El deseo aparece de repente,
en cualquier parte, a propósito de nada.
En la cocina, caminando por la calle.
Basta una mirada, un ademán, un roce.
Pero dos cuerpos
tienen también su ocaso,
su rutina de amor y de sueños,
de gestos sabidos hasta el cansancio.
―Kavafiana (María Mercedes Carranza)
#LaTentación
Robert encuentra una nueva favorita en Beony Bushy, la dama de compañía de su esposa es todo lo que ella no. La suave puta Bushy no habla de más, no toma partido en las decisiones políticas del reino y no se mete con Jon cada que puede. Cersei tiene un talento para la educación y el refinamiento, al menos eso piensa mientras logra que los últimos rezagos del viaje ingresen a Desembarco del rey.
El rey vuelve entre los gritos de alegría de la gente y las miradas de reproche de algunos nobles, los rumores sobre su relación estrecha con la reina no gustan a todos, entre ellos los que esperan encontrar una ayuda extra poniendo mujeres en su cama. Robert no trata de desmentir el idilio de amor que ha comprado la mayoría, incluido Jon, puesto que hay un tipo de respeto nuevo en el ambiente que ayudan a que el título de rey no le provoque malestar.
―¿Y si la reina lo sabe? ―dice Beony, una semana después de llegar. Están escondidos en una de las habitaciones del torreón central, las que aún no tienen destino específico y guardan muebles empolvados y alguna que otra rata.
La muchachita está organizando su vestido, ocultando los rastros de sus manos por la piel bien cuidada.
―Si lo sabe, será tu culpa. Y no podré salvarte.
Los ojos de cervatillo de la mujer se contraen, su rostro toma un cariz plano y casi calcáreo. Tiene que calmarla de alguna manera. Esta no es una prostituta, ni una diminuta mujer del campo que aceptará alegremente que nunca se casarán; debería visitar a Mya en alguna ocasión.
―Solo no te embaraces ―pide, poniendo un beso en el reverso de su mano―. Conseguiré un buen matrimonio para ti y un lugar seguro lejos de la reina.
―¿La amas? ―pregunta la mujer.
¿Ama a Cersei? No sabe. Quiere a Cersei, ha logrado entenderla luego de lo apresurado del compromiso y el matrimonio por conveniencia; no se han intentado asesinar, eso lo considera ganancia. No le gustaría enemistarse con ella, no cuando sus noches de copas compartidas, historias extrañas y debates de la corte son tan buenos. Además, no quiere que ella se convierta en una de esas mujeres solitarias, que reniegan de todas las damas. Es el tipo de afecto que le guardaba a los hermanos de Ned o a la buena Catelyn; el tipo de afecto que le provocó Stannis cuando caminó por primera vez detrás suyo en los salones de su padre.
Elige un día propicio, en el siguiente mes, para hacer aquello que le viene llenando la mente desde que lo habló con su esposa. Barristan Selmy, que lo espera afuera de las habitaciones y lo acompaña a almorzar, es invitado a sentarse a la diestra del Rey antes de la reunión con el Consejo Privado. Aparte de ellos, hay solo soldados Baratheon.
—¿Qué opina de Jaime Lannister? —pregunta, mientras sirve una copa para sí y otra para el hombre.
Ya han tenido esta conversación, aunque fue más pública, más marcada por la desolación de la guerra. En aquel momento Ned volvía del sur con un cadáver y Jaime Lannister se escudaba tras su padre para evitar los señalamientos de traición., Barristan no se cayó cuando se le preguntó si el hombre era de fiar.
—Sigo pensando lo mismo que hace meses —contesta el caballero, mirando el vino y a su espada—. Mató a quién juró proteger, ¿cómo va a protegerlo a usted?
Robert sabe porqué: porque Cersei está cerca y su padre lo necesita. Jaime es un hombre para la batalla, pero lo amarraron como a un perro cuando debió pelear.
—Entonces estará de mi lado cuando proponga quitarle su capa y enviarlo con su padre.
—¿Cómo castigo? La capa es un deber, uno adquirido hasta la muerte…
—Soy el rey —se jacta Robert, bebiendo de su copa y sonriendo. Solo por estas cosas le agrada el título—. Podemos hacer una excepción y que sea una recompensa a mi suegro por su aporte a la guerra.
El Guardia Real no dice nada, no toma su copa, solo asiente. Luego vuelve a su sitio detrás de la silla a la cabeza de la mesa. Robert extraña a Ned, él le diría que no, así no le hiciera caso. Ned que ya tiene dos hijos, al segundo le ha puesto como él: Rob; la carta que trajo la noticia también describe como Catelyn ha resultado ser lo suficientemente fuerte para no solo soportar el Norte, sino comenzar a hacerse su lugar en el castillo sin esfuerzo.
