Muy buen día a todas, espero estén pasando un lindo día. Les recuerdo que la historia NO es para menores de edad ni para personas sensibles al tema adulto, gracias por comprender.

La historia es completamente de mi autoría, los personajes originales no me pertenecen. Lo hago sin fines de lucro, es solo por diversión.

COMENZAMOS!

LÍNEAS DEL TIEMPO

41

LÍNEA 1

Su voz se dejó escuchar en el salón, ya no era la voz de un niño, ya no era la misma voz que había dejado de escuchar en el pasado. Su mente viajó a la última vez que lo había visto, ya no vestía aquel traje de mediados de siglo que le había traído en su último viaje a España, ahora vestía como todo un caballero, su estatura había aumentado sin embargo seguía teniendo la misma mirada tierna y sin malicia que tenía de pequeño.

-¡Anthony! – Dijo Vincent al escuchar la voz de su hijo irrumpir en el salón.

-¡Papá! – Dijo Anthony con verdadero gusto al ver la figura paterna que tanto añorara en sus días de adolescente estaba frente a él.

Ambos caballeros se dejaron guiar por el impulso en sus corazones, ninguno de los dos podía creer que estuvieran frente a frente después de tantos años de no verse.

-¡No puedo creer que seas tú hijo! – Dijo Vincent tomando su rostro para observarlo detenidamente. - ¡Dime que no es un sueño! ¡Dime que realmente eres tú Anthony! – Decía el pobre hombre buscando en la mirada del rubio algo que le dijera que no era un sueño y que realmente podía abrazarlo como la hacía.

-No es un sueño papá. – Le dijo Anthony totalmente emocionado, sus hermosos ojos se llenaban de lágrimas de alegría y emoción por volver a mencionar aquella palabra que había quedado prohibida para sus labios tiempo atrás. – Soy yo… Anthony... tu hijo… – Le decía en medio del llanto y de los besos que llegaron pronto por todo su rostro, su padre había vencido el impulso por contenerse y mostrar su fuerza de hombre y se había dejado llevar por la emoción que sentía por volverlo a tener frente a él.

-Mi hijo… Anthony... - Le dijo Vincent volviendo a abrazarlo con fuerza.

Detrás de ellos Elroy estaba completamente emocionada, sus ojos estaban empañados de llanto, totalmente conmovida por ver aquel encuentro que creyó sería más sencillo para ella.

-Jamás la perdonaré señora Andrew. – Dijo de pronto Vincent mirando a la vieja Elroy, quien se quedó helada por las palabras tan duras dirigidas a ella.

-No padre. – Dijo Anthony dispuesto a defender a la mayor.

-No puedo Anthony, por culpa de esta mujer he perdido muchos años a tú lado. – Dijo Vincent dispuesto a no perdonar a la matriarca.

-No son tantos como parecen papá. – Dijo Anthony intentando hacer ver a su padre cuan equivocado estaba, queriendo revelar la verdad para evitar que la mayor sufriera una culpa que no merecía. Vincent lo miró incrédulo. – Pasé mucho tiempo sin verte cuando era un niño. – Le dijo sin querer hacerlo sentir culpable, pero su trabajo había sido el causante de ello.

-Sabes que mi trabajo no me permitía estar con ustedes mucho tiempo. – Dijo Vincent sintiéndose culpable por aquella realidad.

-Lo sé padre y no es un reproche. – Le dijo Anthony intentando llegar hasta donde quería. – Pero como dije hace un momento la tía abuela no es culpable de lo sucedido. – Dijo mirando a su padre súplica. – Cuando sucedió el accidente yo estaba más muerto que vivo, quedé en tan malas condiciones que no podía recuperarme. – Dijo invitando a su padre a sentarse junto a él. Vincent siguió escuchando atentamente sus palabras. – La tía abuela me cuidó todo este tiempo, veló por mi recuperación y el día que yo desperté le pedí que no dijera nada hasta que yo pudiera contar mi propia historia. – Dijo mirando a la vieja Elroy, quien abrió los ojos de pronto al ver que su nieto se estaba haciendo ahora responsable de una historia que así no se había contado.

-¿Ni siquiera a mí? – Preguntó Vincent con cierto dolor. Anthony pudo advertir que se sentía mal por no haber sido tomado en cuenta.

-Ni siquiera a ti padre. – Dijo Anthony con cierta culpa en sus palabras. – Quería regresar como el verdadero Anthony. – Dijo para asombro de Elroy. – El accidente me había dejado en tan malas condiciones y no sabía si me recuperaría, no quería la lástima de nadie, ni siquiera de ti padre, ni siquiera de la mujer que amo. – Dijo de nuevo mencionando ahora a Candy.

-Comprendo. – Dijo Vincent sintiéndose orgulloso de su hijo. El honor estaba primero que cualquier cosa y Anthony demostraba que hubiera preferido quedarse oculto entre las sombras a presentarse ante todos como un desvalido y quizás digno de pena.

