Hola!

Eh! Se pudo antes de terminar noviembre XD

Me gustaría decir que ya pasamos la mitad de esta historia, pero la verdad es que no estoy segura jaja le doy otros 10 capitulos.

Mientras tanto, les aviso, les anuncio, les spoileo que el slowburn está llegando a su fin ¡Pero no todavía en este capítulo!


Capítulo XIV

"Metas y Motos"


Cuando Jack parqueó, la primera en despertarse fue Adora, mirando confundida alrededor, sintiendo la reverberación que venía desde el pecho de la magicat encogida a su lado. Los ojos azul oscuro de Kate la atraparon en el retrovisor, con una sonrisa traviesa que a Adora le recordó a Mermista.

Otros dos ronroneos se unieron al de Catra más la risita de Kate.

Pese al sonrojo olímpico de Adora, logró tensarse en vez de saltar y alejarse de Catra y despertarla bruscamente. Sin embargo, el movimiento fue lo suficiente para llamar a la magicat desde la inconsciencia, se frotó contra el hombro de Adora como si fuera su almohada, se estiró un poco, y en medio de un bostezo fue que al fin abrió los ojos. Antes de que ninguna pudiera decir nada, Kate les ganó:

—¿Dormiste bien, hermana? —con tono juguetón.

Catra encogió las orejas, en un segundo vio la cara sonrojada de Adora, los ojos traviesos de Kate desde el retrovisor.

—¡Lo siento, Adora! —saltó lejos de ella.

—No, no te preocupes. Fue un día largo —la pediatra le regaló una sonrisa tranquilizadora.

Con una risa ahogada, Jack fue el primero en salir del auto.

—Parece que las dos se cansaron bastante —agregó Kate mientras también salía.


Adora llegó al consultorio de Spinni con un suspiro. Sabía que tendría que enfrentarse a esto después de la mirada levemente acusatoria que le dio la mujer rosa al despedirse de la fiesta.

—Buen día, Spinni.

—Oh, buenos días, Adora —le respondió como si no fuera otro martes a las nueve de la mañana.

—¿Cómo estás? —su tono inocente le valió que Spinnerella le dirigiera una mirada cansina, muy inusual en ella para sus pacientes, más propia de cuando trataba con su esposa.

—Adora, solamente tenemos una hora para hablar y en serio quisiera abarcar ciertas… situaciones —salió de detrás del escritorio de madera para sentarse en su sillón magenta.

—Está bien… pero no sé exactamente cómo lo quieras manejar, Spinni. —dijo y se dejó caer sin gracia sobre la otomana.

La terapeuta suspiró, acomodando sus pensamientos.

—El domingo… fue una fiesta muy divertida. Sabes que no es usual que terapeuta y paciente convivan así, pero ya que nos invitaste… creí, bueno, primero: quiero remarcar que ésta sigue siendo una sesión, todo lo que digas aquí es confidencial y yo estoy para ayudarte y escucharte —Spinni titubeó al no saber cómo abordar el tema, aunque estuvo pensándolo en cada momento libre. Al final escogió la más sencilla sinceridad —Adora, lo único que pude ver fueron personas cariñosas, divirtiéndose contigo.

—Lo sé —Adora miraba al suelo, con las manos cruzadas apoyadas sobre los muslos.

—Y Mermista… ¿Adora, por qué..?

—Porque entonces me habrías dicho que la llamara… a cualquiera de ellos —dijo Adora, atrapada.

—Pero…

—Lo sé, lo que digas lo sé… Y lo siento, solo no quería… No podía en ese momento. Y necesitaba tiempo a solas. Necesitaba no sentirme una carga para todos ellos. —Spinnerella guardó silencio, dejando que las compuertas se abrieran por si solas. —Conozco a Mermista hace casi diez años, y a Bow hace mucho más, y desde el principio no han hecho más que apoyarme… No tenían que lidiar conmigo… Yo no podía lidiar con ellos… —dijo en voz más baja.

Después de que no dijera nada más un momento, la mujer rosa abrió tentativamente los labios. Adora siguió sin decir nada.

—¿Cómo experimentabas el amor y la preocupación que te mostraban? —preguntó con suavidad. Su paciente asintió, frotándose las manos nerviosamente. Spinni nunca había visto a Adora llegar a ese nivel de profundidad tan pronto.

—No quería seguirlos preocupando… Su cariño… era demasiado, me enojaba, y me deprimía, por eso acepté venir a terapia, para que estuvieran más tranquilos y me dejaran respirar y para deshacerme del litio —su voz se entrecortaba, pero iba ganando fuerza. —No es mi especialidad, pero creo que fue un diagnóstico prematuro… Se que tuve una crisis nerviosa pero no… Nunca habría hecho nada para dañar a Lancer incluso indirectamente.

—Nunca habías comentado eso. Adora, si eso es lo que sientes, podría empezar una investigación sobre cómo se manejó tu caso. Determinar si fue un error dado el contexto o hubo negligencia o mala praxis.

—No quería causar problemas… Más problemas… Spinni, ya no quería seguir causando problemas —Adora por fin dejó salir sus lágrimas. —No quería que me guiarás de vuelta a ellos, a mis amigos, cuando mi cabeza solo me decía que ya había abusado de Bow y su familia lo suficiente Y Mermista ya tenía suficiente trabajo en el hospital.

—Está bien, Adora. Hiciste lo que sentiste que tenías que hacer para estar mejor. Eres una persona que siempre me ha asombrado por tu asertividad y límites. No hay nada de malo en que te sintieras rebasada, y siempre podemos parar donde lo necesites o retomar. No pasaste por algo sencillo.

—Lo sé… Gracias. —Alzó su mirada azul por primera vez —Bow es muy nervioso, a veces se preocupa demasiado, pero también sabe marcar límites… George y Lance lo hicieron increíble con todos sus hijos. Algo he aprendido de ellos —sonrió débilmente y Spinnerella le sonrió, alentando.

