Capítulo 101 "Día a día"

Aceptada.

Su solicitud había sido aceptada.

Yibo se quitó las lágrimas que le impedían ver bien y volvió a leer el documento que tenía entre sus manos.

¿En verdad Xiao Zhan le estaba haciendo ese obsequio?

—Yo… —tenía un nudo en la garganta, el mayor no se contuvo más y lo atapó en un fuerte abrazo de nuevo. Sí, él también estaba lleno de emociones—. Zhan Zhan. ¿No se supone que la lista de espera era de al menos ocho años? —preguntó, aún en medio de ese cálido abrazo.

—Lo era —se separó y lo miró a los ojos con una expresión traviesa.

—¿Cómo lo conseguiste?

—Tuve que cobrar un par de favores y hacer un par de ellos también.

—¿Qué hiciste?

El mayor negó con la cabeza.

—Eso no tiene importancia —señaló la hoja que Yibo aún no soltaba—. Ya hay fecha para que nos reciban en la clínica especializada. Nos harán estudios, y si todo sale bien, podremos elegir a la madre sustituta en ese mismo viaje. Y… y si no hay ningún impedimento… tu próximo cumpleaños lo celebraríamos con nuestro primer hijo.

La expresión de Yibo era todo un poema. Su tez ligeramente enrojecida por el toque del sol resplandecía con la cálida luz de las antorchas. Pasaba de una sonrisa nerviosa a una amplia y radiante sin dejar de soltar lágrima tras lágrima.

Si así reaccionaba con la noticia, Zhan Zhan no quería ni imaginarse cómo estaría el día en el que al fin fuesen padres.

Una vez más, Xiao Zhan lo atrapó entre sus brazos y lo apretó con un amor reconfortante.

—Gracias —murmuró Yibo en un hilo de voz.

Xiao Zhan soltó una risa muy cálida.

—Feliz cumpleaños —respondió con el mismo tono suave—. Aunque también es un regalo para mí —admitió.

—Gracias —repitió, abrazándolo más fuerte todavía.

—Nos esperan meses difíciles en el trabajo, pero sé que esto nos será de gran motivación.

—¡Vaya que sí! —se pasó una mano por el rostro para terminar de quitar las últimas lágrimas. Estaba radiante de felicidad—. Ven aquí —arrastró a su esposo a un dulce y apasionado beso.

La sesión de besos fue reanudada, esta vez con una emoción mayor, y es que ninguno de los dos cabía en sí de la felicidad.

—¿Qué haces? —inquirió Xiao Zhan con voz traviesa al sentir que su amado lo acariciaba por debajo de la ropa—. Estamos en la playa, ¡Yibo! —exclamó cuando metió la mano en su pantalón.

Yibo se echó a reír.

—Cuando volvamos a casa nos iremos inmediatamente a otras ciudades a grabar, y no nos veremos en semanas. Así que déjame aprovechar estas vacaciones.

Xiao Zhan tragó en seco.

—Bien, sí. Tienes razón. Pero hagámoslo en privado.

Yibo soltó un gruñido de inconformidad.

—Pero no me quiero ir de aquí —miró el bonito lugar que su amado adaptó para ambos. Era sumamente acogedor y relajante.

—¿Acaso quieres que nos encuentren desnudos en plena playa? —rio.

—Tienes razón —la cordura entró en él. Mejor tomó una fresa con chocolate y se la extendió a su amado.

Lleno de ternura por ese gesto, Xiao Zhan se aproximó para tomar la fruta con sus dientes, pero entonces Yibo se la llevó de inmediato a la boca.

Ofendido, Xiao Zhan comenzó a golpearlo con la palma de su mano antes de tomar el tazón de fresas para él solo.

—No seas así, dame. ¿Acaso eran solo para ti? —dramatizaba Yibo—. Ya, perdóname.

Xiao Zhan aceptó y le compartió.

Se quedaron en silencio unos segundos antes de que un momento de claridad llegara a sus mentes.

Entonces una risa graciosa se les escapó a ambos, como si fueran un par de tontos.

—¿En verdad nosotros vamos a ser padres? ¿¡Nosotros!? —exclamó Xiao Zhan, obviando el momento inmaduro que recién habían tenido.

—Míralo así: nuestros hijos jamás se van a aburrir.

—¿De nuestras tonterías? —suspiró y Yibo asintió—. Pobres niños…

Yibo estalló en carcajadas que muy pronto fueron contagiadas a Zhan Zhan.

Estaban simple y sencillamente felices.

La felicidad en su estado más puro era eso:

Estar con el amor de su vida, sentados frente al mar de Hawái, escuchando el vaivén de las olas mientras sentían las suaves caricias y cariños del otro.

—Quiero hacer un brindis —dijo de pronto Yibo, llenando de nuevo sus copas—. Brindemos por… —pasó saliva, adoptando un tono mucho más serio y solemne—…porque esto funcione. Brindemos para que sea la primera oportunidad de muchas.

Xiao Zhan alzó una ceja y Yibo se adelantó a aclarar.

—No vamos a tener solo un hijo, bien lo sabes.

—Lo sé —una hermosa expresión llena de ilusión se instaló en su rostro.

—Y brindemos porque vas a ser padre antes de los cuarenta —rio luego de recibir un golpe de su esposo—. ¡Salud!

Juntaron sus copas y bebieron de ellas con rebosante placer en sus paladares.

—Cariño —llamó Xiao Zhan de pronto, eso aceleró el corazón de Yibo, pocas veces lo llamaba de esa forma tan cursi, tonta y… adorable.

—¿Sí? —dejó su copa de lado y se acostó a lo largo del "sillón" hasta descansar la cabeza sobre el regazo de su esposo.

—¿Qué quieres hacer mañana? —sin soltar su copa con una mano, usó la otra para acariciarle el cabello.

—Podríamos descansar —sugirió, más por su esposo que por él mismo.

Pero Xiao Zhan negó.

—¡Estamos en Hawái! Hay que aprovechar la oportunidad. Leí que en este hotel ofrecen clases de surf.

Los ojos de Yibo se iluminaron, inmediatamente se incorporó.

—¿¡Hablas en serio!?

—Sí, ¿por qué te sorprende tanto?

—Bueno… —se rascó la nuca—…pensé que estarías cansado.

—Tonterías —se inclinó sobre él, invadiendo su espacio personal—. ¿Quieres ir a surfear mañana conmigo?

A pesar de la inmensa emoción que experimentaba, Wang Yibo solo fue capaz de asentir antes de ser besado por su amado.

Adoraba compartir todo con su esposo, pero compartir un pasatiempo así… eso enamoraba aún más a Wang Yibo. Tal como cuando Xiao Zhan aceptó ir a esquiar con él por primera vez, o cuando armaron Legos juntos, ¡o cuando aceptó conducir su moto!

Adoraba esos momentos.

Y ese viaje no iba a ser la excepción, iban a aprovecharlo al máximo antes de separarse por un tiempo.

Y así fue. Aprovecharon el viaje como si se tratara de otra luna de miel, enfrascados en su propia burbuja de amor. Hicieron todas las actividades que el hotel ofrecía, incluso realizaron senderismo. Pero lo que más disfrutaron fue surfear. Ambos resultaron realmente buenos en el deporte, en especial Xiao Zhan, quien no era bueno en la mayoría de las actividades de ese tipo, pero en el surf sí, tanto que hasta Yibo se sorprendió.

Durante el día disfrutaban del paraíso que era Hawái, tomándose fotos y videos en la menor oportunidad, querían llegar a ancianos con un gran repertorio de recuerdos para ver en sus tardes libres luego del retiro.

Y durante las noches… a diferencia de otras veces en las que no desperdiciaban ni una noche para tener intimidad, ahora decidieron que lo más inteligente sería descansar. Las actividades y deportes que realizaban durante el día los dejaban tan agotados que solo llegaban a su habitación, se desvestían y se metían a la cama.

La última noche que estuvieron ahí, compartieron una agradable cena con los recién casados. Fue una cita doble sin proponérselo del todo.

En esa cena ambas parejas aprovecharon para hablar sobre sus propias experiencias maritales, pues los recién casados tenían más de diez años viviendo juntos.

—Nunca terminas de conocer a tu pareja —aseguró Dalong.

Ayanga asintió.

—A penas hace unos días descubrí que no le gusta pisar la arena del mar estando descalzo —Ayanga señaló a su esposo, este se encogió de hombros.

—Detesto la sensación de arena entre los dedos.

—Mi vida, eso es un indicio de psicopatía —aseguró Ayanga, acariciando su cabello con cariño.

—No digas mentiras —le dio un poco de su comida en la boca para que ya no dijera más "tonterías".

Los otros dos ahí presentes se echaron a reír.

—Yo apenas en este viaje me di cuenta de que Yibo tiene cierto… Tic nervioso. Aunque no sé si se le pueda llamar así.

El aludido alzó una ceja, haciendo una mueca de desconcierto verdaderamente graciosa.

—¿Disculpa? —se llevó una mano al pecho, ofendido—. Yo no tengo ningún tic nervioso, señor "Necesito que todo está centrado".

—¿A qué te refieres?

Yibo empujó el plato de su amado unos centímetros fuera de su lugar inicial. Xiao Zhan bajó la mirada y luego observó de nuevo a su esposo, sin embargo, algo dentro de él le pedía a gritos que acomodara el plato de nuevo en su sitio.

Y así lo hizo.

La otra pareja se echó a reír.

—¡Lo siento! No puedo evitarlo. Necesito que esté centrado, me causa conflicto ver las cosas fuera de un plano que tenga un eje simétrico.

—Me casé con un loco.

—Sí, y ya no tienes escapatoria —señaló su anillo de bodas que jamás se quitaba, ni siquiera en las grabaciones, pues de alguna u otra manera lo traía consigo, ya sea como anillo o como dije en su collar.

—¿Cuál es el tic nervioso de Yibo? —inquirió Dalong, curioso.

—Sí, ¿cuál? —preguntó el mismo Yibo.

—La manera de vestir—rio.

—¿No te gusta cómo me visto?

—Me refiero a el modo en el que te pones las prendas —contuvo su risa, suspiró y procedió a explicar—. Cada vez que terminas de ponerte una prenda sueles dar pequeños saltos, como si así la ropa se acomodara mejor.

—No te creo.

—¡Lo haces! —rio—. Es adorable.

Yibo chasqueó la lengua y desvió la mirada. Quería defenderse, pero no podía hacerlo mientras Xiao Zhan lo observara con esos ojos llenos de amor, ¡lo desarmaba por completo!

—Cuéntenos algo —dijo Ayanga para cambiar de tema—. ¿Ya tuvieron su primera pelea matrimonial?

Los aludidos se miraron mutuamente, tratando de recordar alguna pelea fuerte.

—Tuvimos una antes de casarnos —recordó Xiao Zhan. Yibo asintió de inmediato al saber a cual se refería.

—¿Solo han tenido una? —se asombró Dalong.

—Sí, o al menos es la única lo suficientemente fuerte como para recordarla.

—¿Y por qué discutieron?

Xiao Zhan suspiró al recordar esa pelea que en realidad fue hace muchos años.

—Peleamos por las carreras en motos. Yo quería concentrarme más en ser un corredor profesional, pero Xiao Zhan no estaba de acuerdo.

—No lo estaba porque cada noche regresabas a casa con una nueva lesión.

—Y luego tuve un accidente aparatoso.

