Pero no todos los dioses se sentían así con respecto a sus hijos a diferencia de Zeus, Artemisa en su lugar se avergonzaba de su hijo Valentine y le irritaba más que su gemelo Apolo lo cual ya era todo un logro.

Valentine era por decirlo la versión masculina de Afrodita o incluso lo llamaban un segundo Eros, extremadamente guapo era coqueto, galán y presumido.

También salía con ambos sexos y Artemisa y sus cazadoras habían tenido encuentros desagradables con el y sus amantes.

—¿Cuantas veces he de decírtelo Valentine? ¡no puedes venir aquí con tus amantes!—

La diosa de la luna fulminaba a su hijo quien poseía los mismos ojos de luna que ella y su pelo cobrizo pero a diferencia de ella, llevaba ropa elegante y cara, un hermosos trajes de Dolce Gabbana junto a un abrigo oscuro. A diferencia de la ropa cómoda y de soldado que poseía su madre con equipo de caza y acampada.

El hombre se bebió su martini detrás de el se encontraban una ninfa y un apuesto hombre, ambos a medio vestir mientras el resto de cazadoras los fulminaban a los tres.

—Vamos madre solo vinimos mientras tu y mis hermanas estabais de caza ¿quién hubiera pensado que vendríais tan pronto?—

Artemisa harta agarro la copa de martini de su hijo y lo lanzó contra el suelo, tanto el rostro de Valentine como el de Artemisa se oscureció y dos pares de ojos amarillos se miraron entre ellos sombríos.

—Este es territorio de mi caza y aunque no estemos no puedes venir aquí para traer a tus amigitos para profanar este lugar—

—Haces un drama de toso esto querida madre, lo de Poseidon fue mucho peor yo al menos no he traídos a mis amantes a uno de tus templos ¿no?—

—Y te conviene que jamás lo hagas porque sino lo de Medusa será un castigo leve comparado con lo que les haré a tus amigos—

Valentine endureció su rostro dejando de ser hermoso y seductor a un tan frio en sus facciones como su madre.

—¿Y que quieres que haga madre? En el Olimpo no me dejan estar y en el mundo mortal sabes que puedo causar caos y además si intentas algo con mis amantes me encargare personalmente de enamorar perdidamente a todas y cada una de tus leales cazadoras de hombres, mujeres hasta piedras y cactus y monstruos—

Si algo tenían en común la diosa de la caza y su hijo es que ambos eran muy protectores con sus respectivos seguidores.

Los ojos de Artemisa se volvieron dos lunas heladas.

—Mi señor—

Ambos apartaron su combate de moradas y se volvieron hacia la ninfa preocupada, Valentine cerro los ojos y suspiró.

—Nos vemos madre—sin decir más se desvaneció con sus amantes.

Artemisa se llevó una mano a la cara exasperada a su lado Thalia se acercó con expresión preocupada.

—Señora Artemisa...—

—No te preocupes sabes que Valentine es muy terco pero entrará en razón—a veces se preguntaba si la creación de su hijo y hermanos era para fastidiarlos.

—No olvide que sus nietos la han invitado a una fiesta de te—

Artemisa tubo que contener un gemido, como era de esperar Valentine tenía hijos de sus numerosas aventuras amorosas lo curioso es que los niños que tenía con inmortales eran erotes pequeñas divinidades al servicio de Afrodita y Eros. Algunos eran hijos de Valentine con Afrodita, otros los tuvo con titanes, deidades y espíritus de la naturaleza.

Y pensar que ella la diosa virgen tenía un hijo y numerosos nietos que resultaron personificaciones del amor.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Artemisa resignada fue al templo donde residían buena parte de los sirvientes y descendencia de Afrodita al ver el tempo dorado y de mármol rosado se le hizo un nudo en la garganta.

—¡Abuelita!—

Un borrón rosa paso hasta impactarse en la diosa de la luna en un fuerte abrazo.

Era como un pequeño querubín con alas rosadas y doradas de ojos azules y pelo dorado era una niña de dos años con mejillas sonrosadas quien sonreía a su abuela.

—Hola Rene—dijo la diosa de la caza mientras acariciaba suavemente la cabeza de su nieta.

En ese instante más pequeños niños con alas de todos los colores y edades se reunieron en grupo alrededor de la diosa de la luna, todos tirando de ella hacia su hogar.

—Vamos abuela tomaremos pasteles, refrescos o té—

—¡No digas eso! los refrescos y pasteles engordan mejor las pastas la abuela Artemisa tiene que estar en forma—

—¡Ja! y lo dices si te sobran unos kilos que no puedes ni volar—

Y así continuó la discusión mientras la pobre diosa sentía que su cabeza explotaría.