La mejor cosa que me ha pasado en la vida...
—Ojalá mi nuevo jefe no sea un tipo duro —lo decía con desanimo.
Esperaba que se conectara para la videoconferencia programada para ese día a las once de la mañana.
En ese momento le llegó una solicitud para entrar a la videoconferencia.
Se veía en la pantalla a alguien con la silla de espaldas, al notar que se conectó volteó con lentitud, teniendo un gato en su regazo.
—Buenos días señor... ¿Loud? —dijo eso leyendo una carpeta con el curriculum y con sorpresa—. ¿Lincoln Loud? —estaba asombrado.
—¿Clyde? ¿Eres tú? —dijo asombrado.
—¡Hermano! —estaba muy feliz.
—¡Sí eres tú! —estaba muy alegre al ver nuevamente a su amigo después de años.
Esa entrevista de trabajo se volvió una charla sobre sus vidas antes de que el moreno se fuera de Michigan antes de empezar la secundaria, pero decidieron saber también lo que siguió.
—¡Clyncoln McLoud ha vuelto! —estaba con demasiado júbilo el peliblanco.
—Esto es muy repentino y genial —tomó la carpeta con el curriculum de su amigo—, ya te habían aceptado para el puesto, yo solo quería conocer un poco más de cerca al nuevo tipo que dirigirá al grupo, no era una entrevista de trabajo en sí.
—Eso me alegra mucho más amigo —en ese momento sacó una lata de una pequeña nevera.
—Estabas preparado para la ocasión —lo dijo con gracia.
—No, es mi lugar privado y mi cuarto de estudio —lo decía mientras bebía la cerveza fría—. ¿Qué me cuentas de tu vida?
—¿Por dónde comenzar? Cuando me fui fue algo triste, fuiste mi mejor amigo, te diré que tuve y sigo teniendo amigos, pero ninguno como tú, Lincoln. La secundaria y preparatoria no fue la gran cosa, te soy muy sincero. Lo bueno fue la universidad, lo digo por mi prometida, ¿Recuerdas a las cuatro del baile Sadie Hawkins? —era realmente apacible recordar aquello.
—¡¿Cómo no?! Después de eso estuve con Tabby y Haiku —lo dijo con serenidad eso último.
—¡¿Haiku?! —se notaba sorprendido.
—Sí... —se dio cuenta de algo— ¡Oh! Amigo... fue en la preparatoria, no pasamos del año... —estaba incómodo.
—Descuida, es bueno saberlo ahora, es raro, no lo voy a negar... por eso no solemos hablar de antiguos novios o novias —se frotaba la nuca, pero prosiguió—. Me reencontré con ella en el segundo año de universidad, hubo química en todo lo que hacíamos juntos —estaba mirando a su gato y recordó algo—. Justo descubrí que a ella le fascinaban los gatos, como sabes tengo "hermanitos" como este por mis padres, cuando la presenté, ¡Dios santo! ¡Quedaron encantados! No te miento, es lo que uno siempre quisiera que pase con su novia con gustos góticos y lectura algo ocultista, claro que tuvimos nuestros altos y bajos —en ese momento hizo un alto, por mucho que era su amigo, tenía que saberlo—. ¿Te... acostaste con ella?
—Realmente es incómodo... sí, pero ella fue una novia de mi pasado, ahora está contigo... te soy muy sincero porque eres mi mejor amigo y mejor si te enteras por mí que por alguna casualidad... —se notaba muy embarazoso todo ese ambiente.
Le contó muchas cosas que no tenían que ver tanto con Haiku, sobre su estancia en ese Estado y sus años antes de la universidad. Luego volvió a lo de Haiku.
—Tienes razón... pero sigamos —fuera de todo el reencuentro fortuito fue grato—, terminé la universidad con honores, Haiku también, decidimos vivir juntos, formé mi compañía donde soy el jefe y ahora te he encontrado después de tiempo amigo.
—¡¿Qué más se quiere en la vida?! —lo decía colocando sus manos en su nuca—. ¿Y dónde está Haiku?
—Fue a visitar a su familia, pero ahora necesito saber que fue del "Gran Lincoln Loud" "El chico del plan" —lo decía haciendo reverencia.
