La tarde de Shin duró poco, ya que luego de terminar con la cocina se dedicó a darle mantenimiento a su speeder mientras su padre se quejaba de todo en la distancia. Mientras estaba concentrado en el primer mantenimiento de su speeder, fue interrumpido por un golpe mecánico cerca de su padre. Este hablaba con Nam y Alara, que miraba en su dirección de vez en cuando. Tomó un trapo y se acercó a la charla mientras seguía asombrado por la poca ropa que llevaba la Jedi.
"Es probable que esté en la mina hasta la noche." Decía Shintou.
"Al mediodía viene a la taberna." Agregó Nam.
"Si quiere ir ahora probablemente mi muchacho pueda darle un aventón." Dijo Shintou mirando a su hijo. "Está emocionado con su nuevo speeder."
"No sería un problema, acabo de terminar de arreglar la montura y hacerle mantenimiento." Dijo Shin mientras se limpiaba las manos.
"Podría visitar al alcalde… tu madre me invitó a cenar." Dijo Alara mirando a Shin.
"Hace mucho que no tenemos otros invitados que no sean Tresha o mi hermano." Pensó en voz alta Shintou.
"Déjame limpiarme un poco y vamos." Dijo Shin mirando a Nam. "Las partes funcionaron a la perfección."
"Perfecto, justo le estaba diciendo al cabeza dura de tu padre que va a tener que buscar en otro lado partes de ese tipo." Dijo divertido Nam. "Tal vez en la ciudad encuentre algo."
"Ahora que tengo el speeder podría ir a revisar por allá, es solo una hora de viaje…" Dijo Shin al aire.
"Puede ser… de paso puedes visitar la ciudad como siempre quisiste." Dijo Shintou mirando a Alara. "No dejes esperar a la Maestra Jedi." Agregó con seriedad.
"No soy Maestra." Dijo con seriedad Alara. "Con Alara basta." Agregó sonriente.
"Ya voy…" Dijo Shin para marcharse.
Mientras limpiaba sus manos y se sacaba el mameluco, Shin notó que su speeder era un desastre, así que también lo limpió un poco para luego buscar un par de cascos. Con estos en mano se acercó a su speeder que estaba descansando en su nueva montura, apoyó los cascos en el asiento y encendió el speeder con facilidad para que empezara a flotar. La montura se guardó silenciosamente y ya no podía escuchar ninguno de los ruidos o las vibraciones que le molestaban. Lo empujó hacia afuera donde lo esperaba Alara y su padre. Volvió para abrigarse y se subió para revisar el pequeño tablero para enterarse que estaba con la batería completa.
"No vuelvas tarde…" Dijo con seriedad Shintou, ganándose una sonrisa picarona de su hijo.
"No te preocupes." Dijo divertido Shin. "Estás segura de que no vas a tener frío… yo el otro día salí a probarla y casi me congelo." Agregó mirando a Alara mientras se acomodaba el casco.
"Solo necesito la Fuerza." Dijo sonriente mientras se sentaba detrás de él.
"Bueno…" Dijo apenado Shin mientras Alara de aferraba a su cintura. "Hasta luego." Terminó para acelerar su speeder.
El speeder salió disparado con velocidad por el camino y Shin dobló hacia el camino que llevaba a las minas. Como no tenía todavía mucha confianza en sus habilidades solo usó tres cuartos de la velocidad que podía darle su speeder, que sin ser la máxima era muy veloz. Atravesaron la ciudad rápidamente y se encontraron recorriendo un monótono pero bello camino de arboledas cubiertas por nieve. Shin podía sentir las manos de Alara en su abdomen y como ella iba a revisando sus alrededores cuando su casco raspaba su sobretodo. La fuerza del viento y la velocidad del speeder no permitieron ningún tipo de charla entre ellos, pero rápidamente pudieron ver su destino a la distancia. La montaña era gigantesca y estaba blanca por la nieve. Se detuvieron en la entrada de las minas donde el portero los dejó pasar cuando Shin se levantó la visera del casco. Detuvo el speeder en el estacionamiento principal para esperar a que Alara lo soltara.
"Tardamos menos de lo que esperaba." Dijo pensante Alara mientras colgaba el casco en el manubrio del speeder.
