ENTRE PROMESAS ROTAS
¡Hola! Aquí un nuevo cap. :)
- Rocio K. Echeverria: ¡Hola! Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer mis historias. Me alegra mucho saber que disfrutaste tanto de la anterior, ¡eso significa mucho para mí y gracias por dejar un review! :) Y con respecto a esta nueva historia ¡me encanta que te haya dejado intrigada con lo que va a pasar! No quiero revelar demasiado, pero ten por seguro que en los próximos capítulos descubrirás más sobre lo que les sucede. ¡No leemos!
- genesis: ¡Hola! :) No revelaré mucho, pero puedo decirte que el camino de Inu y Kag no será fácil. Habrá giros inesperados y desafíos que enfrentarán más adelante, pero también habrá momentos que valdrán la pena, te lo aseguro. El amor es complicado, ¿verdad? ¡Gracias por leer y darle una oportunidad esta historia!
- Susanisa: ¡Hola! La historia empezó fuerte, pero veremos qué pasará más adelante :) ¡Gracias por compartir tus reacciones! ¡Espero que encuentres intrigante el desarrollo de la trama! ¡Saludos!
Quise traer una nueva actualización un poco más antes de lo normal por todo el recibimiento que obtuvo la historia. No saben lo mucho me emociona y me motiva a seguir escribiendo. Pero bueno ¡Gracias por darle una oportunidad a esta historia! Y recuerden que siempre tienen un capítulo asegurado los domingos. Y ya sin más, disfruten del nuevo capítulo.
Atte. XideVill
Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.
CAPÍTULO 2.
KAGOME
–Bien, esto es lo último –dijo colocando la última caja con sus cosas en el auto.
–Entonces es oficial –solté recargada en la puerta de la entrada.
–Lo es.
Dejamos que el silencio fuera el único testigo de nuestra despedida temporal.
–Entonces ¿paso por ti para ir al aeropuerto?
–No pensaban en algo diferente –solté sin pensar y pude ver su sonrisa.
–Kag… –Se interrumpió cuando su celular sonó.
Me miró por unos segundos, tal vez dudando en si contestar o no la llamada.
–Responde –solté al fin.
–No es importante.
–Estoy segura de que sí lo es –rebatí–, de todas formas, ya iba a entrar.
Se despidió con un asentimiento de cabeza antes de contestar la llamada.
Habían pasado solo unos cuantos días desde aquella despedida y mi cuerpo parecía haberles otorgado demasiada energía a mis pensamientos que ahora solo me sentía cansada.
Mi trabajo como profesora de Kínder tal vez era la razón más fiable, pero no iba a negar que mi momento más grato del día era cuando tocaba al fin la cama y podía descansar como si no lo hubiera hecho en años. O al menos hasta que llegara la noche y sintiera un gran vacío en esta enorme cama.
–Es la segunda vez que te pasa –dijo la voz desde el otro lado de la línea– Kagome tienes que ir a hacerte unos estudios.
–No exageres Ayame, mi cansancio se debe a que no duermo lo suficiente por las noches.
–¿Y eso por qué será? –preguntó en tono sugerente– Parece que el doctor es muy activo en las noches.
Me atoré con mi propia saliva.
–Pero qué cosas dices.
Eso era imposible, Inuyasha y yo casi no teníamos tiempo para pensar en eso. Creo que la última vez que estuvimos juntos fue hace dos meses cuando hicimos el viaje a la casa de la cabaña por su cumpleaños. Pero claro, eso Ayame no lo sabía, ella seguía creyendo que mi matrimonio era perfecto y funcional.
–Mejor ve a esa dichosa fiesta y diviértete por los dos.
–Bueno, pero enserio, ve a un doctor.
–Claro, claro… –musité con cero seguridad –Nos vemos.
Y corté sin esperar su discurso de reclamo. Ayame era mi amiga y compañera de trabajo, la conocí hace tres años cuando nos mudamos a Tokio y desde entonces se convirtió en mi única red de apoyo estando aquí.
Según lo planeado Inuyasha vendría por mí en la noche, eso me daba tiempo suficiente para terminar con esto de una vez por todas.
La puerta de vidrio se abrió en automático apenas puse un pie en la entrada. La clínica estaba llena, pero ordenada a la vez. Ok Kagome, solo tienes que sacar una cita con tu médico, me repetí. No tenía que ver a Inuyasha, además el lugar era tan grande que dudaba mucho encontrármelo por casualidad.
Cuando Leya, la recepcionista me vio a la distancia, me sonrió y antes de que pudiera hacer algo la vi tomar el teléfono y llevárselo al oído. Me apresuré en llegar a ella.
–No…
–Señor Taisho su esposa vino a verlo.
Ya era tarde. Solté un suspiro derrotada, y ahí se iba mi intento de pasar desapercibida.
–Claro, yo le digo – Y dejó el teléfono en su lugar antes de mirarme a los ojos– Viene en seguida.
–Gracias Leya, pero no venía a verlo a él –dije en tono amable– Pero bueno, supongo que ya está –sonreí.