-Quiero que entiendas que la tía abuela no tuvo culpa de nada, es más, ella siempre me recordaba que era hora de llamarte. – Dijo Anthony una vez más, mirando a la tía abuela extendiendo su mano para tomarla y besarla con cariño. – Y fue ella la que quiso tomar toda la responsabilidad ante ti para que no tuvieras ningún resentimiento conmigo. – Dijo mirando ahora a su padre. Vincent lo miró con orgullo porque fuese o no verdad lo que estaba diciendo, prefería dar la cara por la matriarca para defender su honor. Vincent miró a Elroy y a pesar de todos esos años de resentimientos y malos entendidos pudo mirarla sin rencor.

-Gracias por mantenerlo con vida. – Dijo Vincent por fin a la matriarca, quien abrió los ojos sorprendida porque no se esperaba esas palabras.

-Anthony es como si fuera mi propio hijo. – Dijo Elroy con la voz entrecortada, mirando al rubio con amor, comprendiendo ambos lo que hacían cómplices del momento.

-Sé que siempre fue así. – Dijo Vincent seguro que así era, porque una cosa era el "amor" que había sentido por él y otra cosa el amor que había sentido por Rosemary y por el mismo Anthony. - ¿Y qué es eso que te vas a casar? – Preguntó ahora más tranquilo y ansioso por conocer la vida de su hijo. Anthony sonrió radiante al escuchar la pregunta de su padre.

-No pude evitarlo más padre. – Dijo Anthony sin dejar de sonreír, feliz por su próxima boda y por el perdón otorgado.

-Ya le dije que me parece muy precipitado. – Dijo Elroy dando su punto de vista.

-¿Y tú qué opinas? – Preguntó Anthony a su padre, quería saber qué pensaba de aquella decisión tan importante que había tomado.

-¿La amas? – Preguntó Vincent mirándolo fijamente a los ojos. Anthony sonrió con ternura al recordar los ojos de su princesa.

-Como a nadie padre. – Dijo Anthony seguro de sus sentimientos. Vincent sonrió y miró con nostalgia a su hijo, no podía evitar que su rostro lo remontara hacia el rostro de su esposa, tan parecidos los dos.

-Entonces yo digo que adelante. – Dijo Vincent para sorpresa de Elroy, quien animaba a Anthony a llevar a cabo aquella aventura que deseaba emprender. – Tú mejor que nadie sabe que la vida es muy corta y que a veces nos sorprende de mala manera. Tú madre y yo somos el mejor ejemplo de ello. – Dijo el capitán con un nudo en su garganta, su mente viaja a su difunta esposa, no podía evitarlo y deseaba que su hijo fuera muy feliz al lado de su amada. Anthony asentía seguro que sabía muy bien a lo que se refería su padre, él había perdido a Candy en su línea del tiempo y ella lo había perdido a él también, y eso mismo lo animaba a buscar la felicidad a su lado. – Así que ámala, sé feliz, cásate con ella y vive esa historia de amor que todo hombre tiene derecho a vivir. – Dijo animándolo a casarse con Candy.

-Gracias papá. – Dijo Anthony agradecido por sus palabras, dejándose envolver por aquella recomendación que lo animaba aún más a seguir sus sueños, no era como si se hubiera dejado convencer de haberle dicho lo contrario, pero el que su padre estuviera de acuerdo con sus planes lo llenaba de dicha y felicidad. – De hecho había estado esperando que llegaras para presentártela. – Dijo una vez más el rubio con verdadera ilusión en su corazón.

-Creo que me gustaría volver a verla en condiciones más favorables. – Dijo Vincent recordando que más de un año atrás la había visto en el funeral de Stear. – Por cierto ¿Dónde está Stear? ¿Y William? – Preguntó al recordar que Edward le había dicho que Stear también estaba con vida.

-En un momento le avisan a Stear que estás aquí, pero William salió de viaje. – Dijo Elroy para después avisar al mozo que fuera por los Cornwell.

Stear bajó junto a sus padres, se sentía ansioso por ver al padre de Anthony, deseaba tanto que todo hubiera salido bien, pero al mismo tiempo temía que su tío no hubiese podido controlarse de su enojo, ya que su padre le había dicho que estaba dispuesto a denunciar a Elroy si todo era verdad.

-Vincent. – Dijo Edward saludando con gusto al padre de Anthony.

-Edward, Janice. – Dijo besando la mano de la señora Cornwell. Stear estaba junto a ellos y pronto el padre de Anthony lo miró con sorpresa. – No puedo creer que estén aquí. – Decía aún confundido con todo.

-Es una suerte tío. – Dijo Stear abrazando con fuerza a aquel hombre que había sido muy importante en su vida y que tenía mucho tiempo de no ver. – Gracias por estar aquí. – Le dijo Stear mientras lo abrazaba.

-Tenía que venir a ver a mi hijo… - Dijo Vincent mirando a Anthony. – Y por supuesto para verte a ti también. – Le dijo volviendo a abrazarlo con fuerza. - ¿Y Archie? – Preguntó extrañando al menor de los Cornwell.

