Estación de bomberos Nikogumi
En uno de los dormitorios del segundo piso.
Yoshimune, Misaki y buena parte de los hombres que estaban sirviendo a Kotaro estaban rodeando el dormitorio, exactamente a Mitsuna quien estaba reposando en un futon. La castaña era supervisada por el siempre confiable y servicial Doctor Tardes el cual revisaba su pulso.
-Doctor Tardes, ¿Cómo está Mitsuna?- Preguntó entristecida la sirvienta como miembro de los bomberos.
-No hay de que preocuparse. Está fuera de peligro.- Respondió el doctor con una confiable sonrisa- Se desmayó en parte por su consumo de alcohol pero todo lo demás está bien. Solo necesita descansar hasta mañana.
-Muchas gracias, Doctor Tardes.
-Con su permiso- En eso Kotaro hizo acto de presencia acompañado de una mujer castaña de entre 30 y 40 años y de un muchacho de entre 8 y 12 años, ambos castaños claros como Mitsuna.
El castaño más joven caminó unos pasos hacia donde estaba la joven insconsciente seguido después de la mujer hasta que se arrodillaron cerca del futón. En eso ambos derramaron lagrimas.
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Familia Kashiwa
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Madre de Mitsuna
Kayane Kashiwa
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Hermano menor de Mitsuna
Tokichi Kashiwa
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-Ah, ¡Oneechan!
-¡Otsuna! ¡Hijita!
Mientras ambos castaños se echaban a llorar sobre su familiar, Yoshimune aprovechó para preguntar al joven capitán.
-Torazo, ¿Quienes son ellos?
-Él es el hermano menor de Mitsuna, Tokichi. Y ella, su madre, Kayane.
-Ah, ya veo.
La pelirrrosa fue hacia donde estaban madre e hijo, estrechando la mano con Tokichi.
-Mucho gusto, señora, joven. Yo soy la hermana menor del capitán Torazo, Shino Tokuda.
-Mucho gusto, señorita...- El joven castaño se limpió las lagrimas y miró a su hermana mayor- Tokuda-san, ¿Verdad? ¿Me puede decir cómo demonios ocurrió esto?
La pelirrosa decidió aclarar la garganta mientras con la mirada invitaba a Kotaro aunque éste se mantenía distante, posiblemente por la fricción que sentía los Kashiwa hacia su hermana mayor.
-Verás, Tokichi, tu hermana estaba agradecida y buscaba retribuir la gentileza con la que el capitán Torazo la ha tratado.
-¿En serio, Yazawa-san?
El joven pelinegro negó con la cabeza mientras evitaba el contacto visual con el hermano menor
-Vamos, yo no hice nada especial.
-Aún así agradezco lo que hiciste por mi hija- Era la señora Kashiwa quien hablaba hacia el joven- Puede que odiamos a tu hermana pero en cambio tú y los dos otros son personas confiables, tú nunca dejaste de ayudar a mi hija incluso en el vicio en que esa maldita miserable la hundió...
Por alguna extraña razón, Yoshimune sintió en su interior una especie de molestia. Pensaba que solamente era con Candy debido a sus acciones pero... Nico era la persona quien la crió, su madre y de alguna manera, el saber el otro lado de su reputación en Edo pareciera que le generaba un malestar que ella misma no lo explicaba.
Decidió dejarse de cosas y despejar su mente. Comenzó a hablar con los Kashiwa.
-Tokichi.
-¿Sí diga?
-¿Sabías que el incendio que hubo en su negocio fue provocado?
-¿Qué?- Madre como hijo quedaron en shock- ¿En verdad, Tokuda-san?
-Sí- La pelirrosa asintió quedamente- Seguramente, Mitsuna quería ayudar al encontrar al responsable. Quizá lo hacía como una disculpa hacia ustedes por lo de Torazo.
La madre giró su vista hacia su hija que estaba plácidamente dormida en el futon.
-Mitsuna, ¿hiciste eso?
-Mamá- habló el chico castaño- ¿será que ella nos despertó el día del incendio?
La mujer calló unos segundos haciendo recuento de lo que pasó aquella noche en que su negocio fue consumido por las llamas.
