Lo vivido queda, amor…
Lincoln se encontraba muy pensativo, no quería creer lo que su hermana le dijo, pero era obvio que se iba a enterar sí o sí. Después de unos minutos ya había terminado lo que había pedido en la cafetería.
—¿Te sientes bien? —le preguntó Mollie.
—Claro, solo estoy un poco pensante —sacó de su bolsillo el dinero de lo consumido—, quédate con el cambio —su amiga mesera se lo recibió.
—Ve con cuidado, Linc —guardó el dinero en el bolsillo de su delantal.
Salió apresurado, debía llegar a casa o mejor dicho a la cochera donde vivía desde que tenía dieciséis, quería demostrar que podía ser muy independiente y lo demostró.
Pero ahora iba a esperar la visita de Polly… quería saber cómo le diría esa noticia por la que está intranquilo desde hace horas.
Eran las siete de la noche, las manecillas del reloj que estaba sobre su televisor se escuchaba fuerte, tenía solo encendida la luz de toda la cochera, estaba todo en completo silencio.
Polly estaba discutiendo con sus amigas, no podía creer que una le haya dicho a su hermano lo que ella debía decirle, su otra amiga le dijo que no era para tanto.
—No, eso no es justificable, yo debía decírselo primero, es la relación entre su hermano y yo —se notaba muy molesta.
—Polly, ella solo hizo lo que creyó justo —trataba de justificar a su mejor amiga.
Lynn hizo que Margo guardara silencio y se quede en esas bancas mientras ella y Polly discutían algo privado.
—Fueron muchos meses que no le dijiste de lo otro, por eso decidí decirle por lo menos la noticia de hace un mes —se sentó en el pasto—. Amiga, no es fácil saber lo otro y dejarlo pasar.
—Lynn… sé que no has tenido malas intenciones, pero no siempre puedes proteger a todo el mundo… ya no eres mi capitana —miraba a su alrededor—. Yo le diré todo, pero con tranquilidad… si tú estás intranquila… imagínate como se pondrá él… —en su voz se podía notar tristeza.
Le dio la mano a su amiga y volvieron con Margo para decir que ya no había necesidad de estar molestas, que ella arreglaría todo con su novio.
Luego de unos minutos más, Polly se fue sola a la casa de Lynn porque sus amigas debían volver a la universidad.
Al caminar pasó por una tienda de deportes donde vio un casco parecido al que tenía hace años, de manera inmediata se reavivaron muchos recuerdos en los que estaba involucrado su novio. Reanudó el paso con una sensación de tristeza.
Lincoln estaba acostado bocarriba pensando en lo poco que su novia lo apreciaba, o al menos eso le daba a entender lo contado por Lynn. Él entendía que por ser su mejor amiga le diría aquello, pero eso tenía más de un mes.
El sonido de la puerta irrumpió sus pensamientos, se levantó para abrir.
Ambos se miraron directamente, trataban de sonreír, lo intentaban. En Polly se denotó su profunda tristeza, pareciera que había cometido algo que dañó a alguien. Lincoln se notaba un poco enojado, pero no pudo empatizar con el semblante de su novia.
Se sentaron en la cama, Lincoln encendió la televisión, no quería que alguien pudiera algo privado.
—Polly… yo te quiero, pero desde hace mucho te noto en otro lado, lo que me dijo Lynn… lo que me dijo me hace querer creer que… —no estaba seguro de que decir.
—Lincoln… sé que eso te ha dolido porque piensas que no me inspiras confianza, desde los once nos conocemos y luego… ¡Míranos! Comenzó como algo inocente… ya no lo es, y es por eso que me complico —le tomó una de sus manos con las suyas.
—¿Acaso esperabas el último día? —no podía evitar sentirse decepcionado y un poco enojado.
—No… —no lo miró.
Quitó el volumen de la televisión, pero luego la apagó. Necesitaba hablar muchas cosas con su novia.
—¿Quieres ir a caminar? —preguntó avergonzado por la manera en que la recibió.
—Por supuesto —sonrió con gusto.
Las calles estaban vacías, eran cerca de las ocho de la noche, todos veían algún que otro programa en la televisión en familia o estaba pegada al ordenador por más contenido.
