Protegiendo lo importante...
El pequeño Lincoln estaba jugando con sus hermanas Lana y Lola en el jardín exterior de su casa. Sus demás hermanas realizaban sus actividades dentro de la casa.
Le decía a Lana que no busque el lodo para que no se ensucie, Lola junto a su hermano le decían siempre eso cada vez que salían a jugar al exterior. También le prohibían que llamara o trajera animales salvajes.
Lana al no acercarse al charco de lodo producto de la lluvia del mediodía, decidió buscar a alguna ardilla o mapache para jugar, amaba a todos los animales.
Lincoln trataba de hacer que Lola no maquille a su muñeco de Ace Savvy, pero en el fondo le agradaba ser cercano a sus hermanas gemelas, son las que más atención necesitan de él ahora.
Un ladrido fuerte hizo que se asustaran, en ese mismo instante recordaron que venía de un perro de esos peligrosos, uno de los vecinos de la avenida era su dueño.
Lana señaló a un lugar con asombro, Lola y Lincoln al observar notaron que era una ardilla y se molestaron con Lana por distraerlos. Lo volvió a hacer y ahora era un mapache que se acercó a Lana para después molestar a Lola. Eso los hizo ignorar a Lana.
Todo iba bien hasta que el viento que se sentía fuerte, cerró la puerta. De por sí con la TV encendida no escuchaban nada, menos con la puerta cerrada le iban a prestar atención a sus hermanos que estaban afuera.
Unos pasos se escuchaban, Lana miró pensando que era un mapache que estaba caminando de forma pesada por lo repleto de comer basura o algo, pero no era eso.
Les dijo a sus hermanos que vieran algo, ellos le dijeron que estaban cansados de mirar mapaches y ardillas. Tomó el rostro de su hermano y lo movió a ese lado donde miraba.
Era un perro que desde hace más de cinco meses había sido el terror de todos los que caminaban por la calle del dueño. También los perros del vecindario le temían; además, se dice que había hecho que sacrifiquen a un perro de otro de los vecinos por un repentino ataque.
—L-Lana, L-Lola —les hablaba a sus hermanas con temor porque el perro estaba mostrando los colmillos y ladrando.
Las pequeñas no se movían por nada del mundo, el terror que infundía aquel cánido era muy particular. Comenzó a acercárseles, y no con buenas intenciones.
Tomó con fuerza a las dos y las trató de mover de ese lugar porque el perro estaba a pocos pasos. Solo logró impulsar a Lana detrás de él.
No pasaron tantos segundos para que el can se lance directamente a morder la pierna de Lola. El llanto de la gemela no se hizo esperar.
Mientras Lana se quedó paralizada, Lincoln no lo pensó dos veces, debía proteger a su hermanita.
El perro no quería soltar el pie de Lola, pero Lincoln se lanzó a tratar de quitar, con lo poco de fuerzas que tenía, la mandíbula del can. Fueron unos segundos donde el perro mordía con fuerza y empezaba a sacar sangre a la pierna. Lincoln no pensó tanto en tratar de golpear al perro para que soltara a su hermanita, lo logró. Fue algo muy difícil. El perro solo se enfocaba en las piernas de la niña por esos últimos momentos.
Se estaba empezando a cansar, le decía a su hermana que le diga a Lana que toque la puerta y avise a sus hermanas mayores o a sus padres. Lola estaba en shock como Lana.
La furia del perro estaba aumentando al punto que el objetivo cambió, ya no quiso ir por la pierna de la rubia, ahora quería morder al peliblanco. Lincoln estaba aterrado, pero no podía mostrarlo en esos momentos, y menos cuando sus hermanas dependían de él.
Lola le dijo a Lana que tocara porque no se podía mover, le dio un grito tan fuerte que trajo a su hermana en sí y fue a tocar la puerta con fuerza.
Las gemelas al mirar donde su hermano, se dieron una fuerte impresión, el perro estaba mordiendo del lado derecho del rostro de su hermano. No lo soltaba y eso lo estaba haciendo gritar del dolor.
