Capítulo 15
En el mercado de la gran Roma, estaba Ryota. Estaba preocupado mientras se movía por el mercado acompañado por Furihata, Miyaji había necesitado a Kotaro, así que le había prestado al castaño para que lo asistiera. Cada vez era más difícil para Miyaji mantener a su hermano Haizaki a raya y lejos de Ryota y este lo sabía. Sólo era cuestión de tiempo, pensaba Ryota comprando flores para llevar al templo de Júpiter cuando se tropezó con Aomine.
-Joven Kise -le saludó Daiki tomando su mano y besándola-. Juno te sonríe esta mañana, estás más hermoso que la misma Venus.
Ryota le miró retirándole su mano con suavidad sin perder la educación.
-Joven Aomine -le devolvió el saludo haciéndole una reverencia por etiqueta nada más.
-¿Cómo le está tratando Roma? -le preguntó el peliazul tratando de entablar una conversación.
-Supongo que bien, a pesar de verme despojado de mi esclavo -dijo con cierto tonito de rencor.
-Permítame acompañarle entonces-le pidió.
Ryota suspiró y asintió, comprando flores y también dos pequeñas serpientes junto con plumas de pavo real para la bella Juno y el poderoso Júpiter.
-¿Te diriges al tempo? -le preguntó Daiki caminando a su lado después de ver las compras que el pequeño esclavo llamado Furihata cargaba con soltura y discreción.
-Sí, voy a dar mis respetos a Juno y Júpiter -asintió mirándolo- ¿Y usted, joven Aomine?
-Le acompañaré y luego me gustaría invitarle a tomar algo de vino dulce a mi hogar... podría ver a su amigo -añadió sabiendo que de otra forma el de ojos dorado no aceptaría.
Ryota le miró y aun con aprensión asintió, quería saber cómo estaba Kuroko.
-¿Cómo está Kuroko? ¿El bárbaro del gladiador no le ha hecho nada?
-Tu amigo está bien, lo podrás comprobar por ti mismo. Kagami le cuida como al cristal y no permite que nadie le toque -le aseguró.
-Más le vale. Ya lo dañó mucho -dijo yendo al templo de la diosa, dejando la fruta los arreglos de flores y las dos bellas y venenosas serpientes que había comprado.
Daiki le esperó sentado en las escaleras del templo. No llevaba ofrenda para los dioses ese día, así que prefirió no entrar.
Luego de sus rezos Ryota salió y le hizo una reverencia a las estatuas de los dioses antes de mirar a Daiki que le esperaba aun.
-¿Vamos? -asintió el rubio haciéndole un gesto a Furihata para que no se quedara atrás.
-Vamos -le sonrió el joven moreno escoltándolo a la villa donde vivía-. Bienvenido a nuestro humilde hogar ¡Wakamatsu! -llamó a uno de los sirvientes de la casa- Has venir al esclavo de Kagami, a Kuroko -le ordenó.
-Humilde es una sublevación ¿No cree? -comentó Ryota acomodando su cabello con un ademan nervioso la villa era todo menos humilde.
Daiki sonrió invitándolo a sentarse mientras los sirvientes traían vino dulce y alimentos para el invitado.
-¿Te ha gustado Roma hasta ahora? -le preguntó amablemente.
-Es grande, pero realmente no me gusta mucho -admitió picando un poco de comida.
-¿Mucho ruido para su gusto? -le preguntó, pero antes de que el otro le respondiera, Kuroko llegaba aprisa pues casi había corrido cuando le avisaron de la llegada de Ryota.
-¡Amo! -exclamó con alegría el pequeño esclavo peli-celeste echándose a sus brazos. Ryota se levantó y lo abrazó.
-Pequeño.
-¿Amo, cómo a estado? Que alegría verle -sonrió contento-. Le extraño mucho -le aseguró el más bajito.
-Yo también te extraño, pero al parecer tú estás sin daño alguno. Cuanto me alegro -dijo Ryota aliviado.
-Sí, me tratan muy bien. Al principio tenía miedo, pero me han alimentado bien y me tratan con respeto. No me han tocado de forma impropia -le aseguró-. Además sólo tengo que encargarme de servirle al amo Kagami sus comidas y organizar su habitación nada mas -le contó-, pero lo extraño mucho a usted -suspiró nostálgico.
-Mi pequeño -dijo Ryota besando sus cabellos con ternura-, me alegro que te trate bien... y que no te haga daño o juro que yo mismo le meto mis serpientes en la cama y lo envenenó -prometió.
-No será necesario, mi amo -sonrió Kuroko divertido-. Mi amo, usted es un doncel Romano y Kagami un caballero ahora, ¿Por qué no se casa con él? Así volvería a ser mi amo -dijo inocentemente Kuroko.
La mirada de Daiki se volvió torva y oscura al escucharlo.
-¿Crees que a Kagami le guste un doncel mayor como yo? -pregunto Ryota riendo sin notar la mirada de Daiki, aunque en el fondo la idea le sonaba tentadora, así Kuroko volvería a estar a su lado.
-¿Porqué no? usted es hermoso, mi señor -aseguró Kuroko.
-Retírate -le ordenó Daiki a Kuroko apretando con tanta fuerza su copa que era un milagro el que no se quebrara entre sus dedos-. Tienes un amo al que atender -le recordó.
-Puede ser -dijo Ryota sonriendo a Kuroko antes de suspirar al escuchar a Aomine al menos había logrado ver al pequeño-. Cuídate, Kurokochii -le pidió-, hablaremos luego. Anda y ve con tu amo, no quiero que te metas en líos.
-Hasta luego, amo -se despidió Kuroko con una mirada triste alejándose.
-¿Complacido al ver que no nos hemos comido al chiquillo? -le pregunto Daiki tratando de sonreír amablemente de nuevo mirando a Ryota.
-Sí -asintió el de ojos dorado bebiendo un poco del vino dulce que había en su copa-. Gracias por tratarle bien -le sonrió fugazmente a Daiki que sintió su corazón agitarse ante tan hermosa sonrisa.
Continuará...
