Solo sé que te amo...
Fecha desconocida
Querida familia:
¿Recuerdan lo que me contaban cuando nací? Yo lo recuerdo perfectamente.
Me decían que yo era la última y más querida hija de ustedes, me decían que era la más engreída de todas, aunque eso molestara a mis demás hermanas.
Esos días no entendía por qué tanto cariño, de veras que era difícil comprender hasta que un día en el ático Lola desempolvaba algunas cosas que nunca había visto.
A los diez años de edad era muy sorpresivo, saber que ustedes esperaban un niño después de varias hijas, tenerlo por unos momentos y perderlo... Me dejó muda y sin saber que decir a la revelación de mi hermana Lola.
Ella me contó mediante Leni que la noticia emocionó a todas las mayores.
¿Cómo no emocionarse? Eran solo cinco mujercitas y la llegada de un varoncito era algo peculiar y nuevo para ustedes. Muy esperado por Lynn y Rita.
El niño tenía una mirada tierna y curiosidad tremenda con el nuevo mundo a explorar con sus ojos y manos.
Ustedes, hermanas, se peleaban con tenerlo cada una en sus brazos, él solo las miraba como podía con esos pequeños ojos.
Mamá y papá no perdían un instante en atenderlo, hasta tal punto de pelear en quien le cambiaría el pañal, así era la emoción por él.
Casi seis meses el pequeño Lincoln de cabellos claros había enfermado un día. Era una fiebre bien alta la que le había dado.
Fueron nuestros padres a llevar a Lincoln mientras las dejaban con el vecino, ese señor que se quejaba de todo, pero que accedió a cuidarnos por dos bandejas de la popular Lynnsagna tuya, papá.
Los médicos lo llevaron a una incubadora al bebé, decían que había contraído un virus raro para un bebé.
Mamá se quedó ese día en el hospital con nuestro hermanito, papá regresó para cuidarlas esta noche y poder cambiar de turno contigo.
Pero fue la madrugada más devastadora para el país, un terremoto de grado 8.0 hizo un caos en todo los Estados del noreste de Estados Unidos, pero mucho más en el nuestro.
Empezó de manera gradual, eso hizo alertar al personal de salud de todo el hospital, ayudaron a los enfermos que podían porque comenzó con fuerza.
Mamá en ese preciso momento corrió donde estaban las incubadoras, pero comenzó a caerse el techo de ese nivel, ese escombro bloqueó la entrada allí, mamá quería ir de todas formas.
No podía creer todo eso y lo que sabemos es que un enfermero la sacó en sus brazos como pudo pues se había desmayado.
En la mañana, casi toda la ciudad estaba irreconocible, nuestra casa sufrió poco, sin embargo, para el futuro tendría muchas averías y fallas sin reparar.
Papá no se dio el lujo de dejarlas solas, las llevó a todas en la vieja Van para buscar a mamá. Al llegar a ese lugar, había un gran número de personas heridas y también como ustedes.
Buscando a sus familiares en los escombros, una de esas personas era mamá. Nadie la podía sacar de allí, estaba como loca queriendo entrar como podía, no podía hacer nada.
El hospital parecía una de esas construcciones que están a punto de ser demolidas, nadie podía entrar más allá sin gente experta en estos sucesos.
Varios ambientes estaban destrozados, eso incluía donde estaba mi hermanito Lincoln.
Ese día mamá la sacaron muy destrozada en el alma de aquel sitio, claro que papá y ustedes estaban como ella, pero no en esa intensidad.
Esa noche, unos tipos salían para realizar una labor algo despreciable. Se hacían llamar Los Recolectores, su labor era apropiarse de los cuerpos de muertos para venderlos a las escuelas médicas, a las sectas satánicas, laboratorios, gente con una inclinación sexual hacia esas personas sin vida entre otras.
Cuatro de ellos se adentró de manera escondida al hospital, dieron uso a varias herramientas. Lograron entrar a varios ambientes.