-Archie está de luna de miel padre. – Le dijo Anthony en respuesta a su padre.

-¡Es verdad! – Dijo recordando de pronto que su sobrino se había casado una semana atrás. – Lo había olvidado por completo. – Dijo sonriendo por su descuido.

-Padre me gustaría que me acompañaras para ver a Candy. – Dijo Anthony a su padre, este lo miró con todo el amor que un padre pudiera tener por su hijo.

-Me encantaría hijo. – Le dijo con una gran sonrisa, seguro de que quería tratar más a su futura nuera.

-Por nosotros no te detengas. – Dijo Stear con una sonrisa.

-¿Por qué no nos acompañan? – Preguntó Vincent de pronto a toda la familia. - ¿No te importa verdad Anthony? – Preguntó de nuevo para asegurarse que no había cometido una imprudencia.

-Por supuesto que no padre. – Le dijo Anthony mirándolo con añoranza, con aquella añoranza que tenía su mente de volver a verlo.

La familia se decidió acompañar a Anthony hasta la casa de Candy, sin embargo la tía abuela había decidido quedarse.

Los padres de Stear estaban felices de convivir un poco más con él y su novia ya que Patricia era otra de las invitadas a aquel paseo. Candy se sorprendió por completo al ver a todas las personas que estaban esperándola afuera del Magnolia.

-¿Lista para pasear hoy pecosa? – Le preguntó Anthony ante la presencia de toda la familia. Candy se sintió cohibida al ver a todos los que estaban esperándola.

-Buenas noches. – Dijo con timidez la rubia, fijando su vista en el padre de Anthony quien le sonrió con ternura al ver la reacción de la jovencita.

-Muy buenas noches Candy. – Saludó Vincent con una gran sonrisa, tomando la mano de la rubia para besar su dorso cual caballero que era.

-¿Cómo está usted señor Vincent? – Decía Candy cohibida por la presencia de su futuro suegro, no sabía cómo habían resultado las cosas entre ellos pero asumía que todo estaba bien al ver que estaba junto con su prometido y los Cornwell.

-Debo confesar que jamás había sido tan feliz en toda mi vida. – Dijo Vincent con una sonrisa radiante, una sonrisa que Candy jamás había visto en el rostro del mayor más sin embargo se asemejaba mucho a la sonrisa de su amado príncipe de las rosas. – He recuperado a mi hijo. – Dijo abrazando a Anthony mientras veía a Candy sin dejar de sonreír. – Y también me he enterado que ahora tengo una hija. – Dijo abrazando a Candy con la misma ternura con la que abrazaba a su hijo.

-Mi padre está totalmente de acuerdo con nuestra boda, princesa. – Le dijo Anthony a Candy para ponerla un poco al tanto de la situación. El rostro de Candy se tiñó de rojo al escuchar las palabras de su novio.

-Anthony no pudo darme una mejor noticia después de saberlo con vida. – Dijo Vincent con emoción.

-Es verdad Vincent. – Dijo Edward abrazando a Stear. – La mejor noticia que pudo darnos la vida es el regreso de nuestros hijos. – Dijo de nuevo sonriendo el Sr. Cornwell mientras abrazaba a su hijo y a su esposa. – Y espero que también pronto Stear nos de la sorpresa con esta bella señorita. – Dijo mirando a Patty con travesura. El rostro de Patty se puso aún más rojo que el rostro de Candy, al escuchar la indirecta tan directa del padre de su novio.

-No te apresures Edward. – Dijo Janice antes de que Stear se pronunciara. – Primero quiero disfrutar a mi hijo todos estos meses que estuvo lejos de mí. – Dijo de nuevo la pobre señora Cornwell, quien ya creía que su primogénito tendría boda también igual que Archie y que Anthony, ella quería disfrutar un poco más su presencia.

-No te preocupes mamá. – Dijo Stear abrazando a su madre. – Te aseguro que aunque todavía no está en mis planes casarme, pero no puedo decirte que no lo haré algún día. – Dijo mirando a la joven O'Brian, quien sonrió tímida por las palabras de su novio.

Patty al igual que Stear creía que era demasiado pronto para casarse, ella también quería disfrutar un poco más la compañía del nuevo inventor, quería conocerlo tanto como había llegado a conocer a su Stear, quería hacer tantas cosas que tan solo había soñado con hacerlas cuando este hubo desaparecido.

¿Por qué no vamos a la feria? – Preguntó Stear de pronto para salir del embrollo en el que lo habían metido.

-Me parece una magnífica idea. – Dijo Anthony mirando a su prometida, quien asintió con travesura al recordar que días atrás se habían colado para divertirse.

Vincent caminaba junto a Candy, escoltándola del lado contrario que la escoltaba Anthony, la rubia se veía contenta, su rostro reflejaba una felicidad absoluta mientras paseaban por los puestos que en esa ocasión permanecían abiertos.

-Todo está tan hermoso. – Dijo Candy emocionada al ver las luces que adornaban cada uno de los juegos mecánicos.

