Los personajes no me pertenecen.
El dolor me había consumido por semanas antes de llegar a sus brazos.
Cuando encontré la mansión en medio del bosque, el imponente edificio que se veía tan fuera de lugar, prístino, inmaculado y a la vez como si siempre hubiera pertenecido ahí, como si ni un solo árbol, arbusto o insecto hubiera sido molestado mientras ese edicifio salía de la tierra como otro ente vivo del bosque.
Me dio pena recargarme en sus pilares o siquiera subir al amplio porche. Así me senté en una de las escaleras que lo separaban de la tierra, sintiendo por fin como la energía salía de mi cuerpo, llevándose con ella mis huesos y músculos. Intente levantarme a tocar la puerta, pero nada respondía, veía la entrada de la casa en un túnel que cada vez se alejaba mas de mi.
Supuse que era donde hasta donde iba a llegar, casi hasta él.
Casi tan cerca para pedir ayuda.
Casi tan cerca de ser amada otra vez.
Casi tan cerca de sus protectoras manos y cálidas palabras.
Quizá era mejor así. Él no me vería en este estado. O al menos yo no me daría cuenta si lo hacía. No era mucho mejor antes, pero al menos podía mantenerme en pie.
Ya no sentía mi cuerpo, mejor dicho, ya no reconocía las sensaciones, no sabía dónde empezaba una y terminaba la que seguía inmediatamente después.
Apenas había escapado, cuando reconocí por trazas el pedazo de bosque por donde conducían mis compradores, quienes pensaron que llevar a la chica a medio morir en una camioneta vieja con el vidrio de atrás abierto no sería peligroso, por suerte, apenas vislumbre el sendero de entrada a el camino de la casa de los Cullen, mi cuerpo reacciono por sí solo, saltando de la vieja ventana. Sabia cuáles eran mis posibilidades y si iba a morir, no iba a esperar a hacerlo en las manos de esas personas, al menos podría decir que lo hice luchando.
Era una verdad a medias, una mentira a medias. El auto desacelero por la curva inmediata al sendero de la casa y yo pensé que mi plan original de pedirle ayuda no era tan mala idea.
Al menos, si tenía suerte, tenía la esperanza de verlo una vez más. De oírlo.
Él era tan bueno conmigo, si provocaba su asco con mi imagen actual, no lo haría notar. Me reconfortaría. Estaba segura de eso. Quería que mi último recuerdo fuera el.
No lo había logrado, pero ahora estaba más cerca, lo más cerca que sabía que mi cuerpo iba a soportar buscar.
Podía morir aquí, ahora. Por primera vez en mi vida pelee, no gane, pero logre llegar muy cerca.
El había dicho que me amaba antes, yo le había respondido muy apenas, muy forzada, extremadamente asustada que ese maravilloso hombre se diera cuenta que no había sentido en que me quisiera a mí. Deseaba guardar ese momento en una bola de cristal y poder visitarlo cada vez que necesitara escapar de lo que sucedía a mi alrededor. Pero fui una estúpida con él, me trague las lágrimas que me provocaba su declaración y en su lugar me cerré, admitiendo muy apenas que no era el único que se sentía así. Cuando mi contestación escueta creo la más grande de las sonrisas en su rostro me sentí como una canalla, él estaba lejos de lo yo merecía y una confesión a medias lo había hecho feliz.
Si supiera.
El anhelo que yo sentía, la vergüenza por no estar a la altura, el miedo de perderlo. En algún punto de mi vida deseé conocer lo que conocí con él. Ahora pensaba que quizá hubiese sido mejor no haberlo conocido, no podía saber que era perderlo si en un principio no hubiera llegado a mí, ¿no?
Me consumí sobre la grava mientras esos pensamientos se consumían como cera ante una llama en mi cabeza.
Pensé en manos, frías, duras, tan cuidadosas conmigo, casi incrédulas al tocarme siempre; sus ojos siempre cambiantes, siempre suaves, transparentes, con sus emociones siempre abiertas, como si trata apropósito de dejarme saber lo que sentía. Labios suaves, sonrientes al verme, derramando palabras cálidas, creando corrientes eléctricas sobre mi piel cuando la tocaban.
Sentí como pequeñas criaturas caminaban sobre mi, probablemente esperando lo inevitable. La grava dejar marca en rostro y mi ropa humedecerse con el aire al pasar el tiempo. Sentí mi cara húmeda, no podría distinguir a este punto si la humedad venia de mis ojos o del medio ambiente. Pero no volví a abrirlos, no podía.