—¿Qué sientes ahora, Adora?

—Creo… Creo que puedo aceptar otra vez su cariño y preocupación.

—¿Ya no sientes… que te enoja y no te dejan respirar?

—No… me siento agradecida e incluida.

—Eso es muy bueno. Me alegra mucho, en verdad. ¿Quisieras elaborar en ese tema o quieres hablar de otra cosa?

—¿Podemos seguir un poco?

Adora pensó de último en invitar a la fiesta a Spinni al final de la sesión pasada.

Las medias verdades que estaba contando a todos al iniciar las sesiones, ahora le pesaban como mentiras completas. Solo llevaba un mes sintiéndose "bien", más inclinada a la paz y la alegría que al solo "al menos fue un día sin pensamientos siniestros", o sin llorar, o sin extrañar demasiado su vieja vida o sin que la culpa se la comiera viva.

Pero sentía que debía expiarse. Aligerar un poco su alma, confesando lo que para ella eran fallas con sus amigos, y con la terapeuta que solo hacía su trabajo y había llegado a estimar y apreciar a nivel personal y no solo como una compañera de la medicina.

Se había pintado como alguien con un número limitado de amigos, y que al perder a su esposo, y mejor amigo, no tenía mucho en quien recaer o apoyarse. Y era cierto que Adora solo contaba como sus mejores amigos a Bow, Mermista y Sea Hawk, pero había muchas más personas, amigos o no, que se preocupaban por ella y ella por ellos. Pero estaba tan agobiada, que no quería lidiar con eso.

¿Cómo pretendían que un "te quiero", un "te amo", le sentara bien cuando Adora se sentía como una falla total, no merecedora de nada bueno?

Pero quería que Spinni viera que su vida era rica. Que sí tenía personas a quienes amar y que la amaban. Que estaba haciendo un buen trabajo. Por que quizá faltaba tratar su situación de ser muy complaciente pero era tema para otra sesión.

—Sí. Entonces, ahora te sientes mejor y ya no sientes que "tengas que lidiar" con el cariño de tus amigos —Resumió y Adora la miró un poco apenada pero asintió —¿Has pensado que ha motivado éste cambio de percepción?

—Creo que es uno de mis patrones… Un mal mecanismo… De niña todo el tiempo sentía que tenía que causar la menor cantidad de inconvenientes, y ser útil… Conocer a Bow me ayudó a expresarme… a permitirme sentir… Además con la vida, conforme van pasando las cosas… ¿Aprendes un poco, no? Yo sabía que estaba en un mal momento y que tenía que terminarse en algún punto… —Adora no miraba directamente a Spinni, pero ya no se frotaba las manos, si no que las movía al hablar.

—Puede ser… que estés intelectualizando tus emociones. Pero es cierto que las situaciones cambian, se terminan. ¿Esperabas mejorar eventualmente?

—No eventualmente… Y es difícil no sobre analizar todo esto cuando tengo una idea de cómo funciona también la química, aquí arriba. Pero se que el tiempo ayuda, y yo quiero mejorar y no sentirme… mal, no solo por Lancer, o por no ser una carga para mis amigos, por mí. Por eso sigo tus consejos e investigo por mi cuenta.

—Está bien, Adora. Es muy grato escucharte decir todo esto. Me habías dicho hace un tiempo que te sentías estancada, y por eso te… invitaba a que conocieras gente nueva o buscaras alguna actividad extra. ¿Eso te ha ayudado?

—Sí —y Adora se rio un poco.

—¿Fue cuando conociste a Catra? —la terapeuta se inclinó hacia adelante.

—Más o menos… Entrenamos juntas y ya había olvidado lo divertido que es entrenar y practicar con alguien más. Y salimos una vez. Le gusta molestarme con que me quedé dormida con solo una piña colada —la sonrisa de Adora era pequeña, pero incandescente.

Spinni tomó más notas mentales.

—Antes entrenabas con Bow, ¿verdad? —recordó un momento —¿No has vuelto a entrenar con nadie desde entonces? Oh, lo siento. ¿Crees que podamos hablar sobre la separación?

—Creo que estoy lista para hablar… de ello —lo habían dejado de lado por tratar las crisis nerviosas de Adora, y sacarla de la depresión. Quizás estaba lista para admitir una verdad tan sencilla y tan enorme como que las lunas saldrán.

—Te escucho —le sonrió alentadora.

—Sobre eso… No recuerdo bien que es lo que te he contado.

—Déjame recordar: Todavía estabas en la universidad cuando se casaron, ya tenías a Lancer, vivieron en la casa de los padres de Bow hasta la separación.

—Básicamente, sí —Adora soltó una risita ante las pocas palabras que resumían su vida de casada y la terapeuta lo tomó como buena señal, pese a que Adora todavía tenía los ojos brillantes por las pequeñas lágrimas que derramó al admitir que se sintió como una carga para la gente que amaba.

—¿Qué quisieras agregar a eso?

—Muchas personas se sorprendieron cuando anunciamos el divorcio, pero en verdad… creo que nos extendimos demasiado.

—¿Qué quieres decir? ¿En qué se extendieron?

—Bow y yo… Lancer fue un accidente, en realidad. No pensábamos casarnos, aunque Bow estaba muy involucrado. Él ya sabía mucho de bebés por todos sus sobrinos… bueno, no tuve un embarazo fácil después del segundo trimestre y necesitaba más cobertura de la que ofrecía el seguro de la universidad. Bow tenía un trabajo en el ejercito y mucho mejor seguro médico —Adora miraba al pasado y se frotaba las manos. —Solo nos casamos para que yo pudiera usar su seguro, y nos mudamos con sus padres para que pudieran cuidarme… —ya veía Spinni un poco mejor porque Adora tenía tantos problemas con que la cuidaran.