—Y discutimos más.

—Sí… fui muy testarudo, ¿no es así? —se burló de sí mismo. Xiao Zhan de inmediato asintió—. Lo siento por eso —besó su mejilla con un infinito cariño.

—Son un par de retoños. Tiernos e ingenuos —se burló Ayanga.

—Hey… —se quejó Xiao Zhan—. ¿Por qué lo dices así? —rio.

—Podremos tener unos días de casados, pero tenemos más experiencia en esto que ustedes —aseguró Dalong—. Les falta experimentar una pelea de verdad.

Los dos recordaron su discusión sobre las motos, y todo el tiempo que duraron sin hablarse.

No, no querían volver a pasar por algo así.

—No tendrán experiencia en peleas maritales, pero sí en enfrentar problemas —le recordó Ayanga con una expresión seria—. Viendo todo el trasfondo que hay, puedo decir con seguridad que sería muy difícil que ustedes lleguen a una discusión crucial en la que corra riesgo su matrimonio.

Dalong lo pensó unos segundos y terminó estando de acuerdo con su ahora esposo. Sí, por un momento había olvidado todo lo que esos dos habían atravesado en años pasados.

—Entiendo tu punto, pero eso no los exenta de peleas.

—Y aunque las haya, ya sabemos cómo solucionarlas —soltó una risa traviesa antes de darle un sorbo a su bebida. Xiao Zhan se echó a reír al ver su expresión.

Sí, se refería al sexo.

—No, niños, no. No todo se soluciona con sexo —los regañó Dalong. Si hubiese tenido un periódico cerca, les habría dado un golpe con él a cada uno. Y es que había entendido de inmediato esas miradas y risas.

—¿Ah, no? —Ayanga lo miró con desconcierto, eso solo logró sacar un par de carcajadas muy naturales de los otros dos.

—Hablando en serio… sí creo que es importante esta conversación —dijo de pronto Xiao Zhan—. Ustedes que tienen más experiencia en esto, ¿qué consejo nos pueden dar?

Los recién casados compartieron una mirada cómplice antes de hablar.

—Podrá sonar muy cliché, pero el no irse enojados a la cama sí hace la diferencia —explicó Dalong.

—Hay veces que es inevitable, y el enojo es tan grande que incluso uno decide dormir en otra habitación, pero… eso solo hace que el disgusto dure más tiempo.

—Otro consejo, en especial para ustedes que entienden cómo es el medio artístico: nunca crean los rumores que hay en internet. Jamás habrá más verdad que en las palabras que se digan el uno al otro.

—¿Lo dices por los falsos que nos han levantado a ambos? —inquirió Xiao Zhan con una sonrisa divertida.

Ayanga asintió.

—Ya tenemos piel gruesa para ese tipo de situaciones —aseguró Yibo.

—¿Y qué tal sobrellevan el distanciamiento por el trabajo?

—Supongo que es otro asunto que hemos logrado superar —dijo Xiao Zhan sin problemas, ajeno a la expresión que tenía su esposo en ese momento. Era una micro expresión de desacuerdo, pero ahí estaba.

—¿Están seguros?

—No es fácil —admitió Yibo al fin—. Y aunque han sido contados los días que hemos estado separados desde que hicimos pública nuestra relación, estoy seguro de que ahora sería mucho más difícil que antes pasar largos lapsos de separación.

—Oh… —Xiao Zhan no se esperaba eso.

—Lo siento, no lo habíamos hablado, pero es que pasar tanto tiempo separados me traería malos recuerdos.

El corazón de los ahí presentes se estrujó, en especial el de Xiao Zhan.

—Desde nuestra boda nos hemos separado solo un par de días —aclaró Xiao Zhan con una suave sonrisa.

—Ya no se imaginan durmiendo el uno sin el otro, ¿no es así? —inquirió Ayanga, a él le sucedía lo mismo.

—Es horrible solo imaginarlo —Yibo suspiró. No estaba siendo dramático, hablaba muy en serio.

Xiao Zhan se preocupó. Estaba pensando seriamente en la posibilidad de llevárselo con él a donde grabarían su película.

Si tan solo Yibo no tuviera también compromisos en otra ciudad…

—Afortunadamente existe la tecnología y podrán estar en contacto con facilidad.

—Afortunadamente, porque mañana sale nuestro vuelo a Beijing, y pasado mañana ambos viajaremos a ciudades diferentes.

—¿Mucho trabajo?

—Sí. Quizás nos volvamos a ver hasta mi cumpleaños.

El peso de la realidad les cayó sobre los hombros, de pronto se sintieron desanimados. Amaban su trabajo, pero ya se habían acostumbrado a vivir juntos, a verse a diario, a no poder dormir a menos que sintieran el calor del otro a su lado.

Alcanzó la conciencia cuando buscó el cuerpo de su esposo entre las sábanas y no lo halló.

—Yibo… —murmuró aún con su cabeza debajo de la almohada. Pero su esposo no le respondió.

Incorporó la mitad de su cuerpo y al siguiente segundo se arrepintió.

Era la hora del recuento de daños:

Caderas y rodillas adoloridas, la parte interna de sus muslos también dolían, lo mismo ocurría con su espalda baja. Pero nada le era más incómodo que el dolor en su trasero.

Se volvió a tumbar sobre ese revoltijo de sábanas que era su cama.

Suspiró con pesadez.

En unas horas saldría su vuelo, y el de su esposo también.

—¿Qué voy a hacer todo este tiempo sin ti? —soltó al aire mientras permanecía acostado bocarriba mirando al techo. Era completamente ajeno al tremendo peinado matutino que portaba, pero de lo que sí estaba muy consciente era de la suavidad de las sábanas rozando su piel desnuda.

Que agradable sensación.

Entonces un delicioso aroma a comida llegó hasta su habitación. Le dolía todo el cuerpo, pero su hambre era mayor, así que se envolvió en su bata favorita y bajó a la cocina sin siquiera ponerse sus zapatos.

No importaba cuántas veces se encontrara con ese escenario, para él siempre iba a ser como la primera vez.

Yibo se esmeraba en preparar algo que olía deliciosamente bien mientras portaba solo su ropa interior negra.

—¿Qué haces? Huele muy bien —delató al fin su presencia.

El rostro de Yibo se iluminó cuando se dio la media vuelta y lo miró. De inmediato fue hacia él y le apretó las mejillas.

—Pensaba llevarte el almuerzo a la cama, ¿cómo te sientes? —parecía preocupado.

—Estoy bien —bostezó y se talló un ojo con pereza.

—Anoche me sobrepasé, perdóname por eso —aún no soltaba sus mejillas.

—Estoy bien —insistió, descansando sus manos en las caderas de su esposo—. Además… eso me causó dos increíbles orgasmos —rio y desvió la mirada con algo de vergüenza al recordar lo ocurrido. Se había dejado tomar por Yibo, de la forma que él quisiera y se le antojara.

—Y a mí tres… —murmuró.

Xiao Zhan rio.

—Dime, ¿qué cocinas? —se acercó a la estufa y no encontró nada.

—Sándwiches de pechuga de pollo con queso.

—Oh —comenzó a salivar.

—Y papas fritas.

—Delicioso —se acercó a la freidora de aire y vio que ahí se cocinaban el pollo y las papas.

—Ve a la cama —le extendió una taza de café negro recién preparado.

Cuando el olor del grano tostado recién molido llegó a la nariz de Xiao Zhan… se sintió en el paraíso.

—Oh Yibo… te amo tanto —aceptó la enorme taza e inhaló su delicioso olor antes de darle ese primer y glorioso sorbo que lo devolvía a la vida.

El aludido soltó una risa entre dientes.

—Pareces adicto.

—Lo soy —bebió más—. Te quedó delicioso.

—Ve a la recámara, esto no tardará en estar listo.

Xiao Zhan negó con la cabeza y se quedó a su lado.

—Que necio.

—Ya lo sabes —se le ocurrió darle un empujón con su cadera, pero se arrepintió en el instante en el que sintió dolor.

—Tonto, no hagas eso —lo reprendió con cariño y preocupación—. Ven, siéntate aquí —le dio suaves palmadas en el trasero mientras lo guiaba a uno de los banquitos altos de la barra—. Ten —le ofreció una barra de proteína y multigrano para que recuperara algo de energía lo antes posible.

—Te amo —repitió, lo decía muy en serio.

Yibo se había vuelto tan hogareño, cálido y amoroso, que simplemente no podía soportar las ganas de comérselo a besos. Pero lo que más le asombraba de todo era su creciente habilidad para cocinar. Preparaba cosas sencillas, y la freidora de aire se había convertido en su mejor aliada en la cocina, pero cada cosa que preparaba resultaba deliciosa.

—Yibo…

—¿Mnh? —estaba ocupado sacando el pollo.

—Te voy a extrañar demasiado.

Esas palabras, y el tono en el que fueron dichas, lograron que dejara el pollo de lado y fuera directo a sus brazos.

—Yo también —enterró el rostro en su cuello, aspirando su aroma—. Ya te extraño.

—¿Crees que somos muy infantiles?

—No.

—¿Somos dramáticos?

—Tal vez.

Xiao Zhan rio, y dijo:

—Si viera a otra pareja comportándose como nosotros… me causarían mucha pena ajena.

Ahora Yibo se echó a reír, se separó del abrazo para mirarlo a los ojos.

—Pienso lo mismo.

—Damos cringe, ¿no es así?

—Sí —se encogió de hombros. La verdad era que le importaba muy poco lo que pensaran las personas. Y ahora que lo analizaba bien, le gustaba fastidiar a la gente, así que darían toda la pena ajena que fuese necesaria.

Pasaron el resto del día juntos, metidos en su cama viendo televisión. Sus maletas ya estaban listas, también sus itinerarios. Solo les quedaba esperar.

El final del día llegó, y con él la hora de despedirse en el estacionamiento del aeropuerto, pues iban a salas distintas.

—Nos vemos en unas semanas —tomó el rostro de Yibo con una mano, acariciando su mejilla.

El aludido asintió.

—No me pongas esos ojos porque no podré salir de la camioneta —suplicó Xiao Zhan, y es que los ojos de Yibo se volvieron cristalinos y tristes.

—¿Qué cara quieres que ponga? No te veré en semanas y te extrañaré como nunca, idiota.

El piloto de la Van en la que fueron trasladados se echó a reír.

—No sean dramáticos y despídanse ya, se verán muy pronto.

Los aludidos miraron a su fiel amigo y guardaespaldas.

—Mao tiene razón —dijo Xiao Zhan.

—Me importa poco que tenga razón o no, eso no quita el hecho de que no podré dormir bien por semanas.

Xiao Zhan se enterneció.

—Yo tampoco —murmuró dentro de un suspiro. Miró una vez más a su esposo, le acomodó la gorra que traía y alzó su mentón para robarle un dulce beso—. Estaremos en contacto todo el tiempo, ¿si?

—Sí.

—No olvides tomar tus medicamentos.

—Y tú tus vitaminas.

Ambos asintieron, a eso le siguió un incómodo silencio.

—Se les va a hacer tarde —dijo Mao desde su asiento, con un gracioso tono de reproche.

Xiao Zhan no dijo nada más, arrastró a su esposo a un fuerte y asfixiante abrazo. Inhaló su aroma como si fuese un adicto, y finalmente lo soltó, pero Yibo a él no.

—Un poco más —pidió el menor, aún aferrado a él.