-¿Nos subimos a la montaña rusa? – Preguntó Stear emocionado por subirse a la atrevida atracción. Candy y Anthony se miraron cómplices asintiendo divertidos.

-Me da miedo Stear. – Dijo la joven O'Brian al ver el tamaño de aquel juego que estaba frente a ellos.

-Vamos Patty, te prometo que yo te cuido. – Dijo Stear seguro de que lo haría.

Después de convencer a Patty de que se subiera con él a la montaña, los cuatro jóvenes ya estaban listos para subir a la atracción mientras a lo lejos Vincent y el matrimonio Cornwell los observaban felices desde su lugar.

-No puedo creer que ambos estén de regreso. – Dijo Vincent suspirando con felicidad y cierta nostalgia por el tiempo perdido.

-Sé lo que sientes. – Dijo Janice al capitán mientras miraba a su hijo sonreír. – Después de todas las pesadillas que tuve en torno a Stear. – Dijo recordando los sueños que había tenido los días previos al reencuentro.

-¿Pesadillas? – Preguntó Vincent con curiosidad.

-Janice soñaba que Archie era quien había muerto en la guerra y que nosotros en nuestro dolor culpábamos a Stear por ello. – Decía Edward recordando que él también se había "contagiado" de esos sueños que eran recurrentes, pero que poco a poco iban quedando en el pasado.

-Mi única pesadilla desde que recibí tú telegrama es que yo moría en un accidente marítimo y que mi mayor miedo en ese momento era dejar a Anthony solo. – Dijo Vincent recordando los "sueños" que había tenido noches atrás. – Pero hoy sé que mi hijo realmente está con vida y lo único que pido ahora es tener muchos años por delante para convivir con él, con Candy y mis futuros nietos. – Dijo con una gran sonrisa, sin dejar de ver a lo lejos a la joven pareja de enamorados.

-Hacen una hermosa pareja. – Dijo Janice al ver también hacia donde Vincent tenía sus ojos.

-Definitivamente. - Dijo Edward apoyando lo que su esposo decía, mientras Vincent sonreía feliz por ser espectador principal de la vida de su único hijo.

La noche no se hacía más joven y la familia Andrew continuaba disfrutando de las atracciones del lugar.

-Candy… - Dijo Vincent acercándose a su futura nuera. – Quiero agradecerte por hacer tan feliz a mi hijo. – Dijo sin dejar de ver a Anthony, quien como un niño pequeño estaba junto a Stear golpeando con un mazo para medir su fuerza.

-No tiene nada que agradecer Sr. Brower. – Dijo Candy observando también al rubio, al cual su rostro se tornaba de color rojo al hacer un esfuerzo para hacer sonar la campana y ganar el premio. – Anthony es la persona que me hace más feliz en este mundo y quiero decirle que lo amo con todo mi corazón. – Dijo la pecosa con la emoción de ver a su amado príncipe discutir con su primo.

-¡Te he ganado! – Dijo Stear emocionado porque esta vez había sido él el vencedor.

-¡Fue pura suerte! – Decía Anthony con una gran sonrisa, mientras Stear se sentía orgulloso por haber probado su destreza en aquel juego.

-Llámalo como quieras Anthony, pero te aseguro que este juego es más destreza que fuerza. – Dijo el inventor, señalando con orgullo su cabeza.

Después de que Stear obtuvo su premio y habérselo dado a su novia caminaron hacia la salida, las damas podían decir que estaban cansadas por haber recorrido todo el lugar, sobre todo la señora Cornwell quien se había cansado más que las jovencitas quienes felices paseaban del brazo de sus novios.

La noche fue mágica, las luces de la feria iluminaban de una manera romántica el ambiente y las parejas se dirigían rumbo a un restaurante donde terminaron la velada.

-¿Dónde está William, Anthony? – Preguntó Vincent a su hijo. Quería saber si realmente William estaba ya en la familia o seguía manteniéndose oculto de todos.

-Salió a un viaje de negocios. – Respondió el rubio con tranquilidad.

-Debe de ser muy difícil ser tan joven y tener una responsabilidad tan grande. – Dijo Vincent consciente de que Albert tenía la responsabilidad de representar a una familia tan poderosa como los Andrew.

-Pero ahora tiene la fortuna que Anthony y Alistear lo respaldan al igual que Archivald. – Dijo Edward orgulloso de que sus dos hijos y su sobrino ayudaran al patriarca a mantener en orden los negocios.

-Es verdad, pero Anthony tarde o temprano tendrá que hacerse cargo de sus propios negocios. – Dijo Vincent para sorpresa de los que escuchaban sus palabras, sobre todo de Anthony, quien no se imaginaba que su padre tuviera algún tipo de negocio.

-No sabía que tenías algún negocio. – Dijo el rubio mirando a su padre para que le explicara un poco más.