Sacaron muchos cuerpos de hombres jóvenes, ancianos, pero sobre todo bebés. Sabían que los laboratorios daban una buena suma por cuerpos de bebés recién nacidos o con meses.
Esa labor era investigada por el FBI en el país, no eran una organización en sí, solo gente reunida en pequeños grupos, era más una labor cazarreconpensa. Tenían nombres de algunas personas puestas como muy sospechosas.
Al salir en su Van con todos esos cuerpos acomodados perfectamente, se fueron de allí de manera silenciosa, pero dejando rastros de su paso allí.
Sabían muchos caminos para salir de la ciudad sin ser detectados, ya en la entrada de otra ciudad, algo los puso helados.
Entre esos cuerpos se escuchaba un leve llanto, la Van se detuvo lentamente. Al abrir la parte de atrás, lo que vio los dejó atónitos.
Un bebé lloraba, había un cuerpo con vida, no se dieron cuenta de ello hasta ahora. Se puede decir que la incubadora no se destrozó del todo y lo cubrió en parte de los escombros, el polvo y más cosas, tan solo la fiebre lo hizo dormir de más.
Ellos tenían un código, una sola regla, ¡No matar! Solo se encargan de recolectar muertos, si encuentran alguien vivo no lo ayudan, solo lo dejan a su suerte, siempre cuando se encuentre en el lugar donde realizaban las labores. El bebé estaba a merced de ellos.
Primera vez en años que les sucedía eso. Uno dijo que lo dejen por ese camino a su suerte, los otros tres lo miraron con dureza, serían despreciables por arrebatar a personas sus muertos, pero nunca a sus vivos.
La cosa era simple, si ellos iban a dejar al bebé a la policía era obvio lo que les esperaba, pero su anonimato debía permanecer. Solo debían hacer una cosa.
Al día siguiente que la maquinaria fue a tratar de abrir ese lugar, hizo dos cosas, tapó el rastro de ellos y destrozó más el lugar; al entrar, vieron muchos cuerpos destrozados por el desplome de todo eso.
No hacía falta indagar que entre esos cuerpos tenía que estar Lincoln, pero al final no estuvo.
¿Cómo lo sé? ¿Cómo estoy segura sobre los recolectores? Pues los meses en que ese hombre se fue me puse a investigar profundamente sobre como fue su pasado.
Tardó mucho tiempo para que el dolor se fuera. Los siguientes embarazos, es decir, Lucy, Lana, Lola, Lisa, no llenaban ese vacío en ustedes.
Al tener un embarazo número once, le dieron una mejor oportunidad, mas que nada porque él médico le dijo a mamá que ya no podría tener más hijos en el futuro.
Es por eso que me engrieron demasiado, por eso fue que mis hermanas me tenían un poco de resentimiento por un tiempo, sin embargo, lo llegaron a entender.
Con diecisiete años de edad, fui a estudiar Biología inclinándome en la rama marina, también fue la influencia de Lisa.
A los diecinueve años de edad fui a una expedición de practica a Florida junto a varios compañeros.
Fuimos con el profesor a rentar el barco pesquero que nos ayudaría en llegar más allá de la costa.
El capitán del barco nos dio la bienvenida en el muelle donde estaba, fue cuando me enamoré a primera vista.
Era un joven alto, de cabellera muy, no, demasiado clara, con una barba algo crecida también clara.
Ya era usual que universidades renten su barco para poder llevar a cabo sus estudios.
Al dar la bienvenida a los alumnos, una chica de allí lo dejó muy impresionado, era rubia de cabello corto, era como la sirena de las leyendas, pues al escucharla hablar la dejó fascinado por su belleza y su melodiosa voz.
Y menos de una hora alistaron todo para adentrarse al mar a estudiar la actividad migratoria de los tiburones blancos y otras especies de tiburones.
Yo conversaba con mis compañeras y compañeros, pero por ratos posaba mi vista en ese chico que me llevaba diez años y era capitán de su barco.
Ya estaba anocheciendo y casi todos estaban en la cubierta, excepto el capitán del barco y yo.