Xiao Zhan le dio gusto.

—Nos vemos pronto, Ge Ge —dijo, al fin separándose del abrazo—. Anda, ve y haz lo tuyo.

El mayor asintió y abrió la puerta de la Van, listo para bajarse, pero apenas puso un pie fuera, recibió una nalgada nada gentil de su esposo.

Por poco gritó su nombre a modo de reclamo, pero logró contenerse a tiempo y solo pudo dedicarle una mirada "furiosa" que duró segundos, pues Wang Yibo le dedicó un "Te amo" fuerte y claro.

La puerta de la Van se cerró y en seguida un par de guardaespaldas y asistentes que se bajaban de otro auto rodearon a Xiao Zhan y lo escoltaron a su sala de abordaje.

No pasaron ni cinco minutos antes de que la gente se diera cuenta de quiénes estaban en el aeropuerto. Inevitablemente se hizo un escándalo y ambos fueron acosados por separado. A Yibo por poco no lo dejaron llegar a su sala, y a Xiao Zhan estuvieron a punto de robarle los datos de su pasaporte.

Ambos se habían sentido tan abrumados que no pudieron evitar molestarse con esas personas. El acoso era cada vez más intenso.

Se habían dado cuenta de que ese tipo de acoso aumentaba luego de que se les viera juntos en algún lugar. Era como echarle gasolina al fuego. Y justo eso había ocurrido ante su regreso de Hawái.

De alguna forma habían sido captados en fotos y videos a lo largo de todas sus vacaciones. Pero los acosadores habían sido tan silenciosos, y hasta cierto punto respetuosos, que no se dieron cuenta sino hasta que vieron todo el material publicado en las redes.

¡Incluso los habían fotografiado cuando Xiao Zhan le dio sus regalos a Yibo!

Eso los asustaba un poco, pues ellos no se percataron de absolutamente nada.

Y ahora, luego de todo ese material publicado, el acoso era casi insoportable. Tanto así que esa fue otra razón por la que decidieron pasar en casa ese último día en Beijing. Ni siquiera se atrevieron a ir a su nuevo hogar.

—La visitaremos juntos cuando terminemos nuestros compromisos —le había dicho Yibo mientras ambos descansaban semidesnudos en su cama.

—¿Estás seguro de poder aguantar la curiosidad?

El aludido se mordió el labio inferior.

—No creo, pero no hay otra opción.

No quería sacar a su amado de la cama, sabía que estaba adolorido después de lo ocurrido durante la noche, y a decir verdad se sentía culpable. Así que lo cuidaría el resto del día antes de que tuvieran que separar sus caminos.

—Entonces no sabrás qué cosa espera por ti en el garage, tampoco verás la casa ya terminada.

—No me tientes —rio y lo abrazó más fuerte—. Esperaré a que volvamos. Así podremos empezar con la mudanza.

El corazón de Xiao Zhan se aceleró al escucharlo decir eso.

—Bien —se dejó abrazar y soltó un agradable suspiro. Quería quedarse ahí en sus brazos para siempre.

Si antes de ser pareja pasaban todo el día mandándose mensajes y fotos, ahora que estaban casados y separados era mucho peor.

A pesar de tener tanto trabajo lograban darse unos minutos para responder los mensajes del otro, así fuese a destiempo, lo importante era responder y saber algo uno del otro.

Así fue su vida durante las primeras semanas.

Xiao Zhan llegaba muy cansado a su hotel por las noches, a veces el trabajo se extendía hasta media noche, y era ahí cuando Yibo le recordaba que no debía permitir eso, tenían que respetar sus horas de descanso.

Y él no era el único que llegaba cansado, pues si bien Wang Yibo trabajaba menos horas, sí hacía más esfuerzo físico, y su esposo notó el resultado de todo ese ejercicio cuando vio fotografías de él que se filtraron en Weibo. Se veía más fornido y maduro, dejando atrás ese aire tierno y juvenil, pues había ganado peso, pero todo ese peso extra era sin duda alguna muscular.

—No has bailado en semanas, ¿verdad? —inquirió Xiao Zhan en una de sus video llamadas.

—Ni una sola vez. En su lugar he estado recibiendo entrenamiento militar, no pensé que fuese tan intenso —suspiró—. Aunque eso sí, comemos demasiado, y muy delicioso.

—¿No extrañas mi comida?

—Extraño comerte.

—¡Yibo! —rio.

—Y extraño también tu comida, en especial las French Toast.

—¿Te tratan bien allá? ¿No tienes mucho calor? —recordó que grababan en pleno desierto.

—Son muy amables conmigo, y la seguridad es buena. A pesar de que se filtran fotos no me han molestado directamente. Estoy cómodo. También hay aire acondicionado en todas partes.

—Me alegra escuchar eso. ¿Cuándo filmarán las escenas de riesgo?

—La próxima semana.

—¿Estás listo para ellas?

—Me siguen preparando.

Xiao Zhan suspiró.

—¿Estás seguro de que no quieres aceptar la ayuda de un doble?

Yibo de inmediato negó con la cabeza. Sí, ya habían hablado sobre eso. Ambos querían ser vistos como algo más que un "Idol", querían que los valoraran como actores, artistas. Así fue como Yibo decidió que haría sus propias escenas de riesgo sin ayuda de un doble.

Y aunque lo admiraba, Xiao Zhan se moría de miedo.

—¿Me avisarás cuando las vayas a grabar?

—No.

—¡Yibo!

—Vas a estar nervioso todo el día, mejor te avisaré cuando ya estén filmadas.

—No seas así, o estaré nervioso todo el tiempo.

Luego de que le dedicara esa dulce mirada, Wang Yibo no pudo decirle que no.

—Está bien.

Y así fue. El día en el que se grabó una de las escenas más peligrosas de la película, Wang Yibo le avisó a su esposo antes de ir al set, pero no pudo avisarle cuando terminó.

La camioneta militar en la que se grabaría la escena peligrosa se volcó en plena grabación, en la primera toma. Fue un accidente aparatoso que algunas personas lograron grabar con su teléfono para subirlo a las redes sociales con títulos alarmantes como: "Wang Yibo sufre accidente al grabar sus propias escenas de riesgo".

Xiao Zhan terminó enterándose del suceso gracias a eso.

Ver aquel video le causó un cúmulo de emociones difíciles de explicar, por un momento sintió que se iba a desmayar, tuvo que sentarse unos segundos antes de procesar la información y decidir que dejaría todo para ir directo a la ciudad en donde estaba su esposo.

Afortunadamente Mao estaba con él, y fue la voz de la razón.

—Antes que nada, cálmate —le quitó el celular y puso ambas manos sobre sus hombros—. El video puede estar fuera de contexto, ni siquiera dura más de diez segundos, ¡ni siquiera sabes si él iba dentro!

—¡La camioneta se volcó! No necesito más contexto que ese. Además, él me dijo hace un par de horas que grabarían una escena de riesgo.

—¿Ya intentaste llamarlo?

Y como si los hubiese escuchado, una llamada entrante de Yibo apareció en el teléfono de Xiao Zhan.

—Ten, es tu esposo —le entregó el teléfono con una sonrisa, aunque por dentro rogaba al cielo que en verdad todo estuviera bien.

Xiao Zhan respondió la llamada como si su vida dependiese de ello.

—¿Yibo? ¡Yibo! ¡Dime por favor que estás bien!

—Viste las noticias amarillistas, ¿no es así? —inquirió antes de un largo suspiro.

—¿Estás bien? —se tranquilizó solo un poco luego de escuchar su voz en perfecto estado.

—Estoy bien, amor, tranquilo. Por eso te llamo, vimos los videos que se filtraron y pensé que te asustarías. No pasó ningún accidente, la escena era así, y yo estaba completamente protegido. No tengo ni un rasguño.

Xiao Zhan sintió que el alma le volvía al cuerpo.

—Gracias al cielo… —pocas veces en su vida había sentido tal alivio.

—¿Estarías más tranquilo si hacemos video llamada?

—Por favor.

Yibo colgó y de inmediato lo llamó de nuevo.

Se miraron a través de la pantalla y Yibo sonrió al ver lo apuesto que estaba su amado.

—No te han cortado el cabello—rio.

Por su parte, Xiao Zhan no dejaba de revisar cada centímetro de Yibo que tenía en la pantalla.

—Respetaron el largo para mi siguiente proyecto —se pasó una mano por su cabello que le llegaba apenas a la nuca, pero sí era lo más largo que lo había tenido desde que él y Yibo se conocieron—. ¿Se ve mal?

Yibo rio.

—¿Bromeas? Me fascina —aseguró, recordando cómo haló de ese lindo cabello en la última noche que compartieron bajo las sábanas—. Dime por favor que no te cortarás el cabello terminando las grabaciones.

Xiao Zhan hizo una mueca de disgusto.

—Ya sabes que necesito tenerlo largo para mi siguiente proyecto. Aunque sí es incómodo, no sé cómo peinarme, me da calor y se mueve hacia todas partes con el viento.

—Y te ves hermoso.

—Bien, bien. Lo dejaré largo por un tiempo —suspiró—. Estás lleno de tierra —notó.

—Sí —rio—. Es parte del atuendo.

—¿Estás seguro de que estás bien?

—Estoy muy bien, tonto, ya no te preocupes.

—Sabes que eso es imposible.

—Lo sé —si estuviera frente a él, ya le habría pellizcado una mejilla. No, ya se lo habría comido a besos.

—Bo Di, tengo que irme, me esperan en el set.

—¿No estás ahí?

—Cerca —la voz de Mao se unió a la llamada—. Tuve que detenerlo para que no saliera corriendo al aeropuerto.

—Zhan Zhan… —le dijo en tono de reproche.

—No me regañes —gruñó—. Eres mi esposo, si te pasara algo es obvio que dejaría todo para ir a donde estés. Así que no te atrevas a reprocharme nada.

Una preciosa sonrisa llena de sentimientos adornó la faz de Yibo.

—¿Qué? —espetó el mayor de mala gana.

—Te quiero, Xiao Zhan.

Esas simples palabras lograron sonrojarlo. Siempre se decían "Te amo", pero pocas veces un "Te quiero".

—Yo también te quiero, idiota.

—No beses tanto a Li Qin —dijo de pronto, pero eso bastó para que su amado no terminara la llamada ahí.

—Espera, ¿qué dijiste? —rio.

—No la beses tanto.

—Es mi esposa en el drama.

Ahora sí, Yibo puso cara de pocos amigos, y vestido con ropa militar vaya que intimidaba.

—Y yo soy tu esposo en la vida real.

—Lo sé.

—Y como tu esposo te pido por favor que no repitas tanto las escenas maritales.

—Yibo —rio más—. Cariño… —fue interrumpido.

—No, nada de "cariño", Xiao Zhan —acercó la cara a la cámara—. Promételo.

—¿Qué?

—Que no vas a disfrutar de sus besos y que la besarás muy mal. Come atún y ajo antes de besarla.

—¡Wang Yibo! —se echó a reír con ganas—. Dime que estás bromeando.

—No.

—Amor, haré lo mejor.

—Mal esposo —dramatizó.

—Wang Jie… se trata de Li Qin, hemos grabado escenas de besos desde hace muchos años.

—Lo sé, no tienes que recordarme que fue ella con quien grabaste una escena de noche de bodas.

—¡Pero ni siquiera pasó nada en esa escena! Yibo… —se puso serio también.