Fueron de la mano, aquella acción trajo el hermoso recuerdo de la primera vez que salieron como novios. Polly le parecía algo gracioso eso, estaba acostumbrada a tomar las manos de sus compañeras cuando necesitaban hacer alguna táctica en el roller derby, pero fuera de un juego se sentía extraño… pero emocionada. No hubo día donde ella lo lanzaba a Lincoln de un lado a otro para mostrarle sus cosas de su deporte preferido.
—¿Será Canadá? —empezó por romper el silencio.
—No.
—¿Otro continente? —se notaba en sus gestos lo febril del asunto.
Se detuvo y le dio un repentino abrazo, suspiró cerca de su cuello. Le costaba mucho el ser sincera.
—Me iré a Alemania, mi tío me consiguió una beca para estudiar allí —lo decía muy sonriente, pareciera algo falsa esa expresión.
Lincoln retiró sus manos de ella, algo no andaba bien en él. Estaban cara a cara.
—Siento que lo que haces es como una burla —fue sincero respecto a su actitud y sonrisa mostrada—. No confías en mí… parece que nunca lo hiciste… yo no soy quien para decirte si está bien o no… pero por lo menos debiste tener consideración al amor que te tengo —dio media vuelta—. Si es así, está bien.
Polly se reprendió a sí misma por no haber dicho eso y la forma, sin embargo, se detestaba por no ser sincera del todo.
Llegó a la cochera y se sentó mirando la televisión apagada, quería mucho a Polly. En verdad había tomado de excusa esa sonrisa de nervios, porque en realidad era eso, para evitar tener que terminar de manera normal, terminar una relación es una despedida, y las despedidas son difíciles.
En el transcurso de los días, ambos no pudieron evitar mostrar su tristeza.
Lincoln tuvo que decirle a la pequeña Lily que Polly ya no podría venir a jugar con los dos porque tiene que viajar. Las otras cuatro solo le dijeron que no se deprima tanto. Sus padres, en especial el señor Lynn, no dijeron mucho, esperaron a tener un día libre para charlar y darle alguno que otro consejo.
Polly estuvo tres días seguidos en cama, su madre no se despegaba de su lado. El señor Pain llamó a su hermano y le contó lo que le sucedía a su sobrina. La chica le pidió a su madre que le ayudara a sacar una caja de su armario. Puso sobre la cama de su hija aquella caja, inmediatamente su hija retiró el contenido.
—Mamá, necesito estar sola un momento —pidió con una voz melancólica.
Pensaba que ella aún era demasiado joven, pero lo poco que ha vivido es suficiente para irse sonriendo… si es que sucede.
Tomó la caja, la abrió con lentitud y sacó, en primer lugar, su casco; luego su camiseta y short.
Se quiso probar el casco, solo para recordar aquella vez cuando los guardó como recuerdo de su primaria y primer noviazgo. Pensaba que sería uno de tantos… nunca se imaginó que sería el mejor recuerdo.
Lincoln estaba en la cafetería donde trabajaba Mollie, ya iba a cerrar el negocio, pero su amiga le dijo a su jefe que cerraría junto a su amigo.
—No puedo creer que ya no estén juntos, se veían tan lindos —se lo dijo con una sinceridad palpable mientras colocaba las bancas de cabeza sobre la barra.
—Así son las cosas… disculpa si no te conté antes, pero… tuve que pensar mucho —colocaba las sillas de las mesas de la misma forma.
—Te entiendo… nada es fácil —después de todo lo comprende, es su amiga más cercana.
—Polly pudo ser sincera desde un inicio, pero decidió ocultar eso. Si Lynn no me lo hubiera dicho, quizás nunca hubiera sabido de ella… —dirigió su mirada al reflejo de su amiga proyectado por la ventana exterior—nunca la hubiese visto por última vez.
Mollie lo miró, pero su mirada se perdía al dar su atención al exterior, pero no era así. Pensaba que quizás sus decisiones eran muy radicales.
Desde el exterior se podía ver como el único bombillo lo iluminaba, Mollie se quedó quieta donde la luz no llegaba. Aún tenía esa idea de que todo podía ser para siempre. Olvidaba los consejos de sus hermanas mayores y su madre.