—Pues este chico del plan —bebió un poco más— pasó por mucho, hasta te llegarás a sorprender por el yo de ahora, pero vayamos por partes como dijo Jack el Destripador —lo dijo con una gracia única.
—Esto será interesante, espera —se notaba que salió de esa oficina, en menos de cinco minutos regresó con una lata de cerveza y una caja de cigarrillos—. Amigo, ahora soy todo oídos —encendió uno.
—Pensé que te cuidabas de todo —estaba sorprendido—, pero supongo que de vez en cuando no mata.
—Mis padres y Haiku me darían un jodido sermón... los quiero, pero también a mi cigarrillo, continúe Sr. Loud —imitó el tono de voz de un típico jefe.
—Como diga Sr. McBride —le siguió el juego—. Viejo, cuando te fuiste, nada era lo mismo, los chicos necesitábamos a nuestro bufón —lo dijo con malicia para fastidiarlo.
—Muy gracioso Lincoln —lo dijo con seriedad que se transformaba en risa.
—La secundaria es como nos lo pintó Lynn esa vez, pero tienes que tener los pantalones bien puestos para que no te fastidien, tuve que ocultar mi gusto por Ace Savvy para no ser el saco de boxeo de los bravucones, pero eso también me dio algo bueno, a veces sí y aveces no. Recuerdo cuando con Liam llevamos a sus vacas para simular un negocio como en la primaria, al estilo del rodeo, fuimos llevados donde la directora porque un "come plantas" nos acusó de maltrato animal —lo dijo con mucho orgullo y molestia lo último.
—¿En serio? ¡Es el mejor negocio del mundo! Pero... ¿Qué pasó allí? —estaba con curiosidad.
—Fuimos regañados por la directora, algunos profesores, el presidente de los estudiantes y el monitor escolar —en ese momento Lincoln hace un alto, bebe y prosigue—. Pero algunos profesores nos defendieron diciendo que no hubo nada malo, entre ellos estaba... La señorita Di Martino.
—¡Wow! La señorita Di Martino te defendió, eso es un halago —lo dijo con emoción—. Recuerdo que todos estábamos encantados con ella, era hermosa.
—Y lo sigue siendo —lo dijo con un sonrojo.
—¿Acaso la sigues viendo? —estaba con asombro.
—Bueno... sigamos con el relato —bebió nuevamente y arrojó la lata a un bote de basura, sacó otra—. Fuimos leyenda en toda la secundaria, debido a eso fuimos muy populares, las chicas estaban haciendo fila, fue cuando estuve con Haiku, nada fuera de lo común, ya en lo último de preparatoria me pasó algo que nunca se borrará de mi memoria.
—¿Qué es eso que no se irá? —todo lo que decía su amigo aumentaba su curiosidad.
—Nunca le agradecimos a los profesores y más que nada a la señorita Di Martino, en el último año de preparatoria, estuve tome las clases de italiano, casi nadie había tomado esas clases porque todos tomaban el francés donde enseñaba Di Martino. En el salón solo eramos Tabby, Mollie y yo, al comienzo nos enseñó un profesor que a los tres días tuvo que irse por... ni recuerdo el porqué, en fin. La señorita Di Martino también enseñaba ese idioma... Tabby no dejaba de ponerse celosa porque era muy atento a las clases de Di Martino y muy respetuoso —se formó una gran sonrisa.
—Todas las chicas en primaria le tenían amor y odio a Di Martino, ¿En secundaria y preparatoria cambió? —le preguntó mientras usaba su cenicero.
—No, aún seguían celosas, pero sigamos —nuevamente regresó al relato—. Un día saliendo de la preparatoria, me quedé al último para poder hablar con la señorita Di Martino, me puse muy nervioso, en realidad no sabía por dónde comenzar, quería decirle: "Gracias". Estaba muy nervioso, pero ella me tomó del rostro y me dijo que respire hondo, en lugar de ponerme más nervioso, me calmó. Lo hizo con dulzura, sin nada de malicia, respire hondo y le dije que le agradecía que nos salvara de una sanción y la expulsión por el tema de las vacas, ella ni lo recordaba, pero de todas maneras me dijo que no fue nada y se fue en su coche —lo dijo perdiéndose en su recuerdo.
—¿Eso fue lo que nunca se te olvidará? —no estaba satisfecho.