-Ahora que lo pienso, hijo, sí parecía la voz de una mujer.
-Gracias a ella, salvamos papeles valiosos y no hubo heridos.
La mujer abrazó fuertemente a su hija mientras no podía evitarse las lagrimas.
-¡Mitsuna! ¡Hijita! ¡Perdóname!- Decía entre lloros mientras abrazaba fuertemente a su hija- ¡Por culpa de esa maldita Nikogoro terminaste tomando! ¡Pero yo soy la más culpable! ¡No debí haberte echado de la casa! ¡Perdóname, mi Mitsuna!
-¡Oneechan! ¡Lo siento! ¡No debí tratarte mal! ¡Lo siento!
El hijo se unió al abrazo familiar terminando en una escena conmovedora, de hecho, algunos de los hombres de Kotaro no se evitaban las lagrimas ante lo triste como conmovedor encuentro familiar. Yoshimune como Kotaro notaron como es que de repente la joven movió y extendió un brazo hacia su madre quien no dejaba de llorar sobre ella.
La pelirrosa no evitó una sonrisa, las cosas finalmente marchaban muy bien.
Aunque tampoco no se debía cantar victoria, Mitsuna dio sus propios esfuerzos y gracias a ello, supo acerca de los incendios y en parte sobre quienes estaban detrás de los incendios... Ahora debía poner fin a las ambiciones de Nose y Okubo.
Pero como siempre ignoraba algo...
Dos de los hombres de Kotaro se miraban mutuamente con mirada fría, uno de ellos se fue aprovechando el momento en que los Kashiwa explotaron en lagrimas hasta uno de los pasillos donde habló con una sombra de ojos azules y extraños cuernos afilados. La sombra sonrió de manera siniestra y desapareció del lugar.
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A la mañana siguiente
Exactamente en el palacio real
Yoshimune estaba viendo el paisaje del jardín real mientras a su lado, en las barandas de madera, su fiel gatita negra Osono estaba paseándose hasta que se quedó cerca de su ama.
-Su Majestad, Sukehachi recién me llamó y me dijo lo que planean ahora los Caballeros Templarios.
-¿Qué es Osono?- La pelirrosa miró a su gatita negra quien estaba con una mirada seria.
-Tal parece que Okubo y sus hombres prenderán fuego a la casa de Torazo.
-¡¿Qué dices?!- La shogun quedó en shock.
-Quieren quemar el lugar con Torazo y sus hombres dentro.
-¿Por qué se les ocurrió ese horrible plan?
-Porque al parecer, Yamazaki, Manzo y la pandilla Kunichi perseguían a Mitsuna pero alguien se interpuso en su camino. De hecho, a Manzo Kunichi le partieron los brazos y cinco sicarios fueron asesinados. Tal parece que esa persona desconocida de alguna manera la salvó la vida a Mitsuna.
La shogun ahora estaba con un rostro serio que podía llegar a ser muy gélido.
-No me sorprende saber quien lo hizo, era obvio que fuera ella como siempre- La reina giró su vista hacia las plantas que decoraban el jardín- Si en verdad Nose y Okubo quieren acabar de esa manera a Kotaro, no lo voy a permitir. Haré hasta las últimas consecuencias para que paguen por sus acciones. ¿Cuando será el incendio?
-Posiblemente esta noche.
-Muy bien... Infiltrate en la estación y dile a Kotaro que vayan a atender un siniestro que planean los Caballeros Templarios.
-Como ordene, su alteza.
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Distrito Yoshiwara
En uno de tantos bares como prostíbulos...
Mientras tanto con Candy, ésta estaba tomando unas copas con una chica del distrito rojo, de tanto coqueteo estaban a nada de acostarse, sin embargo, la raijin detuvo un poco la intensidad para escuchar un poco a la chica que llegó.
La joven que hizo acto de presencia en el cuarto era una chica linda y de aspecto frío con cabello lacio hasta los hombros y con flequillo cuadrado colgando sobre sus cejas. Ella tiene el cabello rosado rojizo, exactamente, desde rosa antiguo a rojo-violeta. Lo más notable eran unas cintas gemelas en forma de mariposa en ambos lados de su cabeza. Tenía ojos azul oscuro, una estatura promedio y una excelente figura. Su vestimenta era la ropa táctica de los ninjas y una larga bufanda violeta.