Comencé a platicar con ese hombre, me dijo que se llamaba Alistair, me contó que había estudiado Biología como nosotros, pero que lo dejó porque en realidad no le gustaba parar en el mar y en un laboratorio al mismo tiempo, solo le gustaba el mar, aparte que casi toda su vida la pasó en este inmenso entorno, su padre era un marinero retirado que le dejó como herencia este barco.
Y seguimos platicando hasta unas horas más y luego me fui a dormir. Alistair se quedó pensando que después de tiempo alguien se robo su atención.
Fueron tres días lejos de las costas no solo estudiando el flujo migratorio, también las condiciones de otros peces.
Esos días conocí más de aquel hombre de mar, me dijo que no era natural de Florida, era de Michigan como yo, pero de la ciudad de Hazeltucky.
Así fueron tres maravillosos días, la compañía de aquel hombre lo volvía así. Su trato era agradable, su forma de hablar respetuosa y encantadora, difícil encontrar en gente así.
Al irnos le agradecimos sus atenciones, antes de irme le dije si nos volveríamos a ver algún día, me dijo que si el destino lo quiere podría ser porque él es hombre de mar más que de tierra.
Me fui suspirando por aquel tipo. En el camino de regreso a Michigan, me dijeron que si ya me iba a dejar de suspirar por ese hombre, les dije que no.
¿Alguna vez ustedes no han sentido aquello? ¿No han sentido amor a primera vista? ¿No han sentido que sus corazones les dicen que esa es la persona indicada? Difícil de creer si su respuesta es negativa.
Luego de unos meses, nos tocó ir a Hawaii, pero antes debíamos hacer una parada en San Diego California para tomar el avión rumbo a ese destino al aeropuerto de Honolulu.
Estudiamos esta vez los peces cercanos a la costa, eran cuatro días allí y luego en dos días ir a una conferencia en el mismo San Diego al otro día que partíamos, era muy importante, de ello dependía si darían más presupuesto a la Facultad. Y yo no dejaba de pensar en aquel tipo.
Al cuarto día, debíamos ir en avión, pero lo vuelos se cancelaron por una tormenta. Se retomarían en dos días por las condiciones de ese tiempo.
Fuimos a preguntar cerca a un muelle si un barco nos podía llevar, nadie quería, decían que era una locura, solo alguien con mucha experiencia podría navegar en ese tiempo meteorológico.
Entonces al entrar a una cafetería a seguir preguntando por alguien, unos tipos le decían a un tipo que no salga, que el mal tiempo no iba a darle chance, el hombre les dijo que él ya lo había hecho un par de veces.
Al dirigirnos donde él para decirle que si podía llevarnos con él, nos dimos la sorpresa que era Alistair, aquel chico que conocimos en Florida.
Me reconoció por mi voz, con solo verme sabía que necesitaba. Solo nos dijo que es peligroso y que dependía de nosotros al ir con él. Salimos antes de que siga empeorando el clima.
El mar no era la mansa masa de agua que vi en aquel entonces, ahora estaba en todo su esplendor, nos mostraba lo fuerte que era, lo devastador que puede ser si se le subestima.
Alistair no parpadeaba en buscar un modo de encontrar una abertura entre las pequeñas olas, sabía que tomar el sentido equivocado o fiarse de una ola supondría un gran problema.
La lluvia quitaba mucha visión, pero el ya estaba acostumbrado a ello. Hasta que una ola de unos ocho metros se topó en nuestro camino.
El barco se llenó de mucha agua salada, casi lo voltea, una maniobra de último momento marcó la diferencia entre el capitán con su barco frente a esa ola.
Los truenos, el fuerte viento no daban tregua al capitán, pero lo lograba con todas las olas que venían a parar en nuestro camino.
Así fue casi toda la madrugada, me mantuve muy despierta y atenta a cualquier cosa que le pueda suceder al capitán.
En la mañana, todo estaba en calma, pareciera que lo de anoche y madrugada hubiesen sido solo malos sueños.