—No, no queda allí —se enrolló su camisa hasta más arriba de los codos—. Las cosas con Tabby se pusieron difíciles, no tanto por la profesora Di Martino y el cariño que me tenía por ser su mejor alumno de italiano, sino también porque no era el mejor novio, admito que solía olvidarme de ella, sin embargo, ella no podía decir lo mismo. Un día su novio de Di Martino fue a recogerla, no pude creer que era mi tutor Hugh, aunque alguien tan bella debía tener a un galán. Eso me dejó sorprendido y con el corazón roto, ¡Lo sé! ¡Suena absurdo! Yo tenía novia, pero... pero... ella era mi amor platónico —lo dijo con tristeza.
—Como todo joven, siempre tenemos a un maestro de amor platónico —al terminar el cigarrillo abrió su lata de Duff—. Recuerdo que me enamoré de mi profesora de historia de mi preparatoria, se puede decir que aún sigo enamorado, pero como algo imposible —sabía que lo de Lincoln muy normal.
—Bueno... llegó el día del baile de graduación, estudiantes y profesores fuimos a tan maravillosa gala, lo maravilloso era poder estar con nuestros amigos porque podía ser la última vez que nos veríamos, pero justo ese día me tuvo que pasar algo feo y después algo maravilloso —dio un sorbo y continuó—. La profesora Di Martino fue con Hugh, se llevaron las miradas de todos. Tabby estaba muy cortante desde hace semanas, pero el punto álgido fue el momento del baile, Tabby no se contuvo y me terminó, me lo merecía sin duda alguna por ignorarla y no darle la debida atención, se fue triste de allí, todos bailaban con sus parejas, yo solo estuve a un lado mirando, a veces solo pienso en mí y mis ambiciones, ¿Recuerdas cuando teníamos que mantener la casa con bajo consumo de energía o la convención de cómics o la pijamada? —se lo dijo con un rostro algo triste.
—Claro, pero no te culpes viejo, al final siempre tratabas de reparar ese egoísmo, no salía como esperabas... pero lo lograbas... a medias —le respondió con sinceridad.
—Tabby no fue la excepción a ello —dio un largo suspiro y prosiguió—. Los reyes del baile fueron Di Martino y Hugh, era sorprendente porque usualmente en la votación solo se escribía el nombre de los alumnos, subieron al escenario y les dieron las coronas de rey y reina del baile. Me alegré por ello, pero a escondidas me salí de allí y me fui a caminar por el campo de entrenamiento, pensaba y pensaba en lo que pasó, terminé sentándome en las gradas bajas del campo —en eso su rostro trazó una ligera sonrisa—. Habrá pasado algo de veinte minutos y de la nada alguien me habla. La señorita Di Martino había ido a los servicios, pero se salió sin decirle algo a Hugh. Me preguntó que hacía allí, lo dijo de una manera que me era imposible mentirle. Recuerdo que me aconsejo que de ahora en adelante debería ser más considerado, gentil y sobre todo darle mucho amor con la siguiente chica que esté, al terminar decirme eso me dio un abrazo junto con un beso en la mejilla y agregó que no me desespere porque todavía soy joven que solo debo cambiar un poco y que soy un gran chico.
Clyde estaba muy sorprendido, jamás pensó que su amigo tuviera una agradable anécdota con la profesora de sus sueños. Pero ahí no quedaba la cosa.
—Al año siguiente me fui a estudiar a la ciudad de Hazeltucky, fue emotiva la despedida con mis padres y mis hermanas, pero el chico Loud debía formar su camino —bebió nuevamente—. No fue hasta mi segundo año de universidad, que ocurrió la mejor cosa que me ha pasado en la vida.
—Y yo que pensaba que ahora contarías algo normal —eso lo puso ansioso de saber lo siguiente.
—Los cursos iban bien, uno de ellos era el de francés, y quien enseñaba era... —quería que pensara.
—No me digas que... —estaba asombrado.
—Exacto Clyde, Di Martino me volvió a enseñar, lo mejor es que fue un agradable reencuentro, no pensó toparse nuevamente con un alumno —puso su mano en su mentón y comenzó a pensar.
—¿En qué piensas viejo? ¿En tu hermana Luan besándote? —lo dijo con burla un secreto que solo los mejores amigos se cuentan.
