Arena y Sangre

Este es un fanfic yaoi es decir relación hombrexhombre si esto es un problema para ti no la leas.

La historia se desarrolla en la antigua Roma y nació después de ver Spartacus dioses de la arena lo admito XD

Disclaimer: Kuroko no Basuke no me pertenece ^^

Capítulo 1

Kuroko Tetsuya era un pequeño esclavo griego. Una incursión de los romanos en una villa griega cuando él era un bebé de apenas unos dos años había acabado con sus padres muertos y con él vendido a la vida de esclavitud. Había resultado vendido al clan Kise a tierna edad, para crecer al servicio del "ama de la casa", este le mantenía a su lado sirviéndole y le trataba bien.

A diferencia de muchos otros esclavos, Kuroko nunca había tenido que disfrutar de atenciones no deseadas. Su amo le mantenía casto y puro, lo que para él estaba bien, había visto la suerte que corrían muchas esclavas y otros esclavos pequeños y donceles como él.

Kuroko en ese momento cepillaba el rubio cabello de su amo Kise Ryota. Su cabello semi largo tan dorado como los rayos del sol rosaba su cuello, de figura estilizada y sensual, todo un doncel romano, pero a pesar de eso era inusitadamente amable, de sonrisa sencilla y fácil.

Terminó de cepillar el cabello de Kise y le ayudó a ponerse la túnica.

-Papá compró nuevos gladiadores -le comentó a Kuroko con un suspiro insatisfecho. A Kise no le gustaban los juegos de Gladiadores los encontraba barbaros y salvajes y el más pequeño en estatura lo sabía.

-Su padre es un lanista y tiene una Ludus, amo, es normal que compré más gladiadores -le dijo Kuroko con suavidad poniéndole el broche a la túnica.

-Podrá ser lo que quiera, pero eso… es un deporte salvaje. Nunca jamás me gustara –juró Kise.

-Ese deporte pone comida en su mesa, amo -le recordó con suavidad.

-Mi dulce Kuroko, tu siempre tan suave -suspiró Kise pasándole una mano por el cabello azul cielo. Era tan pequeño. Kuroko era bajito, pero aun así era realmente adorable con sus ojitos y su cabello tan azules como el cielo.

Kuroko parecía un niño gracias a su corta estatura pero era muy bello y sería perfecto si no fuera por su ligera cojera en su pierna derecha. Kise la agradecía pues a su padre no le interesaba un chico que era cojo y por eso lo había regalado. Ahora Kuroko no era de nadie más que suyo y el cuidaba y protegía a su sirviente.

-Ven, vamos a ver a las nuevas adquisiciones de papá -dijo con desagrado-. Él quiere que esté ahí.

Kuroko sólo asintió siguiendo al de ojos dorados. Caminaron hasta el balcón que daba al patio del Ludus, reuniéndose con el padre de Kise. Kuroko mantuvo su mirada en el suelo mientras Kise se sentaba, se apresuró a servirle agua y a quedar de pie junto a Kise, lo más alejado posible de los hombres de la familia Kise. Al fin se atrevió a levantar su mirada y vio a los nuevos reclutas en el patio. Uno llamó poderosamente su atención. Era alto, más que la mayoría, sus músculos fuertes parecían labrados como los de una estatua de mármol, su cabello era a dos tonos negro y rojo y sus ojos… bueno, a esa distancia Kuroko no podía saber de que color eran con exactitud, pero apostaría a que eran rojos, y el paquete que ocultaba su subligar dejaba saber que el hombre estaba bien dotado, lo que arranco un ligero sonrojo a Kuroko.

Kuroko supervisó a los esclavos sacar el agua del poso para llevar a su "señora" y miró de reojo el entrenamiento de los nuevos aspirantes a gladiadores. Ahí estaba el chico de cabello negro y rojo.

-Ruko -llamó a uno de los esclavos- él –apuntó señalado al pelirojo- ¿Cómo se llama?

-Kagami -le respondió el esclavo terminando de sacar el agua del pozo.

Kuroko los siguió para asegurarse de que llenaban la bañera para su señor.

En los días siguientes Kuroko observaba tímidamente a Kagami entrenar y este de vez en cuando atrapaba la mirada del pequeño esclavo arrancándole sonrojos.

Como siempre hacían Kuroko notó el día que le hicieron la novatada a los pobres reclutas nuevos. Los gladiadores del Ludus orinaban en la comida que estaban por servirles a estos. A escondidas tomó algo de su propia comida envolviéndola en un paño y agua, bajando con timidez a las celdas de los gladiadores caminando tímidamente por los pasillos de estos, los hombres tan grandes como lo eran los gladiadores del Ludus Kise le daban miedo.

Encontró al fin a Kagami y sonrió, el alto muchacho trataba de dormir para descansar algo con el estomago vacío, en el frio y duro suelo de piedra, era la hora del almuerzo por lo que la mayoría estaban afuera comiendo menos los pobres novatos cuya comida había sido arruinada.

En silencio y tratando de no despertarlo, depositó el paño con la comida cerca del pelirojo y dejó el cuenco con agua, antes de marcharse, después de eso lo hiso de nuevo todos los días siempre cuando el aspirante a gladiador estaba durmiendo hasta que un día después de dejar la comida cuando se levantaba para irse sintió la mano de Kagami cerrarse en su muñeca, casi grita del susto mientras su corazón se aceleraba y sus ojos azules se abrían mirándolo asustado.

-No te haré daño -le tranquilizó el hombre soltando su muñeca- ¿Porque lo haces? ¿Porque me traes comida?-Kuroko no contesto nada y sólo retrocedió.-Por favor, al menos di tu nombre -le pidió casi suplico el pelirojo.

-Kuroko -respondió al fin tímidamente.

-Gracias por la comida, Kuroko -le dijo asintiendo hacia el chico.

Kuroko sonrió tímidamente. A ojos de Kagami nunca había visto algo tan bonito como el chico y fue a decir algo, pero Kuroko lo interrumpió.

-¿Por qué no quieres ser gladiador? -le preguntó, había notado que el mal rendimiento del oji-rojo en los entrenamientos era totalmente a propósito.

-Estoy arto de que los demás me digan que hacer con mi vida, no estoy dispuesto a morir en la arena como su entretenimiento simplemente -le dijo Kagami, sin encontrar motivo para mentirle al dulce chico que cada día le llevaba comida. Y sospechaba que de su propia comida.

-Eres fuerte, tienes la oportunidad de ser una estrella en la arena -le dijo.

-¿Te gustan los gladiadores?

-No. Realmente mi amo y yo creemos que es un deporte de barbaros –confesó.

-¿Entonces?

-Si eres uno bueno en realidad no morirás en la arena, los gladiadores realmente buenos no son dejados morir. Valen mucho dinero y dan muchas ganancias, tantas que algunos pueden comprar su libertad -le dijo.

Kagami dio un paso hacia él, pero de inmediato Kuroko retrocedió uno lejos.

-¿Me tienes miedo?

Kuroko no contestó a la pregunta sólo se dio la vuelta y salió a prisa de ahí. Pero desde ese día todos notaron el cambio, Kagami empezó a entrenar enserio para alegría del jefe del clan Kise, el chico sin entrenamiento barría el piso con sus mejores hombres. Tenía talento de verdad, talento para ser un verdadero gladiador, el rey de la arena.

Continuará…

Ludus-Lugar donde vivian y entrenaban los gladiadores.
Lanista-Dueño del Ludus.