Al salir de la cabina y estar en cubierta, sin pensarlo me dirigí donde Alistair. Se encontraba muy golpeado y cansado, dijo que en medio día ya estaríamos en las costas de San Diego.
Al verlo a los ojos vi un vacío, un hoyo que estaba consumiéndolo. Se dio cuenta de ello y me dijo que estaba solo en este mundo, su padre había muerto hace años, exactamente antes de que cumpliera los quince años, tiempo para enseñarle todo sobre el mar.
Si moría o no eso no le importaba al mundo, daba igual, decía que así como una ola, podrá ser grande, pequeña, monstruosa, pero al impactar, desaparece y ya nadie la recuerda, solo vive por cumplir con su propósito... él solo vive para pescar, transportar, viajar y al termino de eso ya no es nada.
Me senté junto a él bajo los controles y el timonel, conversamos sobre su vida y el mar. Le decía que al menos yo lo recordaría, que nunca quedaría en el olvido y sin algo que valga la pena.
Arribamos al puerto de San Diego, le dijimos que un agradecimiento y dinero es poco para lo que hizo, solo nos dijo que era su trabajo.
Le dije que si quería podía asistir a nuestra conferencia, dudo y al final aceptó, le dijimos que comenzaba a las seis del día siguiente, era apta para todo público.
La conferencia empezó con una gran sorpresa, estar ahí lo era. Pensaban que no llegaríamos por el mal clima, el cual fue registrado como uno de los peores en dos décadas, antes de abrir nuestra presentación dije que agradecía al capitán Alistair que estaba en el público por traernos sanos y salvos.
Las personas se dieron cuenta que era el tipo que vestía con un gran chaleco y barba crecida. Recibió aplausos, sinceramente no se esperaba eso, pero como lo educado que era agradeció esos aplausos.
Al exponer nuestras investigaciones, y responder a cada pregunta del jurado, quedaron satisfechos por ello.
Dijeron que las investigaciones seguían en marcha, en otras palabras nos iban a dar más presupuesto para las investigaciones.
Al término, mi profesor y mis amigos dijeron que podríamos ir a cenar para celebrar, sin embargo, les dije que no, debía hacer una cosa más importante.
Alistair se había ido sin despedirse, yo no podía irme sin verlo a los ojos y decirle que le agradecía ese viaje y su compañía.
Iba de regreso a Florida, pero el recorrido duraría meses, porque siempre hacía una parada en varios muelles, hasta llegar por el Canal de Panamá.
Me dijo que su trabajo allí acabó, que ahora le tocaba volver a su hogar por un tiempo y después a su otro hogar, el mar.
Le dije que no podía irse así como si nada, me respondió diciéndome que su vida era así. Le dije que si podía estar de grumete con él. Echó una gran carcajada, le dije que no era broma y si no me aceptaba, entonces sería una polizonte en su barco.
Al principió pensó que bromeaba, pero luego vi en mi una mirada de firmeza, me dijo que si estaba segura, le dije que esos meses quería pasarla con él.
Pedí permiso al profesor para quedarme en california, dio aviso a mi familia de eso y a la Facultad.
De manera privada le dije a mis padres que iría a un crucero, que nunca había subido a uno, ellos accedieron pues era tiempo que tome vuelo por mi misma.
Y nos embarcamos por dos meses en mar, esos dos meses fueron mágicos, ambos corazones se dieron cuenta que estaban el uno para el otro, se conocieron más, no por saber lo que ignoraban del otro sino para confirmar todo lo que ya sabían.
Al llegar a Florida, le dije que el próximo mes nos podríamos ver en el puerto de Boston, me dijo que sí con un beso en los labios.
Llegué a casa con mi ropa de siempre, pero con un gorro de marinero. Se sorprendieron por ese sombrero, les dije que me lo compró mi novio. Papá fue el primero en querer saber sobre Alistair.
Ahora en mi cabeza estaba mi horquilla de osito y mi sombrero de marinero. Casi los fines de mes, un fin de semana, viajaba a Boston y me veía con él, por una semana estábamos los dos solos en el mar.