—¡Tenías que recordármelo! ¡Sabes que eso no debes mencionarlo! —se sonrojó—. Sabes que fue casualidad de la emoción de dar un buen espectáculo y no saber agradecer mejor esa la alegría y... lo bueno es que queda como una buena anécdota, en fin —encendió un cigarrillo también—. Pensaba en el destino, a veces hace las cosas bien. Con el pasar de los meses me di cuenta que Di Martino pasaba por un mal momento, no sé si era el que más lo notaba, pero debía actuar con amabilidad. Me dijo que en verdad no le pasaba nada, que solo era cosa mía. Ella no vivía con Hugh, seguía viviendo sola en su departamento, ella ya tenía buen tiempo de noviazgo con él, pero como lo dijo parecía que él no quería dar el otro paso.
—Espera, ¿Cómo te enteraste eso último? ¿La seguiste? —estaba con dudas.
—No, con Di Martino solía charlar en la cafetería de la facultad, casi siempre sobre la clase o cosas extras que me recomendaba, pero una vez la encontré al beber un jugo, se notaba triste, no había tantas personas, además era más de las seis de la tarde. La saludé, pero tardó en devolverme el saludo, se notaba muy contrariada. Me senté a su lado a charlar, fue lo mejor para ese momento, necesitaba realmente hablar con alguien, pero para que lo haga fueron varios minutos casi antes de que cierre la cafetería, solo te digo que estaba muy afligida, me dijo que la acompañara a su departamento y... —lo decía sonriendo a otro lado, pero tuvo que callar al último.
—¡¿Y?! ¡¿Qué sucedió Lincoln?! No me digas que... Amigo, me dejas en ascuas —estaba demasiado metido con la historia.
—Y la charlamos hasta que se hizo tarde y regresé a la universidad —lo dijo sin importancia alguna.
—¡Vaya! Fue algo normal —lo dijo de manera serena.
—Esa fue la primera vez —eso dejó con una interrogación en mente a Clyde, pero el peliblanco siguió—. Fui su alumno desde primaria, ahora ya era un poco más maduro, podía escucharla y dar mi opinión, por eso iba de vez en cuando a su departamento. Fue cuando me estaba enterando de la separación pausada de Hugh, en el fondo ella sabía que él estaba perdiendo el amor por ella, pero ninguno lo aceptaba, por eso Hugh solo la veía los fines de semana. Poco más medio año pasando agradables tardes y noches recibiendo reforzamiento en italiano y charlando sobre su vida... de verdad que no conocía la faceta reflexiva y preocupada por su futuro y el amor que me enseño esas maravillosas tardes y noches —se sentía como la nostalgia lo pillaba.
—Veo que eso te está llenando de nostalgia esta parte del relato, viejo —lo decía con algo de burla.
—En parte porque fue en ese tiempo que ambos sin pensarlo comenzamos a tratarnos con más confianza... la relación alumno-maestro fue más allá cuando dejó de decirme Lincoln y me llamaba como me llamaban mis hermanas. Cada vez que me decía Linky... no lo sé, me ponía muy feliz porque sabía que había algo más allí y a la vez parecía que no, aunque todas mis dudas fueron despejadas un fin de semana fui a charlar todo un día y las horas pasaban tan rápido que ya era de noche, había sido un agradable día, pero tenía que irme. Di Martino me tomó de la mano antes de salir del todo de su departamento, me pidió que no me fuera... yo le pregunté el porqué, me dijo que era muy gentil por el respeto que mostré todo ese tiempo, considerado por ser sincero sobre su persona, solo faltaba saber si podía darle amor... eso me dijo el día del baile de graduación... me llevó de la mano a su alcoba, se acercó lentamente a mí, yo solo repliqué lo mismo, nos dimos un beso que se prolongó, cerró la puerta con lentitud y... —justo en la parte más interesante del relato hace una pausa.
—No, viejo... ¿Y qué más pasó? —el relato lo engatusaba.
—Y un caballero no tiene memoria, solo eso faltaba decir —lo dijo con clase.
—¡Por favor Lincoln! ¿De veras? Era la maestra más hermosa, el sueño de toda Royal Woods —lo miraba con algo de decepción de que no le dijera.