«La quieren. Es amable, pero seria. Sabe de cuentas, entiende de la caza y de despensas. El castellano ha dicho que es la primera vez en años que alguien habla con seriedad sobre el trigo y la cebada». Ned no dice que la ama, pero la respeta. Él quiere lo mejor para Cersei, quizá eso sea mejor que el amor a largo plazo.
Cuando llegan los demás miembros del Consejo Privado, su meditación sobre Jaime Lannister ha tomado un cariz diferente. Les expone como, ante la guerra, el reino ha sido transformado por completo, sobre todo las familias, y debe tomar importancia fortalecer a aquellos que han sido un apoyo para la corona; además, usa la carta de aprecio por su esposa como un aliciente para su decisión:
—Cersei está unida a su familia tanto como yo a la mía. —Aunque no haya visto a Stannis en meses—. Jaime es el verdadero heredero de la casa Lannister, si queremos que mi reinado sea fuerte, debemos empujar un poco el futuro. Los hijos de la casa Lannister serán los primos de mis herederos, hay que pensar en estrechar lazos.
Algunos, entre ellos el consejero de la moneda, un viejo Lord Celtigar, le aconseja que mantenga atado al león: —Su esposa está aquí, el hijo mayor está aquí, mientras le quede solo el enano, tendrá que responder ante usted.
Jon tiene menos miedo de contradecirle: ―Van a usarte. Te convertirás en una marioneta al servicio de occidente.
―Para eso te tengo aquí, Jon ―comenta―. Me ayudaste a conseguir este Trono, ayúdame a mantenerlo con las mínimas inconveniencias y enemigos, no quiero ser el Rey Loco. ―Y aún no olvida que los hijos de éste viven lejos, siendo un peligro para todos.
Más tarde esa semana, cuando sella el decreto que envía a Jaime Lannister a la Roca, descubre que su esposa está presentando algunos síntomas desagradables y le sugiere mantenerse al cuidado de Pycelle en su torre para que no se complique. Mientras tanto, se entretiene con Beony, que le habla de las propiedades de su padre, de las praderas para cazar y los campos para divertirse, lo hace mientras se abre de piernas y exhibe su coño sin ninguna timidez. Se deja llevar por ello, prometiendo que la llevará allí al final del año, cuando las cosas sean más propicias.
...
#ElEmbarazo
Se entera del embarazo dos meses después del viaje. Lo hace porque falta su sangre de la luna y pasó tres días vomitando desde antes de que salga el sol, su estómago se rebelado contra todo lo que conocía; el olor de su esposo le repele aún como pocas cosas en su vida. Es una semana horrible, con dolores en las piernas y mareos.
Pycelle es quien le da las noticias: —Su alteza, se encuentra en espera —el viejo hombre la mira con orgullo, mientras se lava las manos después de examinarla—. ¿Quiere que se lo comunique al rey o prefiere esperar?
Cuando Tywin Lannister abandonó la capital, a Cersei se le entregó la confidencialidad del viejo maestre como un seguro frente a las necesidades que pudiese tener. Podría negar este embarazo, retrasar el momento en que le diese un heredero al rey… pero, pero "Dieciséis para él, tres para ti". No puede darse el lujo de que aquella afirmación se haga real.
Despide a Pycelle y le instruye ir al consejo privado para dar la buena nueva. Robert no ha venido a verla desde que comenzaron los malestares, alegando la necesidad de que ella descanse y se ponga fuerte. Los rumores, y Jaime antes de irse, han sido más claros: Beony Bushy pasa mucho tiempo a la diestra del rey, sirviendo su copa y cantando para él. Aunque Annara no es la responsable de ello, cuando Cersei le preguntó si sabía algo, lo negó por completo y fingió que no había sido ella quien cedió dos vestidos a la nueva favorita para presentarse en la corte.
Cuando Cersei escucha por casualidad que Lord Frey ha perdido a su sexta esposa, no duda en enviar un retrato de Lady Annara a los Gemelos y escribir a Lord Farring que, de recibir una oferta de matrimonio por la mano de su hija, deberá aceptarla sin reparos. Genna Lannister le devuelve una carta agradeciendo por conseguir una nueva esposa para su suegro y la insta a facilitar alguna unión entre una de sus damas y otro Frey, hermano de su esposo, que está en la edad de merecer.
―¿Has enviado a todas tus damas a Los Gemelos? ―pregunta Jaime, dos meses después, cuando viene a ver el vientre que empieza a abultarse―, pensé que Lord Fry era un "gusano repelente que espera a que le echen sobras".
―Y sobras es lo que le estoy enviando.
Al principio se había enojado por la idea de que Jaime fuese devuelto a la Roca, con su padre, imaginando todas aquellas situaciones en las que podría requerirlo ―él había tomado la Capa Blanca para estar cerca de ella, al fin y al cabo―. Ahora lo ve como una oportunidad, Robert sabe que se quieren y su relación es estrecha, ha prometido que luego del embarazo dejará que visite su casa ancestral; no tiene que estar siempre en Desembarco, no necesita ser la reina siempre, a veces puede volver a ser solo la amada de Jaime, la niña inquieta, la pequeña señora de Roca Casterly.