Así fue nuestra relación casi dos años. Mis padres aún no lo conocían, ni mis hermanas, ni siquiera Lisa.
Alistair me dijo que ya era tiempo de conocerlos a ustedes, no quería que piensen que solo estaba conmigo cuando arribaba a las costas, como se solía decir de la gente de mar.
Fue el día de mi ceremonia de Graduación, ese día Alistair fue irreconocible. Su look de capitán de barco se había esfumado, solo se notaba a alguien muy alto y fornido con una mirada encantadora con buen trato, y su hermoso cabello blanco.
Toda mi familia por fin lo conoció, lo llenaron de preguntas. Mi padre y mi madre por magia del momento habrá sido que no le hicieron el típico interrogatorio al estilo policía bueno y policía malo, por algún motivo les pareció muy familiar a ustedes. Allí fue donde se enteraron que me llevaba diez años y que era natal de Michigan.
Me gradué con honores, y con ofertas de trabajo en varios institutos y universidades, pero yo tenía otros planes.
¿Saben quién más sufre de todos en la familia? La respuesta es muy simple. Soy yo la que sufro más, parecía que mamá sufría, el tiempo dio otra respuesta.
Conseguí trabajo en un Instituto de Florida, solo me dedicaba a investigar y dar una que otra clase de reforzamiento en algunos cursos.
Alistair salía a pescar y siempre venía con algo, cuando tenía tiempo libre me iba con él y sus compañeros de pesca.
Pasaron tres años de una vida maravillosa, Alistair me dijo de la nada que si no le molestaba que no pudiera darle una vida en una gran ciudad, le dije que no, pero le pregunté por qué venía eso al caso.
Me dijo que para formar una familia debíamos asentarnos en un buen lugar. Después de tres años ya esperaba su iniciativa.
Le dije que no me importaba donde, pero que quería ser muy feliz con él al lado. Y es por eso que al cumplir veinticinco años decidí hacer una familia con Alistair.
Con tres meses de embarazo, le di la noticia a mi familia, mis padres estaban alegres, nos felicitaron a ambos.
Mis hermanas gritaron de mucha felicidad, solo faltaba yo para estar en la fila de las madres.
Si bien hasta el quinto mes fue alegrías... Desde el sexto mes en adelante nada fue lo mismo.
Había ocasiones donde me desmayaba y Alistair no podía reanimarme así por así. Hubo momentos donde tuve amenazas de aborto. No entendía nada, llevaba una vida sana. Mi bebé tenía que nacer sano, me decía eso, pero una ecografía nos decía otra cosa.
La prueba fue el día del parto. Fueron horas de bastante esfuerzo y agotamiento por mi parte. Alistair estaba asustado, jamás había estado en un parto.
Y por fin mi bebé vio la luz de mi mundo, de nuestro mundo. Algo no iba bien, los médicos, enfermeras y obstetras observaban a mi bebé una y otra vez, yo me desesperaba porque no me dejaban verlo.
Alistair estaba nervioso y con miedo, más que nada por los médicos que solo hablaban entre ellos.
Les dije que quería ver a mi hijo, la enfermera me pidió tranquilidad, yo me desesperaba, pero Alistair me tomó la mano, me di cuenta que estaba llorando.
Los médicos dijeron que necesitaban llevarlo a la incubadora, se fueron con mi bebé en mantas en dirección a las incubadoras.
Yo no entendía nada, Alistair le dijo a la enfermera algo que no entendí porque me desmayé. Solo sé que al despertar, mi novio estaba sollozando a mi lado.
Le pregunté por mi hijo, no me respondía, le pregunté nuevamente, no decía nada. Me dio una mirada, solo una mirada me dijo todo.
Le dije que necesitaba verlo, necesitaba verlo. Los gritos llegaron a toda esa planta. La enfermera me dijo que debía tranquilizarme, mi respuesta era negativa.
Llegó el médico, me dijo que debía calmarme si es que quería saber sobre mi hijo, dejé de gritar, Alistair se levantó como si fuera un muerto en vida.