—¿Eso que representó para ti? —Spinni quería comprobar si eran emociones que Adora ya tendría superadas o era parte de lo que seguía arrastrando.

Viendo el historial de Adora, a Spinnerella le hubiera gustado empezar por el principio, ver cómo enfrentaba el haber crecido en el sistema y conocer mejor sus antecedentes. Pero Adora había llegado con un cuadro de estrés laboral severo, crisis nerviosas profundas, además de una situación muy especifica con la que Spinni como profesional podía empatizar bastante y era más apremiante solucionarlo de inmediato. Quizás ahora podrían ir hacia atrás, ir cavando de a poco en vez de pretender abarcarlo en un clavado.

—¿uh, la boda? Yo no quería, por supuesto. Bow y yo nunca nos amamos así. Fue algo puramente… conveniente. Llamarlo boda también es demasiado —volvió a reírse —fuimos al registro civil, Sea Hawk y Mermista fueron nuestros testigos y padrinos. La única foto que existe es de los cuatro fuera del tribunal. Además... —Adora perdió el tono ligero y sus ojos se entornaron, mirando fijamente a la mujer frente a ella —No me gustan los hombres —confesó.

—Oh...

Adora soltó el aire que estaba reteniendo. Spinni pudo ver que era algo difícil para ella. En sus años mozos, Spinni también tuvo algunas experiencias no gratas con amigos o pretendientes hasta que fue claro que solo le gustaban las mujeres, pero para ella no representó un asunto traumático. Parecía que para Adora, el tener que eliminar de sus gustos a todo un género era complicado.

—¿Cuándo estuviste consciente de eso?

—Unos tres años después de la boda —le regaló una sonrisa triste.

—Está bien, Adora. La identidad y los gustos pueden experimentar cambios o no. Cualquier escenario es correcto.

—Supongo que sí...

—Si a Bow no le gustaran las mujeres ¿lo culparías?

—¿Qué? ¡No! Por supuesto que no... Entiendo a dónde vas con eso, pero no es lo mismo.

—Adora, comprendo bien que a veces es difícil amarnos a nosotros mismos incondicionalmente. La mente y los sentimientos son complejos. Y más allá desde la escuela dónde quieras verlo; psicoanálisis, conductual... Hay una idea que he notado que ayuda mejor a visualizar esto: piensa en ti misma como otro amigo. Lo que tú harías por un amigo, ¿lo harías por ti misma? ¿Eres tu propia amiga? —el rostro de Adora se volvió una máscara pétrea.

Spinnerella no esperaba esa reacción. Se detuvo y dejo respirar a Adora, que se acomodó mejor en el asiento.

—¿Adora? —preguntó al cabo de unos minutos.

—Estoy... me diste mucho en qué pensar, Spinni —Adora le dirigió la mirada de nuevo y suaves lágrimas bajaban por sus mejillas.

—Toma, toma —le dijo afable y maternal al ofrecerle la caja de pañuelos.

Spinni se levantó de su lugar y fue hasta su escritorio en silencio, regresando con una pesada libreta forrada en cuero. Comprobó la hora en el reloj de la pared e hizo unas anotaciones.

—Adora, nos quedan diez minutos ¿te gustaría seguir recostada o podemos tratar algo nuevo?

—¿Qué tienes en mente? —preguntó Adora desde su lugar en la otomana, solamente girando la cabeza.

—Creo que podríamos reenfocar propósitos o definir nuevas metas. Cuando empezamos tu propósito principal era deshacerte del litio y nos enfocamos en generar una rutina que te permitiera estabilizarte. Cuando te retiraron los medicamentos nos enfocamos en mejorar esa rutina para que ya no te sintieras mal y ahora, me dices que ya te encuentras mejor. Podríamos redefinir otra vez la meta para los siguientes meses —dijo revisando sus notas.

Adora se sentó en silencio, calando las palabras y pensando. Era cierto que ya se sentía mejor. Quizás era momento de dar otro paso.

—Si no estás segura de esto, ¿por que no lo piensas esta semana y lo seguimos tratando en la siguiente sesión?

—Sí, lo pensaré con calma estos días.

—Excelente, Adora. Cualquier cosa que te gustaría tratar: la clínica, vida personal, meta académica, trabajar sobre alguna relación en especifico.

—Lo tomaré en cuenta.

Admitir en voz alta lo que Mermista ya le había dicho, y lo que alguna parte de Adora ya sabía, fue un poco menos difícil de lo que pensó. Adora se dedicó a vagar sobre la moto el resto de la mañana hasta que tuviera que ir por Lancer a la escuela. Pensar en las nuevas metas de la terapia era complejo. Cuando era más joven, la vida parecía tener propósitos específicos para la edad que iba cumpliendo. Terminar la escuela, entrar a la universidad, conseguir trabajo. Hacer amigos, mantenerlos. Tal vez conseguir una pareja o un vinculo importante, trabajar en equipo para lograr metas en común. Adora iba tachando fases mentalmente. Tenía un excelente grupo de amigos, terminó viviendo con una persona comprometida y amorosa, tenía un hijo, que lo consideraba un logro adicional no planeado en estos momentos de su vida. Por el lado académico, después del tropiezo que fue lidiar con su embarazo, pudo recuperar el ritmo y terminar con excelencia. Y lo profesional era solo seguir esa línea.

