Lo que debe hacer un hombre...

Trece de setiembre de 1885

Querido diario:

Me llamo Rebeca Donovan, pero me dicen Becky de cariño, era una chica de lo más normal.

Vivía de lo más normal en el condado de Woods-Springs, no era una gran vida pero era lo que había y para mí bastaba.

Tenía catorce años cuando en la escuela de la iglesia, conocí a Lori Loud, una chica rubia con una gran familia, almenos eso me decía cuando nos conocimos la primera vez.

Luego conocí a su familia era una gran familia, solo alguien de su familia me llamó la atención era un tierno niño con cabello blanco, su nombre era Lincoln, gracioso, como uno de los presidentes de nuestra amada nación.

Cuando lo ví me pareció sorprendente ver a alguien con ese color de cabello, me hice amigo de toda la familia, hasta de ese muchachito.

A Lincoln lo conocían en todo el condado como el blanco, por su hermoso cabello, aunque la gente lo dijera por molestar.

Así pasaron muchos años, la familia me apreciaba, era como una hija más de la familia, cada vez que iba, Lincoln se ponía alegre, yo también, casi siempre terminaba conversando hasta tarde con él, hablábamos de lo bello que son los riachuelos, lo bella que son las praderas, lo bello que es el aire libre, teníamos un sueño en común, era que algún día saldríamos del pueblo y recorreríamos toda América en caballo, lo llamaríamos "La Aventura Americana".

De veras que hablar mientras estábamos sentados en la parte superior del granero y por una pequeña ventana ver el cielo con muchas estrellas es maravilloso pero siempre y cuando sean al lado suyo.

Pasaron los años ya tenía quince años y yo veintiuno, sin que nadie supiera, éramos novios a escondidas, la única que lo sabía era su hermana y mi mejor amiga Lori, aunque ella me regañaba diciéndome que era mayor que él, eso no nos importaba, ya que nos queríamos mucho.

Entonces su padre, el señor Lynn Loud, era el hombre que es de pelear por defender a su familia, un día en el condado fue al banco a dejar su dinero, unos bandidos a robar al banco y tomaron se rehén a una de las hermanas de Lincoln, Lisa Loud la niña genio, ella siempre hacia cuentas con su padre y le ayudaba a llevar el dinero al banco.

Pero su padre siempre era de pelear por su familia, casi siempre se ganaba problemas aunque esta vez fue algo peor al forcejear con el ladrón, se escucho un disparo.

Los bandidos tomaron los sacos con el dinero y se fueron lo más rápido del lugar, el sheriff llegó tarde, ya sé habían ido pero algo peor sucedió, el señor Loud estaba sangrando en su estómago, donde había sido el disparo.

Lisa hacía lo posible para que no sangrara más, siempre llevaba un kit de emergencias, no era suficiente.

Entonces lo llevaron al pequeño hospital del pueblo, donde unas enfermeras lo atendieron, pasaron las horas y el sheriff fue a la casa en caballo para avisar a la familia de lo sucedido.

Los acompañe, fuimos en la carreta que tenían con dos caballos tirando de ella.

Llegamos al condado, fuimos directamente al pequeño hospital, nos dijeron que el señor Loud estaba grave, la familia estaba llorando porque esas palabras eran para aplacar lo que en verdad pasaría.

Entonces entraron por pequeños grupos, yo entre al último con Lori y Lincoln.

Al estar ahí el señor nos dio una sonrisa, todo para no llorar por lo que pasaría después, luego de darnos unas tiernas palabras dijo que lo dejáramos a solas con Lincoln, salimos pero yo me quedé a un lado de la puerta y escuché que le dijo:

-Prométeme, hijo, no hacer las cosas que yo he hecho.

Aléjate de los problemas si puedes.

Ahora, no significa que eres débil si no tomas las cartas en el asunto.

Espero que seas lo suficientemente mayor para entender esto: "Hijo, no tienes que pelear para ser un hombre".

Él lo obedecería al pie de la letra por un buen tiempo, esa era la última voluntad de su padre.

Murió a las pocas horas, no sin dejar esas palabras a su hijo...

Pasó el tiempo y vivía con su familia, nos casamos cuando cumplió los veinte años y yo veintiséis, éramos los más felices, Lincoln era de las personas que no quieren violencia y prefieren resolverlo con palabras, aunque a veces se necesita una actitud más fuerte, yo complemento eso.