-Después de la muerte de tú madre me dediqué a la naviera, recordarás que compré un barco. – Dijo Vincent mirando a su hijo. Anthony asintió sin estar muy seguro de que eso fuera verdad, ya que en su línea del tiempo eso jamás había ocurrido. – Después de eso las cosas fueron mejorando y pronto compré dos barcos más. – Dijo con orgullo. – Cuando tuviste el accidente y pensé que te había perdido, me encerré por completo en el trabajo e hice crecer la empresa de manera impresionante. – Decía mirando a su hijo con emoción. – Hoy en día tengo gente que se hace cargo de la naviera, sin embargo estoy convencido que quien mejor que mi propio hijo para dirigirla. – Dijo de nuevo con una gran sonrisa animando a Anthony a que tomara posesión de la naviera que le pertenecía por derecho.

-Padre, quiero decir que me halaga tu confianza. – Dijo Anthony agradecido por la confianza que depositaba en él. – Pero tengo que decirte que no sé nada en referencia a una naviera. – Dijo el rubio con una sonrisa apenada por rechazar la oferta de su padre. Vincent sonrió con ternura.

-No te preocupes hijo, sé que tienes poco que te has reincorporado al mundo de los negocios, pero así como tu tío William ha mostrado paciencia en enseñarte sobre los negocios familiares, también yo te daré el tiempo que necesites para aprender del nuestro. – Dijo Vincent con una gran sonrisa, ya que creía que su hijo estaba apenas aprendiendo del negocio de los Andrew, lejos estaba de pensar que Anthony era un experto en los negocios familiares gracias a que desde muy joven había quedado al frente de todos ellos.

-Gracias padre. – Dijo Anthony sin atreverse a negarse una vez más por aquella oportunidad que le daba su padre, sabía bien que aquel hombre que él había perdido en su línea del tiempo, estaba dispuesto a enseñarle todo lo relacionado con la vida marítima y él no podía rechazarlo.

-Por lo pronto quiero hacer un brindis. – Dijo Vincent poniéndose de pie con la copa en mano. Anthony lo miró curioso al ver que sonreía con emoción. – Jamás creí que este día llegaría, pensé que mi legado había terminado el día que me avisaron de aquel trágico accidente, pero hoy estoy aquí frente a ti hijo y a Candy… y a esa maravillosa noticia de que pronto emprenderán un mismo camino juntos, quiero decirte que aunque no es fácil, tienen todo lo que necesitan para ser felices. – Decía totalmente emocionado, sus ojos se nublaban por la emoción y sus labios temblaban sin poder ocultar su felicidad. – Tienen de aliado al amor y les aseguro que partiendo de ahí todo es más fácil. – Dijo levantando su copa para suspirar antes de volver a hablar. – Por Anthony y Candy… porque siempre sean felices y porque el camino que emprenderán esté lleno de dicha y felicidad. – Dijo de nuevo ante la mirada cristalizada de Candy, quien se emocionaba por escuchar de los labios de su futuro suegro su nombre unido al de su amado.

-¡Por Candy y Anthony! – Dijeron los demás levantándose todos al mismo tiempo que unían sus copas. - ¡Salud! - Decían de nuevo todos con emoción.

-Muchas gracias padre. – Dijo Anthony verdaderamente agradecido con su padre.

-Gracias señor Brower. – Dijo Candy mientras limpiaba sus lágrimas con nostalgia, se sentía tan feliz y dichosa que creía que todo lo que estaba viviendo era un maravilloso sueño.

-Brindemos también porque pronto lleguen los nietos. – Dijo Edward de pronto, provocando que los más jóvenes comenzaran a toser por la sorpresa recibida.

-¡Por los nietos! – Dijo Vincent feliz, demostrando que le causaba una gran alegría pensar en tener pronto un pequeño nieto. Candy estaba totalmente sonrojada por último que habían dicho, mientras Anthony reía sutilmente a carcajadas junto con Stear, ya que Patricia también estaba totalmente cohibida con lo dicho por su futuro suegro.

La noche llegaba a su fin y con ello la compañía, Candy se bajaba del auto y Anthony la llevaba hasta la puerta del Magnolia.

-Muchas gracias por todo señor Brower. – Dijo Candy con una sonrisa al capitán. Vincent la miró con ternura.

-Ya no tienes que decirme señor Brower, Candy. – Le dijo tomando sus manos entre las suyas. – Quisiera que me dijeras papá. – Le dijo para sorpresa de la rubia, quien abrió los ojos emocionada por aquel bello gesto, un gesto que ella tanto había deseado de alguien y que jamás lo había cumplido. La rubia miró a Anthony, quien asintió animándola a que aceptara aquella forma de llamarlo.

-Papá… - Dijo Candy con la voz cortada por la emoción. Vincent sonrió y abrazó a la rubia con fuerza, sabía bien que aquella hermosa joven amaba a su hijo y solo por esa razón él la amaba a ella como a una hija.

-Hijos míos. – Dijo Vincent abrazándolos a ambos con fuerza.

Anthony caminó lentamente con la rubia para poder despedirse de ella, mientras su padre y los Cornwell junto con Patty esperaban cerca de ahí.