Logró ingresar a una clínica gracias a las recomendaciones de un profesor. Y después al Hospital Central de Luna Brillante, donde Mermista ya trabajaba gracias a los contactos de sus padres. Todo iba de acuerdo al "plan general". Su vida familiar era rica y estable, Bow se graduó de pedagogía y recibió una gran oferta gracias a los contactos que hizo en el ejército, pues la escuela privada Escuadrón Sirenia era cuna de varias familias de la milicia y era el joven director, después de retirarse el anterior. Él tenía un horario tranquilo y estable, que ayudaba a que Adora se sintiera más tranquila respecto a Lancer, pues ella tenía turnos de hasta 36 horas como interna en el hospital, con la experiencia tuvo un mejor horario, pero cuando tenía cirugías importantes era inevitable que pasara hora tras hora en el trabajo.

Se sentía plena pese al cansancio, feliz pese a los casos difíciles, complacida pese a que nunca se imaginó casada con un hombre y con un hijo.

Trataba de equilibrar su vida profesional y como madre lo mejor que podía, algo que sin duda no lograría sin la inigualable ayuda de su esposo. Además, su vida sexual a lo mejor no era excesiva pero era exuberante y también muy satisfactoria, gracias a sus amigos. Sí, Adora estaba muy ocupada siendo feliz y siguiendo una rutina reconfortante como para darse cuenta que a lo mejor Bow no estaba igual de satisfecho. Su mejor amigo también parecía feliz.

Adora en realidad no tenía que preocuparse de asistir a las juntas escolares, pero para corresponder a Bow, trataba de asistir a las más posibles y dejar que el director se ocupara de dirigir la escuela y no tener que asistir como padre a sus propias juntas. Y así es como conoció a Perfuma, la hermosa maestra que disfrutaba de estar con los niños más pequeños y siempre tenía una sonrisa para ofrecerles y palabras claras para explicarles sus interminables preguntas. Adora había escuchado comentarios mezquinos de otros padres acerca de Perfuma, como si por el hecho de no poder tener hijos propios fuera menos meritoria su vocación a los niños. Pero con los meses, esos no fueron los únicos comentarios, los cuáles también se incrementaban cuando Adora se pasaba por la escuela.

Ya que los dos amigos estaban conscientes de que no estaban enamorados, su matrimonio no era exclusivo, pero no era algo de lo que harían participe a cualquiera, los dos eran cuidadosos de a quién mencionarlo y eran discretos. Aunque Adora solamente había tenido un par de citas y sentía que no valieron la pena para cambiar su rutina. Lo único que Bow no proveía para ella era satisfacción sexual, pero la tenía bien complacida en cualquier otro aspecto de intimidad. Incluso si quería dormir con él se sentía resguardada. Ver una película y quedar los tres abrazados en el sillón o la cama. Era una vida muy familiar muy tranquila, algo que nunca había experimentado. Y lo valoraba mucho más a las emociones intensas de una relación romántica y carnal, de lo poco que conoció de algo así.

Por eso cuando se dio cuenta que las salidas de Bow con Perfuma eran más frecuentes, se dio cuenta que quizás Bow si quisiera una relación que Adora no podía darle. Y antes simplemente no había encontrado con quién, pero la maestra había llegado a su vida. Así que un día simplemente le dijo que quería separarse y empezar otra etapa. Bow estuvo muy sorprendido pero no pudo desmentir las razones de Adora.

Durante su juventud sentía que la vida era dura, ingrata en el mejor de los casos. Muy de niña se sintió abandonada. Cuando ingreso a la facultad le parecía que ya estaba haciendo las pases con la vida, y de nuevo la sorprendía, pero solo durante los primeros días después de conocer la noticia del embarazo se sintió confundida y con sensación se irrealidad, después solo era otra situación difícil que afrontar.

Pero nunca se sintió pérdida.

A los 26 años, con un hijo, una carrera exitosa y un grupo de amigos que la seguían respaldando, fue la primera vez que de verdad se cuestionó el significado de su vida. La vida que había construido se partía. Salir de la casa de sus suegros fue más difícil de lo que pensó. Lancer extrañaba a sus primos y a sus abuelos. Las primeras semanas en el departamento fueron un caos y casi perdía la resolución de quedarse ahí. Los ahorros que tenía para comprarse otra moto o un auto, los usó para dar el enganche de ese departamento. Pero Lancer mejoró con las semanas, sus papás hacían todo lo posible porque la transición fuera limpia y asistir a las diferentes actividades extra en dónde podía ver a sus amigos y sus primos fue de gran ayuda. Y también para Adora.

Fue una época en la que pensar qué es lo que quería hacer de su vida solo se sentaba en lo maternal y profesional.

Después sobrevino otra crisis y entonces Adora conoció la verdadera desesperación.

Que Spinnerella le resumiera los pequeños avances y logros que había tenido los últimos meses en comparación a los dos años anteriores, era un aliciente bienvenido. Hoy se preguntaba con ansía de reto cuál sería ese siguiente propósito, pequeña meta que conquistar. En su mente resonó que tenía un tema que tratar con Bow que había aplazado y aplazado. Podría ser eso. Cuando recogió a Lancer y vio a Perfuma a lo lejos, la saludó con una sonrisa más alegre de lo normal. Podría ser mejorar su relación con ella. Podría revisar los requisitos para alguna maestría o tomar una certificación nueva si no quería comprometerse durante tanto tiempo como una maestría. Cuando vio a Catra para su entrenamiento, además de sonrojarse porque la recordó dormida sobre su hombro, pensó que incluirla en sus propósitos sería bueno también.

Se molestaron entre las dos. Adora solo había tenido una amistad así de competitiva, irritante y divertida con Huntara. Con Bow también podía ser competitiva, pero él era ante todo un caballero. Y Mermista solo era competitiva cuando se trataba de ganar sobre cuántos números podía juntar en una noche en un bar. O en natación, pero ya tenía muchos años que no participaba activamente.

Catra era un soplo de aire fresco en su día a día. Le pareció muy linda cuando aceptó salir con ella el viernes, pese a que no dejo pasar la oportunidad de recordarle que el viernes previo Adora iba jurando a que no iban a volver a salir. De momento estaba pendiente decidir si repetirían el billar o que otra cosa harían.