—Lo único que puedo decir de esa noche hasta el otro día es que fue algo que nos dejó con mucha más curiosidad por el otro —dio un respiro y siguió—, ella era mi amor platónico, la veía como un imposible... casi una diosa, pero ahora la veía como era, alguien común y que no es perfecta, tiene problemas como todos y que los quería afrontar de la mejor manera —era lo correcto.
—¿Te convertiste en el reemplazo de Hugh? —lo dijo sin pelos en la lengua.
—No, aunque, aunque, yo pensé en ello por la forma en que me trataba en privado, pero en verdad lo hacía porque se comenzaba a enamorar profundamente, pero esto realmente fue diferente porque en lo que quedaba de relación con Hugh ella hacía todo lo posible por revivir el amor como él, no obstante, no le correspondía ya dándose por vencido —dejó su cerveza a un lado luego de beber un poco—. Las cosas se nos fueron un poco de las manos, eso fue debido a que casi siempre estaba con ella, mis amigos solían decirme que, si ya me había acostado con ella, yo solo les decía que no soy de esos, las chicas de algunos cursos... fueron algo hostiles conmigo, no estoy muy seguro, pero tener esa relación discreta con ella me daba seguridad, madurez y algunas cosas más que ellas lo notaban.
—¿Cómo lo llevó ella? —le preguntó con normalidad.
—Los profesores de su entorno, tenían una ligera sospecha por el cambio de actitud. Ellos la ignoraban, para ellos era una profesora más de un curso de idiomas, pero cuando las habladurías llegaron a ellos, le pusieron el ojo encima, ellos creían que su cambio fue repentino, en verdad fue gradual —su rostro se tornó con algo de amargura—. Sé que lo que hacíamos estaba fuera de lugar allí, yo con veinte y ella con treinta y dos, pero lo hacíamos con cautela, el verdadero problema fue cuando Hugh volvía a su vida después de casi un año y Kat, sí, nuestra amiga de primaria, se interesó en mí y no aceptó el rechazo, se puso a seguirme para joderme, ella era la más bonita e inteligente, pero no me interesaba —se puso sus manos en la cara, todavía sostenía el cigarrillo.
—Tuvieron que terminar, ¿No? —lo dijo con algo de tristeza.
—Ella tuvo que renunciar, no es que Hugh le hiciera el problema, sino que dio paso a que de casualidad en una discusión se le saliera la verdad y justo había personas por allí y agregando que Kat no dejaba de hacerme un seguimiento y sacarme un par de fotos cuando me besaba con mi maestra... En ese tiempo me detesté, Di Martino no se merecía eso, pero antes de renunciar... me dijo que fue una gran experiencia encontrar a alguien que no la endiosara y la vea como alguien real y no como un ideal, me dio un largo beso a fuera de la oficina del decano de mi facultad, ya nada le importaba, igual a mí y se fue —hizo una para respirar—. Al terminar mi tercer año, fui a visitar a mis padres y mis hermanas, no me sentía muy bien... lo hablé con Lana y Lola, ellas se quedaron con una gran impresión, pero me comprendían, lo único malo fue que Lily escuchó y de forma inocente le contó a mis padres... Mamá me decía que no debía inmiscuirme con personas mayores a mí y menos si eran maestros porque arruinamos nuestro entorno... Papá me dijo que debía pensar antes de estar con ella y arruinarle su trabajo en la universidad... si tan solo supieran que los que arruinaron las cosas fueron terceros —se sentía muy culpable.
—Entonces... esa es la mejor cosa que ha pasado en tu vida, ¿No? —se lo dijo de manera automática.
—Bueno Clyde... ¿Cómo te lo digo? —comenzó a sonreír—. Esa es una parte de la mejor cosa que me ha pasado porque... —en ese momento alguien toca y llama detrás de la puerta de él.
Una voz de mujer llamaba detrás de la puerta del cuarto de estudio del peliblanco.
—Amor, ya regresé, de verdad que tu madre nos adora, le compró un hermoso peluche a la pequeña Luciana —dijo en voz alta.
—¿Es tu esposa? —dijo Clyde con dudas.
—Sí... —se dio cuenta que abrían su puerta.
La mujer que entró dejó asombrado a Clyde, literalmente no se lo imaginaba.
Blusa fucsia, pantalones rojos, labial rojo, cabello largo castaño oscuro hermoso, mirada encantadora, figura esbelta... Los años no pasaban en ella.
