-Hino, no puedo entenderte -traté de hablar lo mas calmado posible. No quedaba leche sabor frutilla y no me quedó de otra que darle la de chocolate, este pequeño cambio había resultado en un berrinche que no paraba hace quince minutos.

Siguió gritando mientras lloraba y manoteaba cuando intentaba levantarlo en mis brazos. Sentía el estrés tensando mi cuerpo.

-Está bien, está bien, lo siento. Pero no puedo conseguirte la leche que quieres en este momento -volvió a gritar y escondió su rostro en la almohada- pero te prometo que si te tomas la leche, mañana iremos los dos a comprar la que quieres.

- ¡No!

Acaricié su espalda por minutos hasta que comenzó a cansarse de llorar.

- ¿Que te parece si mañana luego de comprar la leche, comemos un helado?

Asintió levantando su rostro de la almohada, con la manga de mi camiseta limpie las lágrimas de sus mejillas enrojecidas y sonreí.

- ¿Quieres tomarte la leche ahora?

Llevó el biberón a su boca y se recostó en la cama. Suspiré agradecido, que fuera un niño tranquilo no significaba que no tuviera malos días. Se durmió en cuanto terminó su leche.

- ¿Lograste dormirlo? -preguntó Temari en cuanto llegué a la cocina.

-Si, quien diría que una leche podría provocar eso.

Dejó un plato de comida frente a mi y se sentó a acompañarme.

- ¿No vendrá Matsuri?

-Tenia cosas que hacer. Mañana pasaremos el día con Hino.

- ¿Luego de preescolar?

-No irá mañana.

- ¿Por qué?

-Es dia de las madres.

-...No puedes evadir algo así por el resto de su vida.

-Cuando sea mayor le explicaré.

La puerta se abrió bruscamente y Rasa entró corriendo, tirando todo en su camino.

- ¡No abran esa puerta!

- ¿Que hiciste? -exclamó Temari con enfado, acercándose a una ventana.

- ¡Nada, lo juro!

En cuanto me puse de pie, la puerta se abrió de golpe y un hombre entró, furioso y mirando a todos lados.

- ¡Devuélveme mi dinero! -gritó en cuanto vio a Rasa. Se abalanzó sobre el y lo golpeó en el estómago.

- ¡Papá! -Temari exclamó asustada.

- ¡Gané justamente!

- ¡Hiciste trampa!

Lo empujó contra la pared botando los cuadros, el piso se llenó de vidrios rotos y Rasa cayó en ellos. Sujeté al hombre por el cuello y lo inmovilicé.

- ¡Gaara! -la rubia tocó mi hombro y apuntó a la escalera. Hino había despertado y miraba alrededor con miedo- ve, yo me encargo.

-Mierda -solté al hombre y corrí a tomarlo entre mis brazos para llevarlo de vuelta a la habitación.

Los gritos siguieron por unos minutos hasta que la puerta se cerró y todo quedó en silencio.

Intenté salir de la cama, pero Hino se quejó asustado y estiró sus brazos. Volví a tomarlo y bajé la escalera.

- ¿Que mierda fue eso?

-No estaba feliz de que le ganara, eso es todo.

- ¡No puedes traer tus problemas aquí, no con Hino en la casa!

-No le pasó nada, estás exagerando.

- ¿Es en serio? Está asustado. No traigas tus putos problemas, o tendrás que buscarte otro lugar donde llevar tu mierda -dije.

- ¡Esta es mi casa!

-Cuando aportes con dinero, podremos discutirlo, pero no es el caso -Temari se acercó amenazante con su abanico en alto- la próxima vez que pase, cambiaremos la cerradura y dormirás en la calle.

-Niños malagradecidos, después de todo lo que he hecho por ustedes.

- ¡Nunca has hecho nada por nosotros! Solo piensas en ti mismo -grité, acariciando la espalda de Hino que se aferraba a mi cuello.

Volvió a salir dando un portazo. Temari suspiró y recogió los cuadros del suelo.

-Ve a acostar al niño, yo me encargo de esto.

Estuve de mal humor toda la semana por este suceso. Y que entregaran las calificaciones en la universidad no ayudó, apenas obtuve el puntaje necesario para aprobar.

-No es tan malo -dijo Matsuri intentando animarme.

-Ya no importa -revolví mi cabello estresado y me puse de pie- nos vemos luego, tengo que ir a buscar a Hino y llegar a tiempo a la práctica.

- ¿Que tal si nos vemos mañana?

-Lo siento -dije apenado- tomé un turno extra en la cafetería, el cumpleaños de Hino se acerca y quiero hacerle una fiesta.

-Esta bien -respondió, sabía que intentaba ser conprensiva, pero últimamente no tenía tiempo para una novia.

Cuando mi turno en la cafetería terminó y acosté a Hino, solté un suspiro y me dejé caer en el sofá. No fue fácil cumplir mi turno en la cafetería mientras vigilaba que Hino no saliera de la mesa donde lo había dejado con sus libros para colorear.