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Ninja al servicio del Inazuma Bugeicho
Nino Nakano
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-Ninochi, ¿Ha pasado algo?- La chica de cabello rojo asintió quedamente.
-Dono, he descubierto que Okubo y sus hombres planean incendiar el hogar de Torazo.
-¿Qué has dicho?- La rubia hizo gemir a su mujer en ese momento, pero salió rápidamente de su impresión- ¿Cuando será?
-Lo más probable es que esta noche, pero hay otra cosa que debe saber, tal parece que una de los ninjas al servicio de Shino Tokuda ya se enteró.
-Supongo que tendré que actuar.
-¡Hágame suya Kinjishi-sama!
(Nota de la autora: Kinjishi significa León Dorado)
-A eso voy chiquita- La raijin de nuevo se dirigió hacia su ninja- Ninochi, haremos algo.
-¿Qué es?
-Enviaremos a Yamazaki y los suyos a otro sitio para asesinarlos, esto con la excusa que Torazo y sus hombres fueron a ese sitio a esconderse, sin embargo, ocuparemos una ayuda para que todo sea creíble.
-Mi señora, ¿no planeará llamar a...?
-Kazuto nos ayudará- susurró- Puedes retirarte.
-Entendido- Nino se fue de ahí, Candy ya tenía su plan en mente.
"Kazuto Shibuya nos ayudará en esto, todo por el Inazuma Bugeicho", pensaba esta la cual sin más, reanudó su actividad amorosa con su acompañante.
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Mansión de Danjo Okubo
Okubo y sus hombres estaban en la entrada de la mansión cuando se toparon con un joven pelinegro de ojos azules como de piel clara. El joven estaba vestido con el chaleco negro o haori con su simbolo familiar en los costados, mangas y nuca de la prenda, sus dos katanas sobre la cintura izquierda y un jutte o varita policial.
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Oficial de Minamimachi
Kazuto Shibuya
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Okubo, Yamazaki y los demás Caballeros quedaron sin palabras al ver al oficial pero para su fortuna el doshin no estaba con una mirada seria o un indicativo de que aplicara la ley sobre ellos.
-Ah, Shibuya-san.
-Hola, ¿cómo están?
-Nosotros estamos bien, Shibuya-san- Sonrió Yamazaki mientras que los demás hombres también saludaban cordialmente al oficial, posiblemente conocido de ellos.
-Que gusto verlo señor Okubo, pensaba buscarlo precisamente.
-¿En serio?
-Sí- Asintió el oficial mientras no se evitaba la sonrisa en grande- Quisiera discutir algo con usted.
-¿En que puedo ayudarle, Shibuya-san?
-De hecho, esta mañana cinco o seis cuerpos amanecieron sin vida en una casa abandonada aquí en el distrito y resultó que eran pertenecientes a sus hombres y bueno... Mientras comenzaba mi investigación digamos que encontré algo interesante y eso me motivó a venir hasta aquí ya que desde hace un tiempo tengo un objetivo entre manos y sería en estos momentos una muy buena oportunidad para tratarlo.
-¿En serio? ¿Cuál es ese objetivo del que usted habla?- El peliplata estaba extrañado pero a la vez muy interesado en las palabras del oficial de policía.
-Bueno, verá desde hace un buen tiempo hice un buen negocio con algunos socios yakuza que conozco. Sé muy bien que ustedes están detrás de los incendios ocurridos, pero eso sí, no voy a aplicarles la ley sobre ustedes. Yo tengo algunas rencillas con los Nikogumi por lo que estamos bajo el mismo fin de eliminarlos de una vez por todas, dígamos que quiero trabajar tan bien como usted.
-¡Anda, mujer!
-¡Ven aquí, vamos!
En eso dos policías a la fuerza llevaban esposada a una joven muchacha que estaba cubierta con una capucha verde mientras estaba con la cabeza gacha.
-Aparte de que le tengo un regalo en caso de que mis intenciones no le convenzan del todo.