Los día se pasaban con sencillez. Catra poco a poco alcanzaba otra rutina. Entrenando con Adora, chateando y haciendo videollamada con Entrapta, mientras su pequeño dron de asistencia la seguía por su laboratorio o casa. También platicaba con dos o tres chicas con las que había salido. Resultaba que no solo besaban bien, también tenían conversación interesante o al menos la hacían reír. Ya había conocido al reservado y alzado ingeniero mecatrónico que Entrapta gustaba de llamar su nuevo compañero. Le causaba gracia que en estos momentos hasta Entrapta tuviera más suerte en el romance que ella. Pero Catra estaba mucho más animada que los meses pasados. También acompañaba dos veces a la semana a Kate a sus revisiones con el obstetra, la ayudaba con sus ejercicios y la escuchaba quejarse de cómo seguía subiendo de peso, que se le empezaban a hinchar los pies y que no sabía si iba a poder soportar estar en cama el último trimestre, para el que ya le estaban buscando sustituto en el colegio. Estaba muy cerca de terminar su articulo también. Y seguía barajando la idea de acudir o no a la clínica que le mencionó Kate.

Sonriendo encantada de que Adora la invitara a salir y aunque fuera de nuevo en plan amistoso, aceptó gustosa.

El viernes salieron de nuevo a un bar, pero esta vez Adora iba vestida más de acuerdo a la ocasión. La chaqueta de cuero roja le encendía el rostro, haciéndola ver mucho más atractiva. Catra ni siquiera había reparado en que tenía las orejas horadadas pero traía un pendiente en forma de espada en el lóbulo izquierdo. Adora ofreció la moto para ir esta vez, pero la magicat no podría ir todavía en el mismo vehículo, pegada a su espalda, tan cerca... No, no, en cambio le dijo que ella necesitaba un método de devolverla entera a su casa cuando el alcohol le hiciera malas pasadas.

Entre risas, sonrojos y pucheros, Adora aceptó que ella manejara otra vez.

¿Dónde estaba la rubia reservada, tranquila y amable? Bueno, Adora era gentil más que amable a su juicio. Pero ahora era además imperiosa, competitiva, no caía del todo en sarcástica pero el sarcasmo natural de Catra parecía despertar cierta picardía también en la rubia alta y atlética. Catra cumpliría en tiempo su promesa de estar lista para el combate cuerpo a cuerpo con ella. No al menos para participar activamente del sparring, pero sí para hacer todavía más dinámicas sus sesiones con los dummies. Catra incluso estaba considerando entrenar en forma. Nunca se había acercado a esos deportes pero los encontró vigorizantes. Pasaron el sábado juntas también, después de otra noche de billar dónde ahora sí compitieron de verdad.

Una semana siguió a la otra.

Ese viernes no salieron porque era noche de película con Lancer. Por un momento, sintió el titubeo de Adora con ella. ¿Le preguntaría si quería acompañarlos? Pero al final no lo hizo, pero hizo preguntarse a Catra, si la hubiera invitado, ¿ella lo habría disfrutado? Casi ni siquiera valía la pena preguntarse si habría aceptado, lo más seguro es que no le dijera que no. Pero convivir con Adora y su hijo... Catra temía la respuesta a ello. Y ese fin de semana Catra ocupo su tiempo entre los brazos de la morena que la adoró un fin de semana antes y Kate, que tuvo un ataque de temperamento terrible cuando encontró el auto lleno de las botellas de cerveza que Catra había compartido con su cita. Eran hermanas y Catra sabía que eran las hormonas en su mayoría hablando, pero dejo de procrastinar el comprarse una moto.

Ese lunes le preguntó a Adora durante su entrenamiento acerca de los diferentes concesionarios y lugares de segunda mano de la ciudad. La rubia estaba especialmente bien informada gracias a la investigación para el regalo de su hijo. Le proporcionó nombres y direcciones. Pero le dijo que si quería, el martes podría acompañarla a verlas antes de que Lancer saliera de la escuela, lo que para la magicat contó como otra cita. En su lista no importaba si eran románticas o no, el que Adora creara planes para las dos era vigorizante. Sin embargo, una moto nueva no era algo que Catra iba a elegir en una sola visita.

De acuerdo a los modelos disponibles, escogería algunos y después le pediría un examen exhaustivo a Entrapta.

Después de que Kate se disculpara con ella, y Adora le dijera que volvieran a salir el jueves, se le fue el tiempo con las dos y la moto no llegaba. El jueves solo salieron por una copa a un bar, nada que comprometiera la sobriedad de Adora. Pero empezaron a platicar más, Adora le contó un poco de lo que fue crecer en el sistema y no tener una residencia fija mucho tiempo, a cambio Catra le contó sobre su infancia como una magicat de clase acomodada en Media Luna y el drama que era crecer con una hermana con personalidad a la vez distinta e igual, porque las dos eran caprichosas y explosivas, pero les importaban cosas diferentes y desde muy jóvenes esos gustos las hacían chocar.

El viernes también salieron y era otro bar, uno que Adora no visitaba desde la universidad. La plática seguía muy fácil entre las dos. Catra ya casi no ponía resistencia a sus sentimientos. Para empezar, ya los había aceptado. De otra forma sería completamente ridículo el modo en el que se le iluminaba la existencia con cada nuevo mensaje de Adora. De momento, disfrutaba del simple placer de querer y gustar de alguien, de la emoción de conocerla y sentir otra vez esas cosquillas si estaban a punto de verse.

—¿Entonces? ¿Traseros o busto? —Adora casi escupía su bebida al escuchar la pregunta.

—No puedo creer que me preguntes eso —dijo riendo.