-¿Hasta mañana? – Preguntó Anthony para saber si lo estaría esperando.

-Hasta mañana. – Dijo Candy con una gran sonrisa, mirando a los ojos a su príncipe para hacerle saber de esa manera cuanto lo amaba. Había demasiados testigos esa noche para demostrar su amor aunque fuese de manera tierna, sin embargo aquellas miradas cómplices que se daban era como si en vez de sus labios sus almas fuesen besadas.

Anthony esperó hasta que la rubia ingresó al edificio y con paso calmo regresó hasta donde estaban los demás.

-Veo que alguien está muy enamorado. – Dijo Edward con travesura, su manera de ser reflejaba mucho a lo que era Stear.

-Enamorado es poco papá. – Dijo Stear siguiendo con la broma de su padre.

-Mira quién lo dice. – Dijo Anthony defendiéndose del comentario de afirmación que hacía el joven inventor. – También puedo asegurar que Patty te tiene por la calle de la amargura. – Dijo el rubio con gracia, provocando que la castaña se avergonzara de inmediato por lo que había dicho.

-¡Anthony! – Dijo Stear con gracia al ver que ahora él era al que estaban poniendo delante a la conversación. – No quiero que la vayan a espantar. – Decía el inventor con gracia mientras Patricia no sabía dónde esconderse.

-Stear. – Decía Patricia con la voz apenas audible, demostrando que era mucho más tímida de lo que Candy era. La pobre castaña se había quedado junto a toda la familia, mientras estaba Candy no se había preocupado mucho por ser el centro de atención, sin embargo una vez que la joven enfermera se había retirado ahora todos los ojos estaban sobre ella y su novio.

-Tranquila querida, puedo asegurarte que son inofensivos. – Dijo de nuevo el joven inventor, mientras su padre, Vincent y Anthony reían con sus ocurrencias.

-Basta ya. – Dijo Janice quien sintió pena por la joven de anteojos. – Dejen a la pobre Patricia de lo contrario es capaz de dejarte sin compromiso de por medio. – Dijo de pronto, aquellas palabras hicieron que Patricia se sintiera aún más avergonzada que con todo lo que habían dicho y la señora Cornwell notaba demasiado tarde que ella también había pecado de imprudente.

-No te preocupes madre. – Dijo Stear dejando de reír para mirar a la joven que tenía temblando a un lado de él. – Puedo asegurarte que pronto tú y mi padre tendrán que hacer una visita a la familia OBrian. – Dijo de nuevo besando el dorso de la tímida joven que estaba junto a él. Anthony sonrió feliz de que su primo por fin hubiese dejado atrás el amor que había mostrado un día por Candy.

-Creo que la familia crecerá rápidamente. – Dijo Vincent discretamente a Edward y a su hijo, quienes asintieron en silencio para evitar que Patty continuara poniéndose de todos colores.

En el pequeño departamento de Candy, la rubia se preparaba para dormir, se sentía tan cansada pero al mismo tiempo tan feliz por haber pasado un tiempo con Anthony y su padre. Se recostó en su cama y una lágrima se derramó de sus ojos al recordar que Vincent le había pedido que lo llamara Padre.

-Cuántas veces soñé con esto. – Decía refiriéndose a tener un padre, porque madre tenía dos, pero padre… padre jamás había tenido ninguno. – Cada día me haces más feliz Anthony. – Decía con la mirada puesta en el techo de la habitación, como si en ese lugar tendría una imagen de lo que sería su vida en el futuro.

Poco a poco los ojos de la rubia se fueron cerrando, pero en las imágenes que se paseaban por su mente iban apareciendo un sinfín de recuerdos de los días vividos con Anthony, pero esta vez solo eran buenas memorias, eran sonrisas y miradas de amor, ellos tomados de la mano caminando entre un camino de rosas que los dirigían hasta una especie de arco que ella creía era el portal de las rosas de Lakewood.

-Anthony… - Dijo Candy antes de caer profundamente en su sueño.

Anthony por su lado llegaba junto a su padre a la mansión, ambos caminaban abrazados por los pasillos que los llevaban rumbo a las habitaciones.

-Hijo. – Dijo Vincent antes de entrar a su habitación. Anthony puso su atención en su progenitor esperando que continuara. – Aún no puedo creer que seas tú. – Le dijo acariciando su rostro. Anthony lo miró con la misma emoción, tenía ganas de abrazarlo con fuerza y se dejó llevar por ese impulso que tenía en su corazón.

-¡Padre! ¡No sabes cuánto te he extrañado! – Le dijo Anthony venciéndose ya por la emoción, había soportado mucho las ganas que tenía de abrazarlo y mantenerlo cerca de él.

-Tranquilo hijo. – Le dijo Vincent palmeando su hombro para calmar el llanto que Anthony había comenzado a derramar. – Aquí estoy a tú lado. – Le decía reconfortándolo.