-¿No me diga quien creo que es?- Okubo y sus hombres miraban extrañados a la joven esposada.
-Resulta y pasa que me encontré durmiendo a esa borracha por lo que tuve que arrestarla pero pensé que sería una muy buena idea llevarla ante usted, señor Okubo. Aquí la tienen, la borracha del barrio.
Yamazaki y sus hombres fueron hacia la joven quien estaba con la mirada gacha, el pelimagenta de lentes verdes tomó del mentón a la joven mientras con su otra mano le quitaba la capucha dando con una castaña clara y ojos del mismo color. Efectivamente era Mitsuna.
-Al fin te tenemos, ebria de mierda, ¿Creíste que podrías escapar, mujerzuela?
-Yamazaki-san, si fuera usted debería tener más cuidado con ella- dijo el oficial interviniendo entre el asistente y la cautiva- Si usted o sus esbirros la tratan bruscamente, eso afectará mi negocio con el señor Okubo.
-Ya veo... ¿Planea usted hacer un prostíbulo en el distrito?- Preguntó el líder de los Caballeros Templarios a lo que el oficial corrupto asintió.
-Claro. Tengo pensado hacer un lugar clandestino y para eso quiero que Mitsuna sea la primera piedra. No se preocupen, tengo mis métodos para hacerla doblegar, seguir y obedecer la voluntad de cualquiera que vea ante sus ojos- Sacó entre sus prendas un reloj de mano sujetado por una cadena dando a entender que tenía buen uso de la hipnosis.
Okubo como sus demás sonrieron, parecían que estaban de suerte de contar con alguien que les brindaría la mano, inesperado, pero de alguna manera eso les traería beneficios.
-Muchas gracias por su ayuda, Shibuya-san- El peliplata como sus hombres abrieron paso a la entrada de la mansión- Por favor, adelante, Shibuya-san. Me encantaría charlar con usted.
-¿De verdad?
-Claro, adelante.
-Que bueno. Muchas gracias, Señor Okubo.
En eso Yamazaki intervino al oficial quien llevaba esposado a Mitsuna quien seguía con la mirada baja.
-¡Señor oficial! La chica...
-¿Eh?- Dio un vistazo a la joven- Por supuesto. Ella no es mía- El oficial corrupto dio la joven al asistente de Okubo que no dudaron en llevarla a las malas a la mansión pues por indicaciones del oficial corrupto no debían propasarse con ella ya que era parte importante de los negocios turbios del funcionario público.
Pero... Okubo y sus hombres ignoraban algo...
Cayeron en la trampa. Solo quedaba cazar a la presa que yacía acorralada dentro de la trampa.
"Me uní a algo increíble... Tengo que ser lo bastante listo para tratar con Okubo y una vez que le interese el plan, caerá al infierno como se lo merece..."
(...)
Mientras Shibuya conversaba con Okubo en su estudio, Yamazaki salió de la oficina y estaba de paso en uno de los pasillos cuando uno de los esbirros se puso en su camino.
-Señor Yamazaki, ¿Qué es lo quiere ese doshin?
El hombre de lentes verdes sonrió de lado.
-Aparte del negocio del burdel clandestino y de ayudarnos a encubrirnos, el encontró un buen lugar para guardar los galones de gasolina para los próximos incendios. Quiere que la veamos esta noche.
-¿Dónde será eso?
-En la gran puerta de madera.
El sicario comenzó a asustarse un poco.
-Pero, ¿No cree que es peligroso? Digo, es ahí donde viven los drogadictos.
El pelimagenta se rió como si se estuviera burlándose del matón.
-Jajajajaja, ¿Qué cosas dices, Tomezo?- Sonrió de lado- No nos pasará nada, igualmente Shibuya-san con jutte en mano nos guiará por ese lugar hasta dar con la casa, igualmente allá no va nadie. Como siempre, siempre saldremos con la nuestra.
-¿Y el señor Okubo irá?
-No, tiene una reunión con el señor Nose esta noche y mañana tiene audiencia con su Majestad. Creo que desde mañana les darán los incentivos para la construcción de las nuevas casas.