—Bueno, ya. Solo estoy exagerando —admitió, riendo al fin. La verdad es que se sentía tranquilo al saber que sería ella a quien besaría. Habían compartido saliva tantas veces que si pudiera suceder algo entre ellos, ya habría ocurrido.

—Tonto —suspiró aliviado, por un momento pensó que en realidad estaba celoso.

—Pero sí, por favor come atún antes.

—Me tengo que ir —rio.

—Anda, corre a sus brazos.

—¡Tonto! —rio más—. Adiós, te amo.

—Te amo —hizo un gesto de despedida con la mano y terminó la llamada sin dejar de sonreír.

Yibo rio como el tonto enamorado que era.

—Ahora ven aquí para revisar ese brazo. Tenemos que asegurarnos de que sea algo superficial o tu esposo nos va a matar —el director se llevó a su actor consentido directo a la enfermería.

—No es nada —aseguró.

—Eso lo determinará el médico.

—En verdad, no es para tanto, solo es un raspón.

—Hazlo por Zhan Zhan. Si supiera esto ya te estaría arrastrando al hospital.

Tenía razón. A Yibo no le quedó otra opción más que obedecer.

El tiempo pasó tortuosamente lento para los dos. No veían la hora de terminar sus compromisos y volver a casa. Amaban su trabajo, pero ya tenían un mes sin verse, además, el cumpleaños de Xiao Zhan se acercaba y el trabajo no les daba tregua.

Xiao Zhan estaba sorprendido por la capacidad de su esposo para realizar un trabajo tan arduo. El personaje al que interpretaba no era sencillo, en especial por la alta capacidad física que se necesitaba. Lo admiraba, admiraba la coordinación y el control que poseía en su propio cuerpo, la disciplina y el aguante que tenía. Ahí una vez más logró demostrar que la disciplina lo lograba todo, pues se había propuesto dormir suficientes horas, comer bien, tomar sus medicamentos sin falta y hacer ejercicio. Así no tuvo problema alguno, al contrario, estaba en mejor forma que nunca. Ya quería presumirle a Xiao Zhan el aumento en su masa muscular.

En medida de lo posible, Wang Yibo y Xiao Zhan lograron superar esas difíciles semanas de separación, y cuando entraban en desesperación solo bastaba con recordar aquellos tiempos oscuros para que se dieran cuenta de que su actual realidad era la gloria comparada con la de esos años.

—Si lograste superar años de distanciamiento, puedes aguantar unas semanas más, Wang Yibo —se decía a sí mismo mientras se miraba al espejo, listo para salir a grabar—. Solo un poco más —se repetía.

Su momento de autoconvencimiento fue interrumpido por un mensaje de texto.

"El clima aquí es verdaderamente frío, ¿puedes venir a calentarme?" le dijo Xiao Zhan, anexándole una fotografía de él con un gorro muy felpudo y un grueso abrigo.

—Oh no… —murmuró—. ¡Así es imposible, Xiao Zhan! —gritó para sí mismo.

Lo extrañaba terriblemente. Se estaba volviendo loco.

Estuvo a punto de responderle con "Solo me torturas mandándome una foto tuya así". Pero no lo hizo, temía que dejara de mandarle fotografías.

"Mejor mándame una sin ropa". Le respondió con picardía, disfrazando su tristeza con lujuria.

Obtuvo un rotundo "No". Sí, ya se lo esperaba, ninguno se volvería a mandar nudes, jamás.

"La ropa me la quitarás cuando te vuelva a ver" respondió el mayor. Eso levantó los ánimos en ambos.

Entonces una llamada entrante apareció en la pantalla de Xiao Zhan.

—¿Cuándo terminas de grabar? —preguntó Yibo, yendo directo al grano.

Un gran suspiro se dejó escuchar en la línea.

Oh no, malas noticias, Yibo ya las esperaba.

—Seré libre un par de días antes de mi cumpleaños.

—¡¿Tanto?!

—No falta mucho.

—No, pero… quiero estar contigo en esa fecha.

—¿Ya terminaste de filmar?

—No… —suspiró también—. Pero nos queda solo una semana.

—¡Vaya! ¡Qué rápido!

—Todos queremos huir ya de este desierto —rio—. Es horrible, de hecho me vas a notar bronceado.

—Oh… interesante. A mí a penas me ha dado el sol. Y amo el clima frío, pero es terrible no tenerte cerca. Además, la nieve y el hielo solo me recuerdan a Aspen —suspiró—. Deberíamos escaparnos unos días, nos lo merecemos, ¿no crees?

—Estoy de acuerdo.

A eso le siguió un silencio de varios segundos, no era incómodo, de hecho estaban cómodos sabiendo que se escuchaban mutuamente, aunque fuesen solo sus respiraciones.

—Zhan Ge.

—¿Mnh? —sonrió al escuchar cómo lo llamó, cada vez era menos recurrente que le dijera así.

—Te extraño… te extraño mucho.

Lo dijo en un tono tan profundo y entrañable, tan íntimo, que el cuerpo entero de Xiao Zhan se estremeció.

—Yo también te extraño, Bo Di.

—Si no estuviéramos tan lejos, ya estaría yendo hacia ti.

Una risa cálida de Xiao Zhan aceleró su corazón.

—Ya falta poco, amor. Solo esperemos un poco más.

—Bien —suspiró—. Me tengo que ir, ¿hablamos por teléfono a la hora del almuerzo?

—Sí, yo te llamo.

Terminaron la llamada y continuaron con sus ocupaciones hasta la hora del almuerzo, hora a la que se supone que Xiao Zhan le llamaría. Pero para su sorpresa no lo hizo, tampoco respondía sus mensajes.

Comenzó a preocuparse.

Lo llamó, pero era enviado directamente al buzón de voz.

Hacía un calor infernal, estaba cansado, tenía hambre, y su Zhan Zhan no le respondía. Fue inevitable que su mal humor emergiera como margaritas en primavera.

—Wang Laoshi —lo llamó con respeto uno de los integrantes del staff.

¿Qué? —espetó a secas, removiendo de un lado a otro su almuerzo con el tenedor. No le había gustado la comida que sirvieron ese día.

—Vinieron a entregarle un paquete.

—Mnh —no le prestó suficiente atención, hasta que vio que no se iba—. ¿Si?

—El paquete.

Yibo frunció el ceño. Él jamás era grosero con el staff, pero en ese momento simplemente no estaba de humor.

—Déjenlo en mi remolque, lo abriré más tarde.

—No me permiten recibirlo, piden que vaya en persona a hacerlo.

Yibo chasqueó la lengua, estaba fastidiado.

—Wang Yibo, Wang Yibo —intervino Wen Pei, quien había ido a visitarlo un par de días para ver que todo fuera en orden y que lo estuvieran tratando bien—. Solo ve y recoge tu paquete. Le dije al repartidor que esperara dentro de tu remolque, está haciendo un calor terrible afuera.

—¿Eso es seguro? —alzó una ceja, últimamente desconfiaba de todo y de todos.

—El producto necesita aire acondicionado. Así que deja ese mal humor y ve lo antes posible.

—Hace mucho calor, el sol está insoportable. No pienso moverme de esta silla hasta que reanudemos las grabaciones.

—Eres increíble, Wang Yibo —rio su manager—. ¿Y si ese paquete te lo envió Xiao Zhan?

Eso despertó una alerta en Yibo.

—Tú sabes algo. ¿Es de él el paquete?

—Ve y averígualo por ti mismo.

El aludido rodó los ojos, dejó su comida de lado y se fue rumbo a su remolque/camerino.

En cualquier otro momento hubiese desconfiado, pero el hecho de que tanto Wen Pei como su guardaespaldas aprobaran que él mismo fuera por el dichoso paquete, lo hacía no estar tan alerta.

Cansado, sudoroso, lleno de tierra y aún portando el uniforme de aviador, Wang Yibo entró a su remolque con fastidio, pero apenas puso un pie dentro entendió lo que Wen Pei le decía. Fue testigo del enorme y precioso arreglo de flores que esperaba por él.

—¡Wow! —estaba maravillado con la belleza de ese enorme arreglo floral de peonías de todo tipo de color pastel casi blanco. Su camerino olía a las hermosas flores—. Que bonitas —murmuró, acariciando las flores con el dorso de sus dedos, ahí fue consciente de que el arreglo era sujetado por una persona.

Se había maravillado tanto que olvidó al pobre repartidor, además, el arreglo era tan grande que lo cubría por completo de cintura para arriba.

—Oh, lo siento. ¿Tengo que firmar algo?

El repartidor señaló una hoja de papel y bolígrafo sobre la mesa.

—Por favor —pidió con amabilidad.

—Sí, sí —firmó el papel y miró de nuevo las flores, parecía buscar algo entre ellas—. ¿No tiene tarjeta?

—Lo siento, pero no.

—Entiendo. Puedes dejarlas sobre la mesa, se ve algo pesado —comenzó a buscar su cartera por todas partes, el chico se merecía una buena propina.

Su mal humor se había esfumado al ver las flores, y es que ya sabía de quién venían.

Su Zhan Zhan, su amado y querido Zhan Zhan.

Suspiró como tonto enamorado sin dejar de buscar su cartera en los cajones.

Pero entonces sintió la cercanía de un cuerpo desde atrás, y enseguida percibió un apretón nada gentil en su trasero. Yibo pegó un salto y encaró al culpable al mismo tiempo que lo tomaba de la muñeca y la doblaba en un ángulo doloroso para que dejara de manosearlo.

Estaba furioso, se había atrevido a…

—¡Lo siento, lo siento! No quería asustarte, Yibo, por favor suéltame.

El aludido lo soltó con espanto. Sus ojos grandemente abiertos lo miraron sin poder creerlo. ¡¿Qué demonios hacía ahí?!

—¡Lo siento tanto! —tomó su muñeca herida y trató de reparar el daño—. Oh Zhan Zhan… ¡Lo siento! —lo miró con un sinfín de sentimientos contradictorios—. ¡¿Qué estás haciendo aquí?! ¿Por qué no me dijiste que vendrías?! ¿¡Por qué me manoseaste así!? Pensé que eras el repartidor, de haber sabido que eras tú jamás habría… —fue interrumpido. El pobre pasaba del espanto al enojo y luego a la felicidad por tenerlo ahí.

—Tranquilo —soltó una risa adolorida—. Recuérdame no volver a sorprenderte de esa forma —hizo una mueca de dolor al flexionar su articulación—. No quise asustarte así, solo quería darte una sorpresa. Pero entonces te vi con este uniforme y…—lo recorrió con la mirada de pies a cabeza—…¿estás consciente de lo bien que te ves? Por Dios, Yibo, el uniforme te sienta tan bien.

—Concéntrate, estás lastimado —estaba muy angustiado por el daño que le causó, pero su esposo parecía estar más interesado en su vestimenta.

—Estoy bien —rio—. Ven aquí —lo tomó de las solapas del traje y estampó sus labios contra los de él.

Yibo soltó un suspiro de completa satisfacción. Llevaba semanas soñando con compartir una vez más un beso con su esposo.

Se sentía tan bien volver a estar cerca de él.

—Idiota —murmuró Yibo entre beso y beso, Xiao Zhan terminó soltando una carcajada.

—¿Así me tratas luego de que atravesé medio país para traerte flores? —dramatizó.

—Por cierto, ¿quién las manda?

—¡Yo, idiota, yo!