La pequeña Lola observó con horror como el perro le hizo a su hermano una línea de sangre que empezaba desde su ojo derecho hasta estar cerca de su labio.
Luna salió y sin pensarlo gritó llamando a todos por lo que pasaba. El señor Lynn no dudo en tomar con fuerza las fauces del cánido y retirarlas del rostro de su hijo.
Echó una carrera para huir de allí, pero eso es lo que importaba menos. Lincoln estaba inconsciente por el gran dolor causado por la mordida.
Vanzilla estaba siendo conducida por el señor Lynn, Lori y Rita estaban al lado de Lincoln y Lola. Ambas estaban llorando a mares por lo que le había hecho ese animal al pequeño Loud. Apenas llegaron, entraron con mucha prisa.
Después de haber atendido a Lola y descartar posible infección de rabia, lo peor llegaba con las noticias de Lincoln.
El médico tuvo que anestesiar con algo fuerte al pequeño Lincoln porque el dolor era insoportable de por sí. Le tuvieron que hacer 90 puntos de sutura. Lamentablemente le dijo a la familia que el rostro del pequeño quedaría con una gran cicatriz.
La familia esperaba hasta que su hijo despertara, Lola estaba cabizbaja sentada en una de los asientos del pasillo de ese hospital, recordaba con mucho terror como el perro mordió a su hermano, pero ese terror se disipaba al recordar también el valor de su hermanito. La culpa ganaba terreno.
Lincoln permanecía acostado, en su inconsciencia, recordaba las palabras de su padre y madre al decirle que debía cuidar a sus hermanas y en especial a las menores.
Les dijeron a los Loud que necesitaban que Lincoln se quedara hasta el día de mañana para realizar unas pruebas. Tenían que ver con su vista. Solo Rita se quedó esa noche para acompañar a su hijo.
Esa noche Lola fue la que no durmió mucho, todos descansaron a la fuerza, el cansancio los vencía. Lana se dio cuenta del estado de Lola.
Todos estuvieron en el hospital antes de las nueve, esperaban que Lincoln terminara de realizar sus pruebas.
En el consultorio del médico estaban los padres, el cual fue muy directo, les dijo que Lincoln había perdido el 80% de su visión y que lentamente la perdería. No le daba más de un año para que estuviera totalmente falto de visión en el ojo derecho.
El peliblanco estaba sentado en el consultorio de oftalmología, probaba su visión con el ojo derecho, pero era en vano. También se tocó su herida, era obvio que el perro le hizo una cicatriz muy profunda. Al mirarse en un espejo se echó a llorar por lo horrible que se veía. Pero al pensar en algo, hizo que contuviera su llanto.
Al salir junto con sus padres, su llanto se disipó porque su hermana Lola estaba allí. El salvarla no fue en vano. Su familia le preguntaba si se sentía bien, les respondió con una sonrisa.
Dijo que no podía dejar que a sus hermanas le pasara algo, que él daría toda su vida por sus hermanitas. Todas sus palabras y expresiones eran reales, pero nadie podía observar cómo se sentía internamente.
Todo su vecindario y escuela se enteró de lo que sucedió. Los halagos no faltaron. Las burlas tampoco se hicieron esperar.
Lincoln tuvo que cargar con ello muchos años, las gemelas tuvieron que cargar con ello también, en especial Lola.
—Lola, no te sientas mal, estás bien y eso es lo que importa, mi cicatriz es el recuerdo de que fui como esos caballeros de tus cuentos, esos que salvan a la damisela en apuros… al menos creo que soy un caballero para ti —lo dijo eso último con tristeza. Recordó que en esas historias los vándalos solían tener cicatrices y un solo ojo a veces.
Su vestimenta usual era una bufanda y lentes en invierno, pero en verano no podía hacer aquello y tenía que mostrar su cicatriz a todo lugar que salía.