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Más tarde por la noche
En uno de tantos lugares transitados por gente estaban caminando dos personas vestidas como si fueran de los barrios más pobres de Edo, obviamente personas encapuchadas quienes caminaban con manos entre los bolsillos de sus pantalones. El par de personas caminaban en silencio como si fueran personas bastante frías, a pesar de su aspecto no llamaban la atención.
Los seres encapuchados caminaban hacia un puente el cual estaba solitario, eso probado por un fuerte viento que se llevaba hojas y basura a su alrededor y a la distancia el lugar se hacía oscuro y tenebroso como si al cruzar se topara con el mismísimo infierno.
(...)
Shibuya, el oficial corrupto guiaba a Yamazaki y sus hombres en lo que parecía ser una calle solitaria. El viento era muy fuerte y las calles estaban casi a oscuras por lo que el oficial corrupto indicó al pelimagenta de lentes verdes y demás esbirros que llevaran sus lámparas eléctricas portátiles para iluminar su camino.
Luego de unos minutos finalmente dieron con una pequeña casa de dos pisos.
-Es aquí- Señaló el oficial mientras los demás hombres dirigían su mirada a la extraña morada.
-¿Qué?- Uno de los sicarios comenzó a molestarse- ¿Qué dices? ¡Pero si aquí vivía Hotei!
-¿El que se murió por sobredosis?
-Sí
-¡Shibuya! ¡Dejáte de tonterías!- Otro de los sicarios se acercó al pelinegro para pedirle explicaciones pero en eso Yamazaki con paso amenazante se interpuso.
-Señor Yamazaki
-Un momento... Puede que aquí haya vivido ese malviviente pero esa podría ser la mejor jugada, ¿No es así, Shibuya-san?
-¿Sabe, señor Yamazaki? Pensé justamente lo mismo- Sonrió el oficial corrupto mientras se acercaba hacia la entrada de la casa abandonada- Bueno, vamos a entrar.
El pelinegro rompió una baranda anexa a la puerta y a duras penas rompió la entrada. Posteriormente todos entraron con linternas y lámparas en mano y cerraron el lugar... Lugar que iba a ser su tumba.
(...)
Dentro de la casa abandonada
-Está muy oscuro por que deben iluminar lo mejor posible. Adelante, pasen por favor.
Al entrar a la casa abandonada, Shibuya decidió guiar a Yamazaki y sus esbirros por todos los rincones. La casa en sí estaba intacta y no lucía tan desagradable, salvo las ventanas y cortinas que estaban sucias como rotas por culpa del tiempo y ni que decir de las paredes. Algunas cosas estaban tumbadas sobre el suelo pero en sí no era un gran tumulto.
-Vaya, no parece necesitar muchos arreglos.
-Es cierto- Decía Yamazaki- Solamente cambiaríamos la fachada.
Yamazaki y sus hombres decidieron dispersarse por la humilde como abandonada casa mientras ignoraban que en lo más recóndito de ellas, dos sombras con ojos brillantes y siniestros estaban viéndolos como si sabían que vinieran aquí.
(...)
Yamazaki estaba guiando a sus hombres cuando uno de los últimos se distrajo por una mariposa negra que volaba por el lugar. El esbirro decidió seguir a la mariposa hacia uno de los pequeños recintos cuando de pronto un pañuelo rojo cubrió su rostro y fue derribado al suelo. El hombre se quitó el pañuelo solo para llevarse como regalo para Hades unos ojos azules y una estaca clavada en su frente.
Volviendo con Yamazaki y sus hombres, otro de ellos se distrajo al ver unas plumas negras en el suelo. El hombre tomó varias de las plumas pero no contaba que una cadena de acero lanzada desde quien sabe donde fue hacia su cuello y fue llevado a rastras hacia uno de los lugares más oscuros del lugar hasta que finalmente sintió una apuñalada en el pecho y perdió la vida al instante.
(...)
Yamazaki ahora estaba guiando a un solo hombre el cual notó que ninguno de sus demás compañeros no estaban, de hecho, aprovechó para buscar en los rincones de la abandonada casa mientras llamaba a sus compañeros.
-¿Nishi? ¿Tomezo?
-...- El viento era lo único que sonaba en ese instante en ese lugar.