—¡Nos estamos conociendo mejor, Grey! —respondió Catra con una sonrisa alentadora. No importaba lo que fuera, moría por conocer más de la rubia.

—Humm, está bien… —y quizás fueran los shots de tequila, pero Catra sintió que la rubia le repasaba el cuerpo un microsegundo —...Traseros —casi lo susurró, y volteó a buscar por el lugar, como si alguien las estuviera espiando.

—Anotado —sonrió la magicat con placer. Era difícil hacer crecer sus senos de manera natural, si estuviera por la labor, pero sobre su trasero había mucho que podía hacer, aunque ya era magnífico —la verdad, creí que te interesarían más los senos —dijo coqueta empinando su torso hacia ella.

—¡Catra! jajaja, también me gustan… pero si se trata de tocar… —y otra vez se espantó de sus propias palabras. Era refrescante. Era como hablar con Mermista pero en vez de apenarse más y más, se sentía motivada y secundada con Catra —¿Qué le pusiste a mi bebida?

—Nada, al contrario, la pedí con la mitad o menos de la porción normal —a Catra le brillaban los ojos.

Adora le respondió con uno de sus adorables pucheros.

—¿Y a ti? ¿Qué te gusta más?

—Oh, no… Yo no tengo esas fijaciones, me gusta apreciar lo que sea la mejor característica de cada quien —respondió con aires de superioridad y más risas al final ante la cara traicionada de Adora.

—¡Me hiciste escoger! Ahora dime uno.

—Oh, no seas princesa —su ceja se levantó en un gesto sugestivo y Adora no le quedó más que reírse. Catra había tomado la costumbre de llamarla algunas veces princesa, y algunas de esas veces lo hacía en claro recordatorio de su primer salida juntas. Que ya no le daba tanta pena a Adora. —pero okey. Si tengo que escoger… Me gustan los senos grandes.

—Vaya. No solo los senos, tienen que ser grandes. Contigo siempre hay más —dijo Adora para después darle un trago a su bebida.

Catra encogió un momento las orejas y la rubia sintió el ímpetu de elaborar.

—Te gusta llevar las cosas al siguiente nivel —las orejas de Catra regresaron a su posición relajada y la sonrisa creció en Adora.

—Por supuesto que sí. ¿Por qué quedarnos solo con el "nivel normal"? —usó sus dedos para hacer énfasis en las comillas.

—Bueno, dime tus gustos sin entrar en un "team". Lo más superficial que tengas.

—No tengo en realidad… ¡No, en serio! Se cuando alguien es atractiva —a Catra le encantaban las reafirmaciones inconscientes de Adora de sus preferencias. —Pero no es algo en lo que me fije en realidad.

—Adora, conmigo no tienes que ser "políticamente correcta", puedes decirme lo que quieras como quieras. —la rubia torció el cuello en esa encantadora mueca de duda de cachorro —Vi como se te encendieron los ojos con Huntara, ¿recuerdas?

—Oah… eso… —Adora se sonrojó levemente —No es por sus… ¡Es porque no la había visto en mucho tiempo! —pero la mueca engreída de Catra le exprimía a hablar demás —Bueno, sí… ¡Pero no son sus músculos! ¡Es su fuerza! Y en algunas personas se refleja en sus músculos… —Catra no podía creer el deleite.

—¿Sabes que los magicats podemos cargar de manera natural el cien por ciento de nuestro peso corporal? —dijo con sorna e inclinándose más hacia ella.

El alcohol la estaba haciendo ser imprudente. No le había vuelto a coquetear abiertamente a Adora desde la negativa que le dio en el pasillo.

—¿En cuánto están los humanos? ¿treinta… cuarenta por ciento? —arremetió cuando Adora no le respondió de inmediato.

—Sí, lo sé… Digo, lo he escuchado —volvía a sentir la mirada azul sobre ella. —¿Y tú? —Adora sentía demasiado que esta conversación la estaba dirigiendo por entero Catra, pero más allá de sentirse incómoda por expresar lo que la otra le preguntaba, no lo encontraba desagradable. —¿Qué te gusta a ti, superficialmente?

—Ya te dije… No es que tenga un gusto en especial, pero me gusta ver lo que cada quien tiene mejor para ofrecer —su mirada era intensa y escaneó a Adora de arriba a abajo.

—¿Ah, sí? —preguntó la rubia sin amedrentarse por la mirada —¿Cualquiera?

—Puedo ver la belleza en todos, Adora, pero solo me gusta de manera personal en las mujeres —dijo con una sonrisa limpia y la mujer contraria se rio.

—¿Qué tal ella? —apuntó a otra comensal a unas mesas más adentro del local.

—Su cabello y su trasero —dijo sin dudarlo.

—Eh… sí… sí que tiene un buen tras… ¡Catra! —volvió a reírse Adora, escandalizada.

No podía creer lo que la magicat le motivaba a hacer y decir sin darse cuenta.

Durante la siguiente semana Adora pensó bastante en las palabras de Spinni. Tanto en las nuevas metas como sobre la amistad sobre sí misma. Si debía ser sincera, claro que tenía un doble rasero. Faltas a las cuales ni siquiera llamaría como tal a sus amigos, hacia sí misma serían imperdonables. No creía que exigirse demasiado fuera malo, incluso ahora, si no en el modo en el que lo hacía. Su monologo interno era todo lo mezquino que no era hacia afuera. Pero regresando a sus metas, decidió que se enfocaría en retomar sus amistades. Quizás ahí surgiera un momento para hablar con Bow y por fin vaciar su pecho. Mientras tanto, le gustaría mucho disfrutar con sus amigos teniendo en cuenta que no tenía trabajo y empezar a ver esta pausa en su carrera profesional como unas vacaciones u oportunidad de crecimiento personal. Cuando su situación económica se comprometiera, suponía que podría decirle a Mermista que era hora de volver al hospital.