Se volvió un poco retraído. Solo Clyde y Liam eran sus amigos en la escuela, los demás chicos solían huir de él porque les daba miedo o se sentían incómodos por su cicatriz. Lo peor fue cuando conoció a la chica nueva, aquella vez se sintió muy avergonzado por asustarla.
Lincoln lo entendió muy bien, por eso poco le importaba lo cruel que algunos eran. Lo extraño suele hacer que surja el miedo, era algo que comprendió esos años.
Lana se sentía muy mal por quedarse paralizada esa vez, pero no lo exteriorizaba como lo hacía su gemela. Todas las veces que Lola charlaba con su hermano o solo posaba su vista sobre él, surgían dos sentimientos, los cuales eran: la culpa y el amor.
Después de todo Lincoln no tenía rencor a los perros, los psicólogos aseguraban que un fuerte rechazo se generaría. Fue el primero en aceptar al perrito Charles.
Mientras los años pasaban, la soledad en Lincoln aumentaba, no era antisocial, pero tampoco era el que charlaba con todo el mundo. Guardaba las distancias.
Las veces que al caminar pasaba por la casa del vecino dueño del perro, le daban ganas de llorar porque el vecino no quiso aceptar la culpa. Se escudaba en que provocaban a su perro. Un día sin más se fue de la ciudad.
Otra cosas que le generaba llanto eran las mofas que algunas de sus hermanas le hacían. En verdad le molestaba que se lo hicieran a escondidas.
Cuando él cumplió catorce años, ese año Lucy nuevamente iba a organizar otra fiesta de halloween, pero necesitaba ideas de disfraces para todos.
Esa lluvia de ideas se llevó a cabo en una reunión de hermanas, porque Lincoln no estaba en ese momento, la puerta estaba semiabierta. Luan comenzó a hacer bromas sobre los disfraces que usarían todas. Las bromas comenzaron a excederse, pero como estaban entre hermanas, era normal. Todo bien hasta que Lynn dijo que Lincoln podría disfrazarse de marinero, pero Lana le respondió bromeando que mejor le quedaría el de pirata. Eso fue un momento muy incómodo.
—Creo que mejor hablamos de esto mañana, estoy exhausta de tanto hablar —dijo Lola muy enfadada. No miró a Lana, la cual estaba avergonzada.
Lola soportaba las burlas externas de Lincoln porque su hermano no le daba importancia, pero las burlas de sus familiares no las iba a tolerar.
Ese tiempo Lola y Lincoln compartían mucho, Lincoln la ayudaba en sus actividades y ella también. Lincoln le decía que no era necesario pasar todo ese tiempo con él. No quería que lo hiciera por culpa. Lola no lo hacía por culpa, era por amor porque Lincoln era su héroe y caballero, como el de esas historietas que él leía y cuentos que ella leía.
Lola al salir de la habitación de Lori, se dio cuenta que Lincoln estaba yéndose de allí, se notaba que había estado escuchando, su espalda un poco encorvada lo denotaba.
—Lincoln… —no sabía qué más decir.
—Solo quiero descansar, los días son agotadores —su voz se notaba muy apagada.
La secundaria era un calvario para Lincoln, se ganó muchos sobrenombres, pero lo que le dolía más era que nadie se hacía la pregunta de cómo había ganado esa cicatriz y había perdido su visión.
La secundaria y los concursos regionales alejaban a Lincoln de su hermana Lola. Muchas cosas hicieron que la mayoría de los lazos se deshicieran con el tiempo. Pero el proteger a sus hermanas, jamás se fue de su ser.
Nunca tuvo un anuario, era de las pocas cosas que les pedía a sus padres, no quería tener un retrato de su cicatriz. Por eso había pocas fotos de él en los cuadros de la casa o en los álbumes.
Al terminar la secundaria, tuvo que trabajar porque sus padres no tenían tanto dinero para solventar sus estudios universitarios. Sus hermanas mayores querían darle su apoyo, pero las rechazó. Él podía hacerlo solo.