-Demonios, ¿A dónde se fueron?- Refunfuñó el matón que decidió ir a uno de los rincones más lejanos encontrándose con la nada misma- ¡Nishi! ¡Tomezo!
Ignoraba que una tela estaba envolviendo el pie derecho y tiró de él.
-¡Ah!- El hombre cayó al suelo dándose de cara contra el tatami mientras un par de pies estaban frente a él.
El hombre se paró sobándose la cabeza hasta que se quedó congelado al ver a una figura oscura de ojos azules quien estaba con un garrón de gasolina sobre el hombro.
-¿Eh?
-Lo que se gana con fuego, se paga con fuego...- La oscura figura tenía un encendedor en la mano- Esta es tu verdadera multa.
(...)
Yamazaki estaba caminando con su lampara en mano cuando de pronto escuchó un grito desgarrador que lo dejó sobresaltado. El pelimagenta de gafas oscuras estaba mirando por todos lados mientras alrededor de las oscuras estructuras del lugar se escuchaban varios sonidos, los cuales no podía reconocer salvo los sonidos de un ratón y el choque de unas almejas.
Luego de eso, se oyó el sonido de lo que parecía ser un pequeño elemento musical.
El pelimagenta estaba a la puerta anexa al patio cuando esos sonidos se volvieron incesantes.
-¿Quién anda ahí?- Reclamó el hombre en vano ya que nuevamente el oscuro lugar entró en total silencio.
El pelimagenta de un puntapié tumbó la cortina de papel dando con una extraña mujer castaña de cabello corto en una yukata blanca estando de pie como si fuera un alma en pena. La joven quien tenía una mirada borrosa y una piel tan pálida como la de un cadáver estaba estática mirando fijamente a Yamazaki el cual comenzaba a aterrarse ante aquello.
-M-maldita Mitsuna... ¿Q-qué demonios haces aquí?
-...- La joven no decía nada.
El desesperado hombre de lentes verdes sacó su katana y encestó un golpe hacia el cuello de Mitsuna, la cabeza voló dando vueltas hasta quedar en el suelo mientras que su cuerpo lentamente se desplomó sobre el basto pastizal del patio. El hombre con algo de miedo caminó hacia el cadáver para percatarse de que era...
-¡¿Esto es una broma?!- Gritó el hombre mientras sostenía una sandía.
-Y la última de tu vida, Hachiro Yamazaki- dijo una voz masculina.
El mencionado se volteó rápidamente para dar con nada más ni menos que Shibuya el cual estaba sonriendo como un demente mientras empuñaba su katana.
No pasaron segundos cuando ya ambos hombres comenzaron a intercambiarse golpes con sus espadas hasta que finalmente Yamazaki recibió una herida certera correspondiendo todo el cuello, no conforme con eso, Shibuya le encestó dos katanazos al cuerpo y dos puñaladas directas, luego una apuñalada a la nuca y otra en la espalda.
El pelimagenta caminó de manera lenta y cayó rodando por el patio hasta quedar inerte para siempre.
El viento hizo su acto de presencia haciendose más fuerte y sonoro, llevándose hojas y basura a su alrededor. Shibuya guardó su espada, echó gasolina sobre el cuerpo de Yamazaki y tiró el encendedor sobre el cuerpo del occiso y se fue tranquilamente del lugar.
Minutos después, la casa abandonada estaba en llamas hasta el patio, no había lugar que se había liberado del fuego.
Shibuya estaba caminando tranquilamente mientras que junto con el estaban los dos extraños individuos que hace unos momentos fueron del barrio Shirokabe hacia el puente que según se dice su entrada hacia el otro lado guiaba al infierno.
El oficial y los dos encapuchados se inclinaron ante una chica rubia de ojos azules y listones rojos que miraba el gran incendio con una sonrisa malvada dando a entender que fue ella la mente malvada del fin de los infortunados villanos.
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En una calle solitaria del barrio Shirokabe...
Exactamente a varias cuadras de la estación de bomberos Nikogumi...
Ichizo, la shinobi que estaba al servicio de Nose y Okubo fue con algunos hombres a quemar la casa pero en eso fueron rodeados por los bomberos del Nikogumi y un grupo de asesinos del Inazuma Bugeicho. Al mando de ellos estaba Kotaro.