Catra ya le había contado que se estaba tomando un año sabático en lo que decidía que hacer con su vida, por lo que se volvió con quien más podía salir. Adora poco a poco estaba regresando a participar en el chat grupal, en el que Mermista agregó a Huntara. Y Sea Hawk y Bow crearon otro donde agregaron a Jack, a Huntara y Adora, para planear ese viaje a acampar que tanto les entusiasmaba.

La sirena tenía las siguientes semanas ocupada con un seminario y un evento oficial con sus padres, por lo que esa salida a un bar estaba en espera y Adora se alegró mil veces más de haberla llamado cuando lo hizo, porque no tenía idea de cómo seguiría su libido si su amiga no la hubiera podido ayudar tan pronto.

Los viernes que Adora no pasaba con Lancer, los pasaba con Catra, y el sábado el desayuno entre ellas era otra tradición en formación. Cuando el niño estaba cerca, la magicat trataba de comportarse mejor porque no quería que Adora de pronto pensara que era una mala influencia, o que no sabía comportarse si la situación lo ameritaba. El niño le preguntaba sobre sus carreras en motocicleta y ella no sabía qué sentir al saber que Adora platicaba sobre ella con su hijo.

—Lancer quiere participar en alguna competencia —le confió Adora cuando salieron un miércoles por un café en la tarde para celebrar que Catra al fin tenía su motocicleta (al menos solicitada) —Pero tampoco queremos saturarlo, así que estamos viendo si lo sacamos de voleibol o de karate.

—Tu hijo tiene la agenda más apretada que la nuestra —se rio la magicat detrás de su macciato deslactosado.

—Y no te he dicho de sus clases de música —Adora le tomó a su frapuccino.

—Cuando yo tenía su edad, solamente teníamos clases de baile adicionales —dijo después de un momento. Volvió a sentir la mirada de Adora sobre su cuerpo y le regaló una sonrisa coqueta —pero no has querido ir y que te muestre.

—Tiene años que no salgo a bailar, Cat —en algún momento de esas semanas se había vuelto usual que la llamara así y el "princesa" ya era el apodo oficial de la pediatra —Solo quieres más motivos para reírte a mi costa.

—Claro que no, princesa —pero se rio —Entonces te podría dar clases.

—Podría ser, pero si vamos a un club, me vas a dejar sola cuando consigas una cita —le atacó Adora.

La magicat la miró un momento, buscando en la mirada azul el sentimiento detrás de esas palabras, pero solo encontró diversión y el mutuo fogueo.

—Solo tendría ojos para ti, Dora, o tú también podrías conseguir a alguien... a quien tú quisieras —le dijo entre pestañas y Adora se sonrojó y se escondió detrás de su bebida.

—No soy mucho de citas casuales —le confesó jugando con su cucharita larga y los hielos.

—Entiendo —Catra no quería llevarla por ese camino y para distraerla se le ocurrió un dato curioso —pero tu amiga, Mermista, ¿sí?

—¿Eh, Mermista? —Sus hombros se relajaron notablemente —Antes sí... Ahora ya no estoy segura. Tal vez a veces le guste salir a divertirse y dejarle los niños a Hawk.

Con lo tranquila que era Adora, se esperaba que sus amigos fueran así, pero ya veía que la rubia conocía de todo un poco.

—Vaya. Me invitó a salir en la fiesta —dijo al acabarse su café. No sabía que reacción esperaba al contarle eso a Adora, pero sin duda no que le sonriera tan limpiamente.

—¿Y ella te agrada para eso? Mermista sabe bien lo que hace —la animó con un guiño.

—¿Lo sabes porque ella lo dice? —preguntó Catra, expectante. Y Adora volvió a sonrojarse. —¡Vaya! Adora Grey sí tiene sangre caliente, estaba empezando a pensar que eras célibe —se burló mientras las tripas se le retorcían. Adora se acostaba con sus amigos, pero no tenía cita casuales.

—¡Claro que tengo sangre caliente! —Adora se puso más roja cuando cayó en el sentido de sus palabras —A veces... —terminó en un puchero.

Iba a matar a Catra, de verdad era su perdición.


Era otro fin de semana que Lancer pasaba con Bow y Perfuma, y aunque Adora lo extrañaba, no le ensombreció los días. Pudo aprovechar el tiempo para salir de nuevo con Huntara, esta vez a jugar bádminton. Los golpes de la gárgola eran precisos y furiosos, Adora no tuvo ninguna oportunidad de ganarle pero se divirtió casi tanto como con Catra.

—¿Así que entrenas con tu gatita? —le decía la gigante mientras se secaban después de ducharse en el club donde jugaba Huntara.

—No es mi gatita, Hunt —le recordó con una sonrisa. —Pero sí, entrenamos tres o cuatro veces a la semana. Es impresionante lo rápido que algunos therians se ponen en forma.

—A mí me parece que no quita el dedo del renglón ni el ojo de ti —le respondió Huntara señalando el físico esculpido de la pediatra, más atlético que volumétrico, a excepción de los bíceps y los muslos.

Adora no se había cubierto, pues no existía el pudor entre ella y una vieja amiga a la que conocía perfectamente, pero después del gesto de Huntara se le subieron los colores al rostro y se apresuró a ponerse el bra de compresión que tenía en las manos.

—Creo que Catra me diría si algo más pasara —eso le sacó una buena carcajada a Huntara y siendo que estaba completamente desnuda con el largo cabello suelto, era un espectáculo digno de admirar.

—Adora, si no mal recuerdo, hasta que no te dije explícitamente que quería acostarme contigo, no te habías enterado que nuestras citas no eran citas amistosas —el rosa de las mejillas se Adora se convirtió en un rojo que le llegó hasta el pecho.