Lana, Lola, Lucy, Lisa y Lily eran las que le daban ánimos a su hermano para que no se dé por vencido. Lo que le daba alegría a Lincoln era que Lana perdía la culpa y que Lily después de años ya no le tiene miedo. Sin embargo, Lola era algo que le sorprendió.
Con los años pareciera que Lola olvidaba a su hermano, a veces hasta sentía rechazo hacia él por querer darle compañía o querer saber sobre quienes eran sus amigos. Todo lo tomaba a mal, desde hace algún tiempo se dijo que debía ser así. No sabía que eso destrozaba a su hermanito.
Cuando Lincoln tuvo veintidós años, las cosas se complicaron más en su vida, mejor dicho, las complicaciones aumentaron gradualmente desde que terminó su adolescencia, las personas en la ciudad ya no lo veían con los mismos ojos. Surgía el rechazo,
Lincoln había decidido algo que, desde hace algún tiempo, llevaba planeando. Pero justo cuando quería hacer las cosas bien. Surgió un gran problema.
Lola empezaba a salir con muchas personas ligadas al mundo de las pasarelas, los cuales solían ser tipos muy atractivos, pero ella no se daba cuenta que alguno que otro quería aprovecharse de su ingenuidad al entrar a las "ligas mayores". Lola pecaba en que siempre quería más de lo que tenía, a veces ella tenía lo mejor que era suficiente, pero solía perderlo por la cantidad insuficiente.
Lincoln no había entrado a la universidad porque sentía que eso no era lo suyo, pero no era eso. La secundaria le dejó muchas cosas negativas, entre ellas estaba el querer regresar a un salón de clases, sentía que todos lo tendrían como punto de burlas.
Esa noche donde iba a decirle sobre su futuro a sus padres, pasa por una calle algo solitaria y observa como un tipo comienza a propasarse con una señorita. Se dio cuenta que era Lola, su hermana.
Lincoln y el chico se pelearon, pero el peliblanco terminó por ganarle la pelea. El tipo comenzó a insultar a Lincoln por su rostro, no aceptaba que le habían dado su merecido, pero a Lincoln le daba igual. Sin embargo, lo siguiente lo dejaría muy triste.
—¡Lincoln! ¡No hagas eso! ¡Él es un buen chico! ¡A veces siento que eres un fenómeno! —se dio cuenta muy tarde de lo que había dicho.
Al tratar de dar sus disculpas, su hermano estaba caminando rápido para dar la vuelta a la siguiente calle. Lo más triste fue que esas disculpas se las dio al chico.
Regresó a casa en un taxi porque el chico se molestó con ella, pero poco le importaba ahora. Debía disculparse con su hermano.
Al llegar a casa preguntó por su hermano, pero le dijeron que había ido a casa de un amigo.
Ese día Lana después de tiempo, nota con un sentimiento de culpa a su hermana reflejado en todo lo que hacía esa noche.
Los siguientes días, Lincoln no regresaba a casa, pero llamaba diciendo que permanecería por unos días más donde un amigo. Lo que no decía es que ese amigo era Liam, y que lo ayudaba en buscar algo.
Lola se enteró al final que el tipo seducía a las nuevas para acostarse con ellas y mentirles con un puesto en las grandes pasarelas. Su hermano tuvo razón al defenderla.
Cuando regresó una noche, vio a Lincoln conversar alegre con sus padres, mientras ellos estaban llorando, pero sin borrar su sonrisa.
Les daba la noticia que estudiaría en otro Estado porque la ciudad no era lo mismo de antes y que necesitaba recibir nuevos aires.
Al fin Lincoln iba a dejar el nido, eso era algo que llenaba de orgullo y entristecía a los padres. Lana recordó con lágrimas aquel fatídico evento y la razón por la que no fue ella, pero sabía que llorar por ello era un insulto a su hermano. Lucy y Lisa lo tomaron de la mejor manera, su hermano ya había cumplido un ciclo en la casa. Lily no pensaba que su hermano, aquel chico que le daba miedo y que después la llenaba de orgullo, se tuviera que ir.