-¿Quién eres tú?
-Soy Ichizo Komine, ninja al servicio de los Caballeros Templarios.
-Entonces las sospechas de Candy-dono son ciertas- Irrumpió uno de los hombres del Inazuma Bugeicho mientras desenvainaba su katana- ¡Ustedes los Caballeros Templarios provocaron los incendios!
-¡Es hora de que sean borrados de la faz de la tierra!- Los hombres del Inazuma Bugeicho como bomberos del Nikogumi estaban con katanas en mano- ¡Si ustedes se resisten, serán asesinados!
-¡El mal debe ser eliminado! ¡Esa es la palabra de Inazuma Candy!
-Demonios...
-¡Chicos! ¡Una emergencia!- Era Misaki, la sirvienta como bombera voluntaria que estaba usando las ropas tácticas del Nikogumi- ¡En estos momentos hay un incendio al otro lado del puente!
-¿Te refieres al barrio Jigoku?- Preguntó el joven líder de Kanda.
-Sí, capitán. De hecho, el incendio está consumiendo una casa abandonada.
-Entonces, Monji, tú y varios hombres vayan lo más rápido posible al barrio del Infierno- Ordenó el menor de los Yazawa.
-¿Y usted capitán?- Preguntó el joven bombero castaño.
-Yo, los que no quieren contigo y los señores del Inazuma Bugeicho nos encargaremos de esas basuras- El joven desenvainó su espada mientras apuntaba a la joven shinobi llamada Ichizo.
-¡De acuerdo, capitán! ¡Cuídese!- Monji se dirigió a los que querían ir con él- ¡Muy bien, chicos! ¡Al fin tenemos un incendio que apagar!
-¡SÍ!- Exclamaron a voz viva los deseosos de atender la emergencia a lo que fueron a toda carrera hacia la estación.
El Inazuma Bugeicho se dividió en dos grupos, uno para aniquilar a Ichizo y los demás maleantes, el otro iba a ayudar a los Nikogumi a apagar el crimen que cometieron y quedarse como los héroes que promulgaban ser.
Luego de unos minutos, finalmente Kotaro, varios de sus hombres como sicarios del Inazuma Bugeicho estaban en guardia lo mismo que Ichizo y demás componentes de la Pandilla Kunichi, o sea, los Caballeros Templarios.
No pasaron ni dos minutos cuando se dio comienzo a la batalla campal.
(...)
TRES DORITOS DESPUÉS
Yoshimune estando en su conjunto deportivo estaba corriendo junto con su amiga y mano derecha, la bugyo de Minamimachi, Ooka Echizen y un escuadrón de policía. El cuerpo de serenos corría a toda prisa para dar con el lugar de los hechos pero para cuando llegaron ya era muy tarde.
Hombres del Inazuma Bugeicho estaban acordonando la zona mientras cadáveres estaban decorando el suelo mientras algunos bomberos del Nikogumi hasta el propio Kotaro estaban con manchas de sangre a la par que estaban sonriendo por la victoria lograda.
Yoshimune apretó los puños sintiendo esa molestia en su corazón, Ooka Echizen como los policías a su mando estaban sin palabras ante la eficencia del Inazuma Bugeicho, de hecho, uno de los gendarmes cayó de rodillas y se puso a llorar.
Los bomberos como los sicarios estaban celebrando a lo grande.
-¡Bien hecho, capitán!
-¡Sí, hemos sacado la basura!
-¡Lo logramos chicos!- El joven capitán exclamó feliz justo cuando la pelirrosa fue hacia él.
-Torazo, ¿Qué has hecho?
-Shin-san...
-¡¿Te das cuenta de qué demonios has hecho?!- gritó la pelirrosa muy molesta- Han asesinado a toda esta gente.
-¿Y cual es el problema? Esos sujetos ocasionaron los incendios, nos hicieron quedar muy mal... ¡Muchos de mis hombres se fueron al Clan Tamaki por culpa de ellos!
-¡Aún así no podías hacer eso! ¡Eres un idiota por haber hecho eso! ¡Serás arrestado por haber provocado esto!