Solo sonidos ahogados y un barboteó ininteligible entre las risas de Huntara fue lo que siguió en lo que terminaban de vestirse.

La moto nueva de Catra todavía no llegaba a la agencia. Le estaban haciendo las adecuaciones para que todos los cambios estuvieran en el manubrio y no necesitara los pedales para poder usarla sin zapatos, aunque no era lo más seguro. La magicat notó un poco de la aprehensión de Adora sobre el tema, pero no le dijo nada abiertamente. No sabía si tomarlo como muestra de respeto o simplemente no se quería meter en su elección. El cuerpo le vibraba porque la moto llegara y poder salir con la rubia.

Los caminos a las afueras de Luna Brillante desaparecían bajo las llantas de la motocross de Adora. Estaba emocionada, disfrutando del calor de junio, recorriendo caminos que ya tenía mucho tiempo de no probar o nuevos, pues cuando por fin llegara la moto de Catra, le pidió mostrárselos. Y no quería decepcionarla. A las a fueras de Luna Brillante existían muchas carreteras con vistas impresionantes de los Bosques Susurrante, las montañas que rodeaban la antigua ciudad del castillo, el lago que era ahora un parque nacional y llegaban hasta la salida al mar.

De momento, Adora olvidó eso, concentrándose en su recorrido con el sol a la espalda y densas nubes formándose al frente. Al ver que la tormenta se estaba formando, se alegró traer el pequeño impermeable asegurado a la parte trasera. Aceleró y pretendía evitar la tormenta.


Catra estaba regresando a casa después de una noche de sábado con la morena y todo un domingo de bendecido sexo. Aquella era una amante entregada y vigorizante. Y le gustaba alabar a Catra casi tanto como a esta le gustaba que le subieran el ego. Y la magicat lo disfrutaba, pero levantaba una barrera. Ya sabía lo que era caer en palabras bonitas y buen sexo. No terminaba de bajar la guardia al rededor de su morena. Recostada en su cama después de saludar a Kate, de nuevo se encontró comparando a sus nuevas amantes con Glimmer, y a esta con Adora. Si es que podía existir un punto de comparación. Glimmer era competitiva, pero si el asunto le interesaba se ponía intensa y no sabía perder. Adora se levantaba y lo aceptaba con una sonrisa retadora, prometiendo que volvería más fuerte para la revancha.

Las manos de las dos eran cálidas. Los puños de Adora juguetones, pero sus dedos cuidadosos. Sus ojos azul grisáceo podían ser tan gentiles, cálidos cuando miraban con amor a su hijo, determinados durante sus entrenamientos. Cada día aprendía a leerla mejor, y con cada nuevo detalle que conocía de ella, su admiración crecía. El fin de semana le había dejado satisfecha físicamente, pero cuando Catra pasó de recordar los ojos azules al resto del cuerpo de su amiga y vecina, estaba entrando en calor otra vez.

¿Si le dijera a Adora que quería acostarse con ella, qué le diría? ¿La rechazaría? ¿No tendría ese tipo de amistad con ella? ¿Podría Catra manejar esa amistad conociendo sus sentimientos?

Siguió pensando en cómo sudaba y jadeaba su She-ra personal en lo que buscaba su dildo favorito cuando su celular sonó. ¡Era Adora! Ya era tarde para que la buscara un domingo, pero si tenía ganas de salir por un café otra vez, a Catra no le importaba. Pero no era un mensaje, era una llamada, más emocionada respondió.

—¿Adora? —dijo después de no escuchar nada, pero aguzó el oído y pudo oír viento y gotas golpeando el piso y algo duro. —¿Adora? —volvió a preguntar preocupada.

Del otro lado de la línea, la tormenta alcanzó a Adora, la moto estaba sobre su pierna derecha.

—¡¿Adora!? —escuchaba en los altavoces del casco, movió la cabeza y una punzada la hizo gemir. —¡Adora! —escuchó más fuerte pero no podía responder.

—¡Catra! ¿Qué pasa? ¿Por qué gritas? —llegó Kate preocupada hasta la habitación de Catra.

—Adora me llamó pero no responde... ¡Dame tu teléfono! —le dijo en cuanto vio que lo traía en la mano. Se lo arrebató antes de que Kate pudiera terminar de ofrecérselo. —Escucha a ver si te responde —ordenó dándole su propio teléfono, con un sentimiento frío instalado en el pecho.

—¿Vas a llamar a emergencias?

—¿Entrapta? Rápido, necesito que rastrees un teléfono —dijo casi entre dientes sin dejar que su amiga la saludara animadamente.

—¡Woah! Casi nunca me pides que lo haga, proporcióname el número —respondió rápido Entrapta sin detenerse a preguntar las razones de Catra.

Catra cuestionó a Kate con la mirada pero le negó, y seguía llamando a Adora, pero también solo escuchaba la lluvia golpear como el interior de un toldo o un carro y un quejido ocasional.

—Las llaves —demandó después de darle el número a Entrapta.

—En la mesita... Catra, espera —pero su hermana la miró con un gruñido silencioso y los ojos como fuego —Voy contigo —dijo en su lugar.

—No —Kate le devolvió la misma determinación.

—Si no voy, vas a hacer una locura.

Catra se pasó la mano libre por el cabello. Tenía las orejas completamente plegadas.

—Un minuto más, Catra. Ahora está a las afueras de Luna Brillante, hacia el este. El reporte meteorológico...

—Vámonos ya entonces.

Las dos tomaron un impermeable según escuchaban a Entrapta dar los detalles del clima y cada actualización de la triangulación del teléfono de Adora. Lo único coherente que Kate le había escuchado a medias era un gemido que sonaba como "anher".

—Ya tengo la ubicación exacta. Esta a veinte minutos de tu localización.

Catra lo haría en diez.


Notas de la Autora:

Nee ¿Qué tal?

Carpe Diem