Lola sabe que ahora es la separación con su hermano, aquel chico que la defendió y evitó lo peor para ella y Lana. El muchacho con un recordatorio de su valentía que era opacado por temor o incomodidad que en realidad generaba.
Lincoln dijo que se iría a las siete de la mañana de un lunes, pero eso era mentira porque en verdad había comprado boletos de autobús para ese mismo lunes a las dos y media de la mañana. Solo sus padres lo sabían.
Lola no durmió como aquella vez del accidente de Lincoln, se sentía más culpable que nunca. No pudo disculparse por lo dicho esa noche. Escuchó a alguien bajar las escaleras. Su corazonada le decía que saliera.
—¿En verdad te vas? —dijo con tristeza.
—Disculpen por no ser en la mañana, pero las personas no se toman bien mi presencia —dijo mientras abría la puerta.
—¿Me perdonas? —dijo con unas lágrimas que brotaban.
—¿Por qué te perdonaría? Tú no me has hecho nada —sonreía mirando al exterior.
—Por todo lo que te ha pasado, por la vida que llevas —caminó hacia él.
—Esta vida yo la escogí, esta cicatriz y la pérdida de mi ojo derecho son el recordatorio de que protegí mi amor —no volteó a verla—. Es mi deber, es mi responsabilidad, pero ahora ya no podré protegerte más, solo prométeme que tú lo harás con alguien que en verdad lo necesite… Adiós —salió de allí con su mano izquierda cubriendo su ojo izquierdo.
Lola regresó a su habitación, se acostó tratando de no llorar más, pero Lana se acercó a ella y después de años ambas lloraron por lo que le pasó a Lincoln.
Lola con veintidós años había conquistado muchas cosas, se dio cuenta que el esfuerzo y uno que otro atajo, la llevaron hasta donde estaba.
Cada vez que se untaba la crema en sus piernas, un leve rastro de cicatriz le recordaba a esa persona especial. Esa persona estuvo seis años sin estar en contacto con ella, pero tres de esos últimos seis años se mantuvo en la búsqueda de Lincoln.
Lola tenía eventos a los que asistir, pero a veces decía que no valían la pena, no se sentía muy cómoda. La gente solía ser muy superficial en ese ambiente, pero había veces donde exageraban en eso.
Sus padres nunca quisieron decir a dónde se fue Lincoln en verdad. Se enteraron por medio de Lily que un día escuchó una conversación entre ellos y alguien a quien no escuchó por años en el teléfono. Era la petición de Lincoln para que nadie lo buscara. Las culpas volvieron a Lola.
Lisa le dijo que la señal del chip era débil, pero que después de tiempo la puede detectar. Le dio una dirección, era un lugar alejado. Lola le dijo que solo ella iría, necesitaba hablar muchas cosas y hacerlo cambiar de parecer.
Lola le dijo a su manager que no iba a poder ir a un evento porque necesitaba hacer algo con suma urgencia. Su manager le dijo que buscaría un reemplazo.
Lola no tardó más de una semana en llegar a un sitio lleno de bosques, alejado de la ciudad y un pueblo al que era aledaño. Antes de arribar a ese sitio preguntó por Lincoln, algunos lugareños que eran sus compañeros le dijeron que ese hombre vivía en una cabaña y que su trabajo terminaba a las seis.
Un tipo alto, fornido, con una barba corta, de un particular cabello blanco, regresaba a su hogar para descansar por la jornada agotadora. Regresaba con hacha en mano. Vestía con una capa y capucha largas, una chalina que le tapaba su boca, esa era temporada de invierno.
Aquel hombre se quedó paralizado frente a la puerta de su hogar al ver a la chica que inmortalizó su valor, la chica por la cual él seguiría dando todo.
Lola estaba asombrada por no reconocer a su hermano, pero notó que algo no cambió en él. Sentía esa sensación de soledad, de lejanía.
