen hoy.
Bien comandante, no retiramos. Vamos André. – Alain, le dio una pequeña palmada en el hombro.
Si vamos. André se levantó de la silla, y antes de voltearse a seguir a Alain, guiñó un ojo a la rubia. La comandante sonrió ante ese gesto.
Escoger a los 9 integrantes de la escolta, fue bastante trabajoso. Primero, Alain llamó a los mejores tiradores y expertos en manejo de la espada, de ellos, seleccionaron los que aparentemente cuidaban más su aspecto personal, el uniforme ordenado y lo más limpio posible. Tuvieron que esperar a que terminaran las rondas para que todos fueran evaluados.
Al día siguiente, se continuó con lo más pesado, elegir a los más educados. Para ello, instalaron una mesa tapada con un mantel y pusieron sobre ella una botella de vino, un plato de comida y uno de sopa. La idea era que mientras estaban comiendo debían de responder las preguntas que André había preparado, acerca de cómo actuarían ante una emergencia con una mujer de alta alcurnia, mientras que Alain hacía los chistes más cochinos, para ver sus reacciones al reírse. Antes de empezar a comer, debían de escribir su nombre completo, la dirección de su casa y su edad.
Hubo de todo, algunos de ellos hablaban con la boca abierta y escupían la comida mientras reían sin ningún reparo. Otros que se rascaban el cuerpo incluyendo las axilas, y seguían comiendo, también estaban los que escupían el vino y se limpiaban con el mantel. No faltaron los que soltaban gases por arriba y por abajo, "perfumando" el ambiente. Como siete veces tuvieron que abrir las ventanas a pesar del frío, antes de morir intoxicados y todos sin excepción, utilizaban las más gruesas lisuras francesas, cada vez que respondían las preguntas. Todo esto sin contar los garabatos que hicieron cuando escribieron sus nombres. Los que no fueron seleccionados, salían insultando y diciendo que era un concurso para saber quiénes eran los más "delicaditos", otros, afirmaban que Alain y André se iban a casar y buscaban amaneraditas, otros agradecían la comida y se iban. No faltó ese, que al terminar de comer caminó al rincón para excretar todo.
Felizmente, al final del día, lograron tener a 10 integrantes de la escolta, incluyendo a André. Los nueve restantes eran; Francoise Armand, Dresselle Lasalle, Gautier Magné, Fernand Chardin, Olivier Dumont, Normand Levallois, Philippe Vierne , Tristán Candau y Pierre Mercier.
Se les explicó lo que se iba a hacer y ya a solas, se turnaron para ser la condesa y practicar…
-o-
Luego de entregar los informes a Bouillé, Óscar recibió el informe de Alain, ahora, debía de disponer que los 10 hombres que serían la escolta de la condesa, sólo se concentraran en su preparación. Mandó a llamar a André, para tener claro en que puntos, se debía trabajar con los elegidos. Minutos después, el soldado tocaba la puerta.
Adelante.
Óscar, ¿me llamabas?
Si, cierra la puerta. -
André miró a los dos lados del pasillo y obedeció.
Dime mi amor…- se acercó a darle un corto beso. – ¿Que necesitas?
André, necesito que establezcas los puntos mínimos que necesita un soldado escolta de una condesa, conversación, buenas maneras, uso de cubiertos, baile, etc.
Bien Óscar, mañana temprano te los entrego. ¿Entregaste el libro?
La rubia se sorprendió con la pregunta, miró con ternura el rostro masculino.
– Si, tuve que hacerlo. Pero llegué a memorizarme algunos- Lo miró picaronamente
Mañana no podremos dormir juntos- André hizo un pequeño puchero -¿Hasta cuándo estaremos así?
Mi amor, es por la llegada de la Condesa. Después, nos daremos un tiempo.
Está bien. Descansa.
Descansa tú también- Se besaron apasionadamente y luego André se dirigió a los dormitorios de los soldados.
Mientras caminaba hacia la habitación, recordó el cuerpo de la rubia en la noche anterior, la había volteado boca abajo sobre la cama, le levantó las cadera, acariciando su espalda suave y apasionadamente, ella separó sus piernas mostrándose completa a él… - ¡no esperes más.. te quiero aquí!.. y sin quererlo su masa de carne se despertó creciendo y levantando el pantalón…
- ¡aaaaaaahhhhh! ¿¡qué es eso! – grito Lasalle
- oye échate agua – dijo Alain, después regresas
- con tu cara se me baja – dijo André a Lasalle
- ya duerman –
- está bien – ya calmado, el ojiverde se recostó para soñar con su Óscar.