Dejé que mi mente vagara en los flotantes recuerdos que había guardado como un tesoro desde que lo conocí. Los pocos recuerdos que tenia de mis padres. Visualice toda mi vida, toda la que Valia la pena ser recordada.
Cuando senti el frio a mi alrededor intensificarse, escuche a lo lejos alguien decir mi nombre, acompañado de un murmullo suave de pies contra la grava.
Después, roces como alas de mariposa sobre mi torso y brazos.
Una sensación de calidez se extendió desde lo más profundo de mi pecho, después de todo, ese deseo iba a poder cumplirlo. Su voz no se apagaba, decía algo repetidamente, cada vez mas angustiado.
-Edward- le dije tratando de alcanzarlo con mi mano, de poder sentirlo.
El seguía murmurando, no sabía que decía, pero de pronto sentí sus manos detrás de mis hombros y cadera y el suelo no estaba más debajo de mi espalda. Mis piernas dolieron al no tener el sostén del piso, pero inmediatamente me rodeo su aroma, aquel que conocía tan bien de nuestras noches robadas. Mi mano alcanzo a tocar algo suave entre él y yo y me aferre a él.
Junte fuerza de todo mi cuerpo para hacerle saber que lo había buscado, sentí sus labios en mi frente mientras me decía algo que seguía sin poder descifrar. Sentí mis ojos húmedos una vez más. Desee poder verlo, desee tener la fuerza.
Como pude, logré hacerlo, apenas una visión borrosa de su precioso rostro, volteaba frenéticamente y hablaba con las figuras a su alrededor, yo solo escuchaba un zumbido.
Su hermoso rostro crispado, le pedí disculpas como pude. A las figuras a su alrededor también. Había tenido lo último que había deseado, pero a el eso le provocaba dolor, no pensé en que eso fuera a ser así, no desee que eso fuera así. Deseaba tenerlo en mi mente mientras fuera posible.
Nos movimos mucho, mi mano que había logrado agarrarse al permaneció ahí. No sabía cuánto tiempo tenía.
De repente todo a mi alrededor cambio y el frio sereno de la tarde se convirtió en un cuarto seco, el siempre gris de las nubes encapotadas se convirtió en luz blanca, esteril, permanente y sin cambios. La graba que antes me había sostenido se convirtió en un colchón que me sostenía firme, según podía, veía a Edward y a otra figura rodearme, moverse frenéticamente a mi alrededor, mientras comenzaban a sonar zumbidos y pitidos, algunos rítmicos, otros no tanto.
El me pedía perdón una y otra vez, no entendía por qué.
La otra figura también lo hizo, cuando por alguna razón pellizco mi brazo, con algo que después hizo que una corriente fría se extendiera desde el sitio donde lo pellizco corriendo por arriba del mismo.
Hizo lo mismo del otro lado.
La otra figura era rápida, dando indicaciones que no entendí, pero que Edward seguía sin cuestionar. Así que confié en el también.
Eventualmente, el dolor se fue.
Eventualmente pude ver casi con claridad otra vez.
Sentía como mi mente iba y venía. Y entre esos momentos él estaba ahí junto a mi.
Le dije la verdad, si esta era mi última con el en esta vida, debía saber que todo lo que le dije era cierto.
Me dijo que me busco, mi pecho dolió ante su tono, tan apretado, como si sintiera que fuera a partirse. le dije que me llevaron, quería que el supiera que no lo había dejado, que quería quedarme con el.
Mas cosas fueran puestas a mi alrededor, una molesta cosa de plástico en mi nariz, que no trate de quitarme porque lo coloco la figura rubia, mientras tomba otros muchos estudios y me acomodaba en posiciones extrañas, que por momentos dolían, pero luego ya no y haciando que me tranquilizara.
Él no se fue. Podía verlo a través de la neblina de mis ojos. Frente a mí, apenas cambiando su posición.
La figura rubia iba y venía, diciendo cosas que a veces captaba, pero en su mayoría no.
Edward se acercaba a mí y me reconfortaba sus palabras y sus caricias eran más de lo que esperé cuando pensé que volver a verlo. Desee no morir. De verdad desee poder agradecer a la vida habérmelo topado en el camino. Pero según veía a los 2 hombres moverse a mi alrededor pensé que quizá era muy tarde para eso.
La figura rubia le dijo algo a Edward que lo hizo quedarse estático, casi envarado según pude apreciar.
Luego de un momento él se acercó a mí. para este punto sentía la cabeza pesada. Pero podía verlo con más claridad.
Acaricio mi rostro, acomodando me cabello y se acercó a mí, podía oler su frio aliento con su cercanía, dulce. Siempre dulce, como sus palabras.