- ¿Día agotador? -Temari se sentó junto a mi y me ofreció una taza de té.

-Ni lo menciones. Tal vez debería volver a vender drogas, ¿sabes?-me miró amenazadora y reí entre dientes.

-Será mejor que estés bromeando, porque pateare tu trasero si no es así.

-Lo sé.

Sonrío y llevó su mano a mi cabello.

-Lo estás haciendo excelente -dijo, acariciándome con cariño- estoy orgullosa de ti.

Se sintió extrañamente bien escuchar eso. Terminamos de tomar el té y cada uno se fue a su habitación.

.

.

.

Quité suavemente al gato de mis piernas para ponerme de pie y entrar a la casa.

-Recuerda que Toneri llegará en unos minutos. Quiero que vistas algo mas apropiado.

-Está bien.

Subí al segundo piso con el gato tras de mí, golpeé la puerta y esperé una respuesta.

-Hinata -la llamé cuando solo hubo silencio- ya vamos a comer.

De nuevo sin respuesta.

Abrí la puerta con cuidado y el gato entró corriendo, saltó a la cama y maulló a la pelinegra.

Me acerqué y la vi dormir plácidamente. En su mesita de noche había un vaso de agua y varios frascos de pastillas recetadas.

-Hinata -la llamé. No reaccionó.

Moví su hombro y abrió los ojos con pereza.

- ¿Que pasó?

-Es hora de comer.

Se sentó en la cama y frotó sus ojos.

-Comeré en la habitación.

-Sabes que papá ya no lo permite.

Bufó y salió de la cama para dirigirse al ropero, en su habitación solo vestía una camiseta holgada y desgastada, desde hace tres años.

-Vendrá Toneri.

Me miró de reojo.

- ¿En serio vas a hacerlo? -preguntó.

-No es un mal chico.

-Hombre -corrigió- tiene mi edad, Hanabi.

Suspiré y salí de la habitación.

-No tardes.

Desde hace tres años las cosas habían cambiado en nuestra familia. No es fácil ser la menor luego de que tu hermana tuviera un problema de drogas, eso lo cambió todo para mí.

Nuestro padre se volvió mas controlador y cauteloso, donde fueramos el tenía que estar al tanto y no permitía que estuviéramos fuera de casa en la noche si no estábamos con el o un acompañante de confianza. Mi adolescencia la he pasado en una lujosa prisión.

Y mi hermana, que una vez fue una persona alegre y cariñosa, se volvió una persona encerrada en si misma y desapegada.

La muerte de mi sobrino neonato fue un golpe duro para la familia, pero sobre todo para Hinata. Una madre nunca debería sufrir la muerte de un hijo.

Desde entonces, su vida se resume en pasar los días en su habitación, viajes a hospitales mentales, antidepresivos y antipsicóticos que la mantienen anestesiada.

- Toneri ya está aquí -dijo mi padre- ve a recibirlo, la mesa estará servida en cinco minutos.

Caminé hasta la puerta de la casa donde nuestro invitado esperaba.

-Toneri, me alegro de verte.

-Igualmente -se agachó para besar mi mejilla con una sonrisa.

Fingí sonreír de vuelta, estos últimos años me había vuelto muy buena en fingir ante los demás para no decepcionar a nadie. Mi padre estaba feliz de mi relación con Toneri, entonces yo también estaba feliz.

Estaba muy ilusionado de esta unión, el y Toneri planearon un compromiso en cuanto cumpliera dieciocho y nos casaríamos en cuanto terminara la universidad, no tuve mas remedio que aceptar para no decepcionarlo. Mi padre se negaba a llamarlo un matrimonio arreglado porque yo había sido la que lo eligió.

No era tan malo si lo pensaba. Me gusta Toneri, es amable, educado y tiene un buen sentido de la moda.

Viviremos en una linda casa, tendremos uno o dos hijos y saldríamos de vacaciones cada año. No era una mala vida.

-Te traje un regalo -dijo ofreciéndome una caja de terciopelo- cuando lo vi pensé en ti.

Lo tomé en mis manos y lo abrí con cuidado, era una gargantilla de oro.

-Es hermosa, gracias.

- ¿Puedo? -asentí y tomó la cadena. Me acerqué a un espejo y la toqué con cuidado en mi cuello, era brillante y delicada- te queda perfecta.

Cuando nos sentamos en la mesa, Hinata aún no aparecía. Vi a mi padre decirle algo al oído a una de las sirvientas y ella se fue en dirección a la escalera, seguramente a buscarla para que bajara a comer.

Llegó luego de unos minutos y suspiré cuando noté su aspecto. Apenas se había esforzado en elegir un atuendo apropiado, sus ojos se veían cansados y ojeras oscuras los rodeaban. Mi hermana siempre había sido delgada pero desde que se encerró en su habitación, comenzó a bajar de peso al punto que sus mejillas comenzaron a hundirse, sus huesos eran visibles y tenía aspecto enfermizo.

-Hija, saluda a nuestro invitado.

-Gracias por acompañarnos -fue todo lo que dijo.