–Lo siento –se disculpó–, creí que… es que como casi no viene por aquí creí que se trataba de una emergencia.
–Tranquila, no es nada es eso –le dije para su tranquilidad–, pero aprovechando el momento te importaría sacarme una cita con mi doctor por favor.
–Claro. Él doctor Naraku estará encantado de recibirla.
–Ya lo creo – dije con una sonrisa.
La verdad era que hace mucho no pisaba la clínica, no recordaba cuándo había sido la última vez que lo había hecho.
–Oh, justo se acaba de liberar un cupo –comentó Leya mientras miraba la pantalla de su ordenador– El Doctor Naraku está libre ahora mismo.
–Leya… –la miré acusadora– Espero que no hayas tenido que reprogramar todas las citas solo por mí ¿verdad?
La mujer decidió esquivar mi mirada antes de sonreír con nerviosismo.
–Claro que no –dijo entre risillas nerviosas– Eso sería para nada ético.
–Leya…
–¿Kagome?
Me obligué a permanecer en calma cuando volví a escuchar su voz una vez más.
–Hola –respondí mientras me giraba a verlo.
No hacía falta esforzarme por no sentir nada, Inuyasha aún lucía simplemente perfecto ante mis ojos y más aún enfundado en ese traje tan limpio.
–¿Qué haces aquí? digo ¿pasó algo malo?
–No es eso –respondí de inmediato.
–Entonces ¿Qué es?
Se acercó hasta quedar frente a mí y pudiera percibir su perfume a detalle.
–Leya se confundió, en realidad venía a ver a mi doctor.
–¿Sucede algo malo? ¿Te sientes mal?
–No…
–Si es así yo podría…
–Estoy bien Inuyasha –interrumpí de inmediato llamando la atención de Leya y de algunos otros– Quiero decir, no te preocupes por mí, es solo un malestar temporal, tal vez esté a punto de pescar un resfriado, ya sabes, nada grabe.
–¿Segura que no quieres que sea yo quien te revise?
Negué con la cabeza, mientras me dirigía a los ascensores.
–Muy segura, mejor regresa a tu trabajo, tienes pacientes mucho más importantes que yo en estos momentos.
–Kagome.
Una de sus manos impidió que la puerta del ascensor cerrara por completo. Lo miré sin entender lo que hacía.
–¿Kumo sigue siendo tu doctor?
–¿Kumo? Ah, hablas de Naraku. Sí lo sigue siendo ¿Por qué?
–Por nada –dijo quitando la mano de la puerta– Entonces pasó por ti esta noche.
Asentí mientras las puertas se cerraban y me dejaban sola y con mi reflejo en ellos. Solté un suspiro antes de llegar al piso indicado. ¿Me había afectado? No, para nada ¿O sí?
–Kagome, hola linda es bueno verte otra vez –Naraku me saludó con un abrazo en cuanto me vio.
–Hola Naraku –dije correspondiendo a aquella muestra de afecto.
–Debo de admitir que me llevé un gran susto cuando vi tu nombre en las citas programas de hoy, no sabía que lo habías hecho.
–Y no lo hice –respondí haciendo alusión a Leya.
–Claro –dijo Naraku mientras negaba la cabeza con una sonrisa en el rostro– Adelante, vamos a mi consultorio, ya después hablaré con ella.
Sonreí sabiendo que no lo haría y lo dejaría pasar.
–Y bien –empezó recostándose sobre su silla– ¿A qué debo el honor de tu visita?
–No es nada.
–Sabes cuántas veces he escuchado esa respuesta en lo que va del día.
Sonreí.
–Muchas tal vez, pero lo mío va en serio. Solo me he sentido muy cansada últimamente y casi no duermo por las noches, pero por el día es otra cosa.
–Insomnio.
–Seguramente.
–¿Qué es lo que te estresa Kag? ¿Acaso tiene que ver con Taisho?
–¡¿Qué?! No, no para nada. Él no tiene nada que ver con esto.
Lo vi quitarse los lentes que llevaba puesto para dejarlos sobre la mesa que nos separaba. Naraku me miró muy fijamente antes de soltar un suspiro.
–Lo que voy a decir no es para justificar a Taisho, pero supongo que es normal su irritabilidad.
–¿Irritabilidad? –repetí sin entender lo que quería decir.
–Sí, ya sabes, con esto de las nuevas elecciones todo está de cabeza.
–Elecciones… –musité.
–El puesto de director supone un gran peso, lo digo porque yo también soy uno de los candidatos más aptos, pero como yo no tengo una familia o una esposa que me espere en casa se me facilitan más algunas cosas se podría decir que tengo más libertad.
Con que ese era el verdadero motivo por el cual Inuyasha me había pedido el divorcio. Qué tonta y yo creyendo que era por mutuo acuerdo y sin ningún otro fin más que el amor se había apagado entre nosotros. NO, esto era por sus propios intereses.
–Y si tuvieras pareja, quiero decir, hipotéticamente, ¿en qué te afectaría?