"Por suerte reparé esto ayer… con la grúa nos hubiera tomado unas cuantas horas más llegar hasta aquí." Respondió Shin mientras se sacudía la nieve de encima.
"Hace más frío aquí…" Dijo con los ojos cerrados Alara.
Shin estaba fascinado con todo lo que hacía.
"Sí, aquí está el límite habitable del planeta. Más al norte y te recomendaría que lleves un walker o algo más resistente que mi speeder." Aclaró Shin. "Aunque solo vas a encontrar nieve y glaciares."
"Entendido." Dijo Alara mientras lo revisaba. "Gracias por ayudarme."
"No hay problema." Dijo sonriente Shin. "Toda excusa para usar esta preciosura me sirve." Agregó acariciando su speeder.
La sonrisa de Shin le hacía sentir algo extraño, algo que no podía discernir.
"De todas maneras…" Dijo Alara. "Necesitaba decirlo, rara vez recibo este tipo de bienvenida."
"Ah… Honestamente, cualquier cosa que me saque de mi rutina es buena… especialmente si es una hermosa jedi." Dijo sin pensar demasiado Shin. "Yo sé a dónde ir." Agregó para empezar a caminar.
Alara siguió a Shin de cerca y entraron en el complejo de la mina, subieron unas escaleras y llegaron a lo que parecían ser unas cuantas oficinas. Caminaron un pasillo hasta llegar al final para encontrarse con un par de personas que salían de la oficina.
"¡Cen!" Dijo Shin mirando a su tío. "Te presento a Alara Domo-Sareh, Caballera Jedi."
"Mucho gusto…" Dijo sorprendido el hombre. "Shin… ¿Qué haces aquí? Espero que no vengas a aceptar el trabajo que siempre te ofrece Marcus…"
"No, Alara necesita hablar con el alcalde y siempre anda con ustedes por aquí." Dijo Shin mientras intercambiaba una mirada con Marcus.
"Está dentro sí… Pase, por favor. Nosotros la esperamos aquí." Dijo Marcus mirando a Alara.
"Como gusten." Dijo Alara mirando a Marcus. "Enseguida vuelvo." Agregó mientras pasaba a la oficina.
"¿Dónde encontraste a esa chica?" Preguntó divertido Marcus cuando vio la puerta cerrarse.
"Me la crucé en el pueblo." Dijo Shin mientras se apoyaba contra la pared. "Se está quedando en casa."
"Ah… eres rápido eh…" Agregó jocoso Cen. "Deberías tener cuidado con ella, los jedis son… complicados."
Shin no sabía a qué se refería.
"¿En que vinieron?" Preguntó Cen para cambiar de tema.
"En mi speeder." Dijo orgulloso Shin.
"Para eso eres rápido también…" Dijo divertido Cen. "Ahora sí tengo que irme para Touma, nos vemos mañana, Marcus te encargo a mi sobrino." Agregó para marcharse.
"Solo tiene que aceptar el trabajo que le vengo ofreciendo." Dijo divertido Marcus. "¿Has visto a Tresha hoy?" Preguntó mirando a Cen perderse en el pasillo.
"Sí…" Dijo cansado Shin, sabiendo hacía donde iba la charla.

Mientras entraba a la oficina Alara iba recordando las palabras de su maestro, las primeras, describían lo que estaba buscando y las otras, como siempre, eran enigmáticas, iba a encontrarse con una sorpresa y como no le gustaban las sorpresas iba a preguntarle al alcalde que hacían los imperiales en el pueblo. El hombre estaba mirando por la ventana, tenía unos años más que el padre de Shin y su cabello estaba totalmente blanco. Se volteó y clavó sus ojos azules en ella para luego sonreírle apacible.
"Mucho gusto, señorita." Dijo el hombre. "¿En qué puedo servirla?" Agregó mientras la invitaba a sentarse con un gesto. "Mi nombre es Aron Smith-Trigger, alcalde de Bosan."
"Alara Domo-Sareh, Caballera Jedi." Dijo Alara mientras se sentaba. "Encantada."
"Hace tiempo que no tenemos a alguien de su orden en nuestro pueblo." Agregó Aron mientras se sentaba frente a ella. "Espero que no estemos en problemas…"
"Para nada, como sabe la orden ya no representa a la República desde el Tratado de Corellia." Respondió Alara.