Es con Jaime con quien envía la misiva a Tywin Lannister.
Padre:
Estoy a punto de dar el primer heredero al reino. El rey te ha regresado a Jaime. Hazme un favor, asegúrate de que esas perras que he enviado a la casa Frey nunca saquen su cabeza de aquel pozo.
Tus nietos se sentarán en el Trono de Hierro. Serás abuelo de un rey, príncipes y princesas.
¿Podrías volver a la ciudad? El rey va a necesitar consejeros pronto, los que tiene ahora son viejos.
Tu hija.
Cersei.
Jaime se queda, al menos hasta la mitad del embarazo. Robert mantiene su distancia hasta que su estómago le impide verse los pies; nadie le advirtió sobre lo horrible que sería el proceso de ser madre, sabe y conoce del sangriento nacimiento, con sus posibles consecuencias, pero llegar allí es tortuoso. Sube de peso a la par que el rey encuentra excusas para rebelarse de sus deberes por la búsqueda de alces en los bosques reales o nuevas aventuras en las zonas aún por pacificar.
Cuando vuelve a la corte, después de arrodillar a las personas de las marcas y pasar por Dorne (¿habrá dejado algún bastardo allí?), la enorme fiesta que le recibe es presidida por la reina, engalanada de dorado y con su prominente barriga anunciando un primogénito tan aguerrido como el rey. Cersei desea vaciar una tina de vino sobre Robert en cuanto lo ve atravesar la puerta de entrada a la Gran Sala del castillo; ella está al final de las enormes escaleras de espadas retorcidas, admirando más los mesones llenos de comida que se han servido a las personas. Su único deseo es el de comer algo bueno, recibir un masaje en los pies y dormir ―también ir de vuelta al baño, su vejiga comienza a llenarse otra vez―; sin embargo, está obligada a rendir pleitesía a este idiota.
―Mi señora ―la saluda con un beso en el dorso de la mano, al llegar a su altura- Tiene la barba afeitada, con una sombra de un par de días, no viene con el olor de la batalla, ha tenido la precaución de un baño, y sus ojos azules son tan profundos como el mar. Un viejo y escondido deseo ―unas ganas de llorar― la embargan.
―Es un placer tenerlo de vuelta, mi rey ―confiere, con una inclinación de cabeza.
Él sonríe ante esas palabras, como si encontrase en ellas algo que le halagara. ¿Tal vez las emociones de ella le son favorables?
―¡Traigan el regalo para mi reina!
Detrás de Robert, un par de pajes empujan un cofre, dentro, telas finas de excelente calidad se prestan para reposar un par de coronas doradas ―una lleva esmeraldas, la otra piedras de un negro produnfo con textura parecida al jade―, un juego de pendientes y un collar de perlas con varias vueltas. Al lado de ello hay un potrillo, negro, con el pelaje fino y brillante.
―El caballo es para el niño ―dice el rey, poniendo la mano sobre su vientre. El pequeño dentro suyo se exalta y da unas cuantas patadas. La multitud que había comenzado a vitorear ante la declaración, se detiene cuando Cersei se dobla sobre sí misma por la impresión―. ¿Estás bien? ¿Llamo al maestre?
―No. Son solo patadas ―aclara―. Parece feliz con el regalo.
El rugido de Robert se amplifica en la sala. Los demás nobles estallan con él, Jon Arryn se acerca para desearle suerte y recomendarle sentarse un poco; no le dice que no, un hombre que ha visto morir a tantas esposad en el lecho tiene que saber algo sobre evitar accidentes. Robert evita que se mueva, tomándola por la cintura y debajo de las rodillas para levantarla. Las voces vuelven a subir, todas ellas enfocadas en la escena de la pareja real que tan enamorada, procura el bienestar de su primogénito.
Notas de autor:
Debo decir que me estoy encariñando con Robert solo porque me recuerda la época más WTF de mi estancia en la U, cuando no tenía ni idea de que hacer con mi existencia, pero era todo optimismo. Ah, que bellos tiempos.
Sé que debía terminar esto hace mucho, pero la vida se ha interpuesto. Espero que esté completo antes de finalizar el año sino me voy a sentir algo inútil. Las buenas noticias es que creo que el Robert/Cersei es mi nueva shipp culposa.
A quien me sugirió pasar este fanfic al inglés. Gracias, pero, prefiero no hacerlo. Por ahora, prefiero nutrir este lado del charco con ideas, así como yo leo fanfics en inglés aprendiendo el idioma, podrían hacerlo de vuelta los que solo hablan inglés.
