Esto solo queda entre tú y yo...

Cuatro de junio de 1992

Querido Lincoln:

¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué están emocionante hacerlo contigo? ¿Qué tienes tú que no tenga alguien más? ¿Por qué solo te veo de ese modo?

Varias incógnitas rondaban en mi cabeza, no puedo negar que me gusta.

Empezó cuando tú me dejaste entrar a tu cuarto a dormir luego de que me peleara con la duquesa de la oscuridad.

Tú al principio dudaste de dejarme entrar pero al final accediste; enserio que a tu alcoba le hacen falta balones.

¿Qué no hicimos esos días que me quedé ahí? Pues no mucho dirían pero en verdad fue la segunda noche que estaba en tu habitación, me comencé a mover de un lado al otro, tú estabas un poco incomodo por mi forma de dormir.

Me movía tanto que ya estabas por explotar del enojo, hasta que en un movimiento me puse encima tuyo y...mis labios se posaron en los tuyos.

Te quedaste con los ojos muy abiertos, yo desperté y no salía tampoco del trance, no pude negar que se sentía delicioso, nunca he sentido eso en mi vida hasta ese momento...sabes, lo gracioso es que paso un buen rato para que separemos nuestros labios.

Al estar fuera del contacto del otro...no sé qué nos pasó pero volvimos a unir nuestros labios, una y otra vez, cualquiera que nos haya visto diría que lo hacíamos de una forma inexperta pero muy tierna.

Ya en la mañana, ambos estábamos mirando hacia el techo de tu habitación, anonadados, pero al mirarnos se dibujaba una sonrisa en el rostro de ambos y...de nuevo comenzamos a hacerlo.

Pero un día antes de que vuelva a mi habitación con Lucy, quedamos en algo, que eso solo quedaría en nuestra memoria, que no es posible que se dé para más.

De veras que dolía decir eso y tratar de hacerlo, desde eso nada volvió a ser lo mismo entre nosotros, cada vez que estábamos juntos, inconcientemente nos abrazabamos, nos dábamos caricias, nos decíamos cosas lindas, apesar de haber quedado en olvidarlo, pero nada de besos.

Nos hicimos muy unidos pero nada de unir nuestros labios con el del otro.

Las chicas al comienzo nos veían de lo más raro pero después llegaron a la conclusión de que era lo más lógico, siempre estaba en plan de llamar tu atención, ¿Pero cómo? Simple, siempre te molestaba, siempre terminábamos ayudándonos en todo, me seguías el juego, no te quejabas tanto de que te tratará como saco de boxeo.

Claro que nuestros abrazos, caricias, lindas palabras no las hacíamos al frente de ellas sino...

Nuestros labios estaban en abstinencia de los tuyos y los míos.

Hasta que un día mamá te dijo que debías hacer deportes, lo gracioso es ver que lo intentabas y siempre terminabas con un calambre.

Hasta que me pediste ayuda, accedí a tu petición, bueno desde los besos accedía a cualquier cosa que de esos labios salieran, sin pensarlo me hacía dependiente de ellos.

Cuando fue la primera vez en hacer el cambio de ropa, al sacarte tu indumentaria de fútbol americano, me dio no sé qué ver tu cuerpo desnudo, apesar de que no eras el más atlético, algo hacía que quisiera ver más, entonces me reí de tu cuerpo, tú hiciste una expresión de molestia y vergüenza pero también te reías de eso, hasta que decidí acercarme más a ti, estaba tan cerca de ti pero ya no miraba tu torso sino tu rostro, el contacto visual es algo majestuoso cuando es con una persona que te atrae mucho.

Nuestros ojos decían: ¿Por qué tu mirada es tan irresistible? ¿Qué tienes que el resto de chicos no?

¿Por qué no puedo romper a este encantamiento?

Y nuestros labios de nuevo probaron el dulce néctar del otro, solo fueron no más de tres segundos pero para nosotros fueron eternos.

Solo nos miramos sonrojados, sonriendo, solo dijimos: ¡Nos vemos!

Ambos en nuestras mentes decíamos lo tonto que fuimos al decir eso, pudimos decir cosas lindas como lo hacemos desde desde hace un buen tiempo.

Terminé de suplantarte por ese día, fuí otra vez a ese árbol donde estabas, te tomé del brazo y te llevé detrás del árbol, me quité el casco y nos besamos de nuevo.

Este beso duro más de tres segundos, tus manos se cruzaban en mi cintura; las mías, en tu cuello.

Luego de esa bella demostración de nuestro 'amor de hermanos', ibas a decir algo pero yo te calle lanzándote en el rostro una bola de lodo y te dije: Vámonos debilucho.

Nos fuimos pero tomados de la mano. Habíamos hecho un trato pero sin ningún documento donde firmar, sin nada que jurar, solo nuestras acciones después de ello eran suficientes para quedar en un acuerdo silencioso de no decirle a nadie.

Y así fueron los siguientes meses, tú llevabas tus historietas en tu bolso donde llevabas tú el resto de tu indumentaria deportiva, la parte más emocionante de esos momentos era cambiarnos detrás de ese hermoso árbol, al terminar de cambiarnos siempre nos despedíamos con un beso.

Al regreso de los juegos y prácticas, era casi parecido solo que variaba en que nos recargabamos en el árbol, la entrega de los labios era más lenta, ahora dejábamos que nuestras lenguas dieran una inspección a la boca del otro.

Mirar el sol ocultarse y dar el paso a la Luna era bello tanto como tu haciendo la vieja táctica del bostezo y abrazo.

Para ser sincera poco me importaba ser tu hermana, lo que me importaba era proteger algo tan maravilloso como estás muestras de afecto.

Hasta que descubrieron la treta que hacíamos todo este tiempo, todo por lesionarme, entonces te diste el valor y jugaste de verdad pero...anotaste en nuestro lugar.

Todo el equipo te quería matar, yo estaba molesta también pero se me pasaba al sentir tus besos en mi frente y pidiendome perdón por meterme en esto y provocar esta lesión, yo solo hacía lo de siempre te di dos golpes en el brazo pero con un tierno abrazo, sino fuera por esto no hubiésemos estado besándonos todo este tiempo.

También recuerdo la carta para 'L' Loud, fue una pelea entre todos porque pensábamos que iba dirigida a nosotras, pensé por un momento que me habías escrito eso, en mi mente pensé que podrían descubrirnos pero me leíste el pensamiento y me dijiste que no habías sido, entonces seguimos la corriente a ellas, le dimos nuestra carta a un conocido, tú a Paige y yo a Francisco, es cruel usarlos para no levantar sospechas de no querer enviar cartas pero era necesario.

Al final ya sabemos que mamá se las enviaba a papá y todo eso, entonces todos dejamos las cartas pero esta vez tú si me diste una carta, te di dos golpes en el brazo y un lindo beso.

Y han pasado años desde nuestro pacto silencioso, vivir junto a ti es tan hermoso, estar contigo ha hecho que yo cambie, pero más que eso ha sido Lacy la que ha hecho que sea alguien más atenta también y menos brusca, bueno siempre recibiras tus respectivos golpes en el brazo debilucho.

No sé cómo decirles a nuestra familia sobre esto que quedó hasta ahora solo entre tú y yo.

Espero su comprensión de ellos sobre este amor sincero.

Pdta: Baja a la sala y vamos a recojer a Lacy de la escuela, amor.