Yibo sostuvo el rostro de Xiao Zhan entre sus manos y lo miró en silencio por largos segundos.

—¿Qué? —inquirió el mayor al notar cómo lo observaba minuciosamente, acariciándolo de forma gentil con sus pulgares.

Yibo esbozó una adorable sonrisa llena de ternura.

—Te extrañé tanto —sus ojos emitían un brillo que indicaba el esfuerzo que le costaba no echarse a llorar—. Jamás imaginé que vendrías hasta acá.

—Yo también te extrañaba mucho, no iba a soportar un día más así —se dejó abrazar con fuerza asfixiante, respondiendo de la misma forma.

—¿Cuánto te quedarás? —quería saber cuánto tiempo le quedaba con su amado antes de separarse por semanas una vez más.

La mirada de Xiao Zhan entristeció.

—Tengo que tomar un avión antes del atardecer. Digamos que… me escapé del trabajo.

—¡Zhan Zhan! —rio—. Eso no es propio de ti.

—Li Qin me está cubriendo, para cuando se den cuenta de que no estoy, ya iré de regreso.

—Bien, ya no la odio tanto.

—No la odies —rio—. Es una buena amiga.

Yibo no quiso perder más el tiempo y lo atrajo de nuevo a sus labios.

—Espera —se detuvo al recordar algo—. Debería traer hielo para tu mano.

Xiao Zhan rodó los ojos con una sonrisa divertida antes de arrastrarlo a uno de los sillones que tenían ahí. Sillón del que no se levantarían por varias horas.

Si bien no podían tener sexo ahí, sí podían desahogar un poco su frustración sexual con besos y caricias.

—¿Qué ocurre? —inquirió Yibo luego de que su esposo le quitara la parte superior del traje, con todo y camiseta interior.

Xiao Zhan lo miraba con verdadero asombro.

—¿Y esos brazos?

—¿Qué tienen? —Yibo se miró a sí mismo.

—Y tu torso, tus… —bajó la vista por ese cuerpo bien trabajado—…wow. Nunca te había visto tan en forma como ahora. Pensé que habías engordado, pero ahora que te veo sin ropa…

Yibo se echó a reír con nerviosismo, le daba un poco de vergüenza cuando su esposo lo halagaba de esa forma tan sincera.

—Espera —fue consciente de algo—. ¿Me acabas de decir "gordo"?

—No, dije que eso fue lo primero que pensé.

—Pero lo pensaste.

—Sí.

—¿Por qué? —rio.

—Es que mira estas mejillas —Xiao Zhan tomó su rostro y lo apretó tal como le haría una abuela a su nieto.

Yibo suspiró. Sí, estaba consciente de eso. Cada vez que aumentaba de peso se reflejaba primero en sus mejillas. Además, ese corte de cabello no le ayudaba en lo absoluto. O al menos eso decía él, porque de todas formas su esposo siempre se lo quería comer a besos.

—Pero tus brazos… —insistió Xiao Zhan, mirándolo con hambre.

—Oh ya cállate —ahora fue su turno de arrancarle la ropa, llevándose la misma sorpresa al ver su bien trabajado cuerpo.

No había duda de que Xiao Zhan lograba ponerse en forma muy fácil. Desde que dejaron de obligarlo a mantener un peso bajo, su verdadera figura salió a flote. Xiao Zhan era feliz comiendo lo que le venía en gana, haciendo todo el ejercicio que se le antojaba, y adquiriendo un cuerpo atlético y hermoso.

—No voy a soportar un par de semanas más sin ti —admitió Yibo en medio de un suspiro al mirarlo semidesnudo. Su corazón casi se le salió del pecho cuando Xiao Zhan se sentó a horcajadas sobre su regazo, dejando todo su peso sobre él, eso era sumamente agradable.

—Sí podrás.

—No.

—Sí —descansó sus antebrazos sobre los hombros de Yibo y le sonrió de lado, seductor.

Yibo tragó en seco al ver ese brillo en sus ojos y la malicia en su sonrisa. Casi jadeó con el simple roce de la nariz de Xiao Zhan a lo largo de su cuello.

—Hueles muy bien.

—No me puse ningún perfume hoy.

La risa del mayor rebotó contra la piel de Yibo, estremeciéndolo.

—Adoro tu aroma.

—Estás loco, tú no… ah… —echó su cabeza hacia atrás cuando sintió una lengua húmeda y caliente deslizándose por su piel.

El otro sonrió victorioso. Tomó la mandíbula de Yibo con ambas manos y lo atrajo a un profundo beso que les robó el aliento a los dos.

Xiao Zhan detuvo el beso un segundo cuando sintió que las manos de Yibo habían dejado de apoyarse en sus caderas para dirigirse a su entrepierna, por encima de la ropa.

—Oh… —se sorprendió el menor al encontrar una erección apretada bajo ese pantalón—. Esto se ve incómodo, ¿te ayudo? —comenzó a quitarle el cinto incluso antes de que asintiera.

—Espera —lo detuvo, se puso de pie y fue directo a ponerle seguro a la puerta, bajó las cortinas de todas las ventanas y volvió junto a su amado—. Listo, ahora sí, desvísteme.

Yibo se mordió el labio antes de levantarse y arrastrarlo de vuelta al cómodo sillón, pero ahora recostándose sobre él.

—No debemos hacerlo "completo" —le recordó Xiao Zhan, Yibo suspiró con tristeza.

—Lo sé.

—Pero podemos hacer otras cosas.

—Lo sé —ahora esbozó una sonrisa en verdad tenebrosa.

—Demonios Yibo, ¿qué está pasando por tu mente? —se echó a reír con nerviosismo al ver esa expresión de depredador.

—¿En verdad quieres saber? —se inclinó hacia él y mordió el lóbulo de su oreja.

—Ilústrame —quiso reír, pero terminó suspirando de placer al sentir la lengua de su esposo recorriendo su piel.

Yibo no respondió con palabras. A tirones logró deshacerse de la ropa que le quedaba a su esposo, y se tomó unos segundos para desnudarse a sí mismo antes de tumbarse sobre Xiao Zhan y comenzar a frotar sus caderas contra las de él.

El remolque fue inundado de sensuales gemidos que intentaban ser sutiles, fallando por completo en el intento. La familiaridad entre sus cuerpos era tal que sabían dónde y cómo tocar para que el cuerpo del otro se inundara en sensaciones difíciles de describir.

No era necesaria una penetración, bastaba con sentir el cuerpo desnudo del otro, con el roce de su piel, su calor, su aroma, con el placer adictivo de esa intimidad que solo podían compartir entre ellos.

Y a pesar del calor del momento, Xiao Zhan no podía evitar pensar en lo feliz que era al estar de nuevo entre sus brazos, se sentía en casa.

Por su parte, Wang Yibo sentía cierta ansiedad al saber que se separarían en unas horas, pero ese amargo sentimiento se esfumaba cuando escuchaba los suaves gemidos de su esposo trayéndolo de vuelta a la realidad y llenándolo de dicha al sentirse en su hogar a pesar de estar a cientos de kilómetros de él.

Luego de ese momento de intimidad que ambos tanto necesitaban, tuvieron que despedirse con la promesa de verse muy pronto. Habían "recargado baterías" para aguantar un poco más, quedando muy felices y satisfechos con lo que había ocurrido en el remolque esa tarde.

Y a diferencia de lo que todo el staff imaginó que pasaría cuando el esposo del actor más querido del set abandonó la ciudad, Wang Yibo llegó con una sonrisa imborrable y con una actitud por completo opuesta a la que tenía horas atrás.

—Es un hermoso día —suspiró con esa sonrisa radiante que le causaba escalofríos a Wen Pei. Tenía ambas manos sobre las caderas mientras miraba hacia el "hermoso" desierto que horas atrás era blanco de su odio más puro.

El manager no dijo nada, lo miró y en silencio tomó su teléfono para mandarle un mensaje a Xiao Zhan:

"Gracias por calmar a la fiera. Cuando se vuelva a poner insoportable te mandaré un boleto de avión para que vengas a hacerlo feliz".

Y es que él no era ciego. Además, ya los conocía lo suficientemente bien como para saber que esos dos habían hecho más que solo besarse. Y vaya que lo agradecía, pues Yibo parecía mucho más relajado, feliz, era otro.

Wen Pei solo recibió una gran carcajada de Xiao Zhan como respuesta.

Un par de días más tarde, Xiao Zhan estaba descansando en su camerino cuando de pronto recibió un mensaje que lo hizo gritar y saltar de alegría, asustando a sus compañeros del set.

Wang Yibo le había escrito:

"Te daré un adelanto de tu sorpresa de cumpleaños, solo porque no tengo otra opción".

Enseguida le anexó la foto de un boleto de avión con destino a Aspen.

"Este es el mío, el tuyo llegará por correo electrónico".

Xiao Zhan lo llamó por teléfono de inmediato.

—Tú… —fue interrumpido.

—Solo es un adelanto a la sorpresa, no creas que ese boleto de avión es todo el regalo —se apresuró a aclarar.

Xiao Zhan soltó una risa preciosa y divertida.

—Sabes que podrías no regalarme nada y yo sería feliz de todas formas.

—Lo sé, pero no seas aburrido y déjame sorprenderte.

—El simple hecho de saber que iremos a Aspen ya me hace muy feliz —soltó un pesado y largo suspiro—. Te extraño.

—¡Yo también! —exclamó en un gritillo bastante gracioso.

—Hablaste con Na Jie, ¿no es así? —inquirió al ver la fecha en el boleto de avión.

—Sí. Necesitaba saber tu itinerario con exactitud.

—Me desocuparé un día antes de mi cumpleaños.

—Lo sé, amor, lo sé —suspiró—. Por eso elegí Aspen, podrás llegar y descansar.

La sonrisa del mayor se ensanchó. Quizás se debía a que ya no era tan joven, o simplemente estaba tan cansado que la idea de llegar a Aspen y descansar junto a su esposo en la cabaña lo hacía más feliz que cualquier otro plan. Justo ahora eso le parecía la mejor idea del mundo.

—Yibo.

—¿Mnh?

—Te amo, en verdad te amo tanto.

—Lo sé —una sonrisa boba apareció en su rostro al mismo tiempo que se tumbaba sobre su cama, listo para descansar luego de un largo día de trabajo—. Yo también te amo, Zhan Zhan, más de lo que imaginas —suspiró.

—Lo sé —respondió con la misma sonrisa tonta, Yibo no pudo verla, pero sí percibirla en su tono de voz—. Ahora cuéntame.

—¿Qué quieres que te cuente? —sus ojos comenzaban a cerrarse a pesar de que aún era muy temprano.

—Dime qué otras sorpresas me tienes preparadas.

—No.

—Que cruel.

—Sí.

—Hagamos videollamada, extraño verte —admitió—. ¿Puedes?

Solo recibió un sonido de afirmación antes de que colgara y volviera a llamarlo por Face Time. Xiao Zhan se mordió el labio para contener sus ganas de gritarle lo lindo que se veía. No tenía ni una pizca de maquillaje, tampoco traía camisa, y ya estaba acostado en su cama con la mitad del rostro descansando sobre la almohada.

—Te ves lindo.

Las mejillas de Yibo se tornaron ligeramente rosadas antes de esconder el rostro entero en la almohada.

—Tonto —respondió.

—¿Por qué te avergüenzas? —se burló, solo quería molestarlo—. Solo digo la verdad, te ves adorable.

