Fic navideño que participa en la #Dinámica Navideña #12_eventos_decembrinos de las páginas Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma e Inuyasha Fanfics.

XI

Cuando llegaron a la estación de Izumo, se dirigieron directamente a la taquilla para comentar el incidente que habían tenido el día anterior. La señorita, muy amablemente los envió a la zona de paquetería donde podrían recoger sus pertenencias al mostrar sus anteriores boletos y sus identificaciones oficiales.

Al cabo de veinte minutos, nuestra pareja protagónica se dirigía en un taxi hacía la zona donde ambos tenían su hogar familiar. El recorrido le trajo muchos recuerdos nostálgicos a Kagome, si bien, los cambios no eran muchos, si los suficientes como para haber cambiado el hermoso paisaje del lugar donde nació.

Mientras más se acercaban a su barrio, comenzaron a ponerse nerviosos, no tanto porque creyeran una reacción negativa por parte de sus familias, sino todo lo contrario. Ambos sabían que los bombardearían con preguntas y querrían saber con pelos y señales cómo fue que de un día a otro se enamoraron y se volvieron novios.

Cuando llegaron a su lugar de destino, se sorprendieron de que ninguno de sus familiares los estuviese esperando afuera de sus casas con bombo y platillo. Aquello, en vez de tranquilizarlos, elevó su sistema de alarma.

- ¿Tu casa o la mía? - pregunto InuYasha nervioso.

- Al mal paso darle prisa, te apuesto lo que quieras a que están todos metidos en mi casa- sentenció la hermosa muchacha.

Kagome sostuvo con fuerza la mano de InuYasha y caminaron hacia el pórtico lleno de flores que era la entrada de su casa. Tocó el timbre y espero con un estoicismo digno de cualquier sacerdotisa medieval. Sin embargo, nadie acudió al primer llamado. Ni al segundo, ni que decir del tercero. Fue aquí que el ánimo de nuestra protagonista comenzó a tornarse inquieto.

¿Le habría pasado algo al abuelo?

Aquella duda la llenó de ansiedad, por lo que le pidió prestado de nueva cuenta su teléfono móvil a su novio.

Novio, ¡qué bien se escucha llamarle así!

¡Si serás Kagome! No es momento del romance.

Marcó el número de su madre y espero a que contestara. No lo hizo, así que eso le añadió una gota más al vaso de su intranquilidad.

- ¿Te parece si vamos a mi casa? - le sugirió su acompañante al notar su desosiego- Tal vez mi madre sepa dónde está tu familia.

Ella asintió con la cabeza y tomados de la mano se dirigieron a la casa de al lado. A diferencia de Kagome, InuYasha si traía un juego de llaves de su vivienda; sabía que no cambiarían la chapa por nada del mundo, ya que su padre la había colocado hace cuatrocientos siglos y le había costado tanto hacerlo, que juró que no volvería hacer menesteres caseros por sí mismo nunca más.

En cuanto giró la perilla y abrió la puerta, el grito ensordecedor de "bienvenidos" resonó por toda la casa. Ambos quedaron pasmados. Ahí se encontraban reunidas las dos familias, que soplaban espantasuegras, soltaban confetis y… ¿Ese era el abuelo bailando mientras agitaba un abanico? La cosa estaba para no creerse.

- ¡Hermana! - exclamó alegremente Souta, quien se abalanzó hacía ella, pero se detuvo abruptamente- Están tomados de la mano- balbuceo desconcertado.

- ¿Qué pasa hijo? - preguntó la señora Higurashi al notar la confusión de su hijo.

- ¡Mamá!¡Están tomados de la mano! - gritó escandalizado antes de girarse y señalar el enlace.

Si antes era una fiesta ahora era una verdadera locura. Tanto Izayoi y Naomi Higurashi gritaron emocionadas antes de abrazarse y decirse "somos consuegras", después corrieron a abrazar y besar a sus hijos. Souta, quien ya se encontraba bastante repuesto del asombro les hacía bullas tanto a Kagome como a InuYasha. Toga Taisho se acercó y le dio un par de palmadas en la espalda a su hijo mientras le regalaba una sonrisa pícara y le guiñaba un ojo. Pero de todos, el más emocionado era el abuelo, soltaba pequeñas lágrimas de alegría mientras se abría paso entre la multitud para acercarse a su nieta.

Cuando la tuvo enfrente, elevó sus manos para tocarle el rostro, le miró con cariño antes de rodearla en un sentido abrazo; solo entonces InuYasha soltó la mano de Kagome para permitirle corresponder al abrazo del anciano.

- Mi niña linda, has vuelto- decía entre sollozos- ¡Y con tan grata sorpresa!

Kagome no pudo evitar soltarse a llorar con un llanto lleno de profundos sentimientos, poco a poco los Taisho fueron retrocediendo para poder permitirles a los Higurashi abrazar a la hija pródiga que regresaba al hogar después de tantos años de ausencia.

Izayoi abrazó por la cintura a su hijo mientras le dirigía una mirada acuosa, estaba en extremo conmovida con el reencuentro de su amiga. No es que no le diera gusto ver a su muchacho, pero a diferencia de Naomi, ella sí tenía mucha más comunicación con ellos, que su amiga con su hija.

Tras unos minutos de llantos compartidos, la familia Higurashi deshizo el abrazo, conscientes de que, aunque conocían a los anfitriones de toda la vida, debían tranquilizarse para no incomodarlos.