"Lo sé, pero como sabe aquí en la República siempre hemos respetado a su orden." Dijo apacible el hombre. "Parece que el Tratado dio en el clavo, ya que la violencia se ha reducido bastante entre el Imperio y la República."
"He de admitir que nos ha tomado por sorpresa la efectividad de la misma." Dijo con seriedad Alara. "Especialmente siendo una sugerencia de la Emperatriz. Los Sith también parecen haber entendido el concepto." Agregó pensante. "¿Ha visto a alguno últimamente?"
"Espero que no esté sugiriendo que los imperiales que nos visitan son Siths…" Dijo el hombre con seriedad. "Pero no, no he visto a nadie de ese… calibre. Como habrá notado comerciamos con todos, hasta hace poco no pertenecíamos a la República."
"Lo sé, no hay quejas de mi parte, siempre y cuando no influya en la paz reinante de la galaxia." Dijo sonriente Alara. "He venido a… investigar una visión de mi maestro." Agregó ahora con seriedad. "Así que necesito a alguien que conozca los alrededores de Bosan."
"Hmm… el único que se me ocurre que tenga tiempo para usted es Shin, no sé si ya lo ha conocido." Pensó en voz alta Aron.
"Sí, me ha traído hasta aquí." Respondió Alara.
"El muchacho conoce todos los rincones del pueblo y sus alrededores." Aclaró Aron.
"La Fuerza me traído al lugar correcto entonces." Dijo Alara mirando a Aron. "Gracias por su tiempo."
"No hay problema, señorita." Dijo el hombre viendo a Alara levantarse. "Que la Fuerza la acompañe…"
Alara sonrió y salió por la puerta para encontrarse con Shin hablando con un hombre.
"Marcus te presento a Alara." Dijo Shin cuando Alara se detuvo junto a él. "Alara este es Marcus, es el padre de la camarera de la taberna."
"Encantada." Dijo Alara mirando al hombre que le sonreía. "Parece que vas a tener que ser mi guía, Shin. El alcalde te recomendó para el trabajo."
"No sé qué estará buscando, pero no tengo problema en ayudarte." Respondió sonriente Shin.
"Este vago debe haber recorrido cada centímetro del pueblo y sus alrededores." Dijo al aire Marcus. "Y ahora, en lugar de aceptar mi propuesta, prefiere ir a pasear con una jedi."
"No te preocupes, Marcus. Probablemente termine aceptando el trabajo cuando mi padre se digne a admitir que necesitamos los créditos." Dijo divertido Shin.
"Nunca entonces…" Dijo ofuscado el hombre. "Los dejo, tengo que hacer unas rondas." Agregó para marcharse.
"Estoy lista." Dijo Alara mientras lo revisaba con la mirada. "Es fácil hablar contigo."
Shin la miró confundido.
"Perdón, estaba pensando en voz alta." Dijo apenada Alara. "Pero… es fácil hablar contigo… no sé por qué."
"Bueno…" Dijo pensante Shin. "Ya no vamos a poder hacer nada más hoy, solo volver a casa."
"Supongo que las noches son peculiares en un planeta como este." Dijo Alara mientras seguía a Shin hacia afuera.
"Se podría decir… por lo que sé una ventisca de las nuestras son una catástrofe en otros planetas." Dijo al aire el muchacho. "Así que por aquí siempre volvemos temprano a nuestros hogares, tan solo para no quedar varados en el medio de la nada."
"Peculiar." Dijo pensante Alara. "Estoy contenta con saborear un poco de esa sopa otra vez."
"Eso nunca es un problema." Respondió sonriente Shin mientras le ofrecía un casco a Alara.

La taberna estaba atestada esa noche, la música apenas podía competir con el bullicio de las personas que hablaban en todas las mesas. Alara tuvo que esperar a que se calmen las cosas para poder cenar, pero mientras esperaba pudo sentarse a meditar un rato. Shin golpeó su puerta y la guio hasta la parte privada de la taberna, donde los Karadin vivían. La sentó en la mesa y la dejó en presencia de Tresha que la miraba con atención mientras Shin obligaba a su madre a sentarse. Entre Shin y su padre pusieron la mesa y sirvieron la comida con prestancia.