Yibo rio.

—No empieces.

—Está bien, no lo haré —lo miró con más detalle, notando lo exhausto que se veía—. Yibo, ¿estás bien?

El aludido asintió de inmediato.

—Estoy bien —sonrió—. Es solo que me he acostumbrado a dormir temprano todas las noches y a levantarme muy temprano por las mañanas —bostezó—. Pero ya mañana es mi último día aquí, al fin.

—¡¿Mañana?! Wow, pensé que estarías ahí un par de semanas más.

—Iré a casa, descansaré un poco y luego volaré a Aspen para tu cumpleaños —le dedicó una preciosa sonrisa adormilada que hizo estremecer a Xiao Zhan.

—Ya quiero verte.

—Ya quiero cogerte —respondió Yibo sin borrar esa expresión dulce y adormilada.

Xiao Zhan casi se fue de espaldas, pues lo tenía en altavoz y había gente a su alrededor. Ni siquiera fue capaz de reclamarle nada, con la vergüenza a tope, se llevó una mano al puente de su nariz y bajó el rostro deseando que la tierra se lo tragara al escuchar risas divertidas a sus espaldas.

—Oh… no tienes tus audífonos, ¿verdad? —inquirió Yibo con voz baja.

El aludido solo negó con la cabeza, incapaz de levantar la mirada. No sabía si reír o llorar.

—¡Lo siento! Cuando tengo sueño no sé lo que digo, lo siento —estaba en verdad avergonzado, y supo que su esposo estaba peor cuando lo vio levantar la cara y notó que estaba por completo ruborizado.

—Está bien —rio—. ¿Hablamos luego?

—Sí, sí, está bien —estaba realmente avergonzado, en ese momento le diría que sí a lo que sea—. Perdón —murmuró antes de recordarle que lo amaba y colgar.

Apenas terminó la llamada, todos los que rodeaban a Xiao Zhan comenzaron a reír y a molestarlo con lo que recién habían escuchado.

—Así que… se extrañan mucho —dijo uno de sus compañeros del set, con quien más hablaba y hacía bromas todo el tiempo.

—Déjalo en paz —lo defendió Li Qin, sin embargo ella también terminó riendo—. Lo siento, Zhan Zhan, es inevitable reír. Yibo lo dijo con tal seguridad que… —fue interrumpida.

—Que deberías cuidar tu cintura cuando lo vuelvas a ver —continuó el otro.

Xiao Zhan fue hacia su amigo y le dio una "amistosa" patada.

—Ya, dejemos el tema en paz —pidió la víctima.

—Entonces… ¿se van a ver en tu cumpleaños? —inquirió ella, buscando la manera de cambiar un poco el tema.

—Sí —una hermosa sonrisa se instaló en su rostro y le enseñó la foto que Yibo le había mandado.

—¡¿Van a celebrar tu cumpleaños en Aspen?! —se emocionó Li Qin—. Que romántico.

Xiao Zhan asintió sin borrar la sonrisa tonta de su rostro, incluso aprovechó para presumir el regalo de su esposo a sus amigos del set, estos de inmediato comenzaron a molestarlo diciéndole que seguía siendo un tonto enamorado a pesar de los años de relación que llevaba con su esposo.

—Creo que en parte se debe a que al fin somos libres de expresar lo que sentimos en público. Ahora que ya no tenemos que ocultarnos es casi como si viviéramos por segunda vez los inicios de nuestra relación, y eso es emocionante —admitió con una enorme sinceridad—. Es grato poder hablar de esto con ustedes.

—¿Aunque te hagamos malas bromas?

Xiao Zhan rio y asintió.

—Aunque me hagan malas bromas.

—Es grato verte tan feliz —dijo de pronto Li Qin, quien ya lo conocía incluso antes que Yibo. Habían compartido pantalla más veces de las que podía recordar.

—Soy muy feliz —admitió.

—Y un cursi enamorado —añadió su compañero.

—Lo sé, lo admito —se encogió de hombros y miró a su querida amiga con un sentimiento cálido invadiéndolo.

Xiao Zhan nunca se lo había dicho a nadie, ni siquiera a Yibo, pero la verdad era que además de Xuan Lu, Li Qin era la única amiga que se había ganado por completo su corazón. La quería, y la quería demasiado. Tanto así que cuando empezaron a inventar rumores sobre una supuesta relación amorosa entre ambos, decidió poner distancia para evitarle algún problema. Se alejó a pesar de que le dolió en el alma hacerlo.

Ella pareció entenderlo y jamás le reclamó su distanciamiento, al contrario, su amistad era tan fuerte que cada vez que se veían lograban charlar como si fuesen amigos de la infancia, como si no hubiesen pasado años entre cada encuentro.

No había duda de que el cariño era recíproco y sincero.

Y ahora que compartían pantalla una vez más, no desaprovecharon la oportunidad para ponerse al tanto de lo ocurrido en sus vidas.

Xiao Zhan mentiría si dijera que la compañía de su gran amiga no le había ayudado a sobrellevar la distancia con Yibo, porque vaya que ayudó. Después de que los reflectores se apagaban al terminar un largo día de trabajo, ambos se iban al restaurante del hotel a tomar un taza de chocolate caliente, a veces té, a veces café, y una que otra vez un poco de whisky para entrar en calor luego de un cansado y frío día de filmación.

La charla era interminable, cada noche tenían más y más de qué hablar.

Y en una de esas charlas, Li Qin aprovechó para tocar un tema que le venía rondando la cabeza.

—Zhan Zhan —hizo su vaso con whisky a un lado. El aludido alzó ambas cejas al ver que se tornaba seria—. Yo… quería disculparme contigo.

—¿Disculparte? —sonrió con desconcierto—. ¿Por qué habrías de hacerlo?

—Por no haberte apoyado públicamente cuando todo el mundo se puso en tu contra.

—Oh… eso—se le revolvió el estómago solo con recordar esa época oscura—. No tienes por qué disculparte. Al contrario, me alegra que no te hayas involucrado, hubiese sido riesgoso.

Ella negó con la cabeza.

—Debí hacer algo, al menos buscarte para saber si estabas bien.

Xiao Zhan tomó su mano por encima de la mesa.

—Li Qin, hablo en serio, que bueno que no lo hiciste. Por un tiempo estuve bajo estricta vigilancia. Revisaban mis mensajes, llamadas, todo. De haberte comunicado conmigo habrían empezado a levantar falsos rumores como los que siempre nos levantaron al vernos juntos.

Ella rio un poco por eso.

—Tienes razón —suspiró y correspondió el apretón de manos—. Aun así, lamento mucho todo lo que sucedió.

—Ya está superado —sonrió.

—Puedo notar que eres realmente muy feliz, y eso me hace pensar que todo valió la pena.

—Lo valió por completo. Cuando los problemas empezaron yo suplicaba que mis sentimientos y los de Yibo fuesen solo un capricho, solo así podríamos superarlo tarde o temprano.

—Pero el tiempo pasó y el amor no se desvaneció.

—Ni siquiera disminuyó.

Ella suspiró con un brillo especial en sus ojos. Anhelaba encontrar un amor así de fuerte. Había conocido a Xiao Zhan antes de que Yibo llegase a su vida, y siempre le pareció un chico muy genuino, amable, divertido y tremendamente guapo. Y aunque a veces era algo ingenuo en la industria del entretenimiento, era un joven muy noble, así se ganó el corazón de todos los que lo rodeaban.

Pero cuando Yibo llegó a la vida de Xiao Zhan… cielos. Li Qin era testigo del cambio que hubo en su amigo. Xiao Zhan de pronto era más seguro de sí mismo cuando se trataba de los negocios en la industria, de pronto era más atrevido y audaz. En especial cuando estaba junto a ese tal Wang Yibo, era ahí cuando sus ojos adquirían un brillo especial, su sonrisa era singularmente más ancha, y su atención se enfocaba solo en ese chico seis años menor. Li Qin notó que incluso se volvía torpe estando cerca de Yibo, tal parecía que a veces lo ponía nervioso. Notó todo eso al ver sus interacciones en eventos, entrevistas, galas y grabaciones detrás de cámara que se filtraban en la red.

Para ella, Xiao Zhan siempre había sido un ser de luz; pero cuando estaba junto a Wang Yibo, se convertía en un ser resplandeciente en todos los sentidos. Podría jurar que hasta se veía más joven.

Lo más hermoso de todo ese asunto, era el hecho de que él ocasionaba el miso efecto en Yibo. Era una extraña relación simbiótica desde que esos dos cruzaron sus caminos.

—Tengo tantas cosas por contarte —admitió Xiao Zhan en unas de sus primeras noches de escape como amigos.

—Nos sobra tiempo, estaremos en esta ciudad por semanas —rio—. Primero cuéntame: ¿quién le pidió matrimonio a quién?

Zhan Zhan se echó a reír.

—Es una larga y divertida historia.

—Te escucho —bebió de su vaso y se dispuso a escuchar anécdota tras anécdota.

Li Qin en verdad disfrutaba escucharlo hablar. Siempre lo quiso y lo admiró tanto que, ahora que lo tenía enfrente y veía lo enamorado que estaba, le llenaba de dicha. No podía evitar quedársele mirando de manera soñadora, y es que era tan distinto al Zhan Zhan de hace ocho años. Ahora era tan maduro, tan realizado y estable.

Le encantaba.

Se sentía extraño volver a casa luego de semanas y saber que su esposo no estaba ahí. Definitivamente ese dúplex no era lo mismo sin Xiao Zhan.

Feliz por estar de vuelta, pero con un ligero vacío por la ausencia de su esposo, Wang Yibo puso manos a la obra para preparar una de las sorpresas de su amado. La verdad era que no tenía idea de cómo superar los obsequios que Zhan Zhan le había dado en su cumpleaños, pero sí estaba seguro de que al menos una de sus sorpresas lograría conmoverlo.

Abrió el gran paquete que lo esperaba en la sala desde hace semanas y comenzó. No esperó que en plena mañana Xiao Zhan lo llamara por Face Time, menos esperó que él mismo reaccionara de una manera estúpida aceptando la video llamada sin antes esconder todo lo que estaba haciendo en la sala de su hogar.

—¡Hola! Veo que al fin estás en casa, ¿cómo se siente volver?

—Bien —literalmente corrió a sentarse en el comedor. Eso levantó sospechas en Xiao Zhan.

—¿Qué haces? —alzó una ceja.

—Nada.

—Yibo, eres demasiado obvio cuando ocultas algo.

El aludido suspiró y soltó una risa nerviosa.

—Deja de preguntar.

—Te extraño mucho —cambió de tema, sabía que no conseguiría sacarle información—. ¿Y si me voy ya a casa?

—No seas irresponsable. Además, nos veremos en unos días.

—Tienes razón. ¿Cuándo vuelas a Aspen?

—Un día antes que tú.

—¿Por qué no te fuiste desde hoy?

—Porque no quiero estar solo en Aspen.

—Entiendo.

—¿Y si tomo un vuelo hacia ti?

Los ojos de Xiao Zhan se iluminaron.

—Y de aquí nos vamos a Aspen. Sí, ¡sí!

Yibo se retractó al instante, si hacía eso no podría preparar las sorpresas que le tenía.

—No, no se puede. Ya no podemos hacer cambios en el vuelo.

Xiao Zhan hizo un puchero demasiado tierno. Eso solo demostraba lo mucho que en verdad lo extrañaba.