-Ya que, están muertos, ¿De que sirve quejarte por esa basura?- El muchacho estaba molesto ante la presencia de la pelirrosa- Igualmente eso no me importa, Shin-san, debía actuar ya que esperar a que el gobierno actúe no iba a servir, los incendios estaban haciéndose más fuertes y peligrosos pero claro, el maldito de Okubo y sus perros siempre nos cagaban todo. La única persona que me apoyó en ese sentido fue Candy. Dime si algún oficial del shogunato vino a ayudarme o decirme algo...
-...
-¿Lo ves? Nadie vino a ayudarme, solamente Candy y el Inazuma Bugeicho acudieron a ayudarme.
-Pero eso no...
-Y otra cosa...- El menor de los Yazawa calló por unos segundos- Nunca decirte eso pero desde hace mucho tiempo que ya me estás cansando, no hay un solo asunto donde te metes como si fueras una puta rata... Bien, ¿Me preguntaste por qué demonios no quiero que menciones a mi hermana? ¡¿Quieres saber por qué demonios le tengo tanto resentimiento a mi estúpida hermana?!
-Torazo...
-Simple, ¡Esa maldita desgraciada se ha convertido en un problema! ¡Se la pasa emborrachándose, se la pasa acostándose con quien se le cruce! ¡Se la pasa peleando en los bares y hasta ha estado en la cárcel! ¡La última vez que se acostó con alguien es con el Doctor Tardes! ¡¿Sabes cuántos problemas ha tenido con Tamakinokami?! ¡Hasta Maki-chan no la quiere ver en pintura!
-...
-¡Y no solo eso! ¡Por culpa de esa miserable, no pude ser feliz con la mujer que amaba!
La pelirrosa sentía que algo en su corazón comenzaba a desquebrajarse
-Sobre lo de Mitsuna... escuché de eso, pero si ella y tú...
-¡Solo porque éramos de distintas clases no pudimos ser felices! Nos separaron a la fuerza y ella se arruinó la vida, pero nunca dejé de quererla y tratarla como lo hubiera hecho, pero a mi hermana le importó más otras cosas que la misma felicidad de sus hermanos... además, nos descuidó más por otra persona y creo que sabes quien es, ¿No es así, Shin-san?- El joven capitán clavó su mirada carmesí hacia la joven reina.
-Espera... ¿yo?- la pelirrosa quedó de piedra por eso.
-Ella te dedicó más tiempo que a nosotros, si de por sí en mi infancia no tuve el cariño de ella, que luego arruinara mi relación fue el colmo. Por mi, esa mujer innombrable no merece mi apoyo y te lo diré Shin-san... prefiero a que Candy sea mi hermana a que tu lo seas hasta incluso, si no te importa, estoy dispuesto a jurarle lealtad con todos mis hombres.
-¡¿Qué estás diciendo, maldito bastardo?!- Exclamó Tadasuke molesta, pero fue detenida por la Shogun- ¿Nikko-chan?
-¿P-Prefieres a Candy que a mí?- la voz de Yoshimune estaba por romperse, pero se aguantó.
-Sí, ella me ha ayudado más que el mismo gobierno, más que la persona que crío esa mujer... por eso mismo, Shin-san, no, Tokuda-san, prefiero no tener relación contigo... Por mí que te vayas al infierno junto con esa basura a quien llamé hermana alguna vez.
-¡...!- Aquellas palabras rompieron el corazón de Yoshimune quien no pudo contener sus lágrimas por eso.
Pero no solo eso arruinó su noble corazón sino que también varios de los hombres de Kotaro le empezaron a gritar a que se largara del lugar hasta uno de ellos lanzó su hacha golpeándola en la cabeza mientras Tadasuke estaba completamente enfurecida pero...
Justamente cuando iba a ordenar a sus policías que arrestaran a Kotaro y compañía, éstos de repente tiraron sus juttes y linternas para irse a donde estaban los sicarios del Inazuma Bugeicho, en pocas palabras, prefirieron ser miembros de un grupo armado que estar en la fuerza pública.
Tadasuke quedó en shock y bajó la cabeza.
Aquella misma noche dos corazones fueron hechos pedazos.