Le dijo a todo el personal que se retire y lo dejen con nosotros. Me dijo que mi bebé había nacido con la piel muy pálida, un corazón muy pequeño y muchas deficiencias.
Fue directo, nos preguntó si eramos familiares, la respuesta fue negativa. Quería corroborarlo.
El examen duró un día, horas antes de que nos entreguen los resultados, aún no salíamos de ese evento, no podíamos creer que nuestro hijo se haya ido tan rápido.
Los exámenes nos dejaron muy absortos, el porcentaje de compatibilidad de genes era de más del noventa por ciento.
Le dijimos que nos conocimos hace cinco años, entonces recordé la historia de mi hermano muerto.
Fue cuando calculando las fechas... Era él, no había otra explicación, tenía que ser él.
Mis lágrimas eran no por haberlo encontrado sino porque el destino era como el mar, si el mar da, el mar quita, y el mar devuelve.
Unos días después fuimos a Royal Woods, pero algo en nosotros cambió, ya no nos hablábamos con cariño, ya no nos dábamos la mano, solo nos regalábamos una leve sonrisa, que escondía una infinita tristeza.
La noticia era una locura, mamá pensaba que era una broma, pero al enseñar la prueba y la historia de su crianza nos dejó todo en claro.
Fue algo bastante radical, de tenerlo de cuñado a Alistair, ahora de hermano y con su verdadero nombre Lincoln.
Le mostraron ese pequeño álbum de fotos y las ropas que tenía en ese tiempo, eso lo llenó de una alegría y tristeza, no sabía que sentir, era algo muy repentino.
Los meses siguientes fueron de olvidar lo que alguna vez nos hizo sentir un amor más que el fraternal.
Dejó en alquiler su casa de Florida, su barco se quedó en el almacén de un amigo, decidió dejar el mar para asentarse en tierra y ser un buen hijo sobre todo tratar de saber más de su verdadera familia.
Fue un duro año para ambos, de novios pasamos a ser solo hermanos, esos que solo se saludan y nada más.
Después de ese año Lincoln no se sentía bien, nada era lo mismo, su vida ahí no era su vida, eso podría haber sido una vida, pero no lo era.
Fue una madrugada en la casa, yo fui a beber un vaso de agua. Alistair digo Lincoln estaba parado en el marco de la puerta la cual estaba abierta.
Le dije que hacía allí, me respondió que esa no era su vida, le dije que no tenía que irse, le imploré que no se vaya, me dijo que también se iba por eso que yo sentía, no podía olvidar lo que el mar le dio, le dio una vida, un propósito, un amor.
Me dijo adiós, yo solo me quedé llorando, sabía que él era un hombre de mar, sabía que en verdad su vida estaba allí.
Le perdimos el rastro por casi diez meses, ¿No lo recuerdan? Yo sí.
En ese tiempo me dediqué a saber más sobre su pasado, se suponía que el había muerto. Por medio de recursos del gobierno, privados y míos, descubrí todo de él. Lo de Los Recolectores, el orfanato, la adopción, todo.
Luego de esos meses supe una noticia de él, se sabe que estuvo en ese muelle de Florida, escucharon decir que iría en busca de su verdadero propósito. Se interno en el mar.
Es por eso que les dejo esta carta padres, hermanas, juro que regresaré con él. Yo soy su propósito, su vida, su amor.
Con él descubrí varias cosas, con él supe que es poner todo de ti solo por un propósito, eso es una vida tranquila, una gran vida.
Al leer esta carta quizás ya esté zarpando en un barco pesquero que compré.
Volveré con él, solo volveré a tierra con él, si no me ven en años es que sigo buscándolo, pero no descansaré hasta que esté con él, y si no quiere regresar a tierra, lo siento mucho no lo haré.
Si él pudo llevarme a tierra firme cuando era una universitaria... yo sé que podré hacerlo, sé que podré encontrarlo porque hay varios motivos entre esos... solo sé que lo amo...
Adiós.