—Lincoln, necesito que... —se dio cuenta que él estaba en una videoconferencia, pero se dio cuenta que estaba fumando y bebiendo—. Lincoln Marie Loud, ¿Qué clase de entrevista de trabajo es esta? —se notaba algo enojada.
—Amor, no es eso, sino que mi jefe es... —no terminó de hablar.
—Soy yo... señorita Di Martino —dijo el moreno al no salir del asombro.
—Me parece conocido... ¡¿Clyde McBride?! —lo dijo con el mismo asombro, aunque los rostros variaban.
—Es un... gusto verla después de tiempo —no salía del asombro.
—Igual el mío —se dirigió a su esposo—. Me lo hubieses dicho desde el comienzo.
—Te lo iba a decir, pero... ya no es necesario —mostró un rostro de alegría.
—Bueno, es un gusto verte Clyde, voy a ver que siga durmiendo nuestra pequeña —antes de salir le dio un beso en su mejilla.
No podía creerlo, su amigo, su amigo, el chico que no podía realizar un examen bien con ella, la que fue amor platónico de muchos... ¡Era la esposa de Lincoln Loud!
—¿Qué te faltó contarme? —le preguntó tratando de salir del asombro.
—Me quedé solo un tiempo con mi familia y después debía volver a la universidad, pero decidí buscar a Di Martino y darle las merecidas disculpas, ella no me dejó disculparme porque se echó toda la culpa. Fueron dos meses de una intensa búsqueda y al final di con su ubicación, estaba dando clases de francés en una escuela primaria. Al llegar, pararme frente a ella y decirle las palabras correctas fue... no sé cómo decirlo... pero fue algo inimaginable... ella pensaba que de verdad iba a olvidarla, pero lo que nunca le dije cuando fuimos novios era que siempre viví enamorado de ella, pero en ese tiempo de verdad viví enamorado de ella... Para resumir, ella estuvo en mi graduación, claro que algunas de mis hermanas y mamá no la veían con buenos ojos, lo hermoso fue cuando ella esperaba a nuestra hija, las cosas con mamá, Leni, Lori, Lucy y Luan cambiaron para bien... Clyde, mi familia aún sigue sin creer que estoy con mi profesora que conocí desde primaria, no te sientas mal —se sentía muy orgulloso.
—Te mereces una estatua, pero del tamaño de la Estatua de la Libertad... Eres el Macron de América, eres el héroe de héroes, eres el vivo ejemplo de que los héroes no tienen capa —no dejaba de dar "halagos".
—Pero yo la amo como Di Martino no como la "señorita" Di Martino, la amo no por ser mi amor platónico, sino por ser el amor que descubrimos y formamos, un amor que tiene los pies en la tierra, quizás sea algo cliché la historia, pero... es mi bella historia con mi esposa —sonreía mientras guardaba la cajetilla con los cigarrillos.
—Tienes razón, pero es que eres de los pocos que le pasa lo que estás pasando —se fija en su reloj—. No sé exactamente cuánto hemos pasado charlando, pero fue mucho tiempo en sí.
—Pero fue bueno saber sobre ti, pero más que nada verte nuevamente amigo —lo dijo con mucha alegría.
—Tengo tu dirección Lincoln, es genial que sigas en Royal Woods... ¡Eres mi jodido héroe! —lo dijo con lágrimas.
—Lo sé, lo sé —no olvidaba que se acostó con su esposa de Clyde en la preparatoria.
Clyde terminó la videoconferencia. Lincoln salió de su cuarto de estudio.
Al salir de su habitación, unas manos lo tomaron del cuello. Le plantó un beso al peliblanco.
—Sabes... nuestra pequeña está dormida... podemos... divertirnos —lo dijo con una actitud pícara.
—Eso me agrada —la toma de la cintura y la acerca a él.
—Quizás podamos jugar a la profesora y el alumno, ¿No crees? —lo dijo en son de broma.
—No lo sé... quizás estemos incumpliendo con las normas —él también quería bromear—. Pues aprovechemos para recordar viejos tiempos "señorita" Di Martino.
—Claro "pequeño" Lincoln Loud —lo tomó de su mano y lo llevó a la alcoba.
Y pensar que hace veinte años atrás indirectamente por su culpa casi desaprueba su esposo...