-Es un placer. Hace mucho que no sabía nada de ti, Hinata. Desde que dejaste Konoha.

-Mi deber con el negocio familiar nos obligó a mudarnos -se apresuró en decir mi padre- Hinata terminó sus estudios en casa. Por favor, sirvan la comida.

Luego de la comida dimos un paseo por el jardín, charlamos sobre como era la vida en Cambridge, mi estadía en el internado y si alguna vez volvería a Japon.

- ¿Como te sientes? -en cuanto Toneri se marchó, fui a la habitación de Hinata.

-Estoy bien -respondió. Había vuelto a vestir la camiseta holgada.

- ¿Quieres ir por un café helado?

-Podemos pedir un café helado en la cocina.

-Pero te hará bien tomar aire fresco.

-Ya me puse la pijama.

Suspiré exageradamente y me lancé a la cama, el gato junto a la pelinegra me observó con curiosidad.

-Estoy convenciendo a papá para que me saque del internado. No quiero dejarte otra vez sola.

-Estaré bien.

-Siempre dices eso.

-Quiero ir a la universidad -me sorprendió con sus palabras y la miré atentamente- quiero volver a tener una vida normal.

-Eso es genial -exclamé, hace mucho tiempo que no la escuchaba hablar sobre su futuro- ¿que tienes planeado?

-No le digas a papá -bajó la mirada y comenzó a jugar con sus uñas- quiero volver a Japón. A Konoha, con mis amigos.

Supe de inmediato cual era su verdadera intención. Quería volver con Gaara.

La entendía. Necesitaba cerrar ese ciclo, explicarle lo que había pasado y porqué nunca volvió. Pero tal vez era demasiado pronto.

-No lo sé, Hinata. Necesitas seguir con tu terapia...

-Estoy harta de la terapia. Tio Hizashi está dispuesto a ayudarme, me ofreció el departamento que había comprado para Neji antes de que decidiera quedarse aquí.

- ¿Que crees que pasará cuando se enteren? Los conoces, papá y Neji irán a buscarte para traerte de vuelta.

Desde el fallecimiento del bebé de Hinata, Neji se volvió aún mas sobreprotector. Siempre estuvo ahí cuando Hinata estuvo mal, incluso cuando no era necesario. Por cierto tiempo, me daba la impresión de que Neji no solo lo hacía por amor a su familia, lo observé por un tiempo y noté que miraba a Hinata con culpabilidad, su insistencia en ayudarla era para recompensar algo, pero no sabía qué.

-Tendrán que comprenderlo. No soy una niña.

- ¿Que pasa si tienes otra crisis? -exclamé asustada- ¿y atentas contra tu vida otra vez? ¿sabes como se sintió para mi? Que te llamen en medio del dia para decirte que tu hermana está en el hospital y le acaban de hacer un lavado de estómago.

-Eso no pasará de nuevo -desvió la mirada en negación.

-No estás lista.

- ¡¿Y cuando lo estaré?! -gritó, asustando al gato- ¿en un año, dos? No quiero seguir posponiendo mi vida. Solo queria que supieras... ya está todo listo, me aceptaron en la universidad de Konoha y ya compré el boleto.

- ¡Hinata!

- ¿Qué está pasando? -papá entró a la habitación con un gesto de molestia, seguramente nos habia escuchado alzar la voz.

Con Hinata nos miramos y pude ver en sus ojos que me suplicaba no decir nada.

-Hinata sigue desaprobando a Toneri, eso es todo.

-La única aprobación que necesitas es la de tu padre. Toneri es un muchacho excepcional.

Hinata se quedó en silencio y asintió.

-Ve a dormir -me ordenó- mañana comenzarás a entrenar. Quiero que estés en forma para cuando vuelvas al internado.

En cuanto se marchó, Hinata tomó mis manos y las acercó a su pecho.

-Necesito saber que me apoyas en esto -suplicó.

-No estoy segura...

-Te enviaré mensajes todos los días y en cuanto me acomode en el departamento, buscaré un terapeuta para seguir con mi tratamiento. Con los medicamentos y la terapia, estaré bien. Tengo muchas ganas de hacer esto, Hanabi, ya no recuerdo la última vez que estuve asi de feliz por algo.

Relamí mis labios y apreté sus manos.

-Está bien -dije indecisa- pero promete que me llamarás si te sientes mal. Prometelo.

-Lo prometo.

Me abrazó con fuerza y la rodeé con mis brazos.

- ¿Cuándo te irás? ¿Que pasará con Shukaku?

-Esta noche, y se irá conmigo, por supuesto. Tengo todo arreglado, en cuánto todos se vayan a dormir, me iré.

Un par de lágrimas cayeron por mis mejillas.

-Espero que todo salga bien.

-Todo saldrá bien -aseguró.

En mi habitación, miré por mi ventana una última vez. Camino a la verja donde un auto estaba esperando, Hinata llevaba una maleta en una mano y en la otra una jaula de transporte.

Sin mirar atrás, subió al auto y se marchó.