–En primer lugar, la clínica se convertiría en mi único interés, por no decir que prácticamente viviría aquí y no en mi casa –Soltó una risa a la que yo pude acompañar con una sonrisa fingida– Y si tuviera pareja, bueno, tal vez me sentiría culpable por ella.
–¿Sentirías lástima?
–Muy probablemente.
Apreté la tela de mi vestido como reflejo. No podía creer lo tonta que había sido. No podía creer que hasta ahora me daba cuenta.
–Kagome ¿Te sientes bien?
Levanté la cabeza para mirarlo.
–Todo bien –dije conteniendo mis ganas de llorar.
Hay Kagome, ¿desde cuándo tan sensible? Me reprendí internamente.
–Puedes decirme qué hacer con mi salud.
–Claro, primero te derribaré a análisis. Necesito unas pruebas de sangre antes de darte un diagnóstico.
–Claro –dije poniéndome de pie.
Me alcanzó una pequeña hoja y antes de soltarla me tomó de la muñeca.
–¿En serio todo anda bien con Taisho?
–Sí –respondí de inmediato– Todo sigue igual.
Le sonreí para que dejara de preocuparse y cuando lo hice me soltó.
–Cuando tenga tus resultados te llamaré para que vengas por ellos.
–Mejor envíamelos a mi correo. Estaré fuera por unas semanas.
–¿Trabajo?
–Vacaciones.
–Ya veo ¿Irás sola?
–No, Inuyasha vendrá conmigo.
–Claro.
Después de aquel interrogatorio por fin pude salir de su consultorio. Ahora recordaba por qué no venía seguido a la clínica, tal vez solo quería evitar un mal rato.
No sentí la aguja traspasar mi piel y mucho menos escuché las indicaciones de la enfermera. Por alguna razón me había sumergido en un bucle junto a mis pensamientos.
Una vez en casa me sentí completamente sola, tal vez la palabra correcta era, abandonada. Mis maletas estaban listas así que no había nada más por hacer hasta que cayera la noche. Y así fue, me entretuve viendo un documental de animales hasta que la puerta se abrió. Miré al hombre que se apareció como si se tratara de algo cotidiano.
–Hola –me dijo con aquella voz grave y seductora que antes me había encantado.
–Hola.
–¿Estás lista?
Miré hacia la cocina, en donde estaban mis maletas y él lo comprendió de inmediato. No tardó mucho en subir todo al auto mientras yo aseguraba la casa antes de salir. Me apresuré en llegar al auto y abrir la puerta antes de que él lo hiciera, pero fallé en el intento.
–¿Todo bien? –preguntó a centímetros de mi cuerpo.
–Sí, todo bien –respondí como reflejo.
El camino al aeropuerto se me hizo muy largo. Diría que agónico y estaba segura de que así sería el viaje. No sabía si había sido una buena idea hacer este viaje, no sabía si fingir un matrimonio feliz sería la mejor de las ideas.
–Para llegar a Yufuin tendremos que tomar este vuelo y después unas horas más en auto.
–¿Alquilaste un auto?
–Pensé en todo –dijo orgulloso de sí mismo, quise sonreír, pero simplemente no tenía ánimos de nada.
Como dije, el vuelo fue una agonía, no puedo contar las tantas veces que tuve que ir al baño a devolver todo lo que había comido. Naraku tenía razón, algo me estaba estresando y eso algo tenía nombre y apellido.
–Señor Taisho su auto está listo.
–Gracias Kanji –dijo tomando la llave en sus manos.
Nos mantuvimos en silencio los primeros veinte minutos, solo unos diez minutos más, pensé cuando de pronto sentí la mano de Inuyasha sobre mi rodilla.
–Ya dime qué ocurre –insistió.
Despegué mis ojos de la ventana para buscar su mirada. No quería hablar de eso, no quería ser completamente consciente de lo que eso supondría, pero...
–Así que director –solté contra mi voluntad.
El auto se estremeció bajo sus manos.
–¿Quién te lo dijo? ¿Fue Kumo?
–No importa quién me lo dijo Inuyasha, la pregunta aquí es si al menos tenías pensado decírmelo.
–Kag…
–No –dije retirando su mano de mi rodilla– Es por eso Inuyasha, dime ¿Por eso me pediste el divorcio?
–No, claro que no…
–¡Por favor, solo quiero que seas honesto conmigo! –dije conteniendo la impotencia que sentía.
–La decisión fue de ambos ¿ya lo olvidaste?
Sólo podía escuchar nuestras respiraciones agitadas. Tal vez estaba exagerando y mi mente había aprovechado esta oportunidad solo para torturarme.
–Te lo iba a decir, enserio que sí. Llevo meses en esto Kag, quería contártelo una vez que sea oficial antes no, pero luego surgió esto del divorcio y…
–Y dijiste "Ya para qué"
–No, por favor no digas eso. Tú sabes lo importante que eres para mí –Volvió a poner una de sus manos en mi rodilla– Kagome mírame, tú eres mi única familia, la única que tengo y lo seguirás siendo a pesar de todo.
Aunque ese a pesar de todo sea solo una mentira, mi corazón no pudo contener un ladito esperanzador y reconfortante
Continuará...