—Linky… —mostraba una leve sonrisa.
—Alto, no te muevas, ¿cómo me encontraste? —dijo con asombro.
—Lincoln… —notó que su hermano retrocedió asustado.
—Lola… yo me alejé de todos… yo lo hice porque no quería sentir esas miradas de lástima o pena… Yo lo hice para no darle molestias a ustedes —lo dijo con mucho temor.
—¿Qué te sucede, hermanito? —Lola caminaba hacia él.
—¡Atrás! —le apuntaba con su hacha— ¡No te muevas! ¿Qué más quieren? ¡Qué más quieren! —estaba muy asustado.
—Lincoln solo quiero… —fue interrumpida, pero no dejaba de acercarse a él.
—Mi vida no fue la mejor, pero me hacía la idea de cómo vivirla después de ese suceso, no me arrepiento de eso —dejó caer su hacha—. La gente suele ser cruel, las personas suelen dejarse llevar por las apariencias, la secundaria fue un terror para mí, por eso no fui a la universidad ni en nuestra ciudad ni en el otro Estado —comenzó a agitarse—. Solo quería buscar algo tranquilo, no quería molestar a alguien. Las personas me observaban con asco, les daba miedo, les incomodaba y muchas cosas más —se agarró del tronco de un árbol—. Las personas piensan que soy un tipo de mal vivir, piensan que puedo ser un asesino o un ladrón que ha salido o escapado de la prisión… cada vez que cuento mi hazaña, me toman como un loco, creen que invento cosas… hay que aceptar que nadie le creería a un tipo con un gran corte en el rostro y sin vista en un ojo que le sucedió eso por salvar a su hermanita… y-yo no puedo estar viviendo así… no puedo pasarme toda la vida explicando mi problema… no podría tener vida —cayó de rodillas—. Es por eso que decidí alejarme, aun así la mirada de los demás me resulta muy inquisidora… ellos no creen en mi valor —empezó a llorar—. Quiero creer que aún tú crees que tengo valor, porque lo que hago… solo un cobarde lo haría.
Lola se colocó frente a él, pero él se lanzó a sus piernas y empezó a llorar en cantidades enormes. Le acariciaba los cabellos.
—Soy un cobarde… en verdad soy un cobarde… ya no sé si en verdad lo que sucedió por tener valor —la miró implorando piedad con su rostro—. Ya no sé qué más hacer, ¿crees que de verdad defendí lo que amo?
Esa noche Lincoln estaba en su cama acostado sobre el pecho de su hermana, el frío y los sentimientos aflorados frente a ella, lo habían debilitado.
Lola se dio cuenta que al no frotarse seguido con las cremas que siempre usó desde niña, la cicatriz relucía. Era algo idéntica a la que su hermano tenía en su rostro.
Tenía el rostro de su hermano a pocos centímetros de ella. Nunca le interesó la cicatriz y lo que le sucedió a su ojo derecho, para ella era un héroe, un príncipe, un caballero. Nadie hubiese dado la vida como él lo hizo aquella vez. Todo el amor del mundo pudo con ella, pero le dio un beso en su frente.
—Diste parte de tu vida para protegerme y no hacerme sentir mal —abrazó con ternura al chico—. Me revelaste tu amor de la forma más valiente posible, sin embargo, eres humano y tienes debilidades, temores, somos vulnerables… —derramó algunas lágrimas sobre los cabellos de Lincoln— es mi turno de darme valor para decirles a todos que quiero estar contigo siempre, darte mi apoyo y protegerte de ahora en adelante, amor...
Lola se durmió, pero esta vez estaba tranquila, las culpas se habían ido definitivamente, ahora las ganas de proteger lo que amaba era su mayor motivo…
(Inspirado en Bridger Walker, el niño que salvó a su hermana del ataque de un perro).
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Sé que seguía el Lyracoln o el Pollycoln, pero ese relato me inspiró en este pequeño shot. Disculpen por tardar en publicar.