Cerró el negocio junto a su amiga, la acompañó hasta su casa. Todo el trayecto a la morada de ella no salieron palabras de sus labios. Su mirada se fijaba en lo que había frente a él, pero realmente el vacío era el promotor de su continua reflexión. Se despidieron con un beso en la mejilla. Su amiga se tornó intranquila dentro de su casa pensando en él.
Polly notó que ya era tarde, no había descansado desde que se despertó temprano ese día. Su casco ya no cabía en su cabezota, aunque cumplió con la función de rememorarle agradables pasajes de su no tan lejana adolescencia.
Se levantó fastidiada porque su enérgica actitud se apagaba lentamente. Logró sacar sus viejos patines y sus nuevos patines de derby de su clóset. Descartó inmediatamente la idea de usarlos por el ruido que haría, pero le llegó una mejor. Dejó sus nuevos patines en el clóset otra vez.
Era fin de semana y Lincoln, al no tener planeado nada, fue a darle ayuda a su padre en el restaurante. Cocinó al lado suyo mientras Kotaro y Grant atendían.
—Hijo, ¿todo bien? —preguntó algo obvio.
—Papá… quizás pienses que soy un inmaduro por sentirme mal por terminar con Polly —miraba la olla que estaba usando.
—No, para nada, te entiendo —picaba unas cebollas—. También la comprendo, no es fácil dejar de lado muchos años de ser el uno para el otro, perder a alguien especial no es nada fácil. Pero tampoco voy a decir que no fue tonto el que tú le terminaras sin decírselo frente a frente y que ella no haya tomado valor de contarte eso.
Dejó de picar la cebolla y la echó a la olla donde aderezaba con ajos. Comenzó a reunir las especias a su lado.
—Hijo, estamos hablando de hombre a hombre —bajó la intensidad de la hornilla donde cocinaba—. Eres un hombre, puedo tolerar esas actitudes de tus hermanas, pero de ti no. Esa chica es una de tus tantas alegrías, no puedo creer que pienses que tu confianza nunca fue puesta a prueba por ella, esto que debía decirte, no era nada sencillo —se notaba un poco más recio en sus palabras.
Lincoln se mantuvo en silencio, ni siquiera se atrevió a mirarlo.
—Mírame —hizo que su hijo lo mirara de manera tímida—, ¿piensas que las cosas siempre fueron rosas con tu madre? —su hijo se notaba anonadado por esa cuestión—. Para nada, estuvimos a punto de separarnos cuando éramos novios y cuando tuvimos a Lori. Un motivo que me reservo para tu madre y yo. Pero la sinceridad fue lo que a veces no daba pie a la total confianza. La noticia de Lori me lo ocultó por muchos meses porque su vientre no crecía tanto, pensaba que la dejaría por ello. Yo me enojé muchísimo por ello, me refiero a la confianza y amor que supuestamente me tenía —su seriedad era recia.
Echó el agua en la olla y añadió las especias junto a la sal y demás.
—Lincoln… quizás ella… —prefirió no decirle— si de verdad tú eres el que puso su confianza en la mesa de la relación, deberías retirar por unos momentos tu tonto orgullo, que no quepa, y verla para decirle que en verdad todo acaba, pero desearle lo mejor. Termina como terminaría un verdadero hombre —sonrió lentamente.
El peliblanco abrazó a su padre con un gran sentimiento de gratitud. El señor Lynn se dio cuenta que su hijo aún seguía confundido.
Polly estaba sentada en el sofá de su sala de estar con una remera blanca que le llegaba un poco más abajo de las rodillas. La puerta se abrió porque su madre la atendió. Lincoln la miró con un ligero asombro. Su pálido rostro no pasó desapercibido.
La señora Pain hizo que creyeran que se fue a su habitación, pero se fue a la cocina. La señora no pudo oír lo que hablaban, pero asomó un poco su cabeza.
Lincoln tomó las manos de Polly y le dijo algunas cosas que la madre de ella no pudo entender. La chica roller abrazó a Lincoln y recargó su cabeza en su hombro. Él sonrió levemente por lo que le dijo Polly al oído. Le dio un beso en su mejilla y se fue de allí.
