Fic navideño que participa en la #Dinámica Navideña #12_eventos_decembrinos de las páginas Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma e Inuyasha Fanfics.

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Los rayos del sol se colaron lentamente por una rendija de la ventana dándole plenamente en el rostro. Intentó removerse en la cama, pero sintió el peso de un cuerpo que lo anclaba a la cama.

Abrió sus ojos y se encontró con la maravillosa imagen de una durmiente Kagome, abrazada a su cuerpo. Sonrió, incapaz de creer su buena suerte. Decidió entonces que deseaba amanecer de esa manera todos los días de su vida.

Besó la frente de la joven mientras le acomodaba algunos rizos rebeldes detrás de su oreja.

- Ya es hora, dormilona- musitó con suavidad en su oído.

Un gemido en forma de queja fue su respuesta mientras que la joven se acurrucaba mejor entre sus brazos.

InuYasha rió divertido y aunque él también deseaba continuar arropado en la cama junto con ella, no podían darse el lujo de perder de nueva cuenta el tren.

- Tenemos que llegar a Izumo- volvió a decirle mientras rozaba su nariz contra la de ella.

Kagome entreabrió los ojos para encontrarse con el dorado de unas pupilas que la observan con cariño. Parpadeó lentamente y una sonrisa se dibujó en sus labios al recordar con quién estaba.

Sus brazos soltaron sutilmente el cuerpo masculino para poder estirarse, sintiendo una plenitud que hace mucho no experimentaba. Cuando volvió a enfocar al hombre a su lado, lo encontró muy cerca de su rostro. InuYasha rozó sus labios antes de sorprenderla con un beso dulce y tierno, que la derritió sobre la cama. Cuando se separaron se sonrieron con complicidad antes de que Kagome se levantará ágilmente de la cama. Buscó su ropa y tras mandarle un beso al aire (el cual InuYasha atrapó) entró al cuarto de baño.

El joven soltó un suspiro enamorado y volvió a dejarse caer sobre la cama con la mirada fija en el techo, agradeciendo a todos los dioses del cielo por haberle cumplido el deseo de estar con la mujer de sus sueños. Soltó una pequeña risita al imaginarse la reacción de las dos alegres comadres al saber que su anhelo de juventud se convirtió en realidad.

Entonces decidió que llevaría a Kagome tomada de su mano, el veinticuatro de diciembre a la plaza del pueblo y haría lo que el idiota de Kouga, gracias a dios, no hizo; besarla hasta que la última campanada del reloj replicará, anunciando así el día de navidad. Después, tal vez en su primer aniversario de novios le propondría matrimonio y con un poco de suerte, a la siguiente navidad tendrían entre sus brazos a un lindo bebé… Sí, definitivamente esa es la vida que ansiaba vivir.

- Lo bueno es que tienes prisa- escuchó que la cantarina voz de su amada le decía en son de broma.

InuYasha se incorporó y le aventó una almohada por respuesta.

- ¡Ah! ¿Con qué quieres jugar? ¿eh? - dijo Kagome antes de regresarle el golpe con la almohada.

InuYasha sonrió divertido antes de tomar el otro cojín del otro lado de la cama.

De pronto ambos se encontraron en una batalla campal de golpe de almohadas, sus risas divertidas se escuchaban hasta el corredor. Los dos eran fieros contrincantes, cuando uno lanzaba el golpe, el otro respondía sin dar tregua alguna. Hasta que un mal paso provocó la caída de Kagome sobre la cama, InuYasha aprovechó la situación para colocarse encima de ella y aprisionarla levemente con el peso de su cuerpo.

Kagome paso de la risa a quedarse sin aliento en una fracción de segundo. Ese hombre en definitiva la tenía atrapada y no necesariamente en el sentido literal. Se perdió en el dorado de un iris oscurecido que le mostraban su propio reflejo y sin poder resistirse, elevó sus manos hacia el rostro masculino y elevó el suyo para poder estamparle un beso en los labios.

Sin planearlo, se encontraron ahora en otro tipo de batalla, una en la que sus labios no querían, ni deseaban separarse. Se probaban y se saboreaban como si jamás hubiesen besado en la vida. Kagome enredó sus manos en el blanco cabello de InuYasha con la firme intención de no dejarlo separarse de ella. Si iban a morir ahogados, no le importaba, porque moriría feliz y con el dulce sabor de su hombre impregnado en los labios. Su hombre…. ¡qué bien sonaba eso!

Y en medio de los besos que comenzaban a subir de intensidad, ella se vio yendo de su mano a la plaza del pueblo para recibir con él las doce campanadas de navidad, lo imaginó pidiéndole matrimonio en la estación del tren de Tokio donde se reencontraron y la imagen de ambos sosteniendo un pequeño bebé de ojos dorados y cabello negro simplemente la hizo estremecer. Sí, definitivamente quería pasar con ese hombre el resto de sus días.

En contra de su deseo de morir ahogada en la ambrosía del amor, sus pulmones le solicitaron aire y ambos se separaron con algo de pesar. No obstante, continuaron dándose besitos cortos en compensación. De repente, una de las manos de InuYasha acarició la mejilla sonrojada de Kagome, la miró con amor antes de preguntar con total seriedad:

- Gome, ¿irías conmigo a recibir la navidad en la plaza?