Con sus manos sosteniendo mi rostro, siempre como si tocara un tesoro, acerco sus labios a los míos. Por un segundo pensé en lo horrible que me vería. Empuje ese pensamiento al fondo de mi cabeza. poco quedaba y estaba decida a disfrutar lo ultimo que tuviera.
Fue intenso y menos controlado que lo que jamás había sido, apenas separo mis labios con los suyos, pero lo sentí en cada rincón de mi cuerpo. Eso era lo que quería. Quería que este fuera mi último recuerdo.
Cuando se separó de mí, llevo sus labios en una hilera de besos hasta mi cuello y me susurro claramente:
-Perdóname mi amor. - dijo, para lo que después sentí una fuerte punzada en donde mi cuello se unía con el hombro. Calor, un calor quemante, cada vez más intenso que se extendió desde el punto donde comenzó hasta el resto de mi cuerpo.
Sentía la presión que creaban sus labios cerrados sobre mi piel, ya no se sentían fríos, no se sentían suaves, se sentían ansiosos, apretando la piel donde estaban creando succión.
Sentí la vida que me quedaba fluyendo hacia él.
Apoye mis manos por detrás de su cuello y me relaje contra él.
Podía darle eso, ya quedaba poco de mí, quería que el conservara todo lo que quedaba.
Sentí otra presencia en el cuarto y Edward se detuvo.
Me oyó protestar y comenzó a disculparse, le dije que quería que lo tomara, que era lo último que podría darle, la otra presencia se alejó de nosotros y Edward sacudió la cabeza, no podía ver su rostro con claridad, no sabía que significaban sus gestos, solo sentí que acuno mi cabeza con las manos y sus labios de nuevo en los míos.
Me dijo que me amaba una vez más cuando termino de besarme y yo no pude pensar en una mejor manera de que mi vida terminara.
El extraño ardor que seguía extendiéndose no paro hasta volverse fuego, que venia desde lo más profundo de mis huesos, hasta irradiarse por mi piel.
No entendía de donde venia. Pensaba que después de esas horribles semanas donde me habían castigado por mi aventura con Edward y después me habían vendido casi como chatarra, mi sufrimiento se habría terminado.
Pero después de un rato comenzar a sentirme diferente.
El dolor seguía igual, para este punto, estaba segura de estar en llamas, de adentro para afuera. Pero no era el dolor que conocía, el dolor que me deshacía, el dolor que me rompía. Este ardor me estaba construyendo.
Mi pecho que había dolido en cada respiro después de que me aventaron por las escaleras luego de volver a la casa, cobro solides de nuevo, ardía, sentía como cada inspiración bajaba como fuego, pero sentía como si la inestabilidad de mi respiración se hubiera ido.
Mis huesos se movían, reubicándose entre los que estaban rotos, volviendo a su lugar original. Mi piel se sentía húmeda y paradójicamente probablemente estaba en llamas. Sintiendo hormiguear en casi toda su extensión.
A mi alrededor Edward se movía inquieto, a veces a mi lado, a veces sentado en lo que supuse era un sillon frente donde yo estaba.
Cuando sentía que mi cuerpo estaba burbujeando, como si toda la grasa debajo de mi piel se movia liquida, cambiando de lugar, la voz de la otra figura volvió y le dijo algo a Edward. Movieron algo en mi brazo, tuve deseo de tomar la mano que me movio, de enterar mis dedos en el. De pasar algo del dolor que sentía. Pero me detuve. Ellos habían sido amables.
Algo frio corrió por mi brazo que ellos movieron y de repente el dolor paso de ser un fuego el rojo vivo a un ardor apagado. Incluso me sentí adormilada, mareada. Por momentos sentía como mi mente se desconectaba, como los sonidos se volvían más lejanos incluso.
Edward se acercaba a mí por momentos, sentándose a mi lado en la firme cama, me susurraba palabras de amor, tan dulces como las que siempre me decía cuando pretendía dormir conmigo.
No entendía porque me decía lo que me decía. Me pedía perdón una y mil veces, como si fuera su culpa que yo estuviera muriendo. Recorría mi rostro con sus manos, su frio tacto se sintió como un alivio al abrazador fuego que me consumía y me deje consolar por sus murmullos de una suave melodía en mi oído, mientras seguía diciéndome que no tuviera miedo.
¿No sabía el que yo estaba muriendo?
Un capitulo en medio del ultimo desde la perspectiva de Bella.
A todos los que le han dado una oportunidad a esta historia, les agradezco profundamente, esto se ha vuelto una especie de catarsis para mi y saber que alguien se toma el tiempo de pasar por aqui me anima a seguir.