-o-
Ya había amanecido y Óscar se encontraba en su oficina de las barracas. – Latrell! Llame a Alain de Soisson, que traiga a Grandier.-
¡Si comandante!
Alain y André llegaron. – Pasen y tomen asiento. André, hoy inicias la preparación de los 9 integrantes. Alain, vas a supervisar cada dos días el avance de este proyecto. ¿Está claro?
¡Si comandante!
Bien, a empezar, entonces. Dicho esto, ambos militares se dirigieron a cumplir las órdenes.
Llegaron a las barracas, y juntaron a todos para llevarlos a un recinto especialmente separado. Cuando todos estaban dentro, el soldado Gautier levantó la mano
¿Qué significa todo este circo? Me gustó la comida, pero es raro que estemos sólo nosotros-
André y Alain se miraron, era hora de que se les explicara detenidamente que iba a pasar. Sonriendo Alain comenzó la explicación
Dentro de 12 días va a llegar una condesa muy importante, y ustedes van a ser la escolta personal de ella, debe de sentirse como si fuera la reina, ¿entendido?
¿Qué? ¿Vamos a ser los sirvientes de una noble engreída?
Sólo vamos a asegurarnos que su estadía sea segura, ¿entendido soldado Dumont? André les enseñará como deben de comportarse con una condesa.
Si va a ser así, que nos enséñe que es lo que le gusta a la comandante- mencionó Levallois, sobándose las manos y sonriendo socarronamente.. – Jejejejeje… queremos hacerla sentir bien…-
¡hijo de putaaaa! André se abalanzó sobre Normand, en segundos ya estaban en el suelo repartiéndose puñetazos-
¡Sepárenlos! ¡André, ya basta!, Dresselle, Francoise, Pierre, Fernand, agárrenlo. ¡Soldado Levallois!, 80 vueltas por faltar el respeto a la comadante.
¡Si señor! Normand salió del recinto y comenzó a correr alrededor de las barracas.
El ojiverde se soltó del agarre molesto, pero tenía que empezar con el adiestramiento, así que se calmó y todos escucharon atentos. Luego de varios minutos, se reían alegremente… Normand, regresó al medio día totalmente cansado.
-o-
Ya era de noche, cuando André se encaminó a la oficina de Óscar para saber cómo estaba. Al llegar tocó la puerta con cuidado, no había nadie en el pasillo, estaban en su descanso.
Adelante
André Grandier reportándose, ¿cómo estás Óscar?
Bien, y ¿cómo te fue a ti?
Bien también, aprendieron rápido. Me molesté un par de veces, pero lo hicieron bien.
Mirándola fijamente se fue acercando y al llegar a ella la abrazó tiernamente.
Estuve pensando en tí.
Yo también –
Quiero aprovechar cada minuto a tu lado –
Te deseo a cada instante
Se besaron….
Bájame el pantalón, mi amor…-
El soldado no necesitó escuchar más, cumplió de inmediato y aún arrodillado, acarició con su índice, el punto más sensual, arrancando gemidos a Óscar, mientras sus piernas vibraban. Pero André quería algo más, cogió el mantel rojo de un sillón cercano y lo puso sobre la silla de ella, detrás del escritorio de la comandante y se sentó, había bajado sus pantalones liberando su erección enorme y paltitante.
Si – dijo ella, adivinando su intención.
La rubia se volteó de espaldas a él, junto sus piernas y se sentó encima, toda la erección ingresó completa. André tiró su cabeza hacia atrás gimiendo. La rubia no habló, no podía ni cerrar la boca.
Con esfuerzo, agarró otro mantel oscuro guardado en sus cajones …
Tapa tu uniforme, no te manches –
Así enganchados, se quedaron unos momentos, para sentir el uno del otro, ambos con los ojos cerrados, él agarrando la cintura de ella, ella buscando sus manos. El momento era propicio, ella tenía que moverse, lo necesitaba. tensó las piernas se levantó y nuevamente se sentó. Primero despacio, luego acelerando, ya estaban gimiendo los dos, cuando de pronto, la puerta se abrió