- ¡Qué gran regalo de navidad! - dijo el abuelo- ¡Mi querida nieta regresó y además con este muchacho de la mano! - todos rieron ante el comentario.

Sólo entonces, Kagome comprendió, que de una u otra manera todos anhelaban que ella se uniera con InuYasha, todos habían percibido el gran cariño que él le profesaba, pero ella estaba tan ciega, que jamás lo notó. Así que le sonrió al destino por hacerlos coincidir en la misma hora y el mismo lugar.

[…]

Pasado un buen rato, en el cual comieron, bebieron, contaron anécdotas y para bochorno de la recién pareja, sobrevino la bomba de preguntas, que iban desde, ¿Quién vio a quién? ¿Cómo es que se dio el flechazo? hasta ¡¿Durmieron juntos?!

Kagome e InuYasha soportaron el interrogatorio con el mayor aplomo que tenían, pero el sonrojo instalado permanentemente en sus mejillas delataba lo avergonzados que se sentían ante el apabullante interés de sus familias.

Eran casi alrededor de las cuatro de la tarde, cuando la familia Higurashi se despidió de sus anfitriones para dirigirse a su casa. El trayecto no era más de cinco minutos, sin embargo, a Kagome le pareció muy largo el camino, debido principalmente a la ansiedad que le daba tener que enfrentar a su gente después de tanto tiempo.

Sabía que la habían perdonado, se lo hicieron notar en sus lágrimas de alegría, los abrazos, los besos y sobre todo por la gigantesca excusa que se crearon al decir que el abuelo se había enfermado de gravedad. Sabía también, que les agradaba la idea de que estuviera saliendo con InuYasha. No obstante, ella necesitaba disculparse, deseaba redimirse por los años de ausencia.

En cuanto entró a su casa, se soltó a llorar, incapaz de contener el cúmulo de emociones que la embargaban. Su preocupada madre corrió a abrazarla rápidamente.

- Perdóname mamá, perdóname – pedía en medio del llanto- No debí haberme alejado por tanto tiempo- se dejó caer de rodillas para poder abrazarse a las piernas de su madre.

- Tranquila cariño- susurraba con afecto la señora Higurashi mientras se agachaba para acunarla en sus brazos- No pasa nada mi niña, todo está bien.

- No mamá, no está bien- se separó abruptamente y todavía con lágrimas en los ojos se atrevió a mirar los de su madre- Fui una cobarde, hui… Debí ser sincera contigo, con todos- soltó un lastimoso suspiro- Pero más con Hoyo.

- En eso tienes razón hija – Naomi Higurashi secó con sus pulgares el par de lagrimones que resbalaban por las mejillas de su hija- él se merecía una explicación, pero nada se puede hacer ya- sonrió condescendiente- No podemos pedirle al tiempo que vuelva, pero podemos perdonarnos a nosotros mismos por lo que hicimos y seguir adelante.

Kagome hipó un par de veces antes de devolverle la sonrisa a su mamá, en eso le daba la razón; seguiría adelante, porque el futuro se le antojaba encantador.

[…]

- ¡¿Qué tú vas a qué!?

Aquella exclamación resonó por toda la casa e InuYasha no se contuvo y comenzó a callar a su imprudente padre. No quería que su madre se enterara… al menos, no todavía.

- Quieres bajar la voz, viejo- masculló entre dientes- Me sorprendería que medio vecindario no se hubiese enterado ya de lo que pretendo hacer.

- Es que hijo… ¿Estás seguro? - preguntó incrédulo el patriarca de los Taisho.

- Es lo que he estado deseando toda mi vida- confesó con una sonrisa de medio lado- ¿Vas a ayudarme o no?

- Claro que sí hijo, pero, ¿no crees que es muy prematuro?

- Tal vez- InuYasha se encogió de hombros- Aunque eso no importo cuando Sesshumaru te pidió hacer lo mismo hace un año.

- Ese no es punto de comparación cachorro- Toga llevó sus dedos al puente de su nariz y lo masajeo levemente- Tu hermano y Rin llevaban saliendo casi dos años, tu llevas- contó con los dedos de sus manos- ¿dos días?

El joven arqueó una ceja y se cruzó de brazos, el viejo Taisho conocía muy bien ese gesto en su hijo menor; estaba a la defensiva

- ¿Y qué tal si ella no quiere? - Toga no deseaba ser pesimista, pero alguien debía señalar todas las variables.

- Siempre habrá más navidades- contestó con seguridad el muchacho.

Inu no Taisho soltó un suspiró resignado, su cachorro era tan terco o más que una mula, así le presentará pruebas irrefutables de que estaba equivocado, no lograría que cambiara de opinión. En el fondo, él sabía que sus preocupaciones carecían de fundamento; Kagome tenía ese brillo enamorado en sus ojos. No obstante, tenía que actuar como un padre maduro y analítico y no como un camarada más de su hijo. Fue así que, convencido que cualquier argumento sería esquivado, se rindió.

- Entonces, dime, ¿qué quieres que hagamos?


N/A: ¡Hola navilovers! Esta historia tiene casi un año y por fin pude dar una actualización que esté a la altura de tanta espera. Aún me queda un capítulo más por agregar a este navideño fic, el cuál espero subir en el transcurso de las vacaciones de invierno.

De antemano les pido una disculpa pero los caminos de la vida no son como imaginaba, no son como yo creía y las musas no son muy partidarias del estrés que digamos. Pero prometo relajarme y poder terminar a tiempo esta linda historia que tiene mucho de lo que me gusta en la vida: InuKag, romance y navidad.