"Deberían contarle la historia del Jedi." Dijo Shin mientras se sentaba frente a ella. "Así se la sacan del pecho."
"Puede ser…" Dijo Mara mirando a su hijo. "De todas maneras es más aburrida de lo que parece…"
Alara miró la sopa con cariño.
"En Ord Mantell mi familia tenía un negocio justo como este, pero con un estilo un poco más urbano." Empezaba Mara mirando a su esposo. "En esa época tu padre y yo recién habíamos empezado a vernos, pero como siempre fue un galán se pasaba sus tardes ayudándome en la cocina."
"No sé si la palabra que usaría para describirme sea galán, pero entre estar contigo o trabajar con mi padre, era una elección fácil." Agregó Shintou.
"Después el vago soy yo…" Dijo ofuscado Shin.
"Tienes suerte que yo sea tu padre." Dijo sonriente Shintou. "El mío te hubiera encerrado en el negocio hasta que supieras el orden de todas las cajas del depósito."
"Dejen de interrumpirme…" Dijo falsamente ofendida Mara. "Como decía, yo me pasaba todos los días ahí dentro ayudando a mi madre, hasta que un día algo falló, nunca supimos qué, pero escuché una explosión y de repente empecé a oler el humo." Agregó mirando a Alara. "Ayudé a mi madre a escapar, pero el techo cayó y bloqueó todas las salidas. Después de eso solo recuerdo el calor y el humo."
"Cuando vi el humo a la distancia tomé el speeder de mi padre y volé hacia ella, no dudé un instante en entrar a la taberna, aunque no pude hacer mucho más que encontrarme con ella y abrazarla." Empezó Shintou. "Cuando pensé que iba a morir en sus brazos vi como todos los escombros que nos rodeaban empezaron a levantarse por arte de magia." Agregó mirando a Alara. "De la nada sale un natuolan vestido de túnica marrón para invitarnos a salir de edificio. Sin pensar demasiado salimos afuera para ver como todo se derrumbaba."
"Y sin decir nada se marchó." Agregó Mara mirando a Alara. "Ni su nombre nos dio…"
"Puede que estuviera apurado…" Dijo divertida Alara. "Es nuestro deber ayudar en esos casos."
"No sé, pero como nunca pudimos agradecerle nos prometimos a ayudar a cualquier jedi que nos necesitara." Dijo sonriente Mara.
"¿Eran más comunes antes?" Preguntó con curiosidad Shin.
"No sé, puede ser que nosotros siempre hayamos vivido en lugares remotos." Dijo al aire Shintou.
"No hemos visto muchos jedis antes de venir aquí… unos tres o cuatro…" Pensó en voz alta Mara.
"Somos muchos menos de lo que la gente cree." Dijo Alara luego de acomodar la cuchara en su plato. "Usualmente estamos en donde nos necesitan…" Agregó pensante. "O aquí investigando una visión de mi maestro."
"¿Eso es lo qué estás haciendo?" Preguntó Shin. "¿Investigando una visión?"
"Sí, mi maestro, Syo Vakarian, suele tener visiones con respecto a sus investigaciones." Empezó Alara. "Es un gran estudiante de cultos a la Fuerza y le gustan los misterios como la Orden de los Grises o Los Magos de Kizaa. Entonces es mi deber como su padawan cerciorarme de que sus visiones tengan algún valor para la orden."
"Debe ser interesante poder viajar así…" Dijo al aire Shin.
"Puede ser… a veces simplemente llego a lugar para notar que es un montón de escombros, pero por lo menos he podido pasear en mi nave." Dijo al aire Alara.
"No empieces a pensar en las estrellas, Shin." Dijo divertida Tresha. "¿Quieres venir conmigo al festival?"
"Falta como un mes… no sé qué voy a estar haciendo en tanto tiempo." Respondió pensante Shin. "Y no sé si quiero ir al festival de todas maneras, ya no disfruto de esas cosas como antes."
"Simplemente dices eso porque no has ido conmigo." Dijo sonriente Tresha.
"Si una mujer te invita a pasear no deberías responder así, estúpido." Dijo divertido Shintou.
"Pregúntame en un par de semanas entonces…" Dijo ofuscado Shin mirando a su padre.