Su corazón dejó de latir por una milésima de segundo antes de responder con total seguridad.

- Sí, sí quiero InuYasha.

Y de nueva cuenta un beso profundo hizo su aparición

[…]

Su sesión de besos les demoró por doce minutos, pero afortunadamente lograron llegar con el tiempo justo para abordar el tren. Sin soltarse de la mano tomaron sus asientos, los dos lucían radiantes y muy contentos.

Un bip, bip se escuchó en el bolsillo del pantalón de InuYasha, proveniente de su teléfono celular. El joven se incorporó levemente del asiento para poder sustraerlo, sin siquiera fijarse apretó por inercia el botón de aceptar llamada.

El rostro de una mujer sonriente, de edad madura apareció en la pantalla del móvil.

- ¡Buenos días hijo! - le saludó- ¿Ya tomaste el tren?

El aludido hizo un esfuerzo sobrehumano por no reírse de su madre, quien al terminar su pregunta estiraba su cuello, intentando ver con quien iba sentado.

- Buenos días mamá, ya voy para la casa- respondió intentando dominar la risa- ¿Tienes dolor de cuello?

- ¡Oh! No, no hijo, estoy bien- respondió antes de volver a una posición neutra al verse descubierta- Me alegra que ya estés en camino.

- ¿Necesitas que lleve algo en especial para la casa? - preguntó intentando ocultar su diversión.

- Pues no querido- respondió con naturalidad- Oye hijo, ¿No te encontraste con alguien en el camino?

¡Ahí estaba el verdadero motivo de la llamada!

- ¿Con alguien? ¿Cómo con quién? – reviró

- Pues a lo mejor con… tu hermano, por ejemplo.

Ya no pudo seguir aguantando la risa, de todas las respuestas posibles, aquella era la más improbable de todas.

- ¡Ay madre! ¿De verdad crees que Sesshumaru se subiría a un tren?

Izayoi llevó una mano a su sien, era verdad; su hijo mayor no era el tipo de persona que llegaría en casa en ferrocarril. Pero, no quería ser tan obvia, para no incomodar a Kagome. No obstante, lamentablemente ya lo estaba siendo.

- Aunque tienes razón- InuYasha le tuvo piedad a su progenitora- Me encontré a alguien en la estación de Tokio y quiere saludarte.

El rostro sonriente de Kagome apareció en la pantalla.

- ¡Buenos días, señora Taisho!

La madre de InuYasha se llevó las manos a su boca para reprimir un grito de emoción. Era verdad, ahí estaba la hermosa hija de su mejor amiga, sentada a lado de su muchacho. Aquello le hacía muy feliz; era de su conocimiento que su hijo siempre estuvo prendado de esa chica de toda la vida y verlos juntos le daba cierta esperanza de que su hijo menor por fin encontraría la felicidad.

- ¡Ay linda! - exclamó- ¡Me da tanto gusto verte, después de tanto tiempo! ¡Tu familia está tan emocionada con tu visita!

Kagome sonrió tímidamente.

- Yo también me siento contenta por ir a verlos- dijo – A mí también me da gusto ver que se encuentra bien.

- Si InuYasha se porta mal contigo, no dudes en decirme, para corregirlo- sentenció.

- ¡Mamá! - prorrumpió el aludido.

Ambas mujeres rieron a costa del sonrojo y bochorno del hombre.

- Tengo que dejarlos- se despidió- el señor Taisho no tarda en despertar y debo preparar el desayuno- se llevó sus manos al pecho, sus ojos rebosaban ilusión- Viajen con cuidado, los esperamos con ansias.

Después de eso colgó.

Kagome suspiró mientras se recargaba pesadamente sobre su asiento. Era verdad, hacía mucho tiempo que no visitaba a su familia y un sentimiento de culpa se le alojó en el corazón. InuYasha percibió el cambio de humor repentino de su novia y apretó con suavidad la mano que se encontraba entrelazada con la suya.

- No tienes de qué preocuparte- le dijo en cuanto captó su atención- Les dará gusto saber que estamos juntos.

La joven volvió a suspirar, no era eso lo que la tenía mal. Sopesó las opciones y decidió que, si quería una vida con InuYasha, no debía esconderle nada. Se giró para poder observarlo mejor.

- No me preocupa la reacción de nuestras familias por lo nuestro- inició con voz pausada- Tengo que contarte algo.

Él le dirigió una mirada larga y Kagome lo sintió tensarse levemente. Sin embargo, le contó lo sucedido con Hoyo hace ocho años atrás, le confesó que desde ese día a la fecha no había puesto un pie en Izumo; que se sentía avergonzada con su familia y por eso no los había visitado, y que, si su abuelito no se hubiese enfermado, tal vez seguiría sin ir a verlos.

InuYasha escuchó con atención el relato, casi sin tener alguna reacción, entendió que aquel pasaje de la vida de Kagome fue y era difícil para ella. Cuando la chica terminó de hablar, él la abrazó por los hombros y la atrajo hacia sí. Le beso la frente mientras le susurraba que todo estaría bien, que él la entendía y que aquello no cambiaba sus sentimientos por ella.

Kagome respiró aliviada, por fin había encontrado al verdadero amor de su vida.