El problema de Lincoln era que nunca decía lo que le aquejaba, reprimía siempre las cosas que le daban enojo.

Después de la boda fue cuando nos dimos nuestra primera vez, ese momento era majestuoso, era como estar en una verde y gran pradera, sentir ese relajo, esa sensación que luego se convertiría en algo más fuerte, cada toque, cada respiración agitada, cada bella palabra, cada promesa que nos hicimos esa noche, saber que nuestros sentimientos siempre fueron correspondidos.

Pasaron casi dos meses de habernos dado la primera vez en la intimidad, yo me sentía mareada, me sentía cansada.

Uno de esos días, estaba sola en la casa, estaba arreglando el jardín, Lincoln se había ido a trabajar en uno de los establos de los señores Pingrey, la familia de mi amiga Carol.

Su madre y sus hermanas también se habían ido a hacer sus cosas en el condado.

Entonces a lo lejos escucho unos caballos acercarse a la casa, eran tres hombres de bandana negra, me vieron sola, yo entre corriendo a la casa, ellos fueron detrás mío lo que sucedió a continuación...es lo peor que le puede pasar a alguien...no respetaron que estaba casada, no respetaron mi cuerpo...me trataron como una cualquiera, hicieron destrozos dentro de la casa, me dejaron tirada en el piso, estaba adolorida, estaba débil, estaba asqueaba de mí misma.

Lincoln nota la puerta abierta, entra y me ve tirada en el suelo, con la ropa desgarrada, con leves golpes en el rostro, con moretones en mis brazos, con lágrimas recomiendo de mi rostro al suelo.

Lo entendió todo, se arrodilló, me abrazó con fuerza, estaba llorando también, él me entendía, me dio un beso en mi frente, me preguntó por quienes me hicieron esto, le di la descripción que se tapaban la boca con una bandana negra.

Me levanto en sus brazos, me dejó en mi habitación no sin antes curarme las heridas con ternura, antes de salir de la habitación, me dijo:

-Te amo Becky...

Mientras caminaba a la salida, cruzó la parte de la chimenea y se topó con el retrato de su padre y recordó las palabras:

-Prométeme, hijo, no hacer las cosas que yo he hecho.

Aléjate de los problemas si puedes.

Ahora, no significa que eres débil por no tomar las cartas en el asunto.

Espero que seas lo suficientemente mayor para entender esto: "Hijo, no tienes que pelear para ser un hombre".

Tomo el viejo revolver de un cajón que su papá guardaba y se fue al condado.

Fue caminandohasta allá, su mirada no era la de siempre, era una mirada de seriedad, de firmeza.

Vio tres caballos atados, en la cantina, entró, los hombres sabían quien era, por eso hicieron lo que me hicieron.

Ellos al verlo entrarse rieron, de él, entonces dudo y Lincoln salió del lugar, entre ellos dijeron:

-Mira a ese cobarde.

-Que idiota.

-Mita como se va el blanco jajaja.

Años de ira reprimida estaban aflorando en todo su cuerpo pero más en sus manos.

Vuelve patentado la entrada de la cantina, las puertas iban y venían por el golpe y lo que siguió...

Solo se escuchó tres disparos, el cantinero le preguntó el motivo, solo dijo a los cuerpos caídos en el piso:

-Esto es por Becky.

Y se fue con su caballo lentamente hacia la salida del pueblo, rápidamente se esparció la noticia, todos le dijeron que era un cobarde, lo hizo con unos hombres desarmados, él solo se limitó a centrarse en el camino.

En las afueras del condado, miró al cielo y dijo:

"Te prometí, padre, no hacer las cosas que hicieron que fenecieras.

Traté de alejarme de los problemas cuando pude.

Ahora, por favor no pienses que soy débil por tomar las cartas en el asunto.

Y, papá, espero que entiendas esto: "Algunas veces tienes que pelear cuando eres un hombre".

Pasaron días, semanas, meses, él no aparecía, yo estaba desconsolada, no me importaba que me vengara, necesitaba estar con él.

Entonces di a luz a un hermosa bebé de cabellos naranja, con la mirada de su padre.

He escuchado por ahí, que en otros condados, ven vagar en caballo a un hombre de cabellos blancos.

Sé que él regresara algún día, mientras tanto yo seguiré esperandolo, para decirle que lo que hizo no es de un cobarde sino lo que un hombre debe hacer...

(Extracto de la canción:

The coward of the county por Kenny Rogers)