"¿Cuánto tiempo te vas a quedar aquí?" Preguntó Mara mirando a Alara.
"Unos días más seguro, no sé cuánto me tome revisar los lugares que se parezcan a lo que mi maestro ha visto." Respondió Alara mirando a Shin. "Supongo que él sabrá con más precisión."
"No he escuchado esta visión todavía, pero no hay tantos lugares cerca de Bosan." Aclaró Shin mirando a la jedi.
"Puedes tomarte un par de días si quieres, yo puedo ocuparme del taller." Opinó Shintou mirando a su hijo.
"Gracias." Dijo divertido Shin. "Ya había asumido eso cuando ofreciste mi ayuda más temprano."
"Tampoco es que vaya a ser tanto tiempo…" Dijo pensante Shintou. "Pero nada de holgazanear."
"No se preocupe, ya estoy ansiosa por volver al templo." Dijo Alara mientras cuchareaba la sopa que tenía enfrente.
"¿Cuál de todos?" Preguntó con curiosidad Shin.
"Yo he sido entrenada en Coruscant, pero me he asentado en el templo de Karastros, cerca de Corellia." Respondió Alara para luego tomar un sorbo de la sopa.
"No tengo ni idea en donde queda eso…" Dijo sonriente Shin.
"Es el cuarto planeta de la estrella Karalira, según mi maestro hace unas décadas encontraron varias ruinas y la orden decidió construir un templo allí. El planeta en sí es de esos que tienen mayormente un ecosistema, jungla y bosques en este caso… y tan solo tiene un continente, pero tiene dos satélites. Lirasta y Romastu." Recitó casi de memoria Alara. "Tengo que decir que me encanta esta sopa."
"Es la especialidad de la casa." Dijo sonriente Mara. "¿Cómo sería el lugar que estás buscando?"
"Una cueva, olvidada pero no perdida, visitada pero no habitada… blanca pero oscura y… hmm… lugar de travesuras." Dijo pensante Alara. "No son lo que yo llamaría claras las visiones de mi maestro."
"No sabría decirte con esa descripción…" Dijo pensante Mara mirando a su esposo.
"Yo tampoco." Agregó con prestancia Shintou. "Vas a tener que pasear con Shin."
"Yo sé exactamente donde es eso…" Dijo divertido Shin. "Pero prefiero que la cueva siga olvidada."
"¿Seguro?" Preguntó entretenida Alara.
"Sí, aunque tengo más de una opción…" Dijo pensante Shin. "Y quiero mostrarte algo que me suena a lo que investiga este tal Syo Vakarian."
"Maestro." Dijo divertida Alara.
"Ese…" Agregó jocoso Shin. "Es un poco lejos eso sí, cerca de Lo-Haran."
"Van a estar ocupados mañana entonces… por suerte escuché que va a haber buen clima." Dijo pensante Shintou.
"Sí, iban a aterrizar un par de naves en la mina según mi padre." Agregó Tresha mirando a Shin. "¿Todavía no aceptaste el trabajo? A mí no me quieren en la mina…"
"A alguien no le agradaría que acepte el trabajo, incluso sabiendo que es de mecánico." Dijo con picardía Shin.
"No me provoques, chico." Dijo divertido Shintou. "No hay tanta diferencia entre lo que te pago yo y lo que ganarías allí…"
"No me han dicho números todavía…" Dijo divertido Shin. "No te preocupes, pero si seguimos así voy a tener que aceptarlo tarde o temprano." Terminó con seriedad.
"Puede ser… pensar que voy a tener que ser mantenido por mi hijo…" Dijo ofuscado Shintou.
"No sería una desgracia." Dijo divertido Shin. "De paso puedes pasar más tiempo con madre."
"Eso me gustaría a mí…" Dijo sonriente Mara.

Shin se despertó temprano, desenchufó su speeder y sacó la basura para luego seguir a su madre por la cocina. Preparó algo para desayunar y fue a despertar a Alara. Su puerta estaba abierta y la encontró sentada en el piso meditando. Un leve brillo azul la rodeaba y por alguna razón lo hacía sentir muy tranquilo, se distrajo fácilmente por esto y se quedó parado ahí hasta que Alara se percató de su presencia.