Esa noche, ambos empeoraron más de lo deprimidos que estaban. Lincoln no le terminó, solo le preguntó por su estado y alguna que otra cosa sin importancia. Polly tampoco pudo decirle muchas cosas.
Polly ordenaba lo último de su equipaje, el vuelo salía en tres horas. Estaba alegre porque un día vio pasar a Lincoln por su casa, le sonrió a ella que lo miró desde su ventana. El taxi se aparcó frente al cartel que decía que el lugar estaba en venta.
Al llegar al aeropuerto, su amiga Lynn y, como anhelaba, Lincoln estaban allí. Aún había tiempo para despedirse de ellos, pero recordando buenos momentos. Sus padres no quieren que llegue deprimida.
Con Lynn habló un poco porque, días antes, habían hablado sobre muchas cosas. Solo faltaba la despedida.
Ahora era el turno de Lincoln, con él habló alejado de todos.
—Polly… las despedidas son difíciles… he tenido que agarrar mucho valor para venir… no puedes irte sin que te pida perdón —Lincoln miró al suelo, pero ella le tomó el rostro para que la mirara, estaba llorando—. Realmente estos años fueron cosa que se quedarán por mucho tiempo… ahora sí debemos terminar… —le tomó las manos— espero que te vaya bien en el extranjero, espero que algún día nuestros caminos se crucen y… poder recordar los viejos tiempos… —acercó su rostro de ella para darle un beso.
Lincoln en verdad le iba a decir unas cosas más hermosas, pero era inútil, no se sentía listo para decirle adiós.
—Espero que nos volvamos a ver… tenlo por seguro… pero quiero que sea al lado de la familia que formes… —ahora ella le dio un beso, pero en su frente— fuimos felices, vivimos muchas cosas en poco tiempo, fue algo inocente al principio —lo abrazó—. Te quiero, te quiero como no te lo imaginas —lloró sonriendo de manera sincera.
Los señores Pain y Lynn estaban expectantes a lo que diría Polly. La reacción de Lincoln los dejó sonriendo levemente.
Para no hacer tan melancólico el momento, junto a Lynn recordaron divertidas anécdotas.
Cuando ya debían entrar al embarque, se dieron el abrazo del adiós. No fue tan difícil hacerlo, pero acabarlo fue algo doloroso. Polly le regaló una última sonrisa.
Lincoln le dijo a Lynn que se iría a caminar solo un rato. Lynn le dijo que no se preocupe, inmediatamente se fue al baño del aeropuerto. Encendió su teléfono.
—¿No le dijiste sobre tu enfermedad? —se notaba muy confundida.
—No, así debe quedar —miró por la ventanilla los demás aviones—. Quiero que se lleve un bonito recuerdo, no quiero que sienta lástima de mí o que viva con la pena de no haber podido ayudarme… hice lo correcto —se escuchaba algo sentimental—. Todo quedará en un bonito recuerdo, y ese recuerdo se perderá con los años y… cuando lo recuerde, ya tendrá una novia, una prometida, una esposa, una grandiosa familia, y siempre terminará sonriendo cada vez por ello —soportó las ganas de llorar—. Eres una gran amiga, no lo olvides. Y Lincoln fue el amor de mi vida, adiós.
Polly colgó en el instante que les dijeron que debían apagar sus celulares. Lynn sabía que si allí no resultaba nada… ya nada se podía hacer.
Lincoln al caminar se encontró con Mollie de casualidad. Le habló de cosas al azar, lo cual hizo que terminaran almorzando juntos. Pasaron los años y se volvieron novios. Pasaron más años y ya tenían su propia casa.
—¿Por qué sonríes? —le preguntó dándole un abrazo.
—Nada… solo algo vivido—le vino a su mente una persona—. Fue hermoso.
Entró y llenó de mimos a su esposa, dio gracias a su bonito recuerdo, que quedó en él, el que en ese instante aprecie lo feliz que fue y es...
.
.
.
.
.
.
Después de más de un año volvió el Pollycoln (espero que los amantes de este ship queden satisfechos) y después de meses volvió la sección más querida (tanto en Wattpad como en Fanfiction… creo), espero que les haya gustado. Sigue el Lyracoln y posiblemente el Lilycoln número diez. Cuídense...