-No sabes cuantas veces soñé que te perdía en un naufragio. – Le dijo sin soltarlo. Vincent cerró los ojos y sin saber por qué se imaginó aquella terrible escena animada por los "sueños" que lo habían asaltado por las noches.

-Es tan solo una pesadilla. – Le dijo queriendo calmar su ansiedad. – Una pesadilla casi tan terrible como la que viví el día que me anunciaron tú muerte. – Le dijo mirándolo a los ojos. Anthony lo miró fijamente, encontrando en aquellos ojos de mirada cansada y tierna, un amor tan grande y profundo reflejado en ellos que lo hacía recordar cuando era tan solo un pequeño.

-Tan solo una pesadilla. – Dijo Anthony con la voz aún con emoción.

-Descansa, mañana será otro día y te aseguro que aquí seguiré… - Le dijo mirándolo fijamente, con la plena confianza de que todo era verdad y que el regreso de su hijo no era un engaño de su mente. Anthony asintió con una sonrisa para después permitir que su padre se retirara a dormir. – Hasta mañana. – Le dijo antes de entrar a su habitación.

-Hasta mañana. – Le dijo Anthony con una gran sonrisa, sonrisa que encerraba la gran felicidad que su corazón guardaba.

Los días iban pasando y poco a poco Vincent iba conviviendo más tranquilamente con la vieja Elroy, quien se había encargado de comenzar los preparativos para la boda de Anthony con Candy, las amonestaciones se habían comenzado a correr y la pareja de novios asistían nerviosos a misa cada domingo, escuchando con atención el sermón dedicado la mayor parte de las veces a la difícil vida entre marido y mujer, sermones que a ninguno de los dos los hacia desistir de sus intenciones, lo único que le preocupaba a Anthony era que los Leagan estuvieran enterados de su regreso y que con la ayuda de la tía abuela se aparecieran con el pretexto de que querían verlo.

-¿Sucede algo? – Preguntó Candy al salir de la misa dominical.

-Estuve pensando. – Dijo Anthony mientras ofrecía su brazo para que caminara junto a él. – Las amonestaciones se repiten en todo el país. – Dijo de nuevo pensativo.

-Tengo entendido que solo es en las ciudades más importantes. – Dijo Candy segura que así era. - ¿Te preocupan los Leagan? – Preguntó la rubia demostrando que también a ella era un tema que le preocupaba. Anthony asintió.

-La tía abuela dice que no se han reportado. – Dijo Anthony seguro de ello. – Pero eso no quiere decir que tarde o temprano se enteren de nuestra boda. – Dijo de nuevo.

-¿Tienes miedo que la impidan? – Preguntó Candy con preocupación. Anthony sonrió negando a la pregunta de su prometida.

-Nada podrá impedir que me case contigo, princesa. – Le dijo besando la punta de su nariz. – Sin embargo no sé hasta dónde estaría dispuesto Albert para impedir que estén presentes. – Dijo el rubio mientras miraba a la pecosa enamorado.

-No me importa si están presentes. – Dijo Candy con inocencia, parecía que se le había olvidado todo el costal de tretas que Eliza y su hermano tenían a cuestas para molestar a las personas, sobre todo a la rubia quien era el hobbie principal de la envidiosa muchacha.

-Yo no los quiero presentes, a ninguno de ellos… mucho menos a Neal. – Dijo acariciando el mentón de la rubia, quien no perdía de vista los ojos de su amado.

-Tal vez si hablas con Albert. – Dijo Candy con timidez, no quería que Anthony pidiera un favor a Albert, pero sabía que él era el único que podía apoyarlos en ese detalle.

-Tal vez sea lo mejor. – Dijo Anthony intentando sonreír ocultando su preocupación.

Un beso tierno llegó entre los rubios y con delicadeza y ternura sus manos se cruzaron para reforzar el lazo que los unía, mientras sus bocas saboreaban el dulce sabor del amor. El corazón de Candy se aceleró al sentir la calidez de su beso, le gustaba tanto compartir aquella caricia que con la misma ansiedad que la recibía la demostraba al fijar su fuerza entre sus manos.

-Te amo tanto Candy… - Le decía Anthony entre murmullos muy cerca de sus oídos, logrando que la rubia se estremeciera por la manera sensual en la que pronunciaba su nombre.

-Te amo Anthony… - Respondía Candy con la misma dulzura con la que él mencionaba su nombre.

Albert por su lado sabía bien que tarde o temprano tendrían noticias de los Leagan, no confiaba para nada en que la tía abuela supiera quedarse callada con aquel regreso y no era como si los diarios no se hubiesen encargado de esparcir la noticia de la boda del flamante heredero con la joven enfermera.

-William necesito hablar contigo. – Dijo Elroy con la voz firme. Albert suspiró porque en el fondo tuvo el presentimiento de lo que quería hablarle.

-Te escucho. – Dijo Albert haciendo una señal para que la matriarca tomara asiento antes que él.