"¿Shin?" Preguntó la jedi mientras se ponía de pie. "¿Estás bien?"
"Perdón… me… distraje." Dijo pensante el muchacho. "Por alguna razón estaba muy… tranquilo mientras meditabas."
"¿De verdad? No todos pueden sentir o ver la Fuerza…" Dijo pensante Alara.
"Estabas brillando en azul…" Dijo pensante Shin.
"Que peculiar…" Dijo Alara mientras se acercaba al muchacho y se detenía muy cerca de él. "No pareces ser sensitivo a la Fuerza…" Agregó mientras apoyaba su mano en la frente de Shin. "Ni un poco…"
"¿Cómo puedes saber eso?" Preguntó confundido Shin.
"Es fácil, aunque no es mi especialidad… nunca me gustó buscar adeptos." Dijo pensante Alara. "Pero usualmente si compartes un poco de tu Fuerza con alguien más puedes saber que tan… aceptada es. Si solo fluye significa que no eres sensitivo, como es tu caso."
"Ah…" Dijo decepcionado Shin.
"¿Viniste por alguna razón?" Preguntó mientras se miraba as manos.
"Ya está el desayuno… perdón, voy a calentarlo." Dijo con prestancia Shin para marcharse por el pasillo.
Shin calentó todo y esperó a que Alara apareciera en la cocina, llevaba un cinturón de utilidades que contrastaba un poco con su simple túnica. Se sentó frente a él para dedicarle una sonrisa en forma de agradecimiento.
"Gracias…" Dijo mirando lo que tenía enfrente.
"De nada…" Dijo apenado Shin. "Los demás ya se fueron, así que estamos solos. Ya preparé el speeder."
"Entendido, gracias por ayudarme." Dijo sonriente Alara.
Shin no podía olvidar el calor de su mano en la frente.
"De nada." Dijo sonriente el joven.
Alara no sabía que le hacía sentir esa sonrisa.
"¿Qué haces con tu tiempo libre?" Preguntó divertida Alara para tomar un sorbo de lo que parecía ser un delicioso caldo.
"No mucho… estudio mecánica por la HoloNet mientras escucho música…" Dijo pensante Shin.
"Vi esa vieja máquina en el bar…" Dijo Alara mirando al joven. "Parecía tener una gran variedad."
"Todo lo que traiga el convoy…" Dijo entusiasmado Shin. "La reparé yo mismo… me la regaló Nam."
"Ya veo, parece que tienes un don para revivir objetos." Dijo sonriente Alara.
"Eso mismo dice mi padre… aunque el que tiene el don es él… no sé cómo hace para trabajar con esos motores de combustión… todo se congela en este planeta." Dijo al aire Shin. "¿Y tú? ¿Qué haces en tu tiempo libre?"
"Los jedis no tenemos tiempo libre." Dijo divertida Alara. "Pero usualmente entreno o medito."
"Ah…" Dijo pensante Shin.
"Estoy lista, fue un gran desayuno…" Dijo divertida Alara mientras acomodaba su sable doble en su cinturón.
"Las calorías son importantes en un planeta como este." Dijo sonriente Shin.
Ambos salieron afuera y se encontraron con el speeder de Shin listo para partir. Shin sintió otra vez las manos de Alara en su abdomen mientras apretaba el acelerador para salir. Salieron hacia el sur a una gran velocidad y al cabo de un rato estaban atravesando una solitaria ruta rodeada de nieve. Alara podía ver algunas casas en la distancia y parecían que esas eran las famosas granjas de agua. Shin se detuvo en un peculiar lugar que estaba en la cima de una colina. Era una extraña y metálica plazoleta que tenía un pilar en el centro. Shin se sacó el casco y la dejó observar el pilar con atención.
"Esto es…" Dijo la jedi mientras revisaba sus bolsillos.
"No sabemos que es… pero tengo entendido que suelen encontrar monumentos como este por toda la galaxia." Dijo Shin mirando a Alara que estaba sacando un dispositivo de uno de los varios bolsillos de su cinturón.