—El tiempo se va muy lento.

—Lo sé, pero podemos hacer algo para que la espera sea más llevadera.

—¿Qué cosa?

—Quítate la ropa —pidió con una sonrisa ladina y traviesa luego de asegurarse de que su esposo traía puestos sus audífonos.

—Idiota —rio y miró disimuladamente a su alrededor, no estaba solo.

—Anda, solo un par de prendas.

—A menos que quieras que lo haga en público —carraspeó, girando su cámara y demostrándole que estaba rodeado de gente.

—No creo que les moleste, es más, les harías un favor.

—Wang Yibo… —contuvo sus ganas de gritarle y reír por sus locas ideas.

—No bromeo —rio.

—Ya cállate y mejor dime por qué hay herramienta detrás de ti.

Yibo ajusto el ángulo de la cámara con prisa.

—Alucinas.

El mayor soltó un suspiro, sí, sabía que no le sacaría información.

Cuando el día tan esperado por ambos llegó, el tiempo comenzó a correr de manera muy rápida. Xiao Zhan preparaba sus maletas, no tenía sueño y no creía poder dormir a pesar de que faltaban minutos para la media noche, para su cumpleaños.

Supo que era media noche cuando recibió la llamada que más esperó durante el día. Contestó sin siquiera ver el nombre en la pantalla, una enorme sonrisa estaba ya plasmada en su expresión.

—¡Feliz Cumpleaños! —gritó e hizo tanto escándalo que seguramente los del cuarto de al lado de Xiao Zhan se habían despertado. Pero eso poco les importaba a los dos. El cumpleañero estaba radiante de felicidad, y es que… Esa voz, esa hermosa voz gritándole feliz cumpleaños y cantando una tonta canción era todo lo que necesitaba en la vida.

Xiao Zhan cerró los ojos y su sonrisa se ensanchó. Era afortunado.

Cuando su amado terminó de hacer su adorable escándalo, guardó la compostura y suspiró.

—Quisiera estar ahí para cantártelo en persona.

—Lo harás en unas horas, y me bailarás.

Yibo rio.

—¿Bailarte?

—Báilame "Pick me, pick me".

—¿Por qué siempre esa canción?

—Es que te ves adorable. ¿La bailarías para mí?

—Haré lo que tú quieras, es tu cumpleaños.

—¿Hablas en serio?

—Por completo.

—Oh… ¿Me bailarías algunas canciones de las que me bailaste en nuestra boda?

—Las que desees —sonrió lleno de orgullo al saber que su amado en verdad era fan de su baile.

—OH… ya necesito llegar a Aspen.

—Antes que nada necesitas dormir un poco, puedo notar en tu voz que no estabas dormido.

—Terminaba de empacar.

—Entonces ve ya a dormir, tu vuelo sale muy temprano en la mañana y tienes que estar al menos tres horas antes de abordar.

—No puedo, estoy muy emocionado.

Y cómo no iba a estarlo. Tenía tanto tiempo de no visitar Aspen en modo vacacional. Era su lugar especial, su rincón favorito en el mundo. Aspen le traía paz y buenos recuerdos.

Esa noche Xiao Zhan no pudo dormir. La emoción por ver de nuevo a su esposo era tanta que se mantuvo despierto casi toda la madrugada.

Y fue casi como si la historia se repitiera. Cada uno había llegado a Aspen por su cuenta, primero Yibo, luego él. Y tal como hace tantos años, Wang Yibo fue a recogerlo al aeropuerto, con la gran diferencia de que ya tenían fans por todo el mundo y justo en ese momento los grababan y fotografiaban sin ningún recato.

Pero eso no impidió el anhelado y romántico reencuentro en el aeropuerto.

A diferencia de la vez pasada, Xiao Zhan no se dejó caer encima de Yibo, era consciente del peso y la masa muscular que había adquirido, además, ya no era tan joven como para dejarse llevar por ese tonto impulso.

Sin embargo, Wang Yibo lo esperaba con los brazos abiertos deseando que realmente se lanzara a ellos.

Mandó toda racionalidad al carajo. Dio largas zancadas que se detuvieron a tiempo para evitar una colisión aparatosa entre sus cuerpos. Se estampó contra Wang Yibo y este lo apretó entre sus brazos, enterró su rostro en el cuello de Xiao Zhan y respiró su tranquilizador aroma.

—Bienvenido, Zhan Ge —suspiró sin soltar el abrazo. Sintió cómo una adorable risa rebotó contra su cuello.

—Al fin —murmuró sin querer soltarlo, estaba tan cómodo ahí, en medio del aeropuerto, gente yendo y viniendo a su alrededor, y ellos dos ahí… detenidos en el tiempo, perdidos en la delicia que era el tenerse en los brazos del otro, de sentir su calor, su familiar aroma.

—Al fin —repitió antes de terminar el abrazo solo para tomar las mejillas de su esposo. Las acarició con sus pulgares mientras miraba cada centímetro de su rostro con devoción para finalmente quitarle los anteojos y unir sus labios en tan anhelado beso.

De las personas que los miraban, no había ni una que no estuviera enternecida o que pensara que estaban observando una escena de película. Pero ninguno de los dos era consciente de ello en ese momento. Solo podían concentrarse en el reencuentro de sus almas, regocijantes al estar de nuevo cerca.

Al terminar la caricia se unieron en un nuevo abrazo, ahora fue Yibo quien se dejó rodear, permitiendo que Xiao Zhan colara sus brazos por dentro del abrigo para apretarlo más contra su cuerpo.

Era tan cálido, tan agradable a los sentidos, tan… fornido.

—No nos separemos de nuevo por tanto tiempo —suplicó el menor.

—Yo tampoco lo soportaría —admitió, separándose del abrazo y llevándose la sorpresa de que en la banca junto a ellos Yibo tenía un ramo de flores sutil y hermoso esperando por ser entregado.

—Feliz cumpleaños —le dijo con un tono lleno de amor y una expresión que demostraba lo locamente enamorado que estaba. Le entregó el ramo de rosas de color palo de rosa acompañado de un hermoso follaje, pero lo que más llamó la atención de Xiao Zhan fueron unas florecillas azules que destacaban por su encanto. Él conocía muy bien esas flores y su significado.

Eran flores "No me olvides".

El ramo destacaba por su sencillez y buen gusto. A Xiao Zhan simplemente le encantó.

—Me hubiese gustado encontrar algo más lindo, pero en esta época del año es difícil conseguir flores en esta parte del país —se disculpó.

—Pero es hermoso.

—Yo lo armé —admitió con algo de vergüenza—. No me gustaba ninguno del aparador, así que me dejaron elegirlo yo mismo.

—Con mayor razón, me encanta —lo tomó con cariño entre sus manos y besó a Yibo en la mejilla—. Gracias —susurró en un tono dulce antes de rodearlo con un brazo por la cintura para empezar a caminar rumbo a la banda eléctrica en donde le entregarían sus maletas.

Con la emoción del reencuentro y sus corazones felices, se dirigieron a su cabaña sin ningún inconveniente.

Durante todo el camino Xiao Zhan notó extraño a su esposo, parecía nervioso, en especial cuando llegaron a la puerta principal de la cabaña.

Decidió no molestarlo y mejor observó cómo buscaba torpemente las llaves en sus bolsillos, adorable. Mientras tanto, admiró el paisaje a su alrededor, había un ligero manto blanco sobre los pinos y cada superficie que tenía a la vista. Era simplemente hermoso.

—Adelante, por favor —pidió Yibo luego de lograr abrir la puerta. En su rostro permanecía esa sonrisa nerviosa y traviesa.

Y así, con su ramo de flores en un brazo y una maleta al hombro, Xiao Zhan entró a la cabaña solo para ser envuelto por una cálida atmósfera. Olía a que habían horneado algo, hacía un agradable calor que contrastaba con el clima gélido de afuera, sin mencionar que una playlist se reproducía en el equipo de sonido inundando el ambiente de una agradable sensación de confort.

Ahí estaba: su rincón favorito en el mundo. Lo único que le faltaba era su hija gatuna, pero sabía que estaba cómoda y segura en casa de los abuelos.

Inhaló y exhaló con una enorme sonrisa.

—Estás muy feliz —dijo Yibo entre risas.

—Más de lo que te imaginas —colocó el ramo sobre la mesita del recibidor, dejó caer su maleta al piso y tomó a Yibo de la cintura para atraerlo a un inesperado beso.

El menor suspiró de placer, rodeándole la nuca con ambas manos y dejando que tomara el control. Xiao Zhan se separó de él, tomó su mandíbula desde abajo con una sola mano y le apretó ambas mejillas en un gesto demasiado tierno. Y es que Yibo le causaba tanta… ¿ansiedad? No sabía cómo describirlo, pero cada vez que veía esas mejillas se moría por apretarlas, morderlas y nunca soltarlas.

Al apretarle el rostro de esa forma sus lindos labios sobresalían en una mueca muy graciosa. No perdió la oportunidad de robarle uno y otro, y otro beso corto hasta que Yibo se desesperó y se lo quitó de encima.

—Te dejo hacer esto solo porque es tu cumpleaños —se quejó, acariciando donde Xiao Zhan le había apretado con fuerza.

—No seas exagerado, no fui tan brusco —se quitó el abrigo y lo dejó en el perchero del recibidor—. Además… —giró solo su rostro hacia Yibo y lo miró de pies a cabeza—…siempre hago lo que quiero, no solo en mi cumpleaños —arrastró media sonrisa socarrona, digna de un villano de película.

Wang Yibo no supo explicar si fue el tono de voz que usó, la mirada que le dirigió, su sonrisa, o el hecho de que olía endemoniadamente bien lo que le hizo temblar las rodillas como gelatina.

Tragó en seco.

—¿Qué sucede?

Yibo volvió en sí cuando percibió el nuevo perfume de su esposo tan cerca. Sintió sus manos ceñírsele de nuevo en la cintura antes de recibir otro apretón en sus mejillas.

—Nada —devolvió la sonrisa dulce que ahora le dirigía—. Estoy feliz de que estés aquí.

—Yo también —le estiró ambas mejillas sin piedad. Ahora sí, Yibo le asestó un golpe.

—¡¿Puedes ya dejarme en paz?! —estaba enojado y riendo al mismo tiempo.

—No —lo atrapó con fuerza y mordió su mejilla izquierda.

—¿Tienes hambre?

Esa pregunta bastó para que Xiao Zhan enfocara su atención en otra cosa.

—Demasiada.

—Que bueno, porque hice el desayuno.

Se adentraron más en la cabaña y fue hasta ese momento en el que Xiao Zhan fue consciente de la decoración que había en el comedor: globos coloridos, serpentinas y un bonito colgante que decía "Happy Birthday!".

Su rostro se iluminó cual niño pequeño en su fiesta de cumpleaños.

—¡¿Qué es todo esto?!

—¿Muy cursi? —inquirió con temor de recibir una respuesta afirmativa.

—No, me encanta —lo apretó de nuevo entre sus brazos—. Gracias —murmuró con cariño.

Sabiendo que se moría de hambre, Yibo lo arrastró a la mesa antes de servirse unos deliciosos Waffles con frutos rojos, y mantequilla encima. Él mismo los había hecho. Tuvo que practicar para que se vieran y supieran suculentos.