-Sara me ha llamado por teléfono. – Dijo Elroy repentinamente, sin embargo aquellas palabras para Albert no tenían nada de asombro, sabía que tarde o temprano la vieja Elroy abogaría por aquella familia que ella tanto consideraba.

-Sabes mi posición. – Dijo Albert sin mostrar duda o arrepentimiento.

-Pero no pensarás que no deben venir a la boda. – Dijo la matriarca queriendo insistir en lo mismo.

-Anthony y Candy son los que se van a casar, y si ellos no quieren la presencia de los Leagan tienen mi apoyo total. – Dijo Albert con firmeza a la tía abuela.

-Pero ¿Qué va a decir la gente? - Preguntó Elroy impaciente.

-¿Prefiere que Sara dé explicaciones de lo que sucedió con el ridículo que hizo su hijo al querer forzar a Candy a casarse con él? – Preguntó Albert con tranquilidad, sabía que aquella "ofensa" al joven Leagan había sido bastante vergonzosa para ellos.

-Eso ya pasó hace tiempo. – Dijo Elroy buscando justificaciones.

-Puedo asegurarle que los medios no pensarán lo mismo cuando estén de regreso. – Dijo Albert con travesura, estando dispuesto a él mismo pagar para recordar tan ridículo suceso. Elroy asintió sin estar de acuerdo, pero sabía bien que Albert no estaba de acuerdo con la manera de ser de los Leagan, eso aunado a que Anthony le había advertido que se alejaría de la familia en dado caso de insistir con tenerlos cerca.

-Será como tú digas. – Dijo la matriarca sin más argumento para interceder por aquella familia, no era de su agrado que la discriminaran, pero comprendía que no era conveniente que Anthony se alejara nuevamente de ella.

Continuará…

Llegamos hasta aquí el día de hoy con el capítulo, espero que les haya gustado. Quiero aclarar que los Leagan no aparecerán en esta historia, solo lo que salió de ellos, desde un principio así lo había decidido, espero entiendan que esa parte no se se va a desarrollar. Muchas gracias por leer, les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

TeamColombia:

Hola hermosas, muchas gracias por sus comentarios, me alegra que les guste la historia y que estén pendientes de cada capítulo, me emociona que les emocionen los sucesos y que tengan el tiempo de leer cada uno de ellos. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes como siempre, y por supuesto mis mejores deseos y bendiciones.

Mayely León:

Amiga hermosa, una vez más mil disculpas por mi descuido, tú comentario anterior si llegó pero se me pasó por completo agradecerte, lo corregí en cuanto vi tú comentario pero no sé si lo viste. Muchas gracias por leer y comentar, sé que siempre estás al pendiente de cada una de mis historias y te lo agradezco infinitamente en el alma. Te mando un fuerte abrazo hermosa, saludos y por supuesto bendiciones para ti y tú hermosa familia.

Rose1404:

Hola hermosa! ¿Cómo están? Espero que muy bien, ¿Cómo está el pequeño Anthony? ¿Ya anda caminando por toda la casa? si es así agárrate para que comiences a corretearlo en sus aventuras y descubrimientos. Un placer para mí es leer tú comentario como siempre muy lindo. Alistear tiene que ponerse las pilas porque ya le llevan ventaja los otros dos, pero creo que pronto hará su parte también jajajaja. Tienes toda la razón hermosa, son dos capítulos de la línea uno y uno de la dos, parece trabalenguas jajaja. Te mando un fuerte abrazo y espero como siempre tú comentario.

Silandrew:

Hola hermosa! ¿Cómo vas? Espero que muy bien, creo que la mansión otra vez se llenará de chamacos jajaja será bueno que ahora sea producto para caballero? o seguiremos siendo egoístas y pediremos más productos para las damas jajaja. Gracias por leer y comentar hermosa, te mando un fuerte abrazo.

lemh2001:

Hola hermosa! Anthony tenía que llegar a salvar a la vieja Elroy, después de todo ella fue la que decidió hacerse responsable de la repentina "aparición" de Anthony, sin embargo él no podía dejarla sola con la situación, tenía que ayudarla y calmar a su padre para que no buscara ejercer acción legal en su contra, y menos que al ser capitán de barco se conoce todas las leyes. Pienso que a pesar de las duras palabras de Vincent a la vieja Elroy son válidas, él no sabe lo que sucedió y habla desde su dolor y las rencillas que tenían en el pasado, (esas siempre salen a la luz) y pues las sacó. Albert es una buena persona y a pesar de todo quiere a su sobrino y desea lo mejor para él. Gracias por tus buenos deseos, me tienes impresionada con tú memoria la verdad no me imaginaba que lo recordarías, muchas gracias por tus felicitaciones, te mando un fuerte abrazo amiga.

Julie-Andley-00:

Hola hermosa! ¿Cómo estás? Me imagino que estás poniéndote al corriente con tú trabajo, espero que te sea leve. Te mando un fuerte abrazo hermosa.

Muchas gracias a todas las personas que leen de manera anónima, gracias por estar al pendiente de cada actualización, les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

GeoMtzR

15/11/2023.