"Estos pilares pueden tener varias procedencias… mi maestro dice que hubo muchas civilizaciones galácticas antes que la nuestra y esto son recuerdos de ellas… puede ser Kwar o Rakata… Tal vez algo que no conocemos todavía." Aclaró Alara mientras pasaba el dispositivo por unas de las caras del pilar. "Parece ser completamente metal inerte…"
"Pensé que te interesaría." Dijo divertido Shin mientras se acariciaba las manos luego de una brisa helada. "No sé cómo te estás congelando."
"Ya te dije, la Fuerza. Es una técnica bastante útil para lugares como este… también funciona en lugares opuestos como un desierto…"
"¿Desierto?" Preguntó con curiosidad el joven. "¿Esos mares de arena?"
"Exactamente." Dijo divertida Alara mientras guardaba su extraño dispositivo. "A mi maestro le van a gustar estas lecturas, gracias por atraerme hasta aquí."
"No hay problema, además nos quedaba de pasada." Dijo sonriente Shin. "Sigamos."
Ambos volvieron a subirse al speeder para seguir camino hacia el sur, hasta que llegaron a lo que Alara pensaba era una pequeña montaña, pero en realidad era un glaciar. Shin detuvo el speeder bajo un solitario árbol y mientras se sacudía la nieve de encima miraba con curiosidad la cintura de Alara.
"¿Este es el lugar?" Preguntó con curiosidad Alara.
"Sí, ya lo verás. Es dentro del glaciar…" Dijo pensante Shin. "¿De qué color es?" Preguntó un poco apenado.
"¿Mi sable? Verde…" Dijo divertida Alara mientras lo ponía frente a ella con la fuerza.
Shin nunca iba a olvidar la primera vez que escuchó el sonido del lightsaber de Alara, el zumbido le parecía tranquilizador y brillaba en un intenso verde menta, ambos lados brillaban con un potente halo de luz que lo hipnotizaba, lamentablemente su nueva amiga tuvo que desactivarlo.
"Gracias…" Dijo apenado el joven.
"No hay problema…" Dijo divertida Alara. "Te sigo."
Shin empezó a caminar hacia el glaciar, este era muy blanco y a veces se podía ver el azul del agua que reflejaba. Lo rodearon por unos metros hasta que llegaron a una cueva que estaba en una de sus caras laterales. En la entrada había una extraña caja metálica que Shin parecía conocer, este la abrió con el tocar de un botón un camino de luces empezó a iluminar el lugar.
"Bienvenida, esta cueva solía ser un refugio en el camino… pero por lo que sé usualmente se usa para fiestas o escapar de tus padres cuando quieren obligarte a ir a la universidad en Ord Mantell." Dijo divertido Shin. "Usualmente es popular con las parejas por lo que me han dicho mis amigos… vienen con carpas para hacer fiestas." Agregó mientras empezaba a seguir el sendero de luces.
El hielo hacia de pared, techo y piso.
"Este lugar es asombroso… ¿Dices que lo usan para fiestas?" Preguntó con curiosidad Alara.
"Sí, no está tan lejos del pueblo, no puedes molestar a nadie y si hay una ventisca tan solo esperas a que pase." Respondió con prestancia Shin. "Y por lo que sé siempre ha sido así, pero los adultos se olvidan del lugar… o eso me dijo mi tío."
"Ya veo… olvidada pero no perdida." Dijo pensante Alara. "Sigamos."
La cueva tenía varias salas y como Shin le había dicho era bastante grande, Alara sacó su dispositivo para escanear todas las paredes con cautela mientras caminaban hacia el fondo, donde un oscuro pasillo les daba la bienvenida.
"He ido una sola vez ahí dentro… y solo porque me apostaron unos cuantos créditos." Dijo Shin mientras tocaba un botón en su sobretodo para activar una poderosa linterna que había en uno de sus hombros. "Creo que lo que buscas podría estar ahí, no he revisado demasiado, pero es un lugar peligroso…"
"Veo que has venido preparado…" Dijo Alara mientras usaba su sable de linterna, al encender solo una hoja del mismo.
"Sí, me imaginé que iríamos aquí dentro…" Dijo Shin escuchado su eco como respuesta.
"Quédate cerca de mí." Dijo sonriente Alara.
"Por supuesto…" Dijo apenado Shin.