El rostro de Xiao Zhan se iluminaba ante cada detalle. Tomó su teléfono y fotografió ese desayuno tan especial. No lo pensó dos veces antes de compartir la foto en sus redes con la frase: "Mi esposo me consciente en mi cumpleaños". No fue necesario decir más, eso bastó para que las redes estallaran, con un simple plato de Waffles.

Pero la emoción de Xiao Zhan se desató cuando Yibo le entregó su regalo de cumpleaños. Rompió la envoltura con rapidez y casi se fue de espaldas al reconocer lo que tenía entre sus manos.

Esa cámara… ¡Esa cámara era la que había estado buscando por años!

—¿Cómo… supiste que la quería? No recuerdo haberla mencionado.

—Lo hiciste hace algunos años, lo recuerdo bien. Desde entonces la busqué por todas partes y no fue sino hasta que me topé con una subasta en internet que pude conseguirla.

—¡¿Subasta?!

—Quedan pocas a la venta en todo el mundo, y se cree que no las volverán a fabricar —se encogió de hombros—. Era ahora o nunca.

—¿Cuánto te costó esto, Wang Yibo?

El aludido rio.

—No te voy a decir, obviamente. Además, tenía que superar o al menos igualar los regalos que me diste.

—Wow… —seguía maravillado y luego de procesar la información, rio.

—¡Ábrela y úsala! Quiero ver si es cierto que tiene tan buena calidad.

Con un brillo especial en sus ojos, Xiao Zhan la sacó de su empaque y casi lloró de felicidad al tener ese sueño entre sus manos. Y es que no solo eso lo hacía feliz, sino el hecho de que Yibo recordara con detalle el modelo exacto. ¡Habían pasado muchos años desde que la mencionó!

La cámara era preciosa, estéticamente parecía un modelo muy retro, pero tenía la más alta tecnología dentro de ella. Era como un choque de eras en una sola cámara. Xiao Zhan estaba fascinado.

—Ven aquí —jaló a Yibo a su lado para tomar la primera fotografía y que esta fuese de los dos.

—Wow —se asombró al ver la excelente calidad en la imagen.

Xiao Zhan no podía estar más feliz y agradecido. Estrenó su cámara tomando fotos de la decoración que puso Yibo, de Yibo, del paisaje por la ventana, de su esposo, del cielo despejado que brillaba afuera, y más de su esposo.

Y finalmente del pastel que Wang Yibo sacó de la cocina, pastel que fue horneado por sus propias manos.

—¿Tú hiciste esto?

No podía creerlo, era hermoso. Un pastel sencillo, pero con una pinta tremendamente deliciosa. Era uno de sus favoritos: de fresas con crema, con muchísimas fresas encima. No se parecía en nada al primer pastel que le regaló hace muchos años cuando estaban separados.

—Feliz cumpleaños —sonrió de oreja a oreja al ver la sincera emoción en su esposo al recibir sus sorpresas.

El mayor no lo pensó dos veces antes de probar el merengue con un dedo.

¡Vaya que estaba rico!

—Quiero una rebanada —sentenció, quitándole el pastel de las manos y llevándolo a la mesa para tomarle fotos antes de ir en busca de un utensilio para cortarlo.

—Pero acabamos de desayunar Waffles —lo siguió con la mirada, divertido.

—¿Y? —rio.

—Bien, bien. Pero espera un poco, antes tenemos que hacer esto —sacó un par de velas para el pastel y las colocó en este—. Quise comprar el número correspondiente de velas, pero resulta que la tienda no tenía taaaantaaas.

Xiao Zhan le dio un zape nada doloroso.

—Que infantil —se quejó el mayor.

—Que señor —respondió entre risas. Ya no le afectaba que le dijera ese tipo de cosas porque él mismo estaba consciente de que para nada era ya un "jovencito", y eso le agradaba—. Colócate ahí junto al pastel y dame esa cámara.

Yibo encendió las velas que comenzaron a soltar pequeñas chispas, inmediatamente le tomó un corto video y varias fotos con la nueva adquisición.

—Pide un deseo —le dijo sin dejar de capturar imágenes.

—No tengo nada más que pedir, lo tengo todo —admitió sinceramente, mirándolo con un sentimiento que quedó plasmado para siempre en las fotografías que seguía tomando.

Era curioso cómo algunos momentos precisos de la vida se quedaban grabados con fuego en la memoria. Y justo ahora ese era un recuerdo que brillaría en las memorias de Yibo hasta el último de sus días.

Cuando apagó las velas del pastel, Yibo dejó la cámara sobre la mesa y fue directo a abrazarlo y besarlo con un sentimiento brotando desde lo más profundo de su ser, y Xiao Zhan lo percibió cuando fue consciente de la manera en que tomaba su rostro para besarlo. No había pasión sexual en esa caricia, era distinta, sus almas se estaban reconociendo en ese beso.

—Te amo —murmuró Yibo pegando su frente a la de él, sin soltarle el rostro. Abrió los ojos cuando su esposo comenzó a llenar su rostro y cuello con decenas de besos muy cálidos y cariñosos. Le hacía cosquillas.

—Te amo —suspiró lleno de satisfacción al estar al fin en su lugar seguro, entre sus brazos. Recostó su cabeza sobre el hombro de Yibo y se meció suavemente. Era tan relajante para ambos. El menor podía sentir el cálido aliento de su esposo rebotando en la piel de su cuello.

—¿Qué te parece si vamos a la habitación? —sugirió Yibo con un tono dulce mientras le acariciaba la espalda.

Xiao Zhan abandonó su cómoda posición y lo miró a los ojos en busca de una doble intención en sus palabras, pero no la halló. Al contrario, Yibo le acarició una mejilla con el dorso de sus dedos y le dedicó una mirada tan tierna que el corazón de Xiao Zhan se derritó.

—No estoy sugiriendo tener sexo. ¿Lo tendremos? Sí, pero sé que necesitas descansar primero.

El corazón del mayor se llenó de dicha. ¿Qué había hecho para merecer a alguien como él? Soltó un suspiro lleno de alivio.

—No sabes cuánto te amo —lo tomó de los hombros con ambas manos, iba a besarlo, pero se quedó a medio camino cuando escuchó lo que terminó diciendo.

—Sería muy cruel de mi parte no darte un respiro antes de tome durante el resto de los días que estaremos aquí.

No supo por qué, pero escuchar a Yibo diciéndole eso sin ninguna inhibición, le causó un fuerte bochorno.

No, sí sabía la razón. Llevaban mucho tiempo en abstinencia, ambos necesitaban un desahogo con urgencia. Así que la idea no le pareció nada mal, pero sintió cómo su corazón se aceleró de solo imaginar lo que Yibo le haría.

—No puede ser, Zhan Ge, te sonrojaste como si nunca te hubiera dicho algo así. Que adorable —le pellizcó una mejilla.

—Cállate —se soltó del pellizco.

—Ni siquiera parece que estás muy cerca de los cuarenta.

—¡No es cierto! —se ofendió.

Yibo solo alzó una ceja, divertido.

—Bien, sí, ya estoy más cerca de los cuarenta que de los treinta, ¿y?

—Y eso me encanta —lo atrapó por la cintura y miró su rostro de cerca. Deslizó sus dedos por esas hermosas hebras oscuras y suaves que eran su cabello, más largo de lo que podía recordar—. Sabes que me gustan mayores, ¿o acaso ya lo olvidaste? Bueno, en realidad… solo me gusta un mayor —rio de su propio chiste tonto.

Xiao Zhan tragó en seco, por alguna razón seguía sonrojado y nervioso, su corazón no se calmaba. ¿Sería porque Yibo se encontraba tremendamente sexy? Jamás lo había visto tan maduro físicamente, tan fuerte, masculino, y con esa loción que lo volvía loco. Mentiría si dijera que no se moría por arrancarle la ropa y ver qué había debajo, pero se contuvo porque en realidad su energía estaba por los suelos. Ya no tenía veintiséis años como para aguantar la misma rutina de antes.

—Entonces… —acarició los costados de Xiao Zhan con cariño íntimo—…¿tomamos una siesta juntos? Hay un nuevo edredón afelpado en nuestra habitación, sé que lo amarás y… ¿qué? —inquirió al notar que lo miraba como un tonto enamorado.

—Te amo —lo besó en los labios antes de tomarlo de la mano e ir directo a su habitación.

En efecto, amó el edredón, pero lo que fascinó más sus sentidos fue aceptar el masaje en la espalda que Yibo se ofreció a darle. Sintió una satisfacción enorme al recibir tal empatía por parte de su esposo.

Xiao Zhan no tardó en caer rendido, mientras tanto, Yibo lo observó dormir hasta que él también sucumbió a la comodidad de estar junto al amor de su vida en la misma cama, abrazados y envueltos en lo que parecía una nube suave y esponjosa.

Eso era el paraíso.

Horas más tarde Yibo fue el primero en despertar, llenándose de dicha al percatarse dónde y con quién estaba.

Soltando un enorme suspiro de satisfacción, se aferró más a Xiao Zhan, casi como si fuera su almohada. Lo hizo hasta que este soltó un pequeño quejido en protesta, sin embargo, no despertó.

Le dejó su espacio personal libre por unos momentos, solo para verlo desde un panorama más lejano y admirar la escena completa.

Que afortunado era.

No contuvo su emoción y le acarició el rostro con mucho amor.

Para su sorpresa, lo que finalmente le hizo abrir los ojos fue sentirlo lejos. Lo supo al ver que estiraba su brazo en búsqueda de su tibio cuerpo.

—Aquí estoy —susurró cerca de su oído, volviendo a él.

Xiao Zhan permaneció aferrado a su esposo por unos momentos en los que iba despertando poco a poco.

—Buenos días —saludó el menor con una linda sonrisa. Ese tono ronco le puso la piel de gallina a Xiao Zhan, hasta que fue consciente de lo que dijo.

—¿¡Ya es otro día!? —se incorporó con espanto.

—No —rio y lo jaló del hombro para volverlo a recostar—. Todavía es tu cumpleaños —besó su frente—. ¿Cómo te sientes?

El mayor se estiró con pereza antes de abrazar a Yibo como koala.

—Muy bien —bostezó—. Dormí mejor que nunca.

La verdad era que los dos al fin habían descansado como hace mucho no lo hacían.

—Zhan Zhan.

—¿Mnh?

—Tengo que ir abajo un momento.

El aludido abrió solo un ojo.

—¿Ya te dio hambre?

Yibo rio.

—No, no es eso. Te tengo una sorpresa, pero necesito que me prometas que no bajarás.

—Mmm…

—Promételo.

—Bien, bien —bostezó de nuevo—. ¿Al menos puedo ir al baño?

—Sí, pero no al de la planta baja.

—Está bien.

—Lo prometiste, no hagas trampa.

—Ok —canturreó, aún adormilado y feliz cuando sintió un beso en la frente.

Continuará…

¡Hola, pastelitos!

Esto se ha ido retrasando bastante, pero les tengo algunas pequeñas sorpresas, espero que les haga sentir que valió la pena la espera. No tengo mucho qué decir, y tampoco les voy a dar excusas, simplemente no he podido escribir como me gustaría. Pero aquí les traigo mi humilde trabajo, es poco, pero es trabajo honesto jaja

¿Qué creen que se venga en el próximo capítulo?

Debo advertir que vendrán algunas complicaciones, pero se compensará más adelante. No se preocupen, nadie morirá, solo sufrirán un poquitín.

¡Las quiero! Gracias por su paciencia.

29/11/2023

6:00 p.m.