La cueva parecía ser distinta al resto del glaciar, sus paredes chorreaban agua y ambos podían escucharla su eco volver por el pasillo. Caminaron un largo rato hasta que las paredes cambiaron a roca y se encontraron con una extraña compuerta de piedra.
"Parece que hubo un deshielo, porque esto no estaba cuando vine hasta aquí…" Dijo pensante Shin.
"Esto es exactamente lo que estaba buscando…" Dijo sonriente Alara. "Gracias…" Agregó para apoyar su mano en la extraña roca, luego la escaneó con su dispositivo notando el nerviosismo de Shin.
"¿Qué pasa Shin? Estoy aquí para protegerte." Dijo sonriente Alara.
"Estoy sintiendo algo… raro." Dijo pensante Shin.
"No te preocupes." Dijo pensante Alara. "Voy a tener que levantar la roca para ver si es lo que yo creo que es… quédate cerca de mí." Agregó para dar un paso para atrás y cerrar los ojos.
Shin vio como Alara bajó sus manos a la altura de la cintura para que todo empezara a temblar, aunque la roca parecía inmóvil. Shin solo podía mirar para arriba, ya que no podía ver donde empezaba el techo. Alara usó a Fuerza para levanta la gigantesca puerta de piedra. Lentamente empezó a elevarse mientras todo lo demás temblaba. Shin sintió un escalofrío en la espalda e instantáneamente empujó con fuerza a Alara, la Jedi cayó pesadamente al suelo mientras el joven saltaba hacia atrás. Cuando Alara iba a gritarle algo una gigantesca estalactita de hielo cayó en donde solían estar parados, sorprendiendo a ambos.
"Buenos reflejos…" Dijo pensante Alara mientras miraba hacia arriba.
"No sé si la cueva podría sobrevivir otro sacudón de esos…" Dijo pensante el joven.
"No importa, podemos pasar por la abertura que hice." Dijo sonriente Alara. "Sígueme…" Agregó mientras despreocupadamente pasaba por debajo de la roca, que apenas tenía espacio para ella.
Con dificultad, Shin pasó entre la puerta y el suelo, ensuciándose y maldiciendo en silencio. Cuando se levantó pisó algo en el suelo y cayo con la cara cerca de una de las paredes que otra vez eran de hielo. Cuando su linterna alumbró el hielo, Shin vio una extraña silueta en el hielo, sorprendiéndose y parándose rápido por el susto.
"No te preocupes, está muerto hace rato." Dijo divertida Alara. "Humanoide…" Agregó para luego pasar su escáner por el hielo. "Fantástico…"
"¿Qué es esto?" Preguntó extrañado Shin.
"Parece ser un vestíbulo… esa fuente confirma lo que estamos viendo, un templo de los Grises o tal vez de los Kizaa." Dijo pensante Alara. "Ya nos podemos marchar…" Agregó mientras se acercaba a la congelada fuente. "Mi maestro va a querer hacer una excavación apropiada y nos agradecería que no toquemos nada."
"¿Ya está?" Preguntó confundido Shin.
"Sí, ¿Qué esperabas?" Preguntó divertida Alara. "¿Trampas mortales y piedras rodadoras?"
"No sé…" Dijo ofuscado Shin. "Para ser una cueva de una visión es… decepcionante."
"Yo pensé lo mismo la primera vez que investigué una de las visiones de mi maestro." Dijo divertida Alara. "Así que te entiendo. Volvamos." Agregó para ayudarlo a pasar por debajo de la puerta.
Alara pasó con mucha más gracia que él y pronto estaba guiándolo por la cueva como si la hubiera recorrido miles de veces. Shin sonrió al sentir la fría brisa en su cara y poder ver la luz del día. En silencio caminaron hasta el speeder, que estaba exactamente como lo dejaron.
"Gracias por traerme hasta aquí, Shin." Dijo con seriedad Alara.
"No hay problema, puede que no me haya divertido y que la cueva me haya decepcionado, pero me agrada pasar mi tiempo contigo." Dijo sonriente Shin.
"Yo… pienso lo mismo." Dijo apenada Alara.
Shin se subió a su speeder y fue seguido por Alara que se aferró a su cintura. Con un poco más de confianza en sus habilidades de piloto, abusó un poco de la velocidad de su vehículo para llegar rápidamente al pueblo sin ningún sobresalto.